Disclaimer: los personajes de InuYasha no me pertenecen, son obra de Rumiko Takahashi.
Advertencia: AU, Ooc, faltas de ortografía y posible aburrimiento.
.
O
.
Lo siento por la demora, pero les dije que tendría visita. Además que ya han decidido aplicar exámenes en mi preparatoria. Y me hackearon mi correo electrónico que uso para ver notificaciones de Fanfiction, además de que no he tenido inspiración. Lo único bueno de la semana es que tengo una nueva perrita, se llama Kirara.
Bueno sin más de mis penas, disfruten el cap.
.
O
.
Capítulo dedicado a inuxkaglovelove por ser mi review 100.
.
O
.
—Cásate conmigo, Kagome —Inuyasha la miró directo a los ojos, ella sentía como si él estuviera perforando su alma, estremeciendo y derrumbando todo. No tenía derecho.
— ¿Qué? —preguntó cuándo por fin pudo encontrar su voz.
—Cásate conmigo —repitió con voz seria. Se alejó un poco de la chica, para así examinar su expresión completamente.
—E-eso es absurdo… t-tú no me amas y… — ¿Por qué le temblaba la voz? Esperen… ¿por qué le temblaba el cuerpo entero? — hasta hace unos días… tú querías cancelar nuestro compromiso y… —sentía que le iba a dar un ataque al corazón. ¿Qué demonios era eso?
Inuyasha suspiró y se levantó, caminó unos pasos hacia la puerta y observó el horizonte.
—Tienes razón, no te amo, Kagome —la miro sobre el hombro—, pero mi madre no aprobara mi relación con Kikyo y aparentemente, con ninguna otra mujer —sonrió con amargura, regresó la mirada hacia el exterior—. Así que si quiero que mi madre esté contenta, tengo que casarme contigo —dejó caer los hombros y volvió a suspirar.
¿Podrías no sonar tan resignado? Pensó con cierto dolor en el orgullo. Ella no era tan mal partido como para que él sonara así de sufrido.
— ¿Significa eso que nuevamente me vas a utilizar, Inuyasha? —su voz salió fría. Sus ojos chocolate miraron el rostro apacible de Koga. Ya había limpiado sus heridas. Solo faltaba un poco de hielo para bajarle la inflamación. Todavía tenía que ver las heridas de Inuyasha, pero ciertamente no tenía ganas de ayudarlo.
—No… no lo hagas sonar así de malo, Kagome —sonrió de lado, pero sus ojos dorados estaban apagados—. Solo soy un niño que quiere que su madre esté feliz con él —había soledad en su expresión.
—Aun así, Inuyasha —se levantó y caminó hasta la cocina, abrió el congelador y sacó una bolsa de hielos. Regresó al lado de Koga, posando con sumo cuidado los hielos sobre su mejilla izquierda—. No quiero casarme sin amor.
—Podrías comenzar a amarme —sugirió con socarronería.
—Ja. Como si fuera tan fácil.
—Oh vamos, Kagome, si pudiste sentirte atraída por el idiota de Koga, enamorarte de mí no debe de ser tarea difícil —regresó a su lado, sentándose justo detrás de ella. Poniéndola nerviosa.
—Koga no ha sido nada más que un caballero conmigo, en cambio tú, eres un insoportable. No tengo muy buenos recuerdos a tu lado, ¿sabes? —por su propia salud mental, no se atrevió a enfrentarlo mientras hablaba—. Además, no puedes obligar al corazón a enamorarse. No es natural —descanso su mano derecha sobre el pecho de Koga, sintiendo los serenos latidos de su corazón— ¿tú podrías casarte conmigo, sin amarme? —su voz salió en un hilo. Frágil.
—No puede ser difícil enamorarse de ti.
Su corazón dio un vuelco doloroso. ¿Qué? ¿Cómo…?
—Deja de bromear, I-Inuyasha… —forzó una sonrisa, para disimular los temblores de su cuerpo—. Tú amas a Kikyo… y… y es imposible que la olvides… p-por… mí… —sus ojos le ardían.
