Estribillo

Me desperté como cada mañana e hice el amago de ir a coger la tablet, pero una vez más me quedé con las ganas; era como un acto reflejo, después de todo estuve diez años haciéndolo. Ahora en su lugar cogía la foto de mi padre y la miraba durante un rato antes de levantarme a desayunar. Al principio era casi tan doloroso como cuando mis recuerdos volvieron a mí por primera vez, pero ahora había conseguido dominar mis sentimientos y tan solo había una gran sonrisa cada vez que lo miraba.

-Buenos días, papá…

Tras eso dejé la foto sobre la mesilla, dejando escapar un profuso bostezo y dirigiéndome al baño antes de ir a la cocina; una luz brillante se colaba por la ventana, al tiempo que una suave brisa mañanera agitaba las cortinas, comenzando a airear la habitación.

El clima en ese planeta era suave y templado durante casi todo el año, y eso era algo que agradecía ampliamente; no obstante luego las noches tendían a ser algo frías, aunque no demasiadas. Una vez que terminé de acicalarme salí un momento a la terraza a admirar las vistas y sentir la luz del sol calentar mi piel. Me estiré e hice un gesto parecido al saludo al sol, aunque algo más estrambótico. Mi sonrisa siguió ahí, dando los buenos días una vez más a ese nuevo sol que iluminaba una vez más mi nueva vida.

-Qué brillante estás hoy, Aramanti.

Aramanti era el nombre de esa estrella, y era una de las más brillantes en toda la galaxia en la que nos encontrábamos, una muy especial que sólo estaba a disposición de la Fundación y que era usada como refugio para todas las especies interespaciales a las que rescataba y daba cobijo. Dicha galaxia no tenía nombre oficial para evitar que otros supieran de su existencia, pero su nombre en clave dentro de la Fundación era Robinson, un nombre muy terrestre de por sí y bastante acertado también. El planeta en el que me encontraba tampoco tenía nombre oficial por la misma razón, pero su nombre en clave era Porter, claramente no estuvieron tan inspirados esa vez. Y, para rematar, al otro lado del cielo se podía ver la brillante figura de la luna de ese planeta, cuyo nombre en clave era Madeon.

-¡Buenos días, Rin!-oí entonces una voz familiar cerca de allí.

Dirigí la vista al borde del camino, junto a los pies de la colina donde se levantaba mi casa, y vi entonces a la familia Xurtzitree saludándome, por lo que yo les devolví el saludo.

-¡Buenos días señor y señora Xurtzitree! ¡Hola, Zitrión!

-¡Hola Rin!-exclamó el hijo pequeño de la familia al verme.

Los Xurtzitree eran una familia de criaturas muy semejantes a árboles que vivían en un planeta bastante alejado de allí el cual, tras la muerte de su estrella, comenzó a congelarse debido a la falta de luz; muchos de sus congéneres llegaron a morir mientras ellos trataban de sobrevivir, pero por suerte la Fundación intervino a tiempo y consiguió salvar a unos cuantos, trayéndoles a vivir a Porter para que su especie tuviera una oportunidad de sobrevivir. Ahora viven a unos pocos kilómetros de distancia de donde vivo yo, siendo mis vecinos más cercanos.

Tras eso me dirigí a la cocina y desayuné tranquilamente mientras veía las noticias interestelares; aun a pesar de estar un tanto alejados de Andrómeda siempre nos mantenían informados de todo lo que iba pasando en el universo, y en ese sentido las comunicaciones eran bastante eficientes. Ese día no parecía haber ocurrido gran cosa a ese lado del universo, pero entonces la presentadora anunció de improviso.

-Y ya es oficial, la tierra por fin ha terminado su proceso de regeneración y vuelve a ser habitable, además de haber recuperado su resplandor azulado que tanto la caracteriza; algunos continentes han cambiado o han desaparecido parcialmente debido a la colisión, la cual se originó en medio del océano pacífico, mientras que otros se han mantenido aunque han cambiado un poco su geografía y morfología. Este proceso de regeneración planetaria llega a su fin después de casi quince años de espera, y sin duda será una muy buena noticia para la famosa y única superviviente terrestre, Rin Yamamoto, la cual ha estado bajo la protección de la Fundación Agliversi desde entonces.

