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Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Muerte de personajes. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos…

¡Feliz día internacional del libro!


Acto IX: Tell-Tale of the Freaks

(El delator de los fenómenos)

El circo estaba en ruinas. De vuelta a la mansión Baskerville, enterrada bajo tierra, Charlotte ya estaba empezando a decaer. Leo recordó casualmente que dejó sus gafas en los fríos escalones de la mansión. Podía saborear la sangre en su lengua. Su piel estaba hormigueando. El circo estaba en ruinas.

La tienda principal se había desplomado sobre sí misma, rotos postes caídos y solapas ondulando patéticamente en el viento nocturno que se había levantado repentinamente. Dos de los vagones se habían volcado de lado, las ruedas mirando al cielo, girando sobre sus ejes. La parte inferior de uno de ellos estaba salpicada de sangre. Además del silbante viento y los susurrantes árboles, su pulso acelerado y pesadas respiraciones, no había un solo ruido.

Contando los carros, Leo notó que uno de ellos se había ido: el de Lacie.

Sin mirar siquiera a Glen y los otros, el pelinegro corrió hacia la destrucción, sus ojos buscando ansiosamente en la oscuridad. —¡Echo! ¡Lily! —llamó. ¿Dónde estaban? ¿Dónde?

—Leo —llegó un sollozo desesperanzado. Leo lo escuchó inmediatamente en las sombras, viniendo desde el interior del carro de Philippe. Observó a través de los barrotes y luego abrió la puerta. Acurrucada en el interior estaba Lily, lágrimas cayendo por su sucio y manchado rostro. Sangrando, mallugada y respirando superficialmente sobre su regazo, estaba Echo; el sudor haciendo que su cabello plateado se pegara a su frente en una sucia maraña. Con el vestido rasgado y sus cicatrices al descubierto, lucía mucho a como cuando Leo le vio por primera vez en el asilo.

El pelinegro estaba a su lado en un instante. —Lily, por favor, dime lo qué pasó —suplicó él, sin aliento. Ni un segundo fue desperdiciado mientras se movía rápidamente, removiendo su camisa y cambiando la posición de Echo ligeramente, de modo que su cabeza estuviera sobre los delgados muslos de Lily. El frío que envolvió su piel era nada en comparación con el pánico congelando sus entrañas.

—Yo…yo…yo…—la más joven de los Baskerville estaba ahogándose en sollozos, demasiado para hablar propiamente. Había muy poco que hiciera llorar a Lily, pero ella aún era una niña, y una de las cosas de las que estaba aterrorizada, era perder a alguien. Leo le dedicó una mirada antes de examinar a la chica de cabello plateado en su regazo.

Varios cortes corrían sobre su rostro y sus brazos, pero éstos no parecían ser nada de qué preocuparse en comparación con el problema más grande. La herida más grande que Echo tenía era una línea que corría por debajo de su vientre y hasta en medio de su pequeño pecho. Era más profunda en su estómago donde la sangre seguía supurando cada pocos segundos, y se adelgazaba sobre su busto. Había sido rebanada de arriba a abajo. Era demasiado gruesa para el corte de un cuchillo. Pero para una guadaña…no sería imposible.

Echo tosió, un enfermizo gorgoteo que convulsionó a través de su cuerpo, haciendo que la sangre salpicara desde su estómago. Mientras ésta se acumulaba, Lily lloraba más fuerte. Leo colocó una tranquilizadora mano sobre su espalda mientras presionaba firmemente su camisa sobre la herida de Echo con su otra mano. —Shh, está bien. Glen está aquí. Y Fang y Doug, así que estará bien —dijo, acariciando el cabello de Lily.

—¿Qu-qué hay de Lotti?

Afortunadamente, Leo fue salvado del problema de responder cuando la puerta crujió al abrirse de nuevo, revelando a Glen y los otros. Sus ojos púrpuras, luciendo luminosos en la oscuridad, evaluaron la escena con profesional calma y se acercó rápidamente para inclinarse junto al trío.

—Es una herida de guadaña —dijo el hombre, pasando sus dedos sobre la mano de Leo que intentaba presionar el corte de Echo.

—¡Amo Glen! —exclamó Lily, el alivio atravesando su rostro—. ¡Lo era! ¡Era un demonio! Vino y atacó, y Echo lo intentó…¡Lo intentó!

Fang y Doug entraron al carro. Los ojos de Fang se ensancharon mientras inspeccionaba el estado en el que se encontraban ambas chicas. Pero empujó toda su sorpresa a un lado y se acercó. Suavemente, instó a Leo a que se apartara y retiró la camisa y el vestido de Echo para examinar completamente el daño. Luego presionó la camisa ensangrentada en su vientre desnudo de nuevo e intercambió una mirada con Glen antes de, finalmente, mirar a Lily.

—No te preocupes, ella estará bien. Pero si esperamos un poco más…

—¡Dime lo que necesitas! —dijo Leo con urgencia, cogiendo la chaqueta de Pendulum de Fang. En ese mismo momento, los ojos de Echo se abrieron ligeramente, una profunda exhalaciónabandonándola. Como si repentinamente notara el sufrimiento en el que estaba, las lágrimas cayeron libremente de sus ojos, y su cuerpo se retorció, queriendo acurrucarse.

Fang la empujó hacia abajo. —Intenta calmarte —le dijo suavemente pero con firmeza—. Si entras en pánico, eso complicará las cosas. —Mientras le hablaba, él se estiró y sumergió dos de sus dedos en su sangre, luego la usó como tinta para escribir algunos símbolos sobre su frente. Echo apenas soltó un quejido antes de que sus ojos se cerraran de nuevo, su cuerpo languideciendo.

—La he anestesiado, pero no durará mucho con el daño en su cuerpo —dijo, haciendo frente a la repentina preocupación en los rostros de Leo y Lily. Metió cuidadosamente sus brazos debajo de sus hombros y rodillas, levantándola. —Estaré manteniendo tu camisa como un torniquete improvisado. Pero voy a utilizar mi guadaña para llevarnos de vuelta a la mansión. Todo para ayudarla estará allí.

La ferviente protesta fue rápida en la lengua de Leo mientras se levantaba de golpe—: El demonio podría volver y atacar de nuevo —señaló. Nunca más permitiría que la amenaza del demonio abandonara su mente. Ahora le perseguiría por siempre, junto con las manchas de la sangre de Charlotte. Sacudió la cabeza. —No pueden regresar.

Fang le dedicó una mirada paciente. —Sé eso, pero piensa ahora —dijo, acunando a Echo cerca de él—, ¿dejaría semejante nota, y tendría el circo en semejante estado si fuese a volver?

El pelinegro hizo una mueca pensando en el contenido de la carta. Estaba arrugada en su bolsillo en ese momento, las palabras quemando sobre el papel, a través de la tela y en la piel de Leo. Con cada movimiento, sentía el movimiento del papel con tanta seguridad como si fuera una parte mutada de él mismo…

«Leo, te advertí que esto pasaría. No puedes decir que lo encontraste inesperado. Lo creas o no, los demonios son fieles a su palabra. Nosotros no decimos mentiras. Simplemente bailamos sobre la verdad», había dicho.«Pero sea cual sea tu opinión sobre mí en estos momentos, no parece importarle a nadie más que a mí. Que tú me odies en la última cosa que quiero, pero tuve que hacerle esto a tu familia. De otra forma nos habrían asesinado primero. Nada está a salvo ahora, según parece. Diva dice que no podemos esperar más. Su sueño tiene que avanzar ahora. Un sueño casi trece años desarrollándose…»

—Fang tiene razón —intervino Doug, una gran sombra entre todas las otras de la noche—. Y yo volveré con él.

—Lily, deberías venir también —dijo Fang, ya bajando las escaleras del carro—. Vayámonos ahora. Cada minuto desperdiciado es tiempo perdido para tratar a Zwei.

Aún en el suelo, Lily miró de un lado a otro mientras la conversación se desarrollaba, sus ojos ensanchándose con cada palabra. El horror y el pánico eran evidentes en su rostro cuando ella finalmente preguntó—: ¿Qué sucedió en casa? Nunca me dijiste nada.

