Noche 3

Pareja: MadoHomu (Godoka x Homucifer)
Keywords: Celos, conocerse y dioses
Pedido por: laryssa1234

A/N: NO CREAN QUE NO ME DOY CUENTA DE QUE LES GUSTA QUE PONGA A MIS BEBÉS AGRESIVOS O PASIVO-AGRESIVOS OK. MIREN LAS KEYWORDS DE AQUÍ Y DE LOS RETOS, PEQUEÑOS MORBOSOS QUIEREN QUE A MADOKA LE DE UN ATAQUE NERVIOSOOOOOOH.

Also, para este pedido leí sobre varios dioses, mi idea original era usar sobre mitología propiamente japonesa PORQUE LA AMO AHHH, pero no me pegaba como para un porno, al menos no con estas niñas (porque sí lo he hecho con otros pjs jijiji.) Asíiii que me fui a lo más conocido y agarré el mito de Cupido (dios del amor en la mitología romana) y Psique (diosa que representa al alma). No necesitan leerlo porque solo tomaré las características básicas de personalidad, no representarán directamente a dichos dioses ni replicaré la historia, PARA QUE NO ME LANCEN HUEVOS LOS PEQUEÑOS SABIONDOS.


"No me interesa."

"Sabes que te recompensaré, Homura. Sé que no te moverás solo porque te lo pida."

Homura rodó los ojos y chasqueó la lengua. "Por supuesto que no lo haría, soy tu hija. De tal palo tal astilla, ¿no? Eres mucho más oportunista."

"No discutiré eso ahora, ya ha pasado demasiado tiempo. Le arrancaré parte de su poder a tu padre y te lo entregaré una vez hayas cumplido tu cometido. Es un pago mucho más que beneficioso."

Se puso de pie, brazos cruzados. "En efecto lo es, ¿a tanto llega tu vanidad, madre?"

"¿A tanto llega tu deseo por poder, hija?"

Ojos rojizos chocaron con el púrpura de su madre y ambas sonrieron a la vez. "Vale, tú ganas. Haré esto rápido, así que tú también apresúrate con mi recompensa."

"Nunca te he fallado, Homura."

Bufó, "no discutiré eso ahora, ha pasado mucho tiempo." Repitió, antes de cargar su arco y flechas a la espalda. Caminó hasta la orilla de la montaña y planeó con sus alas negras en dirección al monte, que le informaron, era el lugar que destinó el Oráculo.


Madoka esperaba, vestido blanco y todo. Su largo cabello rosa ondeaba con las ráfagas de viento, y se preguntaba cuántos días más tendría que esperar. El Oráculo les había dicho a sus padres que su futuro esposo aparecería y se la llevaría consigo, pero no estaba para nada animada con la idea. Conociendo a todos los dioses existentes, ¿por qué tenía que casarse con uno al azar? Además, se había predicho que sería un dios terrible. Miró hacia la nada, de nuevo, y se preguntó qué había hecho para merecer ese tipo de destino.

De pronto, sintió un potente torrente de energía acercarse, y se asomó hacia abajo para buscar el origen. Alcanzó a ver a dos figuras oscuras, una de ellas alada. La otra figura parecía querer seducirle, pues intentaba abrazarle a toda costa. El ser alado se lanzó hacia atrás, alas desplegadas, y su acompañante colgado a su torso. Desde ahí, pudo obtener una mejor imagen de la molesta chica que lanzaba patadas hacia todos lados con el fin de liberarse. Madoka la observó con detención; largo cabello negro, un lazo rojo que ordenaba su cabello, acabando en un moño, vestido de plumas –osado a su gusto- y lo que parecían ser pantimedias púrpura. Si lo recordaba bien, esa no era…

Se llevó ambas manos a cubrir su boca para callar el asombro. ¿Homura, la diosa del deseo amoroso? ¿Qué estaba haciendo aquí? Por descarte, podía inferir que quien se lanzaba sobre ella era la diosa del matrimonio.

