Disclaimer applied.

Link al original:( /s/7416004/1/Clockwork-Circus )

Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos…


Acto III: Oh, the Deformity!

(¡Oh, la deformidad!)

Manchas de color púrpura habían aparecido en las muñecas de Leo, por las cadenas que habían estado alrededor de ellas durante una semana. Él bromeó al respecto con Echo al día siguiente, cuando ella las miraba con atención mientras él leía. —Piensa en ello como que somos parecidos —le dijo mórbidamente, pero con una sonrisa, lo que significó que Echo lo aceptara y continuara mirando al pelinegro leer.

—Oye, saca tu nariz de ese libro —una voz le interrumpió de malas, una figura familiar parada delante de él.

—...¿En serio me estas interrumpiendo cuando estoy a mitad de un capitulo? No se supone que una dama sea tan molesta. Ah, se me olvidaba, tú no eres una.

Charlotte se acercó para agarrar su hombro con firmeza. —Oh, la forma en que hablas, ¡es como si no te gustara tener tu cabeza unida al resto de tu cuerpo~! —dijo ella con voz cantarina, incluso cuando sus uñas se clavaban en la piel del pelinegro a través de su ropa. —Ahora cierra esa maldita cosa o te tiraré por la ventana.

Con una mirada y un suspiro, Leo marcó la página y depositó el libro sobre su regazo. —¿Qué es lo que quieres? —le preguntó, sacudiéndose su mano del hombro.

—El amo Glen quiere hablar contigo. Está en la sala de música ¡Así que no lo dejes esperando! —exclamó antes de salir pisando fuerte de la habitación del pelinegro.

¿Será que el tiempo sólo seguirá haciendo de ella una persona más susceptible? Después de que sus pisadas se hubiesen ido, Leo empujó sus gafas, mirando el reloj de péndulo de pie en su habitación. Cuando él y Echo se sentaban cómodamente en el silencio, no había nada más que su tic-tac, nada más que ver que la aguja girando a través de su danza.

—Seré rápido, ¿de cuerdo? —le dijo a Echo—. Puedes ir a visitar a Lily. Estoy seguro que le encantará un compañero de juegos.

La callada chica asintió y dejó la habitación en silencio.

Faltan unas tres horas para que nos marchemos, me pregunto qué querrá...

El pelinegro se levantó, colocando su libro de vuelta en la repisa antes de dirigirse a los pasillos de la mansión. Para ser un lugar que sólo albergaba siete personas y menos de un puñado de empleados, la mansión Baskerville era inmensa, con altos techos y muchas habitaciones vacías. A menudo se preguntaba qué uso podría tener todo ese espacio.

En la tercera planta superior, Leo comenzó a escuchar música. Para ser honesto, no estaba realmente sorprendido. Glen pasaba muchos días dentro de la sala de música, que ciertamente sólo estaba ocupada por un enorme y polvoriento piano negro. Él se encerraba ahí, tocando canciones que Leo conocía y melodías que creía conocer, a pesar de que no podía recordar exactamente có una sensación que hacía que su mundo se volcara y sus ojos se llenaran de lágrimas.

Glen tocaba hermosamente, realmente lo hacía. Leo pasaba horas intentando imitar aquel hipnotizante sonido, declinando la oferta del hombre de cabello oscuro sobre enseñarle. Esto era algo que quería lograr por su cuenta. Tal vez entonces los sonidos y canciones serían suyos, junto con los sentimientos que nunca podría nombrar cada vez que les escuchaba.

Pero entonces, a veces, la música que Glen tocaba en el instrumento producía furiosos sonidos, sonidos como los de un demonio aullando. Música que sólo podría ser llamada música en un lugar profano. Había incertidumbre en cuanto a si ejecutar semejantes piezas infernales debía reflejar cierta agitación interior que el hombre estaba experimentando, o si las disfrutaba. De cualquier manera, los sonidos aterrorizaban a Leo porque siempre le daban pesadillas cuando su mente reproducía las dementes notas una y otra vez...

Llamó a la puerta, alto para hacerse oír por encima de la cacofonía del furioso piano. De repente, un acorde fuera de tono bramó al otro lado de la puerta, señalando un reluctante final para la colérica ejecución. Fue un agudo contraste con la voz de terciopelo que le llamó desde el interior.

Leo abrió la puerta, inmediatamente encontrando a Glen en el banquillo del piano, su mirada violeta sobre las teclas blancas y negras delante de él. Adivinando que era mejor para disminuir la tensión, dijo en voz baja—: Charlotte fue a mi habitación y dijo que me llamabas. —Luego, más como una pregunta personal, inquirió—: ¿Estás...bien?

