Segundo verso

Cerré mis ojos al tiempo que comenzaba a viajar por toda la galaxia en mi cabeza; trataba de recordar todos los puntos por los que habíamos pasado, repasando mentalmente las cartas estelares y visualizando toda la ruta que habíamos realizado a lo largo de todo ese tiempo. El brazo de Orión fue el punto de partida, pasando inmediatamente después al de Perseo, que era el más cercano; de ahí pasamos al de Sagitario, aprovechando su cercanía con el del punto de partida, peinándolo de soslayo por si nos hubiésemos pasado algún punto, para luego continuar por todo el brazo de Escudo-Centauro, al cual tuvimos que dar una doble pasada, puesto que era el más largo de todos y con diferencia. Finalmente terminamos justo al lado del centro galáctico en el otro extremo del brazo de Norma, aunque sin acercarnos demasiado para evitar que el agujero negro supermasivo nos alcanzara con su influencia. Y, aun a pesar de todo ese largo y fatigoso viaje a lo largo y ancho de toda la Vía Láctea, no habíamos encontrado nada.

-Capitana… ¡Capitana!

Ese llamado me hizo reaccionar y levanté la mirada, viendo entonces a mi contramaestre mirándome con cara de preocupación.

-¿Se encuentra bien, capitana?

-Ah, sí, sí, tan solo pensaba, eso es todo…

-Puede irse a descansar si quiere, ya se han ido casi todos…

Miré hacia el resto del puente y así era, salvo él y unos pocos más hombres y mujeres de control el resto de la tripulación ya se había retirado; giré la cabeza y vi la hora que era, casi las diez.

-Ahora iré, deme un momento.

Ante eso mi contramaestre me miró con gesto compungido, comentando inmediatamente después.

-Entiendo que la preocupe, pero persevere, seguro que al final la acabaremos encontrando.

-Ya ¿pero por cuánto tiempo más? Hemos dado toda la vuelta a la galaxia y aun así no ha aparecido en todos estos años, es desquiciante…

Ante eso el hombre no me rebatió, puesto que sabía que, en ese sentido, tenía razón. Por mi parte suspiré y le despedí.

-Puede retirarse ya, mañana proseguiremos.

-Señora.

Finalmente me quedé sola en el puente de mando y miré por el ventanal la figura de la tierra, la cual estaba muy distinta desde la última vez que la observé. Después de diez años ahora la temperatura se había estabilizado y su superficie se encontraba a unos algo altos pero mucho más bajos trescientos grados, aunque su aspecto distaba mucho de su aspecto original antes del impacto. Seguía sin haber agua, los fondos marinos, ahora secos, presentaban un aspecto negruzco de lo más desalentador, y los continentes que aún seguían enteros poseían un tono marrón ceniciento bastante deprimente, evidenciando ausencia total de vida a lo largo y ancho de toda la superficie. Ahora la tierra era un enorme y desolado erial seco, y lo seguiría siendo durante unos cuantos años más, hasta que la temperatura bajara lo suficiente como para condensar todo el vapor de agua que seguía retenido en las cuotas altas de la atmósfera. Todo era cuestión de tiempo… pero precisamente era eso lo que más había pasado.

Tras el descubrimiento de la nave la búsqueda ha sido infatigable, no sólo en esta galaxia, sino en muchas otras colindantes por si la nave hubiese ido a alguna otra. Por mi parte se refiere seguí buscándola sin descanso, ya que después de todo había sido yo quien la descubrió; a lo largo de todos esos años mi trabajo constante y dedicación me valió un paulatino ascenso por parte de la Fundación, y ahora era la capitana de la Agliator X, una nave de nueva generación y de modelo muy superior y mucho más avanzado que la vieja Agliator V, la cual fue retirada y desguazada tras varios años más de servicio. Me resultaba gracioso echar la vista atrás y pensar que antes estaba en la última fila, al fondo del todo de esa espaciosa sala, para ahora estar frente al timón y al mando de toda una gran nave, tripulación incluida.