Le empezaba a dar miedo la mezcla, considerando los motivos por los que la tenían en ese monte en primer lugar. Respiró profundo, y lentamente comenzó a sentir celos de la relación que tenían. Sabía que eran medias hermanas, así que no podía descartar que… Sacudió la cabeza, aquello no era de su incumbencia. Mejor para ellas si encontraban la felicidad.

Justo cuando pensaba eso, los ojos rojizos de Homura se clavaron en ella y sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda. Ella pareció sorprendida, de igual modo, e incluso perdió el balance, cayendo de espaldas a una altura considerablemente peligrosa.

Abrió unos ojos de plato, pero no podía hacer nada. Si morían, solo podía asegurar la trascendencia de sus almas, más no podía intervenir. Cerró los ojos, pero antes de que siquiera pudiera pensar en reaccionar, una flecha atravesó su pecho. Intentó quitarla con ambas manos, pero al cabo de unos segundos, desapareció. Siguió escuchando forcejeo, hasta que otro golpe llegó sobre ella, espalda contra el suelo.

"¡¿No puedes dejarme sola un segundo?! Ni siquiera estás siendo útil aquí, a este paso ella va a…"

Un par de brazos rodearon su cuello y la jalaron de golpe. Labios encontraron los propios, y maldijo mil veces su suerte. Intentó soltarse a toda costa, pero solo logró que un par de ojos dorados la fulminaran, antes de acercarla más y reanudar el beso. Homura nunca se había visto ante una situación así, y los labios de esta chica eran demasiado tentadores, sin duda el por qué su madre le tenía rencor. Se vio a sí misma regresando el beso; el daño estaba hecho y lo sabía mejor que nadie. Agradecía que al menos su error fuera con aquella chica, famosa por su incomparable belleza entre todos los dioses.

Sin embargo, le recordaron que no estaban solas. Enfurecida, su media hermana la jaló con todas sus fuerzas hasta que logró liberarla del increíblemente fuerte agarre de Madoka. "¡Tienes valor para hacer de las tuyas enfrente de mí! Mataré a esa niña, no me importa quién sea, nosotras debemos estar juntas, es lo lógico."

Rostro inexpresivo, apuntó con el pulgar hacia la chica que se reincorporaba rápidamente. "Ve e inténtalo, ¿no sabes que el alma es inmortal? Por favor, eso que es lógico."

Ella parpadeó y la escaneó con la mirada, "¿…flechaste a Madoka, en serio?"

Se encogió de hombros. "No disparé con esa intención. Lo que menos necesito es que una diosa inmortal se enamore de mí, sabes cómo soy. La idea era que te viera a ti y me sacaba dos pájaros de un tiro."

"Mmm…" Homura se congeló, brazos nuevamente atrapándola, ahora por detrás, rodeando su cuello. "¿Es verdad todo eso?"

Tragó, pero no porque le intimidara afirmar la verdad, sino porque Madoka se encontraba besando su nuca y ese era un punto sensible para la mayoría de las personas. Respiró profundo, y desconectó su mente de las sensaciones, o al menos eso intentó. "Lo es, una lásti-"

Sus palabras se perdieron en el escalofrío que le produjo los dientes ajenos mordisqueando el lóbulo de su oreja. "Es el destino, Homura. Yo debía conocer a mi pareja aquí, y me alegra que sea una diosa tan bella como tú…"

Apretó los puños, lista para quitársela de encima, pero las manos de Madoka viajaron por su cintura, acariciando sus muslos. No acababa de entender por qué sus caricias le resultaban así de tentadoras, nunca le había ocurrido antes, y su elemento no tenía nada que ver con la seducción, así que no podía atribuirlo a ello. No la estaba viendo, tampoco, como para justificar que su belleza la tuviera embobada.

Ambas en su mundo, dejaron olvidada completamente a la despechada hermana que iba a clavarle una espada a ambas. Homura alcanzó a reaccionar y pateó lejos la espada, para luego aprovechar la confusión de la otra y aplicar una más, por fin deshaciéndose de ella, cayendo al vacío.

