Aunque no lo crean, no estoy muerta, sigo aquí jodiendo.

Como han podido notar, me he dedicado enteramente al Caleo y al Solangelo (creo que incluso más al Caleo que al Solangelo), ¿por qué estas y no las demás? Estas son las parejas que aún no están "formadas" poco a poco le iré dando tiempo a todas las demás.

Percy Jackson pertenece a Rick Riordan


Chapter 3: Coffee and Music

Leo nunca pensó que sería tan fácil encontrar a aquella chica. NUNCA.

La encontró en la estación del metro, ahora, con una mejor luz, se veía infinitamente más hermosa que como la había visto el jueves en la noche. Estaba radiante, su cabello peinado con estilo, vestimenta al estilo pop, y sus ojos, ahora los distinguía perfectamente, eran de color avellana, le miraban intensamente…, desde la superficie plana de un fiche comercial, que anunciaba su próximo concierto en el Madison Square Garden.

Leo hubiera estado feliz de comenzar a darse cabezazos contra las paredes, pero aun así, quiso salvaguardar su dignidad y no lo hizo. La chica era una cantante, ¡una de las más populares estrellas estadounidenses a nivel global al parecer! Eso explicaba el que su voz le sonara lejanamente familiar, debía de haberla escuchado alguna vez en algún programa de televisión, o por radio, o en el teléfono de alguien. Pero Leo tenía tan poco conocimiento de la farándula, que había estado siendo consolado por una famosa cantante y no se había dado cuenta, se sintió extremadamente estúpido de repente.

Eres un idiota, Leo Valdez, pensó, bien, ahora, ¿qué puedes hacer? Quieres volver a verla, ¿no? ¿Ir a uno de sus conciertos?

Sacó su teléfono y rápidamente buscó el precio de las entradas, la más barata requería de arreglar los televisores de todo el barrio, y eso conllevaba dañarlos primero, obviando el hecho de que estaban agotadas desde hace semanas, descartado.

Volver a ir al parque cada noche, y rogar porque una de tantas ella volviera a aparecer, no, definitivamente no, era estúpido.

Piensa, piensa, piensa, piensa, Leo, vamos, tú puedes, saca algo de tu cerebro.

Un momento, se dijo a sí mismo, todos los famosos tienen cuenta de Facebook, la usan para administrar su página publicitaria, puedo hackearla y llegar a su cuenta y hablarle. No, eso sería muy acosador… ¡Oh! Puedes solo averiguar cuál es su estudio de grabación, que por fuerza debe estar en Nueva York, dejarte caer por ahí hasta que haga falta, o sea, hasta que "accidentalmente" te topes con ella, ¡es una idea genial! ¡Soy un genio!

Y cuando se dio cuenta, había partido el tren, y el genio tuvo que esperar hasta el siguiente.

Cuando llegó a su casa, recordó que era viernes, y que su tía siempre salía a hacer las compras los viernes, lo que quería decir que estaba solo, si había un dios ahí arriba, Leo se lo agradecía.

Por si acaso, cerró la puerta de su habitación con seguro.

Luego, arriesgándose a gastar su limitado saldo telefónico, comenzó a buscar sobre la chica en internet.

Había cumplido los diecisiete años el 2 de marzo anterior, lo que la hacía cerca de cuatro meses mayor que Leo, cosa que a este no pareció importarle en lo más mínimo.

Continúo revisando, Wikipedia era siempre una fuente de información más confiable que mucho de esos sitios de farándula.

La página decía que tres años atrás había cantado en un evento de su escuela, y un cazatalentos la descubrió, su carrera había ascendido inigualablemente, y al cabo de dos años ya todo el mundo la conocía y la amaba, se había mantenido activa durante el último año, sacando varios sencillos, que precedieron su segundo álbum "Silver Flower", que habían vendido millones de copias alrededor del mundo, batiendo records de artistas con mayor tiempo en el negocio, señalaba además, que la chica tenía un espíritu filántropo, y que gran parte de sus ganancias eran destinadas a diferentes orfanatos del país

Leo continúo buscando, aunque sus ojos se quejaran, y durara una vida leyendo un artículo por culpa de la dislexia, encontró varias entrevistas, y reportajes, E! y People la calificaban como uno de los personajes del año, y cientos alababan su voz.