—Sí, es cierto. La amo. Probablemente la amo más de lo que pueda llegar a amar en mi vida —suspiró, dejando caer la cabeza hacia atrás— pero ya te dije, mi madre nunca aprobara nuestra relación. Y no quiero tener problemas con ella —entrecerró los ojos— y ella te tiene mucho cariño. Así que… si me caso contigo, probablemente ella vuelva a hablarme y estará feliz, de nuevo.
— ¿Estás dispuesto a sacrificar tu felicidad sólo para que tu madre esté feliz? —se atrevió a encararlo y se alegró enormemente al ver que él no la veía.
—Es mi mamá, ella ha sacrificado más cosas por mí, ¿sabes? —Ladeó la cabeza, mirándola con una tristeza que no tenía fin, sonrió con amargura—. Perder al amor de mi vida no tiene comparación con lo que ella ha hecho —quizás era la debilidad que Kagome estaba sintiendo, pero ella juró ver una lagrimilla.
Inuyasha. Quizás ella lo había juzgado mal. Alguien que tuviese tal devoción hacia su madre, no podía ser un completo imbécil. Pero aun así. Ella no podía obligarse a amarlo. Y los malos ratos que él le había hecho pasar no podían ser tan fácilmente olvidados. Mucho menos cuando no había pasado suficiente tiempo. No, no podía casarse con él. Además… estaba Koga…
Ladeó la cabeza y lo observó. Admitir que Koga no le era indiferente la asustaba, más que nada porque no conocía al chico muy bien, pero hasta el momento él había sido tan bueno con ella, que el tiempo no era importante. No a su lado. Una parte de ella quería darse una oportunidad con Koga.
—Lo siento, Inuyasha —se incorporó—. No voy a casarme contigo.
Taisho sonrió con amargura al escuchar sus palabras. No la culpaba. Desde un principio sabía que era muy improbable que ella lo aceptara. Él no lo hubiera hecho, no después de todo lo que le hizo. Pero eso no quitaba la herida en su hombría, en su orgullo. ¿Tan malo era?
—Keh. Esto no ha terminado —se levantó de golpe, sacudiéndose sus ropas. A pesar de todo, logró componer una sonrisa burlona en su rostro, con un semblante más relajante.
—Inuyasha, esto ya termino —sus ojos achocolatados lo siguieron, con un mal presentimiento palpitando en su pecho.
—Sí, claro. Veremos quién tiene razón al final —le dio una última mirada y salió.
Kagome estuvo tentada a ir tras él, pero cuando escuchó el motor desechó la idea.
¿Qué demonios acababa de pasar? Es decir… primero Koga la invitó a salir, después llegó Inuyasha y golpeó a Koga, ambos pelearon, ella los detuvo, Koga se quedó inconsciente, ella buscó algo con lo que curarlo, entró en su cuarto sin permiso y descubrió la foto de Koga y Kikyo besándose, había regresado, curó a Koga y… Inuyasha le pidió que se casara con él. Sin amor. Otra vez.
Unas terribles ganas de estrellar su cabeza contra una superficie dura la llenaron. Se sentía agotada. Quería irse a su casa y dormir para siempre. No entendía nada.
Koga gimió y ella rápidamente centró su atención en el moreno.
—Koga —susurró— ¿te encuentras bien?
Los parpados del chico se abrieron lentamente, hasta dejar ver esos ojazos azules. Parecía desorientado, hasta que sus ojos se ubicaron en ella. Los labios de Koga se curvearon en una sonrisa floja y ella sintió su corazón latir con calma.
—Parece que perdí contra Inuyasha, eh —la sonrisa se ensanchó— qué debes de estar pensando de mí, Kagome —se cubrió los ojos con su brazo derecho. Escondiendo la repentina vergüenza.
