Disclaimer applied.

Link al original:( /s/7416004/1/Clockwork-Circus )

Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Menciones de abuso y violación. La traductora y sus horrores ortográficos…


Acto VI: Some of Them Want Be Abused [1]

(Algunos de ellos desean ser abusados)

Un dolor agudo le atravesaba el cuerpo una y otra vez mientras su herida, ahora ya limpia, era cosida. Delante de él estaba una chica con cabello rubio rojizo, una cuidadosa mirada concentrada en sus ojos mientras trabajaba en él. Cuando terminó, ella cortó el hilo con sus dientes y con cautela palpó sus puntadas completas. —Ya está. Espero que no te duela demasiado.

—No, me siento bien —dijo Leo, ofreciendo una sonrisa a Echo quien estaba de pie justo detrás de la chica. Su propia herida en la parte posterior de su muslo (porque aparentemente ella también había sido mordida), ya había sido atendida. La mordida que la Cannibal Marionette había dado a Leo no le había dolido en ese momento, pero más tarde, cuando el espectáculo circense había vuelto a la normalidad, pudo sentir el dolor en su hombro como si fuera reciente. Elliot había sido quien le sugirió que viera a Sharon, ya que ella no estaba en la función de esa noche como Gilbert, el único otro con experiencia médica.

—La encontrarás en una pequeña tienda, afuera en la parte trasera —le había instruido Elliot—, probablemente con Xerxes.

Sharon era una chica con rostro amable y que parecía ser más joven que él, incluso cuando ella decía estar en los veinte. Se había reído ante el silencio de Leo, diciendo que Xerxes tampoco no aparentaba su edad. Siendo honesto, Leo no sabía si creerle o no, pero se imaginó que en un circo de personas que no eran "fenómenos" promedio, todo era posible.

Ni Sharon ni Xerxes cuestionaron el por qué Leo, Echo y Lily habían ido detrás de las Cannibal Marionettes o por qué ellos convenientemente tenían armas para combatirlas. Cualquiera que fuera la razón, Leo consideraba un alivio no hacer un lío sólo para dar una respuesta. Si ellos tuviesen intenciones siniestras, se imaginaba que les hubiesen preguntado. En cualquier caso, ambos artistas parecían pertenecer una categoría propia. Aunque estaban en el circo, se hallaban separados del resto de alguna forma...

Sharon palmeó de nuevo su herida antes de levantarse. —Sólo son unas pocas puntadas —dijo ella, colocando la aguja e hilo en una pequeña canasta de medicamentos. Tomó un pequeño pedazo de gaza como la que estaba en el muslo de Echo y la pegó sobre su hombro gentilmente—. Puedo haber sido peor para ambos, pero aun así, por favor tengan cuidado cuando realicen algún movimiento. —Se aseguró de tener todas sus cosas y caminó hacia otra cama.

Leo asintió, también levantándose de la cama sobre la que estuvo sentado. Mientras abotonaba su camisa, examinó a los demás a su alrededor. La tienda donde encontró a Sharon y Xerxes era más pequeña que la de Isla Yura, y estaba ocupada por cinco angostas camas cubiertas con sabanas a rayas. Cada una de ellas siendo usada por aquellos que habían sido heridos durante el ataque de las CM's, su heridas casi tan graves como lo habían sido las de Leo y Echo. Una mujer no podía dejar de llorar y otro hombre estaba tratando de tranquilizarle.

—Esto causó demasiada agitación, ¿no es así? —señaló Xerxes mientras se acercaba a los dos Baskervilles. Había una lata de dulces en su mano y entregó uno a Echo y Leo, colocando después uno a su propia boca.

Leo hizo lo mismo, agradecido por el dulce sabor que desapareció el de la sangre en su lengua. —¿Esto no es malo? —preguntó él—, ¿No tendrán que irse antes y cerrar el circo si ellos van y le dicen a otros sobre los monstruos?

Xerxes enarcó una ceja y apartó la mirada hacia los demás espectadores convertidos en pacientes. —Bueno, este es un espectáculo de fenómenos, señor Baskerville. ¿Cómo podrían no esperar un horror o dos? Además, si se comienza a propagar algún rumor, difícilmente sería la primera vez —sonrió entonces, palmeando la cabeza de Leo.

—Ustedes necesitan cuidarse mejor —dijo, cruzando sus brazos sobre la cabeza de Echo. Ella lo apartó—. Las criaturas parecen haberse ido por ahora, y a ustedes no les gustará ser tomados con la guardia baja. —Se alejó entonces, sacudiendo rítmicamente sus caramelos y ofreciendo algunos a los pacientes.

—Es extraño —comentó Echo, siguiendo a Leo fuera de la tienda—. ¿El señor Leo piensa que quizá sea sospechoso?

El pelinegro saboreó su caramelo, pensativo. —Pensé lo mismo, siempre dice cosas tan enigmáticamente, y estoy seguro de que sabe algo. Pero si lo hace, ¿tendría que decirlo de tal forma que pareciera como si estuviera animándonos?

Se detuvo a medio camino para mirar a la gran carpa que se cernía sobre ellos. —Por lo menos, la aparición de esas Cannibal Marionettes justo cuando estábamos a punto de comenzar la investigación significa que Glen tenía razón.

—¿Sobre qué? —preguntó Echo, frunciendo levemente el ceño.

—Que hay algo malo con este circo.

oOoOo

Cuando Leo se encontró a solas después de la función, fue a la sección del bosque tras la carpa del circo e invocó a Jabberwocky.

—Necesito que tomes una forma provisional para mí —le pidió a su guadaña. La extendió tan larga era y vio como una ráfaga de luz purpura oscuro era emitida por el arma, retorciéndose y encogiendo su forma. Cuando la transformación estuvo hecha, un cuervo con misteriosos ojos insectoides se encaramó en su mano, arrastrando sus garras.

Leo asintió con aprobación. Sólo había intentado unas cuantas veces antes cambiar la forma de Jabberwocky, pero nunca lo hacía a menudo debido a la concentración mágica que se requería. Entre los Baskervilles, sólo sabía que él, Lily y Doug podían hacerlo.

—Observaste como yo lo hice —dijo él—, porque nosotros estamos conectados, donde mis ojos son los suyos. Así que quiero que tomes esa información y se la entregues a Glen, ¿de acuerdo? Querrá saber al respecto. —Agitó su mano para incitar a Jabberwocky a volar y le vio desaparecer entre las sombras de los árboles. Sólo cuando estuvo seguro de que su guadaña estaba a una distancia considerable se dirigió de vuelta al claro. No estaba completamente seguro de por qué tenía que enviar de vuelta un informe en primer lugar, pero Glen había solicitado actualizaciones, sean grandes o no.

Realmente está en este caso, ¿hmm? El aire fresco que había sido disuadido por el espeso bosque ahora le golpeó en pleno rostro y él se estremeció ligeramente. Las chaquetas del uniforme de Pendulum habían sido dejadas en la mansión, y Leo no habían traído exactamente otro abrigo para cubrirse. El estornudo que llegó unos segundos después le recordó su estupidez. Tiró de las largas mangas de su camisa en un intento de obtener calor, y se dirigió hacia el vagón verde en el tren.

Xerxes ya había abierto los vagones para la hora en que Leo volvió. —¿Encontraste algo interesante? —le preguntó Emily, sus ojos blancos casi mirando hacia él. Leo ignoró cuán desconcertante era eso y negó con la cabeza.

Xerxes se encogió de hombros. —Bueno, quédate por aquí y no tendrás que ir muy lejos —dijo él, colocando sus llaves en su bolsillo con un cascabeleo. Revolvió el cabello ya desordenado de Leo y se alejó.

Hubo un chirrido de bisagras cuando Oz asomó la cabeza por su puerta abierta y miró hacia Leo. —Eh, ¿tienes ya una buena relación con Xerxes? —preguntó con diversión—. Leo es mucho más amistoso de lo que pensaba. —Hizo un gesto al pelinegro para que entrara.

Mientras Leo cautelosamente tomaba asiento a mitad del suelo, Oz sonrió hacia él. —Entonces, ¿Gilbert te acomodo conmigo? Esto será genial, ¿verdad?

—Lamento molestarte Oz —dijo Leo, colocando un poco de cabello detrás de su oreja—. No soy la mejor persona que se pueda tener cuando se quiere hablar, ya ves. Pero trabajaré en ello.

Oz le cortó, agitando una mano. —Nah, no tienes que preocuparte por eso. Sólo pensé que nunca llegaría el día en que tendría un compañero de cuarto, eso es todo —dijo él, dejándose caer también al suelo. Se inclinó sobre el pelinegro, sus ojos verdes brillando en la oscuridad—. Entonces, ¿cómo te ha parecido hasta ahora?

—Es diferente de donde vivía antes. Nunca he estado en un circo.

Nunca he salido mucho y punto.

Oz enarcó una ceja, su expresión suavizándose un poco en intensidad. —Pero, ¿crees que va a gustarte estar aquí?

Por un momento, Leo había olvidado que nadie sabía de su misión. Para Oz y los otros artistas, él, Echo y Lily estaban ahora permanentemente viviendo en el circo. Leo empujó sus gafas hacia arriba y se encogió de hombros. —Creo que todos ustedes son muy interesantes. Eso me hace sentir...—Se esforzó por encontrar una palabra adecuada.

