FIC
Un Ángel Enamorado
Por Mayra Exitosa
- Albert, ya no busques más, no puedes encontrar a un humano después que dejó de ser ángel, si lo hace, ya no lo será.
- Gabriel, no podemos dejar de amar a Dios, ni como ángeles ni como humanos, sin Dios, no somos nada, por favor, sé que debe estar aquí, ya debió regresar, a menos que… se haya ido al…
- No lo digas, si pudiera responder ya lo hubiera hecho, amigo. Pero hay cosas que no es bueno adelantar, todo tiene su tiempo, todo tiene su razón de ser, si te dijera que… ese ángel ya volvió y ahora está con vida, ¿Qué harías? ¿Volverías a la tierra a buscarlo? No solo te tranquilizarías con eso, sino que no regresarías hasta encontrarlo, sabes, nadie te detiene, solo recuerda, el humano tiene libre albedrío, Dios lo prometió.
- No es justo, el humano no debe tener libre albedrío, se pierde en su propio ser, se ahoga en su propia mente, se quiebra en sus propios pies, se des hace en su llanto y no sabe estar solo.
- Pues bien, no lo olvides, ora con fe, pase lo que pase, no dejes de orar y ahora, vete, no quiero tardar, mi jefe espera y yo… debo continuar.
- Bendito seas, Gabriel.
- Y lleno de gracia te encuentres siempre, amigo Albert.
Gabriel desapareció. Albert no esperó más se dejo ir, ya no podía quedarse ahí, el tiempo en el cielo era muy veloz, la eternidad eran detalles que solo los que se encuentran allí podían explicar, Albert tenía que ir en su búsqueda, aun con el riesgo de ser humano y con ello… perder la fe.
En la tierra el taxi por fin llegaba, ella sonriendo le pagaba al chofer diciendo que un día lo invitaría un té, los ángeles que bajaban del taxi se miraban uno al otro, por fin estaba en casa, ella al cruzar la calle para subir al departamento de su tío George, desaparecía tras un camión que pasaba a toda velocidad, sin frenos.
Albert que iba de bajada, sintió un tirón muy fuerte, una mirada enlazada a la de él, sus labios sueltos medio abiertos, así por instinto la abrazo con toda su fuera utilizando su cuerpo, la cubría y rodaba con ella, escondiéndose en nieve después, ambos abrazados se daban calor. El camión topaba con una pared y explotaba, derritiendo los helados caminos de nieve a su alrededor, George salía asustado, viendo como los vecinos se acercaban, el observaba a un cuerpo en el piso, bajo la nieve, se veía parte de sus prendas. Preocupado y temeroso gritaba,
- ¡Dios! ¡Ayuda! Alguien está aquí, ¡ayúdenme por favor! están bajo la nieve. Al moverlo, el abría lentamente sus brazos, ambos abrían sus ojos. Albert de inmediato reconocía el rostro de George, este lo miraba incrédulo, ella sonriendo se levantaba agradeciéndole que la haya salvado,
- Gracias, gracias, gracias, ¡eres un ángel! me has salvado la vida. Albert no respondía solo sonreía, hasta que George le preguntaba y lo miraba
- ¿Te encuentras bien, muchacho? pasa a mi casa, ahí tengo ropa para que te cambies y te seques. Albert asustado preguntaba,
- ¿Me estás hablando?
- Si, eres su héroe, supongo que la salvaste y… te ganaste un chocolate caliente.
- Gracias, Dios te bendiga. Candy sonriendo efusiva, le vio el rostro y agregaba
- Soy doctora, deja que te revise, mi equipaje esta por allá, así ella tomaba lo que podía y agregaba, vine con mi tío George Johnson. George giraba bruscamente al estar viendo hacia el camión quemado con llamas, asustado preguntaba,
- ¿Tu tío? ¿Quién eres?
- White Johnson, Candy, me llamo Candy y soy la sobrina de George Johnson, hija de Janet White.
El rostro de asombro, asustado y de pronto feliz fue a abrazarla, llorando emocionado, se enmudecía y con señas a Albert, le decía que lo siguiera. Albert desorientado y un poco mareado, tomaba el resto del equipaje tirado. Raphael se paraba frente a él, pero no lo reconocía, este le tocaba la cabeza al rubio, pero nada pasaba, solo Raphael sabía lo que estaba haciendo. Albert arrugaba él entre cejo tomaba la ultima maleta y se marchaba tras ellos. George abrazando a su sobrina pensaba que el joven venía con ella, era su héroe, le había salvado la vida.
