Disclaimer: los personajes de InuYasha no me pertenecen, son creación de Rumiko Takahashi.
Advertencia: AU, Ooc, posibles faltas de ortografía. El lector puede llegar a aburrirse o cuestionar la mentalidad de la autora.
La verdad es que me he sentido muy mal, y me siento peor al saber que fui la causante. Casi me estrangulo mis intestinos por una estupidez y las consecuencias fueron horribles. No he tenido muchas ganas de nada. Pero como escribir es una clase de terapia, pues no quise dejar el fic.
Sin más dramas míos, les dejo el cap., disfruten la lectura.
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¡Esperen! He puesto una encuesta en mi perfil y realmente me gustaría que la checaran.
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Capítulo dedicado a Elena79
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Kagome alzó el rostro hacia el resplandeciente sol que iluminaba todo el rancho de Koga, la brisa era fresca, creando un delicioso ambiente. Se lamentaba enormemente el tener que estar con su uniforme escolar, prefería sentirme más cómoda, quizás la próxima vez podría irse con un cambio…
¿La próxima vez? Sus ojos castaños se abrieron de golpe al caer en cuenta en el rumbo que sus pensamientos estaban tomando. ¿Ella estaba planeando una próxima vez? Las piernas comenzaron a temblarle, sintió que se caería en cualquier momento.
—Kagome —la voz de Koga la estremeció, y su corazón dio un brinco, expectante—. Te traje limonada —ella giró la cabeza para verlo de reojo, él se veía tan fresco, tan natural. Su piel morena brillaba deliciosamente por los rayos del sol. Había decidido ponerse romas más ligeras. Unos pantaloncillos cafés cortos y una camisa de manga corta de botones, con los primeros tres sueltos, dejando ver parte de su bien formado pecho— pensé que tendrías sed con este clima —extendió el vaso, sus labios se curvearon en una encantadora sonrisa, dejando ver sus dientes blancos.
Kagome quiso suspirar de solo verlo. Parecía un galán de novela. No podía creer que hombres como él realmente existieran. Estiró el brazo, aceptando el vaso que Koga le ofrecía. Sonrió tímidamente cuando sus dedos se rozaron. Él parecía tan feliz.
—Muchas gracias, Koga, de verdad… siento que te debo tanto, y-yo… no sé cómo podría pagártelo… —con su mano libre comenzó a juguetear con sus largos mechones azabaches.
—No ha sido nada, Kagome —respondió Koga, aun con esa sonrisa derrite-corazones en sus labios.
— ¡Pero…! —sus pálidas mejillas se sonrojaron— desde el momento en el que me recogiste en el elevador… hasta que te tomaste las molestias de llevarme a mi casa. De verdad yo…
—Hum —se llevó una mano al mentón, adoptando una pose seria— si de verdad quieres devolverme el favor —sus labios sonrieron al pronunciar la última palabra— quisiera que salieras conmigo —los ojos azules de Koga buscaron los castaños de Kagome— no es necesario que aceptes, no estas obligada a nada —Higurashi comenzó a marearse por sentir la mirada tan intensa de él. Sentía que el aire no entraba en sus pulmones.
— ¿T-tú quieres salir con-conmigo? —balbuceó, sintiendo que el calor en sus mejillas se extendía por todo su rostro.
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Inuyasha aceleró salvajemente, provocando que el motor rugiera. Pero no le importaba. Todo lo que tenía en mente era llegar hasta el rancho del infeliz de Koga y reclamar lo que, por capricho de su madre, era suyo. Según él recordaba, no faltaba mucho. Aquel paisaje le parecía vagamente familiar. Volvió a acelerar, esquivando con maestría a un camión de carga, que venía en dirección contraria.
Tanto era su enojo que ni le importaba el hecho de que estuvo a punto de chocar con otros más de una vez.
Por fin pudo ver el techo del rancho, los latidos de su corazón bajaron de intensidad. Lentamente desaceleró hasta terminar deteniéndose justo enfrente de la veterinaria. Apagó el motor y se quitó el casco, dejándolo sobre el asiento. Camino con paso decidido, sin saber a dónde se dirigía. Hasta que escuchó unas risas provenientes de la parte trasera del rancho. Apretó sus manos en puños, sus nudillos se volvieron blancos de la presión. Podía sentir cómo cosquilleaban su puño entero, ansiando estamparse contra algo o la cara de alguien.