-El tiempo pasa tan rápido… y aun así seguimos sin respuestas-pensé para mis adentros.

Pasé un dedo por la lisa y suave superficie brillante del timón, al tiempo que le echaba otro vistazo a la tierra. Suspiré y decidí ir a mi camarote para descansar, o al menos intentarlo. Y sí, la palabra clave es intentar.

Di varias vueltas en la cama, tratando de sacarme de la cabeza el asunto de la nave extraviada, pero no podía por más que lo intentaba; no era tanto por el hecho de no haberla encontrado, sino por todo el tiempo que había pasado. Diez años habían pasado desde entonces, mucho tiempo para cualquier raza que se preciara, pero un breve instante para el universo. La noticia de la extinción de los terrestres fue un mazazo para todos los habitantes del universo, y aun así nosotros seguíamos adelante. Un simple detalle si se pensaba fríamente, después de todo el universo se seguiría expandiendo de aquí a varios milenios, pero ¿por cuánto tiempo más? Mucho se había especulado sobre la Gran Implosión, el evento que, se suponía, daría fin al universo como tal. Por ahora, y por lo que mi especie sabía principalmente, el universo seguía en constante expansión, y por el momento no había indicios de que se llegara a alcanzar los niveles de densidad crítica, aunque por otro lado tampoco se descartaba que no ocurriera, al menos a largo plazo. Por mi parte nunca lo había llegado a pensar detenidamente, prefiriendo vivir el momento y, por consecuente, mi vida. Sin embargo la Gran Implosión era lo último que me preocupaba, puesto que había por ahí, perdida en la inmensidad del cosmos, una nave que los terrestres lanzaron poco antes de perecer, que podría contener algo muy importante.

Dejé escapar un molesto gruñido y me levanté, incapaz de dormir. Tras eso me dirigí directamente a las cocinas de la cafetería y me calenté un vaso de lutzch, algo que normalmente ayudaba a conciliar el sueño. La lutzch era lo más parecido a la leche que los terrestres obtenían de las vacas, aunque al contrario la nuestra era algo más cremosa y consistente, pero sabía igual de bien e incluso mejor. Le di un sorbo y me dirigí al puente comentando por lo bajo.

-Vaya, qué lutzch más buena…

El puente vacío y solitario se sentía distinto a lo que era normalmente, un trajín de tripulación que iba y venía, controlando la nave a lo largo de todo el viaje, aunque ahora esta se encontraba en estacionario a unos pocos kilómetros de distancia de la tierra y con los motores apagados, pero con las comunicaciones abiertas. De hecho siempre se dejaban abiertas, ahora más que nunca, ya que nunca se sabía cuándo alguien llegaría a interceptar la nave perdida. En cuanto eso sucediera se emitiría un aviso a todas las naves cercanas y éstas se pondrían en movimiento rápidamente.

Estuve contemplando esa parte del universo, además de la tierra, la cual en ese momento se encontraba en su fase oculta, ya que la luz del sol incidía directamente desde el otro lado, estando el hemisferio anterior completamente a oscuras. Antiguamente se verían las luces que los terrestres producían todas las noches, pero esta vez no había ninguna luz que producir ni nadie que la produjera, por lo que la noche en ese lado de la tierra era oscura y muy probablemente bastante calurosa, debido sobre todo a las aún altas temperaturas de su superficie. Suspiré y di otro sorbo a la lutzch.

En ese justo momento se comenzó a oír un insistente pitido proveniente de uno de los ordenadores de la sección de control, nada más oírlo lo identifiqué al instante y mis corazones dieron un brinco.

