Disclaimer: Todo lo que reconozcan es propiedad de J.K. Rowling. Lo demás mío.


Pasaron la siguiente semana entera viéndose y luego otras más. A veces Ginevra llegaba tarde, Blaise suponía que era debido a sus clandestinos entrenamientos con la Orden, pero no decía ni preguntaba nada. Otras, era Zabini quien llegaba minutos después de la hora acordada, con los ojos atormentados, la sien latiéndole y algunas gotas de sudor. La pelirroja tampoco le preguntaba a que se debía, se imaginaba. Lo imaginaba todo; y prefería no saber.

No hablaban, solo hacían lo propio; se tocaban, se besaban, y a veces Ginny se dejaba disfrutar del calor que desprendía el cuerpo de Blaise, se permitía recostarse en su pecho, y relajarse, dejando que él le acariciara el cabello largo. Ella cerraba los ojos, le rodeaba sutilmente la cintura con sus brazos y dejaba que los minutos pasen, sintiendo los fuertes latidos de Blaise contra ella, su respiración profunda. Una esencia de paz la rodeaba, y solo vivía en ese instante, en ese momento de escapismo que la ayudaba a sobrellevar lo que restaba del día.

Pero cuando recobraba el sentido, se desprendía y se iba, dejando, como siempre, a Blaise solo y desentendido con sus acciones, para luego al siguiente día hacer lo mismo.

No le gustaba la idea de mostrarse débil ante Blaise, por más que compartieran besos y silencios cómodos y eternos, él seguía siendo una serpiente, un Slytherin, seguía con el lado tenebroso, y eso lo hacía seguir siendo su enemigo. Por más que le guste la idea de, al menos, unas pocas horas del día quitarse todo el disfraz y dejar de ser la chica fuerte y valiente por un rato, aquella que pintaba paredes por las noches para hacerle saber a los Mortífagos que el Ejercito de Dumbledore seguía en pie, que se interponía entre los Cruciatus que iban dirigidos a los niños, que liberaba a alumnos que estaban encadenados en pequeñas y sucias habitaciones, para refugiarse entre besos y caricias, no podía permitirse ese tipo de afecto. No podía refugiarse en el pecho del moreno, para que este le acariciara con dulzura el cabello como si se tratara de una niña indefensa. Lo que realmente no podía permitir era que Blaise Zabini fuera su sostén.

Ella nunca necesitó un sostén, con Harry, era más bien ella quien cumplía ese papel; él estaba demasiado atormentado, las pesadillas lo hacían pasar el día asustado e incómodo, su destino, por más fuerte y osado que a Harry le gustaba aparentar, le aterrorizaba.

Entonces llegaba ella, le besaba, se echaba en sus brazos, lo acostaba en sus piernas, le acariciaba el cabello y le volvía a besar. Le hacía reír, lo hacía olvidar un poco el peso que realmente tenía en sus hombros. Y a ella le gustaba ese papel, Harry debía ser el héroe del mundo mágico, pero Ginny era la heroína de Harry. Era quien estaba allí para salvarlo y no dejarlo recaer.

Era domingo, y aunque realmente no habían acordado verse los fines de semanas, Blaise, a la hora habitual, se encontró subiendo escaleras, doblando pasillos y entrando al aula abandonada.

No sabía si la Weasley vendría, pero a él le comenzaba a gustar ese sitio; era el único lugar donde podía asegurar que nadie lo encontraría, podía sentarse un buen par de horas solo y en paz, lejos del miedo, del terror, de la guerra viniéndose encima.

Además, las ventanas daban justo con vista al bosque, y con él, un cielo inmenso y estrellado se abría ante él.

Se sentó en uno de los bancos que daba contra la ventana, cruzo sus piernas, sus brazos y dejó su mente divagar mientras miraba el centenar de estrellas titilando.

Pero entonces la puerta se abrió, Blaise giró y se encontró con la pelirroja, vistiendo esos pobretones jeans muggles que, maldita sea, le acentuaban tan bien y un grueso sweater. Ella quedo en la puerta, mirándolo.

— No sabía que vendrías.

— Yo tampoco — contestó Blaise, y se puso de pie.

