PARTE II

-¿Aún duerme?-.

-Se encontraba bastante exhausto-.

-¿Le mordieron?-.

-Afortunadamente no, ya los médicos revisaron su cuerpo-.

-¿Qué estaba haciendo tan tarde fuera de las barreras?-.

-Suficiente, ya no es de su incumbencia la situación de "AK". Ahora retírense, yo me encargaré de vigilarlo- Jessica irrumpió en la habitación, un tanto molesta por el entrometimiento de ambos jóvenes – vayan a prepararse, pronto comenzará la siguiente roda.

Ambos asintieron y se dirigieron a la puerta.

Jessica tocó la frente del soldado y notó una temperatura natural, pronto despertaría y seguiría sus tareas como líder, así era él de fuerte, no había nada que pudiera doblegarlo. Sirvió un vaso de agua y lo dejó en la mesa, tenía que retirarse ya, tenía que dirigir el siguiente reconocimiento que se llevaría a cabo en los alrededores.

Danatario había sido en su momento una zona bastante concurrida por gente de dinero. Comenzaba con una calle llamada Danatario´s Street y terminaba en Danatario´s Paradise, lugar que había sido destinado a la construcción de lujosas viviendas. Danatario´s Street contaba con dos casinos y un super mercado bastante moderno, el resto de la calle había sido tomado por emprendedores que decidieron montar tiendas y restaurantes, sin embargo tal felicidad que emanaban las calles había sido destruida por el Cordyceps. Cuando las Luciérnagas llegaron al lugar este ya había sido amurallado antes. Pobres desgraciados quienes residían ahí se vieron fulminados por ráfagas de disparos. Los nuevos ocupantes se vieron en la obligación de limpiar todo el desastre que un grupo despiadado había dejado: niños muertos, mujeres violadas, hombres decapitados. –Cazadores- pensaron algunos. –Algún grupo de sobrevivientes bastante crueles- pensaron otros.

Las murallas fueron reparadas, y las instalaciones con luz fueron puestas a funcionar. Las Luciérnagas pudieron establecerse en el pequeño territorio. Cada persona tenía asignado una labor, algunos eran los encargados de distribuir los recursos, otros eran encargados de educar a los niños, pero quienes más sufrían eran los que se unieron al grupo de reconocimiento de las luciérnagas. Muchos militantes se encontraban dispersos por Cristal Hill, y eran encargados de proporcionar información a la central que estaba ubicada en Danatario. Quienes decidían quedarse dentro de las murallas se veían en la obligación de participar en rondas, estas eran divididas en códigos según la importancia: Código azul significaba búsqueda de recursos, Código amarillo significaba reconocimiento de las zonas cercanas en la que se aseguraban de que no hubiesen grandes grupos de infectados o algún que otro intruso, por último Código rojo que hacía referencia a una alerta importante, por lo que había de tratarse de un ataque de infectados o grupos sobrevivientes rezagados.

Jessica se encontraba en la sala de reuniones de la milicia, el grupo de cinco personas había sido reunido por ella misma, entre todos los que militaban con las luciérnagas estos eran considerados por ella como los más fiables y eficientes.

-Tenemos una importante misión de reconocimiento que cumplir, Danatario´s Street puede estar en estos momentos repleto de esas asquerosidades debido a nuestro asalto-. Informó Jessica.

-¿Por qué lo estaría? Ayer acabamos con todos ellos- replicó Yen con un tono un tanto burlón – les dimos hasta por el culo- rió.

-Es cierto, pero no usamos silenciador y eso significa que el fuerte sonido de los disparos pudo haber atraído a más infectados que se encontraban en las lejanías- Helena fulminó a Yen con su mirada quien bajó la cabeza e hizo un gesto de afirmación. La chica odiaba el sentido de humor que Yen aportaba a los temas serio.

-Bien dicho Helena, esa es la situación. Es necesario que salgamos y averigüemos cuantos infectados están allá afuera, una vez tengamos conocimientos de a cuantos nos enfrentamos pediremos refuerzos y los eliminaremos uno por uno. En el caso de que sean pocos, nos haremos cargo. Esta vez sí les pido que coloquen silenciador en el cañón de sus respectivas armas. Es fundamental que nada ni nadie sepa que estamos ubicados en esta zona, de lo contrario, nos veremos bajo un fuerte ataque y aunque nuestras murallas resistirían un tiempo, la cantidad de soldados que tenemos no es suficiente para contraatacar-

-Necesitaríamos que aquellos que se encuentran en el exterior regresen para poder ganar-. Añadió Martin.