-Un mensaje…

Sin más tardar me dirigí al ordenador que lo había recibido y encendí su pantalla, pudiendo ver el aviso en la esquina inferior izquierda de la misma; lo abrí con un dedo y me llevó directamente a la bandeja de entrada, pero en cuanto vi el asunto del mismo me quedé perpleja. Y es que en vez de decir nave perdida o actualización de estado de la nave perdida, había una serie de caracteres extraños que no pude identificar. Como no sacaba nada en claro con solo mirarlo lo abrí y me quedé aún más perpleja si cabía, puesto que el mensaje como tal no pude leerlo al estar escrito con una caligrafía completamente distinta a la de nuestra raza.

-¿Qué es esto?-inquirí entonces en voz alta.

No se parecía en nada a lo que yo conociera, no parecía barnardiano, que era lo que se hablaba en la galaxia de Barnard, sextansino, la lengua hablada en la galaxia Sextans A, o circinusense, lo que hablaban los habitantes de la galaxia Circinus. Todas ellas eran galaxias cercanas a la que nos encontrábamos ahora, y lo que aparecía en pantalla no se parecía en nada a ninguno de esos tres idiomas que conocía más o menos. Tampoco se parecía en nada al andromediano.

Fue entonces cuando preferí cortar por lo sano y tirar de la base de datos.

-Identifícame esto en la base de datos de idiomas-le pedí al ordenador central.

-Buscando-anunció éste.

Tras una búsqueda rapidísima que apenas duró unos pocos segundos, el ordenador anunció sus resultados.

-Análisis finalizado, no se han detectado similitudes con ningún idioma registrado.

-¿¡Qué?! No puede ser, entonces qué es…

Fue en ese mismo momento cuando mi mirada se posó en la tierra y, por un instante, mi mente buceó en una mínima posibilidad. Con el ceño fruncido y mirando al planeta reseco murmuré.

-Fíltrame los idiomas de la tierra.

-Buscando.

Esta vez la búsqueda duró unos cuantos segundos más hasta que finalmente el ordenador anunció.

-Análisis finalizado, una similitud encontrada: japonés.

-¿¡Japonés?! Pero eso significa…

Fue entonces cuando, guiada por una corazonada, musité.

-Tradúcemelo.

-Traduciendo.

Finalmente, tras unos cuantos minutos de espera, ya que los idiomas de la tierra eran complejos en comparación con el resto de idiomas del universo, pude leer el mensaje.

Querido papá

No sé si te llegará este mensaje o no, mi sentido común me dice que no, pero quiero creer que, estés donde estés, puedas saber cómo estoy y cómo me siento ahora.

No he podido encontrar la forma correcta para decírtelo, aun a pesar de que he estado mucho tiempo escribiendo esto. ¿Notarás de alguna forma mi ausencia? Lo digo porque algún día abandonaré el lugar que me construiste, y lo llevaré conmigo siempre, pero sé que aún no ha llegado ese día.

Sé muy bien que aún me queda mucho camino por delante, pero confía en mí, allí donde termine daré refugio como lo has hecho por mí. Y sé que ahora no estoy sola, gracias a ti, y que me estarás vigilando hasta el mismo final. No me asusta. No tengo miedo. Y todo gracias a ti.

Cuando sea mayor permaneceré en silencio junto a ti; sé que las palabras no serán suficientes, pero aun así no necesitaremos saber quiénes somos, de alguna forma continuaremos juntos y se sabrá, de alguna forma se sabrá.

Soy consciente de mi situación, pero no me preocupa ni me inquieta, porque sé que lo has hecho por mí, y ya sólo por eso tan solo puedo decirte una sola cosa: gracias. Gracias por salvarme, gracias por quererme, gracias por dar lo mejor por mí. Gracias. Gracias, papá, gracias. Ahora mis recuerdos, aunque en parte me duelan, también me ayudarán a seguir adelante, a continuar viviendo la vida que me has regalado y disfrutándola al máximo. Gracias, papá, de verdad. Te quiero.

Rin.