Con una oscura risa, Oz ofreció—: ¿Te hace sentir mejor contigo mismo? —Se sacó la máscara con un profundo suspiro, pasando una mano a través su cabello rubio mientras la colocaba en el suelo a su lado.

Leo se encontró mirando groseramente la piel deformada que era la mitad de la cara de Oz. —¿Por qué dices eso?

Si Oz notó el embobamiento de Leo, no dio señal alguna de que le importara. —Pensé que era la respuesta obvia, supongo —admitió Oz con una tímida risa—. Quiero decir, por lo menos tú te ves remotamente normal, Leo. ¿A menos que haya algo malo aquí? —Hizo una seña hacia sus ojos—. Es decir...tienes unas gafas muy extrañas. No puedo ver dentro de ellas.

—Fueron hechas para mí. Para que nadie pueda ver mis ojos —explicó Leo con el ceño fruncido. A pesar de que le gustaría decir que no había nada malo con sus ojos, no sabía si eso era cierto. ¿Por qué más querría Glen que los cubriera todo el tiempo?

Oz le miró significativamente. —¿Tú...tienes ojos?

—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó el pelinegro, desconcertado ante la idea.

Fervientemente, Oz negó con la cabeza. —¡No, no! ¡No tiene nada de malo! Es sólo que si no los tienes, estaría bien. Lacie usa una venda porque ella no...—Desvió la mirada, haciendo un gesto para que Leo captara su significado.

Leo sacudió la cabeza. —No, yo no soy así. Éstas fueron sólo...hechas para mí porque —bajó la mirada, sin saber que más decir sobre el tema.

Oz tosió. —Lo siento, no era mi intención presionarte de ese modo. Es que nosotros realmente no conseguimos fenómenos como Break tan a menudo. Estoy acostumbrado a ver deformidades. Siento que cuanto más veo, menos...

—¿...menos solo te sientes? —finalizó Leo. Cuando Oz le miró con sorpresa, dijo con una pequeña sonrisa—: No te preocupes, incluso una persona que no es físicamente extraña sabe de ese tipo de sentimientos. Solía pensar que era el único que podría poseer los poderes que tengo. —Bajó la mirada hacia sus manos por segunda vez ese día. Cuanto más las observaba, más extraño le parecía su aspecto.

Lentamente, su mano fue y se aferró de la ropa sobre su corazón, examinando de cerca cada sensación. Durante todo ese tiempo, Oz estuvo mirándole con fijeza. En el segundo siguiente, la mano del rubio se posó sobre la suya, y estaba sonriendo abiertamente. —Bueno, entonces ninguno de nosotros se siente solo aquí, ¿eh? No te preocupes, lo que sea que pase aquí, tienes hermanos y hermanas para protegerte.

Leo parpadeó sorprendido, no sabiendo cómo responder. Entonces asintió secamente, apretando la mano de Oz. —Gracias.

Pero sólo le tomó un latido de su corazón para recordarlo todo, para recordar el por qué estaba ahí en primer lugar. Oh, las Cannibal Marionettes, y su ataque; la posibilidad de que el circo estuviese envuelto en todo eso. Incluso Oz podría ser parte de ello, se recordó a sí mismo. Leo apenas confiaba en la gente, pero era doloroso que las personas que se consideran solitarias y hacen reír a la gente, fueran probablemente las menos dignas de confianza que pudiese encontrar a su alrededor en este momento.

Oz le estaba mirando fijamente de nuevo. —¿Extrañas el lugar del que vienes? ¿Era...un hogar?

Leo pensó cuidadosamente la pregunta, sin estar seguro de cómo abordarla. Casi todos aquellos fenómenos habían sido echados del lugar que alguna vez fue su hogar. Por supuesto, él no podía decir que en realidad amaba el lugar donde vivía y que había sido enviado allí para realizar una misión, luego volver.

—En verdad lo extraño —respondió finalmente, abrazando débilmente sus rodillas—. Y a pesar de que nunca interactuábamos mucho con la gente...era mejor que tratar de encajar con las personas normales.

—¿Tenías padres?

Leo casi enfureció. En serio, ¿No debería ser él quien haga las preguntas aquí? ¡Tenía una investigación que hacer! —No unos de verdad —admitió, encogiéndose de hombros—. Pero nunca los conocí en el primer lugar. G–...el hombre que fue mi padre adoptivo...él fue todo lo que conocí realmente. Algo sobre encontrarme cuando era un bebé podría tener algo que ver con ello.

Oz asintió compresivo, sus ojos repentinamente luciendo una mirada lejana. —Sé a lo que te refieres. Mi padre quería dejarme en las calles también, pero mi madre no se lo permitió. Tras la muerte de ella, sin embargo —se encogió de hombros—, él me sacó de la mansión, incluso cuando las sirvientas trataron de detenerlo. Gil me encontró y me trajo aquí. —Sonrió al decir esto, haciendo que la piel deforme se arrugara más y la apariencia de su expresión se volviera más maliciosa.

—Siempre hemos sido extraños, ¿no es así? —rio Oz repentinamente. Le dedicó a Leo una extraña mirada, como si esperara que el pelinegro estuviese de acuerdo con él. Honestamente, sin embargo, él no necesitó mucho estímulo para eso.

Con una risa cínica, dijo—: Las cosas por lo general sólo se vuelven más extrañas. Oh, hablando de eso...Elliot me dijo que el circo nunca había visto esos monstruos que estuvieron en el espectáculo. ¿Es eso cierto?

Oz parpadeó, pensándolo un momento. —¿Cuáles? ¿Esas personas que sólo empezaron a atacar? En realidad no les eché una buena mirada. Parecían humanos, salvo por todo el asunto de los gritos —dijo él con un perturbado ceño fruncido. Al igual que su sonrisa, la expresión tejida no ayudaba nada a la apariencia de su rostro. Sacudió la cabeza, su cabello rubio crujiendo con el movimiento—. Pero de cualquier manera, nunca los había visto.

—¿Nunca? ¿Ni en el circo, o las ciudades a las que viajan? —preguntó Leo, tratando de mantener un tono casual, feliz de que la conversación finalmente se hubo alejado de los padres y sus vidas—. Creí que esas criaturas eran muy comunes en todas partes. Es por eso que Echo, Lily y yo aprendimos a combatirlas con los objetos que podemos invocar. —Eso fue lo suficientemente cierto sin que él realmente revelara nada. Además, eso lo salvaría del problema de decirle a Oz como es que ellos eran capaces de luchar contra las Cannibal Marionettes.

Una expresión ilusionada cruzó momentáneamente el rostro de Oz. —Oh, pensé que ustedes se veían muy profesionales. Así que han tenido que lidiar con ellas a menudo. Eso es triste, ¿quién querría verlas más de una vez?

Rápidamente, Leo intentó poner el interrogatorio de nuevo en marcha. —A nosotros en realidad no nos importa, ya que lo hicimos para aprender a protegernos —explicó lacónicamente—. Es por eso que estábamos sorprendidos de que el circo no las haya visto, ya que van a muchas ciudades, viendo todo tipo de cosas.

—Bueno, verás, no tenemos permitido ir más allá del sitio en que acampamos —rebatió Oz rápidamente. Señaló su rostro. —O más bien, no iríamos más lejos incluso si quisiéramos. La mayoría de nosotros tiene deformidades. Sharon, Break, Philippe, y el Señor Yura son los únicos que se aventuran. Supongo que tú y tus hermanas también lo harán, ya que lucen normales.

—¿Nunca han salido?

—Nop. Y el Señor Yura coloca cortinas sobre nuestras ventanas cuando viajamos, así que nunca sabemos dónde estamos. —Se encogió de hombros. —Si esas cosas alguna vez pasaran por ahí, no habría de saberlo. Dudo que los otros lo hagan, también.

Leo se detuvo, considerándolo. Así que Sharon, Break e Isla Yura son los únicos que dejan el circo. Ninguno de los otros artistas han siquiera visto más allá de los límites del campamento. ¿Cometeré un error en no sospechar de Sharon y Break cuando lucen tan despreocupados?

Y por supuesto, ahora eso deja a Isla Yura, el único hombre que sabe sobre nuestra misión. Podría ser que, si tiene una afiliación con las Cannibal Marionettes que se arrastran por su circo, intente cubrir cualquier evidencia.

El viento se alzópor algunos segundos, haciendo crujir las hojas y arañando las ramas unas contra otras. A la distancia se escuchaban los mismos sonidos goteantes de una caja musical que se habían estado tocando durante el acto de Lacie y Elliot. La melodía despertó a Leo de sus pensamientos y elevó a mirada. Oz se percató de su interés y sonrió suavemente.

—Proviene del carro de Lacie. Ella ama el sonido de una caja musical —dijo él con una expresión serena—. Ella me contó que tenía un buen amigo que las hacia todo el tiempo. Éstas le recuerdan a él, y por las noches ella toca una. A los demás no les importa porque es muy relajante. —Como para enfatizar, cerró los ojos con un suspiro cansado, y se dejó caer de espaldas al suelo, extendiendo los brazos.

Leo le miró fijamente. Probablemente no obtendría más información del chico esa noche, y él aún no estaba seguro que siquiera tuviese mucho que aportar a la investigación. Ojalá Echo y Lily hayan intentado algo también...

La caja musical continuó tocando. Junto a los deslumbrantes sonidos había un tarareo. El tarareo de Lacie, fuerte pero gentil y poético. ¿Cómo podía algo tan etéreo existir en un espectáculo de fenómenos?