Dejó el teléfono a un lado cuando se apagó por falta de batería, y se tiró sobre la cama, mirando fijamente el cielorraso, con la mente en blanco. Sus ojos siguieron el rápido andar de un par de insectos que caminaban sobre el mismo, y notó que el color blanco comenzaba a escarapelarse en algunos sitios, dejando ver el gris original.

Aunque tampoco era que le importara mucho el estado de la pintura de su habitación.

Sonrió un poco, recordando la voz de la chica.

—Calipso, su nombre es Calipso —dijo en voz alta, saboreando la palabra. Y su sonrisa se ensanchó ligeramente.

Su mirada se desvió hacia el escritorio, en él, reposaba una laptop, casi no había dormido por terminarla, la tarde anterior había recibido el touchpad, que Piper le había comprado por Amazon, pero estaba lista y el desvelo había valido la pena y por mucho.

Al lado de la laptop, una pequeña caja con varios teléfonos celulares, esperando una mano caritativa que los pusiera en funcionamiento de nuevo. Y Leo sabía que debía de comenzar a trabajar en ellos pronto, según calculaba, conseguiría alrededor de cien dólares con todos los arreglos, y ya le quedaban solo treinta dólares de la anterior ronda de arreglos.

Se levantó y caminó hasta el escritorio, acarició la computadora con ternura, había tardado meses en conseguir todas las piezas, meses sin Fonzies, sin chocolates, Coca-Cola o barritas energéticas, en un estricto sistema de ahorro para conseguirlas más pronto, y había dado resultado.

Levantó la tapa y presionó el botón de enciendo.

El concierto había terminado casi a la una de la mañana, todo había salido perfecto, y sentía que era uno de los mejores que jamás había dado.

Pero eso no quitaba el que estuviera ridículamente cansada, y sin ganas de nada aparte de dormir por unos dos días.

—Apolo, ¿me pasas la botella de agua? —pidió, desplomándose como piedra en el sofá del camerino.

Era su manager, lo había sido desde que su carrera comenzó, siempre había estado ahí para ella, y al parecer seguiría estándolo por largo rato, lo cual Calipso realmente agradecía, aunque llegara a detestarlo de vez en cuando.

—Por favor —añadió en voz suplicante— dime que mañana tengo el día libre.

El hombre rió, era aún joven, y MUY guapo, ni siquiera ella podía negarlo, y no había conocido a una sola chica que no quedara prendida de él con solo verlo.

—Lo siento Calipso, pero no, tienes una entrevista a las cuatro, pero como hoy fue un éxito te dejaré dormir hasta las dos y treinta, ¿de acuerdo?

Calipso dejó escapar un gemido por bajo.

Desde la primera, había odiado las entrevistas, y por lo que sabía, la gran mayoría de personas en el gremio (o similares) lo hacían.

Habían utilizado un par de sus canciones para la banda sonora de la última película del popular actor Tristan McLean, así que lo había conocido durante la premier, habían simpatizado e incluso él la había invitado a comer a su casa un par de veces, alegando que tenía una hija de su edad, y que de seguro se llevarían bien.

Nunca olvidaría el escándalo que armaron los periodistas luego de eso, revolcando en su vida, la de él, y la de Piper, su hija, bichos asquerosos.

El auto la dejó enfrente del complejo departamental en el que vivía, tomo el ascensor hasta el último piso, y entró a su departamento casi a rastras.

No era una persona de muchos lujos, pero, ¿por qué no tener un bonito lugar al que llegar cuando tuviera tiempo libre? Más que un departamento era un pent-house, de colores claros, para hacer que luciera más espacioso, contrastando, sillones y sofás de cuero negro, en frente de la enorme pantalla.

Pero en ese momento no le importaba en lo más mínimo la pantalla, o el mueble de libros, se arrastró hasta su dormitorio y se dejó caer en la cosa que más le gustaba de todo el lugar: su cama.

Hefesto TV, ¿Cómo no lo supuso? Esa empresa había extendido sus garras más allá de la televisión, y ahora, su rama "Hefesto Music & Corporation" se encargaba de la mitad de los cantantes más populares del momento.