Una vez que terminé de leer la totalidad del mensaje me quedé sentada en el sitio, mirando fijamente a la pantalla y con una mezcla de emociones y sentimientos encontrados bullendo en mi mente. ¿Qué era todo esto? ¿Quién lo había enviado? ¿Qué significaban todas esas palabras, vacías, inconexas y carentes de sentido, al menos para mí? Sin embargo había algo que sí estaba claro, y eso era el mensaje en sí traducido del japonés, un idioma único y exclusivo de la tierra. Y eso tan solo podía significar una sola cosa.

-La hemos encontrado.

Inmediatamente después me puse en movimiento y di las primeras órdenes al ordenador central.

-Encuentra al remitente de este mensaje, ahora.

-Analizando redes, por favor espere.

Los minutos posteriores fueron un auténtico suplicio, el ordenador trabaja a destajo, los motores estaban apagados y fríos, y tomaría unos cuantos minutos prepararlo todo para partir a donde quiera que ese mensaje hubiera sido enviado. Aun así preferí esperar a tener una localización exacta antes de poner sobre aviso a toda la tripulación. Finalmente el ordenador lo encontró, anunciándolo inmediatamente después.

-Remitente encontrado, ha hecho uso de las redes intergalácticas para su envío pero no pertenece a este sistema, ubicación en el extremo más alejado de la nube de Oort.

-La nube de Oort…-repetí, alucinada.

Y es que, como tal, la nube de Oort era conocida por ser, básicamente, el mismo borde del sistema solar, el punto más alejado del mismo antes de adentrarse en pleno espacio sideral. Que estuviera justo ahí me hacía plantear una serie de dudas, aunque en ese momento era lo de menos, puesto que nos teníamos que poner en marcha ya. Me levanté y me dirigí directamente a la timonera, donde se situaban los cuadros de mando principales de la nave; apreté el botón de alarma general, al tiempo que empecé a hablar por el micrófono a toda la nave.

-¡A toda la tripulación de la nave, se ha localizado la ubicación de la nave perdida, que todo el mundo acuda ya a sus puestos, prioridad uno, tenemos que marcharnos, vamos, vamos, arriba!

Al segundo siguiente todo el mundo se puso en movimiento y toda la nave estuvo a punto en pocos minutos; los motores estuvieron listos para arrancar y todo el mundo estuvo en el puente, preparados para asistirme.

-Posición en la nube de Oort, fijadlo en las cartas estelares.

-Sí, señora.

-Motores a máxima potencia, aplicad el impulso gravitatorio, retirad los flaps y activad los escudos anti colisiones, tenemos que llegar enseguida.

-A la orden.

-Cambiando a manejo manual.

Esta vez no dejaría que el piloto automático llevase la nave, prefiriendo manejarla yo misma para llegar cuanto antes al lugar y evitar todos los obstáculos posibles. Así el timón con fuerza, preparada para la acción.

-Motores listos y nave lista para proceder.

-Bien… ¡ahora!

De golpe y porrazo la nave dio un bandazo y salió disparada hacia delante, dejando atrás a la tierra; aprovechando que había activado el impulso gravitatorio empecé a manejar la nave para acercarme todo lo posible a los planetas que había de camino para usar la asistencia gravitacional de los mismos además del propio impulso, lo cual nos daría muchísima más velocidad conforme nos acercáramos a la nube de Oort. Era un nuevo sistema implementado que apenas se había utilizado, por lo que, a efectos prácticos, era la primera en usarlo, y además manejando la nave a pulso. Cada vez que nos acercábamos a un planeta los de control me indicaban las coordenadas y yo movía el timón hacia un lado y a otro, para acercarnos lo suficiente al mismo y usar la asistencia gravitacional, además del propio impulso, lo cual nos daba cada vez más y más velocidad a cada minuto que pasaba. Lo malo fue que no pudimos contar con Marte por obvias razones, por lo que tuvimos que tirar de otros planetas enanos que había de camino, como Ceres, el cual se situaba en pleno cinturón de asteroides; no fue gran cosa, pero al menos pudimos aumentar de forma exponencial la velocidad.

