Capitulo 7: Rey Gerudo
Cuando Nath le pidió que le diera sus disculpas a la princesa por no poder acompañarla a dar un paseo por los alrededores del castillo pensó que sería una tarea fácil, solo decirle que el príncipe se encontraba un poco indispuesto y que la vería después, sencillo. Nunca pensó encontrarse en esta situación, solo tenía que avanzar un poco más y se encontraría con la princesa en los jardines, pero mientras estaba parado ahí, a tan poca distancia de ella no podía acercarse ni dejar de mirarla. Cuánta razón tenía su amigo cuando la describía y aún con todo lo que le había dicho de ella dejó muchos detalles sin describir, o quizás no encontró las palabras adecuadas como le pasaba a él ahora, se dio cuenta entonces de que su imaginación nunca pudo haberle hecho justicia; estaba sentada con prestancia en una banca, su espalda recta y sus manos juntas en su regazo, tenía la mirada fija en el cielo y la luz del día le permitía observar detenidamente su perfil, el sol que lograba colarse entre las hojas del árbol que le otorgaba sombra iluminaba su cabello castaño claro haciéndolo resplandecer y suave lo mecía el viento.
Entendía la causa pero no quería aceptarla, cada vez que la miraba sentía su respiración errática y sus latidos descompasarse, incluso ahora que su razón le decía que se moviera su corazón le decía que se quedara ahí, admirándola un poco más. Su conciencia lo hacía sentirse verdaderamente culpable por Nath pero no lo podía evitar… la princesa estaba despertando sentimientos en él.
Entonces ella lentamente giró la mirada en su dirección dándose cuenta de su presencia y ahora su razón también estaba en su contra, ya no podía pensar más, solo atinaba a mirarla a los ojos y perderse en la cálida mirada que ella le estaba regalando. Ella le sonrió y pudo notar como sus delicados pómulos sonrosados contrastaban con la blanca piel del resto de su rostro, ahora sentía que no podía respirar, todo a su alrededor se había convertido en nada, tragó saliva y dio una respiración profunda. Despertando de su ensimismamiento y con el paso más firme que era capaz de dar se acercó hasta ella.
-Buenos días alteza- su voz vaciló por unos instantes, incluso se aclaró la garganta al escucharse él mismo, un poco más calmado prosiguió –El príncipe Nath lamenta y manda sus más sinceras disculpas por no poder acompañarla el día de hoy como habían acordado-
Ella se levantó para quedar frente a él y hablar más cómodamente -¿Le pasa algo?- preguntó con verdadera preocupación.
-No es nada grave solo se siente un poco indispuesto- deseaba que sus palabras fueran verdad pero el sabia la condición en la que se encontraba su amigo. Se quedó ahí parado, sin saber que mas hacer o decir. El viento sutilmente comenzó a llevarle el aroma de la princesa, inconscientemente cerró los ojos y aspiro la fragancia femenina, el olor dulzón comenzó a flotar en sus sentidos hasta que fue capaz de procesarlo, un suave y fresco aroma floral, con un toque de algo que no fue capaz de reconocer; parecía que todo en ella estaba hecho con una fórmula especial para fascinarlo.
Se quedaron en silencio por unos momentos, hacia un día estupendo, el cielo azul estaba despejado y el clima era cálido, uno de esos días en los que la tranquilidad del día invitaba a estar al aire libre. A lo lejos escucharon el relinchido de algunos caballos que eran llevados a los establos.
-¿Sabe cabalgar alteza?-
Ello lo miró un poco sorprendida por la repentina pregunta –Si, lo hago cuando es necesario pero prefiero evitarlo, es incómodo-
-Quizás no deba utilizar una silla para mujer- sonrió al ver el rostro de la princesa iluminarse ante la idea -¿Le gustaría dar un paseo conmigo?- .
…..
A la velocidad que iba podía sentir el cabello moviéndose salvajemente en el viento, sentía su presión y el roce en sus mejillas y el aire fresco azotaba su garganta en cada respiración. Los cascos de su caballo arrancaban el pasto y la tierra bajo ellas, el campo abierto le invitaba a avanzar cada vez más. Era gratificante; ahora no estaba montada en una incómoda albarda que la obligaba a llevar ambas piernas de un solo lado, había levantado un poco su vestido y sus piernas estaban a los costados del caballo blanco que corría ágilmente. Volvió la mirada hacia atrás y vio a Link siguiéndola, con un suave golpe en los costados del animal lo animo a ir más rápido, riendo mientras lo dejaba cada vez más atrás.
Él veía su espalda, su figura alejándose cada vez más, sonriendo a ella todo el tiempo aunque no pudiera verlo. Le sentaba muy bien la libertad, parecía realmente relajada y feliz, otro lado de ella que quizás muchos no habían visto, y le encantaba; la mirada inocente de sus ojos azules grisáceos, la sutil rebeldía de su espíritu, la gracia de sus movimientos, todo de ella lo estaba cautivando, como las flores a las mariposas y la fresca hierba a las luciérnagas, irremediablemente lo atraía.
