Disclaimer applied.
Link al original:( /s/7416004/1/Clockwork-Circus )
Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Menciones de abuso. Muerte de personajes. La traductora y sus horrores ortográficos…
Acto VIII: Nightmares Don't Sleep
(Las pesadillas no duermen)
«Voy a dormir ahora. Lo que sea que pase después, aunque sea terrorífico, serán sólo pesadillas.»
— Die [1]
.
—¿Que sucedió? —susurró Elliot.
Cuidadosamente, Oz miró hacia el exterior. —Esa cosa murciélago era extraña. ¿Crees que Leo pueda atraparla por su cuenta?—preguntó, sujetando con frustración la tela sobre el gran objeto en la esquina del carro de Lacie.
—No sé. Él, Echo y Lily parecían tener las cosas bajo control cuando pelearon contra aquellas extrañas personas-monstruo —recordó Elliot, las sangrientas imágenes regresando a él. Los gritos. La sangre. Leo aún siendo capaz de sonreír incluso con las entrañas de alguien más salpicándole a Lacie un poco más cerca, pensando en el pelinegro. ¿Realmente estaría bien?
A pesar de que esto le fastidiara ligeramente, fue como si Oz pudiera leer sus pensamientos. —Iré tras él —de su bolsillo, sacó un cuchillo plateado, sus dientes afilados. Su lengua se deslizó sobre la mortal arma—. Puedo manejar las cosas a su lado. —Con ello, salió del carro y corrió hacia el bosque. Elliot espero hasta que escuchó la última de sus pisadas antes de liberar el aire que había estado conteniendo.
Lentamente, pasó una mano por el largo cabello de Lacie, todo el camino hasta los confines de los zarcillos que se enroscaban alrededor de sus piernas. —¿Sabes algo sobre lo que acaba de suceder? —preguntó a Lacie suavemente.
—Ni siquiera sé qué ha pasado —protestó ella rápidamente, tocando una de sus cuencas vacías—. Sólo escuché un ruido. Y después...Leo me pidió que esperara aquí. —Ella rió sin ganas—. Como si pudiese seguirlo.
Elliot frunció el ceño, contemplando los pliegues del vestido de Lacie. Normalmente él esperaría que ella le dijera que por lo menos había percibido algo. Y ese era el punto, Elliot sabía que Lacie había sentido a aquel monstruo tan cerca de ella...Entonces, ¿por qué no decía nada al respecto? Incluso si ella no hubiese percibido nada...¿Por qué estaba tan calmada?
Su mirada captó el pedazo de tela plateada aún arrugada en el suelo. Dejó ir a Lacie para tomarla, contemplando intensamente la tela que siempre cubría los ojos de Lacie. —¿Quieres que te ayude a colocarte la venda de nuevo? —ofreció él como un cambio de tema.
Sin decir nada, Lacie sólo cerró sus parpados, expectante. Elliot suavemente envolvió la venda sobre el rostro de Lacie y la ató. —Debería agradecer a Leo después por mantenerte fuera de peligro, ¿no es así? —preguntó. Vio a Lacie tensarse y agitar su cabello—. Aún no confías en él, ¿cierto?
—No sé de dónde vienen él y las otras dos, pero no me agradan, Elliot —dijo ella, sus dedos cerrándose en puños dentro de sus desgarrados guantes de salón—. Hay algo dentro de ellos que no está bien.
No ese argumento. Ella le había dicho lo mismo la otra noche cuando la instaló en su carro. Siendo honesto, sin embargo, él se había sentido de la misma forma respecto a las nuevas adicciones al circo. Las cosas que ellos podían hacer eran demasiado extrañas, incluso para estándares anormales. Cerró los ojos para deshacerse del sentimiento ligeramente nauseabundo que obtenía de recordarlos asesinando aquellas personas, aquellas cosas.
«Me gusta asesinar ahora, Elliot. Lo adoro».
—Sí, recuerdo que dijiste eso —le dijo Elliot sombríamente—. Y que tenías miedo de que ellos fueran a matarte. Pero, Lacie, no veo por qué ellos habrían alguna vez de lastimarte. Nos ayudaron después de todo, ¿no es así? Aquellos monstruos de los que se deshicieron, esos son de los que deberíamos tener cuidado.
Su largo flequillo oscuro rozó contra sus mejillas cuando ella sacudió la cabeza. —No, ellos hicieron eso porque tenían que hacerlo. Tienen que hacer que confíes en ellos. ¡Puedo sentirlo, Elliot! —chilló, abrazándose a sí misma—. Cuando él estuvo aquí, justo ahora, me quería muerta.
Ante esto, el rubio hizo una pausa, estrechando sus ojos. —¿Te hizo algo? —No esperó por una respuesta, sin embargo, intentando reunir sus pensamientos. —Mira, Lacie, Leo se ha convertido en alguien importante para mí.Y resulta que él está tan asustado y vulnerable como lo estamos nosotros. Él está asustado por dentro, también, ¿sabes? Justo como tú no eres perfecta en el interior, él tampoco lo es.
Lacie hizo una mueca, luciendo frustrada. Llevó su rostro lejos de él, y se derrumbó una vez más contra el rincón ocupado de su carro. Cortinas purpura cubriendo un secreto. Uno que no le concernía a Elliot. Él sabía que había muchas cosas sobre las que Lacie no estaba segura.
Afortunadamente, Elliot era justo lo opuesto, una persona resuelta. Él nunca dudaba de sí mismo, o de sus decisiones. Algunas veces, muchas de sus acciones podían incluso ser consideradas impulsivas. Su amistad con Leo era algo de lo que él estaba seguro que quería conservar, y él conocía la bondad en el interior del pelinegro. Aquella bondad bajo la sangre y la oscuridad fue lo que hizo a Elliot sentirse realmente ligerocuando miraba a Leo.
Aquel beso sobre su frente...él quería darle más de esos. Él quería, quizá, incluso besar a Leo en los labios. ¿Cómo sería, besar a un asesino?
A la distancia llegaba el sonido de voces murmurando. Las luces de la carpa habían sido encendidas, emitiendo un encantador resplandor al claro del bosque junto a la noche creciente, atrayendo a la gente a The Clockwork Circus como polillas a una flama. La distante grabación de la música comenzaba a avivar la oscuridad que amenazaba con oprimirlos.
—El espectáculo comenzará pronto —dijo Elliot a Lacie.
Su rostro aún estaba mirando hacia otro lado, pero él la vio moverse ligeramente y sonreír. Una sonrisa perversa que a ella le gustaba mostrar de vez en cuando.
—Sí, si lo hará.
oOoOo
Demonio.
Demonio. Lacie. Cannibal Marionettes. El circo. «Un sueño». «Una oportunidad».
Lacie. Reloj...un reloj andando...¿Están todos los hilos finalmente entretejiéndose?
Una bocanada de aire voló dentro de los pulmones de Leo al mismo tiempo que su nombre resonó en la oscuridad del bosque. Parpadeó unas cuantas veces, su visión lentamente registrando las siluetas de las ramas de los árboles, las estrellas, la pálida luna. Alguien diciendo su nombre de nuevo, un poco más cerca esta vez.
Aún desorientado, el pelinegro casi se tambaleó mientras se enderezaba. Se sostuvo la cabeza para suprimir la sensación de mareo. —¿O-Oz? —dijo, su voz ronca. Más alto, dijo de nuevo—: ¡Oz!
Algunas ramas se rompieron y las hojas crujieron, pero en poco tiempo el rubio estaba detrás de él, cogiéndole por la muñeca. Leo dio media vuelta y rápidamente se sostuvo de los hombros de Oz para ayudarse con el vértigo. —N-no tan rápido —murmuró.
—Abyss, ¿qué te pasó? Nos tenías muy preocupados, ¿sabes? —dijo Oz con un ligero tono de reprimenda. —Vamos, necesitamos volver al circo antes de que la función comience. —Todavía sosteniendo al pelinegro por la muñeca, Oz le guió fuera del bosque, farfullando durante todo el camino.
—Está oscureciendo muy rápido, Leo. No deberías entrar al bosque cuando la noche está por llegar, podrías perderte. ¿Y qué pasaría si alguien más que no es del circo te encuentra? Tienes que ser más cuidadoso con estas cosas. ¿Debería mantener un ojo sobre ti? Probablemente tenga que dormir encima de ti, de modo que no puedas escapar a ningún lado y preocuparnos. Brillante idea, ¿verdad? ¿Leo?