Suspiró, mucho más relajada, y antes de que siquiera pudiera pensar en dar un paso, Madoka estaba ahí, frente a ella, labios peligrosamente cerca. "¿Segura que debiste hacer eso? Si nos casaremos, es importante que la diosa del matrimonio esté presente si queremos que perdure."

Miró para todos lados, "yo… Te seré honesta, no tengo planes de casarme, nunca. Deberías buscar a mi hermana directa, ella es casi idéntica físicamente, por lo que-"

De nuevo, callada por los deseos. Respiró profundo, brazos rodeando a su compañera, perdida absolutamente entre sus labios. Sin embargo, un recuerdo importante le vino de pronto y se vio obligada a cortar el beso. Madoka la miró con un puchero, pero negó con la cabeza. "Tendré problemas si nos quedamos aquí…" Y era cierto. Si su madre llegaba a verla así, traicionándola, echaría fuego por los ojos. Si bien no era mucho lo que podía hacer en su contra, siempre prefería ahorrarse líos innecesarios. Ante la mirada insistente de la otra, sumando sus manos recorriendo sus costados en busca de piel, la afirmó fuerte y emprendió vuelo.

Madoka parpadeó, demasiado distraída en el momento como para darse cuenta en el mismo segundo que ya no estaban pisando tierra firme. El vértigo se apoderó de ella y se aferró al cuello de Homura, cuerpo temblando levemente. "¿A-A dónde vamos?"

"Tengo un sitio que construí hace muchos años, cuando vivía en el bosque. Sigue ahí, lo visito seguido, así que está en perfectas condiciones."

Sonrió, de nuevo olvidando en donde estaban, y fue a trazar varios besos en la base de su cuello. Homura tuvo que hacer su mejor esfuerzo mental para no perder el equilibrio, completamente segura de que Madoka no se detendría, hasta que…

Hasta que, eso.

Descendiendo, no se vino con rodeos y entró por la ventana de su habitación. Bajó a la otra con cuidado a su cama, moviéndose con la intención de cerrar el torrente de aire, pero brazos firmes la jalaron y la posicionaron encima de ella. Se dio un momento para apreciar su figura; el largo cabello rosa, suave como la seda, piel pulcra, sin imperfecciones. Manos suaves, producto del cero laburo. Senos parejos, tamaño ideal, ni muy grandes ni pequeños. Nariz respingada, elegante. Labios rosa, carnosos –sin duda parte de las razones por las que no podía huir de ellos-, y finalmente aquellos ojos de un dorado fino como el oro, en los que podía verse reflejada, aun estando entrecerrados.

"¿…Te agrada lo que ves~?"

Parpadeó, rostro sonrojado por haber sido capturada recorriendo todo su cuerpo con la mirada. Madoka rió suave, armonioso. Hasta el sonido de su risa lograba cautivarla. "Tranquila, todo te pertenece… Solo a ti."

Aunque sabía que ya había refutado todo lo que pudiera acabar en esa afirmación, se vio incapaz de negarlo. En cambio, su cuerpo reaccionó por fin siguiendo su naturaleza, cualquier preocupación dejada de lado. Buscó sus labios, los cuales la recibieron gustosos, impacientes, y su mano viajó rápidamente por debajo de la falda. Una vez encontró piel, desapareció sus guantes para poder apreciar cada zona en su totalidad. Madoka parecía complacida con ello, porque arqueó esa pierna para dejarle más acceso a lugares más íntimos. Concedió sin problemas, mano viajando con delicadeza por la parte inferior del muslo, la otra apremiando el beso en respuesta.

Le gustaba hacer las cosas lentas, estimular cada punto de sus amantes. Atender al otro era una parte fundamental en las relaciones sexuales, y ahora exploraba un cuerpo que representaba un privilegio para sus sentidos. Su lengua acariciaba con cuidado la punta de la ajena, Madoka comenzando a desesperarse por la urgencia de su deseo. Sin que lo pudiera avecinar, manos fuertes acabaron haciéndola cambiar lugares, la otra sentada en su regazo, una pierna a cada lado de su cadera. Homura parpadeó, aun procesando el movimiento, cuando agarraron su muñeca para ponerla sobre uno de los senos de su compañera. Iba a decir algo, pero ella acabó deshaciéndose de su vestido en tiempo record. Su par de botas y unas bragas con ligas rosa pálido unido a las medias que llegaban hasta medio muslo fue lo único que quedó cubriendo la esbelta figura. Se quedó boquiabierta, no por pudor, sino porque nunca esperó que una sola mujer pudiera reunir tanta belleza. Se sintió en un trance momentáneo hasta que la otra se inclinó hacia adelante y plantó varios besos por sobre su oreja.

