Disclaimer: los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra y creación de Rumiko Takahashi.
Advertencias: AU, Ooc y… ya…
Wow, antes que nada, quiero agradecerles por sus review y por el apoyo. Realmente estoy feliz por la aceptación del fic y prometo actualizar lo más constante que pueda. ¡Muchas gracias!
…
Ambas madres sonreían y hablaban soñadoras sobre su futuro, sobre los hermosos nietos que tendrían. Oh si, las señoras estaban que brillaban de felicidad. Lástima que eso no aplicaba en sus respectivos hijos, Inuyasha permanecía sentado, con la vista perdida en algún punto de la sala y Kagome se miraba las manos temblorosas que se aferraban al fino mantel de la mesa, pero no pudo más. Se incorporó de golpe, llamando la atención de todos, se percató de su conducta así que hizo una rápida reverencia y salió como alma que lleva el diablo.
No sabía a dónde iba exactamente, ya que nunca había estado en esa gran mansión, pero siguió caminando por el pasillo y hasta llegar al fondo y doblo a la derecha. Se topó con el baño. Que cliché pensó irónica.
Cerró la puerta con seguro y recargó la espalda contra la puerta, sus manos cubrieron su rostro y lentamente se dejó caer, al tocar suelo un sollozo escapó de sus labios. Diablos que lo había retenido. Su menudo cuerpo comenzó a temblar y más sollozos brotaron de sus labios, pronto empezó a moquear por la nariz. Oh cielos, eso no podía estarle pasando. ¡Tenia novio, por amor de Dios! Exactamente ayer cumplieron tres meses, tres hermosos meses llenos de amor y risas. Sus temblorosas manos bajaron por su rostro hasta situarse en su pecho, justo encima de su adolorido y roto corazón. Pobre de ella, pobre de Hōjō. Cruel destino que se empeñaba en interponerse en su puro amor…
—Oye tonta, ¿ya mero sales del baño? —una varonil voz interfirió sus pensamientos y se sobresaltó. De un brinco se incorporó y sus ojos chocolate se dirigieron al espejo, observando horrorizada su reflejo. Los ojos rojos e hinchados, las mejillas rojizas y los labios secos. Realmente no sabía cuánto tiempo había estado encerrada, pero no creyó que fuera tanto y a pesar de todo, su aspecto era horrible—. Vamos niña, tengo que usar el baño con urgencia —rugió la otra voz a través de la puerta. Sus finas cejas negras se fruncieron al escuchar el tono del muchacho. Sus manos se hicieron puños y con decisión abrió la puerta, sorprendiendo al albino que no esperaba encontrar a la chica en ese estado—. Dios, has de ser súper estreñida para estar así —soltó sin pensar y el enojo de Kagome desapareció, siendo remplazado por la vergüenza. ¡Tonto! ¿Cómo se le ocurría decirle eso a una adolescente con el corazón roto? —creo que tenemos medicina en alguna parte. No es que yo la ocupe, pero el estirado de mi hermano también es algo estreñido. Yo creo que por eso tiene cara de tener un palo en el culo…
Kagome no fue capaz de seguir escuchándolo. Aún estaba afectada con su compromiso y ahora ese insensible le viene a hablar del sistema de su futuro cuñado… ¡Oh Dios! No quería pertenecer a esa familia, ella ya tenía planeada su vida con Hōjō, tendrían tres hermosos hijos y ella seria enfermera mientras su guapo esposo se convertiría en un prestigiado doctor, ¡oh abogado! Lo que él quisiera, ya que su novio era listo y decidido, cualquier cosa le venía bien. Sus ojos volvieron a inundarse en lágrimas y fue ahí cuando Inuyasha detuvo su palabrerío, las chicas llorando siempre lo dejaban petrificado. Por esa misma razón salía con la fría de Kikyo, esa mujer nunca mostraba debilidad ante nada.
—Hey… no llores —murmuró acongojado, no sabiendo como consolar a aquella niña. ¡Malditas mujeres hormonales! Se mordió el labio inferior con fuerza y sus cejas se fruncieron, sus ojos dorados examinaron a su alrededor, buscando algo para distraer a la niña— te ves gorda cuando lloras —no pensó en lo que dijo hasta que lo soltó. Y se maldijo mil veces por lo bruto e insensible que podía llegar a ser.
Pero las lágrimas de Kagome se detuvieron de golpe, sus ojos achocolatados se abrieron inmensamente y sus labios rosados y carnosos temblaron sutilmente. ¿En serio ese… sujeto… había dicho eso?
