.


CAPÍTULO 1:

"El Descubrimiento"


.

- Blaine esto tomará demasiado tiempo. – Kurt tosió ruidosamente cuando su amante se movió por el ático, en medio de unas cajas polvorientas. El moreno no se había dado cuenta de lo sucio que estaba ese lugar, esa era la última vez que se ofrecía a limpiar el ático de sus padres cuando ellos estuviesen fuera durante la semana.

Kurt suspiró y se apoyó en el marco de la puerta. La diva estaba aburrida, no quería estar ahí, quería estar en casa con su amante, en su bañera de hidromasaje haciendo el amor de una forma caliente, pero noooo, Blaine tenía que ser el mejor hijo posiblemente y ayudar a sus padres.

- Bebé sólo quiero empezar con esto y luego podemos ir a casa y me encargaré de satisfacer a tu trasero. – Respondió con una sonrisa y vio a Kurt hacer un gesto. Él sabía que estaba sonriendo, sabía cómo convencer a su pareja, aunque éste intentase no demostrarlo. – No vamos a estar aquí por más de una hora, lo prometo.

Tres horas después el ojiazul estaba sentado en las escaleras del ático con un té helado en una mano, bebiendo con una mirada contrariada en su rostro.

- No vamos a estar más de una hora, bebé. – Dijo en un tono de burla, haciendo una mueca mientras hablaba. Su nariz arrugada y el ceño fruncido. – Diez minutos más, sólo terminaré esta área.

Blaine recogió la camiseta que se había quitado antes y la pasó suavemente por su frente y pecho, estaba sudando por el calor y sonreía mientras miraba a Kurt. Su pareja era tan linda cuando se ponía de esa forma.

- No sueno así… pero lo lamento. – Dijo respirando profundamente y mirando algunas cajas. Fue después de encontrar una gran cantidad de sus antiguas cosas cuando Kurt encontró eso aburrido mientras él pensaba que era emocionante. Tantos recuerdos se hicieron presentes al buscar entre los discos de vinilo y los videos caseros que estaban en viejos casetes de VCR.

El castaño se dio cuenta de que Blaine no hizo ninguna promesa luego de eso, así que suspiró y se levantó.

- Está bien, me voy a casa, a lo mejor a "Semental" le gustaría un tiempo a solas conmigo. – Dijo para llamar la atención del moreno, en referencia al gran juguete sexual al que le había puesto ese nombre.

Blaine incluso no levantó la mirada hacia él ya que encontró un cofre interesante. Se trataba de un cofre real, igual a los del siglo 17. Tenía una gran cerradura en el frente, la cual estaba abierta con una gruesa llave oxidada que colgaba. Ni siquiera había escuchado la promesa de que Kurt montaría a Semental, así de atraído se sentía por ese cofre sin ninguna verdadera explicación.

Abrió la cerradura mientras su pareja hablaba con más detalle acerca de lo que iba a hacer con el juguete sexual. La tapa del cofre se alzó en una nube de polvo y tosió ruidosamente, alejando con la mano las partículas. Incluso Kurt empezó a toser.

El de rizos abrió los ojos ampliamente, mirando dentro del cofre. Había algunos libros, libros antiguos con las cubiertas rotas, todos descansaban sobre algunas telas, rollos de seda fina, ropa, y había un sombrero en la parte superior de algunos de los libros, un sombrero viejo y polvoriento de pirata. Blaine tosió más y lo recogió eliminando el polvo, luego vio a Kurt.

- ¡Mira esto! – Sonrió y se lo puso. El castaño no pudo evitar sonreír al ver la expresión en la cara de su amante y se acercó, tirando el sombrero de su cabeza haciendo que los dos tosieran ruidosamente por el polvo que les rodeaba.

- Eres un idiota Anderson. – Dijo con una risita y Blaine le sonrió a cambio, colocando el sombrero sobre el cabello perfectamente peinado de éste. Kurt se lo quitó de inmediato mientras el moreno se inclinaba mirando hacia abajo en el cofre a la vieja ropa de bucanero.

- ¡Wow, estos trajes son increíbles! – Expresó tosiendo mientras tomaba uno. – Esto casi parece real. – Un libro cayó al suelo y Kurt lo recogió, el sombrero en una mano y el libro en la otra. Sopló un poco de polvo de la cubierta rota de color verde esmeralda y colocando el sombrero bajo el brazo, abrió el libro para ver las páginas amarillentas.

- Del puño y letra… – leyó el ojiazul tratando de distinguir la escritura antigua casi desvanecida, – del… capitán Blaine Anderson…

Blaine lo miró y frunció el ceño, acercándose y tomando el libro. – ¿Accesorios para fiesta? – Inquirió, aunque realmente parecía que venía desde la década de 1700, y en la esquina superior derecha, de hecho estaba el año 1716 escrito. ¡No había forma! Su trástarabuelo*… ¿fue un pirata? – ¿Esto es una broma?