-¡Control, situación!

-¡Cien mil kilómetros por hora y subiendo, jamás habíamos alcanzado semejante velocidad sin saltar al hiperespacio, nos arriesgamos a un posible choque, capitana!

-¡Lo sé, es por eso por lo que os necesito indicándome! ¡Mandad el cincuenta por ciento de la energía a los escudos, debemos resistir lo que se nos eche encima!

-¡Impulsando escudos!

Hasta ahora habíamos conseguido atravesar el cinturón de asteroides sin mucha dificultad, los escudos habían aguantado perfectamente, pero era mejor prevenir que curar.

-¡Júpiter a las nueve, nos acercamos!-exclamó en ese momento alguien de control.

-¡Nos dará un buen impulso, tiene la mayor atracción gravitatoria de todas, coordenadas!-solicité rápidamente.

-¡Veintitrés grados, siete minutos y cuarenta y cinco segundos!

Rápidamente hice el cálculo mental y lo traduje, moviendo el timón a estribor tres vueltas y media y manteniéndolo en esa posición; la nave giró rápidamente y se dirigió directamente hacia el límite de la atracción gravitatoria del enorme planeta a una velocidad de vértigo. Aunque en cuanto lo rozáramos muy probablemente la velocidad se duplicaría de golpe. Todo el mundo nos preparamos para recibir la asistencia, los de control fueron contabilizando el tiempo.

-Asistencia en diez segundos.

Por mi parte así el timón con fuerza mientras que los demás se agarraban a lo que podían; los de control siguieron contando hasta llegar a cero.

-Tres. Dos. Uno. ¡Ahora!

Inmediatamente después pudimos notar el acelerón y toda la nave se impulsó a una velocidad altísima; Júpiter por su parte nos observó alejarnos a toda pastilla, mientras que yo solté el timón y éste se recalibró él sólo a las coordenadas de destino en la nube de Oort, al tiempo que volvía a asirlo en cuanto el recalibre se efectuó.

-¡Control, situación!

-¡Doscientos mil kilómetros, señora, creo que hemos batido un record!

-¿Sí? ¡Mira tú qué bien!

-¡Según estimaciones parece que es suficiente impulso como para llegar enseguida al borde de la nube de Oort!

-¿Cuánto?

-¡Sobrarían unos cuantos minutos!

-¡Mejor que sobren los menos posibles! ¡Distancia a Saturno!

-¡A esta velocidad llegaremos enseguida, poco menos de diez minutos!

-¡Bien! ¡Coordenadas!

-¡Veinticuatro grados, cincuenta minutos y treinta segundos!

Giré esta vez el timón dos vueltas y media a babor y lo mantuve, repitiendo la misma maniobra y aumentando un poco más la velocidad, lo que nos dio un margen un poco más corto de tiempo.

Atravesar el resto del sistema solar a esa velocidad fue rápido, y en cuanto pasamos Plutón y el cinturón de Kuiper pudimos divisar en la distancia la difuminada figura de la nube de Oort, acercándonos a ella rápidamente.

-¡Nos aproximamos, debemos reducir velocidad o nos la pegaremos!-exclamó en ese momento alguien de control.

-¡Lo sé, que no cunda el pánico! ¡Apaguen los motores!

-¿¡Qué?! ¡Pero señora!

-¡Que lo hagan!-exclamé yo, segura de mi misma.

Sin otra posibilidad salvo la de acatar mis órdenes, los motores se apagaron de golpe y la nave dejó de vibrar; sin embargo, y debido al impulso ganado a lo largo de toda la trayectoria, la nave siguió atravesando el espacio a una altísima velocidad, pero ya había pensado en algo para frenarla.

-¡Flaps, ahora!