El pelinegro ni siquiera se dio cuenta de que seguía moviéndose. Todos sus sentidos parecían haberse quedado atrás, donde los demonios habían intentado atraparle. Estaba temblando, recordando sus horribles chillidos de amenazas mortales y sus terribles formas. Nunca antes se había encontrado con un demonio; aún algo profundo dentro de él quería alejarse. Leer sobre cuán terribles eran los demonios no era ni por asomo lo mismo que estar frente a frente con ellos. El miedo casi sacudió su cuerpo por completo.
Ellos…no dudaran en destrozarme miembro por miembro, pensó con horror.
Una brisa de aire frio le golpeó tan pronto como él y Oz emergieron al interior del claro. Oz había dejado de hablar hacia un buen rato, una expresión solemne cruzando su rostro.
Leo hizo su mejor esfuerzo por no desplomarse en el suelo. En algún momento del camino, apartó su mano de la del rubio y se abrazó fuertemente a sí mismo. Habría preferido mil veces cruzarse con mil Cannibal Marionettes que tener que enfrentar…a aquellas criaturas del infierno nuevamente.
Oz tocó su hombro, trayéndolo de vuelta al presente. Una vez más él tenía una enorme sonrisa pero las sombras de la noche y su máscara lo hacían parecer amenazante. —Quería mencionarlo antes, que te quitaste las gafas —dijo alegremente, balanceándose sobre sus pies.
Lentamente, Leo se estiró para tocar su rostro. —Oh, cierto. Elliot quería hacerme lucir lindo —recordó, delineando la purpurina sobre sus labios.
—Funcionó~ —intervino el rubio, pellizcando sus mejillas— Dejémoslo así siempre, ¿de acuerdo? —Pellizcó la mejilla de Leo una vez más, antes de que una expresión seria cruzara su rostro nuevamente. —¿Estás bien? Esa cosa lucía terrorífica. Pudiste haber muerto, ¿sabes?
Con mucho esfuerzo, Leo se obligó a sí mismo a sacudir la cabeza. —No, estoy bien. Yo, um, le perdí el rastro, sin embargo. Tengo una idea general de lo que era, todo lo que queda es esperar a que vuelva. —Le ofreció a Oz una sonrisa, y repentinamente se sintió agradecido con la oscuridad, así el chico deforme no podría ver cuán inseguro y tembloroso estaba. —Pero no le dejaré herir a nadie.
—¡Bueno, yo también sé cómo pelear! —insistió Oz, sacando uno de sus tantos cuchillos de su bolsillo—. Pero quizá deberíamos tratar esto con el señor Yura y los otros…
—No tengo ninguna objeción con respecto a los demás, pero… —el pelinegro frunció el ceño, pensativo—. ¿Podría ser yo quien se lo diga al señor Yura?
Oz lucia sorprendido pero no se negó a la petición mientras balanceaba la punta de su chuchillo sobre su dedo. Con un encogimiento de hombros, replicó—: Seguro, si eso es lo que quieres hacer. Ah, eso me quita un gran peso de encima entonces. Supongo que…volveré con Gilbert, ya que sin duda Elliot aún estará con Lacie. —Puso el cuchillo de vuelta en su bolsillo y comenzó a caminar. —Muy bien, apresurémonos ahora; creo que la gente ya está empezando a llegar.
La anterior paranoia que helaba los huesos del pelinegro parecía haber desaparecido con las alegres palabras de Oz. Una sonrisa danzó en sus labios mientras Leo asentía, encaminándose lentamente detrás del rubio hacía la música y la ilusión.
oOoOo
Al final, resultó que Oz y Gilbert no estuvieron en la función esa noche. Según la expresión en el rostro del hombre alado después del espectáculo, habían tenido otra discusión. Oz ni siquiera estuvo en su carro durante la demostración post-función, lo que significaba que debió haber huido hacia algún lado.
—Ese idiota —Leo escuchó a Elliot maldecir en voz baja cuando pasó frente al vagón vacío—. El señor Yura se puso furioso una vez porque Vincent se saltó la función y la demostración. No sé si Oz tendrá siquiera un rostro después de esto.
Leo le dedicó al rubio una mirada incrédula. —Tienes un torcido sentido del humor.
—Ciertamente tengo un torcido modo de vida —replicó Elliot sin perder un segundo, y comenzó a alejarse del carro cuidadosamente. Todos sus movimientos tras la función y la demostración habían sido temblorosos. Leo había apartado la mirada durante el acto de Lacie y Elliot, no queriendo ver al rubio caer desde tan alto. Había, sin embargo, escuchado un ruido sordo bastante enfermizo después de que las últimas notas de la caja musical se desvanecieran.
Más tarde, el equilibrista yacía, literalmente, en piezas. Ésta no había sido una vista para la que Leo hubiese estado preparado, pero decidió aplaudirse por permanecer tan tranquilo.
Gilbert había sido quien cogió en brazos al rubio durante el siguiente acto, porque Elliot ni siquiera podía caminar después de la caída. Leo vio que uno de sus pies estaba colgando únicamente de algunas puntadas en su tobillo, y la pierna en sus pantalones lucía torcida de alguna forma. Las puntadas a su costado habían sido todas arrancadas, junto con algunas raspaduras por todos lados. «Aterricé sobre mi costado», había explicado Elliot con una risa seca. Acunado en su brazo derecho, estaba su desprendido brazo izquierdo.
Ahora Elliot estaba parado a su lado con sus piernas nuevamente remendadas que, admitió él, le tomó un tiempo relajar lo suficiente para dejar de caminar tan rígidamente. El brazo aún tenía que arreglarlo y estaba esperando en su carro, así que se hallaba paseando con sólo un brazo como si todo fuera completamente normal. Lo cual sin duda lo era.
Repentinamente, Elliot suspiró. —Bien, el Enano tiene que regresar en algún momento. Lo interrogaré más tarde. No debería hacer que Gilbert se preocupe así. En serio…
Su arranque hizo a Leo sonreír. Elliot podía decir todo lo que quisiera, pero Leo sabía que también estaba preocupado por Oz. —Sólo tiene sentido estar preocupado por la familia —dijo él ambiguamente. Sonrió con burla ante el rostro sonrojado del rubio. —Así que estaré por mi cuenta esta noche. Me aseguraré de esperar a Oz.
—Ah, gracias.
Leo agitó su mano, restándole importancia. —Ni lo menciones. Pero, dime, ¿a dónde planea correr Oz? No tiene permitido salir del circo, ¿cierto?
—Bueno, ninguno de nosotros lo tiene permitido realmente. Al señor Yura le gusta tenernos cerca, ya sabes —se encogió de hombros—. No puede controlar lo que Xerxes y Sharon hacen, por supuesto. El resto de nosotros permanecemos aquí de todas formas. Da miedo, pensar en la gente que vive allá afuera. El punto es que no quieres ser visto por nadie…normal.
Leo cogió el encaje rasgado de sus mangas. —Entonces, ¿qué es lo que hace Oz?
—Sale a correr a veces. Nosotros lidiamos con los horrores de distintas formas. —Contó los puntos de su única mano presente. —Vincent destripa animales de felpa. Lacie canta y toca su caja musical. A Cheshire le gusta subir a lugares altos. Y Oz corre. Eso es justo lo que pasa.
—Está oscuro, sin embargo —señaló el pelinegro en voz baja. Allá afuera él había visto el límite borroso entre el Infierno y la Tierra, y había visto las formas de los demonios. Si un límite como ese existía en el bosque, esperaba que Oz no estuviese en ningún lugar cercano.
Elliot asintió. —Sí, así que mejor si trae su trasero de vuelta pronto.
Ambos dejaron de caminar cuando alcanzaron el carro de Elliot. Cuando miró al rubio, un cierto interés lo impulsó a extender la mano y pasar sus dedos contra su brazo desprendido, cortado justo por debajo del lugar donde se une con el hombro. La piel estaba sólo ligeramente estropeada, con la marca más básica de una cicatriz. Piel casi limpia. —Es tan perfecto —no pudo evitar comentar.
Más que reprenderlo, sin embargo, Elliot asintió. —Siempre pasa. Cuando una nueva parte de mi es cortada, duele como la muerte —confesó sombríamente—, pero nunca deja muchas cicatrices. Es un corte limpio. La piel se sana como si nada hubiese pasado. Aunque todo lo que queda es coserlas de vuelta a su lugar y tengo el control de mi cuerpo nuevamente. —Parpadeó, como dándose cuenta de algo, y se encontró con la mirada ligeramente sorprendida de Leo.
