Disclaimer: los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son obra y creación de Rumiko Takahashi.

Advertencias: AU, Ooc y faltas de ortografía

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De verdad que me siento feliz por su apoyo, a veces siento que no merezco sus review porque no soy constante, pero me alegra que les siga gustando el fic y así. Sin más sentimentalismo de mi parte, el sensual cap.

Y no se preocupen, no llamen a la policía que sigo viva, lenta pero viva.

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Nuevamente se encontraban en una zona de prestigio. Pero era diferente que la vez anterior. Había más bares y tiendas de marca en aquellas cuadras. Kagome veía todo con fascinación, preguntándose a dónde la llevaría Inuyasha y por qué. ¿Le compraría algo? ¿Intentaría mejorar su relación a base de una cita? ¿Intentaría besarla…?

Sus mejillas se sonrojaron de golpe ante el pensamiento y sus cejas se fruncieron. Tenía sentimientos encontrados. Por una parte, todavía el fantasma del gran amor que le tuvo a Hōjō seguía presente y por otro lado, la apenas perceptible y aguantable amistad de Inuyasha, que ya comenzaba a acapararla todo el tiempo.

—Hey, tonta —la adorable forma de Inuyasha para llamarla la sacó de sus pensamientos— hemos llegado —el peli plateado se quitó el casco— ya puedes soltarme, eh —una sonrisa burlona se formó en sus labios al ver que su prometida no hacía nada nada por apartarse.

—I-Inuyasha… ¿qué… qué hacemos aquí? —la morena lentamente deshizo su agarré sobre el albino. Con cuidado se bajó de la motocicleta, ya que su estúpida micro falda le impedía la movilidad que ella deseaba. Se sacó el casco.

—Vinimos a hacer una visita —fue todo lo que Taisho se dignó a decir. Sus ojos dorados miraron en dirección al gran edificio que se cernía ante ellos. Contuvo el aliento. Estaba algo nervioso por lo que pasaría cuando ellas se conocieran. Pero simplemente no podía esperar más tiempo. Era algo que tenía que hacer—. Kagome —se volteó para verla, pero se detuvo al comprobar que su prometida aún tenía el casco entre sus blancas manos, con una extraña expresión en su rostro, como quien no quiere la cosa—. ¿Qué sucede, tonta? —preguntó, sonriendo de forma torcida.

—No me moveré de aquí hasta que no me digas a dónde me vas a llevar y quiero saber qué haremos —respondió la morena, mirando hacia otro lado, porque no se creía capaz de enfrentar esos ojos dorados tan burlones.

—Se supone que es una sorpresa, tarada —Taisho se acercó a la joven— y ya te dije, solamente conoceremos a alguien —una de sus grandes manos se posó sobre la cabeza de la chica, con delicadeza— quiero que la conozcas, porque es alguien muy, muy importante para mí —revolvió el cabello de Kagome, en un gesto lindo, que provoco tremendo sonrojo en las mejillas de Higurashi.

—O-ok —apartó esa cálida mano de un golpe— vamos. Tengo prisa, debo hacer tareas y empezar proyectos —comenzó a caminar en dirección a la lujosa entrada, pero al percatarse de que el platino no la seguía, se detuvo y giró para verlo—. ¿Sucede algo? —preguntó extrañada.

—Tengo que resolver algo antes, vete adelantando. En seguida subo —le dedicó una sonrisa resplandeciente, antes de darse la vuelta y caminar para otro lado.

Kagome lo miró unos segundos más, antes de suspirar resignada. Se encogió de hombros y comenzó a caminar a la entrada.

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Kagome se detuvo a mitad del lujoso recibidor, iba a irse directo al ascensor, pero Inuyasha nunca le había dicho qué piso era y nada. Así que decidió esperar a Taisho en uno de los sillones. Se sentó con cuidado, y dedico un tiempo a mirar a su alrededor. Todo era terriblemente elegante, hasta los focos parecían ser costosos. Era cierto que su familia tenía una posición acomodada en la sociedad, pero no era nada comparado con los lujos de la casa Taisho, del departamento del amigo de Inuyasha o mucho menos de lo que podía apreciar de este edificio.

Ella no era fijada en esos aspectos, pero estar rodeada de tanto lujo la hacía sentir insignificante, minúscula. Se mordió el labio inferior. Comenzaba a sentirse terriblemente incomoda y nerviosa. Era como si algo en su interior le estuviese advirtiendo que solo cosas malas podían suceder ahora. Un mal presagio. Las náuseas la invadieron y repentinamente se sentía afiebrada. Cerró los ojos fuertemente, intentando por todos los medios calmarse.

—Disculpa, ¿te encuentras bien? —abrió los ojos lentamente al escuchar esa voz suave y armoniosa. Levantó la mirada, enfocándola en un rostro delicado, de facciones finas, piel blanca como la porcelana, unos ojos oscuros que la miraban atentamente, labios delgados y rojos, nariz puntiaguda. Definitivamente entraba en la definición de belleza.

