Disclaimer applied.

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Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Muerte de personajes. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos…

N/T: Dejando de lado mi tendencia por publicar cada luna azul (¡Vanitas! xD), estoy segura de que disfrutarán mucho este capítulo…y no precisamente porque sucedan cosas bonitas…*risa malvada* Enjoy!


Acto XIII: Lullaby for Bloodthirsty Child

(Canción de cuna para un chico sediento de sangre)

Una voz de pesadilla. Una canción de cuna tronándole en lo odios.

«Lu~lulu lululu lu~lulu

La~lala lalala ah~ah

Baila, baila hasta que este cuerpo decaiga

¡Baila, baila hasta que este cuerpo decaiga~!»[1]

Entre los chillidos de las Cannibal Marionettes y la música del carnaval, la voz de Lacie resaltaba. Simultáneamente, su voz le golpeaba. Era como si su canto siempre hubiese pertenecido aquí, en un demencial lugar semejante a éste. Aquí, Lacie reinaba. Aquí, sólo su canción importaba. Leo no podría confundirla en ningún otro lado. Tan melodiosa, aun así de pesadilla. Era una voz que, entre más la escuchaba, más familiar se volvía y no sabía el motivo.

Corrió tras ella, e incluso si ella no parecía ser una veloz corredora, se apresuraba entre las atracciones y puestos como un fantasma, como una aparición con su ondeante vestido blanco. Allí estaba ella rodeando una esquina; no, ahí dando vueltas delante del carrusel…

Y no importaba hacia dónde lo guiara, su canto siempre estaba ahí.

«Un, dos, tres,

Soy una muñeca, una muñeca mecánica.

Dame cuerda, entonces comenzaré a moverme~»

Una Cannibal Marionette corrió hacia él y le envolvió, sus putrefactas manos colgándose de su camisa. Ésta chilló el sin sentido de siempre, clamando por su carne y sangre. Unos dientes se encajaron ruidosamente en su oreja.

Leo la apartó rápidamente. Mientras la CM estaba retorciéndose como un insecto en el suelo, todavía gritando, el pelinegro agitó a Jabberwocky y cortó su cabeza, separándola de su cuerpo. La cabeza se alejó, rodando, pero él no se quedó lo suficiente para ver dónde es que había aterrizado. Estaba concentrado únicamente en la pálida ilusión, el demente asesino delante suyo. Se concentró únicamente en su odio y desprecio hacia ella por tomar lo que no le pertenecía.

—¡LACIE! —rugió, derrotando a otra Cannibal Marionette. Demasiados monstruos, todos ansiando vida, el órgano de la vida…justo como Jack. Justo como cuando él había tomado el corazón de Oz.

Dos Cannibal Marionettes estaban a ambos lados de Leo. Se las arregló para rebanar a una por la mitad antes de que ésta llegara demasiado lejos, aunque no fue lo suficientemente rápido para evadir el ataque de la segunda. Mientras su compañera caía en un pila rota, la CM mordió el cuello de Leo profundamente, emitiendo unos espeluznantes sonidos chirriantes desde el fondo de su garganta.

Leo chasqueó la lengua, gruñendo mientras apartaba al monstruo de un empujón. Gritó cuando sintió un pedazo de su carne siéndole arrancada en el proceso. —Qué chico tan malo, en serio —dijo, tocando el pegajoso desastre que era su cuello. Una risa corta y cruel se le escapó cuando la CM vino por un segundo ataque. Esta vez, Leo la cortó por la mitad fácilmente, riendo ruidosamente cuando la sangre le salpicó encima.

—Aah~ ¡Esto no ocurre lo suficientemente a menudo~! —se mofó felizmente, cautivado por sus acciones.

«Con flexibles articulaciones,

La pasión de mi amo me hace caminar~»

La lengua de Leo se asomó para lamer sus labios con anticipación. Había estado combatiendo la locura desde hacía días. ¿Qué daño causaría el darle rienda suelta aquí? Sólo una vez, se prometió a sí mismo, como un niño. Sólo una vez, nadie lo sabrá. Apaciguado por esto, rió tontamente y siguió el rastro del canto y los gritos de los monstruos.

Más Cannibal Marionettes llegaron sin demora, atraídos por el aroma de su hemorragia y el sonido de su corazón latiente. Leo las rebanó y despedazó con entusiasmo, riendo con alegría todo el tiempo. Todo comenzaba a teñirse de una maravillosa tonalidad de rojo. ¡Él mismo, el suelo, el carnaval, el cielo!

