Disclaimer applied.

Link al original:( /s/7416004/1/Clockwork-Circus )

Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos…

N/T: ¡Hola a todos! ¿Qué tal su fin de semana? Espero que de las mil maravillas. Sé que debía haber publicado el miércoles pero mi laptop fue confiscada y no tenía más copias del capítulo salvo la de mi computadora, por lo que finalmente no me quedó de otra más que esperar que todo se resolviera y pudiera recuperarla. Como sea, sé que este capítulo les va a encantar.

Como siempre agradezco a los que leen, dejan reviews, agregan a favoritos y siguen esta traducción. ¡Azriel Rigel, bienvenida! Y para los que se manejan bien con el inglés, ¿qué tal si pasan por el perfil de Hitsugi Zirkus y le dejan un comentario sobre su historia? ; )

Falta muy poco para el siguiente Retrace... lalalalala~


Acto V: I'm Not Edible [1]

(No soy comestible)

Todo a su alrededor eran colores. Naranjas brillantes, amarillo como la luz del sol, azules de todos los matices, y rojo destellando alarmantemente, como un parpadeante sol carmesí. Su pecho se sentía ligero, como si estuviera cayendo, o simplemente flotando inactivamente, y esto era bastante curioso, teniendo en cuenta que sus pies estaban firmemente plantados bajo de él.

Por todas partes, a la distancia y tan cerca, se escuchaba el tic-tac de un reloj. Un chasquido y un crujido. Un tic y toc. Y allí, justo frente a él, caminaba una figura. Una espalda desnuda estaba mirando hacia él, pero Leo estaba seguro de que la figura era un chico. Podía distinguir tonos color piel y cabello claro, el movimiento de los músculos, y escuchar los retumbantes latidos de un corazón, mezclándose con el marcar del reloj.

Leo le miraba, vagamente consciente de lo que vendría después...

¡La hora, ya es casi la hora! ¡Casi...tan poco tiempo!

La voz no era masculina o femenina, sólo fugaces suspiros helados llevando las palabras humanas. El péndulo osciló hacia abajo, frente a él, y el muchacho se había ido. Los 'tic' se hicieron más fuertes, sonando más como el crujir de un juguete roto mientras el péndulo continuaba oscilando y, por un breve momento, Leo pudo distinguir su propio reflejo...y luego el muchacho reapareció, más cerca a pesar de estar alejándose del pelinegro.

¡Cuenta las horas, desde este momento! ¡Por...porque es...casi la hora!

La superficie reflejante del péndulo se detuvo justo frente de él, su propio rostro ensangrentado ahí, cabello oscuro envolviéndole y una venda manchada de rojo sobre sus ojos.

¿NO ESTÁS EMOCIONADO? gritó su reflejo con una voz distorsionada que enviaba escalofríos a trepar por la piel de Leo. La voz se burló, implorándole entender: ¡Es casi la hora! ¡Tan cerca!

Leo intentó retroceder, pero sólo se estiró para sujetar la pieza circular del péndulo entre sus manos, mirando su reflejo retorcido. Su sonrisa era demasiado amplia y su cuello demasiado largo…¡LA HORA! ¡LA HORA! ¡TUVIERAS TÚ LA HORA! chilló su reflejo, una mano aproximándose, intentando alcanzarle...

¡No! gritó, mirando hacia otro lado, sólo por un momento. Cuando volvió la mirada, y era inevitable que lo haría, estaba mirando a un rostro nuevo. Leo sólo pudo considerar un momento si esta cara pertenecía al mismo chico de antes cuando le gritó a la sangre, la carne podrida y el rostro desgarrado...los ojos...¡Los ojos...!

Una bocanada de aire se precipitó a sus pulmones con un jadeo cuando los ojos de Leo se abrieron. La sangre subió a sus mejillas, el sudor haciendo que su cabello y camiseta se adhirieran a su cara y piel. Al mismo tiempo, incluso antes de abrir los ojos, supo que había estado soñando, y que estaba a salvo en su habitación en la mansión Baskerville.

Estaba soñando. Es sólo ese sueño de nuevo...

Suspiró, presionando el final de su palma contra su frente. Debía haber algún significado tras él... ¿Por qué otra cosa podría seguir ocurriendo? En la oscuridad, su memoria proyectaba la imagen de la cara ensangrentada en el péndulo, un chico sonriendo cruelmente a través de su tormento.

Si sólo pudiera recordar el rostro de ese chico...Podría ser alguien a quien conozco, o alguien a quién conoceré en el futuro. Cualquiera que sea el caso, eso podría ayudarme a descifrar el sueño. Suspiró de nuevo y se sentó. Hoy era el día entonces, cuando se iría y escaparía con el circo.

Pero primero un baño. Uno muy largo. Nada aclara mejor tu cabeza que intentar ahogarte.

oOoOo

Glen caminaba por el pasillo al mismo tiempo que Leo se estaba dirigiendo escaleras abajo para el desayuno, Echo trotando a su lado. Al parecer, a la cabeza de Baskerville le habían llegado las mortales vibras telepáticas de su hijo adoptivo después de todo, porque tan pronto como los tres habían vuelto de su misión, él echó un vistazo a Leo y dijo—: Me alegra que se estén tomando tan bien la noticia.

Por supuesto, pretendía ser por completo sarcástico. Pero Glen decía las cosas tan suavemente que todo lo que decía siempre sonaba serio.

—Buenos días —saludó el hombre pelinegro al menor, inclinando ligeramente la cabeza.

—Si —murmuró Leo en respuesta, evitando sus ojos.

Desafortunadamente no era así simple. Glen atrapó su brazo mientras intentaba apresurar el paso, sus dedos cerrándose con fuerza sobre su hombro. —Espero que ya tengas tus cosas listas —dijo, tenso.

—Algunas cosas. —Leo se encogió de hombros—. Algunos libros, aunque dudo que pueda llegar a leer mucho. Yura dijo que nos prestaría algunas prendas para los vestuarios.

Glen asintió con aprobación, aflojando su agarre en el hombro de Leo, aunque sus ojos violetas brillaban igual de intensamente hacia él. —No me odias por esto, ¿o sí? —preguntó con una mirada dudosa, como si estuviera esperando que le gritara—. Todo es por la misión. No queremos que las Cannibal Marionettes asesinen más personas.

—No te preocupes, entiendo —admitió el chico pelinegro, abatido, bajando la mirada—. Las mataremos, y descubriremos su conexión con el circo, si es que existe.

Glen frunció el ceño, sus labios se abrieron como si estuviera a punto de decir algo. En su lugar, después de un breve silencio, dijo—: Tengan cuidado los tres. Nunca se sabe lo que puedan encontrar. Las Cannibal Marionettes pueden ser más impredecibles de lo que piensan. Y confío en que no necesito recordarles lo peligroso que eso puede ser.