Cuando se percató de que aquella mujer aun la miraba, esperando por una respuesta, lo único que fue capaz de hacer fue asentir levemente, aun sintiendo náuseas en su interior.

—Hum… puede ser algo atrevido de mi parte preguntar —dijo ella, sonriendo de lado— pero acaso eres tú, Kagome —por el tono de su voz y la seriedad en su mirada, ella ya sabía la respuesta. Kagome simplemente se limitó a asentir—. ¡Muy bien! Me llamo Kikyo, Inuyasha me ha hablado mucho de ti —estiró un delgado brazo y sujeto las manos de Higurashi, Kagome se estremeció al sentir aquel tacto frío—. Por favor, ven conmigo. Esperaremos a Inuyasha en mi departamento —la jaló suavemente, sin esperar respuesta de su parte.

Por su actitud y apariencia, ella era de esas que hacían lo que querían cuando se les venía en gana y por el lugar en donde vivía, probablemente tenía motivos para comportarse de ese modo.

—Debo decir que conocerte me ha tenido algo nerviosa, es decir… no todos los días conoces a la prometida de tu exnovio, ¿sabes? —aquello le heló la sangre, ¿exnovia? Aquella hermosa mujer era la exnovia de Inuyasha… ahora entendía el por qué se había sentido tan mal anteriormente.

—Hum… y-yo…

—No te preocupes, no es algo que yo tenga en tu contra. Al contrario. Si le tuviera que entregar mi Inuyasha a alguien, creo que tú serias una buena opción. Cuando él me hablaba de ti, te imaginé de otra manera, más inferior. Pero me alegro de haberme equivocado. Es decir… si fueras más corriente, probablemente no aceptaría tu matrimonio y haría lo que sea para impedirlo. Después de todo, 10 años de relación deben de significar algo para ti, ¿no?

¿10 años de relación? ¿Es eso lo que ellos habían durado? ¿10 años? Y la señora Izayoi no le importó y comprometió a su hijo con otra mujer…. Repentinamente se sentía mal, peor al saber que… por el capricho de sus madres, ella estaba destruyendo una relación tan larga.

— ¡Oh! Por favor, no te sientas mal, no pongas esa cara —Kikyo se detuvo a medio camino y sujetó el rostro de Kagome entre sus delgadas manos— no lo dije con ese sentido, no quiero que te sientas mal por ningún motivo. No es tu culpa que la señora Izayoi no me considere lo suficientemente buena para su hijo —una sonrisa amarga se formó en ese delicado y bello rostro y Kagome no pudo sentirse peor— pienso que como madre, ella solo quiere lo mejor para su hijo… así que por eso, creo que tú eres mejor partido para él que yo, ¿no crees?

Kagome simplemente no podía articular palabras. Se sentía terriblemente mal consigo misma y egoísta. Ella culpaba a su madre y a Inuyasha por haberla obligado a terminar con Hōjō, pero si comparaba el tiempo que duró con él, no era nada. 10 años…

10 años… eso eran…

Tan concentrada estaba Kagome en sus pensamientos que no pudo advertir la sonrisa divertida de Kikyo, ni mucho menos el brillo malicioso en sus ojos oscuros.

—Ven, Kagome… esperemos a Inuyasha arriba —continuo jalando a Higurashi, hasta entrar en el ascensor y pulsar un botón. Subieron en un silencio sepulcral.

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El departamento de Kikyo era espacioso. Decorado modernamente pero siempre había un toque antiguo que le daba más clase a ese lugar. Estaba equipado para ser un lugar perfecto para fiestas o encuentros románticos. O al menos eso era lo que Kagome pensaba al verlo.

Kikyo se sentó en un amplio sofá de cuero rojo, cruzó sus largas y blancas piernas y fue hasta ese momento en el que Kagome se percató de cómo iba vestida aquella mujer. Una minifalda de cuero, que se pegaba a sus curvas como segunda piel, le llegaba un poco más arriba del medio muslo. Un top que le llegaba a medio vientre, de color blanco. De calzado llevaba unos botines de cuero, con cadenas de oro. Se veía atrevido para usarlo en plena luz del día y más en un lugar con tanta clase como aquel edificio, pero el aire y porte de Kikyo era lo que le daba la belleza. Era lo que evitaba que se viera como una cualquiera.

Kagome se sintió terriblemente insignificante al compararse mentalmente con ella. Ella todavía tenía facciones de niña, y la mayoría de sus ropas eran aún muy infantiles.

—Por favor, siéntate. Inuyasha no ha de tardar —Kikyo sonrío imperceptiblemente al notar el nerviosismo de aquella niña—. ¿Quieres algo de tomar? ¿Vino, sake? Tengo tequila…

—No, no tomo —se apresuró a responder.