Como bien dijo la presentadora fue una grandísima noticia, sobre todo por el hecho de que eso tan solo podía significar una cosa; antes de que llegara a pensar en nada más mi teléfono interespacial comenzó a sonar y lo cogí rápidamente, al tiempo que esbozaba una radiante sonrisa.

-¿Sí?

-¡Rin, querida! ¿Has visto las noticias?

-¡Ayatani! ¡Sí, sí, es genial, por fin! Aunque eso significa…

-Exacto, ahí le has dado, chica lista…

Ante eso me reí alegremente, sin poder evitar sonrojarme un poco debido al halago, aunque inmediatamente después volví a hablar.

-¿Cuándo, cuándo?

-Ya mismo, serás la primera, de hecho estamos de camino así que prepárate y dirígete al hogar comunal de la Fundación, estaremos ahí en unos veinte minutos a no más tardar.

-¡Vale, voy ahora mismo!

-Ahora te veo, guapa.

Colgué de seguido, al tiempo que concretaba rápidamente el desayuno y corrí después de mi habitación para vestirme y prepararme; escogí llevar un conjunto que no me diera mucho calor, ya que por lo que me explicó Ayatani era verano en la tierra, así que opté por una blusa rosa y unos pantalones vaqueros cómodos y flexibles. Una vez que estuve vestida me peiné mi largo pelo tintado de rosa, y cogí un bolso en el que metí algunos de mis enseres, además de la foto de mi padre, la cual siempre llevaba conmigo. Una vez que estuve lista cogí las llaves de mi casa y cerré la puerta, echando a correr hacia el hogar comunal de la Fundación.

Si por algo destacaba Porter era por su belleza natural y terrenos eminentemente llanos, aunque con algunas elevaciones, montañas y riscos, sobre todo en la parte más norteña; un ancho y bastante extenso mar regaba casi todo el hemisferio sur del planeta, siendo alimentado por una serie de ríos que nacen en las montañas del norte y desembocan en distintos puntos de la costa. En ambos polos destacaba la presencia de hielo y nieve en las cuotas más altas del norte y las más bajas del sur, alcanzándose unas temperaturas medias de unos -20º C bajo cero, perfecto para algunas especies protegidas que requieren de ese tipo de condiciones.

Por mi parte se refería vivía en una extensa llanura salpicada de vegetación y con un río recorriéndola, a pocos kilómetros de distancia de la costa y con algunas casas diseminadas a lo largo y ancho de todo el llano, teniendo vecinos más o menos dispersos; cada cual vivía tranquilamente y su manera, aunque de vez en cuando nos solemos juntar todos en el hogar comunal de la Fundación, un edificio blanco como la nieve que funcionaba como centro de operaciones para la Fundación y como centro de ocio y comunión para todas las especies que vivían a ese lado de Porter. Se encontraba situada a pocos kilómetros de mi casa y cerca de una extensa arboleda con la que se fundía naturalmente gracias a su moderno y vanguardista diseño.

Nada más entrar la recepcionista me saludó alegremente.

-¡Buenos días, Rin!

-¡Buenos días! ¿Han llegado ya?

-Están a punto, la capitana Ayatani ya ha contacto con nosotros, aterrizarán en breve.

Nada más decirlo, un ruido familiar comenzó a sonar sobre nuestras cabezas, sutil, pero no estruendoso; en cuanto lo oímos supimos que ya habían llegado.

-Ya están aquí, ya sabes, a la derecha y todo recto.

-¡Vale, gracias, nos vemos!