Leo dirigió su mirada al exterior y descansó la cabeza sobre sus rodillas. Pensó en el canto de Lacie y su danza y en cuanto esto le hacía desear dispersarse en el aire tan suave y libremente.

Pensó en la sonrisa de Oz y cuán bien luciría sin su rostro lleno de cicatrices, y que él definitivamente era del tipo que tenía montones de amigos.

Y pensó en Elliot y que no sabía mucho sobre él más allá de las suturas que atravesaban su piel y los agradables sentimientos que provocaba en el pecho del pelinegro. Sus mejillas se sintieron repentinamente cálidas pensando en ese ceño fruncido que Elliot poseía, en aquellos penetrantes ojos azules.

Se quedó dormido en algún punto mientras la caja musical y la chica sin ojos le sosegaban entre las sombras.

oOoOo

¡Tan cerca...! ¡El tiempo ya casi termina! ¡Ooh, no puedo esperar, no puedo esperar!

¡Es casi la hooooora~!

Leo sólo tenía una voz, una pregunta, una desesperación—: ¿Qué hora? ¿Qué viene?

¡No puedo esperaaaaaaaar!

oOoOo

Los gritos venían desde el otro lado del carro de Oz cuando Leo despertó, un poco después del amanecer a juzgar por el sol, de un brillante anaranjado, colándose en el claro del bosque. Había una delgada manta azul arrojada sobre él. Oz debió habérsela dado cuando se dio cuenta de que el pelinegro se había quedado dormido. Ésta le habría provisto un poco de comodidad al frio de la noche, si su entumecida nariz congelada y sus manos no fueran nada por lo que tuviera que pasar.

Deslizó la manta y se colocó sus gafas, las cuales Oz aparentemente le había retirado. Probablemente para comprobar si estaba mintiendo acerca de tener ojos, pensó adormilado y con un rastro de molestia. Gruñó ligeramente adolorido cuando sus puntadas le recordaron que estaban ahí y se frotó el hombro.

Las voces estaban un poco más cerca ahora, y escuchó el susurró de pasos. Había dos personas afuera. Una definitivamente era Oz, sin embargo. Él era el que estaba gritando.

—¡Podrías habérmelo dicho, tú idiota! —gritó, tenso, sonando como si le doliera estar calmado—. ¡Esta es ya la tercera vez que te pones en mi lugar! ¡No, no digas nada, Gil, solo–!

—Oz, tranquilízate, por favor —le imploró Gilbert en voz baja. Se habían movido frente del carro ahora, y Leo los veía a través de la ventana. Gilbert colocó sus manos firmemente sobre los hombros de Oz, cuyo rostro, sin cubrir por su máscara, estaba de un rojo brillante. —No quiero que el señor Yura te lastime, ¿De acuerdo? No después de...

Una burla incrédula dejó los labios de Oz mientras apartaba al hombre alado. —¡Ponerte en mi lugar no lo hace mejor! ¡Eres un estúpido cobarde! —dijo él, temblando visiblemente, pero si era de rabia, Leo no estaba seguro. —¡Gil cree que me está ayudando mucho siendo un masoquista! ¡Yo tampoco quiero que te toque!

—Oz, estás haciendo mucho ruido —dijo Gilbert tranquilamente, pasando su mano por el cabello de Oz. Él estaba pálido, tan pálido que incluso la luz del sol no parecía iluminar vida alguna en él. Sus ojos dorados estaban bordeados de sombras y sus labios estaban delgados y mallugados. Salpicando su pálida piel había marcas de color rojo-violáceo, algunas más oscuras que otras. Leo se dio cuenta de su cojera cuando Gilbert retrocedió y casi vomitó, dejando escapar un débil gimoteo para mantener la bilis a raya.

Oz lo escuchó y miró hacia el interior del vagón.

—¡Buenos días~! —canturreó él, una sonrisa rasgando repentinamente su rostro.

Por un segundo, Leo no pudo responder, sólo escuchando lo que Oz le había soltado la noche anterior: «Pero, ¿crees que va a gustarte estar aquí?».

Intentó recomponerse, asintiendo. —Buenos días, Oz. Gilbert —recitó, aturdido—. ¿Saben si alguien más está despierto?

Oz miró de reojo al hombre alado junto a él. —Somos de sueño ligero, y tendemos a levantarnos temprano. Además de Philippe y Lily, eres el último en levantarse. —Saltó al interior y se acercó a una gran mochila andrajosa que descansaba a un lado del carro. —¿Debo suponer que no tienes más ropa que la que estás usando?

Leo tiró de su camisa. —Nada, en realidad. Isla Yura dijo que nos daría algo que usar cuando hiciéramos nuestros actos.

—Eso pensé. —Oz se agachó y rebuscó dentro de la mochila, luego le arrojó algo al pelinegro. Ante la mirada en blanco de Leo, Oz dijo—: Adelante, ponte eso, ¿de acuerdo?

Más tarde, Leo probablemente se habría golpeado por sonar tan tonto cuando preguntó—: ¿Justo aquí? ¿Frente a ustedes?

—¿Qué? —el rubio sonrió con malicia—. No tienes nada que yo no tenga. Vamos, apúrate. Los otros probablemente están desayunando y a Sharon no le gusta que la dejen esperando.

—Oz, no seas tan mandón —dijo Gilbert, sus labios apretados en una fina línea reprobatoria.

Oz colocó sus manos sobre sus oídos, haciendo alguna extraña mueca y diciendo—: ¡Nyah-nyah! ¡No quiero oír eso de ti!

Gilbert respiró profundamente y apartó la mirada, frotando su mano levemente sobre uno de sus moretones.

Queriendo deshacerse de la repentina tensión, Leo recogió la ropa y comenzó a desvestirse. El frío de la mañana le golpeó con dureza, así que se vistió tan rápido como pudo. Las prendas que Oz le había dado eran unos pantalones grises con rayas negras verticales y una camisa negra con encaje color tinta en los puños. Aquí y allá, había lágrimas colocadas al azar en el encaje y pequeñas rasgaduras sobre las rodillas de los pantalones. Cuando terminó, Oz sonrió y Gilbert asintió con aprobación.

—Creo que luce bien —dijo el hombre alado con sinceridad.

—Es como tú, Gil; los colores oscuros le sientan bien —concordó Oz con una abierta sonrisa. Leo asumió por el nuevo tono alegre del rubio, que había decidido perdonar a Gilbert. Sus manos entrelazadas entre si mientras los tres caminaban a la tienda-comedor fue también algo que el pelinegro tomó como una buena señal.

Pero lo dicho, comenzó a pensar con disgusto, este circo es más malvado de lo que creí. No sólo personas como Oz y Elliot son exhibidas como animales, sino que...Isla Yura...él...él...En realidad...no es de mi incumbencia...pero...Leo miró hacia el frente, a la pareja delante de él, a la cojera que Gilbert intentaba esconder y las marcas mancillando la piel alrededor de su cuello y pecho, y sus caderas...

«No quiero que él te hiera, ¿De acuerdo?»

«¡Ponerte en mi lugar no lo hace mejor! »

Justo después estaba la atemorizada imagen del rostro de Elliot aquella primera noche después de que Isla Yura susurrara en su oído...

Leo cerró los ojos fuertemente, manteniendo a raya la oleada de ira y disgusto burbujeando en su pecho.

Algunos pasos antes de llegar a la tienda, Gilbert se detuvo y se volvió hacia Oz. —Regresaré a mi carro para ponerme una camisa, ¿De acuerdo? —Dijo despreocupadamente, forzando una sonrisa en una intento por disminuir la pesada sensación sobre aquella declaración. Oz no fue engañado ni por un minuto sin embargo, pero dejó ir la mano de Gilbert, fingiendo una sonrisa propia.

—Sí, está bien. Sólo recuerda lo de Sharon, ¿de acuerdo? —Rápidamente, antes de que el hombre alado pudiese decir algo más, entró bruscamente en la tienda con una expresión tensa. Gilbert miró desesperadamente detrás de él. Sin saber que más hacer, Leo siguió al rubio al interior.

La tienda era la misma en la que Sharon había estado cuando cuidó de Leo y Echo la noche anterior. Las camas habían sido empujadas a un lado y dos pequeñas mesas rectangulares estaban sobre otro con todos los artistas apretujados en ellas, hablando y comiendo. Sobre otro lado estaba una pequeña fogata donde Sharon estaba haciendo la comida; Alice y Alyss estaban junto a ella, riñendo con Echo quien intentaba salir del agarre de Alice.

—¡Alyss no dejará de molestarme con esto! —se quejó Alice frunciendo el ceño con molestia. —¡No se callará hasta que esta chica sea completamente vestida! ¡No puedo–!

—Allá vas, siempre sacando conclusiones —suspiró Alyss—. Sólo pensé que ella era una chica bastante linda y que luciría encantadora en uno de estos vestidos–

—Echo no desea cambiar su ropa —protestó la chica de cabello plateado, tironeando más para escapar—. A ella le gusta lo que está usando porque eso...Señor Leo.

—¿Quieren cambiar su ropa? —preguntó el pelinegro a las dos chicas mientras Alice dejaba ir a Echo de modo que ésta tropezó hasta sus brazos.

Alice le dedicó una mirada fastidiada. —No es algo tan difícil de hacer.

