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Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos…

N/T: Doy la bienvenida a Elvenpath quien ha agregado a favoritos esta traducción y ha dejado un hermoso review. ¡Muchas gracias por el apoyo! Enjoy!


Acto IV: At the Bottom of Dreams

(Al fondo de los sueños)

Leo estaba esperando fuera de la carpa del circo, teniendo cuidado de ocultarse entre las sombras para que nadie se fijara en él. Especialmente después del espectáculo que acaba de dar. Casi puedo escuchar el regaño de Charlotte y Glen, a pesar de que no he perdido el control o algo. El «todavía»que colgó en su mente después de ese pensamiento le secó la garganta. No, no está ocurriendo esta vez. Ellos no tienen (yo no tengo) nada de qué preocuparse.

Sólo habían pasado algunos minutos antes de que Lily le descubriera y tomara la mano de Echo mientras caminaban en su dirección. O en el caso de Lily, saltaran. La pequeña se agarró de la parte delantera de su chaqueta, sus ojos sonriendo, brillantes, hacia él.

—¡Leo, eso fue taaaan increíble! Tú sólo volaste allí como...¡Whoosh! ¡Y salvaste a ese chico! —exclamó con asombro, dando brinquitos—. ¡Fue increíble! ¡Como si fueras parte del espectáculo! ¿Te uniste al circo sin decirnos?

—Nah. Y se supone que ese chico cayera. Yo sólo quería la atención.

—¿Queeé?

Echo se acercó a él silenciosamente. —¿Se encuentra bien, señor Leo? No creo que eso fuera parte de la misión.

Leo suspiró con cansancio, sacándose a Lily de encima. Lo que daría sólo por ir a casa y leer, como estaba haciendo antes de esto. —Tienes razón. Me pregunto si es prudente ir a casa cuando terminemos. ¿Creen que podríamos mantener esto sólo entre nosotros? —solicitó avergonzado, aunque no sabía por qué se sentía así en el primer lugar.

Alguna otra persona hubiera intentado salvarlo si tuviera el poder para hacerlo. Tengo el poder, entonces ¿lo que hice estuvo tan mal? Leo pensó en la respuesta de Humpty Dumpty por haber sido "salvado", un ligero ceño fruncido cruzando su rostro. Como sea, si quiere caerse, déjalo la próxima vez.

Lily llevó sus piernas juntas y enderezó su postura. —¡No diré nada! —prometió haciendo un saludo militar.

—...Cualquiera cosa que el señor Leo quiera —concordó Echo con el más pequeño de los asentimientos.

Al segundo siguiente, Lily estaba de vuelta colgándose de su manga. —Entonces, ¿a dónde está yendo la gente ahora?

—Yura mencionó algo sobre una demostración después de las actuaciones —recordó Leo, haciendo una mueca al rememorar el aura que el hombre traía consigo. Algo sobre el maestro de ceremonias no estaba bien, y la mirada horrorizada de Humpty Dumpty cuando Yura le susurró al oído sólo reforzó ese instinto.

Y los demonios tenían la tendencia de ir con sus instintos.

Leo asintió en dirección a la gente, hacia donde estaban haciendo su camino a un costado de la gran carpa, hablando y charlando sobre el espectáculo que acaban de ver. —Tal vez deberíamos seguirles —sugirió el pelinegro, alejándose de las sombras—, De todos modos, Yura enviara a alguien por nosotros cuando esté listo para hablar. Creó que a ese sujeto de antes, Xerxes.

—¿Crees que hay algo más ocurriendo, entonces? —preguntó Lily.

—Eso creo. Vamos. —Echo y Lily se arrastraron detrás de él mientras se alejaba hacia donde la gente deambulaba. Entonces, allí a un costado del bosque, tan cerca que casi eran tragados por las sombras de los árboles, estaba una línea de vagones, como en un tren desarmado. Grandes ventanas con barras de hierro, y lámparas de aceite iluminado débilmente las figuras sombrías en su interior. Cuando Leo se acercó, se dio cuenta de por qué la gente se detenía frente a los coches con variadas exclamaciones y expresiones de asombro, repugnancia, y diversión; dentro, mirando fijamente y tratando inútilmente de ocultarse, estaban los mismos fenómenos del circo.

Oh, una "demostración", pensó Leo, una sensación enferma haciendo que su estómago se sintiera ó la mirada hacia Lily, cuya sonrisa había desaparecido repentinamente ante la visión delante de ellos.

En el vagón más cercano, estaba un hombre joven de cabellera negra como la tinta acurrucado a un lado pero todavía cerca de la ventana. Debajo estaba pintado el nombre: «Raven». Éste estaba encorvado sobre sí mismo, con las rodillas tocando su pecho desnudo, haciendo las alas negras en su espalda aún más notables. Había cicatrices cubriendo sus hombros y omóplatos, las andrajosas alas negras incrustándose grotescamente en su piel. Las mujeres estaban agazapadas en el fondo como niños y los hombres se acercaban, tratando de llegar al fenómeno en la caja.