—No hay nada que pensar. Inuyasha es un bruto —sonrió conmovida. Koga era tan tranquilo, a comparación de Inuyasha—. ¿Te duelen tus heridas? —preguntó preocupada.
—No, ni siquiera había notado eso —se tentó el rostro con cuidado—. ¿Tú me curaste, Kagome? —la miró directamente a los ojos, ya sabiendo la respuesta.
—Sí. No eran la gran cosa, pero no quería que se infectaran —repentinamente se sentía nerviosa, al saber que Inuyasha ya no estaba, eso la dejaba sola con Koga, en un rancho bastante retirado de su hogar. Pero el moreno no parecía tener dobles intensiones.
—Gracias, de verdad eres muy amable, Kagome —extendió su mano derecha, hasta rozar una de la muchacha, la morena sentía su corazón latir desbocado por aquella penetrante mirada que le estaba otorgando Koga.
—Ya te dije que no es nada, Koga —sonrió suavemente, sintiendo sus mejillas calentarse— tú has hecho más por mí…
—Kagome —repentinamente el joven se puso serio, desviando la mirada— quiero preguntarte algo y por favor, se completamente honesta conmigo —la miró directo a los ojos, robándole el aliento—. ¿Cuál es tu relación con Inuyasha?
La pregunta la sacó de onda, obviamente, no se esperaba eso, pero comprendía completamente las dudas del chico. Es decir, cualquiera dudaría si otro sujeto va exclusivamente a un rancho a darle una golpiza a otro, sólo por salir con una chica.
—Pues… es una historia difícil de contar… —bajo la mirada, frunció el ceño, pensando cómo decirle—. Lo que pasa, es que… mi mamá y la madre de Inuyasha son muy buenas amigas, y… —se mordió el labio inferior—…y ellas pensaron que era buena idea el casar a sus hijos, para unir las familias… —comenzó a juguetear con sus manos, como cada vez que hacia cuando se ponía nerviosa—…así que se les hizo fácil comprometernos a Inuyasha y a mí, sin siquiera consultarnos… —junto valor y enfrento a Koga, quien tenía la mirada perdida en un punto lejano—. Entonces pasaron muchas cosas entre Inuyasha y yo, ¡pero no en sentido romántico! —se apresuró a decir, al ver que Koga fruncía las cejas. No es como si ella debería de darle explicaciones, pero así lo sentía— contra penas y lo considero un amigo, porque… bueno… es bien bestia y nada sutil. La última vez que supe de él, fue en departamento de Kikyo, donde él me la presento y me pidió que convenciera a mi madre para suspender todo, ¿tú crees? ¡Me presento a su novia! ¡No tiene tacto alguno! Y yo… pues me enojé mucho y hui… y… había acumulado tantas cosas que colapse y fue cuando tú —lo miró a los ojos, estremeciéndose por el fuego azul en sus pupilas— cuando tú me encontraste y ayudaste —sonrió cálidamente. Koga le respondió.
—Vaya… pensé que la cosa era más… peliaguda… —sonrió de lado mientras bufaba—. Pero no entiendo, si dices que las cosas terminaron cuando ese idiota te llevo al departamento de Kikyo, ¿por qué vino a buscarte aquí?
—Él… mientras estabas inconsciente… me comentó que su madre no acepta a Kikyo ni a ninguna otra como esposa de él, así que Inuyasha vino a pedirme que me casara con él.
Koga la miro atentamente, analizando su expresión. Sintió un nudo en la garganta ante la imagen de Kagome, cálida, buena y dulce, casándose con la bestia de Inuyasha.
— ¿Y tú qué le respondiste? —preguntó suavemente.
—Le dije que yo no quería casarme sin amor…
El moreno bufó con burla.
—No debió de tomarlo muy bien, eh —sonrió socarrón de sólo imaginarse al de cabellos plateados haciendo berrinches porque Kagome no lo hubiera aceptado.
La de ojos castaños suspiro afectada. Esto capto la atención del veterinario, que la miro detenidamente.