Los otros cuatro evitaron mirarle, pero eso sólo sirvió para asustarla aún más. Finalmente, Glen dio un paso hacia adelante y ágilmente la puso de pie. —Tal vez sería mejor que vayas con Fang y Doug también —le dijo con su voz suave. Cuidadosamente, la urgió fuera del carro.

—¡P-pero–

—Sin peros, Lily —dijo él, un gentil regaño que le hizo parecer un padre hablando con su hija. Fue de alguna forma una escena más alegre, comparada con la sombría destrucción a su alrededor. Cuando estuvieron fuera, Glen dirigió su mirada hacia los dos Crimson Fausts mayores y murmuró—: Les encargo esto.

Fang hizo una reverencia con la cabeza. —Sí, mi señor. —A su lado, Doug le imitó.

—Lily —dijo Leo, poniéndose en cuclillas al nivel de la pequeña—: ¿Podrías decirme a dónde fueron los artistas circenses? No están...heridos, ¿verdad?

Su cabello claro reboto a su alrededor mientras sacudía la cabeza. —No, pero... —sus ojos se pusieron vidriosos—. Después de lo ocurrido, ya no confían en nosotros. —Señaló a dos carros de distancia—. Están en el carro de Gilbert. Ahí es donde se escondieron cuando esto comenzó. Pero ellos, yo no...quiero que tengan miedo de nosotros... —El final de su frase comenzó a resquebrajarse con la presión de las lágrimas no derramadas. Doug se acercó y la acunó hacia él. Sin decir nada, siguieron a Fang hacia el bosque, aunque todos se desvanecieron antes de que los árboles pudieran tragárselos.

—¿Crees que Tove[1] lo tiene cubierto? —preguntó Leo a Glen, en referencia a la guadaña de Fang.

—Estoy seguro que ellos ya están de vuelta en la mansión —respondió Glen suavemente, alejándose del lugar donde los Baskervilles habían desaparecido. Su mirada impasible cayó sobre Leo y comentó—: Ya que estamos en el tema de cubrir, ¿estás bastante cómodo así semidesnudo?

A pesar de ello, Leo se burló y se alejó hacia el coche de Gilbert. No asaltó su mente ya que había estado demasiado ocupado con Echo, pero ahora que pensaba en el circo en ruinas y la ausencia de sus fenómenos... Bueno, ¿era realmente tan malo para él llegar a una desgarradora conclusión? Lo único que quería era que ellos estuvieran a salvo, y que...y que...

Se detuvo cuando algo a unos metros de él llamó su atención. Un poste sobresalía de la tierra, y Leo reconoció que estaba en el lugar exacto donde la tienda de Isla Yura alguna vez había estado. Ahora, ésta yacía hecha girones amontonados por todo el césped. Sobre aquel solitario poste, sin embargo, estaba una figura. El pelinegro cambió de rumbo inmediatamente para investigar. Si Glen estaba siguiéndole o no, escapaba de su mente que esperaba que lo estuviera presenciando no fuera...

El olor rancio de la muerte llenó sus sentidos en primer lugar, junto con el sabor palpable de la sangre, pero aún así Leo siguió adelante. Sus pies, desnudos de nuevo, pisaron sobre algo viscoso y blando. Una mirada rápida hacia abajo probó que había pisado algo largo y sangriento. Reconoció la forma como intestinos. El rastro del órgano extendido corría hacia adelante y hasta la persona clavada en el poste: Isla Yura.

Fue colgado de cabeza, su garganta degollada con la sangre todavía escurriendo desde ahí hasta su rostro. Sus ojos estaban muy abiertos y desorbitados, y su mandíbula floja de modo que sus dientes manchados y su lengua eran visibles. Lo más perturbador para Leo era que el hombre había sido desnudado, y que una parte bastante importante de su aparato reproductor estaba ausente, dejando salpicaduras carmesí entre las piernas del hombre. Más tarde había descubierto que ese apéndice en particular había sido arrancado del cuerpo de Yura. Había furiosos cortes entre las costillas expuestas del hombre y un enorme agujero en el centro, de donde sus órganos habían sido derramados para que el mundo los viera.

Alguien obtuvo lo que se merecía, pensó Leo sombríamente, aún así perturbado ante la presentación. Las marcas de los cortes eran tan gruesos como los de Echo, lo que significaba que el demonio había hecho esto. Leo no podía pensar en ninguna razón para que no lo hiciera, tampoco.

Clavado en los tobillos sujetos de Yura, había un pedazo de papel. No era una carta como la última vez, pero parecía más como un viejo folleto para algo. Estaba arrugado y el color parecía haber desaparecido de éste, aunque Leo no podía estar seguro en la oscuridad.

Se apartó de la repugnante demostración y se dirigió de nuevo al vagón de Gilbert, cuidando ya no pisar los órganos de Yura.

Tan pronto como caminó delante de la puerta, oyó algunos jadeos. Tomando valor, abrió la puerta y entró. Bloques de figuras deformes, acurrucadas unas contra otras, se tensaron simultáneamente cuando el pelinegro pisó el interior. Su mirada pasó por encima de cada uno de ellos, evaluándolos.

Faltaban algunos. Las piernas de Leo casi ceden bajo él. Xerxes Break se había ido, lo mismo que Sharon, Oz, Lacie, y…y Elliot. En lugar de un frío miedo, era un intenso calor lo que llenaba su interior. Ira, impaciencia…

—Requiem —dijo Alyss con voz temblorosa. Ella estaba abrazando a Cheshire firmemente con su único brazo.

Rápidamente, Leo se recompuso y fue hacia las gemelas de dos cabezas, poniéndose de cuclillas delante de ellas. Les habría preguntado si se encontraban bien de no haber sabido la obvia respuesta para ello. En su lugar, preguntó lo que realmente estaba en su mente—: ¿Qué pasó?

—¡Aléjate de ella! —chilló Vanessa, su fuerte voz, repentina y paralizante. Cuando Leo levantó la cabeza para mirarla, se encontró instantáneamente con la gélida mirada de sus ojos azul invierno, que eran muy parecidos a los de Elliot. Éstos atravesaban de forma tan precisa, incluso en la oscuridad.

La puerta del vagón se abrió una vez más con un chirrido cuando Glen se asomó al interior. Sin decir una sola palabra, miró a cada uno de los fenómenos en respuesta. Cuando pareció haber terminado, una curiosa mezcla de emociones atravesó su semblante: sorpresa, miedo, frustración, ira, y luego algo que parecía derrota. Todas, cosas que Leo nunca antes había sido testigo que Glen mostrara en su expresión.

Justo como seguramente Glen estaba evaluando a los fenómenos, los ojos de ellos recayeron sobre él, escrutando su oscura, aun así calmada, aura. —¿Quién es ese? —preguntó Philippe con voz firme.

—Yo le traje —explicó Leo lentamente. No estaba seguro de cuanto de sí mismo podía revelar a este punto, pero imaginaba que sería mejor ser claro, basado en el hecho de que el desastre ya había explotado. —Él no les hará más daño del que yo haría. Tienen mi palabra. Lo que sea que haya pasado aquí, nada más pasará ahora.

La normalmente cordial mirada en los ojos dorados de Gilbert se había endurecido a hierro mientras miraba de Glen a Leo. —Ustedes no son como nosotros. ¿Quién demonios son ustedes? ¿Qué le han hecho a nuestro circo? —dijo en una suave pero fuerte voz. Su fortaleza, después de lo que pudieron haber pasado, hizo que Leo se paralizara, y sintiera una punzada de orgullo al mismo tiempo. —Nada de esto había pasado antes. Nada.

—Elliot me dijo lo mismo —dijo Leo con una triste sonrisa.

En un instante, Vanessa estaba acorralándolo de nuevo. —¿Dónde está mi hermano? ¿Qué le hiciste a Elly? —Ella no podía estar de pie tan alta era, pero se puso en cuclillas y le empujó contra la pared, balanceando el carro mientras apretaba una mano alrededor de su garganta. La acción sacudió al pelinegro, y sintió como sus mejillas se enrojecían y la presión comenzaba a acumularse detrás de sus ojos debido a la asfixia. —¡Devuélvemelo! ¡Me lo devolverás ahora mismo!