Homura cerró los ojos, el calor subiendo lentamente desde su vientre, y Madoka susurró en un tono que debería estar prohibido por lo sensual que sonó. "Homura… Tócame. Mi cuerpo arde por ti…" Y como para reforzar la afirmación, su cadera se movió lentamente en círculos por encima de la ajena. Tragó pesado, mente en blanco, y un par de manos fueron a despojarla de su traje negro también, el cual era mucho más fácil de quitar por lo revelador de su diseño. Acabó solo con sus bragas, pantimedias descartadas. "Quizás… Quizás debería atenderte primero, después de todo estaré a tu cargo…"

Abrió los ojos por completo, segura de lo que podían significar esas palabras. "Madoka, no es-a-ah…" Echó la cabeza hacia atrás, una mano tapando sus ojos. La otra no había ido con rodeos y fue directo a lamer su entrada. No estuvo satisfecha; esperaba que la zona estuviera más húmeda para esos entonces. Entornó los ojos, casi ofendida, y lanzó lejos las bragas que había dejado a medio camino.

"¿No te gusto lo suficiente, uhm? Tal vez sí te atraía tu media hermana." El tono había cambiado considerablemente, ahora varios tonos más grave. A Homura se le escapó un bufido, incapaz de imaginarse a sí misma atraída a una persona como ella. Pero siempre era divertido probar a la gente, de todos modos no le importaba si Madoka se molestaba con ella, la traía completamente sin cuidado. "¿Quién sabe? Puede que algún día sus esfuerzos se vean recompensados, tiene un lindo rostro, pero me es insoportable."

La escuchó rechinar los dientes, y lo siguiente que supo fue que le había separado sus piernas sin problema y su lengua se deslizó con libertad. Homura respiró profundo, pero no era la reacción que buscaba. Rodeó ambos muslos con sus brazos, desde abajo, y se aseguró de cubrir todo con líquido, fuera propio o ajeno. Besó, empujando profundo sus labios para masajear el sector con ellos. Agitaba la cabeza de tanto en tanto, suave, y por fin comenzó a recibir las reacciones que anhelaba. Homura se mordía el labio inferior, mientras que ahora cubría su rostro con ambas manos. Su cadera se movía a favor de las administraciones y jadeaba bajo, pero lo suficientemente audible para ella, con eso bastaba.

Jugó solo un par de veces con la protuberancia superior, porque no quería que acabara aun. Fue a encontrar su boca que la recibió ansiosa, y lo siguiente fue mejor de lo que esperó. Homura se enderezó, cuerpo erguido, y la jaló para tenerla pegada a su cuerpo. Sus manos la recorrieron repetidas veces, deteniéndose en los lugares que iba aprendiendo eran sus favoritos. Se detenía en sus piernas, en especial, y ya había perdido la cuenta de cuántas veces las había masajeado con brusquedad, y aprovechó de bajarle las bragas, ligas aun presentes. Su boca se ocupaba de cubrir su cuello de besos, desde la base hasta justo detrás de su oreja, ansiosa por encontrar más piel. Cuando pareció impacientarse, la empujó hacia adelante para dejarla espalda contra la cama y lanzarse de inmediato a besar y apretar sus senos. Aquello fue demasiado, era su punto más sensible, y su espalda se arqueó de inmediato, gemidos agudos. Sin siquiera darse cuenta, su cadera se descontroló y buscó roce desesperadamente. Lo encontró rápido, y se movió con rapidez para provocar más de esa fricción, que en conjunto con la boca de Homura succionando y mordiendo sus senos, la estaban volviendo loca.