Crucé el pasillo de acceso a la rampa de embarque y, nada más salir, pude ver la gran figura de la Agliator X sobre la plataforma de aterrizaje y despegue; un brazo mecánico manejado por varios operadores del hogar lanzó la pasarela para abordar la nave desde la parte superior de la misma y la escotilla de acceso superior se abrió, revelando una figura familiar. Esbocé una gran sonrisa y fui a su encuentro.

-¡Ayatani!

-¡Rin!

Las dos nos dimos un gran y efusivo abrazo, al tiempo que la andromediana murmuraba.

-Oh, aquí estás, me alegro de volver a verte, pequeña…

-¿Pequeña? Oh, vamos, Ayatani, que ya tengo veintisiete años…

-Ah, ya lo sé, estás radiante, déjame que te vea…

Desde que me rescató, allá por el año 2024 y habiendo cumplido recientemente los diecisiete años, Ayatani se había convertido para mí en lo más parecido a una hermana mayor; aunque sus obligaciones como capitana la habían tenido de aquí para allá, siempre que hemos podido habíamos pasado tiempo de calidad juntas, y gracias a ella he vuelto a tener lo más parecido a una familia.

-¿Preparada?-inquirió en ese momento ella.

-Sí, tengo muchas ganas.

-Genial, vamos entonces, nos aprovisionaremos un poco y saldremos en breve.

Abordé junto a ella la nave y, tras varios minutos de espera, esta se puso en movimiento y salimos del planeta rápidamente; desde el espacio la vista de Porter era bastante similar a la de la tierra, aunque con obvias diferencias. Aun así su aspecto la hacía ver casi tan bonita como ella, aunque aún a pesar de que era mi actual hogar, mi autentico hogar siempre iba a ser la tierra, estuviera donde estuviera. Madeon orbitaba a su alrededor lentamente, siendo algo más grande que la luna que orbitaba la propia tierra.

-¿Estás lista? Saltaremos al hiperespacio en breve-comentó en ese momento Ayatani.

-Oh, sí… dame un momento.

-Claro.

De todas las veces que había viajado en nave interestelar los saltos al hiperespacio siempre me habían afectado un poco, probablemente por ser terrestre, ya que el resto de razas del universo no se veían afectadas para nada en algo que, para ellos, era simple rutina. Me agarré a la barandilla del puente de mando, al lado de Ayatani, respiré hondamente durante unos breves minutos y, en cuanto estuve lista, se lo hice saber.

-Adelante.

-Muy bien. ¡Salto, ahora!

De golpe y porrazo la nave dio un ligero y casi imperceptible bandazo, al tiempo que delante de nosotras el espacio se deformaba y las estrellas se convertían en miles de rayas blancas que atravesaban su negra superficie. Por mi parte noté como si todo mi organismo dentro de mí se hubiera desplazado hacia atrás, sintiéndome mal por momentos y aguantándome las ganas de echar el desayuno. Fue por un brevísimo instante, más se sintió como si fuera una eternidad. Finalmente, inmediatamente después del salto me volví a sentir bien, pero entonces por un momento se me fue la cabeza y no pude evitar resbalarme hacia atrás, estando a punto de caer al suelo; por suerte no fue así ya que me había sujetado previamente, no obstante resbalé igualmente y casi me caigo de culo, aunque Ayatani y su contramaestre me sujetaron a tiempo.

-Hey, tranquila, Rin, te tengo ¿cómo te sientes?

-Bien… bueno, aún estoy un poco mareada…-murmuré, sintiéndome un tanto pesada.

-Llévala a un camarote libre y que se tumbe un rato.

-Sí, señora.

Me dejé hacer y el contramaestre me llevó hasta el camarote más cercano, tumbándome en la cama.

-Gracias…

-De nada, señorita, si necesita algo, lo que sea, no dude en pedirlo.

Yo tan solo asentí con la cabeza y me quedé tumbada, con el brazo apoyado en la frente y los ojos cerrados.