—Supongo que soy como una muñeca, ¿no es así?
Leo retrocedió, y jugueteó con los hilos rotos todavía tejidos desordenadamente en su piel. Lentamente, sacó cada uno de los rotos hilos negros, dejándolos caer sobre el pasto. Agujeros limpios más pequeños que monedas de diez centavos fueron dejados en su camino.
El color había vuelto a las mejillas de Elliot, y sonrió gentilmente. —Gracias —murmuró—. Ya sabes, es realmente estimulante conocer a alguien que no se acobarde con este tipo de cosas.
Oh, entonces ahora una desafortunada condición con la que se ha nacido era llamada «cosa». —Mr. Doll [2] en realidad no es tan aterrador como esos monstruos de la otra noche —dijo el pelinegro sin inmutarse, palmeando el hombro de Elliot—. Iré a dormir ahora, si no te importa.
—¿Estarás bien? —soltó el artista circense, adelantándose un paso.
Rodando los ojos, Leo respondió—: Sabes subestimar a la gente por lo que veo. Nada va a pasar —sonrió como medida adicional, deliberadamente sin mirar a las envolventes sombras a su alrededor—. Buenas noches, Elliot.
—Hmm, una buena noche —replicó el rubio con una sonrisa torcida—. Me pregunto cómo es eso. —Su expresión se volvió seria entonces. —Quédate en el carro, ¿de acuerdo? Si no me dejarás decirle al señor Yura sobre esto, al menos mantente tan a salvo como sea posible, ¿bien?
—Si Elliot está tan preocupado —comenzó Leo con una sonrisa burlona—, entonces quizá él debería quedarse y vigilar para todos nosotros. Estoy seguro de que estaremos todos a salvo siempre y cuando él esté cerca.
Un semblante ceñudo cruzó el rostro del fenómeno. —Cierra la boca, tú mocoso, y ve al carro —temblorosamente, subió los escalones y desapareció dentro del carro. Leo no se quedó ni un segundo más y se dio la vuelta hacia el vagón de Oz.
La puerta crujió cuando la abrió sobre sus antiguas bisagras y se aseguró de cerrarla apropiadamente cuando se halló dentro. Sus piernas le impulsaron al interior, y echó un vistazo a cada uno de los objetos a su alrededor, los cuales en realidad se acercaban a nada. Sobre el suelo, fijado por uno de los cuchillos del rubio, estaba la fotografía de una chica. Curioso, Leo se agachó y liberó la fotografía, tomando la fría empuñadura del cuchillo con su otra mano mientras se movía hacia la luz de la luna para obtener una mejor vista.
Representada en colores apagados, estaba una chica que lucía cerca de los ocho años de edad. Con grandes ojos esmeraldas y cabello rubio claro que enmarcaba su hermoso rostro, Leo pensó que se parecía mucho a Oz. Ella estaba sonriendo, luciendo sus perfectos dientes mientras una cinta rosa atada a su cabello volaba con el viento. Con flores rodeándola, ella estaba sentada en un alegre y soleado jardín. Era un acogedor rayo de luz en la oscuridad del circo.
Así que no todos en el circo han nacido en la nada. Oz tiene una familia. Cuidadosamente, Leo devolvió la foto y colocó el cuchillo de vuelta tal y como había estado, colocándolos profundo en las sombras de carro. El pelinegro se movió, deslizándose de vuelta hacia otra parte sombría, agarrando la delgada sabana que le serviría como manta.
¿Oz realmente regresaría? ¿Estaría el circo realmente a salvo esa noche?
Sus párpados se cerraron, llevándolo hacia un nuevo tipo de oscuridad mientras él pensaba una y otra vez en Elliot. Imágenes del fenómeno equilibrista, de los otros Baskervilles – los Crimson Fausts –, de sangre, de gritos. De los demonios, de su familiar risa, de su familiar presencia…de Elliot Elliot Elliot...En sangre. En muerte. Traicionado una vez que descubra que Leo mató a Lacie. Descuartizado miembro por miembro. Hilos reventados…
«Supongo que soy como una muñeca, ¿no es así?».
Leo se dio la vuelta hacia un lado, su cuerpo lentamente tornándose frío por la glacial noche afuera, a pesar de la penosa manta que tenía. Monstruos y demonios, y fenómenos estaban vivos y prosperando más allá de las barras del vagón, su casa de seguridad por ahora. Hambrientos y sedientos de sangre, esperando por él, por todos los Crimson Fausts. Todos ellos los querían muertos. ¿Quién moriría primero? ¿Podría la locura resistir…sólo un poco más? Sus ojos estaban bien abiertos, devolviéndole la mirada a la abismal noche.
Sus labios tornándose insensibles, él cantaba suavemente, muy suavemente para sí mismo las mismas palabras de Lacie cuando él llegó a ella. Había terminado siendo muy sencillo para él, recordar la letra y la melodía que sabía se tocaba de fondo. Una melodía perfectamente ejecutada en el piano.
«Soy una muñeca, una muñeca mecánica
Dame cuerda, entonces comienzo a moverme
Baila, baila, hasta que este cuerpo decaiga.
Baila, baila, hasta que este cuerpo decaiga…»
Se acurrucó hecho un ovillo y se halló dormido en cuestión de segundos después de que la última nota salió de sus labios.
oOoOo
Aproximadamente una hora después del alba la mañana siguiente, Leo fue despertado por la sensaciónde un calor corporal irradiando a su lado. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta que Oz estaba acurrucado contra él como un gatito, respirando suavemente.
Demonios, no se supone que me quedara dormido. Después de ver que no estaba herido y que no había gran conmoción afuera, Leo se imaginó que nada debió haber sucedido la noche anterior. Eso fue un alivio.
Se estiró, levantándose y colocándose las gafas, las cuales habían estado aún metidas dentro de sus bolsillos. Captó su reflejo en un pedazo de espejo roto sobre el piso y vio su lápiz labial negro todo embarrado en sus labios. Retirándose el maquillaje, dejó silenciosamente el carro y se encaminó al exterior.
Mirando dentro de los carros, los encontró casi todos vacíos, incluyendo el de Lacie. Los sentidos de Leo se pusieron alerta. Miró alrededor, notando que los otros que estaban despiertos se hallaban cerca de la carpa. No vio a Lacie, pero se imaginó que ella no sería capaz de verle de todas formas. El momento era oportuno.
Se estiró para tomar la fría manija del carro y se sintió aliviado de encontrarla abierta. Rápidamente, se metió dentro, cerrando la puerta tras de sí.
Sólo un hilillo de la luz proveniente del sol matutino aclaraba el carro de Lacie con una iluminación amarilla. Leo se dirigió hacia el baúl sobre uno de los lados, su tapa crujió mientras él fácilmente lo abría para dejar escapar un ligero aroma a polvo de su interior. Revolvió a través de las telas de todos los tipos de vestidos, cada uno roto o manchado de alguna forma. Hasta el fondo estaba el reloj de bolsillo que tocaba la canción de cuna de una caja musical. Asegurándose de ordenar los vestidos de una manera menos desordenada, el pelinegro cerró el baúl.
Eso dejaba el objeto en la esquina. La tela púrpura parecía brillar a la luz del sol que se colaba a través de los barrotes. Leo dirigió una mirada al exterior, no percibiendo a nadie. Caminó cuidadosamente hacía éste, extendiendo una mano. La suave tela se arrugó bajo sus dedos, y él la deslizó lentamente.
La madera negra fue lo primero en ser revelado, casi un negro obsidiana. Estaba tallada en una forma familiar, y Leo haló la sábana un poco más, el peso de la tela considerable en su mano. Ahora había un sonido familiar reverberando en el carro, un sonido que hizo a su corazón detenerse.
Tick. Tock. Tick. Tock.
El resto de la tela cayó al suelo, reuniéndose sobre sus pies cuando el objeto estuvo finalmente liberado de las sombras y las cortinas.
Un reloj de péndulo, más alto que Leo por más de un pie, estaba firmemente situado delante de él. Reluciente madera negra enmarcando una impecable cubierta de cristal. Dentro se mecía un péndulo dorado que brillaba en la luz, balanceándose deliberadamente de aquí para allá, sin prestar la más mínima atención al pelinegro. La mirada de Leo viajó hacia arriba, hacia la faz de luna llena del reloj, donde trece horas estaban grabadas en ella con números romanos.