—Oh, ¿aún no tienes la edad requerida para tomar? Que dulce.

Ok, eso ya era un ataque directo a su persona. Pero como Kagome no quería perder los estribos y parecer más niña delante de esta persona, se contuvo.

—No tomo, simplemente porque no me gusta beber alcohol, mi edad no tiene nada que ver. Además de que ya tengo permiso legal —ok… quizá no se contuvo lo suficiente y lo supo de inmediato al ver la sonrisita burlona que Kikyo le dirigió.

—Sigue siendo muy dulce, Kagome —descruzó las piernas y se inclinó hacia adelante, posando toda su atención en ella—. ¿Cuántos años tienes? —sus labios formaron una sonrisa ladina.

—Pensé que Inuyasha te había hablado mucho de mí, entre esos tópicos, debería estar mi edad, ¿no? —realmente no supo de dónde sacó el valor para responderle de esa manera a Kikyo, pero lo hizo y no se iba a echar para atrás tan fácil.

—Él dijo que aún eras menor, todavía una niña.

—Cumpliré 18 en unos meses —se apresuró ella.

—Hum… y dime, Kagome, ¿qué tanta experiencia tienes? —su sonrisa se ensancho por el doble sentido implícito en sus palabras, además de ver con deleite el escandaloso sonrojo que comenzaba a nacer en las mejillas de Higurashi.

Kagome comenzó a hiperventilar. No es como si fuera la primera vez en su vida que hablaba de temas sexuales, pero estos siempre salían entre broma y broma con sus amigas de la prepa, no con una completa extraña que poseía una sensualidad que incluso ella era consciente. Y si a eso le agregamos que dicha desconocida es la exnovia de su prometido, pues el tema es todavía más incómodo. Ciertamente preferiría hablar de posiciones sexuales con su madre, antes de reconocer frente a Kikyo que era virgen. No es que ella pensara que ser virgen era cosa mala, razón de qué avergonzarse. Pero…

Antes de que ella comenzara a balbucear palabras o excusas, el llamado a la puerta las interrumpió. Kikyo le sonrió a Kagome y se incorporó para abrir. Cuando Kagome se encontró sola, suspiro aliviada y puso sus dos manos sobre su pecho, sintiendo los irregulares latidos de su corazón.

—¡Oh, Inuyasha! ¿Por qué tardaste tanto? Estábamos tan aburridas que nos pusimos a platicar de sexo.

¡Maldita sea! ¡¿Es que Kikyo no tenía pudor?! Pero rápidamente se abofeteó mentalmente. Si de verdad ellos habían tenido una relación de 10 años, era más que normal pensar que ya habían tenido sexo y más de una vez.

—Kikyo, no molestes a Kagome, la niña tiene toque de queda, dudo que ella sepa algo sobre esas cosas —la voz de Inuyasha destilaba burla por doquier. Y eso solo hizo que las rosadas mejillas de Kagome, que ya habían adquirido un color menos llamativo, se volvieran a encender.

Que indignante. Esos dos hablaban de ella como si fuese una niña que no sabía absolutamente nada de la vida. Y ella no era tan inocente e ingenua.

—Pensé que me trajiste aquí por una razón, Inuyasha, pero si esa razón era para que ustedes dos pudiesen burlarse de mí, mejor llévame a casa —porque, por más enojada e indignada que estuviera, ella nunca había estado en ese distrito y no tenía ni el tiempo ni las ganas de perderse, así que ese tonto de Inuyasha la regresaría a casa o al menos la encaminaría hacia el metro.

—No seas llorona, tonta —Inuyasha se sentó en el sillón donde Kikyo había estado—. La razón por la cual estas aquí, es porque quiero… no. Queremos pedirte un favor, ¿cierto, Kikyo? —sus ojos dorados buscaron los oscuros y Kikyo, sin pudor alguno, se sentó sobre las piernas del albino. Inmediatamente, Inuyasha rodeó su pequeña cintura con un brazo y la otra la apoyó sobre una de las rodillas blancas de su exnovia.

Kagome desvió la mirada, incomoda por la familiaridad de sus acciones. Una parte de ella, la parte que comenzaba a tener un aprecio por Inuyasha, comenzó a doler. Por suerte para Higurashi, no era mucho.

—¿Qué dices? —insistió Inuyasha, sonriendo de lado, mostrando sus blancos colmillos.

—No diré nada hasta que no me digan qué quieren que yo haga —estaban idiotas los dos si creían que ella aceptaría así por que sí.

—Bueno… Kikyo y yo estuvimos hablando y… queremos cancelar mi compromiso contigo, Kagome —eso ella ya lo sabía y es algo que también quería hacer, pero la forma en que se lo dijo, con su exnovia entre sus piernas, le agregaba un poco de limón a su propia herida.