— ¡Estoy hinchada, imbécil! —le gritó a todo pulmón, cerrando los ojos y empujando a Inuyasha hasta estamparlo contra la pared. Vaya que estaba enojada, ofendida y… y… ¡¿Cómo se atrevía a decirle eso?! Menudo prometido le había conseguido su madre.
Sin esperar respuesta se dio la vuelta y comenzó a caminar rápidamente, deseando alejarse del albino lo más rápido posible. Estar con él la exasperaba de muchas formas, quería matarlo y enterrarlo cincuenta metros bajo tierra, bailar en su tumba y escupirle a sus cenizas. Y eso que ella no se consideraba una muchacha vengativa.
Inuyasha reaccionó rápido y la siguió por el pasillo. Intento con todas sus fuerzas decir algo decente para calmar las hormonas de su futura prometida, pero él también estaba molesto por la actitud de la chica. ¡Él también salía perdiendo en ese asunto! Ella no era la única que podía enojarse y sin embargo él quería actuar maduro, cosa que no era, e intentar llevarse lo mejor posible con la niña Higurashi. Pero Dios no quería ponérsela fácil, claro que no.
Ya completamente harto del berrinche de Kagome, el oji dorado se adelantó interponiéndosele. Sus cejas permanecían fruncidas pero su expresión estaba más relajada al ver que la morena ya no lloraba.
—Mira niña —los ojos de la muchacha se posaron fríos en su persona, estremeciéndolo— sé que las cosas nos están jodiendo a los dos, pero es mejor que quites tu cara de Magdalena y afrontes esto como niña grande. No estoy dispuesto a soportar berrinches y menos de una niña mimada como tú —término de hablar, cruzándose de brazos y retándola con la mirada.
Kagome estaba estupefacta. ¡Nadie en su vida la había tratado así! Haciendo un mohín le volteo la cara, indignada. Dicho gesto solo termino por cabrear más a Inuyasha, que de por si no poseía paciencia. ¡Y esa niña le estaba colmando la poca que tenía!
Bufó molesto y también volteó el rostro. Bien, si ella no iba a ceder, pues él menos.
Y así permanecieron por tiempo indefinido. Ninguno decía nada, ninguno hacia nada. Nadie iba a…
Kagome suspiro derrotada, él tenía razón. Si iban a estar comprometidos y en un futuro, que ella esperaba que fuera muy lejano, casarse, tendrían que llevarse bien. Cerró los ojos y suspiro buscando valor en su interior. Al abrirlos se dedicó a estudiar el rostro del albino. Era atractivo, sí, pero no era de su tipo. Una sonrisa tonta se formó en sus labios al recordar a Hōjō, pero inmediatamente se borró, ya no podía hacerse ilusiones con él. Su madre la había amarrado a un sujeto que en su vida había visto. Suspiro nuevamente y bajo la mirada. Sintió que sus ojos se aguaban y contuvo el aliento. Ya no quería llorar, demasiadas lágrimas por una noche. Alzo el rostro y puso su mejor sonrisa. Intentaría hacer las paces con Inuyasha. Respiro más tranquila y en su mente buscó un tema de conversación o algo para romper el iceberg que su actitud caprichosa había formado entre ellos.
—Así que tu nombre es Inuyasha —ok, no era lo más inteligente para iniciar una conversación, pero era lo primero que se le había ocurrido. Y en vez de que su comentario fuese bien visto por el niño Taisho, pareció enojarlo más.
—Así es y por favor no lo gastes —contestó cortante y Kagome se sorprendió de lo brutal que había sonado. Se estremeció con temor cuando sus ojos se encontraron con los dorados, fríos e iracundos. Iba a decir algo, lo que sea, pero Inuyasha dio la vuelta y se fue, dejándola sola en el pasillo.
Sus piernas se convirtieron en gelatina y se dejó caer al suelo sin delicadeza. ¿Qué demonios? Era Inuyasha quien quería hacer las paces y ahora le salía con esas. O sea… what the hell…
Se mordió el labio inferior y reprimió un sollozo. Su vida iba ser una mierda de ahora en adelante.
…
Bueno, esta es la parte donde agradezco de todo corazón sus comentarios que me hacen muy, muy feliz…~
Yoss, aky9110, CONEJA, Stephanyluna, Vicky-sama,
Realmente muchas gracias por sus review que me motivan a seguir escribiendo y gracias a las personas que se toman un tiempo para leer este fic en proceso.