Leo realmente esbozó una sonrisa ante eso. —No, no lo necesitas. —Al ver que estaba siendo despedido, siguió por el pasillo con Echo aferrándose a su muñeca. Esperó hasta que dieron la vuelta en una esquina para soltar un débil gruñido de dolor.

Echo le soltó, mirando a sabiendas de dónde le había tocado. —Sus muñecas todavía duelen —comentó ella, sus labios apretados en una fina línea.

Tirando de los puños de su camisa, reveló las encallecidas marcas rojas y manchas azul claro rodeándoles, enroscándose todo alrededor de sus muñecas. Leo las frotó con suavidad. —Está bien, Echo. La mayoría son costras ahora, así que no es nada que no pueda manejar. —Bajó la mirada a sus heridas casi con reproche. Uno pensaría que las células de demonio le darían una capacidad de curación sobrenatural o algo así...

Echo se acercó más a él, mirándole con sus grandes ojos del color de un abismal océano, lleno de dudas. —Señor Leo, ¿está bien que le pregunte algo?

—Claro.

—Entonces, ¿qué son las Cannibal Marionettes, el enemigo del que usted y los demás siempre hablan? Echo sabe que son malas y que deben ser eliminadas, pero nada más. Me gustaría saber.

Leo ladeó la cabeza ligeramente, una expresión pensativa en su rostro. Comenzó a andar de nuevo por los pasillos mientras hablaba. —Bueno, ¿sabes sobre los Crimson Fausts y cómo estos fueron creados como resultado de la Tragedia de Sablier?

—Si, las células de demonio en nosotros...

Él asintió y siguió explicando. —Al mismo tiempo que personas como nosotros fueron creadas, también lo fueron cierto tipo de monstruos. Glen me dijo que durante su existencia, los demonios sólo quieren una cosa, y eso es la energía de la vida que, igualmente, almacena la energía de la muerte. Para la mayoría de las criaturas vivientes, la fuente de esta energía es el corazón. Cuando los demonios se soltaron durante la Tragedia, ellos destrozaron a las personas, miembro por miembro, comiendo su carne y bebiéndose toda la sangre, todo en su búsqueda por obtener el corazón.

—¿El corazón hace algo en especial? —preguntó Echo, sus pasos suaves sobre la alfombra roja en el suelo.

—Otorga más poder a los demonios, por las energías de vida y muerte dentro del corazón, que pueden ser usadas para dominar magia de esos elementos. —Se acercaban a una ventana ahora, y Leo suavemente apartó las cortinas, la luz de la mañana cayendo sobre él como una flama. La piel de Echo parecía como si estuviera brillando.

—Pero las pobres almas que los demonios dejan atrás, son abandonadas con casi nada. Con los corazones tomados de ellos, estas personas vuelven a la vida usando lo último que queda de la magia de muerte, y sus cuerpos se animan una vez más, como abominaciones. Y desarrollan los más bajos instintos de los demonios: el hambre de matar, el deseo de consumir corazones. Pero a diferencia de los demonios, ellos no pueden controlarse del todo, cazando seres humanos sin motivo.

—Y así es como obtuvieron su nombre, Cannibal Marionettes.

Echo le estaba mirando con ojos incrédulos, sacudiendo su cabeza. —Echo no puede imaginarse viviendo así, sin corazón alguno...

—Si —concordó Leo tranquilamente, mirando hacia el bosque fuera de la mansión, que aún estaba oscuro a pesar de la luz del sol—. Es tan inhumano...A propósito, Echo, nunca me dijiste si pasó algo cuando te pedí que vigilaras a la gente del circo.

—Si algo hubiese pasado, Echo lo habría informado de inmediato —señaló ella con tranquilidad—. No estuvieron haciendo mucho. El hombre de la muñeca comenzó a decir a la gente que era hora de irse a casa y después empezó a abrir las puertas de los carros. En cuanto a eso, nada. Ellos simplemente se quedaron dentro.

—Hmm, bueno, no se presentó nada —dijo Leo, pensativo—. A menos que no sea alguno de los artistas, pero eso deja a Isla Yura...¿Tal vez haya algo en los carros? —Suspiró, tratando de no pensar demasiado—. Oh, bueno, supongo que eso sólo significa que debemos mantener una estrecha investigación sobre ellos una vez que nos unamos al circo...

Cerró las cortinas, y el pasillo fue envuelto una vez más por la oscuridad.

oOoOo

El sol de la tarde ya comenzaba a ocultarse cuando los tres Baskervilles arribaron una vez más al claro del bosque, la luz del sol habiendo hecho más fácil navegar por el bosque en esta ocasión. A escasa distancia, grande y amarilla como el sol, estaba la carpa principal, sus solapas ondeando en la fría brisa. Los vagones aún estaban en su sitio, pero no todos los artistas estaban dentro. Cuando Leo y las chicas se acercaron, vieron a unos pocos caminar por los alrededores, ocupándose de sus propios negocios, como si estuvieran en un ambiente normal.

Pero al menos uno de ellos pareció notarlos.

—Oh, son ustedes tres. Los nuevos ¿Verdad? —Hubo el sonido como de hojas crujiendo cuando una mujer joven, más alta que cualquier otra persona que Leo hubiese visto en su vida, se acercó a ellos. Ella era tan alta que habían tenido que estirar sus cuellos cuanto más ella se acercaba, lo que sólo le tomó cinco zancadas de sus largas, largas piernas. Sus manos contraponiéndose sobre sus caderas mientras decía—: Yo soy Vanessa. Quizá deban saberlo, aunque dudo que alguna vez hable mucho con ustedes.

—Gracias por darnos la bienvenida —Leo respondió, dudoso. Lily ya estaba ansiosa por exclamar lo obvio, y él le palmeó la cabeza para hacerla callar por más tiempo.

Vanessa alisó su falda sobre sus muslos. En cualquier otra chica, la falda podría haber sido demasiado larga, pero en ella, ésta apenas llegaba a sus rodillas—. Si estaban esperando al Señor Yura, tendrán que aguardar. Le gusta salir a aventurarse durante el día, dejándome a mí, a Sharon y a Gilbert a cargo la mayoría del tiempo.

—¿Nos ayudarías a orientarnos, entonces? —preguntó el pelinegro—. Nos gustaría instalarnos tan pronto como sea posible, antes de que tengamos que hacer el espectáculo de esta noche.

¿Esta noche? —Vanessa levantó un dedo y lo agitó—. Aún no está decidido si ustedes tienen incluso algún talento. No crean que ya están todos apuntados para actuar con nosotros inmediatamente. Tal vez somos fenómenos, pero nos gusta mantener nuestra dignidad.

Leo levantó sus manos inocentemente. —Lo siento, lo siento. No quería ofenderle, señorita Vanessa.