En el centro de los números, ocupando la mayor parte de la cara, estaba un pequeño esqueleto que parecía inquietantemente real. Su cráneo tenía dos cuernos curvados de puntas afiladas con forma de aguja mientras huesos de marfil resonaban con sus furiosos movimientos. Sus brazos y piernas estaban extendidos como si hubiesen sido descuartizados, las extremidades rotando de un lado a otro, apuntando a diferentes números. Sólo uno de los brazos permanecía completamente quieto, apuntando casi por completo a la hora trece.
Leo miró fijamente la superficie reflejante de la cara del reloj, el péndulo oscilando con cada «tick»y«tock» que resonaba en el carro. —Ahora, ¿para qué estás aquí? —preguntó suavemente, golpeando un dedo contra la cubierta de vidrio.
Una cierta nebulosidad pareció tejerse sobre el rostro del reloj entonces, y una pegajosa sensación trepó silenciosamente sobre la piel de Leo como agua tibia. Sus cejas se juntaron mientras centraba su atención en el cristal como si estuviese leyendo el futuro como una los números y el diabólico esqueleto desaparecieron en la niebla, líneas se formaron en la bruma. Líneas y curvas que eventualmente formaron una boca y ojos verdes sin alma.
Tan pronto como aquella mirada se enfocó en él, Leo sintió un estremecimiento azotar su cuerpo.
La boca flotante se estiró en una sonrisa que, si no hubiese estado tan extrañamente desapegada de un rostro apropiado, podría haber sido considerada encantadora.
—Ah, ah —los labios se separaron, una embrujada voz masculina filtrándose en el aire—, pensar, ver, que serías tú quien me desenterraría. ¿Tú eres…él? —Los fantasmales ojos verdes se centraron en él intensamente, buscando profundo en el interior del cuerpo del pelinegro.
Leo saltó, sus movimientos erráticos y torpes mientras se hacía con la tela púrpura sobre el piso y la arrojaba sobre el reloj. El tic-tac cesó, y la boca y los ojos, y la voz fueron cubiertos una vez más. Leo retrocedió, chocando contra la fría pared del carro y cerrando sus ojos en un intento de recomponerse.
Aquel reloj…le…¡le habló! Sin duda…había algo malo con éste. Lentamente, lo suficiente para reunir su ingenio nuevamente, Leo empujó sus lentes y se movió hacia el reloj de péndulo por segunda vez. A pesar de que presionó una mano desafiante contra éste y silenció todo el ruido exterior, no pudo detectar nada de su interior. ¿Había algo de magia en la tela, quizá?
—Interesante —susurró con incredulidad, aunque temblando. —Pero ¿por qué Lacie querría este…reloj de péndulo embrujado?
Las palabras que desgarraban a través de él todas las noches, repentinamente atravesaron su mente: «¡Es casi la hora!».
La sangre de Leo se enfrió hasta la muerte.
oOoOo
Los grandes ojos zafiro de Echo le miraron cuidadosamente. Después de que el pelinegro hubiese terminado de hablar, ella se había turnado entre intercambiar miradas con Lily y picar la corteza de su pan. Finalmente, dijo—: Entonces, ¿el señor Leo cree que ha tenido sueños sobre Lacie?
En ese momento, los tres Baskervilles se hallaban afuera, sentados en el césped después de un almuerzo bastante escaso de pan sobrante y carne vieja. Su pequeña reunión a buena distancia de las tiendas y los vagones de modo que nadie pudiese oírlos.
Leo dejó escapar un suspiro mientras se pasaba una mano por el cabello. —Creo que debí haberme dado cuenta hacía mucho tiempo —murmuró abatido—. Pensé que la persona en el reflejo del péndulo era yo, por el cabello oscuro. Nunca conseguí un vistazo adecuado al rostro por la venda, pero eso debió haber sido una advertencia también.
Lily golpeó un dedo contra su barbilla, inclinándose hacia el pelinegro. —Hmm~, creo que de cierto modo lo entiendo.
—Este tipo de cosas parecen tener más sentido en un sueño —dijo él con una pequeña sonrisa—. Y ahora estoy empezando a creer que es su voz la que dice esas cosas sobre que ya es casi la hora.
—¿La hora de qué? —preguntó Lily.
Ahora, Leo no estaba completamente seguro, pero…—Tengo una teoría. Creo que se supone que está dando cuenta regresiva para Halloween. El demonio que conocí en el bosque–
—¡Leo, viste un demonio! —chilló Lily mientras salía disparada desde el suelo, sus ojos casi perfectamente redondos. Ambos, Echo y Leo, se estiraron y la hicieron sentarse de nuevo, cubriendo su boca. Los tres miraron alrededor para asegurarse de que nadie hubiese escuchado y viniera a seguirlos, pero la actividad en el terreno del circo parecía completamente nula. Solamente cuando el pánico de Lily pareció haber cedido un poco, le dejaron ir. Su voz era un claro susurro cuando ella volvió a decir—: ¿Lo mataste? ¿Qué pasó? ¿Estás herido en alguna parte?
—Sólo mi cordura, aunque ya estaba deteriorada de cualquier forma —respondió él con humor negro, encogiéndose de hombros. Contó los eventos de la última noche en el bosque por completo, no dejando escapar ningún detalle como la familiar risa que poseía y el sentimiento de éste hallándose detrás de él; incluso les contó sobre su última amenaza de muerte y malicia.
Una expresión preocupada cruzó por el rostro de Echo. —La señorita Lily y yo debimos haber estado ahí —murmuró ella de forma que sonó desesperada. Sus manos estaban desgarrando su pan, castigándolo o tratando de mantener sus emociones a raya, Leo no estaba seguro.
Él sacudió la cabeza. —No había forma de que fuera por ustedes sin dejar la guadaña y que el demonio escapara —dijo.
—Bueno…¿Qué estabas diciendo antes, sobre tu sueño? —apremió Lily lentamente, tratando de encaminar la conversación de nuevo.
—Estaba diciendo que el demonio me dijo que cada trece años en Halloween los límites entre el mundo de los demonios y los humanos se adelgazan. Que los demonios tiene una enorme oportunidad de venir aquí. El reloj que Lacie esconde tiene trece marcas en vez de doce. Al principio pensé que estaba marcando horas, pero ahora me doy cuenta que está contando años.
Dicho todo esto…aún no tengo idea de quién es el chico en mi sueño, el que se aleja de mí y del cual yo sólo puedo ver su espalda. Debe encajar en todo esto de alguna forma. Quizá…¿el demonio en su forma humana?
Leo miró a Echo y Lily intensamente, preparándolas para su conclusión. —Si esto es verdad respecto al reloj, entonces es una prueba innegable de que Lacie tiene una afiliación con el demonio. Debemos capturarla.
En vez de la protesta que él había estado esperando, ambas chicas asintieron sombríamente. —Si el señor Leo lo cree, entonces debe ser verdad. Ella estuvo rondando mucho junto al reloj, usted también lo dijo —señaló Echo. —Ella estaba intentando protegerlo.
—Lo que viste dentro del reloj debe ser importante también, ya que te asustó mucho —añadió Lily, repentinamente luciendo muy madura para su edad—. Deberíamos tomarlo también, ¿cierto?
Leo asintió, feliz de estar en sintonía. —Sí, eso creo. —Suspiró, dejándose caer de espaldas sobre el pasto para mirar hacia el cielo nublado—. Así que es eso entonces. Vamos a llevar el reloj a la mansión. Mientras tanto, interrogaremos a Lacie aquí. Supongo que la tortura no es ajena para ninguno de nosotros.
Escuchó un pequeño gemido que podría haber sido de Echo. Ella ahogó un «no» y permaneció en silencio. Lily imitó el acuerdo, aunque más alegremente.
¿Y cómo podría alguno de ellos protestar? Echo había estado atrapada en el asilo de Pandora con el demente Dr. Atmore por años. ¿Quiénes habían sido sus compañeros? ¿La sangre y las cicatrices y las cadenas de acero? ¿Los gritos y gemidos y sin sentidos de los otros pacientes mentales? ¿Las afiladas agujas y el dolor cortante, quizá? Noise, sin duda. Eso era lo más usual.
Y Charlotte enseñó a Leo y Lily cómo hacer que la gente chillara como banshees[3] y sangrara fuentes de brillante rojo. Fang solía estar en contra de esto, siendo mejor con las palabras y por lo tanto estando más a gusto con el arte de la tortura mental; algo que había aprendido del mismo Glen. Pronto se hizo evidente sin embargo que a Lily le gustaba "jugar" con la gente (a un nivel más inocente que Charlotte, si puede ser referido como tal) y hacer un juego de todo ello: «¿Te gustan las navajas o mejor las agujas? Me pregunto que hace esta cosa. ¿Para qué es esto? ¿Quieres descubrirlo? ¿Juntos?».