—¡Amo el rojo! —declaró a una Cannibal Marionette. Ésta luchaba en el suelo, sin brazos y con el estómago abierto, supurando coagulada sangre púrpurienta. Rechinaba los dientes en su dirección inútilmente, mientras él apuñalaba su cráneo con el extremo del mango de Jabberwocky. En un susurró mortal, Leo prometió—: Las teñiré a todas con él. Las mataré a todas. ¡Todas!

Una incontrolable felicidad y locura se hinchaban placenteramente en su pecho. ¡Oh, él únicamente tenía que expresar esta felicidad! ¡Tenía que hacerlo! ¡Sería tan maravilloso que empaparía los suelos con la sangre de los muertos, nutriendo la tierra con sus cuerpos putrefactos!

—A su manera —canturreó Leo, dando vueltas alrededor con Jabberwocky. Rebanó a través de varios cuerpos de Cannibal Marionettes al mismo tiempo, haciéndolas chillar. —A su manera, son todas tan hermosas. —Suspiró la última palabra. Él era más que capaz de hacerlas todavía más hermosas. En su muerte, claro está. Su ropa estaba siendo destrozada y su carne siendo herida de nuevo y de nuevo, pero nada de esto parecía ser registrado por él. Sus pasos nunca titubearon, y él siempre sonreía cuando la hoja de su guadaña rebanaba otro cuerpo.

Esto es lo que quiero lo que quiero lo que quiero.

Eventualmente, se halló caminando por una línea de puestos, arrastrando a Jabberwocky lánguidamente por el suelo, respirando laboriosamente, aunque satisfecho. Muy satisfecho. Sus mejillas se estaban entumeciendo de sonreír, pero su dicha no lo había abandonado. Siempre y cuando hubiese criaturas aún vivientes que matar.

Algo parecía faltar en el aire, sin embargo. El carnaval repentinamente se sentía muy…vacío, de alguna forma. Aún había luces y atracciones, y otros sonidos por encima de los gloriosos cuerpos muertos y la carnicería. Y aun así...

Leo inclinó la cabeza, su sonrisa titubeando un poco. Lacie ya no cantaba más. Bueno, eso estaba bien. El pelinegro conocía la canción de todas formas. La sabía de memoria. Sabía que alguna vez, ésta le había sido cantada a él. Sabía que Glen la tocaba en el piano algunas noches para ayudarle a dormir.

Comenzó como un tarareo que luego se convirtió en una vocalización. La hoja de Jabberwocky se encajó bruscamente en la tierra, esculpiendo un camino que guiaba al pelinegro. —La-la-la la-la-la —cantó, balanceándose e incitando a Lacie. Cuando llegó delante de una montaña rusa en funcionamiento, se detuvo, meciéndose sobre sus talones.

—¡Ahí estás! —dijo animadamente, mirando hacia la barandilla contra la que los visitantes aguardarían para subir a la atracción. Inclinada sobre la fría barandilla estaba Lacie, sonriendo y enredando su largo cabello alrededor de uno de sus dedos.

Ella elevó una ceja ante el estado en que él estaba. —Vaya, estás furioso, ¿no es así?

—Yo simplemente no aprecio a nadie que hiera a aquellos que amo —replicó Leo plácidamente, irguiendo a Jabberwocky.

El resentimiento atravesó la expresión de ella. Obviamente estaba menos que satisfecha con su respuesta. Dando golpecitos contra su barbilla con su dedo, se acercó a él. —Te ves de alguna forma diferente —dijo ella, inclinando la cabeza ligeramente—. Hmm, hmm…—Tras un momento, pareció darse por vencida y extendió los brazos. —¿Y ahora qué? ¿En serio vas a matarme a mí, a la mujer que fue prácticamente tu madre?

Una mirada oscura atravesó las enloquecidas facciones de Leo. —Continúas diciendo semejantes cosas —murmuró él, sus ojos ocultos bajo su flequillo. Su voz era baja y mortal, aunque no estaba haciendo ningún movimiento para herirla—. ¿Por qué crees que me conoces?

