Disclaimer: los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra y creación de Rumiko Takahashi

Advertencia: AU, Ooc y posible aburrimiento x3

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Habían pasado un par de días desde que Kagome había recibido la terrible noticia de su compromiso. Auch, incluso ahora esa simple palabra le provocaba escalofríos y una desagradable sensación de malestar.

Se dejó caer contra su mullida cama, suspiró y cerró los ojos con fuerza. Deseada con todo el corazón que aquello fuese una pesadilla, una horrible pesadilla provocada por envenenamiento gastrointestinal al comer los tacos de la calle de la otra vez. Pero cada vez que volvía a abrir los ojos, se daba cuenta de su triste realidad. No era un sueño, era su eterna pesadilla. Y no había nada que ella pudiera hacer para evitarla.

Ladeó la cabeza, observando su mesita de noche, donde descansaba su celular. Desde la noticia de su compromiso, no había hablado con ninguna de sus amigas… ni con Hōjō. Le aterraba hablar con su novio y tener que decirle que no podrían salir nunca más, ya que ella estaba comprometida y su relación con él no tenía futuro. Dios, no quería ni imaginarse los ojos pardos del muchacho mientras le soltaba aquella bomba. Hōjō era súper sensible, tierno y delicado. Lo mejor de lo mejor, no se merecía nada malo. No merecía que terminaran de esa manera. No él.

Volvió la vista al frente, estudiante el techo con sumo interés. Ciertamente no podía aplazar por más tiempo la plática con Hōjō. Eso era jugar con los sentimientos del chico y ella no era tan maldita como para hacer eso. Pero simplemente no tenía el coraje de enfrentarlo. ¿Cómo iniciabas una conversación de ruptura? "Hola, terminamos porque me casare con un completo desconocido. Que seas muy feliz, no me busques, sale bye". Incluso aunque era cierto, sonaba grosero y difícil de creer. Cerró nuevamente los ojos y se froto la frente con su mano derecha, mientras que la izquierda reposaba sobre su plano vientre.

Agh, maldita situación de mierda.

— ¿Hermana? —se escuchó la voz de Sotā a través de la puerta. La morena se incorporó hasta sentarse y suspiró.

—Pasa.

El adolescente entró dubitativo.

— ¿Todo bien? —preguntó gentilmente.

Todos en la casa habían notado el drástico cambio de humor en la joven Higurashi. Desde aquella cena, Kagome no había comido nada, solo tomaba agua y pastillas para el dolor de cabeza. Sotā pensaba que dichos dolores eran porque su hermana no comía.

—Nada está bien, Sotā —susurró Kagome con la voz quebrada. Sintió con impotencia como las lágrimas resbalaban por sus mejillas hasta perderse debajo de su mentón. El de cabello azabache se sentó al lado de su hermana. Honestamente, él era un asco en situaciones sentimentales. No sabía consolar ni nada, así que sin saber que decir, simplemente se recargo en el hombro de su hermana y con ambas manos sujeto las de Kagome, dándole calor y apretándolas suavemente.

Kagome aprecio el gesto y dejó que más lágrimas salieran de sus ojos.

— ¿Hay algo que pueda hacer por ti, Kag?

La morena resopló y sonrió nuevamente.

—Sí —respondió— termina con Hōjō por mí —al mencionar a su novio, sintió como su corazón se desquebrajaba y perdía la voz.

Sotā no respondió, porque no podía hacer eso. No quería inmiscuirse en las relaciones de su hermana.

—Hermana, yo… —comenzó pero se contuvo al sentir como Kagome se recargaba en su cabeza.

—No te preocupes, lo haré yo. Solo estoy haciéndome tonta —hubo un silencio agradable entre los dos hermanos. Kagome sonrió con ternura— eres un buen hermano, Sotā.

—Hum.

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Ok, lo hecho, hecho estaba. No había vuelta atrás. No, no podía huir. Estas eran las palabras que constantemente se repetía en su cabeza para darse ánimos, pero por alguna razón, no podía tranquilizarse. Se había citado con Hōjō enfrente de la estación del tren, no le había dado motivos de su encuentro y aun así, el castaño hacia accedido encantado. Oh, sí al menos supiera que esa sería su última salida juntos. De solo pensarlo, su corazón se estrujó.

Se acomodó la falda con nerviosismo, ya iban a ser las doce y dentro de nada se encontraría con Hōjō. Lo había citado a esa hora, sin embargo ella había llegado media hora antes. Suspiro sintiéndose patética.