Alzando una divertida ceja oscura, ella dijo—: Bien primero, salgamos de aquí. No quiero que se rompan el cuello todavía, sólo por verme. —Se dio la vuelta, haciéndoles señas para que le siguieran—. Ese inútil de Gilbert tiene que estar en alguna parte del carro de Oz. Es a quien llamamos «Raven», por las alas negras en su espalda. Pero dejemos los nombres para después. Pueden molestar a Gilbert con esas cosas.

Los cuatro comenzaron su larga caminata hacia el tren de oxidados vagones color caramelo, los Baskervilles teniendo que correr a toda velocidad para mantener el ritmo de las largas zancadas de Vanessa. Ella se volvía a mirarlos de vez en cuando con distraídos ojos azules. Cada vez que captaba el matiz cobalto de sus ojos mirando hacia ellos, Leo no podía evitar pensar en Elliot. Ambas miradas tan desafiantes, tan inflexibles...

Vanessa fue, naturalmente, la primera en llegar al vagón color verde y abrió la puerta a un costado de éste. —Pensé que te encontraría aquí, Gilbert —dijo ella a la persona dentro del carro con desaprobación—. ¡Y Vincent, ya madura! ¡Deja de colgarte tanto de él!

—Ah, Vanessa, tan ruidosa como siempre. Yo habría pensado que simpatizarías con alguien que se preocupa por su hermano...

—¡Cierra la boca!

Cuando Leo, Echo y Lily finalmente la alcanzaron, el pelinegro se asomó a través de la ventana de barrotes de hierro. En el interior estaban un chico rubio que lucía más o menos de la edad de Leo, usando una camisa de rombos y una máscara blanca sobre la mitad derecha de su rostro. También estaban dos hombres adultos, a quienes Leo reconoció como "Raven" y "Deimos" de la noche anterior, por lo que dedujo rápidamente que ellos debían ser Gilbert y Vincent. Ambos usaban camisas negras con enormes agujeros raídos en la parte posterior, y esto hacía a las alas en su espalda asomar torpemente tras ellos. Los tres estaban sentados en el piso, Gilbert frente al chico, quizá Oz, y Vincent descansando sus brazos lánguidamente sobre los hombros de Gilbert.

Oz fue el primero en reaccionar. —Oye, Vanny, ¿quiénes son ellos?

—¡Creo haberte dicho que no me gusta que me dirijas la palabra, Oz! —gruño Vanessa. Se puso en cuclillas para quedar más o menos a la altura del chico rubio, pero Leo se dio cuenta que ella apenas alcanzaba sus hombros.

—Yo creí que era más fácil sólo ser amigos~ —canturreó Oz, desparramándose en el suelo. —Quiero decir, incluso Elliot me habla. Eso es como un sello oficial de aprobación para ti.

—Eso es diferente, es Elly. Mi pequeño hermano no conoce nada mejor —sostuvo Vanessa mientras se cruzaba de brazos. Con un resoplido, dijo—: De cualquier manera, estos tres se unen al circo. Quiero que Gilbert les dé un recorrido y los ponga al tanto.

Los ojos de los tres artistas se ampliaron y examinaron a los Baskervilles con resuelta atención. Oz en realidad salió disparado del carro para ir hacia ellos. —¿De verdad, algunos nuevos? —Se inclinó, golpeando su barbilla, pensativo.

—Yo no veo nada malo en ellos —comentó Vincent, jugando con las vendas atadas alrededor de su frente. Gilbert golpeó sus manos y alisó sobre las vendas.

Oz frunció los labios, tomando especial cuidado en que ellos notaran su escrutadora mirada. —Por una vez tengo que coincidir contigo, Vince. Díganme —dijo él, enderezándose—, ¿cuáles son sus infortunios?

—¿Infortunios? —preguntó Lily, inclinando la cabeza inquisitivamente. —¿Qué es eso?

—Ya sabes, el por qué estás aquí. Tu infortunio. Lo que hace que todos te odien. —Una mirada oscura cruzó momentáneamente los rostros de sus acompañantes mientras lo decía; cada uno apartó la mirada, pero Oz permanecía impávido—. La parte de ti de la que deseas deshacerte, que hace que las personas se rían de ti.

—No comprendo.

Oz señaló el interior del carro. —Como Gilbert y Vincent con sus alas. Como la altura de Vanessa. Como mi rostro —dijo él, sacándose la máscara. La piel debajo de ésta era más oscura y con cicatrices, arrugada, y se veía como si la carne hubiese sido derretida. Lily jadeó, aferrándose a la manga de Leo. Oz sonrió secamente y colocó la máscara en su sitio. —...Ese tipo de cosas, ya sabes.

Lily le miró un momento, considerándolo, luego apartó su cabello claro para revelar las marcas rojas cubriendo su rostro. —Tengo esto. Ésta es la razón por la que mamá supo que no me quería.

Leo vio los ojos verdes de Oz suavizarse mientras se agachaba para quedar a la altura de ella. —Buen vistazo a eso. Somos parecidos.

Lily sonrió, colocando sus manos tras su espalda. Leo casi se aventuró a asegurar que ella nunca había estado así de feliz desde la primera vez que llegó a vivir con los Baskervilles.

oOoOo

—Echo y yo tenemos un tipo diferente de...anormalidad —dijo Leo a Gilbert algunos minutos más tarde mientras se dirigían a la carpa principal—. Somos un poco más parecidos a Xerxes Break. Podemos hacer cosas. Por ese lado, Lily también puede.

Gilbert era un hombre alto, posiblemente el más alto después de Vanessa, aunque no anormalmente así. Sus alas negras casi colgaban fuera de su espalda, y a través de los orificios de la camisa, Leo veía las furiosas marcas rojas alrededor de sus bases. Él tenía ojos de un dorado líquido que gentilmente se dirigían hacia Leo. —¿Te refieres a que puedes manipular cosas, también?

—No, nada de eso —dijo Lily, saltando al lado de Leo.

—¿El señor Yura nunca les mencionó nada sobre nosotros? —preguntó él.

Antes de irse, Vincent y Vanessa decidieron quedarse, dejando únicamente a Oz caminar detrás de Gilbert con los brazos doblados tras de su cabeza. —Quizá una cosa o dos —dijo el rubio con un encogimiento de hombros—. Pero no es como si les viésemos nosotros mismos. El señor Yura no es alguien de presentaciones, él sólo arroja a los nuevos dentro.

—Entonces ¿Cómo probaremos que podemos actuar?

—Eso —comenzó Gilbert mientras jalaba una de las pesadas solapas de la carpa—, es para lo que estamos aquí.

La carpa lucía aún más grande ahora que no había personas ocupando los asientos de las gradas. El centro de la pista era el único lugar ocupado, con algunas figuras en su interior. Había algunas cosas instaladas como espejos y grandes tablones de madera con blancos pintados en ellos, y algunos objetos al azar sobre el suelo como cuchillos y rebanadas de fruta. Las figuras, que Leo reconoció como los otros artistas cuando se acercaron, estaban sentadas sobre la plataforma roja, comiendo y conversando entre ellos.

