Sarah frunció el ceño y se alejó pegándose a la pared, bienvenida al mundo real, bienvenida al mundo real... ¿porque le sonaba tan familiares aquellas palabras?... su mente pareció tornarse en blanco y su cabeza pareció dar un viaje en el tiempo.
Estaba en una sala blanca, frente a ella una mesa de caoba negra, el resto parecía estar nublado.
- Sarah, Sarah - la llamaban de manera repetida y casi impaciente.
Parpadeo un par de veces... era su psicóloga, la doctora Kozlonski, nuevamente llevaba impresa la cara de preocupación. Movía la cabeza levemente negando y acomodaba sus lentes para tomar apuntes.
-Bienvenida al mundo real Sarah, parece que nuevamente caiste- susurro.
Asfixia.
Sarah volvió en sí y sintió la brisa chocar contra su rostro, Ignorando al rey goblin se paró de manera casi mecánica y se asomo por la gran ventana con la mirada perdida.
- Sarah, Sarah- Jareth chasqueaba sus dedos detrás de ella sin atreversea tocarla.
Un cardenal azul, de forma inoportuna, se posó en un rama y la joven lo observo hipnotizada. Extendió sus delgados dedos hacia él, tratando de rozar sus cálidas plumas, pero dejándola peligrosamente casi al borde de la ventana.
El rey, alarmado, se deshizo de su orgullo y la jalo hacia el, despertándola de su estado.
- !Acaso eres tonta?- le gritó sin despegarla de él - !Ahora tu pasatiempo es morir?- estaba alterado, ¿que había sido esa escena de zombie?
Sarah tartamudeo y se separó de él, no era la primera vez que se bloqueaba, eso solo significaba que todo estaba por derrumbarse. Corrió a su mochila y busco y rebusco hasta encontrarlo. Sacó el frasco color ocre y sacó una píldora y sin la ayuda del agua se la trago.
- que demonios- pensaba en fey.
Todo quedó en silencio, era incomodo de cierta manera .- Vete- ordenó Jareth.
- Y el casti...-
- solo no llegues tarde la próxima vez- dijo mirándola a los ojos.
De manera casi fugaz ella guardó todas sus cosas y huyó sin siquiera decir gracias.
El quedo solo en aquel curso, se cubrió el rostro y suspiró, aquella chica era un gran misterio, tanto como su propio laberinto, sacudió su cabeza y miró la ventana, frunciendo el ceño, camino hacia ella y la cerró de forma abrupta.
Al doblar por el gran pasillo un joven la esperaba cruzada de brazos, al verla llegar casi que corrió hacia ella.
- no debiste esperarme- dijo Sarah con una sonrisa.
Sam rió y le despeinó el cabello -¿ y perderme de un almuerzo con mi amiga favorita?- le preguntó dramáticamente.
- no tienes dinero ¿no?-cuestiono observándola incrédula.
sam sonrió y vació sus bolsillos mostrando que estaban vacíos arrancándole una sonrisa a la castaña - Vamos- le animó y ambas comenzaron a descender las escaleras.
- y...¿ como te fue con el profesorsito sexi ?- le pregunto la rubia divertida.
- es el mismísimo demonio- le respondió tan seria que ambas soltaron las carcajadas.
- Estuvieron mucho tiempo solos...-insistió, Sarah detuvo la marcha - Samantha April Hunter, ¿que clase de cosas piensas? - le dijo con un tono de indignación fingida.
- La respuesta está en tu corazón querida- le palpo un hombro y cambió drásticamente el tema arrastrandola- apurate MUERO de hambre-
Pese al frío de otoño, ambas decidieron que sería prudente almorzar fuera para evitar el alboroto de los demás estudiantes, Juntas, bajo un gran árbol de duraznos, Sarah con su sándwich vegetariano y Sam con su monstruoso sandwich cuatro carnes, apreciaban las ojos caer como si de una lluvia dorada y rojiza se tratara.