Lacie juntó las puntas de sus dedos, sonriendo casi dulcemente. —Porque es así —dijo con nostalgia—. Solías pertenecerme. A los tres…nos pertenecías. —Sus ojos heterocromáticos descendieron sobre los suyos, haciéndole temblar de odio. —Cálmate, Leo, y te contaré una historia que te pondrá direeeecto a dormir~

Escéptico, él clavó su mirada en ella. Una ligera impaciencia se estaba erigiendo en su pecho por serle negada una pelea de inmediato. —¿Qué si estoy cansado de escuchar historias? —inquirió con ligereza, extendiendo la hoja de Jabberwocky hacia ella.

—Ni siquiera estarías vivo si no fuera por nosotros —murmuró ella, entrecerrando los ojos. Le rodeó, su cabello siendo agitado salvajemente por la brisa, como oscuridad extendiéndose hacia él. —Era mediados de Diciembre y Jack, Glen y yo habíamos estado juntos por algunos meses. Se sentía como más tiempo, sin embargo, como si nos hubiésemos conocido unos a otros toda nuestra vida. —Ella dijo esto con éxtasis, sonriendo suavemente.

—¿Quieres saltarte el prólogo? —tronó Leo con impaciencia, haciendo balancear su guadaña una vez. Sonrió abiertamente cuando la nueva marca de un corte apareció en el brazo de ella, manchando su palidez cadavérica de rojo. Lacie se sobresaltó, pero nada alcanzó su expresión. Todo estaba dicho con sus ojos, sin embargo. Ella estaba mirándole con rabia, con el ojo de Elliot. Elliot. Apretando los dientes, gritó en el interior de su garganta, balanceando a Jabberwocky para romper la barandilla. La montaña rusa rugió, apresurándose a adelantarlos.

Satisfecha con esta reacción, Lacie puso las manos tras su espalda y dio un salto hacia atrás. —Aún no estaba nevando, pero hacía frío, demasiado frío para un mero infante mortal que apenas empieza a andar. —Ella movió sus manos y sostuvo a un bebé imaginario, meciéndolo alegremente—. Ahí yacías tú, envuelto en nada más que un abrigo y metido dentro de un callejón basuriento.

Lentamente, el agarre de Leo sobre Jabberwocky se aflojó, y su expresión cayó. No más locura, no más rabia…sólo algo frío y entumecedor. Su origen. ¿Lacie…realmente conocía su origen? ¿Cómo podría estar él tan seguro? ¿No lo recordaría, al menos un poco, ya que Glen lo encontró cuando tenía tres años? Al menos que no fuera sólo Glen.

Las manos de Lacie se unieron, y ella presionó sus palmas, ensangrentadas por hacer pedazos a Oz, contra su pecho. —Eras una cosa tan pequeñita. Yo te vi primero, y Glen y Jack también venían. Todos nos preguntamos por qué un niño de tres años, de entre todas las cosas, sería abandonado en semejante lugar. Después de todo, eras tan normal.

oOoOo

Un llanto ronco provenía del interior de la garganta del niño que Lacie sostenía. Éste temblaba en sus brazos, sus labios resecos y partidos, con lágrimas corriendo por su sonrojado rostro.

Pobrecillo se lamentó Jack suavemente, estirándose. Su mano completa podía fácilmente envolver las dos del chico. La preocupación era profunda en su rostro mientras soplaba su aliento sobre las pequeñas manos. ¿Alguno de ustedes cree que es demasiado tarde para él? preguntó, deslizando una gentil mano a través de su abundante cabello negro. El chico se removió inquieto, lamentándose.

Está llorando ahora, así que seguramente podemos ayudar insistió Lacie. Aunque sinceramente ella nunca había tenido experiencia alguna con niños antes, y mucho menos con niños humanos. Por todo lo que sabía, podría haber estado más allá de toda ayuda. Presionó su dedo contra su boca llorosa, arrullando—: Shh, shh, ya, cariño. Ya, ya, ¿qué bastardo sin corazón podría haber hecho esto?

Glen se movió cerca de ellos, también echando un vistazo al pequeño. El demonio era lo suficientemente inútil cuando se trataba de interactuar con otros, y probablemente estaba completamente perdido intentando comprender a este niño. Lentamente, sin embargo, se despojó de su abrigo negro y lo extendió hacia el chico.

Con una risa seca, Jack apartó sus manos y tomó el abrigo ofrecido. Los humanos son siempre así de ruines. Incluso sin razón alguna, este niño podría haber sido abandonado declaró él. Lentamente, envolvió al niño con el gran abrigo de Glen y el chico se acurrucó dentro de éste, todavía llorando e hipando.