—Aquí es donde venimos a practicar juntos. Algunos de nuestros actos requieren más espacio del que tenemos en nuestros vagones —explicó Gilbert.

Oz se cruzó de brazos mientras inflaba su pecho. —Si, tienes razón, esto es para nuestra práctica... —elevó el volumen de su voz mientras caminaba pisando fuerte hacia los artistas en la plataforma—. ¡Así que no sé por qué estas personas sólo están sentadas sin hacer nada!

Una chica sentada muy cerca de otra gritó de regreso. —¡Cállate, Oz, tú no me dices que hacer!

—¡Todavía ni siquiera te he dicho que hagas algo, Alice! —replicó él, su compostura flaqueando ligeramente. Para Leo, lucía como si los dos tuviesen ese tipo de comunicación a menudo.

Pero entonces vio que la chica se puso de pie, y que la otra chica que, pensó, se había sentado muy cerca de ella, estaba de hecho adherida a Alice. Ellas estaban empaquetadas en el mismo vestido, aunque éste estaba dividido por la mitad para tener dos diferentes estampados y colores. Alice era la chica de largo cabello castaño y su lado del vestido era rojo con corazones blancos salpicándolo. Desde aproximadamente el final de su hombro, estaba una mancha de descoloridas cicatrices, y luego piel más pálida comenzaba, donde la otra chica, con una cascada de cabellera blanca como la nieve, estaba adherida a ella; su mitad del vestido blanco con picas negras[2]. Alice tenía el brazo izquierdo y la otra chica el derecho, dos pares de piernas unidas. Dos chicas puestas juntas.

—¡Estabas a punto de decirme algo! —gritó Alice, poniendo su mano sobre su cadera.

Su otra cabeza suspiró. —Alice, desearía que no te pusieras de pie tan abruptamente. Por favor, date cuenta de que eso me marea.

—¡No te pongas en mi contra, también!

Detrás de él, Gilbert suspiró, masajeándose las sienes. —Vamos, chicos, solo faltan algunas horas para la siguiente función, no discutan tanto —dijo con cansancio. Se volvió hacia los tres Baskervilles y señaló a cada uno de los artistas —. Esas dos son Alice y Alyss.

—¿Alice? —intentó Echo, frunciendo levemente el ceño.

—¿Sí? —respondieron ambas chicas al unísono.

Dejándolas de lado, Gilbert continuó—: El niño de ahí es Philippe. Y el que tiene...orejas de gato...es Cheshire. Esperen, ¿Dónde está Elliot? Podría haber jurado que lo vi entrar aquí...

—Trata de mirar hacia arriba de vez en cuando, tú molesto idiota.

Leo alzó la mirada, sobresaltado cuando vio a Elliot allí, sobre la cuerda floja instalada a unos treinta pies por encima de ellos, colgando boca abajo con los brazos cruzados. Había un molesto ceño fruncido en su rostro, pero entonces sus ojos azules se aventuraron hacia donde estaban los Baskervilles detrás de Gilbert, y parpadeó sorprendido. —Hey...son ustedes chicos...

—¡Hola Elliot! —le llamó Lily, agitando sus manos enérgicamente.

El rubio se curvó hacia atrás sobre la cuerda. Antes de que Leo pudiera incluso reaccionar, se arrojó al suelo, aterrizando al lado de la plataforma. Los otros artistas no parecieron del todo preocupados, y Leo sintió el calor subir a sus mejillas cuando Echo y Lily le sujetaron los brazos en advertencia.

Elliot se puso de pie, luciendo imperturbable cuando se sacudió el polvo y trabajó las torceduras de vuelta a sus articulaciones. Se detuvo entonces, mirando a su muñeca. —Mierda, el hilo se rompió —dijo con desaprobación, acunando su muñeca contra él—. ¿Puedes arreglarlo, Gilbert?

El hombre de cabello oscuro suspiró impaciente. —Elliot, no puedes seguir rompiéndote así, ¿de acuerdo? Sharon no va a estar feliz si sigo usando todo el hilo.

—No es como si fuera suyo en primer lugar —argumentó Elliot despreocupadamente, agitando lánguidamente su muñeca. Probablemente sintiendo la mirada que Leo le estaba dando, bajó su mano y se dirigió a los Baskervilles. Había una pequeña y divertida sonrisa en su rostro cuando dijo—: Hn, entonces supongo que nos encontramos de nuevo.

—Honestamente, no creí que sería así —admitió Leo, colocando una mano sobre su avergonzado rostro.

Oz se inclinó sobre Gilbert, elevando la mirada hacia el hombre alado. —Al parecer ellos ya se conocían —dijo arqueando una ceja. Aplaudió y froto sus manos diabólicamente—. ¡Muy bien, entonces eso significa que podemos saltarnos las formalidades!

Elliot miró al rubio enmascarado. —¿A qué te refieres?

—¿No estabas escuchando después de todo, Elly? —preguntó Oz dulcemente. Ignorando la mirada furibunda y la lluvia de insultos, explicó—: Ellos se unen al circo.

Eso hizo que Elliot se detuviera en seco. Volvió la mirada hacia ellos, fijándose en Lily, luego en Echo, antes de detenerse un rato en Leo. Luego sonrió, con una expresión de incredulidad brillando en sus ojos. Con una ceja levantada, dijo—: ¿En verdad, es así? En ese caso, vamos a ver lo que tienes, Leo Baskerville.

Echo fue la primera, por sugerencia de Oz, y fue una gran coincidencia que él considerara sus habilidades con su guadaña muy similares al lanzamiento de dagas que era parte del acto del rubio. Gilbert concordó, pensando que ella lo haría bien como compañera de Oz. Cuando el chico enmascarado llegó con ella y elogió su habilidad con los hilos y las dagas, Leo creyó haber visto un rastro rosado en sus mejillas.

Lily fue la siguiente. Su guadaña, Bandersnatch, era más pequeña que Jabberwocky pero también se dividía en dos como la guadaña de Echo, Duldum.[3]Las mitades estaban conectadas al final por cadenas y cada parte tenía dos hojas en vez de una, brotando de Bandersnatch como colmillos. A pesar de que su guadaña era más pequeña, sus hojas parecían rebanar y manipular el aire en sí mismo, impulsando el viento cada vez que ella lo deseaba e incluso rebotando a Philippe en el aire por algunos segundos.

Y Leo fue el último. Solo Elliot reconoció a Jabberwocky cuando él invocó su guadaña. Y cuando Leo se desprendió del suelo para elevarse en el aire, podría jurar que sintió los ojos de Elliot sobre él todo el tiempo.

Oz estaba casi encima de él cuando volvió a bajar a tierra. —¡Leo, eso fue algo que nunca he visto antes! ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo puede cualquiera de ustedes hacerlo? —demandó él, mirando a cada uno de los tres Baskervilles.