Le tomó un momento, y el espeso silencio parecía sólo ser asumido por los ecos fantasmales de la violenta pieza ejecutada momentos antes. Después de unos segundos, Glen finalmente se sentó un poco más derecho, colocando un mechón de cabello tras su oreja. —Estaré bien —dijo con voz áspera, aclarando su garganta inmediatamente después.

—Bien, odiaría ser el único perdido aquí —el pelinegro intentó bromear, incluso si no sonrió—. Te ves tenso.

—Tengo algunas cosas en mente. Este es... —se interrumpió, escogiendo sus palabras mientras un raro gesto arrugaba su frente—. Este es sólo un mal momento. — Volvió la cabeza y levantó una mano enguantada. —Ven.

Leo se acercó tentativamente, tomando asiento al lado del hombre de cabello oscuro.

—¿Te entregó Charlotte la carta?

—Sí.

—¿Y sabes que debes dársela a un hombre llamado Isla Yura?

Leo asintió. —Es el maestro de ceremonias del circo —declaró, retransmitiendo la información que Lily le había dado ayer. Miró a Glen igualmente. —Así que, ¿esto es sólo para asegurarte de que tengo todo listo? No es la primera vez que capturamos Cannibal Marionettes, Glen. —Bajó la vista al pronunciar el nombre. Hacía casi un año que dejó de dirigirse a Glen como su padre, y aunque había sido su decisión, se encontró aún no acostumbrado a ello.

Glen lo ignoró y le dio a Leo una mirada severa. —No; viste el sobre y el sello que puse en él. Sabes que esta no es como las otras misiones. —Tomó una respiración profunda, su semblante mostrando distracción. —Es más que...los monstruos.

—¿Entonces quieres que vigile por si hay algo más que CM's? —preguntó Leo. La tarea ciertamente era diferente de cualquier cosa que Glen le hubiese pedido. Así es como eran generalmente todas sus misiones en primer lugar: sacar a las Cannibal Marionettes de donde quiera que estas aparezcan. Pero esto es raro, pensó Leo, ya que todas supuestamente fueron exterminadas hace trece años. No sería extraño que unas cuantas vivan aún, pero con el paso de los años hemos acabado con cientas.

No tiene sentido...

—Te has dado cuenta de algo —declaró Glen tranquilamente.

—Es solo que...¿De dónde viene las CM's? Por lo que me dijiste hace unos años, no debería haber ninguna de ellas a menos que también haya demonios merodeando alrededor. —Miró hacía su figura paterna. —¿Y no fuiste tú quien se deshizo de ellas?

Glen asintió, la desaprobación regresando a su rostro. —Es verdad. Ese es el por qué he estado investigando el patrón de apariciones de las Cannibal Marionettes durante los últimos meses. Esto es lo que encontré —dijo, abandonando el banquillo para acercarse a la ventana. Afuera, el sol estaba comenzando a ocultarse—: Al parecer las apariciones de las Cannibal Marionettes han mantenido un patrón y ellas nunca cruzan por el mismo lugar dos veces. Con estas dos pistas, me las arreglé para predecir dónde sería la siguiente aparición. ¿Recuerdas el ataque a Latowidge?

—Fang y Doug fueron a esa misión —respondió Leo—. Pero esa fue la última vez que hubo una misión para exterminarlas. ¿Estás diciendo que...tú previste ese ataque?

—Cuando comprobé que tenía razón después de eso, vi que cierto circo también había estado ahí. Quizá conecté los puntos demasiado rápido en mi cabeza, pero pensé: «un circo sigue una trayectoria precisa, al igual que las CM's».

Glen abrió la ventana y corrió los cristales. Unos segundos después, la habitación se llenó con una brisa fresca que agitaba su cabello.

—Así que es eso entonces —concluyó Leo—. Encontrar la relación, si la hay, entre el circo y las apariciones de las Cannibal Marionettes. No estoy seguro de qué esperamos encontrar, pero me mantendré alerta. Se lo diré también a Lily y Echo.

Glen asintió, alejándose de la ventana. —Cuidado con lo que hacen —le dijo, caminando de vuelta al banquillo del piano. Buscó dentro de su bolsillo y sacó tres tiras de papel rojo, ofreciéndoselos al pelinegro aún sentado.

Dudoso, Leo los tomó. —¿Qué es esto?

—Sus boletos —respondió Glen, parpadeando sorprendido por la reacción de Leo—. Ustedes tres irán al circo, así que naturalmente... —Sus labios se volvieron una fina línea y apartó la mirada con indiferencia, de vuelta hacia la ventana abierta.

