4.- Pero a mi corazón, ¿quién le puede explicar?
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No se suponía que una misión tan sencilla terminara así. Bueno, ni tan sencilla era. Cualquier cosa que tuviera que ver con la DJD daba escalofríos.
Tailgate casi vomita cuando descubrió junto con Rewind aquel cuarto de tortura. Había cientos de orgánicos colgados de cadenas, algunos muertos, otros aun prisioneros. Posiblemente temptorianos.
Rewind le explicó algo sobre ese procedimiento espantoso de los Decepticons, "drenar la carne". Ocupaban casi mil orgánicos para llenar un solo cubo de energon, y aún así lo hacían. No tenía sentido. Tenía más sentido pensar que esto ocurría solo por el odio a la vida orgánica que tenía Megatron.
Pero ellos eran Autobots, y debían salvar vidas. Aun si esto incluía tener que desactivar una bomba que estaba por estallar en aquel lugar. No podían dejar a esos pobres alienígenas a su suerte, ellos debían... ser héroes.
Y allí empezó el problema para Tailgate. Se suponía que él era un experto en desactivar bombas, este era su momento para brillar.
¿El problema?
Exacto, no era un desactivador de bombas. Cyclonus tenía razón, esa era una gran mentira. Entró en pánico, y se le notó en los ojos. Pero, no podía revelarse así frente a Rewind y menos en un momento como ese.
Al final resultó no ser tan idiota, bastó una simple pregunta teórica, "¿Y tú Rewind, tú como lo harías?"
Y aunque en pánico, tomó las instrucciones del otro minibot, y todo parecía marchar bien. Excepto por su dedo ardiendo metido en la bomba, que el tiempo se acababa y que Cyclonus había entrado al cuarto.
Todo se iba por la borda, y él no planeaba quitarse de ahí hasta que todo el propex estuviera fuera y los prisioneros no corrieran más peligro. Hacerse el héroe, pues.
Pero, Cyclonus no lo permitió. Lo lanzó brutalmente hasta afuera y desde ahí, todo se fue al demonio.
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Estuvo claramente hiperventilando sin sentido. No había necesidad de respirar, pero Tailgate era un pequeño robot muerto de nervios, dramático y sensible.
No toleraba la idea de que Cyclonus perdiera la vida por su culpa. Porque se sentía culpable.
Si él hubiera salido de ese cuarto desde mucho antes, como Rewind le decía, nada de eso hubiera pasado. A pesar de lo que Whirl le contó, seguía sin entender como es que la puerta se cerró y no pudieron abrirla. No entendía, pero ahora lo único que hacía es estar preocupado. Tanto por Rewind, como por Cyclonus. Ciertamente, más por Cyclonus.
Su Spark quería extinguirse solo de pensar en perderlo a él. ¿Las razones? Eso no importaba, ¿qué si había razones o no? Él se sentía así.
Se sentía tan bien a su lado, a pesar de los malos tratos, de las ofensas, de todo... Y aunque no fuese literalmente un experto en la vida, cuando veía a Cyclonus, él... Sentía que era su destino.
Era su destino conocerlo, era su destino estar a su lado, era su destino viajar con él, compartir cuarto con él... Era su destino sentir que era su Sparkmate.
De acuerdo. Cyclonus le gustaba. Y le gustaba mucho. ¿Pero cómo decirle? Podría matarlo si lo hacía.
Justo ahora, sólo quería ver mejor a Cyclonus. Y luego de enterarse por parte de Ratchet que ya estaba estable y mejor, pudo suspirar con alivio.
Aun dormido, pero ya fuera de peligro.
Fue cuando recordó aquella platica que tuvo momentos antes con Chromedome, alguna cosa especial sobre el energon íntimo. Esa pequeña porción que le dabas a la persona que te gustaba, para demostrar tu amor y que es especial para ti.
¿Debía hacerlo?
¿Debía hacerlo justo ahora que sentía que la Spark le volvía al cuerpo luego de enterarse que estaba fuera de peligro? No parecía tan mala idea. De hecho, le parecía la mejor.