El cabello negro le hizo cosquillas a Lacie en el cuello cuando el chico se inclinó contra ella. Sus pequeñas piernas se enredaron alrededor de su cintura y ella sonrió suavemente. Apartó algunos mechones de cabello y besó la frente del niño. Lo quiero declaró con ternura, abrazándolo cariñosamente.

Glen y Jack intercambiaron miradas. El demonio de cabello negro inclinó la cabeza ligeramente, observando al infante. No veo por qué no. No podemos simplemente dejarlo aquí murmuró, en esa forma ligeramente apática que tenía. Aun así, estaba mirando al abandonado humano con lo que, Lacie sabía, era afecto. Él sólo había dirigido semejante emoción hacia ella misma y Jack. Esto era muy buen indicador de que había aceptado al chico.

Podría ser nuestro hijo concordó Jack con una abierta sonrisa.

Lacie sonrió de forma brillante y el trío descendió por la nevada calle con una nueva adición para su peculiar familia. Dos demonios, un practicante de magia y un humano huérfano. A simple vista, debió haber parecido completamente normal, y aun así estar demasiado lejos de serlo.

Un instinto más bien maternal, que estaba reforzado por los instintos anomalísticos de demonio, tenía a Lacie arrullando al chico. Ella presionó sus palmas contra su espalda y la cabeza, mordiéndole muy suavemente las mejillas. Un juego inofensivo como éste era la forma en que los demonios demostraban afecto a sus pequeños. Afortunadamente, el chico no entró en pánico; por el contrario, parecía bastante calmado con las acciones de Lacie y cerraba sus ojos. Ella no protestó cuando Glen se inclinó para frotar su nariz a través de su abundante cabello negro.

Debe tener una canción de cuna declaró ella cuando estuvieron de vuelta en su hogar. Se trataba de una pequeña mansión que, de acuerdo con Jack, le fue dejada por sus padres cuando lo desheredaron. Supuestamente, una sola sirvienta había vivido alguna vez ahí antes de que Jack la despidiera.

Unos ojos esmeraldas, y otros púrpura eléctrico, lanzaron una mirada hacia ella. Glen estaba en el piano, componiendo algo, y Jack estaba sentado en el banquillo junto a él. El niño abandonado estaba en los brazos de ella y se rehusaba a dejarlo ir. Las mejillas de él estaban rojas por sus mordiscos, pero al menos se veía incluso un poquito menos lamentable ahora. Incluso él encajó sus dientes de bebé en el cuello de ella una vez, haciéndola sonreír brillantemente con felicidad. Ya era de noche, sin embargo, y él todavía tenía que quedarse dormido, todavía colgándose del vestido de Lacie.

Las canciones de cuna siempre ponen a los niños a dormir les explicó. Así que él debe tener una también. Glen, toca la canción que Jack arregló hace unas noches. Terminé de pensar la letra para esta y me gustaría cantarla ahora.

Jack le sonrió, mostrando los dientes. Estás actuando mucho como una madre, Lacie.

Quizá, aunque yo nunca he tenido niños propios replicó ella, echando un vistazo al niño con sus corruptos ojos rojos. Cautelosamente, él miró hacia arriba y le devolvió la mirada. Era la primera vez que lo hacía y ella perdió el aliento ante la vista de sus ojos.

Glen había empezado a tocar las primeras notas de la canción cuando escuchó el jadeo de su hermana y se detuvo. ¿Ocurre algo?

Sus ojos dijo Lacie, apartándole el flequillo. El chico parpadeó casi curiosamente, balbuceando sin sentidos. Lacie asintió, como si él hubiese dicho algo perfectamente coherente. Sí, mi niño; tienes unos ojos muy peculiares.

Éstos eran de una oscura tonalidad de púrpura que ella podría haber confundido con negro de no haber estado en la chimenea. Pero semejante tonalidad no fue lo que captó su atención, fueron las motas de luz dorada dentro de esta. Motas grandes, pequeñas, como diminutas estrellas en sus ojos. Al principio ella creyó que era un truco de la luz, pero la forma inhumana en que éstas destellaban, como si los ojos del chico fueran pozos profundos, le decían que ese no era el caso. Tan hermosas como eran, las destellantes orbes oscuras eran igualmente sobrenaturales cuando ella miraba en su interior por demasiado tiempo.