— ¿Qué sucede, Kagome? —pregunto con voz dulce.
—Inuyasha habló sobre que… esto no había terminado… —sus ojos castaños se oscurecieron, pensando en lo que podría hacer el menor de los Taisho.
— ¿Cómo que no había terminado? ¿Qué quiere decir con eso?
—No sé. Pero tengo miedo… bueno… —sonrió de lado—. No es miedo, pero… desde que mi madre decidió unir mi futuro con él, no he tenido un solo día de descanso, ¿sabes? —su sonrisa se tornó triste al recordar todos los malos ratos que Inuyasha le había hecho pasar—. Y pensar que él seguirá insistiendo en entrar en mi vida, sólo para tener a la señora Izayoi contenta…
—Kagome —el de ojos azules se incorporó, primero se sentó recto, para después encorvarse un poco, quedando a la altura de la chica— quiero preguntarte algo, y puede que sea muy repentino, pero…
.
O
.
Habían pasado unos días desde su encuentro con Kagome y la pelea con Koga, las noticias no tardaron en hacer acto de presencia en su círculo de amigos. Sobre todo las burlas de Miroku. Pero no le dio mucha importancia. Lo único que tenía en mente era idear un plan para hacer que la tonta de Kagome se enamorara de él.
¿Qué tan difícil podía ser?
Inuyasha era increíblemente atractivo, tanto de cara como de físico. No por nada, muchas de las muchachitas de alta sociedad suspiraban por él. Además que tenía buena posición social. Quizás no había sido un genio en la escuela como su hermano mayor Sesshomaru, pero no era un retardado.
Así que… ¿por qué Kagome se resistía a sus encantos?
Obviamente él era mucho mejor que Koga en todos los aspectos. En cualquier vida siempre seria así.
Resopló. Kagome era una tonta que no sabía apreciar las cosas buenas cuando la vida se las ponía en sus narices. Pero ya se encargaría él de hacerle entrar en razón. Ahora solo pensaba en un plan para enamorarla. Pero era difícil. La diferencia de edad que había entre ellos, a pesar de no ser tanta, pues si marcaba un contraste. Él hacía tiempo que ya no convivía con adolescentes preparatorianas, ahora todo ese mundo escolar de falditas le resultaba infantil. Pero tenía que ver qué enamoraba a las chiquillas tontas de hoy.
Aunque en el fondo sabía que Kagome no era una chiquilla corriente.
Así que, contra su orgullo, tenía que recurrir a la ayuda de sus amigos más cercanos. Miroku y su novia Sango.
Seguía sin comprender cómo es que esos dos todavía seguían juntos, pero si entre ellos funcionaba, entre Kagome e Inuyasha resultaría todavía mejor. O al menos eso esperaba el de ojos dorados.
Condujo por toda la ciudad, haciendo tiempo. La verdad es que no quería enfrentarse a los ojos caoba de su amiga, que lo interrogarían por todo, pero no tenía otra alternativa. Aunque Sango tampoco era una joven polluela, al menos era mujer y sabía de esas… cosas.
Resignado, se dirigió al departamento de su amigo, punto de reunión para casi cualquier cosa u ocasión. Estacionó su moto y se quitó el casco. Camino hasta adentrarse al edificio. Tenía varios recuerdos regresar a ese lugar, entre los más recientes, la visita con Kagome. Suspiro pesadamente. Era un idiota y lo sabía. Incluso Kikyo se lo había dicho repetidas veces. Kikyo. Pensar en ella le daba punzadas al corazón. Desde que su madre le dijo que no la aceptaría, ella había cortado toda comunicación con Inuyasha.
Volvió a suspirar. ¿Por qué su vida tenía que ser tan complicada? Dejo caer la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y respirando profundamente. Preparándose mentalmente para la "terapia" que sus amigos le habían planeado.
Antes de siquiera tocar la puerta, su amigo Miroku la abrió de golpe, recibiéndolo con una enorme sonrisa, que no hacía más que empeorar el humor del peli plateado.