Y Leo…bueno, los gritos eran sonidos más que agradables cuando pensaba en ellos. Las victimas que daban pelea eran un reto que él aceptaba. Nunca jamás admitiría cuanto palpitaba su corazón, tanto de emoción como de miedo, cada vez que tenía que quebrar a alguien. Jamás se adentró lo suficiente en sí mismo para que estas ideas llegaran a la superficie de su mente.
—Esta noche —instruyó él, levantándose del pasto—. Lo haremos esta noche mientras todos están preocupados con los preparativos. Le diremos a Isla Yura que ella no puede estar en el show. Ella estará en su carro todo el tiempo porque no le gusta dejarlo. Nosotros tres iremos con ella mientras la función se lleva acabo y nos hacemos cargo de todo entonces.
—Para cuando termine la noche —dijo con una nota de resolución—, esta misión estará completada.
—Sí, señor Leo.
—¡Okay!
Leo asintió con aprobación y se alejó de ellas, dirigiéndose hacia la tienda de Isla Yura. Lily tomó la mano de Echo y la guió de vuelta a la carpa principal donde estaban los otros artistas.
Sí, eso está bien. Todo terminará aquí. Y nosotros dejaremos el circo. Dejaré a Oz y Vanessa y Gilbert y…y a Elliot. Dejó escapar un profundo suspiro y ordenó a sus piernas que continuaran moviéndose. Difícilmente había dado otro paso, sin embargo, antes de que casi chocara con los cuerpos unidos de Alice y Alyss. Retrocedió, dispuesto a disculparse cuando él notó el rubor sus mejillas y el aspecto vidrioso de sus ojos.
—¿Qué su–?
—¡Nada! ¡Métete en tus propios asuntos! —insistió Alyss un poco demasiado rápida y desesperadamente. Su gemela castaña estaba mordiendo su puño cerrado. Entonces Leo notó que los nudillos de Alice estaban mallugados…y que el lugar donde los hombros de las chicas se fundían en uno estaba sangrando.
—¡Eso es–! ¡Estás sangrando! —el pelinegro se revolvió, buscando un inexistente sustituto para una venda. Pensó en quitarse su camisa cuando Alice se estiró para apartarlo. Sus temblorosos ojos violetas destellando peligrosamente hacia él.
—¡Ocúpate de tus asuntos, Shaggy Eyes! —exclamó ella, avanzando, y esta vez Alyss viniendo de muy buena gana.
Él parpadeó lentamente, observándolas. Sólo momentos después de que ellas se fueran, escuchó el pasto seco crujir con los pasos de alguien. Cheshire venía hacia él, sus peludas orejas agachadas. Sus ojos rojos estaban mirando intensamente a las gemelas.
—Cheshire no cree que Alice pueda soportarlo más, y se defendió por primera vez, nyaa —dijo él. Su voz era algo como un siseo ronco y muy felino, como debería hablar un gato.
Inmediatamente, los puntos comenzaron a conectarse en la mente de Leo. —Quieres decir que Isla Yura les hizo eso. Alice le golpeó y él les cortó. Justo en el centro donde ellas están unidas. Probablemente amenazó con separarlas —el pelinegro concluyó sombríamente. La ira, aún en su estado silencioso, parpadeó en su pecho brevemente.
Cheshire se sentó sobre la hierba como un gato lo haría, las piernas dobladas y los brazos rectos. Su cola se agitaba de un lado a otro pensativamentey sus ojos se estrechaban con disgusto. —A Cheshire nunca le ha gustado ese hombre, nyaa. Pero tiene qué porque le da a Cheshire un lugar donde vivir y se lo da a Alyss y Alice. Cada vez que Cheshire ve a ese hombre llevarse a las chicas a su tienda, se enoja, porque Cheshire sabe lo que pasa ahí, nyaa.
«Lo odiamos, pero él es también nuestro benefactor. Es la maldita paradoja de nuestras vidas que odio más que a cualquier otra cosa en el mundo.»
Por aquella conversación que había tenido con Elliot, Leo sabía que no podría preguntar el por qué ellos no podían simplemente huir. ¿Qué gente allá afuera tomaría a un grupo de fenómenos en su casa?
Qué mundo tan solitario, pensó Leo agriamente. Se sentía tan frustrado. Estaba enloqueciendo, dejando que aquellos sentimientos infantiles lo dominaran. ¿Cómo era eso justo? Esos fenómenos no eran malas personas. No habían herido a nadie, incluso cuándo ellos eran abusados en cada forma posible. Era demasiado espantoso para incluso combatirlo. ¿Cuánto tiempo había estado Alice conteniendo aquel golpe? Ella probablemente jamás lo haría de nuevo con Isla Yura rebanándola a ella y a suhermana. Si él se quedaba en el circo otro día, estaba seguro de que estallaría y masacraría a Yura.
Entonces la más loca idea en el mundo se le ocurrió. ¿Qué si…él realmente asesinaba a Yura? ¿Y qué si le decía a los del circo que podían venir a la mansión Baskerville?
La idea hizo que el rostro de Leo se sonrojara por la emoción. Nadie en la mansión era humano, salvo por (¿quizá?) Glen, pero a él no le importaría. Ese sonaba como el más hermoso plan en el universo. Nadie se reiría de ellos o los atormentaría nunca más. Glen los querría a todos. Y…y…
Y Elliot podría vivir con él. Justo después de que una de sus mejores amigas fuera asesinada por el mismo Leo.
Jamás funcionaría.
La decepción no pudo siquiera cruzar la mente de Leo antes que escuchara a Cheshire hablar de nuevo—: Pero ya sabes, actualmente ese hombre no es la única cosa que puede herir a Alice y Alyss, nyaa —murmuró.
Leo bajó la mirada hacia la cabeza de revuelto cabello negro. —¿A qué te refieres?
El aire se calmó un poco cuando los dos se quedaron en silencio y la brisa heló la piel de Leo. Cheshire enrolló pensativamente su cola de un modo y otro antes de contestar—: Cheshire sabe que hay horrores rodeándonos, nyaa. Hay monstruos allá afuera, monstruos como nosotros, y luego…están los horrores aquí dentro ya. Esto Cheshire lo sabe. Ha percibido cuan peligrosa es la amenaza aquí.
Leo se agachó a la altura del hombre felino. Se las arregló para ocultar el tono interrogante de su voz cuando preguntó—: ¿Tu sabes quién es la amenaza? ¿Quién es?
Ahora Cheshire ladeó la cabeza,clavando sus ojos en el Baskerville por primera vez. La mitad de su rostro estaba escondido tras un mechón de cabello similar a un pelaje cubriendo su cabeza. Cuando habló, Leo notó los dos colmillos en su boca. —Siempre ha estado aquí, nyaa —siseó roncamente—. Esperando.
—¿Quién es?
—Es…
—¡Cheshire! —llamó una voz aliviada. Oz estaba zigzagueando hacia ellos, sin máscara, su cabello rubio volando. Inhaló profundamente, intentando llenar sus pulmones tan pronto como llegó a los dos pelinegros. Su acostumbrada sonrisa estaba en su rostro cuando susurró—: Ah, esto es, Alyss te necesita. ¿Sabes qué fue lo que le pasó? Ella y Alice estaban sangrando y…
Las orejas del hombre gato se alzaron y él se puso de pie. —Cheshire se hará cargo, nyaa —prometió. Dirigió una mirada tanto a Leo como a Oz mientras caminaba hacia donde estaba el vagón de las gemelas siamesas, su cola agitándose.
—Me pregunto que habrá pasado —suspiró Oz, presionando un dedo contra su grotesca mejilla con cicatrices. Hizo un sonido como de tarareo y después echó un vistazo hacia el pelinegro aún agachado sobre la tierra. Leo ni siquiera supo cómo pasó pero un segundo él estaba en cuclillas, y al siguiente su espalda estaba en el suelo con Oz encima suyo.
—¡Oz!
—Leo, ¿a dónde fuiste esta mañana? ¡Creí que habías corrido hacia el bosque de nuevo o algo! ¡No te he visto en, bueno, desde la noche anterior! —chilló el rubio, sacudiendo los hombros de Leo.