Entonces la vio, pese a la oscuridad de la habitación, el fuerte brillo de la luna daba contra los ojos pardos de la chica, que estaban humedecidos. Ginevra temblaba ligeramente, y Blaise vio, y escuchó, como se tronó un par de dedos.

— Puedo irme si quieres… — dijo entonces, suponiendo que la pelirroja había ido a aquel aula justamente en búsqueda de paz y soledad. De calma.

Pero ella lo miró directamente, cerró de un portazo la puerta y dio un par de pasos, aunque todavía estaba lejos de Blaise.

— No — dijo ella, y el moreno presenció la irregularidad en su voz — No quiero que te vayas.

Blaise tambaleó, y su corazón comenzó a dar fuertes golpes acelerados contra su pecho, tragó y el cosquilleo en su estómago se hizo visible. Él también dio un par de pasos más.

Pero fue ella quien terminó con la distancia, de un pequeño trote corrió hacia él y echó sus brazos al cuello del moreno, hundiendo su rostro en el hueco de su hombro. Blaise, un poco sorprendido, pero sobre todo conmovido, le rodeó con uno de sus brazos la estrecha cintura, y llevó la otra mano hacia su cabello, introdujo sus dedos entre la melena lacia y pelirroja, y él sintió como ella temblaba levemente.

Algo le había sucedido. Algo le había pasado.

La apretó más contra él, sintiendo su aroma a vainilla, a frutos rojos, una fragancia como si estuviera en un campo de flores lo rodeó y entonces la soltó un poco, para encontrarse con el rostro pálido pero pecoso de Ginevra, le acarició la mejilla suave dulcemente y la miró.

— Debes irte. Debes ir a casa — le dijo. Ginny se separó un poco y frunció las cejas. Él estaba preocupado. Lo estaba.

— No puedo — se limitó a decir, mientras negaba ligeramente su cabeza.

— Estarás más segura ahí. Tu familia lo debe preferir así, tenerte en casa…

— No voy a irme, Blaise — le llamó por su nombre, quitando por fin el pequeño muro de formalidad que apenas los separaba — Y no hables de mi familia como si los conocieras, y no los odiaras. No me convencerás de esa forma — dijo con cierta rudeza. Él se separó totalmente de ella, y golpeó con su mano hecha un puño la mesa. Ella se sobresaltó, y lo miró sorprendida.

— ¿No te das cuenta que no puedes hacer nada aquí en Hogwarts? Nada, absolutamente nada — su voz sonaba brusca y casi enojada — Deja de ser tan osada y terca, y vete — pero ella hizo lo propio, y se irguió ofendida, tensó sus labios, dejándolos en una recta línea.

— Soy parte de la resistencia, estoy aquí para complicar los planes de los Carrow, de Snape mismo si se quiere. Estoy aquí para ayudar a aquellos que no saben cómo ayudarse. Y estoy aprendiendo a luchar. Me estoy preparando — dijo entonces, volviendo a acercarse a Blaise — Si te molesta verme por aquí, pues entonces deberíamos dejar de vernos totalmente. No me iré, Blaise, a ningún lado. La lucha siempre significará esperanza. No permitiré que terminen de tomar Hogwarts, mi segundo hogar, que instalen el miedo, el terror.

— Ya está instalado, Weasley ¿No lo notas? — le cortó él.

— Irme significaría dejar de luchar. Significaría que le estoy dejando ganar terreno… Que me estoy rindiendo.

— Irte puede significar salvar tu vida — terminó él, con su voz irregular.

— ¿Eso te preocupa? ¿Yo te preocupo, Blaise? — preguntó directamente, como digna leona. Sin vueltas, sin indirectas. No hablaron en ningún encuentro, y ahora se estaban tirando todo a la cara.

Él pateó una silla, algo enojado, acojonado, acalorado.

— ¿No es obvio? — dijo mientras dejaba salir una carcajada irónica.

— Se supone…

— Deja las suposiciones atrás, Weasley. Soy alguien más que solo a donde pertenezco. Tengo ideas propias ¿Sabes? — el labio inferior de la pelirroja tembló, y se lo mordió involuntariamente. Se acercó a él, tirando su cabello hacia atrás, dejándolo caer como una cascada.

