Episodio II, Capitulo II
Abriendo heridas
Amanda continúo leyendo el periódico en el living de la mansión. Sintió como los pasos de Sirius se acercaban poco a poco al primer piso, la mujer dejo a un lado el diario y observo al allegado. Había quedado sorprendida, Sirius ya no era el mismo que había visto merodeando por el bosque prohibido hace varios meses, se veía completamente decente.
Vestía ropa de mago, unos pantalones de tela negra que le quedaban a la perfección, una camisa junto a un chaleco de un color verde oscuro, debajo llevaba una camisa de color blanco.
– ¿Puedo preguntar de quién es esta ropa? – Sirius extendió ambos brazos para mostrar que la ropa le sentía bastante bien. Pero Amanda no contesto, en su rostro reflejaba una leve sonrisa al ver que Sirius ya no parecía un reo de Azkaban.
– Los años te han caído encima Sirius… – dijo poniéndose de pie, se acercó a él y arreglo un poco su camisa – ¿Cuántos años tienes ahora? ¿Unos 40 ya?
– Es una pena que no pueda decir lo mismo – dijo alzando sus cejas.
Pero había algo que faltaba, Amanda miro aun divertida las heridas que aún no sanaban en el mentón de Sirius. – Wizing – el elfo apareció rápidamente al lado de los dos humanos – trae Díctamo remojado con agua tibia.
– Si, mi señora.
– ¿Qué le sucedió a tu varita? – le pregunto Amanda alejándose de él y volviendo a sentarse en el sillón de terciopelo.
– Dejo de funcionar, era de esperarse de una varita de reemplazo – Sirius se acercó a Amanda y se sentó junto a ella – Dumbledore dijo que comprarías una para mí.
– Tendrás que esperar de momento, mañana tengo cosas que hacer – de pronto, Wizing aparece frente a Amanda entregándole un pocillo de losa fina, en ella habían varias hojas de Díctamo sueltas flotando. Amanda coloca el pocillo en su regazo para luego sacar sus blancos y filudos colmillos y morder su muñeca. Mantuvo apretado el puño con el objetivo de que las gotas de sangre cayeran rápidamente al pocillo con Díctamo. Una vez el agua se tornó roja, la vampiresa lleva nuevamente su muñeca a su boca para cerrar la herida con mayor rapidez. Tomo el pañuelo que le proporciono el elfo y paso un poco por el líquido tibio que ahora era de color rojo. Amanda lo acerca hasta Sirius y él lo rechaza. – Te va a curar – Sirius miro a Amanda, al parecer había olvidado la condición de criatura nocturnal la cual ella poseía, miro el pañuelo y volvió a incorporarse.
Esto no te va a doler
Sorprendido, Sirius solo quedo mirando a Amanda.
– ¿Fue Dumbledore cierto? – pregunto el mago.
– Sí.
– ¿Y cómo?
– No lo sé. Es el mago más grande de todos los tiempos.
…
Harry bajo por la trampilla que se ubicaba en la cocina de la mansión. Abajo estaba iluminado por velas que grueso tamaño, todas descubrían cada rincón del escondite secreto de Amanda, era bastante amplio, incluso tenía una habitación continua. Lo primero que Harry pudo reconocer fue el pensadero ubicado al lado de un estante lleno de pequeños frascos de pensamientos, todas rotuladas con tinta en letra imprenta.
– No tengo nada que ofrecerte Potter, ya sabes – Dijo Amanda (refiriéndose a algo para comer) mientras se sentaba en el amplio sofás.
Había una especie de estudio al otro lado de la habitación, poseía un solo estante, en el habían muchos libros de diferentes tamaños y colores, todos cubiertos por una capa de polvo muy significante. Sobre el escritorio había dos montículos de diarios, todos de El profeta, el chico pudo reconocer la última edición sobre el montículo.
– Estoy bien, gracias – el chico quedo mirando a la perfecta mujer
– Asiento, me pones incomoda verte de pie – no tuvo más remedio que sentarse en uno de los sillones individuales – ¿y bien, quien te ha mandado hasta aquí?
– Nadie, yo vine por mi cuenta.
– Pero alguien te ha dicho donde vivo
Harry tardo unos segundo en contestar, no quería que la conversación se fuera por otro lado – El ministro de magia.
Amanda quedó mirando al joven, quería formular la pregunta perfecta para llegar al punto concreto de todo esto.
– Estoy segura de que tanto tú como yo… queremos ver a esos mortífagos muertos, ¿verdad Potter? – Harry desvió sus ojos de la mirada de Amanda – Pero tú no serias capaz de matar a un mortífago, bueno, solo a uno.
…Al pez gordo
Harry se sobresaltó unos centímetros al escuchar la voz de Amanda resonar en su cabeza, la miro asombrado y dijo inmediatamente – Yo… he venido por otra razón.
– ¿De parte de Shacklebolt? –La vampiresa se levantó y camino hasta llegar al pensadero – no me gusto la última advertencia que me dejó – Amanda se apoyó sobre el pensadero y observo su reflejo en la cristalina agua.
– Amanda – Harry se levantó de su asiento y se quedó quieto – he venido a darte las gracias por todo lo que has hecho en Hogwarts – Harry hizo una pausa, mantuvo las manos apretadas, era como si se hubiese armado de valor para seguir hablando – El profesor Dumbledore y el profesor Snape me contaron brevemente tus reales intenciones.
Amanda no dijo nada, aun se mantuvo quieta mirando su reflejo en el agua, veía a una vampira, un cuerpo sin vida que solo era manejado por la inmortalidad que hace 200 años había recibido, algo que ella nunca quiso recibir.
– Lo único que hice fue seguir órdenes del profesor Dumbledore, mis intenciones nunca fueron salvar a nadie, al menos no por mi cuenta. Solo fueron ordenes – Amanda se giró con lentitud y quedo mirando al chico.
¿Y Sirius Black también fue una orden?
La mujer logro escuchar los pensamientos de Harry Potter, el muchacho había tocado una de las heridas de la vampiresa. Amanda no dijo nada, pero no podía dejar de mirar al muchacho.
– Siempre tuve la idea de que ambos viviéramos juntos en el campo, cuando todo esto acabara claro, yo dejaría a mis tíos…
Pero antes de que Amanda siguiera escuchando al ahijado de Sirius, vio como una forma, una figura transparente se posaba detrás de Harry, en él se podía ver a un Sirius Black pero borroso. Amanda frunció el ceño, sabía todo era obra del pensadero. La mujer se giró nuevamente y cerró los ojos para borrar a Sirius de su cabeza.
Harry dejó de hablar al ver que Amanda ya no le prestaba atención. Suspiro.
–…Dentro de tres días – dijo Harry en medio del silencio – se celebrara en Hogwarts una conmemoración a todos los caídos, y me gustaría que asistieras. Será por la noche.