Despidiendo a Jabberwocky, Leo se encogió de hombros. —Te dije que somos como Xerxes Break.

—Supongo que lo son —dijo Gilbert, los ojos bien abiertos por el asombro.

—Y Break es parte del circo —dijo Alyss con una sonrisa de complicidad.

—Lo que probablemente sólo significa una cosa —siguió Alice a regañadientes, mirando hacia otro lado con un pequeño puchero.

Lily saltó con las manos cubriendo su boca. —¡¿Podemos unirnos ahora?! —inquirió.

Gilbert parecía a punto de hablar, pero Oz le interrumpió, agitando un solo dedo.

—Nop, aún no. Todavía hay una cosa importante que ustedes, chicos, deben ganarse antes de poder hacerlo —informó. Con una sonrisa, dijo—: ¡Aún necesitan sus nombres artísticos! ¡Y ya que el Señor Yura no está aquí, supongo que nosotros tendremos que dárselos~!

Leo intentó sonreír, empujando sus gafas hacia arriba. —¿Son necesarios?

—¡Por supuesto que lo son! —dijo Philippe.

—Ahora bien... —Oz dio un paso más cerca de Echo, los labios fruncidos en una expresión pensativa. —Ya que eres mi compañera, quiero darte tu nombre. Y tú serás...¡Estrella![4] Porque tu cabello es tan brillante como la luz de las estrellas. ¿Qué te parece~? —preguntó él, inclinándose cerca y enredando un dedo en su cabello plateado—. ¿Quieres ser mi pequeña estrella–? ¡AUCH!

—¿Puedes dejar de ser un idiota y continuar? —gruñó Gilbert, entrecerrando sus ojos hacia el rubio mientras retiraba su puño de la parte superior de su cabeza.

Las mejillas de Echo se habían teñido de rosa otra vez cuando Oz se apartó con un puchero. —A Echo...le gustaría mucho ese nombre —concordó tranquilamente, bajando la mirada. Leo no pudo evitar sonreír un poco ante su adorable reacción.

Gilbert miró al pequeño niño sentado en el suelo. —Philippe, ya que Lily está más cerca de tu edad, ¿Quieres escoger su nombre?

—¿Eso está bien? —le preguntó a la joven Baskerville, quien asintió alentadoramente. Él se mordió el labio, pensando—. Bueno, entonces serás Talon,[5] porque me hiciste volar como un pájaro, y tus cuchillas parecen garras. —Se sonrojó de un intenso carmesí entonces, los ojos muy abiertos con alarma—. ¿Está bien? ¡Lo-lo cambiaré si lo odias–! —Philippe se detuvo ante la vista de los amplios y felices ojos de Lily.

—¡Ese es el mejor nombre del mundo! —declaró ella felizmente, tacleando a Philippe al suelo.

Después de que Lily se hubiera calmado a un nivel aceptable, Gilbert se volvió hacia Elliot. —Ustedes dos parecen conocerse ya —dijo, mirando a Leo—. ¿Quieres ser el que le dé su nombre?

—¿Eh? —dijo Elliot, dudoso.

Alice esbozó una sonrisa pícara. —Llámalo Shaggy Eyes[6] —sugirió, mirando significativamente el cabello de Leo y sus gafas.

—No vamos a llamarle así. Yo decidiré —dijo Elliot cuando Leo, a la defensiva, empujo sus gafas hacia arriba. Mientras Alice se quejaba en voz baja, Elliot se volvió hacia el pelinegro con una expresión contemplativa—. Tu nombre puede ser...Requiem. [7] —Sus ojos viajaron a una de las manos de Leo, colgando a su lado—. No puedes tener dedos como esos y decirme que no has tocado el piano al menos una vez.

Oz miró a Elliot críticamente. —...Ese es una porquería de nombre.

—¡Cállate, enano, soy yo quien decide! Y como si pudieras decir algo, Arlequín.

—¡Como si pudieras decir algo, Humpty Dumpty, tú insensible idiota!

Mirando hacia sus manos mientras los otros dos discutían, Leo dijo de pronto—: De acuerdo.

Ambos rubios dejaron su discusión para mirarlo. —¿Qué?

Él se encogió de hombros, extendiendo sus manos y estirando sus dedos. —Me gusta el nombre, y es sólo uno artístico después de todo. Además — sonrió suavemente a Elliot—, tienes razón acerca de que toco el piano.

Elliot intercambió una mirada con Oz y los dos gradualmente se calmaron, a pesar de que aún se dirigían silenciosas miradas el uno al otro. Elliot fue el primero en romper el silencio cuando lanzó una mirada de satisfacción a Leo, cruzando los brazos triunfante. —Bien. Así que si no tienen nada más que decir, así será entonces.

Leo y Echo negaron con la cabeza, y Lily sonrió alegre hacia los artistas. —¿Entonces ya está hecho? —preguntó ella con impaciencia.

Alyss le sonrió. —Si, están dentro.

Oz asintió en acuerdo, extendiendo sus brazos. —¡Mis amigos, Estrella, Requiem y Talon, les damos oficialmente la bienvenida a The Clockwork Circus!

oOoOo

Para la hora que Isla Yura regresó al circo, alrededor de dos horas después de que los nuevos integrantes llegaran, ya era tiempo de prepararse para la función. Los artistas ya iban de izquierda a derecha para tener listos sus accesorios y colocarse sus trajes. El maestro de ceremonias les explicó que, ya que era su primer día, debían permanecer sentados hasta que hubiesen conseguido práctica. Siendo así, Lily desapareció para ayudar a Philippe y Echo estaba sentada tranquilamente sobre el pasto mientras Leo permaneció de pie allí con cierta torpeza, al tanto se limitaba a observar el revuelo de todos.

Como mínimo estaba cerca de abrir su libro cuando Elliot se acercó, una expresión de desaprobación en su rostro. —¿Qué crees que estás haciendo allí, sólo holgazaneando?

—¿Qué crees que podría hacer? —inquirió Leo, que sabía que los requerimientos físicos para cualquier cosa eran una dificultad para él—. Además, yo no te veo haciendo nada útil.

—Iba a la tienda de Sharon para obtener mi maquillaje.

—Como dije, nada útil.

Las mejillas de Elliot se tornaron rosadas mientras fruncía el ceño. —Mira, soy un chico respetable. ¿Crees que quiero esas cosas sobre mí? —preguntó.

—El labial que traías ayer era bueno. Pero te sugeriría que usaras un tono más claro si quieres que haga juego con tus ojos. —Había una sonrisa en su rostro mientras lo decía. Sentía como si simplemente estuviese bien bromear con el rubio de esa forma. Era divertido con esa personalidad, era como si Elliot estuviera rogando por ello.

El artista circense sonrió sombríamente, alzando un puño. —Suficiente de condescendencias.