—Leo, quiero que seas cuidadoso. Verás y oirás muchas cosas ahí, cosas que te harán sentir incomodo, tal vez incluso enojado. Pase lo que pase —sus profundos ojos violetas brillaron hacia Leo peligrosamente—, no repitas lo del asilo. No pierdas el control.

Ante esto, Leo se levantó, colocando los boletos en su bolsillo. Aunque sabía que Glen tenía razón, no pudo evitar replicar en defensa. —No te preocupes, Glen —dijo con una pequeña sonrisa—. Estar encadenado te obliga a aprender algunas cosas…

oOoOo

Durante el viaje hacia el circo, Leo bajó la vista para examinar su boleto. Antes, cuando se estaban reuniendo para partir, había entregado a Lily y Echo los suyos, la primera dando saltos arriba y abajo, encantada, mientras que la última le miró sin comprender.

El pedazo de papel rectangular era más de un color naranja oscuro que rojo de lo que Leo había pensado al principio. Un diluido amarillo como el de flores marchitas bordeaba el boleto y ahí, en el centro, estaba la imagen de un reloj con trece horas. Justo debajo de éste, estaban las palabras «The Clockwork Circus». [1] El pelinegro frunció el ceño, preguntándose qué clase de nombre se supone que era ese.

El carruaje se balanceó un poco más de lo que debería y Leo suspiró.

—Lily, por favor tranquilízate. Si sigues saltando así sólo conseguirás estar demasiado cansada para ver el espectáculo —dijo, sin apartar la mirada de su boleto. Ya estaba bastante enfermo por el sinuoso viaje como para que la emoción de la pequeña lo empeorara. Y ya estaban cruzando por el bosque sin senderos, lo que no ayudaba en nada pues las ruedas luchaban contra las raíces de los árboles, ramas y rocas.

No puedo imaginar a nadie pasar por este problema sólo para ver un...

—Lily, Echo, por favor recuerden estar alerta por cualquier cosa que parezca relacionarse con las Cannibal Marionettes; cualquier cosa sospechosa.

Echo asintió lentamente. —Sí, señor Leo.

—¡Lo haré, Leo! ¡Lo haré! —prometió Lily, saltando en su asiento. Casi tropezó cuando el carruaje se detuvo de pronto en medio del bosque. Se oyó el sonido de pasos y su cochero abrió una de las puertas, luciendo una mirada de disculpa.

—Ah, l-lo siento, damas y caballero —comenzó débilmente—, pero cualquier camino que hubiese parece estar cerrado, y los árboles se están volviendo más gruesos.

—¿Tenemos que ir a pie desde aquí? —preguntó Lily, mirando a Leo.

Con un profundo suspiro, él asintió. —Sí, tenemos que hacerlo. Glen nos envió en esta misión y no podemos simplemente abandonarla. Gracias de todas formas, Anthony —le dijo al cochero mientras saltaba fuera.

—¿E-estarán bien?

Leo le ofreció una sonrisa. —No te preocupes, sólo ve a casa, ¿de acuerdo? Nosotros conseguiremos otro carruaje para regresar a la mansión. —O simplemente montaremos a Jabberwocky. Es lo suficientemente resistente para llevarnos a los tres...

Mientras el carruaje se alejaba de su vista, Leo se pasó una mano por el cabello con cansancio. —Bueno, cuanto antes nos pongamos en marcha, más pronto llegaremos —dijo, tendiendo una mano para invocar a Jabberwocky. Un susurro a unos metros delante de ellos, le detuvo y se quedó paralizado. Se oyó el crujido de ramas y hojas, y tal vez incluso algo parecido a voces. Definitivamente humano, al menos.

—Hey, ¿escuchaste eso? —susurró Lily.

—Vamos a seguirlo; posiblemente nos lleve al circo —dijo Leo, tomando a ambas chicas de las manos—. Estén alertas, ¿de acuerdo? Vamos...

Se movieron entre los árboles, casi tropezando con las raíces de vez en cuando, debido a la luz que seguía hundiéndose más y más. La noche se acercaba rápidamente, pintando el bosque de azul oscuro y negro, las sombras pareciendo estar en todas partes. Los ruidos nunca cesaron justo desde el frente, pero Leo estaba empezando a preguntarse si alguna vez llegarían a su origen...

Pasaron algunos minutos hasta que Echo tiró repentinamente de su manga, mirando al frente.

—Señor Leo, creo que esa es la carpa, ¿verdad? —preguntó ella, apuntando entre los árboles.

—¡No es justo, yo no puedo verla! —exclamó Lily mientras cogían ritmo.