—Vanessa —se ahogó, tratando de recomponerse a sí mismo de nuevo—. ¡Yo-yo no sé dónde está...él...!

—¡Mentiroso! —gritó ella, estampándolo contra la dura pared. Sus ojos estaban bien abiertos y eran salvajes, vidriosos por las pesadas lágrimas. Su expresión parecía contrariada, sin embargo, como si ella no supiera si creerle o no. —¡Mentiroso. Mentiroso. Mentiroso. Mentiroso–!

Leo esperaba otro golpe pero entonces una de las muñecas de ella fue atrapada en el agarre de Glen Baskerville. Sus ojos estaban entrecerrados, pero su postura era aún serena sobre su rostro. Mirar el rostro de Glen por demasiado tiempo siempre traía consigo una paradójica sensación de calma e inquietud. Vanessa debió haberlo sentido. Ella dudó, pero torció su mano lejos de la suya. A continuación, ella liberó la garganta de Leo, y él tomó una agradecida bocanada de aire, tosiendo ligeramente.

—Sólo, ¿quién demonios se creen que son ustedes? —siseó ella en voz baja, alejándose de ambos.

La mano de Glen cayó a su costado. —Yo soy Glen Baskerville. Fundé una organización llamada Pendulum hace poco menos de 13 años. Nuestra misión —comenzó solemnemente, apartando su mirada de Vanessa y dirigiéndola a los otros fenómenos—, es deshacernos de esos monstruos llamados Cannibal Marionettes. Si los reportes de mis subordinados son confiables —sus ojos se centraron en Leo—, entonces ustedes deben conocer a los seres de los que estoy hablando.

Hubo un segundo de silencio probando que esto era cierto, pero aun así los artistas ponderaron sobre esta información. La incredulidad era una emoción tangible. Sospecha, era la otra. Aun así, Cheshire fue el primero en hablar.

—Cheshire sabe que esos tres no son malos, nyaa —declaró, ladeando la cabeza. Se apartó del agarre de Alyss y se deslizó hacia donde los dos Baskervilles estaban de pie y olfateó el aire alrededor de ellos. —Ellos tienen aromas diferentes al nuestro pero también son diferentes al de esa persona, nyaa.

—Recibí una nota de él, Cheshire —dijo Leo, presionando su mano contra su bolsillo. Los ojos rojos del hombre-gato siguieron sus movimientos con atención. —Pero ahora se ha ido, ¿no es así? Y se llevó a los otros con él.

Las orbes escarlatas se entrecerraron y sus orejas se agazaparon con salvaje ira. —Dijo que necesitaba pequeños rehenes para que todo sucediera tranquilamente —siseó quedamente.

—Cheshire —Alyss murmuró, sus ojos grandes y temerosos.

—Por favor —dijo Leo. Se estiró y tomó al hombre-gato por los antebrazos. No recibió ninguna protesta de los otros. Debió haber sido el tono de su voz. Necesitaba respuestas y ahora. —Tienes que decirme qué fue lo que pasó. Glen y yo podemos traerlos a todos de vuelta si tú me dices qué fue lo que pasó. Podemos detener esto.

Porque no pudimos detenerlo antes.

Vincent se removió ahora, y su fría calma recordó a Leo una versión más cruel de Glen. Sus ojos dispares de dorado y rojo husmearon hacia el pelinegro, acusadores a través de su flequillo rubio. —Esa cosa estaba tras de ti. La señorita Lacie lo dijo así, y expresó bastante claramente su pesar de que no estuvieras aquí cuando el ataque ocurrió —dijo. La manera en que hablaba era conocedora, y esto estaba taladrando los nervios de Leo. —Ustedes obviamente están conectados con esa cosa que vino e hizo todo esto.

—Nosotros no estamos con ese demonio —rebatió Glen con firmeza—. No tenemos nada que ver con él. Nuestra única conexión es que queremos deshacernos el uno del otro.

Eso pareció silenciar a Vincent, aunque aún lanzaba miradas escépticas a cada uno de los Baskervilles. Leo le miró. —Así que Lacie estaba relacionada con esto. Eso creímos.

—Estaba esperando que ese no fuera el caso, pero... —la voz de Glen se desvaneció, cadenciosa. Sólo Leo había captado el extraño tono de lamentación en la voz del hombre. Glen se enderezó y se internó más en el vagón. —El éxito de nuestra organización, y la eliminación del demonio, depende de que ustedes nos proporcionen o no la información que necesitamos.

—Esto no tiene nada que ver con nosotros —dijo Vanessa temblorosamente—. Creí que se habían deshecho de esa...gente loca.

El comentario divirtió a Leo más bien perversamente. Nunca había escuchado a las Cannibal Marionettes ser referidas como «gente loca»antes. Finalmente dejó ir a Cheshire y dio un valiente paso al frente. —Sí, ese es el punto. Es por eso que Lily, Echo y yo fuimos enviados aquí. A cada lugar que su circo iba, esos monstruos aparecían. Nosotros ya sospechábamos de Lacie, pero también imaginábamos que un demonio estaba ayudándola.

—Pero, ¿por qué Lacie? —susurró Alice. Esa era la primera vez que Leo había visto semejante mirada, escuchado semejante tono de voz, viniendo de ella. Esto le hizo darse cuenta de que no eran sólo Oz y Elliot para quienes Lacie significaba tanto. En The Clockwork Circus, los fenómenos sólo se tenían unos a otros. Cada nueva adición era alguien nuevo a quien amar, alguien a quien probar que su existencia significaba algo, y esto era para protegerse unos a otros. Descubrir que ella los había traicionado era inconcebible.

Glen fue quien respondió a la pregunta—: Como cualquier otro ser en el mundo quizá lo haya tenido, Lacie poseía un sueño imposible.

¿Cuán profundamente se puede no conocer a alguien...?

La sorpresa estaba escrita por todas partes. Ellos estaban reacios a creer. Pero Alice, con el ceño fruncido de vuelta en su rostro, habló. Y el cuento de la ruina de The Clockwork Circus comenzó.

oOoOo

Los ojos de Alice, aún hinchados y doliendo, se centraron en la chica de cabello plateado que acababa de entrar a la tienda del maestro de ceremonias. Cheshire se había marchado después de consolar a Alyss por un rato, y a ella misma. Aunque jamás admitiría necesitar consuelo. Después de su gemela, era siempre el hombre-gato quien podía hacerle sentir mejor.

Pero la tarde había avanzado, así que sabía que era casi hora de la práctica. Eso le daría algo que hacer. Mientras ella y su siamesa caminaban a través del claro, habían visto a Echo desaparecer en la tienda de ese hombre. Alice reprimió un escalofrió de miedo. Al principio ella temió que quizá el hombre ya hubiese decidido reclamar su derecho sobre los pobres recién llegados, pero el propósito en sus pasos le llevo a creer otra cosa. Cuando Alice volvió la cabeza, vio que su gemela ya le estaba otorgando la misma mirada.

Los nuevos sí que visitan al Señor Yura abiertamente dijo Alyss, en sus labios un puchero contrariado.

coincidió Alice con el ceño fruncido. Vimos a Shaggy Eyes entrar también, ¿recuerdas?

No me gusta el Señor Yura, Alice.

A mí tampoco, Alyss.

Entonces, ¿Por qué ellos–…

—…–irían a verlo?

Su otra cabeza asintió. Todo es tan–…

—…–curioso finalizo Alice en acuerdo. Era en momentos como éste, que encontraba su lógica compartida reconfortante. La hacía pensar que no estaba loca después de todo. Algo de lo cual el payaso de Break siempre la acusaba. Así que estaba feliz de que ella y Alyss estuvieran en la misma página. Juntas, resolvieron que (educadamente, su gemela insistió) preguntarían a Echo sobre ello más tarde. Nadie en sus cabales iría con el Señor Yura voluntariamente.