- No lo creo. – Respondió Kurt moviéndose hacia delante y volteando la página para ver el dibujo de un barco sobre la mar, en la descolorada escritura se leía "El Orgullo del Oeste". – Al parecer era un artista. – Blaine se dio cuenta que su padre no pudo haber hecho eso para una fiesta de disfraces, él no dibujaría ni aunque su vida dependiese de ello. El castaño giró más páginas por curiosidad. – Es un diario. – Expresó, y su pareja miró por encima del hombro de éste, leyendo las primeras líneas:

1099 días de entrenamiento y no, nunca me ha agradado más estar en el océano. Hay nubes que se avecinan y la tripulación está deseando estar cerca de tierra por temor a la ira del tridente. Como capitán los guío y sé cuándo están bien. Habrá tierra cerca con pueblos alrededor, y por supuesto sólo pienso en una cosa: Saqueo.

- Esto tiene que ser falso. – Dijo el castaño dando la vuelta a la página y los ojos de los dos se abrieron enormes. En la hoja había un dibujo de un hombre joven, desvanecido en ropa vieja rasgada, sus grandes ojos tristes y llenos de dolor, y el cabello desordenado. Tenía una mirada suplicante en el rostro, las manos atadas, y su camisa recogida en su espalda, la ropa toda rasgada. Parecía asustado y parecía… – ¡Se parece a ti!

Blaine se quedó sin aliento cuando junto con Kurt contemplaron una perfecta semejanza de sí mismo. Oh, Dios, ese era… ese era él. ¿Era acaso una especie de broma de mal gusto? Se veía igual que él. Tragó saliva con fuerza. – ¿Es esto una especie de broma Blaine? – Preguntó girando y notando que el ojimiel se veía igual de atónito que él.

Anderson sacudió la cabeza y el castaño se mordió los labios. ¡Oh mierda! ¿Qué diablos estaba pasando? El más bajo tomó el libro y se sentó en frente del cofre con el libro sobre su regazo mientras que Kurt colocó el sombrero frente a su pecho.

- Te juro Blaine que me iré a casa si no empiezas a levantarte. – Amenazó, pero su amado tenía esos ojos de niño pequeño en su rostro y le daba una mirada suplicante.

- Kurt por favor… Esto es… ¡es impresionante! – Afirmó. Él quería que su novio se quedase con él, deseaba que se acurrucasen y tal vez ambos investigar juntos el misterio.

- Tienes suerte de ser lindo Anderson. – Dijo acercándose y acurrucándose a su lado, sostuvo el sombrero en su regazo mientras Blaine lo besaba en los labios y luego empezaron a leer acerca del saqueo.

LECTURA DEL LIBRO

El pequeño pueblo era el lugar perfecto para el saqueo, el robo, la tiranía. El capitán Blaine Anderson conducía a su tripulación a través de la aldea casi destruida. Las altas llamas lamieron el cielo de la noche oscura mientras las personas corrían y gritaban, decenas de piratas los robaban sin tener en cuenta la seguridad de las personas.

Observó una gran casa y decidió que sería un gran lugar para atracar. Irrumpió en aquella morada y entró para ver que estaba vacía, o al menos el vestíbulo lo estaba.

Fue recorriendo las escaleras, podía oír gente, ruidos y gritos como si estuviesen amortiguados.

Se metió en la piratería con una versión romántica de toda la cosa.

Sus padres habían llegado a América desde Irlanda cuando estaba en la tierna edad de tres años, y creció con ellos tratando de sobrevivir trabajando en una granja. Hasta que los ataques de los españoles le mostraron que esa no era la vida que debía vivir si quería tener éxito. Y ahí estaba, viviendo el sueño de ser un bucanero.

Llegó a una puerta cerrada y con una fuerte patada la mandó abajo, ingresando a prisa.

En la habitación estaba un hombre obeso de casi sesenta años, desnudo con los brazos estirados y marcas a lo largo de su cuerpo mientras violaba a un esclavo joven renuente.

El chico estaba gritando con una mordaza sucia que tenía atada alrededor de su boca. Era un castaño con el cabello sucio en mal estado y su ropa desgarrada, la sangre dispersa por toda su piel blanca de porcelana.

El castaño miró a Blaine con sus ojos muy abiertos y asustados.

Blaine no sabía por qué, pero su corazón se detuvo por algunos segundos, y el propietario lo contempló con miedo.

- No parece que tus intenciones sean honorables, ¿cierto? – Dijo mientras miraba al esclavo, sacando su espada y presionándola en el cuello del hombre mayor, quien lo miró con un miedo creciente y empezó a retroceder.