— No puedo importarte. Yo…

— Amas a Potter. Lo sé, tu lealtad está con él y lo comprendo, Weasley. No soy idiota.

Llevó su mano a la boca, refregándola en lo que parecía un movimiento nervioso, luego la dejo reposar en su mandíbula como si estuviera pensando. Ginny quedo de pie mirándolo, él le atraía. Le atraía muchísimo.

Entonces Blaise le dio la espalda, y se sentó en el mismo banco en el que le encontró, de espaldas a ella y viendo el cielo en su más puro esplendor de oscuridad. Camino hacia él, hasta quedar a su altura.

— Blaise… — dijo en un murmuro algo débil.

— No digas nada — pidió él. Aunque parecía más bien una orden.

Ella lo enfrentó entonces, posicionándose justo donde la mirada de Blaise se perdía en la oscuridad del cielo. Él la miró consecuentemente, no encontrando otra opción, con sus brazos cruzados.

Ella llevó su mano hacia el antebrazo del moreno, y él cerró los ojos ante el tacto de sus pieles. Quería besarla. Apretarla contra él. Consumirla por completo.

Ella lo vio con sus ojos cerrados con una expresión de dolor en el rostro, como aguantándose las ganas de tirársele encima.

¿Amaba a Harry? ¿Se podía amar a alguien, y al mismo tiempo, desear tanto besar a otro, estar con otro?

Estaba confundida. Blaise la confundía, con todo su cuerpo viril, su brusquedad, su oscuridad y la intensidad con la que siempre la tocaba, la besaba. La abrazaba.

No sabía que tenía con Zabini, pero la sola idea de dejarlo, la atormentaba de una manera poco convencional y común. Le aterraba de hecho.

Se había cumplido tan solo un mes de sus encuentros, y aún así el moreno se había calado en ella de una forma monstruosa, consiguiendo que ella lo necesite. Y al parecer, que él también. Pero no podían seguir con ello. No era correcto, era alargar su estado de atracción a algo imposible.

El moreno abrió sus ojos oliva y se encontró con el rostro de Ginevra junto al de él, ella llevó sutilmente su mano hacia la mejilla del moreno, y luego miró los labios gruesos que tanto le gustaba saborear. Blaise tragó algo nervioso, y ansioso.

Y ella lo besó entonces.

Pero fue diferente, él lo sabía y lo sintió. Sintió el gusto amargo, el sabor de una despedida que ninguno quería, pero que encontraba necesaria. Ella se estaba separando, pero él no podía dejarla ir. Era demasiado doloroso, el gusto a fresas de los labios de Ginevra eran adictivos.

Ella no podía dejarlo, no tan pronto. La tomó de la cintura entonces, con fuerza, no permitiéndole que se vaya. Ella jadeó.

— Blaise… — dijo en un murmuro ahogado.

Él la miró, busco sus ojos pardos y ella se encontró con la mirada penetrante e intensa del moreno. La única mirada que había conseguido en su vida hacerle temblar.

Blaise había despertado en Ginny algo distinto, algo mucho más primitivo y peligroso. Algo que nunca antes había sentido, y eso la hacía sentirse confundida. El contacto en sus pieles quemaba, como si fueran fuego fusionándose. O quizás, juntos, formaban el fuego.

Él se puso de pie de pronto, y la arrinconó contra la pared como cuando se besaron por primera vez. Se puso totalmente contra ella, y sus mejillas se rozaban generando un delicioso calor peligroso. La pelirroja gimió levemente, suspirando, sus piernas temblaron y sentía bullir su vientre. No aguantó y le besó el cuello, que ardía, Blaise desprendió el boton del jean de la Weasely, y espero que ella hiciera algo, que le dijera no, que lo corriera, pero no hizo nada.

Se le bajó poco a poco, y ella se lo terminó por quitar haciendo fuerzas con sus zapatillas. Él alzó una de sus piernas y hundió sus yemas en la carne de la pelirroja, mientras que los labios de ella jugaban con su cuello.