El aire se volvió decididamente denso, y sus palabras eran tragadas por la oscuridad, ruidosa en el silencio. Lily caminó lentamente junto a Leo, agarrando con fuerza la falda de Echo. La chica de cabello blanco reflejaba tensión, una pequeña mueca en su rostro y sus ojos moviéndose rápidamente hacia todas partes, sin saber dónde mirar.

En la siguiente caja había otro hombre joven, pero esta vez con largo cabello rubio. Su torso también estaba desnudo, pero las alas en su espalda no tenían plumas; ni siquiera tenían piel. Puro hueso, ligeramente agrietado se enroscaba sobre sus hombros protectoramente. Una jaula de blanco. La mano de un niño consiguió atravesar y estaba tirando del cabello rubio, estrellando a «Deimos» en los barrotes con un ruido sordo. Deimos gruñó, tratando de soltarse sólo para ser golpeado de nuevo con el agarre en su cabello.

—A nadie le importa —dijo Lily con voz temblorosa, prácticamente abrazando la pierna de Echo. —Aun cuando está siendo lastimado.

Leo hizo una pausa, casi moviéndose hacia ese niño, pensando en empujar su cabeza contra las barras de metal. Sus uñas se clavaron en su palma mientras se obligó a apartar la mirada. «Verás y oirás muchas cosas ahí, cosas que te harán sentir incomodo, tal vez incluso enojado. Pase lo que pase, no repitas lo del asilo. No pierdas el control».

Cierra la boca, aprendí mi lección la primera vez.

—Vamos por este camino —dijo, cogiendo a Lily en brazos y acunándola.

—Señor Leo —dijo Echo, pegándose a él—. ¿Soy yo como ellos? ¿Son usted y la señorita Lily como ellos? ¿Cree que si saben de nosotros, también seremos puestos en jaulas y en un circo?

El pelinegro negó con la cabeza. —No. Nosotros podemos ocultarlo mejor. —Entonces ¿Cuánto más esconde el resto del mundo? Le tomó mucha fuerza de voluntad mirar hacia otro lado mientras escuchaba las burlas, mientras aquellos ojos miraban cada cicatriz, cada par de ojos vacíos, y cada deformidad con diversión.

¡Oh, la deformidad!

¿Sabía Isla Yura sobre este trato? ¿Por qué ponerlos en exhibición como animales, como flores marchitas sobre una tumba donde cualquiera puede pasar por encima de ellos?

—Oye —dijo Lily mirando al frente. Levantó un dedo, a punto de señalar, cuando se dio cuenta que no lo notarían con todos los demás apuntando, todos los demás riendo—. ¿No es ese el chico de antes?

Tras sus gafas, los ojos de Leo viajaron hacia el carro junto a ellos, una pequeña multitud de personas le separaban de la piel bronceada llena de suturas, los ojos demasiado azules que podían brillar incluso en la sofocante noche...Leo no podría decir por qué decidió detenerse allí, o por qué su mirada parecía abrasar a través de las personas como si no estuvieran presentes, más allá de los fríos barrotes y hasta mirada de Humpty Dumpty.

Era como si él estuviera tratando de ignorar el ridículo y grosero asombro a su alrededor, justo como los otros fenómenos. Estaba de pie, mirando fijamente al suelo con un profundo ceño fruncido en su rostro. Era como si pensara que tal vez, si se concentraba lo suficiente, podría sólo hundirse en la tierra y salir de su vista.

El pelinegro dio un paso hacia el vagón, por un momento sin creer que el mismo chico de abrasadores comentarios y expresión intrépida mientras caía, pudiese ser contenido.

La cabeza de Humpty Dumpty se levantó repentinamente, como si sintiera algo, como si supiera que un Crimson Faust le estaba mirando fijamente. Cuando volvió aquellos glaciales ojos azules sobre Leo, él estaba completamente seguro que incluso tras las gafas, el chico estaba mirando directamente hacía él, perforándole. Le estaba mirando casi con reproche, como si se preguntara qué estaba haciendo Leo allí, observándole.

Leo dio algunos pasos más cerca, Humpty Dumpty retrocediendo otros tantos hacia las sombras. Ellos ya no parecían estar prestando atención a las demás personas ahí. Leo apenas estaba vagamente consciente de que Lily aún estaba en sus brazos, de que incluso tenía un cuerpo que funcionaba. Extendió una mano, el nombre de alguna canción infantil rodando por su lengua en un intento por conectar con él...

Aparentemente eso fue un error.

Algunas cabezas se dieron vuelta ante el sonido de la voz del pelinegro, ojos brillando en reconocimiento.

—¡Oh! ¡Es el chico de antes!

—¡Si, si, lo recuerdo! Él estaba con–

—¡Oh Dios, aléjense de él!

—¿Por qué no está en una de esas jaulas?

—¡Se escapó!

La diversión se fue convirtiendo rápidamente en pánico, y antes de que Leo lo supiera, sus brazos fueron sujetos por dos hombres, sus dedos cerrándose con fuerza sobre sus bíceps mientras otro hombre alejaba a Lily de él. Una «niña capturada por el fenómeno». Leo luchó contra ellos, arreglándoselas para golpear a uno mientras Lily gritaba su nombre. Rápidamente, Echo se movió hacia ella, golpeando al captor de la pequeña en el estómago.