Su paseo había terminado cerca de un terreno rocoso que les impedía ir mas allá, ni cuenta se habían dado de la distancia que habían recorrido, se habían alejado tanto que las zonas pobladas quedaron atrás y a donde quiera que miraban solo se podían encontrar con el verde de la naturaleza. Cuando la alcanzó ella ya había bajado de su caballo y ahora acariciaba la frente del acalorado animal que resoplaba cansadamente por el esfuerzo.
-Nunca antes nadie había logrado montar a Epona con tanta facilidad, ella es muy especial respecto a sus jinetes-
-Epona, deidad de los caballos, un nombre adecuado, es una hermosa yegua- la mano de Link acaricio sus crines y ella alegremente levantó y agitó la cabeza en respuesta.
-Aun así Lyle y yo logramos ganarles- le dijo con una enorme sonrisa de pura satisfacción
-No sabía que era una carrera, ¿Eres muy competitiva no es así?- su conversación había fluido con tanta naturalidad que no se dio cuenta de su falta de respeto –Lo siento alteza-
-No, descuida Link, prefiero que me llames solo por mi nombre y me tutees-
-Yo realmente no sé si deba-
-Me gustaría que lo hicieras al menos mientras estemos solos-
-De acuerdo, Zelda- desmontó a Epona y se acercó a la princesa que ahora miraba el paisaje inferior frente a ella -Este lugar es hermoso, desde el primer momento que pise tierras Hylianas supe que era un lugar especial-
-Si, esta tierra es maravillosa. ¿Es muy diferente de Latham?-
-Lo es, el clima, los paisajes, las personas, la comida, las costumbres-
-¿Y lo extrañas?-
-No realmente, siempre pensé que algo me esperaba fuera de ahí. Por cierto la vez que revisó, que revisaste mi mano ¿Qué esperabas encontrar?-
Zelda dejó de mirarlo y enfocó su vista hacia el frente, dudando sobre decirle o no –La marca de los elegidos, la trifuerza-
-¿La trifuerza?-
Zelda se quitó el guante de su mano derecha y la extendió hacia él, la tomó entre la suya y observó atento los triángulos dorados en el dorso de la princesa, ella estaba agradecida de que su vista estuviera enfocada en su mano y no en su rostro sonrojado. Temía que si se acercaba mas él sería capaz escuchar los latidos de su corazón.
No le había tomado tanto tiempo revisar la marca de la mano de la princesa, pero no quería soltarla, tocarla era reconfortante de las más cálida manera, su piel era suave y delicada al tacto.
Link también retiró sus guantes, intrigado de que realmente algo pudiera estar ahí aunque nunca antes había visto nada parecido –Pues no, no hay nada de eso en mí-
-Un momento- Zelda tomó la mano izquierda de Link, había algo que no había notado en la oscuridad de la noche, era sutil y débil, pero alcanzaba a ver una sobra de lo que parecía una línea recta, como una especie de cicatriz; se alegró de haber enviado a Impa cuando lo hizo, necesitaba respuestas –Parece que tendré que explicártelo todo, pero no ahora, creo que tomará un buen tiempo-
-Deberíamos regresar, se está haciendo tarde-
Zelda volvió a subir a su caballo dejando de lado toda la delicadeza de una princesa, él solo sonrió mientras montaba a Epona, ella acercó su caballo de modo que los animales quedaran lado a lado –¿Una carrera de regreso?- sugirió con una sonrisa audaz, ni siquiera esperó la respuesta de Link cuando salió a todo galope.
Link pudo escuchar la risa de la princesa alejándose -Muy bien Epona, muéstrales como se hace- las patas delanteras de Epona se alzaron el aire mientras relinchaba, salieron a todo galope detrás de la princesa.
...
Después de estar acostado durante casi toda la mañana Nath tenia mas energía, los últimos días se había sentido cada vez peor, la debilidad se alojaba en su cuerpo y se negaba a dejarlo, por más ganas que él tuviera de estar activo su cuerpo no le respondía. Le había hecho mucha ilusión poder pasear con Zelda, era una buena oportunidad para que se llegaran a conocer mejor, había deseado poder pasar mas tiempo con ella, saber de sus intereses y sus actividades favoritas, lo que la hacia reír, lo que la ponía triste, sus sueños y anhelos; quería formar parte de su vida, él quería que la princesa se fijara en él, que lo quisiera como lo hacia él; y sin embargo no era capaz de ser el hombre que ella necesitaba a su lado. Él sabia muy bien aunque nadie se atreviera a decírselo, ya no tenia salvación, estaba muriendo.
Le había dicho a Link que lo disculpara con la princesa y de ser posible la acompañara como él no podía hacerlo, definitivamente agradecía que Link estuviera ahí para ayudarlo. Cuando los encontró estaban sentados en una banca de granito en uno de los jardines, parecía que estaban platicando cómodamente, él decía algo y la princesa se reía cubriendo con una de sus manos su boca, un leve rubor coloraba sus mejillas. Nath sonrió solo de verla, era la mujer más encantadora que había conocido y el tendría la suerte de ser su marido.