Así que esa es la razón por la que fuiste abandonado, pensó ella, inclinándose sobre él para cubrir con sus dientes su nariz aún fría.

¿Quieres tocar la canción, Lacie? le apremió Jack, aún en el piano con Glen.

Apartando lentamente sus ojos carmesíes, ella asintió. Sí.

Glen cerró los ojos, volviendo su atención al piano. Sus dedos, ligera y grácilmente, saltaron arriba y abajo mientras comenzaba la introducción de la canción. El sonido hizo eco en la habitación, danzando a través de las paredes como un recuerdo olvidado. Lacie sabía la melodía de memoria, justo como su hermano conocía cada nota. Era una canción que los tres habían producido, algo que todos ellos habían creado, como si un día la canción supiera que encontraría su camino hasta ese niño mortal.

Lacie separó los labios y comenzó a cantar en sincronía con la ejecución de su hermano.

«Un, dos, tres,

Soy una muñeca, una muñeca mecánica.

Dame cuerda, entonces comenzaré a moverme…~»

oOoOo

Un solo dedo fue elevado frente al rostro de Leo, los ojos de Lacie entrecerrándose en su dirección. —Una semana. Sólo una semana después de eso, fui asesinada. Algunos días después, Jack y Glen intentaron traerme de vuelta. Como podrás ver, funcionó, aunque estoy lejos de la perfección. —Ella bajó su mano, frunciendo el ceño y mirando ahora a la distancia. —Perdí mi corazón, ya ves.

—El corazón que los exorcistas te arrancaron —recordó Leo con un semblante indiferente. Así que Glen le había mentido de nuevo. Si Lacie no hubiese sido asesinada ese día…entonces habría sido la mujer a la que él consideraría su madre. Jack sería como su segundo padre. El mero pensamiento le repugnaba infinitamente. No podía imaginar a Lacie como alguien que lo acunaría contra su pecho, mimándole y cantándole parta dormir.

No había forma de que aquello pudiese pasar…y aun así, él conocía esa melodía tan bien…

Con sus ojos heterocromáticos, Lacie volvió la mirada hacia él. —Sí —dijo con una voz que destilaba desprecio. Obviamente ese era un hecho con el que ella prefería no estar. Pero justo tan rápido como su descontento llegó, se fue, y ella sonrió con maldad, entrelazando sus dedos. —Y es tan extraño, ya ves. Me pregunté mucho dónde es que Glen pudo haber dejado mi corazón. Ahora puedo ver que él ha sido un chico más malo de lo que podría haber imaginado.

Leo estaba apenas ligeramente sorprendido cuando ella caminó hacia él, sus ojos rojo y azul destellando con corrupción. Él cruzó a Jabberwocky por encima de su pecho, como un caballero con su espada. Esto no pareció perturbar a Lacie mientras su pie aterrizaba grácilmente sobre el suelo.

—Así que, Leo, mi niño…¿No podrías ser bueno y devolverme mi corazón?

Inquieto, Leo hizo un desagradable sonido de protesta, retrocediendo. —¡Yo no lo tengo! —gritó, estampando su pie en el suelo.

Y aun así…al mismo tiempo…

«¡Como si el corazón de un demonio estuviera latiendo dentro de ti!»

La respiración de Leo se volvió laboriosa. Repentinamente, él quería abrirse el pecho y sacarlo. ¡Sacar esa horrenda cosa! ¡Viviendo por años con ese corazón, un segundo corazón que alguna vez perteneció a Lacie…!

—¡Yo ya era así! —gritó, arañándose el rostro con una de sus manos—. ¡Glen me encontró así!

Elevando una divertida ceja, Lacie colocó sus manos tras su espalda de nuevo. —No, eso es mentira. Usualmente mi hermano no hace tales cosas, pero es bastante talentoso cuando se trata de omitir la verdad —explicó ella—. Esa noche cuando fui resucitada, yo era apenas un poco más que una Cannibal Marionette. El hechizo aún no estaba completo porque yo no tenía un corazón, así que, ¿qué hice? Enloquecí. Ataqué a mi hermano. Estaba tan fuera de mí, sólo deseando matar por un corazón. Mi corazón. Pero…—hizo una mueca, sus ojos moviéndose hacia la barandilla que Leo había destruido antes y se inclinó para tomar una pieza irregular de ésta, su nueva arma que se extendía sólo una o dos pulgadas más larga que su brazo—, pero Glen no me lo entregó —gruñó—. Él lo tomó, a ti con él, y lo escondió dentro de ti. Ahora lo quiero de vuelta. ¡Ahora. Es. Mío! —En un instante, ella se lanzó contra él, su pedazo roto de barandilla erguido, y tomó a Leo un segundo darse cuenta que ella pretendía apuñalarlo.

