Sumida en la oscuridad misma similar a la muerte. Ignorando lo que está bien o lo que está mal creyendo que ahora son uno solo… La empatía se había desgarrado ya en el fuego rojo e intenso del odio, la ingenuidad se había manchado haciendo que el color inmaculado sea un simple recuerdo que ahora ya no existía. Ahora solamente le quedaba un color; el negro del ébano, de la noche en que nació entre el dolor y alegría de sus padres, el negro con el que le habían manchado al momento de ser profanada. ¿Quería olvidar? No, porque el recuerdo insistente sería también su motivo para batallar contra aquella inmoralidad que había arruinado su vida.

Wendy le ofreció una taza de té mientras que Juvia cosía el vestido roto. Por el momento, traía las prendas de Mirajane que consistían en un vestido fucsia con adornos caramero. Sus heridas habían sanado gracias a la niña, bueno, sus heridas externas…

- ¿El ojo del señor Makarov se ha podido salvar? -preguntó Lucy. Después le dio un sorbo a la aromática. Wendy negó, mientras Gajeel daba vueltas en la habitación intranquilo.

-Salamander, maldita seas, Salamander -comenzó furioso. Lucy no se estremeció ante el apodo, ya no sentía nada de nada más que el odio puro hacia él y Gajeel lo sabía, aunque los demás insistían en ni siquiera mencionarlo frente a Lucy-. Es un vil cobarde ese gilipollas.

-Gajeel-san, tranquilícese -dijo Wendy-. Makarov-san sabía a qué se enfrentaba, solo. -La pequeña Wendy provenía del oriente, por lo que tenía una manera muy diferente para hablar.

-Gajeel tiene motivos para preocuparse. -Tras ellos, apoyado en la pared de madera, estaba Gray Fullbuster con su ceño frío y fruncido. Tenía un aspecto casi tan atemorizante como el de Gajeel, pero nada superaba a éste último en ese sentido-. Pero es el viejo, él no se irá por algo así… -Juvia Loxar asintió. Las puertas se abrieron revelando al pequeño viejo, ahora tuerto, junto a Mirajane y Erza.

-Ya todo está preparado, Lucy. -sonrió Mirajane.

Ellos habían sido su luz blanca en medio de tanta oscuridad, aquellos que la sacaron de las temibles garras del enemigo y estaban dispuestos a que no ocurriese nuevamente. Makarov había escuchado sus gritos y no dudó en ayudarle, mas estaba solo, y solo se enfrentó a Natsu quien también era apodado como "Salamander". No supo lo que pasó, pues el cansancio hizo que se desmayara, pero los demás le habían explicado que Makarov pudo ahuyentar a Natsu, a costa de su ojo. Llamó a los demás y le curaron sus heridas, la alimentaron y la cuidaron hasta estar como estaba.

- ¿Puedo salir al bosque? -cuestionó mirando su plato de avena. Las siete personas que eran dueñas de la casa siempre alagaban su belleza, pero nunca la dejaban salir a pesar de estar muy apartadas de ambos reinos que ahora eran sus enemigos.

-Supongo que Salamander ya ha dejado de buscar por estos territorios -dijo Erza Scarlet, la primera niña que Makarov había acogido por otras circunstancias. Cuando Makarov no estaba, ella tomaba las decisiones-. Solo ten cuidado.

El bosque cubierto por los árboles desnudos brillaba con la luz del amanecer. La nieve inmaculada se derretía lentamente dándoles un toque cristalino. "Bello", pensaba. Se mantenía tranquila caminando sin preocupaciones, pero todo pensamiento positivo se fue interrumpido al sentir el fino acero de una espada rozar con su oreja. Se apartó rápidamente sabiendo lo que procedía. Las carcajadas de su atacante comenzaron, y ella lo miraba confundida.

-Ah, mi Blancanieves lo ha hecho de nuevo. -Las carcajadas poco a poco cesaron y Lucy no se movió de su lugar-. Ya, me ha vuelto a ganar… -Y envainó su espada para el alivio de Lucy.

-Eres un… -Y antes de que pudiese siquiera insultarlo, Lucy volteó y reanudó su paso. No sabía a donde ir, no podía guiarlo a la cabaña… Era imposible que se perdiera en pleno día con la luz como guía, así que no se preocupaba por eso.

- ¿Qué? ¿No vas a siquiera insultarme? ¡Eso es muy aburrido! -Hizo un puchero que le hubiera resultado tierno a Lucy de no ser por saber quién y cómo era el dueño de aquel dulce gesto. Y la siguió hasta quién sabe dónde.

-Usted debería saber, tengo una gran fascinación por los cadáveres, al igual que mi hermano -explicó-. Pero es la única forma que tenemos de amar, aunque la sociedad lo considere como algo repulsivo…

-Sí, lo que sea… -Oía, pero no escuchaba. Al ver que Natsu no la dejaría tan fácil, dio la vuelta para verlo a la cara y empezó a desabrochar su hebilla.

-Pero usted, Luciana Heartfilia, usted incluso viva es bellísima, ¡Mi Blancanieves! -Estuvo a punto de asestarle una estocada, pero Lucy logró esquivarla con elegancia. Natsu no se rindió tan fácil, estuvo a punto de preparar el siguiente ataque cuando el silbido de una flecha rozando con su rostro le hizo voltear al igual que Lucy. Makarov ahí estaba, con un parche negro y una ballesta tensada.

- ¡No te acerques a ella, maldito! -Natsu pudo apartarse a tiempo para evitar que una segunda flecha cayera en uno de sus ojos. No estaba atemorizado, ni enojado, parecía divertido ante la intervención del anciano.

-Makarov… -murmuró Lucy incrédula pero a la vez aliviada.

- ¿Quieres que te saque el otro ojo, viejo? -Ambos se fulminaron con la mirada, había que agregar que Natsu mantenía una sonrisa burlona-. Supongo que sí, pero debo atender otros asuntos. Pero… -Miró a Lucy-. Te amo, mi Lady. No vayas con él, Luce… Por favor. -El gruñido de Makarov fue una señal para que se largara ya, y así lo hizo.

- ¿Está bien, su majestad? -Lucy asintió. Y ambos se fueron a casa.

-Su majestad no debería volver al bosque sola -recomendó Mirajane mientras comía un trozo de ensalada-. Nunca se sabe cuándo ese príncipe podría estar asechando. -Wendy la apoyó.

-Lo sé -dijo mirando su plato-, pero el bosque es hermoso en invierno… -De repente, empezó a recordar los tiempos infelices con su padre y cuando Natsu la había tomado a la fuerza. Aquellos dolorosos recuerdos hacían que su corazón se manchara del negro del ébano, justo como su madre así lo quiso.

-Si no olvida, nunca podrá superar. -dijo Makarov. Lucy asintió.

-Por cierto, ¡Gajeel! -El nombrado asintió, se paró de la mesa y volvió momentos más tarde con una gran espada del mejor acero que pudieron conseguir. Los ojos de Lucy se abrieron y enseguida se sonrojó.

- ¿Para mí? -Todos asintieron cuando Lucy se paró para apreciar mejor el arma-. Pero…. -se desilusionó- no sé manejar armas. -Erza puso una mano en su hombre.

-Podremos enseñarte. Podré enseñarte, soy muy buena con la espada.

-Demasiado. -agregó Juvia.

Lucy miró la espada con firmeza, pensando en cómo cortar los hilos rojos sucios que la relacionaban con su padre…

Aquel día fui dotada con el negro.

Fin