"¡H-Homura, yo-yo-ah…!" Le suplicaba, pero la otra ni se inmutaba a verla. Su cuerpo se movía a oleadas, pero Homura se apartó de golpe, dejando a Madoka perpleja y confundida. Sin embargo, la mirada intensa de esos ojos rojizos causó que un nuevo torrente de calor le recorriera. El movimiento fue tan abrupto, que de pronto se encontró en una posición completamente distinta sin tener idea de cómo logró girarla tan rápido. Le había dejado boca abajo y la tomó de la cintura para atraerla, dejándola con ambos brazos sosteniendo su peso. Madoka parpadeó, sin entender el propósito de aquello, pero cuando algo caliente y húmedo ingresó en su entrada, comprendió y soltó un gemido largo automáticamente.

Desde aquella posición, podía maniobrar con mucha más comodidad. Lograba dejarla más expuesta y evitaba que se retorciera, desconcentrándola. Ni siquiera se vio en necesidad de separar sus labios interiores porque Madoka ya estaba tan estimulada que no hacía falta ningún tipo de recurso extra. Su boca se encajó en la entrada que palpitaba visiblemente. Succionó ahí y lamió con exasperante calma, su lengua completamente estirada, hacia adelante y los lados. Las caderas se empujaban hacia atrás, contra su rostro, pero estaba tan concentrada que no le molestó en absoluto. Al contrario, aprovechó cada movimiento para lamer sus paredes, más allá de lo que usualmente podría llegar. Los gemidos le indicaron, nuevamente, que la otra estaba casi al límite. Se apartó, brazo limpiando los restos de líquidos, y escuchó un quejido, pero de molestia. Sonrió de lado, divertida con la situación.

Sin embargo, a Madoka no le parecía para nada gracioso. Ojos dorados la fulminaron y entendió que sí, que se estaba pasando. Se acercó de nuevo, de rodillas, cuerpo erguido y se posicionó justo detrás de ella. La notó tensa por un segundo, pero el suspiro que le siguió le confirmó lo que ya sabía. "Me dio la impresión de que querías algo como…" Abrazó su cadera, apegó la propia justo detrás y el gemido salió al mínimo contacto, "¿…esto?" Su cuerpo respondió lo que sus palabras no pudieron, y comenzó a empujarse hacia atrás continuamente para recibir el roce. Homura la soltó, pero sin moverse del lugar, y disfrutó viendo lo rendida y desesperada que estaba. Una sonrisa creció amplia en su rostro y volvió a abrazar para luego inclinarse hacia adelante, sus senos contra la espalda ajena. Ejerció fuerza, pero para hacer que Madoka se recostara en vez, que relajara los brazos para ser preciso. Ella concedió, piernas levemente flectadas, totalmente entregada. Homura, satisfecha con su cooperación, le dio lo que tanto anhelaba y se empujó contra su sexo, la otra reaccionando de inmediato aferrándose del cobertor. Homura usó una mano como soporte, mientras que la libre fue a presionar con fuerza uno de los senos ajenos. Madoka acabó mordiendo la tela, avergonzada ya de lo fuerte que estaba gritando, pero sabía que no podría evitarlo si estaban abusando de su punto más sensible. Sin darse cuenta, comenzó a ajustarse a los movimientos de Homura para darle más espacio, el sonido del choque avergonzándola y aumentando su excitación a la vez. Sentía que la otra parecía hacerlo cada vez más intenso, que no se cansaba, y las ganas de ver qué cara tenía la desesperaban todavía más, pero no quería terminar, no quería…