— ¡Ow! Son tan adorables
¿Kagome? La ira de Inuyasha se disipó un poco al escuchar su voz. Hasta que se encontró a unos pocos metros de ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo. ¿Quién se creía él que era para hacerle eso? Ya había arruinado su vida, no quería cargarse también la de Kagome, si él no podía ser feliz fue por sus estúpidas decisiones, pero ella todavía tenía oportunidad.
Si, lo sabía. Pero todo su ser vibraba en ira al pensar que, la felicidad de ella estaba relacionada con Koga. Cualquier hombre en este planeta estaba bien, incluso el enclenque de Hojo, pero Koga no… simplemente… no. Esa imagen mental le revolvía el estómago.
—Me alegra que te gusten —y ahí estaba su estúpida voz— puedes venir cada vez que quieras, Kagome —si claro, ¡eso te encantaría!
— ¿No sería eso abusar? No quiero ser una molestia — ¡demonios! Suenan tan empalagosos.
—Por supuesto que no, Kagome, tu presencia nunca sería una molestia…—
— ¡Dejen ya todo la cursilería de lado, es muy molesto! —gritó el plateado, haciendo una aparición dramática en escena. Sobresaltando a Kagome.
¿I-Inuyasha? Sintió la cara arder, todo su cuerpo ardía en vergüenza. Se había propuesto el olvidar todos los malos ratos de los últimos días, así que en sus planes no estaba encontrarse con Taisho, al menos no tan pronto. Y el que él la encontrara en una situación tan…. Se sonrojó todavía más, si era posible. Quiso esconder su rostro entre sus manos, pero su cuerpo no le respondía.
— ¿Quién te invitó a mi propiedad, bestia inútil? —rugió Koga, sacando pecho y fulminando al de ojos dorados. Inuyasha no se inmutó, pero su atención se centró en Kagome, al ver las ropas que llevaba frunció sus negras cejas.
—No sabía que tu nuevo pasatiempo era robar a las niñas de los colegios, Koga, eso es de pedófilos, ¿no lo sabias? —sonrió socarrón ante su propio chiste. Ya sentía como sus puños se estrellaban en esa horripilante cara. Se moría de ansias.
— ¡No secuestre a nadie, bestia! Kagome accedió a venir por su cuenta, ¿cierto, Kagome? —sus ojos azules la miraron intensamente, esperando ansioso una respuesta, pero la pobre chica no podía reaccionar. No encontraba su voz y su cuerpo no le respondía.
— ¡Keh! Cómo si me importara, vine aquí porque tú, asqueroso lobo, y yo tenemos asuntos pendientes —y antes de que nadie pudiese decir algo más, Inuyasha lanzó el primer golpe, impactándolo con sorprendente fuerza contra la mejilla derecha de Koga.
Koga cayó de espaldas con fuerza y sin delicadeza, su espalda se estampó contra valla. Gritó por el dolor. Se incorporó con dificultad, se lamió la sangre de su labio. Sus ojos azul eléctrico fulminaron al peli plateado.
— ¡Me las vas a pagar, bestia! —se lanzó contra el menor de los Taisho, cogiéndolo del cuello y estampándolo contra el suelo. Posicionándose a horcajadas, comenzó a golpear mucha fuerza. Inuyasha difícilmente podía esquivar los golpes. Koga ya le había roto el labio y la ceja izquierda. Antes de que volviera a darle, retuvo su golpe y con una patada en el estómago, se lo quitó de encima.
Ambos se incorporaron, mirándose a los ojos fijamente.
Kagome reaccionó antes de que volvieran a lanzarse a los golpes, corrió a tropezones y se posiciono entre los dos, cerró sus ojos esperando el impacto. Pero gracias a los dioses ellos pudieron detenerse antes de dañarla.
— ¡¿Qué crees que estás haciendo, tonta?! ¡Quítate! —rugió Inuyasha, escupiendo sangre.