-Es cierto Martin, pero no nos desviemos. Tienen que saber que iremos a pie, no haremos uso del Jeep, por lo tanto lleven consigo lo necesario. Hoy en día escapar debe ser más fácil que no escapar. En dos horas llevaremos a cabo la misión-. Concluyó Jessica invitando a los miembros a que se preparan. Estaba asustada, deseaba no encontrarse una sorpresa allá afuera, una sorpresa que le costara su vida.

La mujer regresó a la habitación donde se encontraba el soldado caído, este ya se encontraba sentado en la cama, vestido con una bata blanca que le llegaba hasta las rodillas. Al entrar Jessica lo observó por un momento, esperando a que le dirigiera la mirada.

-¿Cómo te sientes?-.

-¿Qué sucedió, cómo llegue hasta esta camilla. Tengo un maldito dolor de cabeza que no me deja en paz-.

-Recuéstate, te contaré lo que sucedió-. Jessica camino hasta la camilla, se sentó a su lado y relató con todos los detalles lo que había sucedido cuando el grupo llegó y le rescataron, añadió la misión de reconocimiento que se llevaría a cabo.

-No permitiré que salgas sola, es demasiado peligroso, y si me dices que los infectados pudieron haber aumentado en número sería un verdadero suicidio-.

-Arthur, por favor, es necesario que verifique si realmente hay una cantidad de ellos considerable. Si no lo hago, nuestra comunidad se las puede ver color de hormiga si llegan hasta acá-. Jessica tomó las manos de Arthur, le miro con esos ojos azules tan tiernos.

Antes de que Arthur respondiera, la mujer se le había echado encima. Su trasero se encontraba en contacto con el miembro de Arthur. Ambos se sonrieron sensualmente. Jessica movía en varias direcciones sus glúteos, lo que provocó en el hombre una fuerte erección.

-¿Te dolía la cabeza campeón?- Guiñó un ojo con un toque sexy.

Se acercó buscando su boca, y cumplió su objetivo. Sus labios hicieron contacto y se movieron sensualmente a la vez que la lengua marcaba un tiempo cual metrónomo. Tanta humedad en sus bocas, y el contacto de sus órganos sexuales a través de la ropa hizo que sus respiraciones se agitaran dando paso a una apasionante y caliente escena. Sus cuerpos ahora estaban desnudos, se habían vuelto uno, el amor los arropaba con una sábana de deseo y lujuria. Disfrutaron del placer carnal que el humano necesita, un placer que les daba a entender que estaban vivos, que aún eran seres racionales. El placer producto de amor, producto de un matrimonio que había durado años y que aún en las situaciones que les tocó vivir luego del comienzo de la infección, seguían juntos y nada los iba a separar.

El grupo estaba preparado, se encontraban a las puertas de salida de la muralla que conectaba a Danatario´s Paradise con Danatario´s Street. Aproximadamente veinte personas habían acudido a despedirlos y a desearles éxito en la exploración, esto se había vuelto normal en la comunidad, cuando se iba a llevar a cabo una misión, muchos de los habitantes acudían a la muralla principal para dar buenos deseos al grupo.

Las miradas se apartaron del grupo y se fijaron en Jessica quien salía del pequeño hospital junto con Arthur, la mujer vestía una armadura un tanto improvisada pero que era común entre las filas de la milicia de las Luciérnagas. Se dirigieron hacia la multitud y se reunieron con el grupo.

-"AK" es un gusto verte de nuevo-. Yen apretó fuertemente la mano de Arthur, los demás presentes también saludaron al líder.

-Estoy bien, gracias a ustedes no he terminado convertido en uno más de esos seres. Lamento mucho haberlos metido en esto, no debí salir solo fuera de las murallas pero me urgía hacerlo-. Se sintió apenado Arthur por la situación en la que se encontraban ahora las cinco luciérnagas.