Era domingo y aun así el edificio estaba abierto, Leo llevaba ya un par de horas sentado en una banca del pequeño parque frente a este, y había visto salir y entrar a varios famosos, pero ni rastro de la chica que buscaba.

Suspiró cansinamente y se levantó, eran ya las cinco de la tarde, y mañana tenía que ir a clases, y para empezar la semana alegremente, sus primeras dos clases eran con la Srta. Brown; y aún no había hecho la tarea.

Comenzó a caminar despacio, con toda la pereza del mundo, pasó justo frente a la puerta del edificio y echó un vistazo hacia el interior, habían algunas plantas, sillones, y al fondo, la recepcionista tecleaba algo en la computadora, dio un par de pasos más, y justo cuando iba a volver la cabeza hacia el frente, chocó con algo.

O mejor dicho alguien, que cayó al suelo.

Volvió el rostro, y ya había abierto la boca para soltar un insulto cuando notó quien era la persona con la que había chocado.

En persona sus ojos avellana se veían mil veces mejor que en el afiche, y su cabello estaba trenzado, pero siempre sobre el hombro derecho, Leo pensó que quizá fuera costumbre, todo esto, oculto bajo la capucha de la sudadera.

—Hey —saludó.

Calipso dejó de mirar al suelo, y levantó la vista hasta fijarla en el rostro de Leo.

—¡Tu! —exclamó frunciendo el ceño.

Leo tendió la mano para ayudarla a incorporarse, pero la chica la apartó de un manotazo y se levantó ágilmente.

—¿Qué demonios quieres? —preguntó, claramente enojada.

La mente de Leo se quedó en blanco, había esperado que no le reconociera, o que lo recordara vagamente, pero no, ella parecía recordarlo perfectamente, y además estar enojada con él, ¿no decían las revistas que era una chica muy agradable?

—¿Y bien? ¿Qué quieres? Acosador.

Espera, ¿qué?

—Eh, eh, frena un poco, ¿acosador? ¿Yo?

—¿Quién más? Llevas horas plantado frente al edificio.

—Espera un momento, no soy un acosador, Calipso, solo quería decir gracias por lo de la otra noche, así que; gracias.

Ella suavizó su mirada y se mostró un poco sorprendida, aquello definitivamente no se lo esperaba.

—Lo de la otra noche, ah, sí, no fue nada, descuida —dijo desconcertada.

—Te equivocas, fue mucho, muchísimo, me hubiera muerto sino me hubieras escuchado, realmente necesitaba sacarlo todo.

Leo se sentía increíblemente bien, aquella chica no lo conocía, y podía mostrarse ante ella sin esa mascara permanente de absoluta felicidad, lo que esa realmente gratificante.

Calipso se encogió de hombros.

—Cualquiera lo hubiera hecho.

—Nadie lo hubiera hecho, así que te estoy realmente agradecida, y como muestra de ello, te invito a un café, una amiga me dijo de una cafetería a dos calles de aquí que es muy buena —Leo mostró su mejor sonrisa, y rogó porque le gustara el café y aceptara la invitación, y que la recomendación de Piper no estuviera errada.

Entonces, ella rompió a reír, tenía una risa bastante aguda, como la de las campanillas plateadas que cuelgan en los negocios al ser movidas por el viento. Ahora, fue Leo el desconcertado.

—¿Qué? —preguntó.

— La última vez que alguien me invitó a algo, fue a una cena en un restaurante de París, durante mi gira, el hijo de un magnate japonés, y estando en Japón, el chico me iba a llevar a París y luego devolverme a Japón.

Leo levantó una ceja.

—Sí, bueno, puedo invitarte a un café, y un trozo de pastel o una galleta si quieres, pero pases de avión a París, y una cena ahí se escapa un poquito —hizo un gesto con el pulgar y el índice—, de mi presupuesto.

Ella volvió a reír.

—Muy bien, chico de los Fonzies, aceptaré tu invitación, y en vista de que ya tu sabes mi nombre, me debes el tuyo.

—Leo, mi nombre es Leo.


"Be yourself; everyone else is already taken."

—Oscar Wilde