A regañadientes, era algo que las dos-chicas-en-una conocían muy bien. Alyss sabía esto. Ella recordaba su cuerpo sobre ambas, y él la había besado. Abyss, odiaba que la besara. Alyss preferiría arrodillarse y hacer "eso" que unir su boca con la de él. Había protestado. No había sido su intención. Alice la había escuchado. La siguiente cosa que recordaba era el alivio de no tener su cuerpo sobre el que ellas compartían y el tembloroso puño de Alice encima de ambas, sus nudillos ya de un brillante rojo.

Fue su culpa por haber gritado. De otra forma su gemela nunca lo habría hecho. Pero ellas eran gemelas. Siamesas. El grito de Alyss era la protesta de Alice. La furia de Alice era el enojo de Alyss.

Ambas querían que terminara.

Nadie en sus cabales iría voluntariamente con Isla Yura.

Se volvió hacia su cabeza castaña, sabiendo que las dos habían recordado lo mismo. Algunas veces desearía que–…

¿–no fuéramos fenómenos? finalizo Alice.

Por una vez, su hermana estaba equivocada. Puedo liderar con ello. No puedo imaginarme estar lejos de ti admitió Alyss mientras comenzaban a caminar de nuevo con sus cuatro piernas. Si estamos juntas, sé que es lo que te pasa, Alice. Incluso si te quejas de necesitar espacio, tú quieres estar conmigo también.

No me gustan las cosas inevitables gruño Alice, apenas debatiendo.

Lo dices como si no lo supiera ya dijo Alyss.

Así que puedes liderar con ser un fenómeno.

Era más una afirmación que una pregunta. Muy en el fondo, Alice se sentía de la misma forma.

La chica de cabello blanco tarareó. De hecho. Sin embargo, no puedo lidiar con él. Pero aquí es–…

—…–donde estamos a salvo.

oOoOo

Fue casi una hora antes del espectáculo que Elliot vino a ella. En ese momento, Vanessa estaba en su vagón, vistiéndose, cuando su hermano golpeo a su puerta.

Elly le saludo ella con una abierta sonrisa. No podía evitarlo. Ver a su pequeño hermano siempre la hacía tan feliz. A pesar de que ella amaba al resto del circo como si fuera su propia familia, Elliot era su sangre. Quizá, culpablemente, estaba aliviada de saber que no había sido el único fenómeno en su familia.

No estaba sola.

Pero eso sólo significaba que ambos tenían que sufrir ahora.

Vanessa, ¿has visto a Leo en alguna parte?

Ella entrecerró sus ojos azules y frunció el ceño. ¿Viniste hasta aquí para preguntarme sobre ese chico?

Una exhausta pero conocedora mirada se instaló en el rostro del rubio. ¿Ya estás como Lacie y tampoco confías en él?

Debe ser intuición femenina dijo Vanessa, tomando su adorno para el cabello y sujetándolo a su rizada melena negra, atenta a las campanillas que golpeaban contra su frente y mejillas. Pero esto es por ti, Elliot; siempre mimando a los recién llegados. Fuiste de la misma forma con Philippe y Sharon, ya sabes.

¡Yo no estoy mimando a nadie! protesto él, sus mejillas tornándose rosadas. Ah, olvídalo, le buscare yo mismo.

Pregúntale a sus hermanas intento Vanessa, cruzando sus piernas cubiertas por medias de encaje negro. Ambiguamente, añadió: Escuche que los hermanos tienen ese tipo de conocimiento. Observo a su hermano alejarse y gradualmente comenzó a dejar de juguetear con el adorno en su cabello.

Algunas veces, se preguntaba qué era lo que pasaba por la cabeza de Elliot. Algunas veces, se sentía como si estuviese perdiendo a su hermano. Otras, sabía que él estaba creciendo.

Seria lindo si permaneciera como un niño inocente. Pero ella sabía que eso era imposible.

oOoOo

¡Heeeey, hermano!

Gilbert levantó la mirada del espejo, una aguja aún entre sus dedos e hilo en su boca. Sus alas estaban comenzando a doler de nuevo, así que se aseguraba de que las puntadas que mantenían unidas su carne y alas estuviesen bien apretadas. Después de llevar las alas por tanto tiempo, la piel alrededor de sus omóplatos estaba tan cicatrizada y enrojecida, que los apéndices de ave ya no podían ser separados de él. Ahora estos colgaban grotesca y dolorosamente de su espalda.

Gilbert se había deformado a si mismo de forma tan horrible sólo para que Vincent no estuviera solo nunca más. El pensamiento atormentaba al rubio cada día y también lo hacía sentirse más perversamente enamorado de su hermano. Gilbert siempre iba a semejantes extremos por aquellos que amaba, e incluso si Vincent sabía que indirectamente había robado toda la felicidad de su hermano, también le era gratificante saber que Gil lo amaba tanto.

¿Qué pasa, Vince? preguntó él.

¿Lo notaste? comenzó el rubio, mirando fuera del vagón. Ya casi es hora del espectáculo y aún falta que llegue la gente.

A esto, Gilbert se encogió de hombros. El ultimo día en la ciudad siempre es lento respondió con desinterés, centrados de nuevo en su tarea.

Vincent sacudió la cabeza. No, esto es diferente, creo... ladeo su cabeza ligeramente y toco las frías barras sobre la ventana. No podía ubicarlo aún, pero el rubio sabía que algo andaba mal. Sus ojos dispares miraron hacia su querido hermano mayor y se sentó a su lado, abrazándole por la mitad.

¡Ah, Vince, ten cuidado! ¡Podría pincharte con la aguja si haces cosas como esa descuidadamente! exclamó Gilbert, elevando los codos lejos de los brazos de Vincent. Con el rostro del rubio enterrado entre los omóplatos de Gilbert, sin embargo, no pudo ver el lindo ceño fruncido en el rostro del pelinegro.

¿Alguna vez mi hermano ha pensado sobre no estar aquí?

Eso lo consiguió. El cuerpo de Gilbert se puso rígido, sus trabajados músculos tensándose. Tras una larga pausa, y Vincent no se atrevió a interrumpirla, finalmente respondió—: ¿Qué tipo de pregunta es esa?

No es una pregunta contestó él, sinceramente. Este horrible lugar era donde pertenecía, porque era donde Gil estaba. Su hermano, y este amor, eran su hogar. El lamento y la desesperación que venían con ello eran irrelevantes porque Gil estaba aquí. En tanto su hermano se quedara, así lo haría él también, sin importar qué.

Su frente ya no dolía más por haber sido golpeada repetidamente contra los barrotes la otra noche. Finalmente se las había arreglado para convencer a Gil de que ya no necesitaba los vendajes. Elevó su rostro un poco. Las moretones y chupetones eran más pequeños y se notaban menos en el cuerpo de su hermano, pero aún estaban ahí, todos por el toque de aquel despreciable hombre. Las uñas de Vincent se clavaron en el pecho de Gil.

Sólo tenía curiosidad.

oOoOo

Una vez, hace mucho tiempo, Philippe vio a su padre ser asesinado frente a sus ojos. A diferencia de los otros fenómenos de The Clockwork Circus, Philippe había tenido un hogar, uno amoroso. Su padre lo quería, pero lo mantenía adentro a menudo. En los veranos calurosos, con frecuencia no tenía permitido salir porque su padre temía que alguien notara la abolladura en la camisa que usaba el pequeño; la abolladura causada por el gran agujero circular donde debería haber estado el estómago de Philippe.

Él había estado mejor, sin embargo. Eso era algo. Tenía un lugar donde permanecer, pero con la muerte de su padre, eso le había sido quitado. Los asesinos de su padre lo encontraron, y lo vendieron al Señor Yura después de tres meses de ahogarse, de quemaduras de cigarrillos, de colillas calientes siendo puestas en su agujero, de ser empujado por las escaleras.

Difícilmente había una persona en The Clockwork Circus que no tuviera cicatrices o moretones, o algo roto. Por defecto, todos estaban dañados. Philippe encajaba bien aquí. Así también los recién llegados. Tanto así que él había estado feliz de conocer a su nueva amiga, Lily. Aquella primera noche, cuando ella se quedó en su carro, el tocó la marca en el rostro de ella y deliró por cuan genial era. Se hicieron amigos rápidamente. A ella no le tomó mucho tiempo ganarse su confianza.