—Hola, Kagome —una masculina y suave voz la sobresaltó desde atrás. Ladeó el rostro para encontrarse con la radiante sonrisa de su novio, mientras esos ojos color miel la miraban como si fuese la cosa más hermosa del mundo— lamento la demora, ¿has esperado mucho?

Los achocolatados ojos de Kagome observaron de reojo el reloj de la estación. Eran exactamente las 12, Hōjō no había llegado tarde y sin embargo se disculpaba al verla ahí.

Detalles como esos fueron los que la enamoraron a través del tiempo.

Negó suavemente con la cabeza, mientras se forzaba a sí misma a sonreír. Ese sería su último día con él, así que intentaría crear toda clase de buenos recuerdos.

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Inuyasha se había levantado especialmente temprano ese día y digo especial, porque los ojos dorados se habían abierto exactamente a las 12 pm, cuando los rayos del sol se colaban entre sus cortinas cerradas. Maldijo en voz baja a todos los dioses y se estiró cual perro después de un largo sueño. Su mano derecha se posó en su vientre marcado, rascándose los abdominales mientras que con la izquierda se revolvía su plateada cabellera. Un gran bostezo se escapó de sus labios.

— ¿Inuyasha? —la dulce voz de su madre lo alerto. Con rapidez cogió la camisa del pijama y se la puso torpemente.

—Adelante —respondió con voz monótona. Su madre entro con pasos suaves y gráciles. La presencia de la mujer pareció darle más luz a la habitación del niño Taisho.

—Hijo, creo que deberías salir con Kagome —habló con voz lenta, temiendo la violenta reacción de su hijo. Y es que, desde lo del compromiso, Inuyasha se había comportado más rebelde y caprichoso que nunca. Después de que los Higurashi se fueran de la mansión, Inuyasha se había ido de casa sin pedir permiso ni nada, no dijo a dónde fue. Ok, su hijo ya tenía 19 años, sí, pero seguía siendo su bebé y ella lo cuidaría con todo su corazón.

—Está bien —y contra todo pronóstico, el de ojos dorados respondió pasivamente. Su madre lo miró sorprendida, pero relajó la expresión y sonrió cálidamente, agradeciendo internamente el inusual comportamiento del menor de sus hijos.

—Gracias hijo —respondió dulcemente, mientras que se acercaba a su hijo. El muchacho se enderezó al tener a su madre cerca, pero bajo la cabeza al leer las intenciones de la mujer, facilitándole el beso en la mejilla que ella quería darle— el número de Kagome está en la agenda familiar, llámala —y sin más, se giró y salió del cuarto.

Ya sólo, Inuyasha se volvió a estirar. Realmente no tenía ganas de salir, la noche pasada no había podido dormir por la estúpida pelea con Kikyo y no tenía ganas de ver a esa chiquilla llorona, que de cierta manera le recordaba a su casi novia. Pero al mal tiempo buena cara, o algo así.

Busco el número de la niña y marco.

¿Diga? —se escuchó la voz de un niño al otro lado de la línea.

—Con Kagome, por favor.

Mi hermana no se encuentra, salió hace un momento.

— ¿Sabes a donde fue, niño? —preguntó con el ceño fruncido. Esa niña nunca se las iba a dejar fácil.

Hum… creo que fue a verse con su novio. Ella dijo que quería hablar con él…

— ¿Su novio? —lo interrumpió Inuyasha, mientras fruncía más las cejas. ¡Él se estaba matando con todo el asunto del compromiso, peleando con su casi novia, y esa chiquilla salía a divertirse con otro hombre!—. ¿Sabes dónde están ellos?

Hum… no… no sé, señor…

—Gracias de todas maneras —y sin decir nada más, colgó bruscamente. ¡Esa chiquilla aprendería que con un Taisho no se jode!

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A pesar de que su "cita" era para terminar, Kagome se la estaba pasando bien, hacia días que no reía de verdad. Estar con Hōjō era tan reconfortante, el chico solo velaba por su felicidad.

— ¿Ahora qué quieres hacer? —preguntó el castaño, mientras intentaba por tercera vez en el día, agarrar la mano de su novia. Pero desde que se habían visto, Kagome le había huido a cualquier clase de tacto.

—Hum… ¡quiero un helado! —gritó cual niña pequeña, apuntando un pequeño local, con mesitas y sombrillas. Higurashi corrió apresurada, permitiendo que la alegría se adueñara de su ser por un momento más. Ya tenía en mente las palabras que le diría a Hōjō, solo era cuestión de buscar valor y soltarlas. Su corazón latía desenfrenado.