—La bestia tiene razón, no te metas, Kagome —Koga fue más delicado al hablarle. La sujetó suavemente por los hombros, intentando apartarla. Pero parecía que solo había enfurecido a Inuyasha aún más, ya que el de cabellos plateados la empujó un poco fuerte y volvió a golpear al moreno, justo en el estómago, sacándole el aire.
— ¡Koga! —Gritó Higurashi y volvió a acercarse, temblando por temor de que ellos se lastimaran de verdad—. ¡Inuyasha, por favor, detente! —Pero el de ojos perlados no la escuchaba, estaba muy entretenido deformando la cara de Koga—. ¡Inuyasha! —sin saber qué más hacer, Kagome abrazó a Taisho por detrás, enterrando su cara en la amplia espalda del chico. Inuyasha se detuvo al sentir aquel pequeño cuerpo temblar sobre el suyo. La miro sobre su hombro, con una expresión considerablemente más tranquila.
— ¿Kagome? —susurró casi sin voz.
—Por favor… no peleen… —balbuceo entre sollozos. Frotando su rostro contra la camisa sucia de Taisho.
—K-Kagome —Inuyasha se alejó de Koga y se volteó, sujetando a la pobre chica entre sus grandes y sucias manos. La sostuvo unos segundos, viendo con el corazón en la garganta como ella lloraba. La atrajo hacia sí, abrazándola con fuerza. Escondió su rostro entre los cabellos azabaches. Respiro profundo para terminar de calmarse—. Lo siento, ¿si? Ya no pelearemos —acariciaba con suaves movimientos circulares la espalda de ella— pero por favor, no llores —ella se estremeció más—. No soporto ver a las mujeres llorar —la estrujó un poco más entre sus brazos—, por favor, Kagome… no llores.
Se sentía tan tonta, ni siquiera sabía por qué estaba llorando, pero se sentía todavía más tonta ante el pensamiento que, entre los brazos de Inuyasha, se sentía a salvo. Curioso, dado que él había iniciado todo.
Suspiró con fuerza y se obligó a sí misma a tranquilizarse. Controló los temblores de su cuerpo, pero no se atrevía a enfrentar aquellos ojos dorados. Mordió su labio inferior con fuerza. No tenía cara para enfrentarlo. Pero había algo más que la molestaba, ¿qué hacia Inuyasha en el rancho de Koga? ¿Alguien le había dicho que ella estaba con el joven Koga? Y de ser así, ¿qué le importaba al joven Taisho?
— ¿Ya te encuentras mejor? —el cálido aliento de Inuyasha sobre su oreja izquierda le provoco un escalofrió que pudo disimular un poco.
Ella asintió levemente. Koga gimió con dolor al intentar levantarse. Esto atrajo a Kagome a la realidad. Ambos estaban heridos y por muy veterinario que Koga fuera, ella dudaba que él supiera tratar heridas en humanos. Así que se apartó de Inuyasha y corrió a socorrer al moreno. Quien tenía el rostro hinchado por tanto golpe recibido. A simple vista, ella podía saber que Inuyasha le había roto la nariz y partido el labio. Miró al de cabello plateado, bueno, él tampoco se había salvado. Pero definitivamente Koga se había llevado la peor parte.
— ¿Te encuentras bien, Koga? —preguntó con voz dulce, ayudando al moreno a ponerse de pie. Tuvo que soportar casi todo el peso del joven. El golpe que Taisho le había dado en el estómago lo había dejado bastante mal—. Voy a llevarte a tu habitación y revisaré tus heridas, por favor, resiste, ¿si?
Inuyasha gruñó exasperado por la gentileza de Kagome hacia el otro, ¡él también estaba herido! Pero no estaba llorando como nena. La sujeto del codo y la alejó del moreno. Antes de que ella pudiera regañarle, él se puso en su lugar, soportando el peso muerto de Koga.
—Andando lobo, no creas que porque estés "herido" vas a recibir un trato especial por mi parte —pero Inuyasha no hizo nada por seguir molestándolo.
Kagome les abrió la puerta, para que pudieran entrar sin mayores dificultades. Ayudó a Inuyasha a recostar a Koga sobre uno de los sillones de la sala.