—No te preocupes, Lily. Ya casi llegamos al cla...ro —Leo se detuvo cuando el grueso anillo de árboles desapareció de repente y ellos se hallaron al borde de un claro. Había otras personas junto a ellos, siguiendo el ruido y la música que era demasiado alta, viniendo de una enorme carpa amarilla. La luz brillaba en el interior, dándole la apariencia de una lámpara de papel que resplandecía en la noche. Una luciérnaga. Un festival en vivo en su propio, pequeño mundo.

Leo volvió la mirada hacia el oscuro bosque mientras Echo y Lily le arrastraban con ellas. ¿Cómo estaban la luz y la música tan bien bloqueadas? No pude sentir nada. Cerró los ojos con cansancio. Mierda, ¿qué si estoy perdiendo el control...?

Lily miró hacia la carpa con ojos bien abiertos. —¡Es tan grande! —exclamó asombrada.

—¿En serio nunca habías estado en un circo? —le preguntó Leo, pero él estaba mirando hacia la carpa también. Ahora que estaban cerca, podía empezar a distinguir las siluetas negras y anaranjadas de las cosas en el interior.

El cabello de Lily golpeó sus mejillas mientras ella negaba con la cabeza. —No-oh. Toda mi vida fue sólo oscuridad, y gente odiándome sin razón. Por tener esto, supongo —dijo ella, tocando la perfecta marca carmesí en su mejilla. Esa era la razón por la que Lily era un Crimson Faust. Su madre había sido una, transformada durante la tragedia de Sablier, pero repentinamente ella perdió sus poderes cuando Lily nació.

Tanto Fang como Glen encontraron fascinante el caso de Lily. No sólo porque esto demostraba que los Crimson Fausts aún podían reproducirse, sino porque su descendencia heredaba sus poderes. Y los robaba. De pronto Leo recordó al Dr. Atmore, pensando en que Lily era la verdadera segunda generación de Crimson Fausts.

Leo se agachó para tomar su mano de nuevo. —Vamos, hay una carpa más pequeña justo ahí hacia donde está yendo la gente. Esa debe ser la taquilla.

La pequeña carpa era un angosto rectángulo que no dejaba mucho espacio para quien sea que estuviese dentro, y tenía rayas moradas y verdes por todas partes. La gente entregaba casualmente sus boletos, parloteando entre si emocionadamente a medida que continuaban su camino hacia la carpa más grande. Desde su perspectiva, todo lo que Leo podía ver en ese momento era un brazo extenderse para tomar los pedazos de papel anaranjado.

En el interior de la pequeña carpa sólo hubo oscuridad cuando Leo y las dos chicas se acercaron. Él frunció el ceño, apoyándose sobre el mostrador mientras miraba dentro. —Acabo de ver a alguien aquí —murmuró, más que nada para asegurarse de que no estaba loco.

—Oh cielos, lamento haberlos hecho esperar —comentó una voz masculina con un suspiro. Leo dio un salto, dándose la vuelta para enfrentarse con un hombre de piel pálida, con cabello igual de pálido cayendo sobre uno de sus ojos, el otro de un brillante rojo vino. Éste le ofreció al pelinegro una cordial sonrisa, deslizándose dentro de la carpa por la parte trasera. —Deben disculparme, decidí salir a tomar un poco de aire fresco.

Ante el silencio de Leo, ladeó la cabeza ligeramente. —¿Le asusté, señor? —preguntó con voz complacida.

—Yo...no, no importa. Supongo que si esto es un circo, tengo que acostumbrarme a este tipo de cosas... —razonó, tomando los tres boletos y colocándolos sobre el mostrador.

—Oh, no eres divertido. Me recuerdas a Oz cuando le conocí. ¿No es así, Emily? —preguntó el hombre a la muñeca sentada sobre su hombro mientras tomaba los boletos. Ésta tenía una abierta sonrisa y un lazo en la parte superior de su cabeza...y respondía con voz chirriante—: ¡Así es! ¡Así es! No es divertido en lo absoluto.

Habló...

—¡Habló! —exclamó Lily alegremente.

—Habla —confirmó el hombre de cabello plateado con una sonrisa—. Diles cómo lo haces, Emily. —Para sorpresa de Leo, la muñeca inclinó la cabeza y saludó.

Después de comprobar que la boca del hombre no se movía cuando la muñeca hablaba y que, con excepción de su hombro, no hacía ningún contacto con ella para nada, Leo preguntó—: No es ventriloquia lo que nos está mostrando, ¿verdad?

—Oh, verán muchas cosas extrañas esta noche —aseguró el hombre. Después, en un hilo de voz, añadió a través de una sonrisa—: Quizá incluso las cosas extrañas que ustedes están buscando. Cosas a las que les gusta comerse a la gente. Pero ¿serán capaces de ver a través de todo el engaño de este espectáculo?