Demonios, esto estaba mal...¿Debería invocar a Jabberwocky? No, eran humanos normales, así que no sería necesario, pero...

—¡Que alguien lo detenga! ¡Alejen a esas chicas!

—¡Señor Leo! —gritó Echo, Lily entre sus brazos.

Otros dos hombres se unieron a los primeros, y sus muñecas fueron forzadas a estar juntas tras su espalda. Siseó ante el dolor, pero eso no fue nada comparado con el puño que impacto repentinamente contra su mejilla. Su cabeza giró bruscamente, dañando su cuello y haciendo sus gafas caer. Lo primero que Leo vio cuando las manchas de colores dejaron de bailar en su visión, fueron las amplias lagunas azules de la mirada atónita de Humpty Dumpty.

—¡Xerxes! —llamó de pronto el chico, con algo que parecía ser alivio en su tono de voz.

Leo miró a su alrededor y vio al hombre de cabellera blanca entrando despreocupadamente a la escena, el extremo del bastón que sostenía, descansando sobre uno de sus hombros. —Vamos, vamos —canturreó, acercándose—. Esa no es la forma correcta de jugar con los más pequeños, ¿verdad?

—¿Qué demonios le pasa? —exclamó una mujer que se abrazaba con fuerza—. ¿Usted simplemente deja a ese monstruo vagar por ahí? ¡Podría matar gente!

—Oh, no tiene que preocuparse por tales cosas ahora, señora, se lo puedo asegurar —prometió Xerxes con una dulce sonrisa. Dirigió la mirada de su ojo carmesí de vuelta a los hombres que sostenían a Leo. —Estaba a punto de llevármelo a él y a sus amigas. Si me permiten, caballeros.

Su respuesta fue el agarre en los brazos de Leo volviéndose más fuerte. El pelinegro trataba de no mostrar ningún signo de dolor, manteniendo la cabeza ligeramente inclinada de modo que su flequillo le cubriera el rostro.

—¿No? Una verdadera lástima, ya que de verdad estaba esperando algo de apropiada cooperación de su parte. ¡Qué triste! —Con una sonrisa digna de un Sombrerero Loco, Xerxes dio un paso atrás, mirando fijamente a los captores de Leo.

Lily estaba mirando al extraño hombre con ojos bien abiertos, probablemente preguntándose por qué no estaba haciendo nada más por ayudar. Y de hecho Leo comenzaba a preguntarse lo mismo. Si este maldito sujeto no tenía un plan, el pelinegro estaba listo para invocar a su guadaña. Después de todo, él ya lo había hecho ant–

Entonces lo sintió. Los hombres parecieron congelarse de repente, una acción que Leo sintió cuando sus manos saltaron y luego se pusieron rígidas. Volvió la mirada hacia ellos para ver sus expresiones confusas mientras rígidamente le dejaban ir y retrocedían, todo el tiempo mirándose unos a otros con salvaje desconcierto.

Xerxes asintió con aprobación. —Allá vamos; ahora tenemos algo de modales.

Leo se agachó para recoger sus gafas, poniéndoselas para ocultar una vez más la expresión en sus ojos, aunque esperaba que incluso sin ellas, Xerxes aún pudiera adivinar que estaba sorprendido. Echo y Lily se le acercaron para asegurarse de que estaba bien.

Xerxes agitó una mano con indiferencia hacia los hombres. —Continúen entonces, aún hay mucho que ver por aquí~ —canturreó. Emily coreó sus palabras, riéndose suavemente sobre su hombro—. ¡Mucho más! ¡Mucho más!

—¿Qué demonios es–? comenzó uno de los hombres, pero fue interrumpido cuando sus extremidades reclamaron atención. Lo mismo pasó también a los otros hombres y, cuando Xerxes agitó su mano de nuevo, ellos se dieron la vuelta y se alejaron torpemente, sus amigos y esposas siguiéndoles.

El peliblanco dejó escapar un suspiro triunfal. —¡Cielos, eso fue muy divertido!

—¡Eso les enseñará una cosa o dos! —exclamó Emily, reflejando victoria.

Leo le miró acusadoramente. —¿Cómo hiciste eso? —preguntó con suspicacia. Él sabía que los movimientos de sus captores justo ahora eran demasiado repentinos y mecánicos para ser por su propia voluntad. Algo así como...títeres con hilos. ¿Puede un fenómeno hacer eso?

Una sonrisa misteriosa se produjo en los labios del hombre. —Sólo es algo que puedo hacer. Es demasiado indirecto formar parte del circo, sin embargo; a menos que tenga un voluntario para ser mi pequeña marioneta por un rato. —Enredó un mechón del cabello de Emily entre uno de sus dedos, devorando la expresión que hizo Leo—. Oh, ¿no lo sabes? Mi nombre artístico es Drosselmeyer cada vez que actúo.

Xerxes... —entonó Humpty Dumpty en tono de advertencia.

—Ah, no pongas ese ceño fruncido. Se supone que tenemos que sonreír para nuestros invitados, ¿No es así? —dijo éste, apuntando a su boca.