—Es muy difícil para Echo. Ella ha visto el vestido. No lo quiero —replicó Echo bruscamente, sujetando la manga de Leo. Ella le miró ligeramente sorprendida por el cambio pero rápidamente continuó, mirando hacia él—: Es corto. Y las mangas son transparentes.

Ante esto, Alyss hizo un puchero, asomando su rosado labio inferior. —¿Por qué es eso un problema?

Leo bajó la mirada hacia Echo, quien dirigía cautelosas miradas a las dos hermanas siamesas. Siendo cosquilleadas por su corto cabello plateado y apenas ocultas bajo su cuello, asomaban manchas purpuras medianoche y rojo, una de las tantas marcas permanentes de haber sido atada por correas de hierro durante tanto tiempo en un hospital mental. Ambos, Fang y Glen, concordaron que las sangrientas mallugaduras y costras marcarían por siempre su piel, convirtiéndose eventualmente en horribles cicatrices. Echo insistió, con una expresión abatida, que usaría ropas que prácticamente cubrirían todo su pequeño cuerpo.

—Echo —Leo empezó con una suave expresión—, no tienes que hacerlo si no quieres, pero yo creo que estará bien aquí. No tienes que esconder ese tipo de cosas de todos modos —agregó en un murmullo, sonriendo gentilmente hacia ella—. Lily no esconde su rostro.

Ella bajó la mirada hacia el pasto, llevando una pálida mano a tocar la prenda que cubría su abusado cuello. Escudriñó la piel herida, casi arañándola con movimientos salvajesmientras las puntas de sus uñas comenzaban a teñirse de rojo.

—No, Noise, no no no no no...—ella estaba murmurando, arañándose con más rudeza y apretando su agarre en Leo—. Echo no...

¿Qué es ese «noise» del que ella sigue hablando?, se preguntó Leo. Recordó a Echo mencionándole cuando fueron al primer espectáculo. A su madre no le había gustado «noise»o algo parecido...

Repentinamente Sharon estaba frente a Echo, tomando ambas manos de la chica entre las suyas de piel blanca y sonriendo suavemente. Lentamente, se estiró para apartarle el cuello y revelar la maltratadapiel de Echo. Alice jadeó y Alyss cubrió su boca con una mano.

Ella chasqueó la lengua. —Noté algunas sobre tus piernas cuando te retiraste las medias y yo estaba cosiéndote —dijo cuidadosamente, incluso cuando su expresión era tan calmada como un lago tranquilo—. Alyss y yo somos buenas con los vestuarios. Podemos fácilmente hacer algo impresionante para ti que aún lo cubra todo. ¿No es así, Alyss?

La gemela de cabellera blanca sólo estuvo desconcertada por un segundo antes de asentir. Ofreció una amplia sonrisa. —Estaba ansiosa por ese vestido —se lamentó levemente con un suspiro—. Pero no quiero ser grosera con mi nueva hermana. ¡Vamos, Echo, podemos arreglar algo en mi carro ahora antes de que comience la práctica~!

Alice le miró horrorizada. —¡Ah, espera, no me arrastres contigo cuando ni siquiera he–! —El resto de las palabras se convirtieron en gritos incoherentes cuando su gemela adjunta comenzó a correr fuera de la tienda con Echo siguiéndolas mientras sujetaba las suaves manos de Sharon.

Una vez que se fueron, curioso, Leo decidió ver sus propias mallugaduras que las esposas le habían hecho. La hinchazón se había ido y su piel tenía un tono ligeramente rosado ahora. La única cosa que permanecía eran las costras. Colocó una mano sobre su hombro y apretó sus puntadas. Tendría algunas impresionantes cicatrices que mostrar a Glen más tarde...

Espero no conseguir más...Se dirigió hacia la mesa donde estaba Lily y ella le saludó felizmente, agitando la mano. Oz haló de él para que se desplomara a su lado. No había sillas, se dio cuenta Leo, y todo el mundo estaba sentado sobre una caja o algún tipo de arca; Vanessa parecía ser la única artista que no necesitaba una ya que ella se sentaba sobre el pasto. Justo a su lado estaba Elliot.

Leo se arriesgó a echar un vistazo hacia él, y encontró su mirada siendo devuelta de lleno. Los ojos de Elliot eran despiadados, cortando dentro de él como los afilados dientes de las CM's. Leo graciosamente comenzó a creer que sangraría en cualquier segundo por la mirada fija del rubio. Por lo que sabía, el derramamiento de sangre se hallaba en un futuro cercano con Elliot. No había olvidado la noche anterior...

«...van a decírmelo todo. Eso, si quieren permanecer en el circo de una pieza.»

«Eso suena mucho como una amenaza, Elliot.»

«Eso es, porque lo es.»

Leo pensaba mientras Lily empujaba un plato con huevos y pan frente a él. Quiere decir que debo tomar la amenaza literalmente. ¿Quién sabría más sobre permanecer en una pieza que él? Todo lo que Leo estaba esperando ahora era el interrogatorio de Elliot. No había reflexionado mucho sobre lo que le diría, sin embargo. Después de todo, no tenía permitido revelar la misión.

Pero aun así, creo que sería muy problemático ser asesinado durante ésta.

Leo ni siquiera sabía si sus pensamientos eran serios.

Casi como lo esperaba, Elliot le acorraló mientras los demás salían de la tienda. Tomó con fuerza la muñeca del pelinegro, incluso cuando Leo se rindió y voluntariamente siguió al rubio a la orilla del bosque, cerca de su vagón. Sujetó a Leo contra un árbol y se inclinó cerca. Leo aún podía ver rastros débiles de purpurina y labial azul mientras Elliot le miraba fijamente.

—No te irás hasta que me digas lo que quiero saber —dijo Elliot con firmeza.

—Tal como lo esperaba. Eres demasiado predecible —suspiró Leo con fastidio—. Pero en serio no puedo decirte nada.

El rubio le miro con incredulidad. —¿De verdad? ¿Y eso por qué?

—Porque no sé nada.

—¡Y un demonio! ¿Cómo es que sabrían ustedes cómo pelear contra esos monstruos? No —corrigió, sacudiendo la cabeza—, mejor aún, ¿cómo pueden las cosas que ustedes invocan casualmente tener la habilidad de combatirlos?

Leo hizo una pausa a ello, pensándolo sinceramente. Después de un breve silencio, murmuró—: No lo sé. No sé por qué pueden combatirlas. —Chasqueó la lengua, colocando sus manos sobre el pecho de Elliot para apartarlo—. Y no sé por qué estás haciendo esto.

—Eso es obvio —dijo Elliot, cruzando sus estropeados brazos—. Ustedes son una posible amenaza para este circo. Cuando Leo levantó la cabeza, sorprendido, el rubio echó un vistazo tras él, hacia los vagones y la carpa principal. —Mi familia está aquí, ¿de acuerdo? Todas esas personas, todos esos «fenómenos», son mi familia. Me deshago de todo lo que pueda hacerles daño.

—Yo nunca les haría daño. No tengo ninguna razón para hacerlo.

—Pero si tuvieras una razón–

—¿Debería tener una razón? —interrogó Leo. Presionó su espalda contra el árbol, la áspera corteza enterrándosele en la piel—. Mira, Elliot, yo sólo maté a esas cosas porque tengo manera de hacerlo. No me preguntes más que eso. No le preguntes a Lily o Echo. Ellas saben incluso menos que yo.

Elliot permaneció en silencio por primera vez. Continuó mirando fijamente al pelinegro con los brazos cruzados y una expresión meditabunda. Leo podía prácticamente ver los pensamientos nadando en aquellos glaciales ojos azules.

Finalmente, después de que la mirada de conflicto interno se fuera, suspiró profundamente. —Leo —dijo suavemente, desesperadamente—. Me gustaría confiar en ti. Me gustaría confiar en tus hermanas, también. Este circo no es mucho, pero lo es todo para nosotros. La última cosa que necesitamos a es alguien jodiéndolo todo por nosotros.

Aquel comentario lo consiguió, y los eventos que atestiguó destellaron a través de sus ojos inmediatamente. —¿Realmente lo es todo —comenzó Leo con una punzada de frustración—, cuando son expuestos ante gente que los ve como nada más que fenómenos o monstruos? ¡Ellos sólo están buscando maneras de herirlos como ese chico que lastimó a Vincent! ¿Cómo pueden permanecer aquí?

Elliot estrechó los ojos peligrosamente. —¿Tienes alguna idea de cómo fue para ellos antes de este circo? —le retó. —¡El hermano de Alice y Alyss trató de separarlas! ¡Cheshire fue abandonado en el hospital donde nació y los doctores lo dejaron en la basura! ¡El padre de Vincent en realidad lo colocó en la tienda del señor Yura y desapareció, pero Gilbert se quedó con él; incluso deformándose a sí mismo por su hermano!

El temperamento de Leo estalló con los gritos de Elliot, como si fuera algún pequeño niño ignorante al que debía explicársele cómo era el mundo. —¿Ser burlado y odiado, y tocado así por él es mejor? —vociferó, sujetando los hombros de Elliot. Ni siquiera sabía si realmente le importaba lo que decía, únicamente necesitaba probar que el artista circense estaba mal. Como sea, no obtuvo ningún tipo de satisfacción aun cuando la expresión de Elliot se congeló. El rubio abrió y cerró la boca más de una vez, luego, con un grito de frustración, golpeó a Leo en el rostro.