~Desierto Gerudo~
Paz demasiada paz, ¿hace cuanto que no había una guerra?, muchos años, más de los que él había vivido, y su padre y su abuelo; ya era tiempo. Apoyado en el marco de la ventana podía ver todo desde lo alto de la torre del rey, su gente, el pueblo que debía dirigir. A donde quiera que veía, norte, sur, este, oeste; solo veía mujeres intentando mantener en pie una raza que se debilitaba cada vez más, lo podía ver claramente, cada vez que el viento soplaba y movía las plantas rodadoras, lo único que le recordaba era la desolación en la que estaban sumidos, si permanecían más tiempo escondidos entre las montañas y desierto morirían. Sus antecesores habían sido unos cobardes, nacieron con un destino que se negaron a cumplir, pero él no haría lo mismo, él no agacharía la cabeza ante nadie, y no estaba dispuesto a perder lo que por derecho divino le correspondía, ellos eran Gerudos, por tanto tiempo despreciados, llamados y tratados como salvajes, usados solo a conveniencia, pero ya no más, el conquista y caída de Hyrule era su principal objetivo; miró atentamente el dorso de su mano derecha, podía sentir el poder surgiendo de la marca de las diosas, una risa gutural resonó en la habitación, si, pronto la magia oscura consumiría Hyrule, tenía todo lo necesario: poder, un ejército, aliados y un hijo que también poseía la marca de las diosas la cual pronto lo convertiría en la representación misma del poder; era solo cuestión de tiempo.
Recordó la maravillosa noticia que había recibido meses atrás, un ave de plumaje negro con ojos rojos se poso en su ventana, en una de sus patas llevaba atado un mensaje, era de Zant, su cómplice infiltrado en el castillo de Hyrule que le facilitaría las cosas para el ataque "He cumplido el rey está muerto". Y un par de meses después había recibido otro mensaje que lo había puesto de mejor humor "Dante esta en Hyrule, estamos iniciando los preparativos", cuando terminó de leer esas palabras sonrió, las cosas estaban comenzando a moverse, y esta vez el ganador seria él. Después de todo sus rivales se reducían a una joven princesa sin la experiencia necesaria para saber defender un reino de un ataque con la magnitud con la que él lo haría, esas eran las consecuencias de tantos años de paz. Y un héroe sin la trifuerza del valor, robársela cuando era apenas un niño fue una de las mejores ideas que se le pudieron ocurrir, aunque ese no había sido su plan inicial, las brujas kotake y koume predijeron que el héroe nacería de aquella mujer Hyliana, de nada sirvió engañarla y desperdiciar tiempo con ella, resultó que el espíritu del héroe habitaba en el padre no en la madre. pero parecía que la suerte estaba de su lado de todas maneras, la trifuerza estaba en su poder y sabría sacarle provecho.
…..
Esa mañana se había despertado más tarde que de costumbre, la mayor parte de la noche se la había pasado en agonía, ahora estaba empapado de sudor frió y su respiración era pesada, su boca estaba seca y su garganta le ardía, todo su cuerpo se sentía adolorido y entumecido como si se estuviera destruyendo desde dentro, miró la marca de la trifuerza en su mano izquierda, estaba brillando más que nunca, emitía tanto calor que sentía como si su mano se estuviera quemando y en lugar de sangre por sus venas transcurriera veneno.
Desde su cama podía ver su reflejo en el espejo del mueble colocado en la pared del frente, hacía tiempo el cobrizo de su cabellera comenzó a teñirse de un blanco platinado y su color original prácticamente había desaparecido por completo, bajo la línea de los ojos y atravesando las mejillas dos líneas carmesí habían aparecido y una de tonalidad azuleada en su frente comenzaba a aparecer, el iris de su ojo derecho paso de verde a un gris claro y esperaba que de un momento a otro el izquierdo también seria de ese color. Se sentía como un contenedor de energía que amenazaba con explotar en cualquier momento, intentaba calmar el poder, replegarlo, pero era en vano,y lo peor era sentir como el poder tomaba completo control de él, lo dominaba hasta no ser mas que instintos de de destrucción, pronto no quedaría más de su consciencia. No tenía duda, la trifuerza que no le correspondía lo estaba consumiendo, reclamaba volver a su verdadero dueño.
El sello circular de símbolos Gerudos que siempre había rodeado a la trifuerza hace unos días había cambiado su color, de ser de una tonalidad negra, ahora resplandecía en rojo. El sello estaba debilitado, por eso había cambiado de color, su contraparte había sido liberado, sabía lo que significaba: la princesa finalmente se había reunido con el héroe.
El momento se acercaba.
Muchas gracias por leer, Espero que les haya gustado! =D