Ante esto, Leo inclinó la cabeza con curiosidad, presionando un dedo contra su barbilla con asombro. —No estaba haciendo eso. Es justo ser honesto, ¿no? ¿A menos que tengas un problema con ello?

Elliot abrió la boca, luego frunció el ceño de nuevo antes de alejarse. —Ah, no tengo tiempo para ti. La gente llegará pronto. Debo estar listo.

Ante la retirada, Leo gritó—: ¡De verdad espero que luzca muy guapo esta noche, Señor Elliot! —El rubio se congeló, y por un instante pareció que replicaría, pero solo llegó a agitar los brazos y exclamar frustrado. Leo se lo tomó como una victoria personal.

—Vaya, vaya, mantenga ese nivel de burlas y pronto será mi rival, Señor Requiem —Xerxes estaba sentado sobre el pasto al lado de Echo, una paleta entre sus labios y una enorme sonrisa en su rostro. Echo ni siquiera se sorprendió por su aparición.

—¿Estarás en el show también, Xerxes Break?

—No aún, pero estaré con ustedes tres mañana. Así que disfruto de mi libertad mientras puedo~. —Se recostó sobre la hierba, Echo siguió sus movimientos sin decir una palabra cuando él golpeó el espacio a su lado. Su único ojo, asomándose entre su flequillo, miró a Leo—. Entonces, ¿diría que está disfrutando de esto?

Leo le ofreció una pequeña sonrisa, mirando hacia donde los artistas estaban desapareciendo en el interior de sus carros para ponerse sus disfraces. —A Lily en realidad le gusta. Creo que para ella, esto es como un extraño sueño hecho realidad.

—Los niños tienen ese tipo de mentalidad —explicó Xerxes, abrazando a Emily contra su pecho. Miró a la chica de cabello plateado tumbada junto a él—. ¿Qué hay de ti?

Echo no dijo nada, únicamente levantó su mirada perdida hacia el cielo de la tarde como si no pudiese siquiera verlo. Sus manos cruzadas educadamente sobre su regazo, ella parecía una joven preparándose para la tumba. Ella parpadeó una vez para probar que prestaba atención, pero esa fue toda la respuesta que Xerxes recibido. Él no pareció muy preocupado por ello, únicamente volviendo su atención de nuevo hacia Leo.

Éste se encogió de hombros. —Es ciertamente interesante, debo concederle eso —admitió Leo, empujando sus gafas.

Ante ésta declaración, la sonrisa en el rostro de Xerxes se amplió. —Estás muy en lo cierto, por supuesto —dijo, sacando la paleta de su boca. Su ojo la estudió cuidadosamente con diversión—. Y sólo seguirá haciéndose, oh, muy interesante~ —prometió con una mueca astuta.

oOoOo

Cuando la noche finalmente llegó y el flujo de gente eventualmente decayó, Leo y Echo se adentraron a la carpa principal usando la entrada destinada a los artistas. Si bien era verdad que ellos no estarían en ninguno de los actos de esa noche y ya habían visto el circo una vez, el Señor Yura todavía les invitó a ver las actuaciones. Lily se había ido todo el tiempo, merodeando y ayudando cada vez que podía. Leo sólo pensaba que eso demostraba lo mucho que la joven Baskerville disfrutaba la experiencia de ser parte del circo.

Esto es mil veces mejor que su recuerdo de la demostración pública después del espectáculo, pensó Leo, recordando la expresión asustada que Lily tenía la noche anterior.

—¿Ajustándose bien? —llegó la voz de Isla Yura mientras se colocaba a su lado. Había regresado de su excursión hace una hora, y ahora estaba vestido con su uniforme de maestro de ceremonias con la misma sonrisa segura en su rostro. Colocó una mano sobre el hombro de Echo, sonriendo hacia ella. —Lamento que no pudiéramos ponerlos en el espectáculo inmediatamente.

—Está bien —dijo Leo, colocándose un mecho de cabello tras la oreja. Tomó la mano de Echo, pretendiendo que querían estar más cerca, logrando sacarla del agarre del maestro de ceremonias—. Además, nos ayuda a ver la mecánica de todo otra vez. Gilbert ya nos ha dado nuestros actos y un lugar para quedarnos.

—¡Maravilloso, ya están todos instalados entonces! —dijo Yura emocionado, juntando sus manos. Las solapas de la entrada secreta se apartaron y la cabeza de Gilbert se asomó.

—Cuando esté listo, Señor Yura —dijo él con un brusco asentimiento. Leo notó que sus ojos estaban enterrados en el suelo, jamás encontrándose realmente con la mirada de Isla Yura.

Qué curioso.

El maestro de ceremonias le despidió con la mano. —Si, si, estaré ahí inmediatamente. Estén listos. Y sobre todo, recuerden sonreír. —Sin mirar la expresión dudosa en el rostro de Gilbert, se dio la vuelta y comenzó a dirigirse al escenario central donde su plataforma le estaba esperando—. Espero que disfruten nuevamente del espectáculo —dijo a Echo y Leo antes de desaparecer.

La multitud se silenció justo como la noche anterior al sonido de la voz de Yura, pero Leo empezó a desconectarse, recargándose contra una de las vigas de soporte de las gradas y deseando tener su libro de nuevo con él. El protagonista justo acababa de descubrir la ubicación del asesino de su amante...

—Bueno, por ahora esto va bastante bien, ¿cierto, Echo? —peguntó a la chica de cabello plateado mientras los artistas comenzaban a pasar a su lado hacia la pista central. Oz agitó las manos enérgicamente hacia ellos cuando pasó, y Elliot miró a Leo por un momento antes de darse la vuelta cuando la voz de Isla Yura retumbó en el aire de nuevo. Al final de la fila, Lily saltó y se reunió con sus compañeros, luciendo muy feliz.

Echo asintió, sus manos dobladas frente a ella. —Echo sabe que algo está mal, pero todavía no ha pasado nada —respondió tranquilamente.

—También tengo esa sensación. Es frustrante que no tengamos ninguna pista aún —suspiró el pelinegro—. Aunque es un poco más difícil cuando ni siquiera ha habido un ataque ni nada hasta ahora. Me pregunto si Glen está empezando a perderse. Con él siempre ha sido acerca de CM's.

—¿Por qué al amo Glen le importan tanto? —preguntó Lily, dejándose caer en el suelo y mirando a Leo.

Leo consideró la pregunta antes de responder. —Creo que es porque ya tiene experiencia con ellas. Él ayudó mucho en la recuperación tras la Tragedia. Quizá solamente siente que es su obligación. Es eso por lo que fundó Pendulum, supongo, para ayudar en su objetivo de deshacerse de todas ellas.

En la pista central, el primer acto ya había empezado, y la multitud estaba mostrando estupendas reacciones. —Pero el amo Glen nunca pelea —señaló Lily con ligereza, escudriñando para coger fragmentos del espectáculo.