—¡Unh! —Leo se tambaleó de espaldas hacia el árbol y cayó, el dolor devorando su mejilla. Instintivamente, se levantó, esperando invocar a Jabberwocky antes de darse cuenta que su guadaña aún no había regresado. Golpeó a Elliot en el estómago, haciendo al rubio doblarse sobre sí mismoy hacer un sonido como de arcadas.

—Vas a aprender algo sobre mí —gruñó el pelinegro, empujando a Elliot al suelo. El rubio luchó cuando Leo se colocó encima de él, aferrando fuertemente sus muñecas suturadas—. Y la cosa es, que no me gusta ser provocado, porque entonces me pongo furioso y muy violento. Y ciertamente tampoco me agrada que me digan qué hacer, o ser tratado como si fuera un niño ignorante.

Elliot se burló débilmente. —Qué personalidad tan asquerosa — dijo, condescendiente.

—No quiero escuchar eso de ti. Soy parte de este circo ahora, así que ¿no puedes confiar más en mi o al menos intentarlo? Sabes lo que significa "intentar", ¿cierto? —criticó Leo con una mirada que Elliot no fue capaz de ver—. Si puedo pelear contra esos monstruos, entonces deberías estar agradeciéndome; yo puedo proteger el circo. ¿A menos que tú seas demasiado grande y poderoso para aceptarme?

Elliot farfulló—: ¿Qué? Yo nunca dije–

Leo lo apartó, levantándose para sacudir el polvo de sus pantalones. —Entonces vamos a intentar mantener nuestras peleas al mínimo. Será más fácil de sobrellevar de esa forma, así que no seas un idiota, ¿de acuerdo?

El rostro de Elliot se tornó rojo. —¿Estás llamándome idiota? —demandó él. Aún estaba en el suelo, pero seguía mirando a Leo con sospecha.

—No veo algún otro candidato alrededor, ¿y tú? —preguntó retóricamente. Se volvió hacia el rubio y extendió su mano. Una sonrisa tiró de la comisura de sus labios cuando Elliot aceptó la oferta y tomó la mano de Leo. Éste haló de él antes de que el rubio estuviese listo de modo que Elliot se tambaleó y presionó contra Leo.

—Mira, ya estas empezando a depender de mí. Podemos llevarnos bien —declaró el pelinegro con una sonrisa engreída.

—¡Cierra la boca, tú pequeño estúpido...! —Elliot lo empujó, el rosa claro de sus mejillas resaltando el tono azul de sus ojos. Resopló, alejándose algunos pasos. —¿Iras a practicar? En realidad no hemos establecido sus actos. Tenemos que pensar en una rutina adecuada antes de la función.

—Iré —prometió Leo, siguiendo a Elliot mientras éste caminaba de vuelta al claro—. Pero primero iré a ver a Isla Yura.

—Es «Señor Yura», novato —le corrigió el rubio bruscamente. Se cruzó de brazos, y Leo no entendía cómo demonios soportaba el frio sin ninguna camisa encima. Quizá sólo era otra cosa de Elliot, como lo eran las extremidades suturadas y el temperamento. El aludido echó un vistazo al pelinegro—. ¿Para que necesitas verlo, exactamente?

Leo ladeó la cabeza inquisitivamente. —¿Hay algo extraño en que vea al maestro de ceremonias? —preguntó—. Puedo desistir si ese es el caso.

—No es eso —dijo Elliot agitando su mano despreocupadamente—. Es sólo que a ninguno de nosotros le importa verlo realmente.

—¿Él no es parte de esa "familia" de la que estabas hablando? —Leo casi dijo esto con sarcasmo, pero estaba realmente curioso por saber lo que pensaban los artistas de Isla Yura.

Cuando Elliot cayó en un espeluznante silencio, el pelinegro cogió su ritmo de modo que estuviera justo a su lado. Miró con atención su rostro anormalmente atractivo y preguntó cuidadosamente—: Elliot, ¿En realidad él...? —Torció los labios, no sabiendo cómo enunciarlo sin querer cortar su propia lengua.

Afortunadamente, Elliot sabía hacia donde conducía aquello. Sus brazos se envolvieron alrededor de sí mismo un poco más, una de sus manos tocando distraídamente las puntadas atravesando sus bíceps. Finalmente, él asintió con la cabeza, lentamente al principio, pero luego cada vez más seguro. —Sí, pero...no es nada nuevo. Muchos de los espectáculos de fenómenos en el mundo...en muchos de ellos los artistas son abusados de una forma u otra. Algunos están peor que nosotros.

—¿Cómo podría ser peor?

Elliot se encogió de hombros. —Bueno, hace mucho, cuando Gilbert trajo por primera vez a Oz al circo, el Señor Yura fue a su vagón. Él obtiene a todos eventualmente, pero Oz se resistió cuando fueron a la tienda del señor Yura —Elliot se detuvo, incluso deteniendo su andar. Leo hizo una pausa también, volviendo su mirada hacia él—, y entonces...bueno, el rostro de Oz no siempre fue así. Era normal, justo como la nuestra, antes de venir al circo. Pero había una botella de ácido en la tienda y...

—El señor Yura usó a Oz como un ejemplo de lo que pasaría si nos resistíamos. Lo odiamos, pero él es también nuestro benefactor. Es la maldita paradoja de nuestras vidas que odio más que a cualquier otra cosa en el mundo.

Leo miró a Elliot, escrutando su piel. Estaba buscando las mismas marcas que Gilbert tenía pero no encontró ninguna. Quizá había pasado un tiempo desde que tocó a Elliot. Quizá, eso cambiaría pronto.

Quizá, él tendría que masacrar a Isla Yura si eso pasaba.

Elliot repentinamente tomó la muñeca de Leo, haciendo al pelinegro sobresaltarse, aunque de inmediato se puso alerta. Estaba esperando otro interrogatorio, quizá otro golpe, pero en vez de eso el agarre en su muñeca se hizo más fuerte. Elliot le miró con ojos firmes, de modo que eran casi como los que vio la primera vez cuando conoció al rubio.

—Leo, escucha —dijo él con voz significativa—. Tienes que decirme si él trata de tenerte. Tomaré tu lugar, ¿De acuerdo?

La idea se presentó tan súbitamente delante de él que le pareció completamente ridícula. —¿Qué? —exclamó Leo, tirando para salir del agarre de Elliot.

—Lo hago por Lacie, y lo haré por ti. Sé que no siempre podré ofrecerme como remplazo —dijo Elliot. Apartó la mirada, un profundo ceño fruncido arrugando su frente—. Pero al menos las primeras veces, tienes que decirme.

Leo pensó sobre ello. Ni siquiera iba a permanecer en el circo lo suficiente como para que semejante cosa pasara. Además, Isla Yura sabía que ellos sólo estarían temporalmente por el caso, así que no era como si realmente fuera a hacerle algo. Pero el hecho de que la idea asustara a Elliot tanto como para ayudarle a él, lo más cercano a un extraño...hacía que su estómago se sintiera hueco.

¿Lo había hecho antes? Se había ofrecido a sí mismo en lugar de Lacie, y haría lo mismo por Leo. El pensamiento de ese nauseabundo hombre tocando a Elliot, sin importarle cuanto lo lastimaba, sin importarle si contaminaba al rubio...

Incluso si Isla Yura no era la mente maestra detrás del caso, si no era cuidadoso, posiblemente tendría sus órganos esparcidos y ensangrentados en su tienda. Y él podría poner eso en exhibición.

—Bien —concordó con voz débil. Elliot debió haber malinterpretado su tono por cualquier otra razón, porque le dedicó a Leo una brillante y atractiva sonrisa. Esta desarmó al pelinegro. Cuando comenzaron a moverse de nuevo, Leo le examinó cuidadosamente.

Él no sabe nada acerca de mí, o si quiera el por qué estoy aquí realmente. Pero aun así, él quiere confiar en mí, y lo hace porque quiere. No sé si realmente es un idiota...o si él es sólo así de noble.

Leo rio. —Bueno, eres un idiota inteligente y confiable al mismo tiempo —declaró casualmente a nadie en particular...

Sólo que era obvio que Elliot le había escuchado. —¡¿Qué dijiste?!

Leo sólo rio ante esto, estirándose un poco. —Entre más rápido te enojes, más divertido es molestarte —dijo mientras extendía sus manos hacia el cielo.

Elliot le observó silenciosamente antes de llegar a una conclusión. —Leo Baskerville, eres irritante.

Leo se burló, colocando casualmente sus manos tras su cabeza. —Elliot, dejaste tu mano atrás sobre el pasto —señaló, continuando su caminata incluso cuando el rubio se detuvo en seco y miró boquiabierto el muñón en que finalizaba su brazo derecho.

—¡...Demonios, de nuevo! ¡Este hilo es un pedazo de mierda! —gritó con frustración mientras se daba la vuelta.

Leo se quedó mirándolo con incredulidad. —Dime, Elly, ¿Cómo es que no notaste que tu mano se había caído?

—¡No me llames Elly!

—¿Por qué no? Escuché a Vanessa llamarte así. Creo que es adorable. —Profundizando en ello, la mirada en el rostro de Elliot era más adorable que cualquier nombre. Leo sonrió mientras el rubio recogía su mano con una expresión avergonzada en el rostro.