— ¡Bienvenido seas, Inuyasha! —extendió sus brazos, como queriendo abrazar a su malhumorado amigo—. Pero pasa, hombre, ¡pasa! —Le dio unas palmaditas en el hombro—. ¡Hombre! Quita esa cara, joven Taisho —su sonrisa se ensancho más si era posible, casi de oreja a oreja—. Las clases están por comenzar, espero que hayas traído lápiz y un cuaderno para apuntar —le guiñó un ojo, juguetón.
—Miroku —susurró peligrosamente bajo el de ojos dorados.
—Es suficiente, Miroku —intercedió Sango, sonriendo ligeramente. La situación le daba risa, al igual que a su novio, pero ella si tenía un poco de piedad por Inuyasha—. El pobre ya ha sufrido lo suficiente al ser rechazado por una niña de 15…
—Va cumplir 18, Sango —Taisho forzó una sonrisa, la chica tuvo que morderse la lengua para no reír.
—…como para que tú le des más molestias —terminó ella, mirando a ambos hombres.
—Es verdad, mi querida Sanguito, tienes la boca llena de verdad —dijo Miroku, mirándola de reojo, sin quitar esa sonrisa burlona de sus labios—. Muy bien, Inuyasha —sus ojos azules se centraron en su amigo— dinos qué es lo que te tiene tan preocupado —el de cabello oscuro se sentó en un sillón, cruzando sus piernas y mirando detenidamente a su amigo, que seguía parado.
Sango se sentó en el descansabrazos, a un lado del de ojos azules.
—Lo que pasa es que… Koga está interesado en Kagome y… y ella parece que le corresponde… y… y quiero que ella se enamore de mí —murmuró apenado, volteando el rostro para que sus amigos no pudieran ver su tremendo sonrojo.
— ¿La amas? —preguntó Sango, con una suave sonrisa en sus rosados labios.
— ¡Pos supuesto que no! —respondió sobresaltado Inuyasha, como si ella le hubiese preguntado algo sumamente ofensivo.
Su abrupta respuesta la sacó de onda, Sango parpadeó confundida, intentando procesar las palabras de su amigo.
—Si no la amas —comenzó ella, cuidando sus palabras— ¿por qué quieres enamorarla? —frunció sus finas cejas oscuras—. Discúlpame, Inuyasha, pero eso es simplemente estúpido para mí —confesó, al no poder encontrar ella una razón lo suficientemente buena para el comportamiento de su amigo.
—Mi mamá me dejo en claro que no va aceptar a Kikyo —suspiró el de cabellos plateados—, pero además de eso, me dijo que tampoco está dispuesta a aceptar a cualquier otra mujer. O sea que, técnicamente, si no me caso con Kagome, nunca podré tener el reconocimiento de mis padres —se dejó caer contra un sillón, echando la cabeza hacia atrás, cerrando con fuerza los ojos.
Aquella situación con su madre lo tenía tan cansado y el hecho de que su padre apoyara a su madre en todo, no le ayudaba a él en nada.
Inuyasha suspiró cansadamente. Quería mandar todo muy lejos. Pero no podía abandonar a su familia. Además, ellos, en especial su madre, habían hecho y deshecho tantas cosas por él, que Inuyasha sentía la necesidad de regresarles el favor, no le importaban dejar a la mujer que desde niño había amado.
—No entiendo, Inuyasha —Sango se apoyó en sus rodillas, observando detenidamente el rostro de su amigo—. Si eres tan infeliz con todo esto, ¿no sería mejor rendirse y ya? —Ladeó la cabeza—. Es decir, yo no creo que tu madre quiera que seas infeliz…
—Justo por eso, Sango. Mi mamá alega que Kikyo no es una buena mujer para mí, que Kagome tiene todo lo que yo necesito en una pareja y no sé qué mierdas más —con su mano derecha se frotó la sien, ya que un repentino agudo dolor de cabeza lo estaba atacando—. Y dice que mis gustos por mujeres son tan malos, que prácticamente cualquier otra mujer que escoja será como Kikyo, así que todas serán malas. Ella tiene la fe en que Kagome podría llevarme por el buen camino y que juntos forjaremos un destino sólido… y… —suspiró nuevamente, harto de tener que recordar las estupideces que su madre le había dicho. Porque, por más que amara a su madre, todas esas cosas eran pura basura. Él sabía que su adorada madre quería unir su familia con los Higurashi, y qué mejor manera que juntando a sus hijos.