Leo ensanchó sus ojos, dando un pequeño paso hacia atrás. ¿Es este hombre como el Dr. Atmore? No, había algo más, algo...más misterioso, aunque el aura que Leo sentía no era maliciosa. —Nos iremos ahora. Gracias, Señor Recaudador de entradas.

—Xerxes Break para los visitantes frecuentes —se presentó éste, inclinando su cabeza ligeramente—. Tengan una maravillosa estancia~.

Cuando el pelinegro miró hacia atrás, vio que la carpa a rayas se había ido.

oOoOo

Las gradas formaban un círculo, rodeando un espacio circular en el medio de la carpa donde las actuaciones tendrían lugar. Ésta lucía grande desde el exterior, pero por dentro era enorme, más grande de lo que parecía la mansión, como si estuvieran de pie en un sol de papel. La gente estaba riendo y susurrando en todas partes, y se escuchaba la amable vocalización de las cuerdas de un violín viniendo de algún lugar, llenando toda la carpa con música alegre.

¿Es este realmente un lugar que podría estar conectado con las Cannibal Marionettes?

Lily, mientras asaltaba su manga de nuevo, trataba de halarle hacia la dirección que ella estaba tomando. —¡Leo, Leo, por aquí! ¡Quiero sentarme justo ahí! ¡Vamos, vamos, vayamos antes de que alguien más venga!

—L-Lily, ¿qué te dije sobre calmarte? —le espetó, agarrando rápidamente la mano de Echo para que no se perdiera. En ese momento, ella estaba mirándolo todo con una expresión un tanto confundida, como si estuviera tratando de asimilar el significado de todo a la vez.

Los asientos que Lily había encontrado para ellos estaban en alguna parte alrededor de la mitad, de modo que podían ver bien la pista central, mientras que Leo aún podía inspeccionarlo todo en su mayoría. Por el momento, no encontraba nada digno de señalar. Bueno, al menos no algo relacionado con la misión. A pesar de todo el ruido, Leo se encontró cada vez más emocionado. Glen nunca le sacó mucho cuando era pequeño, mucho menos a algo parecido a un circo. Hasta entonces, éste había sido sólo un evento del que había leído. Su anticipación estaba creciendo tanto como la de Lily.

—Echo ha estado en uno de estos antes —Echo habló de pronto, tan quedamente que Leo por poco no le hubiera escuchado—. Fue cuando ella todavía era pequeña. Estaba sola. No dejaba de oír...oír a Noise...Pero entonces escuché las voces de esta gran carpa. Deambulé al interior y encontré allí a un hombre. Él cuidó de mi mientras el espectáculo continuaba, me dejó dormir en su vagón y robó algunas manzanas y pan para mí.

—¿Fue en este circo? —apremió Leo.

Echo sacudió la cabeza. —Fue hace demasiado tiempo. Echo estuvo atrapada en el asilo por años, donde siempre estaba oscuro y sucio. Por otro lado, así era la vida antes de eso. La madre de Echo...no quería oír sobre Noise.

Leo parpadeó sorprendido a la mención de la madre de Echo y su pasado. Esa era la primera vez que ella pronunciaba una palabra al respecto. Abrió la boca para preguntar más cuando la luz de repente se atenuó dentro de la carpa, la iluminación cada vez mayor en la pista central. El silencio se apoderó de la multitud entonces, y la música de violín se detuvo. Lily saltó a su lado.

Cuando sus ojos se ajustaron al cambio de luz, Leo encontró a un hombre entrando a la pista vacía, sobre un gran podio circular de color rojo. Estaban tan cerca que Leo podía ver la piel ligeramente bronceada y el cabello color rojo sangre, pero esos eran los únicos detalles que el pelinegro podía distinguir.

—¡Ah, están aquí, están aquí! ¡Qué maravilloso! —el hombre exclamó repentinamente, con una voz tan chirriante como había sido la de Emily. Su voz resonó por la silenciosa carpa, sorprendiendo a algunas personas con el poder detrás de ella. —Mi nombre es Isla Yura. Soy el maestro de ceremonias de "The Clockwork Circus".

»Les presentaremos esta noche, el triste destino que algunos en este mundo cargan consigo —anunció, yendo y viniendo en su plataforma circular—. Niños a los que Dios ha abandonado. Niños que ni siquiera pueden sostener los miembros temblorosos con los que nacieron. Estos niños lloran sin razón, palabras distorsionadas por sus malformadas lenguas. [2]

Mientras Isla Yura hablaba, se produjo una pequeña y repentina procesión de personas entrando a la pista. Ellos dudaban sobre entrar a la luz, e incluso desde la distancia, Leo podía jurar que veía las muecas que todos ellos llevaban en sus rostros embadurnados de maquillaje y brillo, y máscaras. Ellos, concluyó, deben ser los fenómenos.