Agitó su mano caída hacia él como si fuera un arma. —No me llames adorable —protestó secamente—. No soy nada de eso, incluso si fuera un chico normal. ¡N-no es como si alguna vez quisiera que me llamaran así–!

—¡Ah, miren su rostro! ¡Es tímido! ¡Es tímido!

—...Leo, estoy así cerca de golpearte con mi mano...

oOoOo

La suerte finalmente decidió hacerle una visita, por lo visto. Cuando Leo se asomó dentro de la tienda del maestro de ceremonias, después de dejar a Elliot, encontró a Isla Yura ya dentro. Éste estaba sentado frente a la mesa y colocaba algunas botellas dentro de una caja de madera. Fuera o no infundada su sospecha, el pelinegro no pudo evitar recordar lo que Elliot le dijo a cerca de la botella de ácido. Le dedicó a la caja una mirada cautelosa mientras Isla Yura la colocaba a un lado.

—Oh, Señor Baskerville, ¿Qué le trae por aquí esta mañana?

—Quiero hablar acerca del ataque de la noche anterior —dijo él, adentrándose a la tienda. Miró al maestro de ceremonias con ojo crítico—. ¿Entonces esa fue su primera vez viendo Cannibal Marionettes?

Isla Yura asintió, sus labios torcidos con molestia. —Son mucho peor que cualquier cosa que imaginé.

—Manejó la situación bastante bien, sin embargo —dijo Leo con un tono que le hizo sonar como si estuviera acusando al hombre delante de él—. Ya sabe, para alguien que las ha visto por primera vez.

Probablemente detectando la antipatía, Isla Yura elevó una divertida ceja, riendo. —Alguien tenía que mantener la calma durante el caos. Y no podía tener a la audiencia más aterrada de lo que ya estaba, ahora ¿me equivoco? —preguntó, recargándose en su asiento. Juntó las puntas de sus dedos. —Es una fortuna que tuviésemos a Pendulum para salvar el día,¿ hmm?

Leo realmente deseo que Glen nunca le hubiese dado el nombre de la organización. Eso le hacía sentirse ansioso, saber que un extraño, un extranjero, sabía sobre ellos personalmente. Sabía de sus nombres, de sus poderes, y su propósito. Esta era la primera vez que Glen le había contado a alguien sobre ellos, y Leo no estaba seguro si debía confiar en ello. Pero la cabeza de los Baskerville era inteligente, y nunca haría algo sin razón alguna para hacerlo...

—Nada está a salvo todavía —contradijo Leo rápidamente, enredando un mechón de su cabello entre sus dedos—. No hasta que sepamos cual es el origen de todo esto. Las CM's no sólo aparecen en los circos por su propia voluntad. Por ejemplo —ladeó la cabeza ligeramente—, uno de los que maté dijo algo bastante interesante.

Fue sólo una fracción de segundo, pero algo bailó en los ojos del maestro de ceremonias que pudo haber sido fascinación. Pero en el segundo siguiente, su expresión sólo poseía una problemática duda. —¿Pueden hablar?

—Normalmente, no —dijo Leo, enredando sus dedos ahora en dirección contraria—. No tienen ninguna razón para hacerlo, aparte de gritar sandeces. Pero ésta no estaba sólo clamando una lluvia de sangre; realmente me habló, preguntándome algo.

—¿Lo hizo?

Leo asintió. —Creo que en realidad me dio un gran indicio y confirma ciertas sospechas. Pero sobre todo, también he descubierto algunas otras curiosidades —Como el monstruo delante de mí. Con sus gafas, no tenía motivo alguno para contener el odio que había acumulado hacia el maestro de ceremonias.

Era como si su persona pudiese percibir el odio de Leo; tomando compensación de la expresión que hizo Isla Yura, el pelinegro dio un leve asentimiento. —Bueno, continuaré investigando entonces. Estoy seguro de que esto concluirá antes de que el circo se marche en dos días.

Estará todo terminado.

Tan pronto como se encontró fuera otra vez, Leo respiró profundamente, peinando hacia atrás su flequillo. Fueron algunas enormes palabras aquellas que acababa de lanzar allá atrás. Sólo esperaba poder cumplir con ellas. Leo intentó no hacer más de lo necesario, o algo que resultara ser más de lo que pudiera manejar. Pero con lo que dijo a Isla Yura en ese momento, el pelinegro tendría una larga noche de investigación.

Pensando de nuevo en lo que el pequeño chico CM le dijo la noche anterior, sin embargo, Leo creía que se estaba acercando a la verdad.

«A...quí...¿Por qué...m-me trajiste...? C...clock...tick…ing…clock…»

Ticking clock…clock…¿The Clockwork Circus?Y mencionó algo sobre ser traído...así que alguien del circo lo secuestró y lo convirtió en una CM. Pero ahí había demasiados cabos sueltos. Las Cannibal Marionettes no pueden ser creadas a menos que sea un demonio quien les arranque el corazón. Eso significa que la persona detrás de todo esto...Significa que esa persona tendría que ser un demonio.

Un escalofrió recorrió la columna de Leo ante el pensamiento. ¿Un demonio? ¿Aquí, en el circo? El pelinegro rio sin humor. —Así que esa era la conexión que Glen quería que hiciera. No hay duda del por qué él quería a tres de nosotros en el caso. Vamos en contra de un demonio. —Miró hacia la enorme carpa frente a él, sus labios torcidos en una mueca divertida.

—Bien, éste sabía lo que estaba haciendo después de todo. Esconder un demonio entre fenómenos, honestamente… —suspiró—. Esto hará el trabajo más doloroso.

Él nunca había ido en contra un demonio antes, y tampoco ninguno de los otros Crimson Fausts; al menos no desde la Tragedia de Sablier. No hubo necesidad después de que Glen los exorcizara a todos o los enviara de vuelta al Infierno. Por supuesto, los demonios tenían sus métodos para deslizarse entre las grietas de ambos mundos, Tierra e Infierno. No sería sorprendente encontrar alguno desfilando por ahí para entretenerse en la forma de un circo.

Y dejando de lado a Isla Yura, explicaría también como las Cannibal Marionettes aparecieron la noche anterior para "probarlos". Un demonio no necesita demasiado para detectar la presencia de un Crimson Faust ya que éstos tienen células de demonio dentro de sí. Entonces, una vez que su presencia es detectada, los Baskervilles tienen que ser eliminados antes de que ellos intenten atraparlo primero. Leo se preguntó si eso funcionaba también a la inversa, si él pudiera sentir al demonio, entonces él y los otros podrían acorralarlo y con ello acabar con todo.

Todo esto era ciertamente plausible, y la evidencia estaba toda ahí...

Pero ¿qué el demonio se sometería a sí mismo al estilo de vida de un circo de fenómenos? ¿Que podría ganar con eso? Después de todo, había formas más rápidas y menos humillantes de obtener corazones...

El viento se alzó, y junto al crujir de las hojas y el susurro del viento, vino el graznido de un ave negra volando en círculos encima de él. Leo alzó la mirada y sonrió a las alas del color de la tinta descendiendo sobre él desde el cielo gris.

—Jabberwocky —saludó, extendiendo su mano para que su guadaña pudiera posarse ahí. —Te has ido por un buen rato. ¿Te dio Glen alguna respuesta?

Jabberwocky cambió su peso de una pata a la otra, luego se estremeció, dejando escapar otro graznido. La respuesta hizo a Leo fruncir el ceño—: Tienes razón, el ataque fue obviamente una señal. Me atrevo a decir que fue incluso una prueba para los tres. Mantengan sus ojos y oídos alerta por más posibles ataques.

—Básicamente mantengan la investigación andando —suspiró el pelinegro mientras despedía a su guadaña. Esta desapareció con un brillante destello de sombra lavanda. —Pude haber deducido eso yo mismo, Glen.

—¡Señor Leo! —Echo estaba caminando hacia él, usando un vestido blanco que Sharon y Alyss debieron modificar para ella. Éste le llegaba a las rodillas y sus piernas eran cubiertas por unas medias de rayas blancas y plateadas. Sus brazos estaban cubiertos por rayas similares sobre largas mangas, y un listón blanco estaba atado alrededor de su cuello.

—¿Ellas hicieron eso para ti, Echo? Te ves hermosa —elogió Leo con una sonrisa.

Echo arrastró sus pies, avergonzada, sujetándose los codos. —G-gracias...

—Te dije que estaría bien.

—Sí, la señorita Sharon y las señoritas Alyss y Alice no dijeron nada al respecto pero...a pesar de que Noise dijo...—Sacudió la cabeza, haciendo crujir su corto cabello—. Echo quería decirle sobre algo que escuchó la noche anterior.

Leo se acercó a ella, asegurándose de que nadie más estuviese alrededor. Las tiendas y los vagones estaban bastante lejos ya que ellos estaban fuera del centro del claro. —¿Qué escuchaste? ¿Tiene algo que ver con nuestra misión?

Echo lo consideró, poniendo en sus labios un mohín meditabundo. —Echo no lo sabe. Después de que el espectáculo terminara ayer, ella empezó a ir donde las señoritas Alice y Alyss estaban, pero entonces escuché voces viniendo del carro de la señorita Lacie. Echo pensó que sería inteligente investigar —miró hacia Leo con sus grandes ojos zafiro—. Ella estaba hablando con el señor Elliot sobre usted, sobre nosotros tres.