La necesidad de Blaine por el tesoro fue reemplazada por un deseo de ser el héroe cuando el castaño lo miró suplicante. Fue cuidadoso mientras seguía apuntando con la espada hacia el hombre mayor, y se dirigió hacia el hombre ensangrentado. El joven esclavo lo contempló con los ojos llorosos y luego la espada estaba apuntando hacia él.

- P-por favor… Por favor, no me mates. – Rogó, y Blaine levantó la espada, llevándola hacia abajo y cortando las cuerdas que ataban sus manos. El muchacho estaba temblando, tratando de tirar de sus pantalones hacia arriba, pero cuando se puso de pie se cayó, estaba demasiado débil, la fatiga era más que evidente en sus rasgos.

El pirata tuvo cuidado al levantarlo al estilo novia, la espada todavía en la mano y sonrió, retrocediendo hacia la puerta, y se fue llevándolo en sus brazos mientras marchaba por la casa vacía.

El joven de sexo masculino sin nombre iba aferrado a Blaine, sintiendo el goteo de la sangre de sus mejillas. Tantos años de abuso y ahora… ahora era libre. Por lo menos de su viejo abusador. En su estado debilitado miraba al pirata y se mordió el labio, sin duda todo lo que se esperaba de él no podía ser tan malo como lo que había dejado atrás.

Blaine estaba caminando por el pueblo en llamas hacia un lúgubre barco que esperaba por él y sus hombres para llevarlos, todavía llevaba al castaño en sus brazos. Estaba caminando lentamente y el esclavo se pegó a él.

- Me salvaste… Gracias… – Susurró antes de desmayarse.

.-.-.-.-.-.

- ¿Cuál es tu nombre? – Preguntó Blaine al chico cuando éste despertó, ya vestido con ropa más sensata. Una vestimenta de bucanero que cubría su cuerpo magullado y maltratado. Con aire de culpabilidad, el capitán tenía que admitir que prefería que la ropa fuese más escasa. Durante la última hora había estado observándolo recostado en la litera de su propio cuarto, usando ropa que con la que era difícil decir que no era uno de los tripulantes.

Era hermoso aunque un poco flaco. Su pelo castaño sucio era un desastre, y había sido limpiado con un poco de agua por lo que las manchas de mugre y sangre en su piel se habían borrado. Había sido tratado horriblemente, eso era evidente.

- K-Kurt… Señor… – Blaine rió y se inclinó hacia el joven, quien podría o no haber sido mucho más joven que él.

- Prefiero capitán, si no te importa. – Sonrió y el castaño lo miró. Él se quitó el sombrero y se inclinó de forma extravagante. – Capitán Blaine Anderson. – Kurt lo observaba con los ojos estrechos.

- Hablas muy bien para ser un pirata. – Comentó, y Blaine se rió suavemente, enderezándose.

- No todos los bucaneros somos analfabetas con dientes en mal estado. –Dijo sonriendo ampliamente, y Kurt podía sentir que se debilitaba.

Lentamente el castaño se enderezó y se sentó en la cama del capitán. – ¿Por qué estoy aquí? –Preguntó, asustado. – He oído hablar sobre ustedes los piratas… Ustedes sólo violan y saquean.

El pelinegro se rió suavemente y se inclinó hacia el joven esclavo, tomándolo de la barbilla para que levantara la mirada hacia él. – ¿Eso es diferente para lo que solías ser usado antes? – Preguntó, y los acuosos ojos azules de Kurt se reunieron con los suyos, y el corazón se le detuvo por unos segundos. Se echó hacia atrás, y el esclavo lo miró con ojos de ciervo.

- Tú… Tú me salvaste… – Dijo recordando lo que pasó, y Blaine asintió.

- Sí, y te puedes quedar aquí. Estarás a salvo. Pero nadie consigue pase libre en "El Orgullo del Oeste".

El de cabello claro miró al capitán y se mordió el labio. Se puso de pie con obediencia y comenzó a quitar las prendas de su cuerpo, pero éste lo detuvo. – Me refiero a hacer la limpieza. No nos vendría mal alguien que limpie los cuartos y las cubiertas. Vamos a vestirte, alimentarte y mantenerte a salvo.

Kurt parecía aturdido y se colocó la ropa hasta quedar cubierto.

- ¿Lo… lo dices en serio?

El pirata sonrió suavemente y asintió.

- Sí. Ahora te digo que debes salir chico, nadie está autorizado a estar en mi cabina.

FIN DE LA LECTURA


.

* trástarabuelo: Pariente que sigue en la línea después del tátarabuelo.

.

.

No olviden comentar sobre lo que les pareció esta primera parte de la historia. Todas sus opiniones son importantes.