—Ok, Kagome, espérame por favor —decía Hōjō, que iba detrás de ella, admirando su menuda silueta moverse presurosa. Ella era tan enérgica pero a la vez tan… delicada. Inteligente y humilde. Su corazón palpitaba con solo escuchar su nombre. ¡Se sentía tan estúpidamente enamorado! Sus ojos miel divisaron una figura enorme situarse delante de su novia. Se le congelo la sangre al ver como aquel tipo posaba sus enormes manos en los delgados hombros de Kagome, zarandeándola. No pudo pensar, cuando se dio cuenta, ya se encontraba corriendo en dirección a ellos. Torpemente se interpuso entre el sujeto y Kagome.

—Hō-Hōjō —balbuceo Kagome, sin comprender la situación. Ella estaba tranquila cuando Inuyasha apareció de repente, recriminándole que saliera con otros hombres cuando estaba comprometida. Y ella le iba a responder pero el castaño se había metido—. ¿Qué haces? —preguntó insegura, no le gustaba como Inuyasha miraba a su novio. Sus ojos dorados lo mataban. Quizás él quería pelea, y Hōjō le respondería, pero ella sabía que el de ojos miel no era una persona agresiva, y ciertamente dudaba que pudiera contra la imponente figura de su prometido.

— ¿Este es tu noviecito, Kagome? —pregunto el peli plateado con burla, examinando de pies a cabeza al otro. Le ganaba como por 10 cm de altura, y el muchacho se veía delgado en comparación.

— ¿Qué quieres, Inuyasha? —le reto la morena, adoptando esa actitud desafiante que le nacía cada vez que tenía a Taisho cerca.

—Hable a tu casa, tu hermano me dijo que no estabas. Así que vine a buscarte, cariño —un estremecimiento recorrió el cuerpo de la chica al escuchar lo último, las mariposas en su vientre, que volaban emocionadas por la cercanía del castaño, se retorcieron, causándole un malestar. Inuyasha sonrió con sorna al ver la mueca de desagrado que había causada en Higurashi.

— ¿Kagome, qué pasa? —pregunto Hōjō, extrañado por el comportamiento de ambos. Se trataban con odio, pero como si ya se conociesen.

Antes de que la morena pudiera responder, Inuyasha la jaló sin gentileza, arrastrándola por plena vía pública. Higurashi estaba desconcertada, todo había pasado tan rápido que ni tiempo de reaccionar tuvo. Un momento estaba con Hōjō y al siguiente ya no tenía centro de gravedad. Tropezó varias veces, chocando contra algunas personas que la miraban mal y otros la insultaban. Parece que su torpeza exaspero a Inuyasha, que de un rápido movimiento la cargo entre sus brazos, como si ella fuese una princesa. Kagome se sonrojó hasta las orejas, nunca había tenido un contacto tan íntimo como ese, solo su padre la había cargado de esa forma.

— ¡¿Q-qué haces?! —gritó a todo pulmón, llamando la atención de los transeúntes. Pero el de ojos dorados la ignoró y con toda la elegancia del porte Taisho, llamó un taxi. Cuando el vehículo se detuvo, aventó a la chica, sin delicadeza, dentro del transporte, después él entro todo digno. Le dijo al chofer una dirección que Kagome no conocía y después de eso, nadie dijo nada.

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Bueno, quiero disculparme por la demora en actualizar u.u me han pasado varias cosas que solo me han confundido mental y sentimentalmente

Bueno, quiero agradecerles por sus reviews, favoritos y follows

detectiveconanvsmagickaitoki d: gracias por tu review! Me alegro que te esté gustando x3. AyaLila539: ¡waaa! Que emoción, que sea tu primer fic (espero no te desiluciones) x3 y si, se llevan muy mal, pero las cosas mejoran… creo o.o. Maite123: lamento la demora en actualizar, espero que el cap te haya gustado. Sthepanyluna: me ha gustado tu sugerencia, la utilizare más adelante, gracias por tu review x3. Nai SD: lamento la demora u.u espero que te haya gustado el cap x3. Inubrii: tarde, pero si lo pienso continuar x3 hare mi esfuerzo por actualizar más seguido, gracias por leer. Ariadnek: claro que si, Kagome tiene que sacar las garras, porque ella no es tan tranquila x3, es una mujer fuerte.

Bueno, sin más, gracias por leer

¿Dudas, sugerencias, amenazas?

Al lector lo que pida x3

~Ah, por cierto, en mi perfil hay porno…~

No es cierto x3