Ella era tan caliente, tan… Oh, tan seductora.

Luego ambos buscaron sus bocas, y el beso se tornó brusco, hosco, desesperado.

Él se encontró rozando con sus dedos la tela de la braga de la pelirroja, que estaba ligeramente húmeda. Mierda, eso lo puso demasiado, el pantalón se sentía ajustado contra su reciente erección. Siguió acariciando la zona encontrando placer en el calor que desprendía.

Debía separarse de Ginevra, por él y por ella.

Pero ella le besaba, y hacía movimientos pélvicos demasiado tentadores como para querer alejarse. Como para poder siquiera hacerlo.

Fue inevitable, mientras su mano se adentraba bajo su grueso sweater, y se encontraba con los pechos libres de sostén de la Gryffindor, no ingresar dos dedos por su cavidad húmeda.

Pero lo que sucedió lo dejó estático, pese a que estaba húmeda, largó un jadeó adolorido, y dejó de besarlo para morder su hombro, mientras que una de sus manos le hincaba la espalda. Él se detuvo, siendo consciente de lo estrecha que estaba.

¿Potter podía ser tan idiota? Se estaba encaminado hacia una muerte casi segura, escondido por quién sabe dónde, arriesgándose a morir cada día y ¿No tomó a Ginevra?

Sacó sus dedos, y acarició el muslo de la Gryffindor, luego llevó su mano hasta su cadera y la posiciono ahí, sintiendo el borde fino de su braga.

Ella estaba quieta, y aunque ya no lo mordía, seguía con su miraba gacha, respiraba con una intensidad distinta, más profunda.

Pero levantó el rostro de pronto, y se encontró con Blaise que ya esperaba encontrarse con su mirada. Ella se chupó el labio inferior levemente y sostuvo su mirada contra él.

Zabini quería decir algo, pero no sabía qué. Había hecho algo que Potter todavía no, y se dio cuenta que podría haber seguido, porque al parecer ella no estaba pensando detenerlo. El terreno que estaba ganando lo asustó tanto como le gustó al mismo tiempo.

Pero también se sintió un tanto desubicado con su acción reciente. Joder, odiaba a Ginevra también por eso; pensaba demasiado por su culpa, con las demás chicas no reflexionaba, tan solo lo hacía, iba directo a lo que quería sin preguntarse nada ni cuestionarse. Con ella, todo tenía que ser diferente. Maldita traidora a la sangre atractiva.

Ella suspiró entonces, parecía buscar un modo de quitar todo el calor que la recorría. Acercó su rostro al de Blaise, rozó ambas mejillas y luego rozó sus labios, le deposito un pequeño pero dulce beso, permanecieron de esa forma un corto minuto, él le apretó la cintura, sabía que ella estaba a punto de irse, se estaba despidiendo, esta vez era en serio y él no podía seguir retrasando su partida. Ella se separó entonces, poco a poco lo fue soltando y tomo su jean del suelo, se lo colocó tan rápido como pudo, se lo prendió, le dio una última mirada y luego se escapó de él corriéndose al costado.

Blaise no la vio irse. No quiso hacerlo. La simple sensación del cuerpo de Ginevra despegándose del de él fue dolorosa.

Solo supo que se encontró solo nuevamente cuando Ginny cerró la puerta.

Y de repente, la soledad lo abrazó y se dio cuenta que sus cortos días con la pequeña Weasley terminaron. El gusto amargo en su garganta apenas estaba empezando a instalarse.

Se había acabado.

Y una susurrante y molesta voz le recordaba que eso era lo correcto.


No sé si lo dije, pero obviamente esto era un pequeño y simple OS, y de repente me encontré escribiendo esto.

Sinceramente, tenía otra idea pero escribiendo resultó esto, si a alguien le gustó este corto chapter, y quiere otro más, podría escribir mi idea anterior en un último y tercer capítulo.

De cualquier forma, también me parece correcto este final. ¡Ustedes me dicen!

Gracias a las personas que me dejaron comentarios en el capítulo anterior pero no tienen cuenta para que se los responda directamente ¡Se los agradezco inmensamente!

Un beso y los leo abajo.

PeaceLilith.