El rubio casi pareció estremecerse. Apartó la mirada, la comisura de sus labios tratando de componer una mueca aceptable. Lo que terminó poseyendo sus labios fue una especie de contradictoria, aunque cómica, sonrisa.

Xerxes asintió con aprobación antes de volverse a los tres Baskervilles. —¿Vamos, entonces? Creo que tienen una cita con el Señor Yura. —Sin esperar respuesta, dio media vuelta y comenzó a alejarse.

Leo dirigió una mirada hacia Humpty Dumpty, y el rubio la captó. —¿Estás bien? —le preguntó repentinamente, dirigiendo sus ojos azules directamente hacia Leo.

El pelinegro parpadeó sorprendido, pero sacudió la cabeza afirmativamente. —He pasado por cosas peores —explicó con indiferencia.

Una risa seca escapó del artista circense. —¿En serio? También yo. —Sus ojos vacilaron entonces, como una temblorosa llama azul, evaluando a Leo con algo parecido a interés. —Bien, buena suerte con cualquier negocio que tengas con el maestro de ceremonias. Y trata de no arruinar más actos en el futuro.

Ignorando el sarcasmo, Leo dijo con una sonrisa—: Es curioso que hables como si esta fuera la última vez que nos veremos, Humpty Dumpty.

El rubio enarcó una ceja, cruzando sus brazos suturados por encima de su pecho desnudo. —Si es así, ¿qué hay sobre no llamarme por ese nombre la próxima vez? Es sólo un nombre artístico, no uno de verdad. —Le tendió la mano, sus dedos rompiendo a través del espacio entre las barras pero sin atreverse a ir más allá.

Sobrepasando tus límites pero sin romperlos, señaló Leo, dirigiendo una mirada cautelosa para asegurarse de que no había gente alrededor para tomar esa mano antes que él. La única diferencia era que otros lo harían con malicia. Lentamente, se estiró y agarró la mano que le ofrecían, la suave piel fría como la nieve, los puntos ásperos y gruesos.

Humpty Dumpty esbozó una sonrisa, una que hizo a Leo pensar, sólo por un momento, que ese chico era alguien normal. Un atractivo chico que pudo haber conocido en la calle, incluso en mejores circunstancias...

—Soy Elliot.

oOoOo

—¡Le diste tu verdadero nombre! —exclamó Lily, ensanchando sus ojos hacia Leo. El pelinegro notó que ella había estado a punto de estallar y reprenderlo por ello desde que pronunció su nombre en respuesta a Humpty Dumpty. A Elliot. Y ahora que Xerxes les había dejado en frente de la tienda privada de Isla Yura y se fue, ella se había lanzado inmediatamente sobre él.

—El amo Glen no estará feliz al respecto —dijo ella.

—Tampoco Charlotte, ahora que lo pienso. Para ser honesto, estoy más asustado de ella que de Glen. Mira, Isla Yura ya sabe quiénes somos, así que no veo el problema en dejar que un artista lo sepa. El cómo me llame no significa nada, además no sabe qué hacer con mi nombre —señaló Leo tranquilamente. —No podía mentirle.

Lily le miró severamente. —¡Pero tienes un centenar de alias! —argumentó ella, extendiendo sus brazos para indicar la cantidad.

—No seas tonta, Lily; no los tengo. Además, hacer amistad con algunos de los artistas podría ser algo bueno —dijo con una expresión pensativa—. Sólo en caso de que Yura no pueda darnos ninguna información. —Aunque esto era algo que realmente dudaba. Isla Yura tenía que saber algo.

¿Pero eso significa que me lo dirá?

La entrada de la tienda se abrió cuando, hablando del diablo, el maestro de ceremonias salió, un alto sombrero de copa temblando en su cabeza con la brisa.

—¿Les he hecho esperar mucho tiempo? —les preguntó a modo de disculpa, sonriendo tan ampliamente como un gato de Cheshire. El mismo instinto de antes hizo que a Leo se le revolviera el estómago con desagrado—. Por favor, entren, mis queridos invitados.

—Echo —susurró Leo rápidamente mientras Yura se retiraba a la tienda—. Quiero que me hagas un favor. No confío en este hombre, así que quiero que mantengas un ojo sobre los artistas de circo. ¿Puedes hacerlo?

No necesitó haberlo preguntado. Inmediatamente, Echo escuchó con atención el sonido de su voz y estaba asintiendo. —Como desee el señor Leo —concordó y procedió a andar silenciosamente de vuelta en dirección a los vagones.

—¿Estás seguro que Echo puede hacerlo? —preguntó Lily en un hilo de voz, adentrándose en la tienda.

—Mientras no pierda la cabeza, confío en Echo con esto. Incluso sin las drogas que tenía antes, ella tiene talento. Y mi conjetura es, ¿dónde más podrías esconder a un monstruo como una CM que en un circo de fenómenos? —Su voz se hizo más pequeña, casi ahogando la última palabra con disgusto, pero más bien por su existencia que por las personas dentro de su connotación.