Leo en realidad no estaba muy sorprendido, pero aun así, sospechaba que Lacie no había estado exactamente diciendo cosas buenas sobre ellos.

—La señorita Lacie dijo que estaba asustada de nosotros —Echo continuó explicando—. Le dijo al señor Elliot que nos mantuviera lejos de ella. Dijo que sintió algo acerca de usted en esa primera noche cuando usted rescató al señor Elliot, y sabe que todos nosotros tenemos que ser lo mismo: algo diferente. Oscuro. Retorcido. Inhumano —dijo Echo enigmáticamente. La brisa mecía su vestido blanco, dándole la apariencia de un pálido fantasma. —Eso es lo que ella dijo que sentía dentro de nosotros. Como si ella supiera lo que somos. Y tiene miedo de que vayamos a asesinarla.

El pelinegro se encontró repitiendo las mismas palabras que le dijera a Elliot antes. —¿Tenemos razón alguna para hacerlo? —replicó fríamente.

En respuesta, la peliplata se encogió de hombros. —Pero Echo sabe esto: hay algo malo con la señorita Lacie. No puedo estar segura de nada aún, pero creo que deberíamos vigilarle de cerca.

Cuando ella terminó, Leo asintió con la cabeza. —Si así lo crees. Será un mejor comienzo que nada, ya que sólo tenemos escasa evidencia y suposiciones por el momento. —Frotó su dedo índice contra su labio inferior con gesto pensativo. —¿Ocurrió algo más?

—El señor Elliot le tranquilizó diciéndole que hablaría con nosotros y probaría que no tenía nada de qué preocuparse.

Una risa seca dejó los labios de Leo. Lacie no necesitaba decir nada, pues Elliot ya tenía sus propias sospechas que lanzar sobre el pelinegro. Pero todo eso había sido atendido antes cuando habló con el rubio, así que no había nada más de qué preocuparse. Él fue y dijo a Echo la mayor parte, y la mirada atribulada en sus ojos murió un poco.

Ella jugueteó con su listón, ahora distraída con algo más, al parecer. Leo reparó en sus gestos vacilantes y nerviosos, pensando sobre cuán perdida se veía y más frágil en comparación con la Zwei que conoció en el asilo, sobre cuán terrible debió haber sido estar atrapada en ese edificio con un hombre demente como el Dr. Atmore.

—Hey, ¿Echo? —Cuando ella elevó su mirada hacia él, le dijo—: ¿Qué, o más bien quién, es Noise? Suena como el nombre de alguien y sigues mencionándolo.

Una mirada sombría cruzó la expresión de Echo, y ella dio un paso hacia atrás antes de tomarlo de nuevo y volver a avanzar. —Noise es la otra Echo —susurró ella finalmente—. Ella habla dentro de la cabeza de Echo y le dice cosas malas que a veces suenan bien. Como asesinar personas y clavar sus órganos en árboles y enterrar sus extremidades para que luzcan como flores de carne. Eso hace que Echo se emocione y...se asuste al mismo tiempo.

Ella estaba removiéndose mucho ahora, nerviosa, ni siquiera miraba más a Leo. —Echo ni siquiera sabía si aún era Echo...o Noise. Regreso y me voy. Dos personas. Así que el Dr. Atmore decidió llamarnos a ambas, Echo y Noise, «Zwei» cuando estaba en el asilo. —su voz estaba temblando ahora, y sus manos frotaban sus brazos ansiosamente.

«Tengo miedo, Glen...papá...»

«Me asusta.»

«¿Po-por qué soy así?»

—Pero asesinar es malo...¿Verdad, señor Leo?

«Estoy asustado. ¡Papá, no quiero ser el raro!»

Para una chica tan mortalmente asustada, Echo estaba sorpresivamente cálida cuando Leo la haló contra sí, acunándola entre sus brazos. No sabía en qué posición se encontraba haciendo esto. Sus propias inseguridades no se habían marchado, incluso con los otros Crimson Fausts de su familia y las palabras de consuelo de Glen. Pero él no impondría ese sentimiento en nadie más, el sentimiento de ser el único que tiene un cuerpo deforme y piensa que asesinar es el mejor éxtasis del mundo. Él lo experimentó por mucho tiempo.

Pero no ella. Nunca. Ella era su pequeña hermana ahora.

«Mi familia está aquí, ¿de acuerdo? Todas esas personas, todos esos "fenómenos", son mi familia. Me deshago de todo lo que pueda hacerles daño.»

Así que a eso se refería Elliot...

—Tú eres Echo Baskerville.

oOoOo

Leo transmitió sus propias conjeturas a Lily y Echo después de que los tres se dirigieran a la carpa principal para la práctica, tras un almuerzo de rebanadas de fruta y pan.

En general, concluyeron que las personas eran guiadas al circo y asesinadas para convertirlas en Cannibal Marionettes; había una fuerte posibilidad de que un demonio fuera la mente maestra detrás del ataque de las Cannibal Marionettes y la operación completa; y que posiblemente Lacie tuviera una conexión con el demonio. Pero no podían estar seguros de esto último hasta que comenzaran a vigilarla.

—Pero si todo eso fuera verdad, Leo —le susurró Lily—, entonces ¿por qué el demonio no sólo nos asesinó después de detectarnos? ¿Por qué ponernos a prueba en primer lugar?

—Bueno, los demonios ya nos odian, es decir, a los Crimson Fausts —explicó él—, porque nosotros tomamos las habilidades de un demonio, incluso si somos simples humanos. Pero los demonios no son conocidos por su irracionalidad. Tres Crimson Fausts contra un demonio no es una pelea justa. En todo caso, quieren a sus lacayos CM para hacer el trabajo sucio, al parecer.

Lily hizo un saludo militar, haciendo un mohín que debió haber sido un ceño fruncido. —Así que, en resumen, ¿mantenerse alerta por otro ataque y vigilar a Lacie?

Halando la solapa de entrada de la carpa, Leo asintió. —Correcto.

Lily asintió y entró antes que Leo y Echo. Ella se detuvo entonces y dejó caer sus hombros, volviéndose a mirar a Leo. —¿Estás seguro respecto a Lacie, entonces? Ni siquiera hemos hablado con ella aún, pero parece agradable...

—Exactamente —dijo Leo, aplaudiendo—. No podemos hacer nada hasta que estemos completamente seguros, y Echo nos ha dado un buen inicio. Así que hagamos nuestro mejor esfuerzo con esta misión, ¿de acuerdo? No queremos que nadie más sea conducido al circo para ser asesinado. Y recuerden, no todos los humanos a los que un demonio devora su corazón se convierten en CM; eso significa aún más vidas siendo arrebatadas innecesariamente.

Todavía haciendo pucheros, Lily pateó el suelo. —Supongo...

Leo le revolvió el cabello en un intento por subirle el ánimo. —Así que vamos a practicar entonces.

Todos los artistas estaban arremolinados alrededor de la carpa, montando la utilería y comenzando a practicar. Algunas conversaciones se desarrollaban entre ellos, la mayoría sobre cómo hacer más interesante el acto, pero una voz se escuchaba por encima del resto, quejándose.

—¿Alguien ha visto mi cuchillo? ¡Lo tenía justo al lado de los otros, pero no puedo encontrarlo por ningún lado! —exclamó Oz, desesperado. Caminó dando pisotones a través de la carpa y zigzagueando entre los fenómenos con los brazos cruzados fuertemente sobre su pecho.

Desde donde ella estaba, Cheshire jugando con su gemela, Alice dijo—: Oz, tienes un millón de cuchillos. ¿Por qué estás jodiendo sólo porque uno se ha ido?

—Es verdad, salvo el lenguaje —concordó Alyss, balanceando un cordel de hilo sobre la cabeza de Cheshire—. ¿Al menos podrías ser más específico sobre cuál cuchillo?

Oz volvió la vista hacia las dos chicas siamesas, dedicándoles una mirada horrorizada. —¿Cómo pueden ustedes dos decir semejante cosa? ¡Estoy aquí, listo para practicar, pero no puedo encontrar uno de mis cuchillos favoritos! —se lamentó.

Jugando con otro de los cuchillos esparcidos, Vincent alzó la mirada y rió. —¿Tienes un cuchillo favorito? —inquirió, un tanto escéptico.

Vanessa se encogió de hombros desde donde estaba, sentada en una red con apariencia de telaraña colgando entre dos postes. —Debía tener algún hobby, ¿cierto?

Oz sorbió su nariz dramáticamente. Cuando sus ojos esmeraldas cayeron sobre los recién llegados Baskervilles, se arrojó sobre Echo. —¿Has escuchado las cosas tan horribles que están diciéndome, mi pequeña estrella? Oh, pero todo está bien. ¡Todo el dolor que alguna vez ha estado en mi corazón desaparece una vez que veo tu encantador rostro~!

Atrapada en sus brazos, Echo se congeló, sus mejillas tornándose rosadas mientras intentaba escabullirse lejos de él. Una mano surgió repentinamente y sujetó a Oz por el hombro. Sharon le sonreía con toda la dulzura de la miel envenenada.

—Bien, bien, no necesitas ser así —criticó ella gentilmente, haciendo surgir un arma plateada con su otra mano—. Yo fui quien tomó prestado tu cuchillo, ¿ves? Ahora deja ir a la pobre Echo antes de que se desmaye.

