Capitulo 4: Pérdida
El rey frotó su cabello canoso con ambas manos exhalando pesadamente, habían pasado ya 40 días desde la partida del equipo de kallian; algo iba mal podía presentirlo ni siquiera se habían reportado no habían mandado ningún mensaje, ya no podía seguir así, tenía que hacer algo.
Alguien llamo a su puerta y después de un "pase" uno de los guardias entro -Su alteza perdón por la intromisión, pero un mensajero de la escuadrilla de kallian está aquí –
-Hazlo pasar inmediatamente y manda llamar a mi hija quiero que esté presente-
-Enseguida su alteza-
Zelda corrió lo más rápido que pudo hasta llegar al despacho de su padre ni siquiera llamo la puerta para entrar, los modales ahora no le importaban en absoluto solo quería saber lo que estaba pasando con kallian y el resto de sus hombres, algo dentro de ella esperaba verlo ahí a él, diciéndole que todo había salido bien, de verdad quería eso, necesitaba pensar eso para reconfortarse a sí misma. Cuando abrió las puertas no se encontró con kallian solo vio un hombre sentado enfrente de su padre, llevaba una venda en su brazo derecho atada a su cuello, tenia múltiples moretones en su rostro y por su posición de las piernas diría que también se había lastimado al menos una de ellas, lo reconoció sin embargo, era el mejor amigo de kallian, Vaat, muchas veces había hablado de él, lo describía como un hombre responsable y honesto quien había sido su mejor amigo desde que ambos eran jóvenes, eran compañeros en el escuadrón, le había dicho que él era la única persona a la que le podía confiar todo.
Ninguno de los tres presentes dijo nada, el rey sostenía su cabeza con ambas manos apoyadas sobre su escritorio, Vaat miraba fijamente a Zelda quien aún se encontraba parada en la puerta, antes había esperado que fueran buenas noticias pero ahora sabía que no sería así, miró a Vaat con ojos expectantes pidiendo respuestas aún sin preguntar, él solo bajo la mirada y movió su cabeza de un lado a otro en señal de negación, fue suficiente para ella, las lagrimas comenzaron a salir estrepitosamente de sus ojos, sentía un enorme nudo en la garganta que amenazaba con asfixiarla, llevó sus manos temblorosas a su boca como intento para reprimir los sonoros sollozos que ahora estaban saliendo de su boca, no pudo sostenerse más y cayó de rodillas al suelo; comenzó a llorar ¿cómo era posible?, respiraba pesadamente intentando tranquilizarse una idea cruzó por su mente, quizás había un error, si podría ser eso ni siquiera había dejado que el mensajero hablara, tenía que ser un error kallian no podría estar muerto, el siempre había sido un guerrero hábil no podía morir fácilmente. Con esa última gota de esperanza se incorporó lentamente y se sentó al lado del mensajero, quería saber cómo sucedió todo quizá aún había algo que podía hacer. –dinos lo que sucedió-
El hombre miró por un segundo los ojos rojos de la princesa, sin soportar más desvió su mirada hacia otro parte –hace cinco días y después de haber buscado por un mes entero encontramos una aldea que había sido atacada, la mayor parte de ella eran ya cenizas de las chozas y cabañas que antes estaban ahí, por órdenes de kallian buscamos por casi toda la tarde algún sobreviviente, pero a pesar de que buscamos minuciosamente no encontramos a nadie; o los bandidos no habían dejado sobrevivientes o los pocos que si lo hicieron se habían ido del lugar, esa noche instalamos un campamento no muy alejado de esa aldea, el primer turno de vigilancia tomó sus respectivas posiciones, hasta ese momento todo marchaba con normalidad, de pronto en la madrugada y sin que nos diéramos cuenta un grupo de varios hombres montados a caballo habían rodeado el campamento, los encargados del turno de vigilancia estaban muertos en sus lugares , comenzaron a disparar flechas con fuego obligándonos a todos a salir de nuestras tiendas, nos tomaron de sorpresa y nos superaban en número pero aún así luchamos, poco a poco nuestro número fue disminuyendo, al final kallian era uno de los pocos que aún quedaban en pie, peleaba contra un hombre armado con una lanza que derrotó con facilidad, él no se dio cuenta pero desde mi posición pude ver a un hombre montado a caballo que le estaba apuntando con un arco, intente advertirle pero en el momento que el volteó una flecha atravesó su pecho, dejó su espada caer al suelo e intento sacar con las manos la flecha, otro hombre se acerco a él y le clavó la espada en su espalda, inmediatamente kallian se desplomo al suelo, estaba muerto, lo último que recuerdo antes de quedar inconsciente fue como el hombre sacaba la espada de su cuerpo, lo arrastró cerca de una pendiente del río Zora y arrojó su cuerpo-
Las últimas palabras de aquel hombre fueron las más crueles que había escuchado jamás, oír de la muerte de personas era habitual al fin de cuentas es el ciclo natural de la vida, pero hablar de la muerte de una persona que amas es completamente diferente, adquiere otro significado uno más hiriente y profundo, su vida había sido arrebatada de una manera cruel, había muerto a manos de otro hombre que seguramente seguía su vida como si nada, sin arrepentimientos por el dolor que había causado, como si no hubiera matado a otro ser, las emociones de Zelda estaban divididas ahora, por un lado la profunda tristeza por la muerte de su prometido y por otra la rabia de saber que quien había realizado un acto tan cruel aun andaba libre. Siempre que escuchaba hablar de los castigos físicos a los cuales eran sometidos algunos prisioneros siempre causaba en ellas compasión y tristeza ante su sufrimiento, pero por primea vez en su vida deseo poder ver el sufrimiento en aquel hombre, castigarlo hasta que sufriera tanto como kallian, tanto como estaba sufriendo ella ahora. Lo odiaba, odiaba con todo su ser a quien quiera que fuera que le había arrebatado al hombre que amaba.