Él se movió rápidamente, y ella únicamente le rozó por encima de las costillas. Rió, divertido por cuan débil era ella, como si no fuera más que una niña. Y a los niños les gustaba que jugaran con ellos.

Leo juró hacer su mejor esfuerzo por entretenerla.

Ella giró y arremetió con su barandilla rota de nuevo. Leo rió y dio un salto hacia atrás, rebotando contra las puertas encadenadas que conducían a la montaña rusa. Sorprendido por el repentino obstáculo, Leo estaba lo suficientemente distraído para que Lacie abanicara y golpeara sobre el pecho, haciéndole perder momentáneamente el aliento y volviendo blanco su mundo. Jadeó, cayendo al suelo, aunque todavía sujetando a Jabberwocky con fuerza.

Lacie hizo un sonido complacido, y el tubo silbó en el aire por la fuerza con la que ella lo llevó hacia abajo y golpeó su espalda. Leo gruñó, su rostro siendo empujado contra el suelo por la fuerza del impacto. Su espalda y pecho ardían ahora y él luchaba por aire, agarrando tierra con su puño.

Pensando únicamente en los pies de ella ahora, movió su mano bruscamente hacia delante para sujetar su huesudo tobillo y la haló hacia un lado. Él aún estaba intentando recuperar el aliento cuando Lacie gritó y colapsó en el suelo con él. Intentando no desperdiciar la oportunidad, aturdidamente él se puso de pie y se lazó por encima de las puertas bajas. No miró hacia atrás mientras ascendía por las escaleras, encogido de dolor y usando su guadaña como un soporte improvisado.

—¡Devuélveme mi corazón! —gritó Lacie. Las cadenas chasquearon cuando ella también arrastró su cuerpo por encima de las puertas.

La montaña rusa pasó zumbando al lado de Leo mientras él alcanzaba la cima de las escaleras y tomaba una profunda respiración. A pesar de que podía sentir que comenzaba a amoratarse por los golpes, podía respirar mejor ahora. Se estiró a una postura erguida, descendiendo su mirada sobre Lacie que se lanzaba subiendo por las escaleras.

—¡Eres muy persistente! —elogió él, riendo. Antes de que ella pudiese llegar muy lejos, él rebanó una profunda herida en su costado que la hizo chillar de agonía. Satisfecho por el sonido y la vista de una de sus costillas sobresaliendo grotescamente, soltó una risita. Pronto, su blanca existencia sería pintada de negro y rojo.

Girando una vez, gritó hacia ella—: ¿Te duele ya? ¡Dime, dime, por favor!

—¡Te mataré, tú maldita mierda! —aulló Lacie mientras luchaba por mantenerse de pie. Su sangre salpicaba las escaleras plateadas mientras se tambaleaba hacia él. Ríos carmesíes descendían por su pierna, pintándola casi por completo de rojo. Aún así, ella mantenía firmemente su agarre sobre su pedazo de barandilla.

Su desmoronada compostura hacia a Leo marearse. No podía esperar para ver lo que ella haría a continuación. Aquello terminó siendo un error cuando, con un rápido movimiento, ella abanicó hacia su tobillo y él se desplomó en el suelo tras de un horrible sonido crujiente.

El dolor estaba ahí, pero la crueldad de ella lo hacía feliz. Él se rió como un demente, inhumanos sonidos de una insana alegría escapando de su garganta. —¡HAHAHAHAHAHA! ¡HA! ¡HA! ¡HEEHEEHEE! —Su cuerpo convulsionaba por la risa, pero aun así notó cuando Lacie estuvo encima suyo, el tubo elevado. El pelinegro rodó justo cuando ella se movió hacia abajo, golpeando el suelo metálico con un resonante ¡clang!

—¡Con cuidado! —se burló Leo con una mirada maliciosa—. No quieres dañar tu corazón, ¿cierto?