Cuando la noche avanzó, camino por el claro, preguntándose por qué estaba todo tan silencioso. Usualmente para ese momento, el Señor Yura les habría llamado, estarían ya todos en fila. Lo que era más extraño era que ninguna persona "normal" estaba caminando para encontrarse con el espectáculo circense. ¿Quizá hoy era una noche libre? Ellos nunca habían tenido una antes...

Entonces escuchó los gritos de Lily perforar el aire como una daga. Un escalofrió descendió por el cuerpo de Philippe ante el sonido y se dio la vuelta hacia donde creyó que éste provenía. ¿Lily? llamó, cuidadosamente.

El carro de Vanessa se abrió y ella camino fuera, mirando hacia el bosque. ¿Que fue eso?

Casi tan pronto como la oración dejo sus labios hubo un crujido de lo que sonaba como madera. Los árboles en el límite del bosque se agitaron, algunos cayendo.

¡¿Que demo–?!

Lily emergió del bosque, montando el viento con un objeto parecido a una guadaña en su mano. Ella tropezó delante de ellos, ensuciando su traje. Philippe se arrodilló y la sacudió. ¿Lily? Lily, ¿qué pasó?

Entonces, el tiempo fue absorbido hacia adelante, moviéndose rápidamente como si hubiese sido escupido de un agujero negro. Escuchó pasos y fervientes protestas acercándose a ellos, y cuando alzo la mirada, Echo estaba de pie sobre él. En una de sus manos sostenía una daga, y con la otra estaba sosteniendo la muñeca de Lacie.

¡Déjame ir! exclamó Lacie, furiosa. Sus uñas estaban clavándose en el brazo de Echo, y manoteaba ciegamente, tratando de encontrar el rostro de la chica de cabello plateado. La venda de sus ojos se había ido, sus cuencas sin ojos bien abiertas y su cabello hecho un desastre. ¡Te juro por el Abyss, que morirás! ¡Voy a matarte! ¡Te mataré!

¡Echo! dijo Lily y otra voz al mismo tiempo. Elliot se acercaba rápidamente, incredulidad y rabia en su rostro. La pequeña se levantó rápidamente y se aferró del vestido de Echo.

¡Está aquí! dijo ella. ¡No supe cómo detenerlo! ¿Cuándo va a volver Leo?

Philippe miraba la escena con los ojos muy abiertos, preguntándose qué estaba pasando. ¿Por qué Lily estaba ignorándole? ¿Por qué estaban rompiéndose los árboles? ¿Por qué Echo estaba sosteniendo a Lacie? ¿Por qué ella estaba diciendo esas cosas tan aterradoras? ¿Matar? ¿Matar a quién? Y...esta ominosa sensación que devoraba su pecho con completo terror...¿Qué era? Philippe no podía encontrar la fuerza para hacer cualquiera de estas preguntas.

A unos metros de distancia, la tienda del Señor Yura se abrió y el hombre camino fuera, un extraño ceño fruncido en su rostro. ¡¿Qué está pasando aquí afuera–?!

Los árboles se rompieron, desmoronándose en una ráfaga de hojas y ramas, y un demonio se adentró en el claro del circo.

Ese era el único nombre que Philippe podía pensar para describir a la monstruosidad. Tan de otro mundo y literalmente derramando oscuridad; «demonio» parecía muy apropiado para nombrar a la cosa andando hacia ellos. Fácilmente superaba la gran altura de Vanessa, una gruesa y negra criatura con alguna especie de forma animal con afiladas garras rojas, ojos brillando como contaminados rubíes y una gigantesca mandíbula que albergaba dientes que se parecían al arma en la mano de Echo. Las sombras cambiaban de lugar alrededor de su figura, descendiendo y volviendo a su cuerpo en un ciclo repetitivo de oscuridad. Cuando respiraba, pequeñas lenguas de fuego aparecían entre sus colmillos.

Las piernas de Philippe cedieron bajo él mientras observaba al demonio escanear el claro. Entonces, éste se irguió tan alto era y echó su cabeza hacia atrás, haciendo un sonido bajo y lastimero, un terrible timbre que sacudió el suelo bajo de ellos, haciendo eco una y otra vez. Vanessa dejó escapar un chillido, apoyándose pesadamente contra su carro mientras se cubría la boca. Los otros fenómenos estaban mirando a escondidas desde sus vagones, exclamando con horror ante la demoniaca visión delante de ellos.

La mano de Elliot estaba alrededor de la otra muñeca de Lacie pero él no hizo ningún intento de correr. ¿Qué...qué es esa cosa? dijo con voz temblorosa, los ojos bien abiertos.

Lo único en lo que Philippe podía pensar, era su padre siendo asesinado y sus meses de abusos y su vida en el circo.

Y no pudo evitar llegar a la infantil conclusión de que tal vez moriría hoy.

oOoOo

Era difícil recuperarse de la vista. Cada vez que Vanessa intentaba hacer un movimiento, sentía que sus largas piernas comienzan a temblar. Lágrimas ya estaban cayendo de sus ojos de puro miedo, pero de alguna manera se las arregló para tragarse cada uno de sus gritos. Absoluto terror cayó sobre ella como agua helada con cada movimiento que el demonio hacía. Éste se estrelló contra el suelo antes de levantarse por última vez, una de sus manos estirándose hacia el cielo enjoyado por la luna. En un destello de luz lúgubre, una larga arma apareció.
Una guadaña. Con sus ojos rojos como el fuego del infierno, aliento de fuego y descendiente oscuridad, Vanessa tuvo la súbita impresión de que estaba frente a la Muerte.

¡Elliot! exclamó ella. Corrió hacia todos ellos: a su hermano, Lacie, Echo, y Philippe y Lily. Al mismo tiempo que ella se movía, el demonio gritó de nuevo y deslizo su guadaña a través de la tienda principal. Ésta se desgarró y con otro golpe, el poste se partió y cayó, derribando toda la carpa con él.

La tierra se esparció en una nube de polvo, y Vanessa tomó la mano de Elliot, quien seguía sosteniendo a Lacie y Echo, y corrió detrás de su carro. No vio si los más jóvenes les habían seguido, pero cuando abrió los ojos, Philippe estaba allí con ella, prácticamente cargando a Lily.

Echo estaba de pie en un segundo. Vanessa fue testigo de cómo la chica de cabello plateado se inclinó hacia Lacie. Echo le solicita que no se mueva. Usted es su rehén dijo ella simplemente.

Elliot sujetó su manga. ¿De qué demonios estás hablando? ¿Qué le estás haciendo? exigió.

Con un movimiento de su flequillo, Lacie sonrió con malicia, todo menos prestando atención al rubio. No te hagas ilusiones. Nadie es rehén aquí, más que ustedes y este circo. Mátame y considera a todos los demás aquí más que muertos. Sin decir una palabra, ella golpeó las manos de Echo y Elliot, y salió corriendo hacia el claro.

¿L-Lacie? el chico con las costuras llamó, dudoso.

Echo no perdió el tiempo y sólo se fue corriendo en la misma dirección. ¡Señorita Lily! llamó a sus espaldas.

Espera, ¿sabes lo que está pasando? Vanessa exigió, reteniendo a Lily por el hombro.

La pequeña negó con la cabeza. Lo lamento, podemos hablar más tarde. ¡Tenemos que matar al demonio ahora! Sin decir más, se había marchado.

Otro rugido atravesó el aire, y Vanessa se abrazó a sí misma, atrayendo sus rodillas más cerca de ella. Se volvió desesperadamente hacia su hermano. ¿Crees que los demás están a salvo? ¿Qué deberíamos hacer? Antes de Elliot pudiera siquiera pensar en ello, añadió—: No podemos luchar contra esto.

Pero los ojos de su hermano no estaban llenos con su usual fuego. Él estaba de rodillas, mirando aturdido la dirección en la que Lacie acababa de marcharse. El suelo se estremeció cuando ellos escucharon un gran estruendo estallar de repente. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Qué...qué clase de pesadilla era ésta?
Elliot habló entonces, en voz baja
—: Yo...no lo sé. Algo está mal, hermana. Y... —él le miró, para su sorpresa, tan presa del pánico como ella. Tengo la sensación que ha sido así desde hace algún tiempo.