—Bien, veré qué encuentro de medicamentos —dijo con voz baja, ya que Koga se había quedado dormido—. No hagas nada malo, Inuyasha —lo miró directamente, olvidando por qué no había podido hacerle frente hace unos momentos.
—Keh, lo dices como si de verdad yo fuera a hacer algo —sonrió con socarronería, enseñando sus colmillos.
—Inuyasha —advirtió. Él ensanchó su sonrisa pero se encogió de hombros, restándole importancia al enojo de ella.
Higurashi suspiró cansadamente y se dirigió a la cocina. Sin saber qué estaba buscando exactamente. Seguía preguntándose, ¿qué estaba haciendo Inuyasha ahí? ¿Cómo se había enterado que ella estaba con Koga? ¿Y por qué le importaba lo suficiente como para golpear al pobre Koga?
En la cocina no había nada. Así que, siguiendo su instinto, subió las escaleras y entró por la primera puerta que vio. El baño. Había uno de esos espejos con repisa para medicinas. Lo abrió rápidamente y encontró solamente pastillas. Nada de vendajes. Cogió una loción para el ardor y cerró. Salió del baño y observo las otras tres puertas. Realmente no tenía derecho alguno de entrometerse, pero ella solo buscaba vendas o ya de mínimo, banditas.
Siguiendo su sexto sentido, decidió ir hasta la puerta del fondo, abrió lentamente, entrecerrando los ojos. Obviamente estaba vacía. Por el aspecto de las cosas y el ligero desorden, ella supuso que era la habitación de Koga. Se sintió un poco mejor y comenzó a esculcar los cajones. Aguantó la vergüenza de ver la ropa interior del moreno, incluso contuvo los instintos de tirarla. No es como si fuese la primera vez que veía ropa de hombre, es decir, ella a veces ponía a secar la ropa de su hermano, pero la diferencia de las ropas de su hermanito a las de Koga, que ya era un hombre, era muy notoria.
Se acercó al closet, abrió con cuidado y en la parte de arriba vio una enorme caja de cartón. Espero de todo corazón que allí encontrara aunque sea unos trapos. Así que con suma delicadeza la sacó, casi cayéndose de espaldas por lo pesada que era. Quito la tapa y observó detenidamente su interior. Eran fotos.
Fotos de él de niño, con su familia. Fotos de él y sus amigos. Inuyasha salía en algunas, con Miroku. Otro niño, algo más grande, pero que tenía un gran parecido con Inuyasha también salía en algunas fotos, con una cara de amargado que no se podía creer en alguien tan joven. Kagome siguió ojeando las fotos hasta que encontró una que la paralizo.
Koga estaba besando a Kikyo en los labios, era más bien un piquito. Pero Kikyo estaba sonrosada y él parecía muy feliz. La foto no se veía tan vieja y por la apariencia de esos dos, ella podría aventurar y decir que probablemente eso haya sido hace un par de años. Se le hizo nudo el corazón.
Koga también había tenido su historia con Kikyo. ¿Es que acaso ella salió con todos? Algo debía reconocerle y es que, Kikyo tenía buen gusto. Tanto Inuyasha como Koga eran sujetos terriblemente apuestos, tan guapos que alguien pensaría que trabajan en televisión.
Dejó todo en su lugar y con trabajos logró volver a poner la caja en su respectivo lugar. Ok, suficiente de fisgonear cuartos ajenos. Sólo lograría herirse a sí misma.
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Bajó las escaleras y entró donde había dejado a los dos chicos. Inuyasha estaba sentado en el suelo, en posición de indio, revisando quién sabe qué en su celular, Koga seguía inconsciente.
— ¿Por qué tardaste tanto, tonta? —preguntó el de cabello plateado, sin despegar sus dorados ojos de la pantalla de su móvil.
—No pude encontrar nada con qué vendar las heridas de Koga —respondió tranquilamente, sentándose a su lado, pero observando el rostro tranquilo del moreno—. Se ve algo acalorado, probablemente le dio temperatura —murmuró preocupada. Llevó su blanca mano a la frente del joven y comprobó que su piel estaba algo caliente.