Si Isla Yura notó que Echo se había ido, éste no dio señal alguna de importarle mientras tomaba asiento en un sofá verde pálido. Había otro justo frente a él, donde Leo y Lily tomaron asiento, y en medio había una pequeña mesa que tenía algunos papeles escritos a mano y una charola de té. Sobre los lados de la tienda había estuches cerrados y cajas. Yura vertió el contenido caliente de una tetera en tres tazas, entregando dos a los Baskervilles. El gesto y la escena parecían tan fuera de lugar en comparación con lo que Leo había visto hasta ahora.

—Señor Yura ¿está bien —comenzó el pelinegro, poniendo su taza sobre la mesa sin tomar un sorbo—, que comencemos con esto de inmediato?

—Oh, impacientes por hablar de negocios, ¿no es así? —canturreó el maestro de ceremonias—. Muy bien. —Bajo su propia taza y se reclinó en el sofá. —Su jefe ya me escribió, presentándose a sí mismo y a su organización

—Entonces sabe que estamos aquí para cazar una Cannibal Marionette.

Una expresión preocupada cruzó el semblante de Yura, e hizo que su sonrisa vacilara un poco. —Un asunto bastante preocupante, ese. Pensar que semejante criatura pudiera estar rondando mi circo...me molesta profundamente. ¿Tienen ya alguna pista?

Leo sacudió la cabeza. —Es por eso que vinimos a investigar, y preguntarle una cosa o dos. ¡Oh! Pero primero... —Buscó en el interior de su bolsillo y sacó la carta de Glen. Feliz de que no hubiese sido aplastada, se la ofreció al maestro de ceremonias.

Se escuchó un pequeño sonido desgarrado cuando Yura fácilmente rompió el sello y comenzó a leer la carta en su interior. Antes de irse, Leo había preguntado si debía saber algo sobre el contenido de la carta, pero Glen únicamente había dicho que se la entregara a Yura tan rápido como le fuera posible durante su reunión. Esperaba que lo que fuese, fuera suficiente para hacer al maestro de ceremonias escupir todo lo que sabía acerca de las Cannibal Marionettes.

—¡Oh, que intrigante proposición! —exclamó Yura, tomando la carta con el brazo extendido y su cómica sonrisa ampliándose más, si eso era posible—. ¡Ciertamente su jefe tiene ideas interesantes! ¡Pero qué emoción! ¡Tengo que decir que estoy muy intrigado!

Leo intercambió una mirada con Lily, conteniendo la urgencia de preguntar sobre lo que había escrito Glen. En realidad, hubiera sido menos problemático si él simplemente hubiera–

—¿Ustedes tres se unirán a nuestro circo mientras visitamos Pandora? ¡Emocionante, simplemente maravilloso! Su jefe me ha contado un poco sobre su organización y los seres que son ustedes. ¡No hay duda de que se les ocurrirá algo que hacer para el espectáculo! En realidad eso se resuelve después de su espectáculo de esta noche, ¿no le parece, señor...?

—Soy Leo —se atragantó el pelinegro. En realidad, se sorprendió de poder hablar en absoluto. Después de esa primera frase se quedó en blanco.

Si pensara que tenía la capacidad de hacerlo, realmente patearía el trasero de Glen. Por ahora, sólo se conformó con cerrar sus manos en puños y hervir en cólera silenciosamente, con la esperanza de que su padre adoptivo pudiera, de alguna, manera sentir el odio que estaba enviando hacia él.

Para el momento que recuperó sus sentidos, Lily ya se había presentado y Yura estaba colocando la carta de vuelta en el sobre.

—¿Así que está bien que nos quedemos? —preguntó Lily, emocionada. A diferencia de Leo, ella estaba encantada con esto. — ¿Cómo, estar en los actos y esas cosas?

—¡Pero por supuesto! —respondió Yura, tomando un sorbo de su taza—. Si las habilidades del señor Leo son aceptables, entonces todos ustedes encajan perfectamente aquí. Sin deformidades como el resto, sin embargo, ustedes se parecen más a Xerxes. Ah, pero me estoy adelantando. Se me informó que empezarán mañana por la tarde, lo cual está bien. Lo que necesitamos discutir y para lo que están aquí...es la Cannibal Marionette.

Leo asintió, ganando compostura gradualmente. —Um, sí. Entonces ¿De verdad no tiene alguna pista? ¿Ninguno de sus artistas actúa extraño?

Yura soltó una risa. —Son fenómenos, señor Leo. Todos ellos son bastante extraños. Siendo honesto, es difícil decir que es normal para ellos. Las alas en la espalda de Raven, él las cose después de clavarlas en su piel. Rose se corta sus propios dedos todo el tiempo, esperando que estos no vuelvan a crecer. —El maestro de ceremonias extendió sus brazos en una súplica. —Dime qué debería ver como comportamiento extraño cuando esto es lo que veo todo el tiempo.

—Bueno, ¿más extraño de lo usual, entonces? —intentó Leo, inseguro, pasándose una mano por el cabello. Sabía que esto no les estaba conduciendo a ninguna parte. Glen debió haberlo sabido, y fue por eso que escribió la carta en el primer lugar.

Lo que significa que realmente Yura tampoco sabe nada de lo que estaba pasando...o nos está ocultando algo.