Ah, así que incluso Lily puede verlo, pensó él, sabiendo que esa misma observación había pasado por su cabeza numerosas veces. Después de algunos segundos sopesándolo, llegó a la misma conclusión de siempre. —Quizá ya no puede pelear más... —Se puso tenso entonces, levantando la cabeza.

Una pequeña conmoción se estaba suscitando a algunos metros de ellos, en la audiencia. Algunas personas se habían levantado y estaban alejándose de una mujer que estaba temblando violentamente, su cabello desordenado por los puños que se enredaban en él. El espectáculo se había ralentizado, y Cheshire dejó su acto para volver su atención a la conmoción. Sus orejas se replegaban y estaba siseando suavemente.

Una mirada a la mujer lanzó a Leo hacia adelante. —Algo está mal con ella —dijo a Lily y Echo. Ellas también se enderezaron, siguiendo al pelinegro mientras éste caminaba hacia el asiento. La mujer aún estaba temblando, murmurando frenéticamente algún tipo de palabrería sin sentido, en el momento que Leo llegó a ella.

—Señora, ¿puede decirme que pasa? —dijo él, extendiendo cuidadosamente una mano hacia ella.

—¡Trató de morder mi hombro! —exclamó otra mujer, alarmada, su mano sobre el hombro agredido—. ¿Qué demonios le pasa?

La temblorosa dama elevó la cabeza, mirando directamente a Leo con ojos abismales, espesa saliva cayendo pesadamente de su boca, su lengua agitándose, probado el aire. —Tú lo tienes...Tú lo tienes... —declaró ella con voz ronca, estirándose. Antes de que Leo pudiese alejarse, las uñas de la mujer se clavaron en su ropa, sujetándole con fuerza. —¡DÁMELO AHORA!

Su chillido resonó en la silenciosa carpa, pero hubo un alboroto de gritos a su alrededor cuando la mujer apretó su mandíbula en el hombro derecho de Leo. Hubo un crujido suave mientras sus dientes se clavaban en su carne, pequeños charcos de sangre acumulándose rápidamente.

—¡Señor Leo! —Exclamó Echo con horror. Ella invocó a Duldum al mismo tiempo que Leo sacó a Jabberwocky y apartó a la ofensiva mujer. Ésta cayó de espaldas a las gradas, rechinando sus dientes chorreando de sangre.

—No hay duda, ella es una CM —dijo Leo, gruñendo cuando el aire frío golpeó la marca de la mordedura. No estaba sangrando abundantemente, pero lo suficiente para teñir su ropa y dejar un ligero aroma a sangre mezclándose con el aire mientras se limpiaba la herida. Sin vacilación, levantó a Jabberwocky y le atravesó la garganta. La mujer balbuceó, todavía soltando fragmentos de palabras, rotas exclamaciones de violencia que hicieron que la gente alrededor de ellos se estremeciera con aversión y miedo.

Leo no tuvo tiempo de preguntar si estaban todos bien cuando otro grito rasgó el aire, otros dos siguiendo a éste.

—¡Hay más Leo! —chilló Lily, invocando a Bandersnatch.

Pensando rápido, el pelinegro ordenó—: Lily, ocúpate del que está cerca de la derecha. Echo–

—Echo entiende —interrumpió ella, ya corriendo en dirección opuesta a la de Lily.

Asegurándose de que la Cannibal Marionette frente a él estuviese realmente muerta, puso la cuchilla de Jabberwocky sobre su cuello y le cortó la cabeza. Hubo gritos de horror a su alrededor cuando la sangre salpicó, pero él rápidamente lo ignoró mientras se dirigía a la tercera CM que apareció.

Echo no había llegado con la suya a tiempo y ahora estaba persiguiéndola mientras ésta corría a través de la audiencia y hasta la pista central, sus dagas manipuladas volando. La gente estaba luchando por salir de sus asientos ahora, el pánico haciendo el aire vibrar con miedo. El objetivo de Leo había logrado coger a un hombre por el brazo con sus dientes, sacudiendo la cabeza vigorosamente para desgarrar la carne. El pelinegro saltó los escalones, balanceando a Jabberwocky en un arco para cortar su cabeza. La Cannibal Marionette se movió sin embargo, y sólo consiguió arrancar su brazo. Ésta aulló de dolor, liberando al hombre que estaba mordiendo y se alejó, gritando.

La CM era un niño que se veía sólo un poco más grande que Lily, sus ojos castaños saliéndose de sus cuencas y la sangre tiñendo su boca. Más fluidos rojos se derramaban libremente de su brazo cortado, pero el chico enfocó su mirada en Leo y se abalanzó. Tropezó con los asientos más bajos cuando el pelinegro lo esquivaba, salpicando sangre por todas partes. Leo giró rápidamente, llevándose a Jabberwocky consigo mientras deslizaba la hoja de la guadaña de nuevo en el aire.

Falló de nuevo. Esta vez sólo consiguió cortar la pierna de la CM desde la rodilla. Después de su anterior pérdida, que resultó en un miembro cortado, Leo lo encontró cómico. Rio. Era casi como si estuviera jugando con el chico, y el pensamiento inmediatamente le atrajo. Con una sonrisa un poco torcida y sus ojos brillando peligrosamente, cortó el otro brazo del retorcido monstruo mientras éste chillaba con voz aguda. El sonido también era hilarante y Leo emitió una carcajada trastornada.

«¡Tienes que controlar esas urgencias!».La voz de Glen gritó en su oído, sujetándolo con fuerza y trayendo al pelinegro de vuelta a la realidad. Él vaciló, casi tambaleándose y perdiendo el dominio sobre Jabberwocky. La CM aún estaba aullando de dolor, la sangre obstruyendo su garganta mientras intentaba ponerse de pie, los nuevos muñones de sus extremidades sacudiéndose desesperadamente.

Leo amplió sus ojos ante su lamentable estado, difícilmente creyendo la tortura a la que estaba sometiendo al monstruo. Actuando antes de poder contradecirse a sí mismo, presionó la hoja contra la garganta teñida de rojo, listo para cortar su cabeza...

Los labios manchados de sangre se movieron, haciendo sonidos humanos, hablando palabras coherentes...

—A...quí...¿Por qué...m-me trajiste...? C...clock...tick…ing…clock…—El siguiente sonido que rasgó a través de aquella boca fue un grito torturado, los ojos ardiendo con odio y hambre una vez más. Leo torció el gesto y cortó la cabeza del niño, la sangre manchando sus pantalones mientras le miraba de cerca. La cabeza colgó a un lado, cayendo por las escaleras de las gradas con golpes sordos. Leo la vio rodar con una expresión controlada.

«Tienes que controlarte...»

