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3.- Creí poder defenderme...

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—Osea que... ¿él se aleja de ella por amor?, ¡¿si la ama porque se va?!

Las lágrimas estaban comenzando a salir de los azules ópticos de Tailgate. Quizá no era para tanto ( y no lo era ), pero ese minibot tenía el drama como una de sus tantas características.

—Se siente culpable, cree que si la deja entonces ella será libre de la maldición de los chupasangre. Se dejó influenciar por las palabras del otro tipo, el que se transforma en perro monstruo con colmillos o algo así...

Le había respondido Rewind luego de ingerir una lámina de energon. El traste en el que tenían láminas y barritas ya estaba a medio acabar.

Por una esquina se encontraba Swerve, que tomó dos barritas entre sus dedos y rió por la respuesta del amante de los vídeos.

—¡"Hombre lobo" Rewind, se llama "Hombre lobo"! Y el otro es un "vampiro". Son mitologías terrícolas. Y básicamente él se va porque cree que ella estará mejor sin él. No porque no la ame.

El bajito bartender se comió a masticadas sus dos barritas y los otros dos minibots siguieron con la vista atenta al monitor. Era noche de películas, por supuesto. Y de alguna manera, quién sabe como; Swerve había conseguido un montón de películas humanas. Seguramente con el Wi Fi interestelar, o quizá de otra manera. Ese chaparro siempre tenía sus trucos para lo que sea. Y vaya que era fan de casi todas las tonterías que soltaba La Tierra.

El dueño de la cámara de vídeo se preparó para dar de nuevo su opinión.

—De todas formas, no debió mentirle diciéndole que no la amaba, eso es cruel.

A un lado de Rewind también se hallaba Chromedome. Pero había caído en recarga casi desde que inició la película. Y es que esta era la segunda, había aguantado por completo la primera, pero sinceramente fue demasiado aburrido para él. Solo estaba ahí porque su conjunx se lo había pedido. Al parecer, Rewind si resultaba ser un romántico empedernido en el fondo. Tampoco era tan raro, siempre fue un Bot muy emocional.

Y ya que habían quedado de ver toda esa saga, para el pequeño USB era especial que Domey estuviera ahí. Aunque ya se hallase dormido ahora.

Swerve solo lo veía porque amaba eso de las mitologías, pero Rewind y Tailgate estaban sumamente enfocados en lo cursi y lo romántico de la película.

De pronto el experto en mentiras, Tailgate, se sentía solo. Desairado, hasta decepcionado tal vez. Miró de reóptico como Rewind presionaba con emoción la mano de su pareja, cuando la protagonista de la película se encontraba sufriendo, viendo los meses pasar y cayéndose en depresión.

—¡Domey, Domey! ¡¿Nunca me harías eso, verdad?!

Se había atrevido a sacudir a su esposo, hasta que logró despertarlo. El más alto ahí apenas y sabía su nombre, no sabía que ocurría, y lo más probable era que su procesador comenzaba a despavilarse.

—¿Qué...? Ah... No, no, Rewind. Claro que no.

No tenía ni la más mínima idea de lo que hablaba su amado, pero casi respondió por inercia. Y fue suficiente para que el pequeño se le abrazara enternecido y le diera besos en el chasis.

—Te amo.

Alcanzó a oír el susurro, y al parecer Swerve también ya que silvó a modo de burla. Pero a ellos poco les afectó.

El que se veía afectado con todo era Tailgate.

Había invitado a Cyclonus a esta velada, con unos ópticos brillantes y una gran ilusión. ¿Para qué? Solo para que lo rechazara de forma humillante, argumentando algo como "Ve tú. Comprendo que alguien como tú pierda el tiempo en idioteces. Yo tengo cosas importantes que hacer".

Y al final sus cosas importantes eran quedarse sentado frente a la ventana a mirar el infinito.

Se abrazó a sus propias rodillas y fijó su vista en el monitor otra vez, pero ya tanta atención no podía poner. Y en sus ojos se notaba.

—¿Amigo?, ¿Tailgate, estás bien?

Con trabajo logró escuchar a Swerve hablarle, y giró su cabeza, algo despistado. Solo asintió un par de veces y regresó una vez más su atención a la película.

—Si... Solo quisiera que Cyclonus estuviera aquí.

Le daba ternura ver lo pegados que eran Chromedome y Rewind, eran una hermosa pareja. Pero sin duda le daban celos y envidia. Ver como ellos podían estar cómodamente abrazados allí y él... él se quedaba sólo con sus sentimientos.

—Nunca voy a entender tu apego con ese cornudo semi-decepticon. Él no te aprecia ni un poco.

La puerta de la habitación donde se encontraban había quedado entreabierta. Cualquiera podría entrar si quisiera. Si, cualquiera, pero solo alguien se quedaría solo a escuchar.

Alguien que quizá se había arrepentido de sus palabras y se sintió mal por ellas, re-considerando el acompañar al enano molesto a la dichosa velada esa.

—Supongo que... Si, si. ¿Cierto, eh? No me aprecia...

Había empezado a escuchar desde que discutían sobre porque el tal vampiro ese se iba, estaba por entrar pero esas últimas palabras de su compañero de cuarto lo hicieron arrepentirse nuevamente.

Se dio la vuelta para dirigirse otra vez a la habitación, ya no volvería.

Después de todo, él no lo apreciaba.

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