Tenemos que hacer algo susurró ella entrecortadamente.

Con esto, Elliot parecía estar de acuerdo. Él asintió con la cabeza y se levantó. Tocando ligeramente su brazo, dijo—: Voy a reunir a los otros. Necesito a Oz y Xerxes. Creo que ellos serán capaces de ayudar con esto. A pesar de que su mundo se estaba fragmentando y un demonio estaba en medio de ellos, se acercó y la besó en la mejilla. Volveré, hermana. Lo prometo.

Vanessa sacudió la cabeza, frotándose los brazos hacia arriba y hacia abajo. Esto no es normal, Elliot.

Lo dices como si algo en nuestra vida en realidad lo fuera señaló oscuramente. Mantén a Philippe a salvo. Y con esto, observo a su hermano dirigirse hacia el sendero de destrucción. Ahora sólo tenía que esperar que la Muerte no tuviera sus ojos puestos en su familia circense.

El tirón en una de sus medias la trajo de vuelta a la realidad. Philippe estaba mirándole con grandes ojos llenos de lágrimas. Ella lo levantó, tratando de no derrumbarse ella misma. Elliot no se derrumbaría. Tenía que seguir el ejemplo que su pequeño hermano estaba dando.

Sólo estoy cansada de perder cosas, pensó, el corazón latiéndole en los oídos.

oOoOo

Cuando Gilbert se abalanzo primero fuera de su carro para evaluar la situación, su primer instinto fue buscar a Oz. Lo que terminó haciendo, sin embargo, fue seguir a Elliot que corría hacia el demonio. Rápidamente pidió a Vincent permanecer en el interior, una orden que de alguna manera, sabía, iba a ser desobedecida en el segundo en que se fuera.

¡Elliot, ¿qué demonios estás haciendo?! gritó, logrando alcanzar al rubio.

¿Gilbert?

En ese mismo momento, el demonio se volvió en su dirección y deslizó su guadaña a través de la tienda de Sharon y Break. Gilbert se lanzó a un lado y cogió a Elliot, justo en el momento en que la tienda saltó por delante de ellos. Rodaron juntos, la tierra arañando la piel expuesta de Gilbert y logrando romper algunos hilos de sus alas. Él gritó de dolor, encogiéndose cuando dejaron de moverse.

Cuando ganó mejor compostura sobre sí mismo, elevó la mirada para ver a Elliot en un estado similar. La gruesa unión por encima de su hombro había logrado desgarrarse, pero el rubio parecía no darse cuenta. Gilbert estaba listo para reprenderlo cuando sus ojos captaron movimiento cerca de donde estaba el demonio.
Echo y Lily estaban...¡estaban peleando con él! Lily atravesó el aire, golpeando con su guadaña al demonio. Ella nunca tuvo siquiera una oportunidad. El demonio se limitó a tomar su propia guadaña gigantesca para bloquear cada ataque, un resonante chasquido ondeando a su alrededor. Echo estaba corriendo, rodeándole una y otra vez, disparando sus dagas sólo para que estas regresaran a ella. La risa demente que el hombre alado escuchaba, provenía de ella, notó con sorpresa.

¿Qué demonios está pasando aquí? susurró. Entonces oyó la risa de alguien más ser transportada por el viento, una risa que nunca escuchó antes, pero que de alguna manera sabía que...sí, pertenecía a Lacie. Cuando Gilbert se enderezó, la vio aferrándose al Señor Yura, sus manos aprisionando las de él. Había una sonrisa alegre en su rostro.

¡Vamos~! ¡Vamos, eres tan lento~! animó ella, su cabello ondeando en la brisa de Octubre. ¡Si no te das prisa, la diversión no puede comenzar!

Por la forma en que el Señor Yura se apartaba de Lacie, él estaba tratando de mantenerse alejado de ella. Pero Lacie era aparentemente más fuerte de lo que parecía, ya que caminaba a su lado mientras el maestro de ceremonias luchaba por deshacerse de su agarre. Clavó su mirada en ella y gritó: ¿Qué me estás haciendo? ¡Nada de esto es como dijiste!

Ante sus súplicas, Lacie se detuvo. En medio de la presencia del demonio y la ruina que este trajo, ella estaba absolutamente tranquila. Gilbert la observaba con los ojos muy abiertos. ¿Cuál era el problema aquí? Lacie comenzó a balancear las caderas, bailando mientras conducía a Isla Yura lejos, como si fuera una hechicera guiando a un humano a su perdición. Abrió la boca y comenzó a cantar:

«El suero goteando de tus ojos es benigno,

Un globo flota y se agita arriba.

Mira, el mañana será encantador, gira-a~

¡Mira! ¡Por aquí!» [2]

Ella giró de modo que su vestido flotaba a su alrededor. Tenía que dejar ir a Isla Yura en el proceso, pero en vez de correr, él le gritaba. Ahora, su agarre estaba en ella.

¡Cosa inmunda, esto no es lo que prometiste! bramó.

Junto a Gilbert, Elliot se agitó y se tambaleó sobre sus pies para correr hacia Lacie.

¡S-Señor Yura! exclamó.

Los ojos dorados de Gilbert se ensancharon cuando vio al demonio lanzar un pisotón hacia donde Lacie bailaba y Yura gritaba, y hacia donde Elliot estaba corriendo ahora. ¡E-espera! ¡Elliot, vuelve aquí! Al darse cuenta de que su voz era inaudible para el rubio, Gil se disparó sobre sus pies y corrió tras él.

Lacie rió cuando guadaña del demonio atravesó la tienda del maestro de ceremonias, enviándola a derrumbarse.

«La voz del demonio retumba, retumba, retumba, a través de la ciudad lluviosa,

mientras busca algo que perdió~.

El suave sonido de tus ronquidos se desvanece, ROWJIRA, ROWJIRA, ROWJIRA[3]

Él no lo notará, ¡no lo notará~!»

Elliot los había alcanzado y lucia perdido, como si se preguntara si debería realmente poner sus manos sobre el maestro de ceremonias y forzar a Lacie a alejarse. Él hizo algo diferente, estirándose y sosteniendo la barbilla de Lacie en su mano, inclinando su cabeza hacia él. Ella suspiró, embelesada. Aah~, es Elliot~ canturreó. Esto es maravilloso, ¿no es así?

Lacie, ¿de qué estás hablando? ¿Tienes algo que ver con esto? exigió con horror. Gilbert también fue golpeado repentinamente por la sorpresa, una sensación líquida y caliente como medicina, como veneno, bajando por su garganta. Se dio cuenta demasiado tarde que era bilis y se agachó rápidamente para vomitar. No era sólo la afirmación de Lacie, era la oscuridad que parecía estarlo ahogando con su presencia. Respirar era un reto, y mantener el vómito dentro, mucho peor.

Isla Yura empujo a Elliot. ¡Esto no es asunto tuyo! se enfureció.

No deberías hacerle eso a Elliot. ¡Probablemente tenga que matarte~! se burló la chica invidente. Voy a tener a mi maravilloso demonio deshaciéndose de ti rápidamente. Justo como lo mereces.

Ante la mirada atónita del maestro de ceremonias, ella sonrió y dijo—: Nunca fue mi intención tener nada que ver contigo. Siempre iba a matarte al final... Ella extendió los brazos y siguió cantando:

«Las cicatrices de los pinchazos que tiran de ti opresivamente.

Qué bonito globo dando vueltas en el cielo~.

¡Mira! ¡Qué bonito!»

¡Lacie! exclamó Elliot, sus ojos azules presas del terror.

Ella lanzó un beso hacia él. Esto es por tu propio bien, Elly. Tengo que deshacerme de los recién llegados, porque ellos quieren matarme~. No estaba mintiendo sobre eso. ¿No te has preguntado alguna vez por qué ellos podían combatir aquellas Cannibal Marionettes? Es porque ellos son seres llamados Crimson Fausts; seres humanos con células de demonios en la sangre. Desafortunadamente ella se rió, también tengo que matar a Leo~.