A mi señal los flaps se desplegaron y estos comenzaron a frenar la nave, pero no era suficiente. Aun así me mantuve tranquila, preparando mi plan.

-¡Agarraos fuerte a lo que podáis!

-¿Señora? ¿Qué pretende hacer?

-¡Vosotros agarraos!

Una vez que estuvo todo el mundo agarrado giré el timón de improviso y coloqué la nave en posición horizontal, la cual dio un sorpresivo bandazo y se agitó.

-¡Ahora, desactivad el impulso gravitatorio!-exclamé.

Con algo de esfuerzo, los de control lograron desactivar la función a tiempo, y como consecuencia la nave perdió gravedad a su alrededor de golpe, lo que terminó de frenarla de todo y enderezándose en el proceso, encarando así el sistema solar hasta finalmente detenerse por completo.

-Activar posición en estacionario-mascullé entonces, aún agarrada al timón.

Alguien cumplió la orden rápida y diligentemente y tras eso bloqueé el timón, asegurando así la nave. Tras eso todo el mundo comenzó a aplaudirme, aunque preferí quitarle hierro al asunto.

-Capitana, es un honor servir con usted-me dijo mi contramaestre con vehemencia.

-Ah, no es para tanto…

Por un momento todo se concretó y miré hacia delante, observando casi toda la totalidad del sistema solar desde su mismísimo borde, con el sol brillando débilmente en la lejanía; sin embargo algo me llamó la atención, y eso era la presencia de una pequeña navecilla moviéndose lentamente a pocos metros de nosotros. Todo el mundo enmudeció y la observó, extasiados, aunque al poco rato fui la primera en reaccionar ordenando rápidamente.

-Que un equipo de rescate vaya a por ella.

-Sí, señora.

-Ah, y que avisen a la Fundación de que la búsqueda ha terminado.

-Ahora mismo.

Al poco rato dos pequeñas naves de rescate se dirigieron hasta donde estaba la navecilla y se la llevaron consigo de vuelta al interior de la Agliator X; por mi parte supervisé en todo momento su recogida desde el puente y su entrada en el almacén personalmente, observándola entrar mientras era cargada entre las dos mediante un campo electromagnético. Verla de cerca te hacía ver mejor lo realmente pequeña que era, lo cual elevaba ciertas dudas entre todos los presentes, pero aun así nos las reservamos y dejamos a los técnicos la apertura de la misma. Un cristal negro totalmente opaco protegía a quien quiera que estuviera dentro, lo que además no permitía ver nada, pero al cabo de unos cuantos minutos más de espera finalmente la capsula se desbloqueó y empezó a abrirse hacia arriba. Lo que vimos nos dejó a todos de piedra.

Y es que una terrestre hembra se encontraba sentada en un sillón, conectada a multitud de cables que se encontraban unidos a lo que parecía ser un sistema automático integrado; se encontraba prácticamente desnuda, su largo y liso pelo de color negro cubría gran parte de su cuerpo expuesto y a su lado había un osito de peluche que parecía ser muy nuevo ya que estaba sin apenas tocar. Nadie dijo nada ni hizo nada, tan solo nos limitamos a observar esa inesperada sorpresa con los ojos abiertos como platos y las bocas abiertas.

Finalmente alguien llegó a musitar.

-Es un milagro del universo…

-Es increíble…

-Una terrestre… aquí y ahora…

Por mi parte me acerqué a la cabina para observarla un poco mejor, aunque al hacerlo pude ver que había una especie de carpeta en el lateral izquierdo del sillón, la cual cogí y observé con curiosidad. En cuanto a la terrestre parecía estar en una especie de animación suspendida, aunque la cantidad de cables que había conectados a ella me hacía pensar en otra cosa completamente distinta. Alcé una mano para ir a tocarla, pero en ese justo instante apareció de improviso alguien de comunicaciones.

-¡Capitana, capitana, mensaje de la Funda…!