Y maldijo a todos los dioses porque el orgasmo que recorrió su cuerpo fue más potente de lo que siquiera pudo llegar a imaginar. La necesidad de aire hizo que dejara de morder la tela, y en consecuencia, estaba segura de que podrían escucharla a varios metros dentro del bosque. Lo peor –o mejor- era que Homura no se detenía y ahora sí escondió la cabeza, enterrándola contra el colchón, pero porque fue mucho más fuerte esta vez. El segundo clímax provocó que todo su cuerpo temblara, literalmente. Sus piernas se rindieron y acabó totalmente desplomada. Tenía la mirada perdida, y el cabello hecho un desastre entre tanto movimiento y sudor. Ni siquiera fue capaz de pensar en Homura, quien yacía silenciosa y boca arriba junto a ella, pero del lado opuesto a hacia donde Madoka tenía dirigida su mirada. Estiró un brazo y ordenó, dentro de lo posible, el largo cabello rosa, ubicando algunos mechones tras su oreja. Ella se volteó a los segundos para dedicarle una sonrisa cálida que pudo ver reflejada en aquel par de ojos rojizos que cada vez le gustaban más. Homura también sonreía, pero de forma extraña… No podía asignarle ninguna connotación, ni neutralidad, y aquello la perturbó.

"¿Madoka?"

Ella fue a buscar una de sus manos en respuesta.

"¿De verdad estás bien con esto?"

Rodó los ojos, sonrisa aun presente. "¿No es un poco tarde para que me preguntes eso?"

"No realmente, siendo inmortal, nunca es tarde."

Suspiró y trasladó su mano a acariciar su mejilla. "No puedes ir en contra de los dichos del Oráculo, de todos modos."

"¿…Insistes con eso?"

"Claro, y bueno, si no eras tú… Tendría que haberme ido con alguien que no conocía ni me producía nada. Es perfecto así, independiente del modo, de verdad."

Apartó la mirada, "…Quizás no lo sabes, pero si estás conmigo, no durará. Es parte de mi naturaleza, no puedo cambiarlo."

La armoniosa risa de Madoka hizo que dirigiera sus ojos hacia el frente de nuevo. "Tengo toda la eternidad para encontrarte. Quizás tú tampoco lo sabes, pero…" Entrecerró los ojos y se inclinó hasta quedar solo a un par de centímetros de la otra, "…el amor del alma siempre es inmortal."

"Mado-" Cerró el beso, breve, y cuando vio que Homura parecía volver a replicar, puso un dedo sobre sus labios. "Shh. No importa lo que digas, lo hecho, hecho está. Llevémonos bien de ahora en adelante, ¿sí, Homura?"

Se vio sin palabras esta vez, incapaz de creer en ellas. Sabía que llegaría el día en que acabaría todo, pero…

Hoy no era ese día, así que… ¿Por qué no?

Ahora fue ella quien buscó los labios ajenos, ganando a una Madoka sonriendo durante todo lo que duró el beso. Al acabar, se llevó una mano a tapar sus ojos, dientes apretados. "…Creo que será mejor que me quede aquí por un tiempo, mi madre no estará feliz con esto."

"Ya lo solucionaremos, tranquila."

Descubrió su vista. Entornó los ojos y se perdió en el par dorado, demasiado brillante.

Y se repitió, de nuevo, que hoy no era ese día.


A/N: I WANNA FACK U LIKE AN ANIMAAL ~

Tenía toda la intención de que esto fuera más livianito porque no haré angst profundos con cada pedido pol dioh esto solo debía estar enfocado en sexo :U. Si se preguntan por qué Homura insistía en no comprometerse con nadie, es porque poss Cupido tiene alas en representación al amor pasajero o3o no me extenderé en eso porque meh. Le quería asignar personaje a la semi-hermana pero no se me ocurrió quién podía llenar el rol x'D. Also, me reí mucho escribiendo los títulos de cada diosa XDDD sonaban a película xxx barata.

En fin, espero que os gustara, snif.

PD: Madoka quedó tan hecha mierda que se le olvidó hacerle drama a Homura al final 8)

Ahora nos sigue un KyouSaya! Menos mal, o sea, amo escribir MadoHomu y nunca me cansaré pero me impaktaba llevar 3 seguidos x'D. Nunca he escrito a esa par en plan sexuals así que será interesante ver qué sale de ahí. Ni siquiera he visto doujins ni lo haré así que a imaginars.

Y bueno, luego de eso viene el genderbend :x eso sí que será nuevo, pero si quien lo pidió buscaba desafiarme, que sepa que aprendí a escribir lemon con yaoi 8) tehehe.

Saludos, pequeños sucios~