Teniendo en cuenta lo que estoy sintiendo, creo que es lo segundo.

oOoOo

El extraño chico de las gafas opacas se fue con las dos niñas que le acompañaban. Poca gente quedaba ahora, la mayoría habiendo sido espantada por Xerxes minutos antes. Elliot observó al chico caminar de vuelta hacia el bosque, su ondeante capa roja siendo lo último que vio de él antes de que los tres desaparecieran entre las sombras.

Realmente extraño, ese chico, pensó Elliot, hundiéndose en el suelo de su carro. Luego se corrigió. No, se trata de Leo Baskerville. Un nombre extraño, pero Elliot supuso que era mucho mejor que «Humpty Dumpty». Siendo honesto, aunque odiaba ese nombre, no sabía por qué había ofreció el verdadero a un chico al azar que literalmente voló a su vida.

Y esa cosa que estaba montando, ¿Qué era eso? Se acordó de la vacilación en la voz de Leo cuando había estado a punto de explicárselo. Elliot había sido parte de The Clockwork Circus por años, acogido por Isla Yura cuando tenía ocho, junto con su hermana, Vanessa. Dicho esto, él había visto su parte justa de ocurrencias extravagantes y personas peculiares. Le costaba demasiado ser impresionado.

Que Leo Baskerville hubiese tenido éxito en hacerlo.

«¿Cómo puedes no...?»

Elliot conocía el final de esa frase: ¿Cómo podría no morir después de esa caída?

Si supiera, ¿estaría en un espectáculo de fenómenos? Levantó un brazo, sintiendo el hilo negro sobresaliendo de su piel. Yura se aseguró de que el hilo fuera grueso para que sus miembros nunca volvieran a encajar juntos. Dolía cada vez que otra parte de sus extremidades se rompía y después era cosida de nuevo, pero se acostumbró a ello después de un tiempo.

Siempre lograba acostumbrarse.

—¿Pensando mucho? —dijo una voz. Un muchacho adolescente con corto cabello rubio, mucho más claro que el de Elliot, y grandes ojos verdes, miró dentro de su vagón. Sobre la mitad derecha de su rostro estaba una máscara blanca con intrincados diseños dibujados en ella. La máscara era algo Sharon había hecho para él después del incidente con Isla Yura.

—¿Ya te dejó salir Xerxes, enano? —bromeó Elliot con una pequeña risa.

—Si, está haciendo las rondas ahora y abriendo las puertas. Pero ya sabes que a la mayoría de nosotros nos gusta permanecer dentro después de una demostración. —El muchacho compuso lo que pudo haber sido un ceño fruncido, pero sólo parecía una mueca con los labios—. ¿Y alguna vez vas a llamarme Oz?

Elliot sacudió la cabeza. —Si sabes a lo que me refiero cuando digo "enano", entonces es suficiente.

¡Elly, ¿Cómo pudiste?!

—¡No me llames así!

—Vanessa lo hace —apuntó Oz, apoyándose contra las barras de metal.

—Eso es diferente, ella es mi hermana.

—Yo soy tu hermano.

Elliot se mordió la lengua, porque ambos sabían qué podría decir él como respuesta a eso. Vanessa era su verdadera hermana, su verdadera familia. El hecho de que ella estuviera ahí con él significaba mucho para Elliot, pero también lo hacía infeliz. Unos pocos afortunados entre ellos, como él y Vanessa, Alyss y Alice, y Gilbert y Vincent estaban emparentados. Ellos quizá estaban en algún tipo de infierno, pero había consuelo en saber que alguien que ha estado contigo toda tu vida, estaba a tu lado y, al contrario del resto del mundo, no te juzgaría.

Pero aquello no significaba que no hubieran tenido hermanos antes de esta vida. Elliot recordaba que Oz solía hablar sobre una hermana pequeña que tenía antes de que su padre lo vendiera a Isla Yura. Una vez, cuando él y Lacie había visitado Oz en su vagón, se encontraron con una fotografía de una chica con las mejillas infantilmente redondas y ondulado cabello rubio. Los ojos, grandes e inocentes y tan verdes, se parecían a los de su hermano.

—Hablando de eso —empezó Elliot, tratando de dirigir el tema de forma diferente—. Escuché lo que le pasó a Vincent con ese mocoso tirando de su cabello. ¿Está bien?

Una mirada triste cruzó el rostro de Oz, pero se las arregló para sonreír. —Su frente estuvo sangrando un poco pero Gil está cuidando de él ahora. Sharon probablemente le ayudará también cuando Break le deje salir.

El disgusto curvó los labios de Elliot hacia abajo. Algo parecido a lo que pasó con Vincent sólo ocurría de vez en cuando. Debería ser algo a lo que él y los demás se acostumbrarían con el tiempo...Pero ¿por qué alguien tiene que acostumbrarse a eso?

—Tu cara se quedará atascada si sigues pensando así —dijo Oz con humor—. Y entonces tendré que reírme de ti.

Antes de que Elliot pudiera hacer un chiste en respuesta, un sorpresivo grito resonó por todo el claro. Oz y Elliot inmediatamente echaron un vistazo a su alrededor con atención, sabiendo muy bien de dónde provenía éste.