Aspiró, limpiándose la nariz y accidentalmente manchando su rostro de un ligero rojo. Suspiró cuando se dio cuenta, el aroma metálico llenando sus sentidos mientras despedía a Jabberwocky. La conmoción dentro de la carpa había muerto un poco, pero el pánico aún era evidente. Vio que Lily y Echo se habían ocupado de sus Cannibal Marionettes también y ahora estaban caminando de regreso a él. Leo cerró los ojos, hundiéndose en el asiento bajo él, sujetando su desordenado cabello.

Su saliva era muy espesa, y así eran las lágrimas que amenazaban con caer por su rostro. Nunca pudo decir realmente que detestaba ser un Crimson Faust, pero últimamente los instintos habían sido mucho más difíciles de controlar. Repentinamente sintió el peso de todas las muertes que había provocado, todas las historias que tuvo que inventar con el fin de matar...aquella susurrante voz que le decía que estaba haciendo lo correcto, siempre haciéndolo sentir tan seguro...

—¿Señor Leo? —dijo Echo con cautela. Tocó gentilmente su brazo y él levantó la cabeza lentamente. Los ojos de Echo, tan profundos como el océano, le devolvieron la mirada. —Ya no hay más. Por ahora, todos están a salvo. Nadie fue asesinado.

—Aunque algunos fueron heridos —admitió Lily con una mirada sombría.

Leo solo asintió, tragando saliva. Casi se lamió los labios cuando probó la sangre en su lengua. En un intento por distraerse, puso más atención a Echo y Lily. Lily estaba más cubierta de sangre que la otra chica, casi la mitad de su rostro estaba teñido completamente de rojo, y goteando en su cabello y camisa. Las manos de Echo eran carmesíes.

Todos estaban cubiertos por fluidos de los monstruos.

Isla Yura estaba en el centro de la pista. No parecía haberse movido en todo ese tiempo, ahora que pensaba en ello, diciendo algo sobre como esperaba que la gente hubiese disfrutado de la actuación...

Suficientemente estúpido, las personas parecieron tranquilizarse con esto, y los gritos cesaron. Mientras Yura llamaba a los que habían sido heridos, Leo y las chicas regresaron al nivel del suelo. Philippe había subido en ese momento y estaba bombardeando a Echo y Lily con preguntas sobre su bienestar. Elliot emergió entre la multitud y caminó hacia Leo, la chica de los ojos vendados de la noche anterior sosteniendo su mano.

Sus glaciales ojos azules se ampliaron con incredulidad. —¿Qué pasó? —demandó sin aliento—. ¿Qué fue todo eso?

Leo apartó la mirada, frotándose la nuca. —Eran monstruos, así que teníamos que matarlos —explicó llanamente—. A menos que quieras que gente inocente muera.

—¡Por supuesto que no quiero eso! Pero ¿Qué hay de ustedes? —señaló Elliot, apuntando a la figura sangrienta de Leo—. Ustedes saben cómo pelear con esas...¡Lo que sea que son...! Ustedes usaron esas ¿Guadañas, creo que las llamaron? ¡Si, ustedes las usaron!

Lacie (así es como recordaba que el rubio la llamó) tocó su hombro con suavidad. —Elliot, cálmate —dijo ella.

—Bueno, en realidad es por eso que estamos aquí —dijo Leo, intentando sonar desenfadado cuando respondió la pregunta. Pero Elliot sonaba preocupado, aunque ¿cómo esperaba que él entendiera?

Los ojos de Elliot se estrecharon y el rubio se acercó para agarrar la camisa teñida de sangre de Leo, soltando la mano de Lacie. —¿Quiénes son ustedes? —demandó, llevando su rostro cerca del suyo—. ¿Por qué están aquí en realidad? Esas cosas nunca habían estado aquí antes de que ustedes llegaran. ¿Qué son siquiera esas cosas?

—Esas son demasiadas preguntas, la mayoría de las cuales no puedo responderte —Leo aún estaba mirando hacia otro lado, pero por supuesto el rubio no podía saberlo. Colocó sus manos sobre las de Elliot. —Pero nosotros no somos los malos aquí.

—Entonces, ¿quién?

Leo deseó saberlo. Su única esperanza era que no fuera el chico parado delante de él, al que conoció por tan poco tiempo.

Elliot le dejó ir. —Están ocultando algo, todos ustedes —dijo en un hilo de voz, tan bajo que sólo Leo pudo escucharlo. Entonces sonrió peligrosamente—. Y van a decírmelo todo. Eso, si quieren permanecer en el circo de una pieza.

—Eso suena mucho como una amenaza, Elliot —respondió el pelinegro igualmente en un hilo de voz, arqueando una ceja, divertido.

Una pequeña risa abandonó los labios del rubio, pero no había humor en ella.

—Eso es, porque lo es.

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Anotaciones:

[1] El título para este capítulo viene de la canción del mismo nombre que forma parte de la banda sonora del videojuego "American McGee's Alice" y que Hitsugi estuvo escuchando mientras escribía. Aquí les pongo el link por si quieren escucharla: (youtube)/watch?v=Gsv5gcotj3w

[2] Picas: También conocidas como Espadas en la baraja inglesa.

[3] Como verán, Hitsugi usó los nombres de las respectivas cadenas de cada personaje para nombrar las guadañas.

[4] Originalmente, Oz usó esa misma palabra en español: "Estrella".

[5] Talon: Garra.

[6] Shaggy eyes: "Greñudo cuatro ojos".

[7] Requiem: Canto fúnebre.


N/T: Bueno, al parecer lo que está detrás de las CM no se anda con jueguitos y se fue directamente al punto con este ataque. Criaturas bastante aterradoras las Cannibal Marionettes, ¿no creen? Menos mal que Leo y las chicas sabían qué hacer, aunque no he podido evitar preocuparme por la pequeña Lily.

Como sea, esto sólo demuestra que Glen tenía razón y que el circo podría estar ocultando un demonio. ¿Ustedes ya sospechan de alguien? Recuerden que podría ser cualquiera, incluso los personajes más inocentes como Philippe o Alice…¿Lacie?…o los más ridículos como el propio Yura que además es dueño del Circo. ¡Oh! ¿Y qué opinan del chico en los sueños de Leo? ¿Tienen ya alguna teoría? Hay muchos rasgos vagamente familiares en las descripciones de Leo.

¡Y no puedo creer que Elliot amenazara a Leo de esa forma! Es decir, entiendo que no luce exactamente como una coincidencia que la aparición de las CM's sucediera simultáneamente a la llegada de los tres Baskervilles pero tampoco puedes andar acusando a la gente así…o exigiendo respuesta como si el mundo te las debiera. Mal, Elly, muy mal...*suspiro*

En temas más ligeros, el cast completo de The Clockwork Circus ya nos ha sido presentado e incluso ya tenemos nombres artísticos para nuestros tres Baskervilles. Mi favorito personal ha sido el de Leo y no precisamente porque Elliot lo haya escogido. No sé, la palabra "Requiem" siempre me ha gustado de una forma triste y dolorosa…

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Editado: 30/11/2016