FIC
Un Ángel Enamorado
Por Mayra Exitosa
Candy acomodaba sus cosas en una habitación, Albert por su parte, caminaba y le dolía todo el cuerpo, quería ayudar a George y al seguirlo, se encontraba con un lazo amarrado al techo, asustado, esperaba que George hiciera algo, en efecto, estaba tratando de desatar la cuerda de un costado de la habitación y al girar a bajar el lazo, se encontraba con Albert.
- ¿Qué ibas a hacer, George?
- Yo… yo… no se lo digas a ella. Por favor, te lo suplico… estaba desesperado.
- No te preocupes, siempre contaras conmigo, amigo mío, solo te pido que cuando más difícil veas el camino, es cuando más cerca de ti, estam…
- ¿Quién está?
- Dios, amigo mío, cuando más obscuro es el cielo, es porque no tarda en comenzar el amanecer, no vuelvas jamás a pensar en quitarte la vida, eres lo mejor que Dios hizo para el mundo, sus hijos uno a uno, son y siempre serán, como si fuera el primogénito. Nadie se le escapa de su corazón y cada ser humano, es para Dios, el regalo más preciado.
- Gracias, pareciera que nunca has pasado por pérdidas.
- Tal vez he perdido todo y… es cuando por fin, me he encontrado a mí mismo.
- ¿lo crees? Para que le da Dios, hijos al hombre, y se los quita antes de verlos crecer.
- Para que sepamos que a pesar de quitarnos todo, el está aquí. Albert indicaba con un dedo su pecho y el bajaba avergonzado el rostro, cerraba los ojos y un par de lagrimas traicioneras brotaban, a lo que Albert lo abrazaba y agregaba, - Dios no solo esta viéndonos, también nos prepara para lo mejor, quien dice que todo está aquí en la tierra, si el estuvo aquí y nos dio la sangre de su único hijo. Ahora todos y cada uno de nosotros, llevamos ese compromiso, ese que nos dice, que debemos estar firmes, para verlo a él.
Albert aprovechando su altura quitaba el lazo alzando sus manos, lo enrollaba y acomodaba, en eso entraba Candy y comentaba,
- Tío George, Albert no trae identificaciones, no trae nada, deberíamos buscar si tiene familia y sus datos, ¿crees que pueda quedarse con nosotros? George levantaba con media sonrisa el rostro y agregaba,
- Por supuesto hija, el se quedara el tiempo que desee, me encargare de investigar hasta encontrar a su familia. Albert no respondía nada, solo sonreía a lo que George aprovechaba y agregaba, - Esta podría ser la habitación donde pueda quedarse, se la preparare para que este más cómoda.
- Gracias Tío. Mañana iré al hospital, tengo una carta para ingresar a trabajar, ayudaré con los gastos y…
- Acabas de llegar, espera a que pases unos días y te adaptes, no llevamos prisa, mejor me ayudas a encontrar a la familia de Albert.
- Tío, no veo que tengas el pinito de navidad, tampoco está el nacimiento, si deseas puedo poner todo en orden, arreglare la casa para que se sienta más cálida.
- En cuanto entraste por esa puerta, el calor llegó a esta casa, hija. Ella se lanzaba a sus brazos, George sin decir más lloraba abrazándola fuerte, Albert al sentir su nostalgia, se unía al abrazo y agregaba,
- También debo buscar trabajo, si me dan hospedaje aquí.
George miraba a Albert con agradecimiento, el no quería hacerlo, no deseaba hacerlo, su desesperación por estar con su esposa y su hijo, ignorando que su sobrina estaba con vida, todo lo que la vida le quitaba, y al verlo a él, sin recordar siquiera su apellido, pensaba en sus palabras, y en su forma de ver a Dios. Con esa mirada entre ellos, era como decirle un "gracias" en silencio.
En otro lugar muy lejos de ahí, una mujer miraba un retrato, acariciaba la imagen y sus lágrimas brotaban, sus pensamientos se iban lejos, y alguien ahí tras su espalda, colocaba sus manos dándole un apoyo que tal vez no veía, pero que desde mucho tiempo seguía esperando y decía:
- Ya todo estará bien, no llores más, el regresará a casa, mi amor. Ella abrazaba el retrato aun más fuerte, y dándole besos se decía así misma.