Afuera Raphael, se quedaba asustado, era Albert, lo vio bajar como ángel y ese camión al golpearlo, lo convirtió en humano. Él era el humano que fue ángel y ahora volvía a ser humano de nuevo… ¡Albert! Como te voy a extrañar, amigo.
El compañero de Raphael no había visto nada. Daniel trataba con ambos brazos, tomar al hombre del camión que había explotado, el hombre veía como el ángel brilloso intentaba ayudarlo y este se deshacía. Daniel oraba frente a él y ese hombre gritaba angustiado, deseaba que lo ayudara, pero el suelo se lo tragaba lentamente.
Raphael se acercaba y veía como se desaparecía el cuerpo en el piso y su cara era deformada del dolor, le comentaba a Daniel,
- Vámonos de aquí, no podemos hacer nada por quien jamás creyó en Dios.
- Me duele, Raphael, siento mi pecho un gran dolor, su cuerpo…
- No, su cuerpo está allá… quemándose, esa que viste era su alma, sin fe.
- ¿Por qué, Raphael? Porque tanto dolor.
- Creo que… alguien lo utilizaba para no frenar, cuando te alejas del bien, el mal es el primero en celebrar… goza de almas sin fe.
- Su madre, ¿Tampoco tenía fe?
- Su madre, lo repudio desde antes de nacer, ella estará abajo y aunque pase su hijo a su lado, jamás lo reconocería, su alma está vacía, el odio la lleno y los placeres de los vicios, le dio el olvido que tanto deseaba.
- Necesito salir de aquí, me siento muy triste, Raphael.
- Ver un alma irse al infierno, es algo triste para todos, nada no podemos hacer, por aquellos que nunca quisieron luchar por ellos mismos, es solo… libre albedrio, solo eso, Daniel.
Ambos ángeles se fueron, sus rostros no mostraban ningún gesto, elevados en espíritu, caminaban por el viento, hasta llegar a la iluminación que les hacía calmar su sufrimiento.
En el departamento de George, calentaba leche, sacaba galletas de paquetes preparados y los calentaba también, buscaba como atender a su sobrina, pensaba que ella estaba muerta y… era doctora, estaba en su puerta, ese camión casi la mata frente a su casa y gracias a ese hombre, ella estaba con vida.
- Te daré la habitación que era de mi hijo, falleció hace unos meses.
- Si, me entere cuando pedí información, con el dinero que enviaste se hicieron cargo de mi madre y me mandaron a un colegio, ahí estuve un tiempo, después me dieron tus datos, pero no podía venir, estaba tan lejos y… Dios me ayudo para lograr estudiar y hace seis meses que me gradué, deseaba venir a verte, sin ti… ya no tenía a nadie.
- Mi niña, perdóname, yo… todos estos años pensé que el dinero que enviaba era para el mantenimiento de la casa de tu madre.
- Si… no podía comunicarme contigo. Tuve que tomar decisiones y… también decidí venir, sin avisar
- Es que estuve un tiempo sin teléfono, tuve problemas económicos después y… ya no hablemos de eso, me da gusto que el dinero se haya empleado en ti.
- Vendí la casa de mamá. Ella quería que estuviera contigo, fue su última voluntad.
- ¡Dios! Pero está es tu casa Candy, eres la única que me queda de la familia, pensé que estaba solo. En ese momento Albert bajaba el rostro y unía sus manos orando, a lo que Candy de inmediato al verlo cerrar los ojos, se iba hacia una maleta, abría uno de sus equipajes y sacaba su maletín, agregaba
- A ver, mi héroe, vamos a revisarte… me quede hablando con mi tío y a ti, ni un chocolate caliente te hemos dado. George acercaba un plato y una taza humeante, a lo que al tomarla vio unas gotas de sangre bajo su manga.
- ¡Santo cielo! ¡Estás mal herido! de inmediato lo pasaba a una habitación, le quitaba la túnica que solo estaba humedecida y no mostraba restos de sangre al quitársela, en su espalda había dos rasgones enormes, su brazo mostraba un hilo de sangre que corría desde la parte trasera de sus hombros, tras su nuca, otro golpe se mostraba, a lo que Candy tocaba y el cerraba los ojos con sus manos juntas
- Creo que tenemos que llevarlo al hospital, debo limpiar su espalda, ¿como paso esto? si el solo… ¡Tío! Me cubrió por completo. George buscaba su cartera y notaba que no había identificaciones ni datos de él, así preguntaba
- ¿Cómo te llamas?
- Al… Albert. Candy limpiando las heridas y notando que no eran tan profundas como se veían al ver tanta sangre en dos secciones de su espalda, le preguntaba,
- ¿Albert qué?
- No lo sé, solo… Albert.
CONTINUARA
Gracias por sus comentarios, continuaremos con los fics,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