—Mierda.

—Oz, ve con ella. ¡Rápido! ¡Estaré ahí con Sharon tan pronto como Xerxes llegue aquí! —prometió el chico de las suturas, lanzando una mirada seria a Oz. Observó cómo Oz asintió y corrió en dirección al vagón de Lacie.

Maldición, ¿Ya es realmente la hora? Elliot se removió inquieto, su respiración volviéndose algo trabajosa mientras se preocupaba. Usualmente ella puede pasar semanas haciéndolo bastante bien...pero últimamente parece estar haciéndose peor. Hubo otro grito que rasgó la desolada noche, pero éste fue ligeramente amortiguado y hubo sollozos ahogados siguiéndolo. Elliot dio un salto ante el horrible sonido.

Está haciendo demasiado ruido, pensó con algo de pánico. ¡Si Yura le oye, querrá respuestas...!

Xerxes estaba en su carro, insertando la llave en un candado cerca la ventana al lado de la puerta. —¿Lo has oído? —dijo mientras el candado hacia clic.

—¿Está Sharon fuera? —preguntó en respuesta mientras saltaba fuera de su carro. Sin embargo, tan pronto como lo hizo, se precipitó al suelo.

Xerxes se agachó para ayudarle a levantarse. —Las puntadas de tu tobillo no han sido ajustadas —señaló.

—¡Haré que Gilbert lo arregle después! ¡Tengo que ir con Lacie! —Medio corriendo, medio cojeando a su carro, pasó por el de Vanessa y el de Cheshire en el camino. Su hermana le gritó con preocupación, pero él le ignoró, demasiado concentrado en llegar con su amiga.

Las puertas estaban abiertas, y Oz estaba dentro, acunándole contra su pecho. Ella estaba sollozando, arañando desesperadamente su espalda, haciendo violentos pliegues en su camisa. Sharon estaba sentada delante de ella, sus grandes ojos mirando la escena con lástima.

—¡Lacie! —le llamó él, agazapándose cerca de Oz. Tocó su hombro, frotándolo con el pulgar con dulzura. —Por favor, está bien. Todos estamos aquí para ti ahora.

—Estoy hambrienta...¡tan hambrienta...! —declaró ella con voz ronca, lasciva por el deseo.

—Ten cuidado, Oz —le advirtió Sharon, acercándose—. Ella realmente podría devorarte.

El rubio sacudió la cabeza. —Eso lo sé.

Elliot sacudió a Lacie, tratando de despertarla para sentarse. Por lo menos ya no estaba gritando, pero su respiración era pesada y caliente. Sus mejillas estaban rojas y el sudor perlaba su piel. —Estás realmente mal —dijo Elliot con miedo. —¿Cómo te pusiste tan mal de repente? ¿Lo has estado retrasando?

Lacie tosió un sollozo, machando su rostro con sudor y lágrimas. Su venda plateada tenía dos manchas oscuras cerca de las cuencas de sus ojos. —N-No quiero...¡No quiero herir a nadie...! —chilló, recogiendo algo del cabello rubio de Oz con su puño.

—¡No puedes esconderlo! —replicó Elliot—. No se supone que lo hagas. Está bien, somos familia, esto es lo que hacemos. Sólo no lo combatas más.

—La quiero, la quiero...estoy tan hambrienta...¡dámela...!

Elliot dirigió sus ojos azules hacia Sharon, quien ya estaba poniendo un cuchillo unas cuantas pulgadas por debajo de su codo. Hubo una mueca en su rostro mientras lo presionaba en su piel. La sangre comenzó a brotar y acumularse, rociándose en motas de rojo cada vez que ella lo presionaba más profundamente. Un repugnante chasquido resonó en el carro cuando ella traspasó el hueso, un pequeño gemido de dolor dejando sus labios. Cuando todo terminó, el vestido turquesa de Sharon estaba salpicado de sangre y su brazo cortado estaba tirado en el suelo.

—Rápido —dijo ella, sus palabras forzadas. —Dénselo mientras está fresco.

—Lacie —le llamó Oz, lentamente apartándola de él. —Vamos, la señorita Sharon te lo está entregando. Dijiste que estabas hambrienta, ¿cierto?

Lacie se alejó del rubio, cabello oscuro deslizándose sobre el suelo cuando ella giró la cabeza hacia donde Elliot sostenía el brazo cercenado de Sharon. El chico se lo entregó, ni siquiera estremeció cuando los dientes de Lacie empezaron a desgarrar la carne, manchando sus mejillas con sangre. El chapoteo de las venas y los músculos, y la carne rasgada resonó en la noche, mezclándose con los sonidos ligeramente enloquecidos de placer, provenientes de Lacie mientras se atiborraba con la extremidad.

Sharon se levantó temblorosa, sosteniendo su apéndice sangrante. Cuando Elliot le devolvió la mirada, los huesos ya se extendían y las venas se arrastraban junto con ellos. Músculo y carne siguieron después, y en pocos segundos Sharon tenía un brazo nuevo que se ajustaba perfectamente como si nunca se lo había cortado en primer lugar.