—Entiendo lo que estás pasando, Inuyasha —habló Miroku, con una expresión serena en el rostro—. Pero no creo que forzando las cosas entre la señorita Kagome y tú ayude mucho —cruzó sus brazos, adoptando una pose seria.
—Si no hago que Kagome se enamore de mí, nunca podré casarme con ella. Esa niña tonta dejó muy en claro que no se casaría sin amor —estúpidos sentimentalismos adolescentes—. Así que tengo que forzar un poco sus sentimientos para que me prefiera a mí sobre el imbécil de Koga.
—Deberías hacer lo mismo que hiciste hace unos años, Inuyasha —Sango sonrió de lado, recordando esos años de su pre adolescencia. Al ver que el de ojos dorados no parecía captar la indirecta, agregó: —cuando Kikyo y tú pelearon y ella te dejo por salir con Koga, ¿recuerdas? Desde ese momento decidiste que ella nunca más saldría con nadie más y la volviste a enamorar.
—Pero eso fue fácil, Sango —Inuyasha se rascó la barbilla— Kikyo nunca dejo de amarme, simplemente quería darme celos…
—Cuando la señorita Kikyo salió con Koga, ella fue feliz, Inuyasha —Miroku lo enfrentó directamente a los ojos—. Quizás ella nunca dejo de tener sentimientos hacia ti, pero Koga pudo hacerse un espacio en su frío corazón con facilidad, ya que el joven Koga es todo un caballero —el de cabellos oscuros sonrió con burla al ver la expresión de su amigo. Si había algo que hiriera más el orgullo de Inuyasha, era mencionar el hecho de que otro hombre era mejor partido que él.
— ¡Deja de decir estupideces, Miroku! —gritó exasperado—. ¡¿Me van a ayudar o no?! ¡Maldición! ¡Sólo me están haciendo perder mi valioso tiempo!
Sango sonrió divertida por la actitud infantil de su amigo. Pero no podía dejar que Inuyasha fuera tan infeliz. Después de todo, él la había ayudado mucho en el pasado.
—Muy bien, Inuyasha —volvió a intervenir— te diré una cosa y es mejor que te la metas muy bien en esa cabeza hueca que te cargas —lo miró ceñuda, pero sin estar enojada—. No importa la edad de una mujer, a todas nos gustan los hombres detallistas —al ver el semblante confundido del de cabello plateado, suspiro—. No hablo de regalos, tonto. Hablo de… palabras lindas, que siempre tengan una actitud amable y servicial. Ustedes los hombres creen que sólo porque llevan mucho tiempo con una mujer, deben de dejar el cortejo. Hablo por casi toda la población femenina que las mujeres prefieren un caballero, cosa que tú, mi querido Inuyasha, no eres y al joven Koga le sobra.
Ese fue un golpe directo a su orgullo, pero se contuvo de decir algo, ya que Sango tenía razón.
— ¿Entonces qué debo hacer? —preguntó derrotado, bajando los hombros y adoptando una pose sumisa.
Sango le sonrió con ternura y Miroku lo observó condescendientemente. Esa iba ser una larga noche.
.
O
.
Kagome estaba sonrojada hasta la medula. No podía creer que estaba por ir al cine con Koga. No podía creer que tuviera una cita con Koga. No podía creer que el joven de ojos azules, piel morena, cabello oscuro y largo le había pedido que salieran. Simplemente… no podía creer que Koga quería que ella fuera su… novia. De sólo recordarlo, se sentía hiperventilar.