-¿Qué paso con su cuerpo?-
-Hemos enviado ya a un grupo de soldados al lugar, tienen la orden de buscar también en el rio-.
La despedida de los soldados caídos en aquella batalla fue todo un suceso en la ciudadela, casi todas las personas salieron a ver el recorrido que hacían los ataúdes desde los cuarteles generales del ejército hasta el vasto campo detrás del templo del tiempo que hacía de parte un cementerio para ellos, la tristeza que se sentía en el ambiente también era algo que destacaba, varias mujeres lloraban sin consuelo, de seguro madres que lloraban a sus hijos, y es que la mayoría de los soldados eran muy jóvenes aún. El sabio del templo ofreció una misa al aire libre mientras los ataúdes de todos los soldados de aquel escuadrón habían sido sepultados excepto uno, el capitán, y es que por más que buscaron su cuerpo en los alrededores del campo donde se había librado la batalla no lo pudieron encontrar, aun así una lapida fue construida en su honor como reconocimiento a su valeroso servicio a la corana y como consuelo para su familia.
Zelda solo veía como más tierra era lanzada a las fosas cubriendo las cajas de madera y aun así, le costaba creer que tal desgracia estuviera sucediendo, kallian le había asegurado que todo estaría bien que era una misión sencilla ¿y entonces que significaba esto?.
-Será mejor que nos retiremos ya, parece que pronto comenzara a llover –
Zelda despegó su mirada un momento de las tumbas para mirar al cielo, gruesas capas de nubes grises amenazaban con dejar caer su lluvia pronto, la mayoría de las personas ya se habían ido y ella ni siquiera había reparado en ello.
-Aún no quiero irme Ashei necesito estar aquí un poco más-
-Cómo digas, iré a conseguirte un paraguas enseguida regreso-
Una mano se apoyo en el hombro de Zelda, un gesto de apoyo y comprensión que nunca imagino de quien provenía. Ilia estaba a su lado la mirada fija al frente y su cara vacía de expresión.
-Es terrible no es así, todos esos valientes hombres murieron por defender a las personas, todos ellos tuvieron la desgracia de ser encomendados a esa misión, no merecían morir, ninguno de ellos, ahora las familias de esos pobres hombres están sufriendo la mayor desgracia de este mundo, la pérdida de un ser amado, y eso es algo irreparable –
-¿Por qué me dices esto?-
-Porque kallian y yo nos amábamos, y ahora lo he perdido para siempre-
La declaración de Ilia la dejó congelada en su sitio, su mente fallaba lastimosamente tratando de procesar la magnitud de sus palabras. Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer.
-Debes estar mintiendo, kallian se iba a casar conmigo-
La fría mirada de Ilia se fijó en ella –yo no dije que no se iba a casar con usted alteza, pero entre los dos había algo especial- terminando esas palabras se alejó del lugar, dejando a Zelda consternada ¿Qué significaba eso? .La lluvia caía ahora fuertemente sobre ella empapando su cabello y pequeñas gotas de lodo ensuciaban sus faldas, se llevó las manos temblorosas a la boca intentando sin éxito acallar la nueva oleada de llanto que se apodero de ella, sus piernas no pudieron sostenerla un minuto más y cayó de rodillas, la combinación del llanto en sus ojos y la intensa lluvia nublaba completamente su visión, todo lo sucedido después aparecía en su memoria como un simple borrón de escenas sin sentido.
Ahora sentada en su cama, a dos semanas de que ocurriera el funeral, aún seguía pensando en las palabras Ilia, ¿sería verdad?¿Kallian no la amaba? ¿Desde cuándo estaba con ella?, a pesar de la revelación de Ilia ella no podía dejar de pensar en él, porque aunque si de verdad le había mentido ella aún lo amaba. Con su mano tomó el dije que colgaba en su pecho, detrás del escudo de armas, su nombre grabado, su mayor tesoro.