Algo que el pelinegro aprendió rápidamente fue que era bastante difícil hilar pensamientos cuando la cabeza de uno estaba siendo agitada como si fuera una bola de nieve. —Ah, Oz, me estoy mareando, ¿sabes? —se las arregló para decir. Afortunadamente Oz detuvo toda la agitación y su visión gradualmente comenzó a arreglarse de nuevo. Parpadeó, mirando al rostro de Oz. —No llevas puesta tu máscara.
Una mano perteneciente al rubio se estiró para tocar la piel irregular. —Oh, sí. Lamento eso —dijo con una risa temblorosa. Cubrió aquella mitad de su rostro con su mano y se apartó de Leo. —Se rompió ayer luego de que fui a buscarte. Mientras estaba fuera.
—¿A dónde fuiste? —inquirió Leo casualmente, incorporándose. Ah, tenía pasto enredado en su cabello…Comenzó a retirarse las hojas de sus mechones rebeldes; quizá debería comenzar a cuidar mejor de su cabello…
Oz lució conflictuado entonces. —Me peleé con Gilbert ayer. Fue la primera vez que él me habló de esa forma y yo no…no supe como liderar con ello. Hay…un montón de cosas que no sé cómo…—Hizo una mueca, todavía cubriendo su rostro—. Bueno, me interné en el bosque sin pensar y no supe qué hacer. Así que rompí mi máscara.
—Pero ¿por qué? Creí que Sharon la hizo para ti.
Oz sonrió débilmente, llevándose un dedo a los labios. —Sip, así que no le digas nada, ¿de acuerdo? Le dije que fue un accidente. Y sobre por qué rompí mi máscara, yo…—bajó su mano, pero lentamente con sus dedos recorriendo a través de su piel, como si intentara memorizar cada arruga y cicatriz y bulto con el tacto.
—Supongo que comienzo a cansarme de estar escondiéndome. Es realmente…—sus cejas se elevaron y sus ojos se ensancharon un poco, sus labios ligeramente separados: sorpresa—…estúpido. —Una mirada distante se apoderó de sus ojos esmeraldas entonces, y su mano cayó a su costado. Repentinamente, una mueca rompió a través de su expresión, y elevó su mirada.
—Sí, es muy…—aplaudió, un aura de determinación emanando de él—. Leo, creo que me gustaría ir a hablar con alguien ahora, así que te veo más tarde, ¿okaaay~?
—Oh, claro, Oz. Nos vemos más tarde —replicó Leo, dudoso, pero de cualquier forma era demasiado tarde. Oz ya se había marchado. Probablemente hacia Gilbert, el pelinegro razonó con una ligera sonrisa. Debía ser lindo ser capaz de amar a alguien incluso con una vida como ésta; tener a alguien que te ayuda a deshacerte de la locura y las pesadillas. Por alguna extraña razón, Leo repentinamente recordó que no había visto a Elliot en todo el día.
Si las cosas realmente van a terminar con el circo esta noche, quiero…limpiándose el pasto de la ropa, se puso de pie, un nuevo propósito quemando en su pecho. Era cierto. Confiar no era una cosa que un miembro de Pendulum podía permitirse. Pero, justo ahora, Leo no era el miembro de una organización con el propósito de matar; él era el miembro de una familia de fenómenos de circo, y se había ganado la confianza de cierto equilibrista.
Había un nuevo propósito en sus pasos mientras Leo hacía su camino rumbo a la carpa principal, donde estaba seguro se encontraba los demás. Justo ahora, Isla Yura y la misión habrían de esperar, porque Leo tenía asuntos más apremiantes que atender.
Desafortunadamente, ésta vino de una forma que él no se esperaba.
El hombre estaba de pie en la orilla del claro, aún ligeramente oscurecido por el refugio de los árboles y las sombras de la tarde. Él era tan oscuro como la noche, acarreando cierta elegancia y ferocidad a su alrededor, desde la calculadora inclemencia en sus destellantes ojos púrpuras hasta su postura recta. Sobre sus hombros estaba una capa carmesí que, Leo sabía, contenía cierto símbolo con forma de reloj en la parte posterior.
—¿Padre? —cuestionó, la palabra apenas audible.
Pero Glen de alguna forma la había escuchado, incluso con la enorme distancia entre ellos. Él asintió con la cabeza ligeramente, señalando hacia el bosque tras él. Sin otra palabra o mueca, dio la vuelta y se lajeó, obviamente queriendo decir que Leo le siguiera.
Y él no tenía otra opción más que hacerlo. ¿Cómo podría no hacerlo cuando esa era la primera vez que había visto a Glen fuera de la mansión? Algo tenía que estar muy mal. Algo tenía que estar muy, muy mal. Aunque Glen había sido la figura paterna de Leo toda su vida, y como tal, el pelinegro supo mantener a raya su pánico y seguirlo discretamente. Nadie más estaba siquiera afuera, y sin perder tiempo Leo estaba también navegando a través de los troncos de los árboles y escalando ramas caídas.
Glen estaba de pie, expectante, delante de él, sus brazos cruzados y sus ojos asentados en la vida muerta debajo de él. Justo a su lado estaba Doug, quien estaba igualmente silencioso y firme. Cuando Leo llegó hacia ellos, la mirada de su padre gradualmente recorrió hacia el rostro de su hijo.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué estás aquí? —preguntó, yendo directamente al punto.
No siendo alguien de gastar palabras, la cabeza de Baskerville respondió—: Necesitas regresar a casa inmediatamente.
Ahora Leo no sabía qué esperar exactamente…únicamente que aquello no hubiese sido así. Lo que salió después de la boca de Glen era mucho más inesperado, sin embargo—: Es la mansión. La noche anterior, el bosque se incendió.
Doug colaboró ásperamente—: Lotti había venido a prevenir al amo Glen al respecto. Sin embargo, había algo…extraño con este evento.
—Extraño —repitió Leo sin diversión. Allí debía haber algo más de lo que se veía.
Pero Glen estaba un paso adelante y explicó—: No se trataba de un incendio ordinario. Mientras nosotros estábamos intentando de apagar las llamas, algo se infiltró dentro de la mansión, y le prendió fuego también.
Sus ojos violetas dedicaron una mirada sobre su hombro, sacudiéndose algunas cenizas que, Leo acababa de notar, cubrían ligeramente su ropa y cabello. Había motas grises en sus manos y una en sus mejillas. Doug tenía su capucha puesta, pero la gema de su chaqueta de Pendulum estaba quemada, enviando un ligero rastro de olor a humo.
De derecha a izquierda, Leo observó a cada uno de ellos significativamente, intentando procesar la información y lo que ésta significaba; la relevancia de su visita debía estar escondida en el significado del evento en casa. —¿Estás diciendo que alguien tendió una trampa? Que…
—No, algo vino y lo hizo —interrumpió Doug con su profunda voz.
Glen coreó el sentimiento, aferrando su capa alrededor de sí mismo. —Estoy bastante seguro, en realidad…que se trata del mismo demonio tras el cual se supone que vas junto con Zwei y Lily justo ahora —el hombre pelinegro corrigió tranquilamente, incluso cuando su mandíbula lucia tensa y rígida—. Pero escapó.
Los ojos de Leo se ensancharon. El demonio había ido más allá de los límites del circo, deslizándose justo enfrente de sus narices, y atacó la mansión. Esa cosa…no había estado bromeando, pensó. Lo que él no había esperado era que el demonio actuara sobre sus palabras aún. El terror lentamente aferró su estómago, pecho y garganta, y él tragó. —Todos están bien —dijo esto como un hecho, porque cada uno de los Baskervilles era asesinos entrenados con células de demonio corriendo por sus venas. Ellos era Crimson Fausts.
Entonces todo estaba bien.
Excepto que Glen estaba mirándole larga y duramente, transmitiéndole un mensaje mental con su resuelta mirada que Leo no podía soportar observar, y Doug estaba interesado en el cielo oculto a través de las ramas de los árboles. Con forzada confianza, Leo repitió—: Todos están bien.
Finalmente, un profundo suspiró dejó al fundador de Pendulum y él cerró los ojos. —Cuando yo mismo y los otros regresamos al interior, el candelabro en la entrada principal cayó y se fracturó, completamente prendido en llamas. Nos separamos. Me cubrí justo en el momento en que eso cortó a través del infierno —explicó. No hubo necesidad de detallar sobre lo que "eso" significaba.