- Mi bebe, eres lo único que espero, mi milagro sería verte entrar de nuevo a casa.
La señora de limpieza entraba y comentaba,
- Señora Andrew. Tiene visitas.
- Espera un momento, diles que los veré en el estudio.
- Si señora, ¿desea que les ofrezca algo de beber?
- Si, si, lo que sea, atiéndelos, debo maquillarme un poco, deben ser buenas noticias.
La señora de limpieza asentía y se retiraba suspirando. Para atender a las personas que habían llegado. La señora Andrew, dejaba su retrato en su cómoda, se miraba al espejo y sus hermosos ojos azules estaban enrojecidos, imaginaba tras de sí, la silueta de su esposo y comentaba,
- Cielo mío, debes ayudarme a encontrar a nuestro hijo, pídele a Dios que me lo devuelva, que no me iré de este mundo sin volverlo a ver. Tras de sí la silueta que imaginaba mostraba una sonrisa bondadosa de un hombre que ya había fallecido, ella continuaba viendo a su amado. El junto a su hijo habían desaparecido, el cuerpo de su esposo había sido encontrado, su hijo jamás se encontró y se sospechaba que al sobrevivir había escapado y se consideraba perdido.
En la casa de George, en Chicago, Candy se arrodillaba en la que era su cama y agradecía a Dios
- "Señor, gracias por traerme con bien a casa, sé que había perdido mi fe y he dejado todo para venir hasta aquí, con la única esperanza de encontrar a mi tío con salud, y me lo has cumplido… te agradezco mucho el largo viaje, te pido por Albert, para que encuentre también a su familia, por el taxista que me trajo y no le hice pasar a tomar un té caliente, para que se lo hagas llegar cuando entre con bien a su hogar, también por la azafata que atendió el vuelo, para que encuentre sano a su hijo al llegar a casa y se cure de su resfriado, por el señor que cargo mis maletas, dijo que Dios se había olvidado de él y estoy segura que eso no es verdad, porque mi buen Dios jamás se olvida de quienes tienen esperanza y fe en él…"
Afuera de su puerta, George recargado lloraba amargamente, pensando que su sobrina estaba con vida y el nunca investigo sobre ella, el la había abandonado desde pequeña y ahora estaba ahí, Dios se había llevado a su hijo pero nunca lo dejo solo, estaba con vida la hija de su hermana, que estaría pensando al no ir a despedir a su única hermana, como pudo dejarla todos estos años sola, ahora estaba aquí, en la habitación que había sido de su hijo, Dios, perdóname.
Albert por su parte en la habitación que le habían prestado, pensaba, que estaba haciendo antes de venir aquí, porque olvide de pronto todo, Dios mío, ayúdame a recordar. Pensaba en los ojos de la doctora, esa mirada, porque esa mirada le hacía tanto bien, con una sonrisa la recordaba cuando sus labios sueltos medio abiertos, abrazados con fuera dentro de mis brazos, era como si fueran solo para ella, escondiéndonos en la nieve, sentía su respiración, su aliento tan cercano a mí, como si con ella, me sintiera más vivo que nunca. ¡Candy!
Ya agotados, dormían en casa de los Johnson, el soñaba con ella, solo recordaba que estaba en sus brazos, ella soñaba con él, pensando en cómo la había rescatado y George, que estaba en su habitación aun despierto, pensaba en su esposa, abrazando y jugando con su hijo en el cielo, que egoísta era, cuando tantos años estuvo con él, ahora su pequeño ya no sufriría más inyecciones, estaría en los brazos de su madre, con ese amor que ella siempre había pensado darle a Jeremy.
- Mi vida, estaré bien, por favor cuida de nuestro pequeño, que sonría mucho, yo fui muy feliz con ustedes, cuando Dios me lleve, iré a verlos, seré el mejor tío del mundo y… primero Dios, volveré a verlos cuando él lo disponga. - Janet, hermanita, perdóname por no haber visto a tu hija todos estos años, te juro que velare por ella como si fuera mi propia hija.
CONTINUARA
Gracias por sus comentarios, continuaremos con los fics,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