Aun a pesar de todo no lograba acostumbrarme a esa sensación de empuje que daba al cuerpo cada vez que la nave se adentraba en el hiperespacio, dejándome con muy mal cuerpo, por lo que preferí quedarme en la cama descansando durante el resto del viaje.

Afortunadamente el salir no era como el entrar y la frenada la sobrellevaba mejor, por lo que en cuanto noté que la nave volvía al espacio interestelar me levanté enseguida, ya que eso era señal de que ya habíamos llegado a la Vía Láctea.

En el puente me reencontré con Ayatani, la cual al verme me dedicó una amplia sonrisa.

-¿Ya estás mejor?

-Sí, ya sabes que el salto siempre me pone mala. ¿Hemos llegado ya?

-Casi, míralo por ti mismo.

Miré a través del ventanal y pude ver la inmensidad del sistema solar extendiéndose ante mí, con el débil resplandor del sol desde esa distancia; en ese mismo instante atravesábamos un denso campo de asteroides y otros elementos espaciales, aunque no había ningún problema puesto que los escudos anti colisiones se encontraban activos. En un momento dado Ayatani habló.

-Esta es la nube de Oort, aquí es donde te encontramos tras recibir tu mensaje.

-Ah, sí, me acuerdo. Sabía que mandarlo era una pérdida de tiempo, pero aun así lo hice. Necesitaba hacerlo, sobre todo en ese momento, después de conocer la verdad.

-Y menos mal que lo hiciste, porque si no la búsqueda hubiera sido más larga. ¿Te puedes creer que te estuve buscando a lo largo y ancho de la Vía Láctea?

-¿En serio?

-Muy en serio, recorrimos todos sus brazos en un viaje de varios meses siderales, en busca de una pista que nos llevara hacia ti. Sin embargo, en cuanto recuperamos tu nave, y tras estudiarla un poco, descubrimos que tu padre la había programado para que no se alejara demasiado del sistema solar, de ahí a que diéramos por sentado no volver allí tras salir en tu búsqueda.

-Ya veo, supongo que mi padre apostó por lo más seguro.

-E hizo bien, más allá del sistema solar hubiera sido complicado acotar más terreno, Aun así me hiciste dar una vuelta para nada, me debes varios meses de mi vida…-murmuró Ayatani, sin mala intención.

-Bueno, bueno, para la próxima misión larga iré contigo.

-Nah, no hace falta que te molestes, tranquila…

-No, lo digo en serio.

-¿Eh?-inquirió en ese momento la andromediana, confusa.

-Claro, así te compenso, además, podremos pasar más tiempo juntas-añadí yo, sonriente.

Ante eso Ayatani me miró un tanto incrédula, pero al final sonrió y yo la abracé con todo el cariño del mundo; ella me correspondió el gesto, arropándome entre sus brazos. Realmente la debía tanto… fue ella quien me cuidó a lo largo de todo ese tiempo, junto con la ayuda de la Fundación, claro está. A lo largo de todo ese tiempo viviendo en Porter había conocido a mucha gente de todo tipo de razas, pero Ayatani era lo más cercano a una hermana que había tenido, incluso a una madre. Fue gracias a ella, y sobre todo al recuerdo de mi padre, por lo que conseguí salir adelante, viviendo mi nueva vida. Si seguía viva eso era gracias a mi padre, pero Ayatani siempre estuvo ahí conmigo desde que desperté, por lo que ella también era parte de mi felicidad y de mi vida.

Durante los siguientes minutos atravesamos todo el sistema solar a gran velocidad, viendo por el camino unos cuantos planetas, entre ellos Urano, Saturno y Júpiter, el cual me sorprendió mucho con su inmenso tamaño y gaseoso aspecto. Ayatani me habló un poco de él.

-Se dice que Júpiter es un intento fallido de estrella, de ahí a que tenga tanto gas en su composición y superficie. Es también el planeta más denso de todo el sistema solar, si se pudiera aterrizar en su superficie ignorando su gravedad y luego ésta volviera a estar presente, acabaríamos literalmente planchados por su influencia.