Automáticamente, Leo se encontró a si mismo escaneando a Glen de arriba hacia abajo nuevamente, buscando cortes o rasgaduras en su ropa, a pesar de que era difícil con su cuerpo cubierto por la capa. Todo lo que había eran manchas de hollín y cenizas caídas. Ni una quemadura.
—Ni siquiera lo había sentido —soltó Glen con disgusto. La frustración estaba claramente asentada en su rostro, y ese era uno de aquellos raros momentos cuando él expresaba plenamente sus emociones. Sus dedos estaban curvados fuertemente sobre su capa carmesí, y estaba apuñalando con la mirada al árbol detrás de Leo. —Es vergonzoso de mi parte. Antes de poder defenderme, Charlotte estaba delante de mí.
En cualquier momento, Leo esperaba escuchar que ella se había defendido a sí misma y a Glen valientemente y que se las había arreglado para que ambos salieran a salvo, mientras el demonio procedía a enfurecerse antes de finalmente marcharse. Justo ahora ella estaba esperando con Fang en la mansión, furiosa y preocupada por su precioso amo Glen. Eso sería justo como Charlotte. Justo como ella.
La muerte no era como ella así que, por supuesto, Glen estaba a punto de afirmar simplemente cuan viva estaba ella.
—Cortó a través de ella con su guadaña —finalizó Glen, elevando uno de sus brazos y arrastrando sus dedos hacia abajo desde su hombro hasta su cadera—. Un corte limpio, justo desde el final de su clavícula hasta su cadera. Antes de que preguntes —dijo él—, estaba en su forma demoniaca. No sería capaz de describirlo para ti de ninguna forma que sea relevante.
Lo que sea que hubiese salido de la boca de Glen tenía poco sentido para él, y para ser honesto, no podría importarle menos porque no eran las palabras que él quería oír. Oh Abyss…Oh Abyss. No había estado mintiendo. Eso no había estado mintiendo del todo.
«…desde ahora, demonios y Cannibal Marionettes por igual iremos tras de ti y tu familia, y no tomaremos prisioneros, sólo mataremos», esa era la amenaza. Leo no lo había tomado lo suficientemente en serio. Jabberwocky…¿Por qué no había enviado a la maldita guadaña con un mensaje? ¿Por qué no había advertido a nadie?
«Abyss, ¿cuándo vas a llamarme "Lotti"? ¡O llámame Hermana Mayor, adoraría eso también~!».
Eso había sido divertido. Charlotte odiaba la formalidad, y entonces él había continuado llamándola por su nombre completo. ¿Y qué había pasado ahora? ¿Debería haberla complacido sólo una vez? ¿La habría hecho sonreír si él hubiese dicho sólo una maldita vez: «Cielos, Lotti, tú sin duda eres una dama exigente»?
Doug se movió hacia adelante y sacó algo de su bolsillo. Era un pasador negro de mariposa, uno que Leo reconocía, y que Charlotte usaba algunas veces porque, como ella lo ponía, un monstruo debía ver al menos una cosa hermosa antes de que ella los asesinara. Aunque aquello había sido una broma…¿Cierto?
Ah, tan inútil, tan inútil. Monstruo sin valor. ¿Por qué no había estado en casa? A pesar de que sabía que lo ocurrido no podría ser arreglado, esto no detuvo a la aflicción de morderlo por todas partes. Sintió sus pies moverse, vio su mundo volcarse mientras se tambaleaba para apoyarse de espaldas contra la áspera corteza del árbol. Su pie resbaló con una hoja y cayó al suelo, las lágrimas lavando sus mejillas mientras su boca se quedaba abierta, en busca de palabras perdidas. Sus ojos recorrieron el horizonte de árboles y la muerta vida otoñal.
Nunca antes Leo había perdido a alguien importante para él. ¿Cómo iba a decirle a Lily? Charlotte había sido la figura femenina en su vida. Lo había sido de una forma retorcida, pero de cualquier forma una relación fuerte. La pobre niña no lo creería. ¿Y Echo? ¿Cómo reaccionaría?
Él no quería llorar, incluso cuando sus pulmones empezaban a ahogarse y su garganta comenzaba a apretar con el sollozo que estaba conteniendo. Llorar lo haría todo real. Gritar haría el dolor interminable. Así que Leo hizo algo que, sabía, le causaría el más grande dolor y haría que el cuchillo más caliente rebanara su corazón: forzó una sonrisa, una gran y amplia sonrisa entre lágrimas. Inclinó la cabeza hacia Glen y Doug, humedeciéndose los labios.
—¿Quieren que vuelva a casa, entonces? —urgió. Poco más se necesitó, y los tres comenzaron a caminar a través de los árboles de vuelta hacia la mansión Baskerville. Leo había murmurado un mensaje para que Jabberwocky enviara a Echo y Lily, dándoles instrucciones para continuar con la misión mientras revisaba la mansión con Glen y los otros para asegurarse de que todo estaba bien. Se las arregló para mantener la angustia alejada de su voz, aunque no estaba tan seguro de la torturada locura.
Omitió por completo la parte sobre la muerte de Charlotte.
oOoOo
Jirones de humo grisáceo se mantenían dando vueltas, provenientes de la madera carbonizada de los árboles y el ladrillo ennegrecido del que estaba hecha la mansión. Sólo un puñado de árboles había sido quemado en el incendio, y todo, hasta la última brasa, parecía haberse ido ahora. La mansión no estaba completamente destruida, pero la mayoría de las ventanas de la fachada estaban estropeadas por el calor y la entrada estaba bien abierta con las puertas astilladas.
Cuando Leo entró, ignoró el fuerte olor a hollín mientras miraba alrededor para evaluar los daños. Casi todo el suelo estaba cubierto de ceniza y negro, y todo el pasillo de la entrada se encontraba en ruinas. Había cristales y pedazos de oro del candelabro roto esparcidos por todas partes, los trozos crujiendo bajo las botas que Glen había arrojado hacia él. Leo ni siquiera se había dado cuenta que había estado descalzo desde ayer. Ni siquiera se molestó en atarlas.
Se arriesgó a ir escaleras arriba, la moqueta sobre ellas, chamuscada, y las barandillas quemadas en pedacitos carbonizados. El segundo piso tenía un mínimo o ningún daño. La atención de Leo se perdió rápidamente y se fue escaleras abajo, donde estaban los otros Baskervilles. Resultó que Doug había conseguido un feo corte en el estómago y uno de sus brazos, que Fang ya había atendido.
Ellos estaban esperando fuera cuando Leo salió, sentados al pie de las escaleras de piedra que conducían a la entrada derruida. Glen estaba de pie, taciturno contra la barandilla y mirando al frente. Un aire de derrota solemne colgaba alrededor de ellos como una pesada cortina. En el suelo delante de ellos estaba una tela blanca ensangrentada con una familiar chaqueta de Pendulum que estaba cortada en dos piezas en diagonal. Los bordes de un vestido se desplegaban por debajo de la sabana. Gracioso, Leo nunca supo que Charlotte usara vestidos.
En algún momento, Doug cuidadosamente llevó el cadáver de Charlotte a la parte posterior de la mansión, con Glen justo al lado de él, y Fang y Leo en la retaguardia. Un pequeño cortejo fúnebre. Cuando llegaron al patio trasero, Leo encontró su tumba ya abierta, y dos ramas atadas hacían una flacucha cruz torcida que estaba de pie delante de ésta.
—Haremos algo más presentable cuando llegue el momento —le tranquilizó Glen con un apretón en el hombro. Leo simplemente miraba, aturdido, como Doug bajaba suavemente el bulto en sus brazos hasta el agujero, fingiendo no ver la sangre que teñía el cuerpo y la ropa del hombre con ojos de serpiente mientras lo hacía. Los cuatro entonces trabajaron juntos para colocar la tierra de nuevo, llenando la tumba.
Se quedaron y permanecieron en silencio sobre la tumba de Charlotte Baskerville por lo que debieron haber sido horas. El sol se hundió y el viento sopló cenizas en sus ojos, lo que debe haber sido la razón de que Leo sintiera ganas de llorar de nuevo. Fang fue el primero en apartarse, agacharse y trazar algunos símbolos extraños en la tierra perturbada antes de asentir y alejarse, satisfecho. Después de él fue Doug, quien quizá hubo murmurado algo, pero Leo no estaba seguro.
Eso dejaba sólo a Glen y él mismo. El sudor se había ido acumulando en la mano de Leo porque se había aferrado a la horquilla de Charlotte desde que Doug se la entregara. Ahora, mientras pisaba su tumba, tendió su mano y dejó caer la horquilla en la parte superior de la misma. A continuación, retrocedió y se reunió con Glen para presentar sus respetos sin palabras.