No es que no estuviera nervioso, o agitado, o con vergüenza de hacerlo. Pero Cyclonus estaba dormido, igual podía dejárselo y luego retirarse con cobardía. No sonaba tan mal en su cabeza.
Claro, no sonaba tan mal hasta que, sostuvo el frasco en su mano estuvo a punto de colocarlo cerca de él. No estaba tan inconsciente que dígamos.
Muy asustado se vio al recibir un manotazo por un Cyclonus que despertaba de repente. El inocente frasco fue a dar al suelo, rompiéndose en decenas de pedazos. Lo que sintió el pequeño al ver eso no tenía descripción, casi juraba escuchar a su spark comenzando a romperse.
—¿Qué hacías?...
Pero sin duda, esa voz lo sacó de sus cavilaciones. Tenía miedo, ya se sentía bastante mal como para además recibir una golpiza.
Tragó un poco de fluidos antes de pensar como contestar, estaba en verdad muy nervioso.
—Yo, estaba... ¡estaba haciendo una ofrenda! ¿Si? Existe este ritual... Donas una porción de tu energon íntimo para demostrar que —lo pensó. En verdad se lo iba a decir, ¿así nadamás? Algo como "es para demostrar que me gustas, Cyclonus". No... Ahora ya no sonaba a para nada buena idea—... Solo es un ritual.
Pero obviamente, Cyclonus no era ningún idiota. Él era viejo también, sospechaba a donde iba todo esto. Aunque perteneciera a una religión distinta a la básica primalista, algunos rituales se conservaban en la mayoría de las costumbres y naciones.
Y eso que el enano cargaba, era una muestra de energon íntimo, sin duda. Se espantó, se horrorizó al instante. Eso no podía significar lo que él pensaba, ¿cierto?
Por todos los cielos, ojalá que no. No quería eso, nada de eso; nada de sentimientos y estupideces. Él no podía corresponder, alguien como él no podía amar. Y mucho menos alguien como Tailgate, debía enamorarse de alguien como él.
Debía evitarlo a toda costa.
Aun con heridas, se paró frente a él y posó las manos sobre los hombros contrarios, mirándolo fijo con esos ojos profundos.
—Mira... Enano. Sé que tu cabeza loca cree que compartimos un vínculo. Por la antigüedad, por el arca de Nova Prime, yo que sé. Pero te equivocas. Eres un pequeño latoso, cobarde, una molestia escandalosa que no para de hablar. Oh, sí que hablas, y Primus lo sabe. Y no me interesa nada de lo que dices. Tú no me interesas. De hecho, creo que eres patético.
En definitiva estaba equivocado.
Hace un rato no escuchó a su Spark romperse, solo al vidrio del frasco. ¿Ahora? Ahora si la sintió. Como si la mismísima mano de Unicron le estrujara la chispa sin piedad.
Esas palabras, se le metieron en lo más profundo del procesador y seguramente le rasgarían por siempre.
Ni siquiera tuvo el valor o la fuerza para responder algo, solo se agachó y se sentó en el suelo, para comenzar a recoger los trozos de vidrio con sus temblorosas manos. Si el lubricante no salió de sus ojos fue por un gran esfuerzo que hizo.
El ex-decepticon ya se había dado la vuelta, dispuesto a irse. No retrocedería. Pero... ¿Cómo?
¿Cómo pudo ser tan cruel? Antes lo era, con los decepticons lo era. ¿Pero con ese pequeño ajeno a todo? Sintió como si un nudo se le atravesara en la metálica faringe.
No, no podía. Se mordió el labio inferior hasta que un violáceo hilillo de energon salió de él.
Terminó agachándose a su lado para ayudarle a recoger los pedazos. No hubo palabras, no fue necesario, Tailgate tampoco las pidió.
Justo cuando creyó que podía poner una barrera y bloquear cualquier sentimiento, se dio cuenta que era imposible.