Hubo un grito. Mirando hacia donde estaba el demonio, Echo repentinamente cayó al suelo, y no se levantaría. Un oscuro color brillante estaba salpicado todo sobre ella. Lily se inclinó a su lado, gritando.

El estómago de Gilbert seguía retorciéndose, pero logró enderezarse y mirar a Lacie en sus cuencas vacías.

¿Los recién llegados...?

Oh, Gilbert, ¿estás aquí, también? Lacie parpadeó, sorprendida.

Siendo alguien que no podía ser ignorado, Isla Yura la hizo girarse, su rostro pálido como un fantasma. No lo harás. ¡No lo harás! dijo con insistencia. ¡Te di este lugar para esconderte!

A esto, Lacie asintió en acuerdo. Así lo hiciste. Ahora tu utilidad se agotó y debes recibir lo que te mereces. Ya ves, detesto la escoria. Su voz había bajado y las sombras eran evidentes en su tono. Esto hizo a Gilbert estremecerse hasta que tuvo que vomitar de nuevo.

El demonio estaba a escasos metros de ellos, y cuando Gilbert miró en su monstruosa cara, se quedó paralizado, incapaz de moverse. Sin importar lo mucho que deseaba que no fuera así, sus piernas estaban totalmente paralizadas, y su mirada dorada no podía ser arrancada del rojo y el negro, y las llamas y la oscuridad.
Él está aquí~ declaró Lacie, y el hombre alado notó con terror que ella estaba hablando directamente con el demonio. Señaló a Isla Yura, retrocediendo hasta que chocó contra Elliot. Hazlo gritar mucho, ¿de acuerdo?

¡N-no! Isla Yura chilló, pero también parecía tan paralizado como Gilbert.

Si Gil no sabía que los demonios podían sonreír, lo sabía ahora. Este echó su cabeza hacia atrás e hizo sonidos estruendosos que debieron haber sido una risa. Aquello sacudió la tierra e hizo al fuego del infierno colarse de su boca. El maestro de ceremonias gritó cuando el demonio lo cogió. Gilbert sólo miraba.
Lacie también rió con absoluta alegría.

«Tomando refugio de la lluvia en una tienda de flores,

aunque el dueño ha desaparecido, desaparecido.

Ahora, ¿dónde te escondes?

Él no lo notará, ¡no lo notará~!»

La guadaña no fue utilizada, pero las amenazadoras garras del demonio fueron entonces puestos en buen uso. Gilbert cayó de espaldas sobre la tierra mientras escuchaba el enfermizo crujido de huesos, y algo desgarrándose que debió haber sido piel. La sangre cayó sobre todos ellos, salpicando la piel de Gil y Elliot.

Pero Lacie todavía bailaba y cantaba. Incluso cuando Isla Yura soltó un chillido capaz de helar la sangre. Incluso cuando un enorme agujero hizo que sus escurridizos órganos llovieran del cielo como húmedos salpicones. Incluso mientras era clavado a un poste con cuchillos afilados.

«La voz del demonio retumba, retumba, retumba, a través de la ciudad lluviosa,

mientras busca algo que perdió.

El suave sonido de tus ronquidos se desvanece, ¡ROWJIRA, ROWJIRA, ROWJIRA~!»

Elliot fue el primero en moverse de nuevo, agarrando a Lacie y atrayéndola hacia él.

Lacie, por favor, tienes que parar esto.

Si Lacie aún tuviese ojos, ella podría haberle dedicado una mirada perpleja. Siendo como era, ella se limitó a dejar que su cabeza rodara hacia un lado, inquisitiva. Se quedó en silencio, ponderando. Entonces, una amplia sonrisa pareció cortar su rostro por la mitad. Oh, oh, Elliot. Siempre has sabido estas cosas, ¿no es verdad? Lo has visto todo. Tu siempre has... Su mano se estiró hacia él...podido ver a través de mí...

¡Elliot! Gilbert exclamó, sus manos listas para separarlos. Pero hubo un estallido de dolor en la parte posterior de su cráneo y colores destellando por todas partes mientras caía al suelo. Lo última cosa que recordaría más tarde, además del fuego viniendo de la boca del demonio, fue la conclusión del alegre canturreo de Lacie mientras el mundo se volvía negro.

¡Él te encontró!

oOoOo

Leo escuchó el resto de la historia, la que todos tejieron juntos para hacer un cuento que tuviese sentido. Gilbert había sido el último en ser testigo de algo útil, mientras los otros habían estado ocultándose. No fue hasta que todo quedó en silencio que se dieron cuenta de quien faltaba en su grupo.

Así fue como ocurrió todo, entonces. ¿Realmente el demonio lamentaba lo que había hecho? Parecía caer demasiado rápido en el gusto de masacrar a otros. Cerró los ojos, recordando que más había dicho la carta...

«Nada está a salvo ahora, según parece. Diva dice que no podemos esperar más. Su sueño tiene que avanzar ahora. Un sueño casi trece años desarrollándose…

»Ahora el circo no es seguro. Si quieres que las cosas terminen ahora, te aconsejo que vuelvas a The Clockwork Circus de inmediato. Si no estás ahí a tiempo, no puedo prometerte la seguridad de Estrella y Talon. Y la siguiente pista te será presentada por el hombre que me deformo.

»Por favor, date cuenta que sólo yo ayude a Diva con todo esto. Todos los demás son desafortunados peones. Desearía que las cosas fueran diferentes. Pero el sueño está cerca de cumplirse. El reloj está listo para repicar.

»Saludos...»

Vanessa se removió entonces. Nadie se había movido por lo que parecieron horas, aunque realmente había sido menos de un minuto. —¿Puedes traerles de vuelta a nosotros? —preguntó finalmente. Ésta debió haber sido la pregunta en la mente de todos.

—El circo se ha ido ahora —Leo señaló lamentablemente—. No existe un lugar en el que cualquiera de ustedes pueda quedarse ahora.

—Nos damos cuenta de eso —dijo Alyss suavemente—. Pero queremos a toda nuestra familia con nosotros de nuevo.

Leo miró a Glen y los dos intercambiaron miradas. —Me pondré en contacto con uno de nuestros miembros. Éste les llevara a nuestros cuarteles, una mansión lejos de aquí, pero allí estarán a salvo —prometió Leo, ofreciendo una pequeña sonrisa—. Hasta que él llegue, mi padre colocará restricciones por todo el carro de forma que nada pueda hacerles daño. Los quiero a salvo, también.

Algo parecido a esperanza brilló en algunos de sus ojos, pero tan rápido como vino se fue. ¿Qué más podrían esperar realmente? Antes de que el pelinegro se alejara, Cheshire, que había tomado asiento cerca de la entrada, alzo la mirada hacia él. —Él y la chica planean esperar por ti, nyaa —dijo, humildemente—. Cheshire lo vio antes que se marcharan, nyaa. Lacie lo clavo sobre el cuerpo de ese hombre.

Leo volvió a pensar en el folleto oscuro que había visto en el cuerpo de Yura. —¿Estás...feliz de que se haya ido? —no pudo evitar preguntar.

—Alice y Alyss no pueden ser lastimadas por él nunca más —declaró Cheshire cuidadosamente. Lo dijo de tal manera que Leo pudiese entender las implicaciones tras ello, y el pelinegro lo hizo. Aún había cosas que Leo quería decir, cosas que quería probarles desesperadamente, pero ahora no era el momento. Se dio la vuelta, aunque se encontró mirando hacia atrás una vez más. Esto fue un error. Casi terminó queriendo gritar de frustración.

Jamás había sido un reto ser él mismo hasta hoy.

Mientras caminaba fuera del vagón de Gilbert, oyó a Glen hacer un ruido que parecía ser una risa ahogada. Esperó hasta que el hombre de cabello azabache terminara de colocar las restricciones para preguntar a que se debía la risa. Caminaron trabajosamente a través de la hierba, trozos rotos de ramas crujiendo bajo sus pies.