—¿Y qué esperan de mí? —preguntó con voz cansada, apoyando la cabeza entre sus manos y cerrando los ojos. Repentinamente todo el asunto la había agotado.

—Parece que mi madre te tiene… hum… cierto aprecio —Kikyo la fulmino con la mirada, pero Kagome ni cuenta se dio— y estábamos pensando… que si hablabas con ella, y le decías que conociste a Kikyo, y le cuentas lo maravillosa que es, probablemente mi mamá se olvide de todo y nos deje en paz, a todos.

Eso, sonaba bien, porque ella quería deshacer su compromiso, pero… algo la detuvo de aceptar.

—Si sabías desde el principio que me traerías aquí para convencerme, ¡¿Por qué trataste tan mal a Hōjō?! —Se incorporó rápidamente— ¡fuiste un cretino con él hoy, Inuyasha! Y aun así tienes el descaro de pedirme que haga un favor por ti —su voz se iba alzando conforme dejaba que la ira se apoderara de su cuerpo—. Y aun si decido ayudarlos, yo no podré volver a hablarle a Hōjō por todo lo que le dijiste, ¡¿con que cara voy a hablarle?! —sus manos comenzaron a picarle, tenía ganas de golpear algo o a alguien. Así que antes de cometer una locura, decidió irse. Camino rápidamente hacia la puerta, la abrió de golpe y la cerro fuertemente detrás de ella, causándose daño en el hombro de tan fuerte que la había halado.

Se precipitó por el pasillo y para su suerte, el elevador estaba abierto. Entró y se permitió respirar, no presionó ningún botón, simplemente se quedó ahí, parada, jadeando y con sus ojos ardiendo.

Y pensar, que una pequeña parte de ella, estaba considerando a Inuyasha como un amigo. Siempre que avanzaba un paso en su extraña relación, retrocedían dos. Y ciertamente, aquel jueguito la estaba cansando en más de mil formas.

Apoyó la espalda contra la fría pared y se dejó resbalar. El ascensor comenzó a moverse, pero no le importó. No se movió. Cerró los ojos y deseo desaparecer.

Las puertas se abrieron y una persona alta entró.

—Oh- lo siento —una voz masculina le llegó a los oídos, pero no abrió los ojos—. Disculpa, ¿te encuentras bien? —lo escuchó más cercas, pero no podía moverse. Ningún musculo—. ¿Necesitas ayuda? —Por educación, logró negar con la cabeza—. Mi nombre es Kouga.

Kagome decidió entreabrir los ojos, encontrándose con un chico de piel morena, cabello oscuro sujeto en una cola y unos ojos azules que la miraban preocupados. Sus labios lograron sonreír y volvió a cerrar los ojos.

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Realmente pierdo la noción de las cosas, así que no sé si he agradecido oh algo, así que… aquí vamos.

Elianamz-bv: la fuerza de Kagome viene, es que han sido muchas cosas que se le han venido encima, pero la fuerza de Kagome aparecerá pronto. Neri Dark: oh si así lo amamos, besos y abrazos para ti también. Katnisss-everdeen-94: pues le has atinado, y también has acertado, con Kikyo cosas malas siempre pasan (chan chan chan). Aky9110: creo que si era en quien estabas pensando(?) siempre hay competencia en los fics. Coneja: pues si que la ha llevado con Kikyo y su relación pues va mejor, pero no avanza. Marianux: gracias n_n. Elena 79: siempre intento cortarlo en una parte que deje con intriga para engancharlos y que sigan leyendo y no me olviden? Yo solo quiero amor. A mi ciertamente también me cae mal. Perdón por tardar siglos en actualizar. katnissHermioneMarch: tarde en continuar, pero listo!. Ariadnek: pues ahora un mini spoiler, que creo que es mas que obvio. Con el hermoso de Kouga, ahora será Inuyasha quien sufrirá los desplantes de Kagome? Oh puede que no. Tú sigue leyendo que esto todavía no termina. Theinuyasha: tarde en aparecer y lo siento, por favor no llames a la policía, que sigo viva, no moriré hasta que este fic este terminado y nunca pares de escribir, todas las autoras amamos los reviews largos *-*. Danita-inu: pues técnicamente no era su amante, era su exnovia, pero si, son amantes?. Inubrii: pues aquí esta la conti, gracias por comentar.

Y un agradecimiento especial para Stephanyluna, que siempre me ha apoyado por sus hermosas palabras y se ha preocupado por mí, este cap. Y los que quedan, te los dedico a ti. Gracias por seguir aquí, a pesar de que actualizo una vez cada siglo.

Si te ha gustado, por favor deja un review, me ayuda mucho, me motiva para seguir y nos leemos en el siguiente cap, gracias por leer, favoritos y follow. Los amodoro.