—E-Echo no se desma–…

Antes de que ella pudiera siquiera terminar la frase, Sharon estaba arrastrando lejos a Oz. Lo guió hasta un tablero de madera apuntalado más o menos de unos seis pies de alto y cuatro de ancho. Ella colocó al rubio ahí, alisando su cabello y enderezando la máscara sobre su rostro. Todos los gestos probablemente lucirían inocentes...pero Leo notó los blancos pintados sobre el tablero y decidió permanecer donde tendría una mejor vista.

Oz no parecía notarlo pues permanecía sonriendo, luciendo alagado y avergonzado ante el "alboroto" que tenía Sharon sobre él. —¿Eh? ¿Qué está haciendo, señorita Sharon.

—Oh, nada, solo estoy jugando un poco~ —canturreó ella, obsequiándole una dulce sonrisa de la que él se enamoró totalmente.

Elliot se acercó entonces, aclarándose la garganta y Leo se volvió a mirarlo. El rubio le ofreció una pequeña sonrisa, colocando un poco de cabello detrás de su oreja. Leo le devolvió la sonrisa—: ¿Viniste a ver el espectáculo? —dijo en voz baja.

Aquello hizo a Elliot reír suavemente, y el corazón de Leo casi saltó fuera de su pecho. —Bueno, la parte sangrienta no puede ocurrir antes del verdadero espectáculo —bromeó un tanto amargamente.

Después de alejarse considerablemente, Sharon se dio la vuelta para mirar al rubio de pie contra el tablero de tiro. —Entonces, ¿qué crees que diría Gilbert si te ve coqueteando con otras chicas todo el tiempo? —preguntó ella, como entablando conversación, y colocando sus manos tras su espalda.

—Él no tiene que preocuparse por esoooo~ —aseguró Oz con una enorme sonrisa, lo suficientemente alto para captar la atención del hombre alado, a pocos metros de distancia—. Gil sabe que lo quiero mu– ¡GYAAH!

Un destello plateado atravesó el aire y se detuvo con un golpe sordo justo al lado de la oreja de Oz. Un pequeño mechón de cabello rubio cayó al suelo a sus pies. Había una sonrisa de satisfacción en los labios de Sharon mientras ella comenzaba a alejarse. —Bueno, ahí está tu cuchillo. Por favor, continúen con la práctica.

Desde donde estaba, recargado contra el tablero, Oz abría y cerraba la boca como un pez. —A-ah...tú, señorita Sha...Es-eso...¡Eso fue p-peligroso! —farfulló él.

Alice estaba rodando por el suelo, riendo, forzando a su gemela a caer con ella. Vincent estaba en el mismo estado que ella. Vanessa le estaba dedicando una mirada reprobatoria, pero había una sonrisa satisfecha en su rostro también. Gilbert había reaccionado de la misma forma que el rubio, mirando atónito hacia Sharon.

—¡Sh-Sh-Sharon! ¡Es Oz! ¡Por favor, no hagas eso de nuevo!

—Ah, deja de quejarte —dijo Elliot a Gilbert—. Ese enano se lo merecía.

—¡Elliot, eso es muy groserooooooo! —gimoteó el traumatizado Oz.

—Sí, sí, sólo regresa a practicar ya.

Mientras todo el mundo volvía a sus actos, Leo examinó a Echo, quien aún estaba plantada en el lugar donde Oz le abrazara. Lily y Philippe estaban agitando sus manos frente a su rostro, intentando obtener su atención.

Leo se volvió a mirar a Elliot acusadoramente. —Ah, ¿Por qué Oz tiene que ir y hacerle esto? Echo es tímida, así que no está acostumbrada a ello.

—Oye, no me culpes. A Oz le gusta coquetear. Me parece un milagro que Gilbert siquiera le quiera.

—Así que, ¿ellos están juntos, entonces? —preguntó Leo, curioso, siguiendo a Elliot mientras el rubio caminaba hacia uno de los postes de soporte de la carpa—. Románticamente, quiero decir.

Elliot le dirigió una mirada sorprendida. —Oh...si, lo están. —Su rostro adquirió un ligero tono rosado mientras se volvía para escalar la pequeña escalera adherida al poste.

Si creyó que ese sería el final de aquello, estaba muy equivocado pues Leo invocó a Jabberwocky y montó la guadaña. Revoloteó junto al rubio mientras éste subía, una sonrisa burlona en su rostro. —Oh no, Elliot está siendo tímido de nuevo.

—¡Que no! ¿Por qué estas siguiéndome? —demandó él.

—Solo por curiosidad —comenzó Leo, ignorando completamente la pregunta del artista—, ¿estás con alguien de esa forma? Parece que te gusta mucho Lacie. No te culparía, ella es bonita.

Si no fuera por el hecho de que él había subido por esas escaleras un montón de veces, Leo pensó que Elliot estaba a punto detambalearse y caer. En su lugar, lanzó un sonido ahogado y precipitó su cabeza hacia el pelinegro. —¿Estás loco? ¡No veo a Lacie de esa forma!—se enfureció—. Y no intentes nada con ella tampoco, ¿entiendes? El romance es la menor de mis preocupaciones. O deseos, en todo caso.

—Si tú lo dices —dijo Leo, sonriendo suavemente. Fuese o no su intención hacer aquellas preguntas, se encontró satisfecho de las respuestas que obtuvo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué se molestaba en conocer a Elliot en absoluto? El pelinegro pensó de nuevo sobre lo que deseó cuando vio a Elliot en aquel vagón por primera vez. Sólo quizá, si no fuera un Crimson Faust y si Elliot no fuera el acto de un espectáculo de fenómenos, ellos hubiesen podido conocerse en circunstancias normales, probablemente hubiesen tenido una amistad normal...

El pensamiento hizo reír a Leo. Como si él fuera capaz de ajustarse a la normalidad.

Estaban en el estrecho balcón ahora, y Elliot sonrió con suficiencia cuando escuchó a Leo reír. —¿Por qué estás tan feliz? —le preguntó, dando un paso sobre la cuerda floja.

—Sólo estaba pensando en cómo no sería capaz de manejar el ser normal. Estoy tan acostumbrado a ser...extraño —dijo él, a falta de mejores palabras. A pesar de que ser anormal era algo de sí mismo que odió prácticamente toda su vida, ese era el estilo de vida que conocía. —Y estaba pensando que, incluso si todo fuera normal, ¿qué posibilidades habría de que me tropezara con alguien de mi vieja familia...o incluso tú.

Elliot enarcó una ceja, balanceándose sobre un pie y extendiendo sus brazos como si fueran alas. —Esas son cosas extrañas sobre las cuales pensar —murmuró, apartando la mirada.

Leo se deslizó sobre el otro lado de Elliot para encontrarse con su mirada de nuevo. —¿Eso crees?

Elliot se encogió de hombros, todavía balanceándose. El pelinegro le observó como un halcón. —¿No es doloroso?

—Un poco. Solía hacerme cortes y quemaduras todo el tiempo, pero ahora mis pies están acostumbrados. Aunque aún me hago algunas cicatrices. Me rompí el tobillo la primera vez que intenté hacer esto con un pie. —Sus ojos azules lanzaron una mirada hacia Leo y él sonrió engreído. —No te preocupes, no moriré si caigo.

—Pensándolo así —comenzó Leo—, incluso si es verdad, no voy a sentarme a mirar. Nunca he visto a un chico desmembrarse antes y no planeó verlo en ningún futuro cercano.

La cuerda crujió un poco cuando Elliot se movió y quedó parado sobre su otro pie. —Un chico tan raro como tú debió haber visto las cosas más extrañas.

Leo suspiró, recostándose sobre todo el largo de Jabberwocky. —¿Por dónde esperas que empiece?

.


Anotaciones:

[1] El título hace referencia a la canción:"Sweet dreams" de Eurythmics.


N/T: *suspiro* Damas y caballeros, morí y reviví con este capítulo de las formas más crueles y hermosas posibles. ¿Quién me acompaña? –latigazo– (?) xD.

Una disculpa por el monumental retraso pero yo le echo la culpa a las vacaciones y el modo relajación extrema en el que caí súbitamente (Oh, yeah!). Pero sepan que bajo ningún motivo dejaré esta traducción a medias. Lo prometo.

Para los que esperaban con ansias el ElliotxLeo aquí tienen una probadita. Las cosas se van cociendo lento con estos dos por esos temperamentos que se cargan, pero parece que ya vamos por buen camino…0w=. ¡Y también hubo Ozbert! (¡Yay~!) Aunque debo confesar que yo soy más fan del Ozlice…y del GilxOzxAlice…jajaja~

¡Oh! Y sinceramente espero que las atrocidades de Yura no les hayan afectado tanto. La primera vez que leí esta parte de la historia se me rompió el corazón en mil pedazos, y para traducirlo casi me corto los dedos...todos...aunque en su lugar, sólo empecé a encender las antorchas y preparar la hoguera…*gruñe*

En fin, el próximo capítulo ya casi está listo, solo necesita una muy buena revisada por aquello los horrores de ortografía e incoherencias, así que seguramente actualizaré la próxima semana y sino…traten de no matarme porque sólo intento darle más sabor al suspenso jejeje~

Como siempre, les recuerdo dejar un comentario aquí abajito, agregar a favoritos tanto ésta traducción como la historia original y visitar a Hitsugi Zirkus para agradecer su genialidad.

¡Un saludo a todos!

.

Editado: 01/12/2016