Jessica interrumpió la explicación de Arthur, si la curiosidad de las personas salía a relucir, Arthur se hallaría bastante incómodo y eso era algo que a él le disgustaba bastante.

-Es hora de partir muchachos, recuerden, silenciadores puestos y preparados todos para escapar en caso de que sea necesario, la expedición durará aproximadamente tres horas, revisaremos todo Danatario´s Street y un pocó más allá. Helena y Martin entrarán en el súper mercado y se cerciorarán de que todo esté en orden, Mikael, Yen y yo les esperaremos fuera. Luego iremos a los casinos, nosotros tres entraremos y ustedes tendrán que cubrirnos por fuera. Una vez realizado esto nos dirigiremos calle abajo revisando tienda por tienda, al llegar a la esquina tan solo tendremos quince minutos para revisar un poco de los alrededores. Recuerden, es una misión de reconocimiento, no traerán nada consigo de lo que encuentren. Si se topan con un infectado no duden en aniquilarlo con sigilo pero si los malditos están en grupo de no más de cinco, disparen y si superan este número informen- Jessica daba instrucciones al grupo, se notaba que estaban un tanto nerviosos, pero como líder esta debería saber calmar esos sentimientos que pudieran desconcentrarlos.

-¿Qué sucede si nos topamos con Cazadores o algún rezagado?-. Preguntó Mikael cargando su arma y quitando el seguro.

-Si toca enfrentarse a otros sobrevivientes, disparen, es mejor ellos que nosotros. Pero tomen rehenes, si rondan por nuestra zona eso quiere decir que su base no está tan lejos- Jessica cargó su arma, quitó el seguro y la colgó de su espalda. Cogió un revolver y llenó los seis espacios para proyectiles, luego lo guardó en su cinturón. –Es hora de irnos, esto es un Código Amarillo-

Los francotiradores que se encontraban en lo alto de la muralla se habían encargado de que no estuvieran rondando infectados cerca de la zona amurallada. Con un grito de despejado se abrieron las grandes puertas, extendiendo el paso a los cinco integrantes del grupo. Los cinco observaban un tanto asustados como se extendía el panorama tras el acero de las puertas, había muchos carros volcados y basura en el piso, pero lo que más resaltaba era la cantidad de maleza que se apoderaba de los objetos. Las tiendas a los lados de la calle estaban cerradas, pero muchos de los vidrios estaban destruidos.

-Cuida de Miranda mientras no estoy, apenas regrese prometo entregarle el regalo que tanto nos había pedido- le sonrió Jessica a Arthur, este se la devolvió.

El grupo salió por la puerta, los miedos estaban siendo opacados por la adrenalina que corría por sus venas. La puerta comenzaba a cerrarse y el grupo ya se había alejado un poco aunque aún se encontraban a la vista de las personas. Arthur se maldijo más de una vez al haber ocasionado toda la situación, tenía miedo de perder a su esposa, pero él sabía que ella era fuerte, y sabía que volvería. La puerta ya iba cerrándose por la mitad, tan solo un rectángulo vertical otorgaba a Arthur una pequeña parte del panorama más allá de las murallas, tan solo veía a Jessica entre Mikael y Helena, su esposa llevaba el fusil en la espalda y el revolver en mano. La puerta se cerró aún más obstaculizando la extensión del panorama que Arthur tenía, ahora solo veía a la mujer de su vida iba que iría derecho a una muerte segura si sus miedos se hacían realidad. Ahí iba la líder de la milicia, fuerte guerra y madre ejemplar, se alejaba lentamente y su silueta se difuminaba mientras los rayos del sol se apoderaban del horizonte. La puerta se cerró por completo, las personas regresaron a sus deberes pero Arthur se quedó parado ante las murallas, tenía miedo, deseaba que su esposa regresara cuanto antes, sin embargo, sonrió deseándole suerte.

Jessica volteó, miró las murallas y sonrió, sintió el apoyo de su esposo, del hombre que amaba. –Te amo, nunca lo olvides-. Una lágrima cayó de sus mejillas, cerró sus ojos y respiró profundo. Retomó el camino desolado e incierto que le esperaba, la vida de los cuatro soldados estaba en sus manos, pero su vida dependía de la macabra jugada que el destino estaba a punto de hacerle, y cual pieza de dominó, si caía la primera, caían las demás.