Había una chica de cabello corto que se elevaba por encima del resto por lo menos la estatura de otra persona. Otra de cabello oscuro que caía por su espalda, una venda plateada sobre sus ojos. Un chico con media máscara. Otro de cabello dorado y cosas blancas brotando de su espalda. Cada uno de ellos era más extraño que el anterior, y había muchos más, pero la atención de Leo fue llevada de vuelta hacia el maestro de ceremonias cuando éste habló de nuevo.

—Ellos sonríen a través de sus deformidades, deseando traer diversión a las personas que miran hacia ellos a través de la oscuridad, anhelando la risa. Por favor, cálmense e inclínense más cerca.

»Y dejen que el espectáculo de los fenómenos comience.

oOoOo

Los tres Baskervilles miraban el espectáculo sin decir nada, con excepción de los aplausos y jadeos de asombro de Lily. Y la risa. Parecía ser siempre la risa. Aun así, Leo podía ver que las sonrisas en los rostros de los fenómenos eran demasiado anchas.

Todo era brillante. Todo poseía un brillo y canto sobrenatural. Leo no podía dejar de estar fascinado, capturando las vistas y sonidos rápidamente, tratando de absorberlos antes de la aparición del próximo acto. Entre las acrobacias de los fenómenos y las reacciones de la multitud, le estaba resultando difícil mantenerse alerta a cualquier cosa sospechosa.

Cualquiera de esos fenómenos podría ser la Cannibal Marionette...

Isla Yura regresó al escenario de nuevo, como siempre hacía una vez que un acto terminaba para anunciar el siguiente. Leo apenas estaba poniendo atención a la introducción de una pareja llamada «Diva y Humpty Dumpty» cuando cierta pesadez comenzó a apoderarse de su cuerpo. Casi se tambaleó, su hombro chocando con el de Echo.

La pálida chica le miró con silenciosa preocupación. —¿Señor Leo?

—Lo siento, creo sólo estoy cansado —le dijo, riendo secamente.

Una dulce melodía comenzó a escucharse dentro de la carpa, como si estuviesen todos en el interior de una caja musical. La chica de antes, con el cabello largo y una venda, llegó al centro del escenario, tomando el lugar de Yura. Su vestido púrpura claro se balanceó, volando como los pétalos de una flor cuando ella dio un giro, sus labios abriéndose para entonar una hipnotizante canción como una cantante de ópera. Al principio, ella sonaba perdida, sus notas cortas y fugaces, y su cabeza moviéndose de un lado a otro como si buscara.

—Tiene una hermosa voz —susurró Lily, sus ojos brillando con admiración.

—Sí, la tiene —concordó Leo, frunciendo levemente el ceño. La forma en que ella cantaba...casi le recordaba a Glen cuando tocaba el piano...como si ella estuviera vocalizando una melodía que él debía conocer pero, por supuesto, no podía recordar. Las notas suaves del fondo llovían sobre ellos como diamantina, haciendo a Leo querer cerrar los ojos y sólo ver estrellas plateadas.

La canción llegó a un crescendo,[3] y la chica giró como una bailarina, su voz llenando la carpa, elevándose por encima de los juguetones sonidos de la caja musical complementando su canción. Cuando ella alcanzó la melodía principal de nuevo, Leo repentinamente notó movimiento en la parte superior de uno de los postes que sostenían la carpa. Otras personas comenzaron a notarlo, señalando y gritando a un chico de pie en un extremo de la cuerda floja, un centenar de pies en el aire.

—¡Oh! —exclamó Lily.

La chica, Diva, terminó de cantar mientras la melodía de la caja musical continuaba. Ella también miró hacia arriba, sus manos tras su espalda.

La cuerda se veía lo suficientemente gruesa pero, por supuesto, Leo no estaba seguro desde esa distancia, y él nunca había caminado sobre una cuerda floja antes. El chico comenzó a moverse, la luz brillando sobre él. No llevaba nada de ropa, salvo por unos pantalones azules que le llegaban a las rodillas, así que todos podían ver los irregulares grabados de gruesas marcas negras por toda su piel. Leo frunció el ceño, entrecerrando los ojos en un vano intento de ver mejor al chico. Éste caminaba lánguidamente, pareciendo no tener ninguna dificultad cruzando la cuerda, jamás tambaleándose con incertidumbre. Sus brazos extendidos le daban un extraño aspecto de estar flotando, y su cabeza nunca dejaba de mirar al frente.

Era como si él no viera a nadie más en el mundo.