Los días pasaban y Zelda cada día intentaba retomar su habitual rutina, lo mejor para ella era mantenerse ocupada, ahora mismo estaba en el pabellón de entrenamiento adjunto al castillo, con arco en mano disparaba flecha tras flecha, todas ellas alcanzando su objetivo en las dianas. Rusl entro corriendo al patio, respiraba con dificultad y las manos le temblaban al igual que su voz cuando intentó hablar por primera vez –Su alteza- Zelda se sorprendió por haberla llamado tan cordialmente después de todo ella había sido la prometida de su hijo y siempre se habían considerado tan cercanos como para llamarse por su nombre de pila –Que pasa Rusl- parecía que no encontraba las palabras para comunicar lo que quería decir, dirigió una mirada hacia Impa que sin necesitar palabras pareció entender la situación acercándose más a Zelda pues necesitaría de su apoyo –El rey, tu padre, acaba de morir, lo siento mucho-.
Sentía como ningún músculo de su cuerpo quería responder, por un momento lo único que pudo hacer fue aspirar enormes bocanadas de aire intentando sopesar la noticia hasta que todo el peso de ella cayó sobre sus hombros, comenzó a gritar desgarradoramente mientras gruesas lagrimas recorrían su cara y terminaban mojando la tierra ahora bajo sus manos, Impa se arrodillo junto a ella dejando que se aferrara en su pecho mientras lloraba. Y por segunda ocasión Zelda se encontraba detrás del templo del tiempo, despidiendo ahora a su amado padre, Impa y Ashei estaban a su lado intentando darle fortaleza a una princesa devastada, que con sus hinchados y rojos ojos incapaz de llorar una sola lágrima más miraba fijamente como el dorado ataúd de su padre se hundía lentamente en la tumba destinada para él a un lado de quien fuera el amor de su vida y su reina. De frente la tumba de su padre, y un poco más atrás a la derecha la tumba de su amado kallian. Ahora todo lo que más había amado estaba al cuidado de las diosas.
¿Cuánto había pasado desde la muerte de kallian? Dos meses, se contestó Zelda mentalmente, mañana seria el día marcado en su agenda que había estado esperando con ansias por casi un año, el día de su boda, ahora solo quería que ese día pasara desapercibido por ella, aunque le resultaba imposible no pensar en ello, su hermoso y elaborado vestido de novia aún estaba guardado, su cuadro donde estaba junto con kallian estaba colgado en la chimenea del cuarto destinado para ellos -Es sumamente importante tratar ese tema justo ahora, ¿no lo cree así princesa?-.
La voz de uno de los miembros del consejo llamó su atención, hace horas que estaban encerrados en esta sala de juntas ¿acaso estos hombres no se cansaban de hablar y hablar? Todos se giraron hacia ella en busca de respuesta, Zelda solo movió la cabeza afirmativamente no muy convencida de lo que estaba aceptando, pero la cara de satisfacción de todos le anunció que había hecho lo correcto, los miembros del consejo estaban sentados en esa mesa; De la región de Loatan y representante de la casa de Ordon Lord Bo, de la región de Eldin y de la casa kakariko Lord Renado, el jefe de comercio, el embajador real Lord girahim, el comandante Rusl y por su puesto su mano derecha Impa, -podríamos comenzar proponiendo candidatos de aquí mismo de Hyrule, pero sería mucho más ventajoso la unión con algún candidato importante de otra nación- ¿unión? ¿Para ella? Maldición todo por no prestar atención a las cosas, cuan inhumana sonaba solo la mención del asunto considerando su situación –estoy de acuerdo- alguien más comento –Hyrule debe procurar un heredero al trono antes que nada- ¡maldición! pensó con desagrado la princesa ¿no conforme con solo casarla querían que tuviera hijos de inmediato? –recuerdo que hace unos meses el reino de Latham mando una propuesta de matrimonio por parte de uno de los hijos del rey, quizás aun estén interesados- por los siguientes minutos siguieron discutiendo el asunto; Zelda solo miraba con amargura aquellos que tenían la frialdad de decir sobre su vida como si de un objeto se tratara, uno que no les servía para nada si no estaba atada a un hombre y con hijos, realmente repugnante. Fueron muchos los candidatos mencionados el príncipe de Latham incluso su hermano, el hijo de su principal maestro y heredero de toda su fortuna, Shad, el hijo del rey Gerudo, al cual todos se negaron rotundamente, incluso alguien propuso a Lord Girahim, de no ser porque los herederos de las principales casas eran mujeres todas hubieran figurado para el puesto. Al final decidieron mandar una carta el rey Anthony para discutir una alianza por matrimonio.
De que le servía ser la princesa y futura reina si ni siquiera podía decir sobre su vida, tenía a su cargo y disposición las vidas de todo un reino pero sobre la suya no podía tomar decisiones, tan triste, pensó Zelda, vivir atada y encerrada en una jaula de oro construida perfectamente para hacer creer a los demás que estar ahí era lo mejor que les podría pasar en la vida, tan alejados de la realidad estaban todos, lo que daría ella por ser libre, explorar sin límites mas allá de las murallas y jardines del castillo, sin obligaciones reales, sin estándares que alcanzar, ahora estaba abriendo los ojos a la realidad. Su vida se estaba volviendo miserable.
Notas: Espero y les haya gustado, nos leemos pronto.