No pudo continuar al ver a la terrestre, quedándose estática con una expresión de pura sorpresa grabada en su rostro; tuve que llamarla la atención para que continuara.

-¿Sí?

-¡Ah, sí, mensaje de la Fundación, dicen que no toquemos la nave ni lo que haya dentro y que la llevemos inmediatamente a la base central en Andrómeda!

Ante esa tesitura miré a la terrestre, la cual seguía conectada al sistema y con la capsula abierta; suspiré y di una rápida orden.

-Que la cierren de nuevo, ya rendiré yo cuentas con la Fundación cuando llegue el momento.

Sin embargo decidí quedarme con la carpeta, ya que quería hacer algunas averiguaciones al respecto. La nave volvió a ser cerrada y todos volvimos al puente para prepararnos para regresar a Andrómeda; esta vez usaríamos el hiperespacio para llegar cuanto antes, por lo que preparamos la nave para el salto y, en cuanto nos metimos en él, activé el piloto automático. Tras eso me dirigí a mi camarote y allí estuve comprobando el contenido de la carpeta, encontrando una larga carta meticulosamente doblada, además de un buen montón de documentos que parecían ser especificaciones sobre la nave, como planos, manuales y referencias. La carta estaba escrita en japonés, por lo que opté por escanearla y luego usar el traductor del sistema para poder leerla; tardó unos cuantos minutos, pero finalmente sacó una traducción buena y comencé a leerla.

A quién o qué esté leyendo esta carta.

Me llamo Shigeru Yamamoto y soy un científico e ingeniero aeroespacial japonés que trabaja para la JAXA. Aunque actualmente supongo que eso dará igual, porque ya estaré muerto, todos lo estaremos. Aunque no todos. En la nave que acaban de encontrar viaja mi hija Rin, la cual se encuentra en una especie de animación suspendida y conectada además a una simulación virtual invención mía; el sistema la provee del oxígeno necesario para respirar, además la alimenta por vía intravenosa y la asiste en sus necesidades fisiológicas de forma completamente automática.

Hará cosa de varios meses atrás, tanto la JAXA como la NASA y las demás agencias espaciales del mundo detectaron un súbito y paulatino cambio en la órbita del planeta Marte; al principio todos pensamos que no sería muy serio, pero en cuanto la órbita comenzó a inclinarse cada vez más y más, enseguida todas vieron que se había tornado lo suficientemente elíptica como para entrar en contacto directo con la órbita terrestre a lo largo de los meses siguientes. A día de hoy aún no sabemos con certeza qué ocasionó algo semejante, pero la mayoría de personas conjeturan que un asteroide proveniente del cinturón de Kuiper y del tamaño de Carolina del Norte impactó contra el planeta, ocasionando su consecuente desplazamiento y cambio de órbita.

Los gobiernos del mundo al principio no supieron cómo afrontar una situación así y decidieron esconderlo a la humanidad para evitar una histeria colectiva mundial, pero como se suele decir, esto no se ve hasta que se ve. Conforme iba pasando el tiempo, la figura de Marte iba aumentando en los cielos del mundo, y eventualmente todo el planeta acabó por enterarse sí o sí. Lo que trató de evitarse en un momento acabó dándose, y en diferentes partes del mundo la gente fue reaccionando a su manera, provocando todo tipo de barbaridades y caos por doquier. Por suerte aquí en Japón la gente se lo tomó mejor en comparación con el resto del mundo, aunque no sin consecuencias, claro está, provocando un aislamiento social masivo en gran parte de la población, encerrándose todo el mundo en sus casas y esperando pacientemente al final.