Por alguna extraña razón, el corazón de Leo latía con fuerza en sus oídos. Estaba seguro que las otras personas, conteniendo el aliento, podían oírlo también. Toda su atención estaba en ese chico, de pie encima de la multitud, ajeno al peligro que corría. El pecho del pelinegro estaba empezando a doler de nuevo, pero no le importó, intentando ignorarlo.

El chico, Humpty Dumpty, estaba a la mitad de su camino por la cuerda. Sus brazos comenzaron a inclinarse en ángulos mientras él empezaba a flaquear, aunque los ángulos eran demasiado exagerados. Entonces Leo lo vio. El chico se detuvo, tambaleándose ligeramente, un pie elevándose delante de él. El calor subió a las mejillas de Leo cuando el pánico hinchó su pecho. ¡No...! El pie descendió, pero más allá de la cuerda. El cuerpo del chico se precipitó hacia un lado. La gente gritó alarmada.

Él estaba cayendo.

Leo no tuvo tiempo de pensar, no tuvo el lujo hacerlo. Salió disparado de su asiento, invocando al mismo tiempo a Jabberwocky, sin importarle quien veía. Más tarde, recordaría vagamente a Echo y Lily llamándole mientras él montaba su guadaña y volaba hacia la pista.

Humpty Dumpty no estaba haciendo ruido alguno, su espalda mirando hacia el suelo mientras sus extremidades volaban delante de él. Leo se zambulló, el aire frío azotando su rostro mientras extendía un brazo para sostener al chico cuando éste cayó sobre Jabberwocky. La guadaña se sacudió por el repentino impacto, pero Leo se las arregló para equilibrarla, sosteniendo con fuerza al muchacho.

—¡Qué demonios–! —Humpty Dumpty agarró súbitamente la espalda de la chaqueta de Pendulum de Leo, una mirada de pánico en su rostro maquillado. Buscó por todos lados, hasta que unos ojos de un penetrante color azul se encontraron con Leo—. ¡¿Quién demonios eres tú?!

—Abyss, ¿quieres no enfadarte ya que acabo de salvar tu vida? —replicó Leo, su corazón todavía martilleando en su pecho. El chico estaba en un ángulo incómodo entre sus piernas, así que dijo—: Agárrate fuerte de mi hasta que aterricemos. No quiero que caigas.

Una mirada un tanto furiosa cruzó el rostro del chico mientras sus labios pintados de azul hacían una mueca. —¿No quieres que caiga? ¡Abyss, eso es lo que-! —Miró a su alrededor entonces, los ojos muy abiertos, y esta vez de verdad se aferró a Leo con fuerza—. ¿Qué es esta cosa?

—Mi... —el pelinegro dudó. ¿Cuál era el punto de no revelarlo ahora? Acababa de usar su guadaña frente a un montón de gente mientras usaba el uniforme de Pendulum. Su única esperanza era que, al menos, la mano de Humpty Dumpty estuviera aferrada sobre el Incuse...

La multitud estaba boquiabierta, exclamando con asombro cuando Leo suavemente tocó el suelo, deslizando cuidadosamente a Humpty Dumpty. Rápidamente, envió a Jabberwocky lejos, antes que la gente le diera un buen vistazo. —¿Estás...estás bien? —preguntó. Entonces Leo miró apropiadamente al chico que había salvado, notando su cuerpo por primera vez.

Sobre toda su piel ligeramente bronceada estaban las marcas negras, sólo que Leo vio que no eran sólo marcas. Los miembros de Humpty Dumpty y su carne se mantenían unidos por hilo negro y espeso. Eran puntandas que iban alrededor de sus brazos y piernas varias veces, un cerco justo encima de un estómago tonificado. Leo estaba contento por sus anteojos entonces, porque sabía que le estaba mirando con ojos muy abiertos.

Diva estaba buscando, perdida, en el podio, mirando a su alrededor desesperadamente. Humpty Dumpty lo notó y, mirando con molestia a Leo, caminó hacia ella con movimientos vacilantes.

Los rostros y ojos a su alrededor estaban abiertos por la sorpresa y el placer, y la risa. El impacto había muerto, dejando vendavales de humor. Ellos pensaban que Leo era parte del espectáculo. Entonces supongo que no importa que vean la chaqueta si creen que es sólo un disfraz.

Siguió a Humpty Dumpty al centro donde estaba Diva. El chico estaba alborotándole el cabello, diciéndole que estaba bien.

—¿Qué pasó? —preguntó Diva, agarrando su brazo con fuerza.