-Vaya…

-Claro, ahora que lo pienso esta es la primera vez que vienes aquí ¿no?

-Sí, todo lo que sé del sistema solar me lo enseñaste tú y los instructores de la Fundación, pero es la primera vez que lo veo en persona. Es impresionante-murmuré, extasiada.

-Sí, definitivamente te tengo que llevar conmigo más a menudo.

-Ya sabes que me encantaría-añadí yo.

Ante eso Ayatani sonrió, contenta por la idea.

Finalmente, y tras varios minutos más, vimos la tierra acercándose desde la distancia y mi corazón dio un vuelco; y es que se veía muy similar a Porter y, aun así, muy distinta. Había recuperado su brillo azulado, los mares y océanos volvían a estar presentes, y por las extensiones de tierra volvía a refulgir una basta y verdosa flora que se repartía por todos los continentes. Sin embargo algunos de estos no eran ni volverían a ser los mismo, sobre todo los más cercanos al lugar de impacto, entre los que se encontraba Japón. Casi toda Oceanía había desaparecido, Australia ahora sólo era una cuarta parte más pequeña de lo que era antes, sus islas aledañas ya no existían, y Japón ahora era mucho más estrecha de lo que era antes, aunque al menos se conservaba una parte. A Hokkaido le faltaba la mitad, de Kyushu no quedaba casi nada y toda la costa este de la isla se había recortado ampliamente. En parte me dolió ver así a mi país natal, pero por lo menos aún quedaba algo del mismo que atestiguaba que una vez llegó a haber una gran nación allí.

-Vamos a aterrizar en Japón ¿te parece bien?

-Sí, claro.

-Muy bien.

La nave atravesó rápidamente la atmosfera y enseguida comenzamos a sobrevolar parte de la nueva costa; nuevas playas remataban la vista, un poco más al norte destacaba por haber un prominente risco que salía hacia el mar, y sobre éste había un frondoso cerezo en flor. Al instante supe a dónde ir y murmuré.

-Allí, vayamos allí.

-Vale.

La nave redujo la velocidad y se posó en el suelo, a pocos kilómetros del risco; todo el mundo nos dirigimos a la escotilla de salida, abriéndose enseguida y entrando una suave brisa que llevaba consigo cierto aroma en el aire en la nave que me hizo recordar muchas cosas. Sin decirme nada Ayatani me indicó que fuera la primera y salí afuera.

El aire era limpio, y todo lo que se levantaba a mí alrededor era más bello que lo que había en Porter, sin despreciar a este último, claro estaba. Sin embargo había una vez más algo en el aire que me hizo responder, cerrando los ojos y respirando hondamente, recreándome en ese mismo instante. Mi corazón iba tan rápido que parecía que me iba a estallar en el pecho, pero en cuanto respiré un poco éste se calmó enseguida.

Avancé unos cuantos metros en dirección hacia el árbol, aunque a mitad de camino algo zumbó en el aire y vi entonces a una especie de colibrí aunque algo más grande y con un plumaje de vivos colores; se mantuvo en el aire aleteando rápidamente y mirándome con curiosidad hasta que finalmente se fue de allí. Una vez junto al árbol observé toda la costa, viendo en la distancia algunas aves revolotear sobre el agua, al tiempo que muchos delfines saltaban de esta, como tratando de alcanzarlos. Sonreí, aunque fue en ese mismo instante cuando descubrí que lo llevaba haciendo desde que bajé de la nave.

Tras eso me centré en el cerezo, el cual era fuerte y sus flores lucían radiantes y muy hermosas; toqué su tronco y pasé la mano por él, al tiempo que varios pétalos caían y cogiéndolos al vuelo antes de que llegaran a tocar el suelo. Los toqué, sintiéndose suaves al tacto y tras eso los olí, al tiempo que un suave olor inundaba mis fosas nasales.

-Sakura…-murmuré por lo bajo, recordando su nombre en mi japonés materno.