- bien, ¿piensas decirme que sucedió?- preguntó con la boca llena.
- por dios Sam compórtate- dijo con asco y gracia limpiándole la boca a la rubia. Ambas se miraron y ella pareció tornarse seria- Estas tan cerca que te besaría- dijo con pasión, ambas sostuvieron la mirada y estallaron en risas-
- por dios, las cosas que dices- dijo entre risas Sarah enjugando una lágrima.
- Vamos dame un beso magdalena- Sam puso su boca simulando un beso, con la boca llena de salsa.
- noooo, que asco, alejate ¡la boca te apesta a ajo!- reía la castaña
Sam terminó su sándwich de un bocado y se trepó al árbol-¿ Subes señorita ?- Sarah sonrió y la siguió.
En una de las ramas de arriba observaron juntas el cielo, estaba un poco nublado y había a lo lejos unos jóvenes tirando piedras.
- esos idiotas- Murmuro molesta Sam- siempre juegan a ver quien derriba más...-
- ¿mas que?- pregunto confusa ella.
A modo de respuesta se escuchó un grito de alegría por parte de los muchachos, habían derribado un ave.
- oh mierda...- Rápidamente la rubia descendió con sarah siguiéndola y olvidando y dejando atrás sus cosas.
- oh por dios, es un ave extraña, vale más puntos- festejaba un muchacho alto y de cabello castaño.
- ¿que hace una lechuza de campanario en plena ciudad?- cuestionaba su amigo moreno.
El pájaro trataba a toda costa de evitar que lo tocasen, tenía un ala rota y se defendió dando picotazos.
- oh estupida, dejame agarrarte - le gritó el tercero, que era un rubio delgado. Estaba por patearla cuando un puño se estrelló en su mejilla.
- Sarah llevatela- le ordenó Sam.
Sin saber porque, tomo a la lechuza, la cual misteriosamente se había dejado tomar, y corrió a refugiarse en el árbol escuchando a sus espaldas los gritos de los cuatro, cuando estaba llegando una voz se escuchaba tras ella, al voltearse, descubrió a la rubia ser perseguida e indicando que corra. Tomando su mochila corrió como aquel dia en el que llegaba tarde para cuidar a Toby.
- Corre más rápido- ordenaba su amiga, ya había tomado su mochila y estaban llegando a la entrada- Sigue corriendo Sarah- le dijo mientras se desviaba para meterse dentro de la camioneta que la esperaba, la cual ni bien se ocupó arrancó subiéndose a la vereda cortando el pase entre Sarah y los bravucones.
- quita esta basura del medio- gritaba el rubio recuperando la respiración junto a sus dos amigos- vamos perra sal de ahí- dijo el castaño. Dos hombres de alrededor de los veintisiete se bajaron intimidando a los tres- ¿que dijiste de nuestra hermana?- pregunto el mayor haciendo sonar sus dedos. Sam simplemente les sonrió desde atrás contemplando la escena.
La castaña siguió corriendo, La lechuza parecía esconderse en su pecho para mantener el calor, sin darse cuenta y con la respiración agitada llegó a su casa.
- Sarah, por primera vez llegas temprano- gritó Karen desde la cocina al sentir la puerta. Haciendo caso omiso y evadiendo a su hermanito, subió los escalones y cerró la puerta tras de sí con llave.
Dejó al pajarraco en su cama y suspiro - pobre de ti - le dijo con tono infantil-¿ te duele mucho el ala?- dijo preocupada y con cariño.
- La verdad es que si - dijo transformándose rápidamente en hombre asustando a la joven.
La miró divertido y ella lo miró con la boca abierta - eres... un ... ¡idiota!- chilló golpeándolo, inútilmente tratando de herirlo... hasta que tocó su brazo.
-AGH- dijo soltando un pequeño jadeo. no mentía, le habían roto el ala. Lentamente se sentó en la cama masajeando el hombro bajo la mirada preocupada de ella.
- está bien- dijo suspirando resignada - te ayudare.