— ¡Keh! Debe ser muy débil si con un par de golpes le da calentura —Inuyasha lo observó de reojo, sin decir nada más.
—Eres un bestia, Inuyasha —sus ojos castaños fulminaron los dorados—. ¿Qué haces aquí, de todos modos? —no había conseguido vendas, así que se dio el permiso de coger una camisa blanca de Koga y romperla en tiras, las cuales estaba mojando con la loción, para después aplicarlas gentilmente en las heridas de la cara.
—Keh —Taisho giró el rostro, con un apenas visible sonrojo en sus mejillas.
—Si no vas a ser de utilidad, es mejor que te vayas.
— ¿Por qué te preocupas tanto por Koga? —susurró Inuyasha, posando su mirada ambarina en el rostro concentrado de la chica.
— ¿Por qué, dices? Porque él se ha comportado muy bien conmigo, es un caballero —su corazón se estrujó un poco al ver las muecas de dolor que hacia Koga cuando la loción hacia contacto con sus heridas abiertas. Ella siempre sentía pena por las personas heridas o enfermas.
—Es todo una farsa, Kagome, él sólo se comporta bien contigo porque quiere impresionarte.
—Bueno, yo encuentro eso muy adorable —lo miró de reojo—. Si un chico quiere impresionarme, quiere decir que le gusto lo suficiente como para dar un cambio, ¿no crees? —dejó lo que estaba haciendo para observar de llano a Inuyasha. Ambos se escudriñaron los ojos, buscando algo en los ojos contrarios—. ¿Por qué viniste, Inuyasha? —susurró ella, sintiendo su corazón en el cuello, dificultándole respirar.
—Miroku me dijo que te vio con Koga. No pensé bien lo que hacía, sólo que… me enfurecí al pensar que estabas con él —señalo con un movimiento de cabeza al inconsciente muchacho.
— ¿Por qué? —tenía que aprovechar, desde que conocía a Inuyasha, nunca se había comportado así de mansito y complaciente con ella.
—No lo sé —respondió con un murmullo. Desviando la mirada.
— ¿Es porque Koga y Kikyo tuvieron su historia? —su corazón palpitó dolorosamente.
Inuyasha no respondió su pregunta, se acercó a ella, hasta quedar a unos milímetros de distancia. Ambos respiraban el aire del otro. Kagome se sonrojó fuertemente ante la cercanía.
—Cásate conmigo, Kagome.
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¡Uf! No tienen ni idea de lo que tuve que pasar para escribir esto. Literalmente fue un capítulo de dos días.
Les tengo malas noticias, tengo visitas esta semana, así que… no podré actualizar para el siguiente lunes (como lo he hecho las últimas dos semanas). Así que tengan paciencia.
Bien, a agradecer se ha dicho.
Gracias a vlakat y a pestefany586 por marcar el fic como favorito/alerta.
Elena79: pero ya ves, cuando Inu se idiotiza por Kikyo no hay nada que se pueda hacer. Gracias por darte cuenta del adelanto, fuiste la única;-; y pues, qué te digo, esta pelea está inspirada en ti xD. Respecto a eso, ya ves que en las faldas escolares hay bolsos (no sé en dónde), pues Kagome llevaba su identificación. Lamento omitir detalle, quizás lo agregaré en otro cap. Disculpa, cuando escribo rápido se me va la onda. Gracias por seguir y apoyar el fic. Anii: siento rarito que me llamen unni xD pero me gusta, yo también amo a Koga, es tan asdfghjklñ. Espero que te haya gustado el cap. Fruitfou: me alegra muchísimo que te haya gustado el fic, espero no defraudar tus expectativas y que te sigan gustando los siguientes caps. Muchas gracias. Elvi: ya verás como Inuyasha paga todas, y Koga sale en su papel de galán de novela. Michell: Koga es sensual porque así lo quiso Rumiko-san. Inuyasha apesta a celos xD.
Si te ha gustado el cap., por favor deja un review, me ayuda mucho, me motiva para seguir y es mi sueldo. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Gracias por leer, sus reviews, favoritos y follow.
Los amo a todos. Feliz semana.
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