—Su muerte —dijo el hombre pelinegro con su voz de terciopelo—, no será en vano. —También él se acercó y se inclinó hacia adelante, su mano alisando la tierra, como si realmente acariciara el cuerpo Charlotte. Cuando se levantó, ni siquiera se limpió la mano, simplemente pasó por delante y regresó a la parte frontal de la mansión. Con el dolor aferrándose a su corazón, Leo le siguió.
Ocuparon los escalones delanteros una vez más, sumergidos dentro de sus propios pensamientos individuales. Leo se dejó caer en el suelo junto a Fang y se quitó las botas.
—¿Crees que vuelva? —se encontró preguntando con voz sorprendentemente fuerte.
Fang se encogió de hombros. —No estoy seguro. Probablemente considera la muerte de Lotti una victoria, o un incentivo.
Leo suspiró, y así como el aliento le abandonaba, así sentía como su energía dejaba su cuerpo. Dejó caer sus hombros, sintiéndose muy cansado mientras miraba hacia el cielo oscuro, pensando en Charlotte y en cómo dijo Glen que ella murió. No quería saber qué aspecto tenía bajo aquella manta, por temor a enfermar; el hecho de saber que no todos sus órganos estaban correctamente dentro de ella sólo profundizó esa repulsión.
—Debí haber enviado un mensaje tan pronto como nos amenazó —dijo, no teniendo reparos en decir esto porque ya les había explicado lo que había pasado desde su último reporte. Se quitó las gafas y se pasó una mano sucia por el rostro.
En vez de decir algo, Glen caminó hacia a él. Leo no levantó la vista, pero notó el pedazo de papel arrugado y un poco quemado que le extendía, así que se acercó y lo tomó. Una escritura desordenada estaba sobre éste, y las líneas escritas estaban en ángulos irregulares.
Al principio, a pesar de su fracturada mente, Leo se había preguntado por qué sólo él había sido escogido de entre él mismo, Echo y Lily para volver a la mansión. Ahora veía el por qué. La carta en sus manos había sido dirigida a él. A través de la creciente oscuridad, leyó a través de la carta, dándose cuenta con profunda y abundante ira que había sido hecha por el demonio.
«Leo, te advertí que esto pasaría», decía la primera línea. «No puedes decir que lo encontraste inesperado. Lo creas o no, los demonios son fieles a su palabra. Nosotros no decimos mentiras. Simplemente bailamos sobre la verdad». Sus descubiertos ojos púrpura medianoche corrían por el contenido de la nota, la sensación de caer a través de piedra y tierra le abrumaba con cada palabra. Cuando llegó a la última palabra y leyó el nombre firmado en ella, salió disparado de los escalones, sorprendiendo a sus compañeros.
—No —susurró. Se dio la vuelta, implorando a los demás con sus ojos. —Tenemos que volver al circo. ¡Ahora mismo!
Sólo tomó unos pocos minutos comenzar el viaje de regreso al grueso bosque a las orillas de Pandora. En ese momento, Jabberwocky ya había vuelto a él y Leo decidió tomarlo como una señal de que tal vez no era demasiado tarde. Fang no dejaría de interrogarlo en el camino, con el mismo Glen exigiendo una o dos preguntas, pero Leo no contestó a ninguno de ellos y siguió corriendo. Incluso conseguir un carruaje sería demasiado lento, y él no podía invocar a Jabberwocky, no importaba lo mucho que lo deseara.
«Siempre ha estado aquí...esperando». Con una punzada de traición, Leo recordaba el nombre garabateado en la parte inferior de la carta. ¿Por qué no lo había visto antes? ¿Había estado demasiado confiado, demasiado ciego? Querría decir que había sido engañado, pero no había tiempo para eso, y por otra parte, Leo sabía que no era cierto de todos modos. No había sido engañado, él no había conectado todos los puntos aún...
Ahora todo podría ser concluido. Imágenes destellaron en su mente, imágenes que representaban el peor resultado, y en todos ellos participan los colores rojo y negro, y el sabor de hierro y ojos sin vida. En ningún caso podría dejar que algo más sucediera esa noche.
Glen y los otros se las arreglaron para mantener el ritmo de Leo, incluso cuando zigzagueaban en todas direcciones a través de los árboles mientras la oscuridad crecía y cubría su visión, cada vez más y más cerca del claro destinado...
Pero cuando lo alcanzaron y el aire frío los golpeó, el cuerpo de Leo se quedó helado.
El circo estaba en ruinas. Y el olor de la sangre era pesado en el aire como la interminable, interminable lluvia.
.
Anotaciones:
[1] Citando a Hitsugi: «[…]la frase que usé fue sugerida por la banda favorita de mi hermana pequeña, Dir en Grey; es dicha por uno de sus guitarristas, Die. Aparentemente él se la dice a sí mismo porque a menudo tiene pesadillas…owo».
[2] Mr. Doll: Colocarlo directamente como "Señor Muñeco(a)" se me hizo un poco…¿inapropiado?...así que lo dejé de esta forma. v
[3] Las banshees son espíritus femeninos pertenecientes al folclor irlandés que, según la leyenda, se aparecen a una persona para anunciar con sus gemidos la muerte de un pariente cercano.
N/T: Ugh…todavía hay veces que poner "fenómeno" en esta traducción me sienta mal...xS
Hi, everyone~! Bienvenidos al "Rincón del vicio" donde hablaremos sobre los problemas psicológicos de esta malagradecida que tienen por traductora y su recién descubierta adicción a los doujinshis…ok, no…xD. Pero miren que la navidad y el año nuevo me ponen de buenas y ya hasta publiqué capitulo nuevo…lalalalala~
Bueno, ya hablando en serio, esta vez sí que tengo una buena excusa para mi retraso. Planeaba subir el capítulo el 24 en la noche pero al parecer la página tenía algunos problemas y no me dejaba accesar a mi cuenta (…mal FanFiction, mal e3e…) así que estuve incluso ayer checándola un par de veces pero nada hasta hoy…*suspiro* Como sea: ¡Feliz navidad (atrasada) y un próspero año nuevo 2014 para todos! Mis mejores deseos para ustedes que me acompañan en mis travesías vagabundas con sus comentarios, favoritos y alertas. ¡Los adoro!
Respecto al capítulo, ya vamos acercándonos al meollo del asunto así que ¿Cómo van las apuestas sobre la identidad del demonio? ¿Ya tienen a alguien en la mira? Lacie es un poco obvio pero dudo que ella sea el demonio porque simplemente no ve, pero eso no la excluye de ser malvada.
Ah…y Charlotte murió…sólo para confirmar…sniff…
¡Contestando reviews!
Esta vez no me tenido tiempo de responder por MP así que lo hago rápidamente por este medio. ¡Gracias a todos por su apoyo! w
Azriel Rigel: ¡Azriel, querida! ¡Cuánto tiempo! jejeje~ Oh, gracias por tus buenos deseos (y los dulces) para esta pobre alma indigente(?) ¡Chocolates! ¡Yay~! Me alegro que el capítulo te haya gustado; a mí también me encanta cuando Leo se pone todo crazy y se funde con los deseos malsanos de su mente (sobre todo cuando está Elliot a su lado…o3o ) ¡Saludos!
xElvenpathx: ¡Un gusto tenerte por aquí, dear! Ya estamos por ver quién es el demonio y les aseguro que no se la esperan. ¿Qué tal van tus apuestas? ¿Ya tienes algún sospechoso? A partir de aquí la historia irá tomando ritmo y si, vamos a ver pelea. ¡Gracias a ti por leer! ¡Saludos!
InatZiggy-Stardust: Muchísimas gracias por darle oportunidad a esta traducción y…¡Bienvenida! *abraza*. Oh, creo que precisamente el encanto de esta historia es el nivel de locura, drama y oscuridad que lleva cada personaje por dentro. ¡Leo en estado de locura total en el asilo es una delicia! Yo en cuanto comencé a leer me enamoré de la trama y ha sido un delirio incluso al momento de traducir. Sí, he visto los fanarts en dA. Uno de los que me ha encantado es uno donde sale Elliot con todas suturas y el de Leo sosteniendo el corazón del Dr. Atmore…hohoho~ ¡De nuevo muchísimas gracias por leer y tus dos reviews! ¡Un saludo!
¿Review?
.
Editado: 04/12/2016