Para entonces no podía sentirme mejor, por lo que me senté en el suelo, apoyándome en el tronco, y saqué la foto de mi padre para tenerla conmigo. La observé durante un buen rato, esbozando una dulce sonrisa, y llegando a susurrar en el proceso.

-Ya estoy en casa, papá.

Apoyé la foto en mi pecho y cerré los ojos, quedándome así y recreándome en los sonidos que me rodeaban; el viento soplaba suavemente, las olas chocaban contra la costa, las ramas del cerezo se sacudían, las aves graznaban en la distancia y más animales acuáticos chapoteaban en el agua. Y, por última vez, lloré, pero no de tristeza, sino de felicidad. Un cielo radiante se abría ante mí y el sol brillaba en lo más alto, alumbrando una nueva era y una nueva tierra.


Los demás miembros de la tripulación comenzaron a moverse para empezar a hacer investigaciones sobre el terreno e ir recogiendo datos, pero yo me quedé cerca de Rin, para asegurar que estaba bien. Su radiante sonrisa era una muestra de que por fin era completamente feliz, y yo no pude hacer otra cosa más que sentirme igual de feliz por ella. Finalmente, y después de todo ese tiempo, había podido cumplir mi promesa.

-Tendría que verla, señor Yamamoto-pensé para mis adentros.

Ahora era realmente feliz, y eso también me hacía a mi feliz. Y, muy seguramente, también al señor Yamamoto, estuviera donde estuviera.

Mientras tanto la tierra volvía a ser la que era, una vez más. Afuera el universo seguía expandiéndose.


Y aquí tenemos algo completamente diferente. Sé que no me voy a comer una rosca con esta historia, puesto que lo diferente no interesa a nadie en este sitio, pero después de ver semejante obra maestra sentí que debía de darle una continuación a lo que se ve en el video musical. Decir tiene que conocía a Madeon, pero no a Porter Robinson, y descubrir este vídeo ha sido una completa bendición. Es increíble todo lo que se puede contar en poco menos de seis minutos.

Acerca de la historia, desde el principio quise abordarla desde un punto de vista completamente diferente; el universo visto aquí es un universo alternativo (well, duh), aunque con elementos reales, y debido a ello he tenido que realizar una investigación y documentación previa bastante extensa. Salvo las civilizaciones extraterrestres que asigno a cada galaxia conocida, todo lo demás tiene una base real; por la parte de la colisión y sus posteriores efectos se deja más a la ciencia ficción, aunque con algunas bases realistas e hipótesis reales; muchos vídeos de Universe Sandbox 2 han sido vistos y muchos artículos de Wikipedia han sido leídos, con su posterior contrastación, ya que Wikipedia no es cien por cien fiable, como todo buen documentalista que se precie sabe. Siempre he concebido tanto al vídeo como a la propia canción como una oda a la esperanza, y he querido reflejar eso mismo a lo largo de los tres capítulos que lo componen. Al principio pensé en hacer un one-shot, pero tras acabarlo vi que era demasiado largo y lo dividí en tres partes, haciendo así un three-shot. Los más avispados puede que se den cuenta de que el mensaje de Rin está escrito usando la letra de la canción, aunque ligeramente adaptada al contexto, claro está, ya que por sí sola no posee mucho sentido; tal y como yo lo veo, y tras analizarla concienzudamente, la letra de la canción vendría a ser la contestación de Rin al mensaje de su padre, por lo que decidí aprovecharlo como tal. También he aprovechado para ampliar un poco más el trasfondo usando la carta de Shigeru, ahondando un poco más en los parcos detalles que da el videoclip.

Y eso es todo, me he quitado un peso de encima, a decir verdad, y aunque sé que casi nadie va a leer esto, al menos me quedaré con la conciencia (y la inspiración, esa puta zorra) tranquila. Y si alguien llega a leer esto y le gusta, pues gracias. ¡Nos leemos!