Pero yo por mi parte no hice nada de eso, después de todo tenía algo que hacer, y ese algo es la nave que pueden observar. Decir tiene que amo a mi hija. Es lo único que tengo desde que su madre murió, y su sonrisa me anima a seguir, aun a pesar de las circunstancias. He hecho todo lo posible por que se sintiera a gusto, alejándola de la realidad y pasando todo el tiempo posible con ella para que no sufriera. Rin, mi Rin, es una niña tan pura, tan inocente, que el simple hecho de saber que morirá como todos los demás es demasiado para mí. No podía permitirlo, mi hija tenía que vivir, aunque fuese lo último que hiciera en mi vida, y eso mismo hice.

En tiempo record construí tanto la nave como el propio sistema que la mantiene con vida y dentro de un mundo virtual para que pudiera jugar a gusto y libre de toda carga emocional; para ello decidí programarlo de modo que suprimiera sus recuerdos más recientes para que pudiera vivir una infancia de ensueño y sin complicaciones, pero con un añadido. En cuanto cumpla los diecisiete años, tiempo más que suficiente para que madure y pueda comprenderlo, el sistema liberará sus recuerdos de forma progresiva y culminará con un mensaje escrito por mí para ella. Sé y muy bien que mi Rin crecerá fuerte, y estoy seguro que comprenderá por qué lo hice. Conozco a mi hija más que a nadie en el mundo, y si con esto consigo salvarla de la destrucción, que así sea.

Aparte del propio sistema programé aparte otro que hace las veces de piloto automático, el cual tratará de buscar y encontrar dentro de las posibilidades un planeta apto que se adecue esencialmente a las necesidades de supervivencia de Rin. Probablemente suene muy tonto, pero aquí tienen a un padre desesperado que busca que su hija viva, por lo que supongo que mis acciones serán del todo entendibles si el que está leyendo esto es alguna especie de ser vivo racional y con sentimientos. Diablos, si aun a pesar de mi profesión soy un escéptico en cuanto a la vida más allá de la tierra se refiere, pero aun así y ahora mismo la esperanza está ahí por primera vez en mi vida. Así que por favor, si alguien o algo está ahí y encuentra esta nave… por favor… cuiden de mi hija… se lo suplico. Dadla todo lo que yo no he podido darla. Hagan que sea feliz. Que viva su nueva vida. Es lo único que un simple e insignificante humano les pide.

Encontrarán detalles y especificaciones tanto de la nave como del sistema en los documentos que adjunto en esta carpeta, les ayudará a desconectarla de la simulación virtual satisfactoriamente, así como especificaciones técnicas y concretas acerca de su fisiología y costumbres, como lo que come y lo que más la gusta. Estoy seguro que será muy sencillo para cualquier raza de alienígenas que se precie, incluso muy seguramente mi sistema se verá rudimentario para cualquiera.

Una vez más me dirijo a quien haya encontrado a mi hija antes de cerrar esta carta: gracias. Gracias por rescatar a mi Rin del espacio, estoy seguro de que tendrá una buena vida a partir de ahora. No hace falta que la digan nada sobre mí, ella ya lo sabe todo, aunque si les pregunta permítanla quedarse con la nave y su sistema, probablemente quiera volver de vez en cuando a experimentar las maravillas que hice para ella. Y, una vez más, gracias por todo.

Shigeru Yamamoto

En cuanto terminé de leer la carta me permití el lujo de parpadear, al tiempo que dos gruesas lágrimas caían sobre mi escritorio. Comprendía perfectamente al hombre, después de todo yo también había sentido de cierta forma la pérdida de la tierra, ahora más que nunca. Rin era la última terrestre en todo el universo, y ya solo por eso se merecía sólo lo mejor de lo mejor.

-No se preocupe, señor Yamamoto, su hija vivirá mejor que nunca. Se lo prometo-musité por mi parte, sin poder evitar llorar en el proceso.

Puede que los terrestres fueran de todo menos coherentes, pero tenían algo que los diferenciaba gratamente del resto de razas del universo, y eso era ese mismo sentimiento que acababa de comprobar en un escrito cargado de amor, cariño y ternura. Los terrestres eran realmente increíbles. Incluso después de su casi extinción.