—Ha pasado un tiempo desde que te referiste a mi como tu padre —respondió Glen con nostalgia—. Y fue la primera vez que lo dijiste delante de alguien más.

—Ah, no me di cuenta —dijo Leo, acelerando el paso—. Sólo se me escapo de esa forma. —Sus pies desnudos los guiaron de vuelta al lugar donde la tienda del maestro de ceremonias estuvo alguna vez, y donde Isla Yura ahora colgaba de cabeza.

—Cheshire dijo que obtendríamos una pista sobre la ubicación del demonio en Yura. Lo mismo decía la carta. — Dio un paso hacia adelante, consciente de la sangre y los órganos todavía húmedos mientras se estiraba y tiraba del volante.

Glen camino a su lado, y estaba impávido ante la vista delante suyo. —No sé si alguna vez lo mencioné, pero me inclino a creer que era un hombre bastante despreciable.

Una sonrisa curvó la comisura de los labios de Leo. —Pudo haber sido mencionado una vez —confesó. Sus ojos descendieron hacia el papel ligeramente ensangrentado en su mano y aparto su largo flequillo para tener una mejor vista de éste, sosteniéndolo a la luz de la luna. Era una pieza de papel rectangular que estaba desgastada en los bordes y parecía haber sido doblada a menudo. El color estaba, de hecho, desvaneciéndose como sospechaba, y estaba decorado con máscaras y globos, y caramelos. Leo frunció el ceño mientras lo leía.

—¿Es un volante para un carnaval? —preguntó, examinándolo de nuevo, como si sus ojos estuviesen gastándole una broma—. Tiene fecha de hace trece años. ¿Un carnaval de Halloween? —Se le quedo mirando, inspeccionando cada detalle de este, incluso yendo tan lejos como para darle la vuelta en busca de algún mensaje oculto. Nada. Leo ni siquiera se dio cuenta que lágrimas de frustración estaban formándose en sus ojos hasta que estuvo sujetando fuertemente el papel.

Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea. ¡Maldita sea! Ahí estaba el, sosteniendo la supuesta pista para el demonio y la búsqueda de Elliot y los otros...¡y no tenía ni idea de lo que significaba! Hielo le congeló la sangre ante el pensamiento de fallar este rescate. Esta ya no era más una simple misión. Era algo más, una fuerza más grande...tal vez incluso una fuerza que Leo no estuviera listo para enfrentar con su nivel. Había grandes cosas en juego, más de lo que él sería capaz de comprender sino hasta más tarde. Pero, por ahora, su pecho sólo estaba lleno de desesperación.

El volante fue arrancado de sus manos por Glen, quien también parecía inspeccionarlo. —Sé sobre esto —dijo tranquilamente. Cuando Leo levantó bruscamente la cabeza para mirarlo, el líder de Baskerville sólo respondió—: En la fecha indicada aquí, ciertamente había un carnaval de Noche de Brujas celebrándose. Yo estuve allí, de hecho. —Glen ladeó la cabeza, sin dejar de mirar el volante mientras presionaba sus labios en una línea delgada, y parecía mirar fijamente el papel con resentimiento. —Tuvo lugar en Sablier. Es el día de este carnaval...que la tragedia de Sablier también ocurrió.

Leo trató de ocultar la sorpresa en su expresión. Lacie realmente estaba montando un escenario para esto...Una cuenta regresiva por trece años, la tragedia, y el volante apuntando hacia Sablier... —Ese es su objetivo. Ella quiere otra tragedia. Ella quiere —palideció—, traer a los demonios a nuestro mundo.

Glen asintió. —No tenemos tiempo que perder. Lo que sea que necesites de aquí, tómalo ahora, porque no volveremos. —Dobló cuidadosamente el volante a lo largo de sus pliegues anteriores y lo metió en el bolsillo de su pecho. Sus ojos púrpura eléctrico echaron un vistazo hacia la sonrisa de Gato Cheshire que era la luna menguante sobre ellos. —Te esperare aquí.

Creyendo espantoso el esperar cerca del cadáver de Isla Yura, Leo saltó rápidamente hacia los destinos que ya tenía en mente. Primero fue el carro de Elliot. No gastó demasiado tiempo en momentos sentimentales, pero se encontró con una agradable camisa de cuello abotonado, del mismo color de los ojos de Elliot.

Una cálida sensación le recorrió como diminutas descargas eléctricas mientras colocaba la tela sobre su cuerpo y la abotonaba. Cerró los ojos mientras lo hacía, preguntándose cuando la habría usado el rubio por última vez. Poseía un aura respecto a ello que se sentía tan bien, como él.

Elliot, juro que voy a traerte de vuelta. Tengo el poder para protegerte...¡y lo haré! Adecuadamente, esta vez.

Salió corriendo del vagón de Elliot sin dudarlo. Esta vez, se dirigió hacia el carro de Oz. Lo primero que hizo dentro fue buscar el bolso que tenía toda su ropa dentro. Cuando la encontró, rebusco hasta que encontró sus viejas botas dentro de ella. A pesar de que no le había importado estar descalzo, pensó que los zapatos funcionarían mejor en un viaje. Después atarlos descuidadamente, se enderezó y miró hacia el suelo.

La fotografía de la hermana de Oz no estaba por ningún lado.

Lentamente, Leo salió del carro con la mente en una especie de aturdimiento mientras se movía. El mundo se inclinó hacia un lado y otro, y cerró los ojos, apoyándose contra la puerta del vagón del rubio. Mientras lo hacía, las últimas palabras de la carta llegaron a él, conteniendo todo el resquemor de antes, como si Leo estuviese leyéndola por primera vez.

«Desearía que las cosas fueran diferentes. Pero el sueño está cerca de cumplirse. El reloj está listo para repicar.

»Saludos, Arlequín.»

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Anotaciones:

[1] Referencia a Tove Marika Jansson, escritora, ilustradora, historietista y pintora finlandesa de habla sueco; quizá mejor conocida por su creación "Moomin", aunque también por sus brillantes ilustraciones de la obra de Lewis Carroll, Alice in Wonderland (1959).

[2] "In a Rainy Town, Ballons Dance with Devils"/"En una cuidad lluviosa, globos danzan con demonios", por Hatsune Miku. La traducción al inglés que Hitsugi usó proviene de animelyrics.

[3] Rowjira: Por lo que pude encontrar en Vocaloid Wikia, esta palabra se grita en el juego de "Las escondidas" cuando quien busca encuentra a quien se esconde.


N/T: Bueno ¿qué decir? He estado ausente demasiado tiempo y lamento los inconvenientes que esto ha causado, sobre todo para los que me siguen con esta traducción - por lo que no culparía a nadie que decida darse la vuelta y no volver a leerme. Muchas cosas han pasado en este tiempo pero han sido cuestiones de salud lo que me ha impedido avanzar con este proyecto, aun así haré mi mejor esfuerzo para no dejarles botados.

Un millón de gracias a quienes dejan review (Hikary, PerlhaHale, Kuroganetzuky, Azriel Rigel, yuuuufujoshi, InatZiggy-Stardust, .x, Jinx Baskerville, xXOperetaxXx, Guest, Brujita), quienes han agregado a alertas y favoritos esta traducción…¡Gracias!

También una mención especial para PerlhaHale que acertó con la identidad de nuestro demonio en las sombras. ¡Chocolates y bombones para ti~!

Espero que ya estén bien fijos en el asiento que se viene la lluvia de revelaciones para los siguientes capítulos, y un poco de romance agridulce. En realidad, no voy a prometer por el momento una fecha de publicación para el siguiente capítulo ya que apenas estoy pasándolo a Word y todavía necesita revisión y corrección, y revisión y corrección de la revisión y corrección (…loop…jajajaja); aunque si pediré un poco - más todavía - de paciencia.

Y ya que estamos por aquí: ¡Feliz (tardío) fin del mundo Pandoriano! Alcanzamos el Retrace 104 de esta maravillosa historia y ha sido todo un placer compartir la angustia y locura de cada mes con todos ustedes; espero que sigamos manteniendo vivo el fandom como hasta ahora. ¡Exijo segunda temporada!

¡Saludos a todos!

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Editado: 06/12/2016