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2.- Y no lo pude evitar.
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Soportar al estúpido de Whirl en la Lost Light era una cosa, pero soportar a Tailgate era otra completamente distinta.
No es que fuera menos molesto, solo era... diferente. Tailgate era como un sparkling que disfrutaba de hablar sobre cualquier estupidez sin sentido. Y a pesar de eso, de lo enfadoso que era; ya no quería matarlo.
Parecía increíble, pero esos deseos se habían esfumado por completo. Cuando apenas unas semanas atrás deseaba abrir una ventana y mandarlo a volar por el infinito espacio, eso ahora ya era impensable.
Resultó que solo necesitaba tiempo. Tiempo para aprender a tolerarlo. Después de todo, se subió a esta nave como un reinicio para él. No debía matar a la gente así nadamás, solo porque lo enfadaran. Debía dejar esos tiempos en el pasado, eso se suponía. Así que se esforzó.
Ya solo pensaba en soportarlo. En oírlo por horas y horas aunque aveces no pusiera atención a lo que decía. Poco a poco se convirtió en una costumbre. Llegar de un pesado o aburrido día por la nave, y encontrarse con ese tonto en la habitación.
Tailgate siempre tenía algo que decir. Así fuera hablar de la nueva pintura de quién sabe quién, alguien que seguro Cyclonus no conocía, o de las cosas que le sorprendían sobre el futuro, hasta de las aburridas clases de Magnus sobre Autobots y Decepticons. Si, porque habían incluso superado ese tema.
El caso era que Tailgate siempre hablaba, era difícil para él estar callado. Y de alguna manera, se hizo una rutina para Cyclonus oírlo. No supo cuando, como, o porque; pero sus incesantes charlas comenzaban a relajarlo.
Cuando quería tirar la toalla con esta loca y estúpida nave, solamente lo escuchaba, y se le olvidaba todo.
Ese pequeño, que a pesar de haber perdido tanto tiempo, se veía tan lleno de vida, y tan ganoso de todo.
—... creo que por eso Ultra Magnus nunca sonríe, ¿no lo crees así Cyclonus?
Este era uno de sus momentos que a pesar de estar oyéndolo, no lo estaba escuchando. Se había perdido mirándolo. Por algún motivo, mirarlo le parecía algo atrayente.
Y eso era algo que... no le gustaba. De nuevo esa sensación, como cuando se sintió culpable. Y ese era el problema, comenzaba a sentir cosas. Cualquier emoción, todas eran un estorbo según él. No quería perderse mirando a nadie, mucho menos a ese minibot enfadoso.
Se tocó el puente de la nariz con reprocho a sí mismo, y se dio la vuelta. Como estaba sobre su base de recarga, prácticamente le dio la espalda al contrario.
—Ya apágate.
Los ópticos de Tailgate parpadearon, y algo avergonzado comenzó a jugar con sus dedos. No lo pensó mucho para apagar la luz del cuarto y recostarse en su base.
—Si, es cierto. Porque ya es noche, debemos apagarnos aunque sea un rato, sobre todo por la noche. Aunque estemos en el espacio y aquí todo sea noche y obscuridad, porque se necesita un planeta para que salga el sol, ¿cierto, Cyclonus?
El violeta hizo un sonido parecido a un suspiro, en verdad quería recargar. Recargar para dejar de mirarlo.
Otra parte de él quería darse vuelta, encender la luz y observarlo por horas.
—Cállate ya.
—Oh sí, sí, claro. Porque al recargar hay que callarse.
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