Humpty Dumpty lanzó una mirada a Leo cuando notó que el pelinegro le había estado siguiendo. —Este chico voló hacia mí y me atrapó antes de que cayera —dijo, una mirada cautelosa en sus intensos ojos azules mientras perfilaba a Leo. Por alguna extraña razón, el pelinegro sentía que no debía mirarle por mucho tiempo. Eso hacía que una extraña y aterradora sensación subiera por su columna.

—Mira —empezó Leo, cruzándose de brazos—. ¿Por qué hablas como si hubiese hecho algo malo? ¡Te salvé la vida, idiota!

—¡Tú eres el idiota! —gritó Humpty Dumpty, volviendo su rostro tan rápido que la brillantina dorada cayó de su cabello rubio. Empujó el pecho de Leo con fuerza. —¡Se supone que debía caer! ¡Estos! ¿Ves estos? —exclamó, tirando de sus puntos—. ¡Lo que sea que me pase, sólo tengo que volver a unirme de nuevo! ¡No iba a morir, idiota!

Le parpadeó, sorprendido. —¿Cómo puedes no...?

En ese momento, Isla Yura apareció. El pelinegro había esperado ira, quizá hasta una expresión tensa en su rostro, pero estaba sorprendido de ver que el hombre estaba sonriendo ampliamente. —¡Ah! ¡Qué espectáculo! ¡Toda una actuación! —exclamó con júbilo, juntando las manos—. ¿Asumo que usted es un Baskerville? ¿Un miembro de–? Ah, pero no deberíamos discutir eso aquí.

—Señor Yura —empezó Humpty Dumpty lentamente, cautelosamente—. Este chico arruinó el espectáculo. ¡Yo–!

—Calma —ordenó el hombre firmemente, un ligero ceño fruncido en su rostro—. Y vuelvan a sus carros. Las festividades post-función comenzarán muy pronto.

—¡Pero–!

Isla Yura repentinamente agarró el hombro Humpty Dumpty con fuerza y el chico se estremeció. Se inclinó, susurrando algo que Leo no podía oír, en el oído del rubio. Los ojos azules se ensancharon, una expresión temerosa en ellos que el chico parecía estar luchando por contener. Rápidamente, tomó la mano de Diva y se la llevó, tambaleándose todavía. Cayó al suelo una vez y Leo se adelantó, pensando que tal vez debería seguirlo. Yura negó con la cabeza.

—Estará bien una vez que Gilbert le cosa de nuevo. Ahora bien, señor Baskerville, si pudiera traer a sus amigos y esperar cerca de la taquilla. Pueden asistir a la demostración post-función si lo desean. Enviaré a Xerxes por ustedes cuando sea hora de discutir nuestros negocios~ —dijo, luego se dio la vuelta—. Por ahora, es tiempo de anunciar el fin del espectáculo.

Leo asintió lentamente, más que feliz de salir del centro de atención. Todavía sentía las miradas sobre él cuando la voz de Yura resonó de nuevo por toda la carpa y él volvía a las sombras. En otra esquina de la pista, vio a Humpty Dumpty y Diva escapar por una pequeña abertura al lado de la carpa, entre las gradas. El muchacho se detuvo y giró, mirando a Leo.

Incluso a la distancia, el pelinegro aún podía ver el intenso azul de aquellos ojos y las líneas cruzadas de las puntadas.

.


Anotaciones:

[1] The Clockwork Circus: El Circo Mecánico.

[2] Citando las palabras de Hitsugi: «La primera parte del discurso que Yura hace después de presentarse no me pertenece. Éste es de peachandhoney-san en youtube, quien hizo un perversamente maravilloso doblaje a inglés de la canción "Dark Woods Circus" de Vocaloid. ¡Así que vayan a escucharla! (youtube)/watch?v=sd8tAdh3oDk».

[3] Crescendo: Término que se utiliza en notación musical para indicar que se debe aumentar gradualmente la intensidad del sonido.


N/T: Bueno, finalmente Elliot y Leo han tenido su primera interacción, y no todo ha salido exactamente bonito. Ambos tienen un temperamento horrible y sin embargo, no he podido dejar de sonreír durante todo el desastre…hasta que apareció Yura, claro está. En serio, detesto a ese tipo…ugh. Oh, ¿Y ya tienen alguna sospecha de quienes son los integrantes del circo? Por allí ya volaron algunos nombres pero faltan…¡faltan! xD

Y dicho esto, me gustaría agradecer a quienes dedican un ratito a esta traducción leyendo, comentando y agregando a favoritos y alertas. ¡Mil gracias!

Antes de irse recuerden comentar, tanto sobre la historia como la traducción, y para aquellos que se manejan bien con el inglés, ¿qué tal pasarse por el perfil de Hitsugi y dejar un comentario para la autora?

¡Saludos a todos!

.

Editado: 28/11/2016