Después de que Lacie se hubiera alimentado, dejando sólo huesos sangrientos, ella se alejó y se dejó caer cerca de la esquina de su carro como siempre hacía. Ahí se encontraba un gran objeto cubierto con una sábana de terciopelo púrpura contra el que ella se recargaba, sus brazos alrededor de sí misma. Oz y Elliot aprendieron a no hablar con ella durante ese período, mientras su cuerpo temblaba. No importa cuántas veces lo intentaran, el asco y odio por sí misma nunca abandonaban a Lacie.

Incluso si no es su culpa, pensó Elliot.

Algún tiempo después, él se levantó y revolvió el cabello de Lacie como en una silenciosa despedida. Oz asintió hacia él, permaneciendo ahí mientras Elliot escoltaba a Sharon fuera del carro. No se sorprendió de encontrar a Xerxes allí, haciendo girar su bastón ociosamente.

El rubio se acercó y agarró la mano de Sharon, justo la que le había vuelto a crecer. —Sharon, de verdad, muchas gracias. Tú...Tú siempre haces esto por ella, causándote dolor...

—Hacemos lo que es necesario —dijo ella con un pequeño encogimiento de hombros. Sonrió entonces, alisando su vestido—. Aunque debo confesar, la limpieza no es algo que espero con interés. Además, supongo que ya estaba así desde el espectáculo.

—Lacie es nuestra hermana, así que...realmente apreció lo que haces por ella.

—Es natural, debemos estar unirnos con nuestra familia. —Sharon hizo una reverencia antes de marcharse. —Buenas noches, Elliot. Xerxes —dijo al hombre de cabello blanco de pie allí.

Mi lady —éste respondió con una sonrisa. Una vez que ella se halló fuera de su vista, se volvió hacia Elliot. —Entonces ¿Cuánto tiempo planeas tener a Sharon haciendo esto? Sabes muy bien que aunque Lacie no tiene control de esos instintos, porque en realidad no puede controlarlos, ¿sabes lo malo que sería si desarrolla un gusto por la sangre de Sharon?

—¡Lacie nunca–! —Se detuvo, bajando la voz y acercándose a Xerxes—. Ella nunca haría eso.

—No lo sabrías, porque no estaría bajo de su control. Todo lo que estoy tratando de decir es... —Él se apartó de la pared del carro, inclinándose sobre Elliot, su ojo rojo brillaba como una luna carmesí —, que si alguna vez Lacie trata de dañar a Sharon, no dudaré en detenerla por todos los medios necesarios.

Elliot no necesitaba que le dijeran eso. Sabía que Xerxes se había unido al circo por su propia voluntad, con Sharon a su lado. Los dos vinieron juntos, y juntos tuvieron experiencias previas de las que él no sabía nada. Sobraba decir que él había cuidado mucho de ella.

—No tienes qué preocuparte —susurró, mirando hacia atrás, a las barras de metal del carro de Lacie. Su jaula. —Algo así, me aseguraré que no suceda.

Pero todo lo que supo, fue que podría habérselo dicho al aire. En el momento en que se dio la vuelta, estaba mirando hacia el paisaje oscuro del bosque, las sombras el único movimiento bajo la impasible luna.

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Anotaciones: Sólo un par de notas flotantes.

[1] Este capítulo incluye una lista de los integrantes de "The Clockwork Circus" y sus respectivos nombres artísticos, presentada a continuación:

Lacie como "Diva"

Vincent como "Deimos"

Gilbert como "Raven"

Elliot como "Humpty Dumpty"

Oz como "Harlequin"/Arlequín

Vanessa como "Black Widow"/Viuda negra

Xerxes como "Drosselmeyer"

Sharon como "Rose"

Cheshire como "Cheshire Cat"/Gato Cheshire

Alice & Alyss como "Heart"/Corazón y "Spade"/Espada, respectivamente.

[2] Glen Baskerville: Dado que Hitsugi escribió "Clockwork Circus" mucho antes que el manga de Pandora Hearts revelara la verdad sobre la Tragedia de Sablier, el Glen del que se habla en esta historia no es otro que Oswald Baskerville. Así que ya saben: si dice Glen, es Oswald.


N/T: Holy…¡Lacie es caníbal y se come a Sharon! Bueno, no exactamente así pero…como sea, creo que la preocupación de Xerxes no es sólo sobreprotección y paranoica. Lacie bien podría sólo colarse donde Sharon y matarla. ¿Creen que Lacie sea una de esas Cannibal Marionettes de las que tanto se hablan? ¿O un demonio? Tendría mucho sentido, si lo pensamos un poco.

Oh, ¿y qué opinan de las deformidades y talentos de los miembros del circo? Para mí, la más perturbadora de todas es la habilidad de Sharon para regenerar los miembros de su cuerpo. Esa sería una vista que no quisiera apreciar jamás en la vida. Ya saben, demasiada sangre y eso…=S

Con respecto a los nombres artísticos, he decidido usarlos en inglés con la excepción del nombre de Oz. Me gusta más como suena "Arlequín".

¿Alguien más está emocionado porque Leo y las chicas formarán parte del circo?

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Editado: 30/11/2016