—Kagome —el de ojos azules se incorporó, primero se sentó recto, para después encorvarse un poco, quedando a la altura de la chica— quiero preguntarte algo, y puede que sea muy repentino, pero… — Koga suspiró fuerte, estaba nervioso—. ¿Quisieras ser mi novia?
Kagome se sonrojó de golpe, su corazón palpitó rápida y dolorosamente. ¿Era enserio?
—Sé que… no nos conocemos… de casi nada —el moreno bajó la mirada—. Pero nunca me había sentido tan completo y bien hasta… —alzó la mirada, centrándose en los chocolates que lo miraban atentamente—…hasta que te conocí —sonrió débilmente.
Higurashi se llevó ambas manos a su pecho, para calmar los locos latidos de su corazón. ¿Qué iba a decirle? Acaba de rechazar a Inuyasha y ahora Koga le pedía… semejante cosa…. No podía. No. Pero… ella quería… y para qué mentir, se sentía irremediablemente atraída a Koga.
Asintió lentamente, sonrojándose todavía más.
Koga había reído abiertamente e inmediatamente la envolvió en un cálido abrazo que ella correspondió rápidamente.
A penas iban a cumplir una semana y ella no podía sentirse mejor. Todos los días Koga le hablaba, le mandaba mensajes. Se ofrecía de recogerla después del colegio y acompañarla a su casa. Cuando salían al parque, se llevaban a Souta. Incluso su madre le había tomado cariño a su novio. Ah~ que bien se sentía decir esa palabra. Y más al recordar los eléctricos y apasionados ojos azulados de Koga. Nunca se había sentido más enamorada en su vida.
—Hola, tonta.
.
O
.
Espero que les haya gustado, un poco más largo de lo que últimamente suelo escribir. Pues… puede que… con este cap., muchas de ustedes le bajen a su odio a Inuyasha o puede que sólo lo haya incrementado x'D en fin.
Los agradecimientos~
Gracias a Neri Dark, Paulaa, Tommy Souza, TheLadyOfFluffy, Cecil Pierce, Alice Marie Fray por agregar el fic como favorito y alerta.
Elvi. Pues sí, Kagome le dijo que si al tonto de Inuyasha. Es un placer para mí contestar sus reviews, de ésta manera siento que estoy un poquito más cerca de ustedes. No dejare de actualizar, lenta pero segura. Anii. Te tengo una pregunta, ¿te gusta mucho el k-pop? A mí tampoco me gustó mucho escribir sobre Koga con Kikyo, pero era muy necesario para la historia y así, gracias por entender. Danita-inu. Así, a lo bruto se lo dijo, súper romántico el muchachito, eh. Pues no, no acepto (inserte aquí risa malvada) y asegurado que tendrás más romance entre Kagome y Koga. Elena 79. Hum… mi explicación es que la pelea le bajo las defensas a Koga y de la nada le dio temperatura, cosa que me paso a mí, de la nada me dio calentura (pero nadie me golpeo). Me gusta saber que te está gustado el fic (¿se entendió?). Pues ya se vio que no quiere marcar territorio, pero de cierta manera, sí es una forma de verlo. Siempre me alegro de leer tus reviews. Hara. Nuestro Inuyasha es un idiota sin remedio, pero espero que con este cap., se haya entendido más sobre sus acciones. Inuxkaglovelove. ¡woah! Mi cometario 100, hace mucho que no recibía tantos reviews, estoy tan feliz. Gracias, que linda (o lindo) y aquí está el cap., salidito del horno.
Debido a que quieren ver otro fic del fandom Inuyasha, pues ya estoy trabajando en dos proyectos. Tengan paciencia.
Si te ha gustado el cap., por favor deja un review, me ayuda mucho, me motiva para seguir y es mi suelo. Nos leemos en el siguiente capítulo.
Gracias por leer, sus reviews, favoritos y follow.