Con los dientes desnudos, ella gruñó. —¡Mi corazón será todo lo que quede de ti! —prometió, abanicando de nuevo hacia abajo.

Esta vez, Leo se incorporó y brincó sobre las vías de la montaña rusa. Lacie le siguió, cargando para otro apuñalamiento. La punta rota cortó su pierna, pero sólo eso. Leo tuvo que moverse rápidamente para compensar su tobillo roto, aunque mantuvo su distancia con ella, usando a Jabberwocky.

—No puedes engañarme —dijo ella con voz ronca, sujetándose el costado—. Conozco a Jabberwocky mejor de lo que tú jamás lo harás.

—Aún, soy yo quien lo sostiene —devolvió él con una mortal voz provocativa.

Lo que pasó después, fue tan rápido que Leo estuvo seguro de que no fue un instinto humano lo que le ayudó. Lacie emitió un sonido frustrado y se lazó a apuñalarlo una vez más. Leo montó a Jabberwocky, sus piernas a cada lado, justo para tomar el tubo y enterrarlo directamente en la pierna de Lacie. El grito de ella hizo eco en sus oídos, destrozándole los tímpanos. Se sentía como si la sangre brotara alrededor de la herida. Leo rió ante el sonido de éste.

—¡TÚ, MALDITA MIERDA! ¡¿CÓMO TE ATREVES A HACERME ESTO A MI?!

Leo revoloteó justo lejos de su alcance, sonriendo alegremente. —Dime, Madre —se burló, escupiendo la palabra—. ¿Amas las atracciones del carnaval? Yo jamás he estado en uno así que me gustaría conocer tu opinión.

El pecho de Lacie pesaba con respiraciones laboriosas, su cabello luciendo más enmarañado y desordenado que el suyo. Bajo su oscuro flequillo, él aún podía ver el destello del ojo de Elliot. Entrecerrando los ojos, se deslizó hacia ella y acunó bruscamente su rostro. Ya había sangre reseca acumulándose alrededor de su nuevo ojo azul.

—NO. TE. ATREVAS. —Le advirtió ella, tratando de escabullirse de su agarre.

Ignorándola, Leo embutió dos de sus dedos mas allá de su párpado, moviéndolo para obtener un mejor agarre sobre el ojo. Sintió la sangre espesa y algún otro extraño fluido, pero por una vez no pudo disfrutar la sensación. Enganchó sus dedos, extrayendo el glóbulo ocular hasta que retiró su mano bruscamente, un grueso nervio óptico, rojo y rosado, arrastrándose tras éste. Un chapoteó y un estallido siguieron a la acción.

Lacie se desplomó sobre la vía, sangre cubriéndola por todas partes. Su pierna estaba doblada en un ángulo extraño por el pedazo de barandilla todavía atravesándole, y se sujetaba el ojo.

—Esto no es tuyo —le reprendió él, acunando el ojo de Elliot hacia sí—. Y tu corazón —le fulminó con la mirada—, es mío ahora.

—¡TÚ, PEQUEÑA MIERDA MALVADA! —Lacie se estiró y Leo reaccionó demasiado tarde. Había estado revoloteando demasiado bajo y no estaba preparado cuando Lacie sujetó su brazo, descendiendo para agarrar su puño, el que estaba sujetando el ojo de Elliot. Ella apretó con mucha fuerza, y Leo gritó que se detuviera, pero ya podía sentir el ojo aplastado en su mano. Un líquido fluyó del interior de su puño hasta la muñeca de Lacie, y ella sonrió abiertamente con satisfacción.

Leo gritó, viendo rojo una vez más. —¡MUERE! —Se alejó de ella, lágrimas corriendo por su rostro antes de que él pudiese detenerlas. Revoloteó lejos, pero aun así se concedió a sí mismo una buena vista del show por venir.

Al mismo tiempo que se alejaba, Lacie pareció notarlo. Su ojo restante se ensanchó y miró a sus espaldas, hacia donde el carro de la montaña rusa se precipitaba hacia ella. Las vías cimbraron mientras se acercaba más y más. Presa del pánico, ella intentó moverse, sólo para encontrar que el otro extremo de la barandilla ensartada en su pierna estaba incrustado entre dos tablones de madera.

—¡N-no! —exclamó, tratando de liberar su pierna.

La anticipación estaba erigiéndose de nuevo en el pecho de Leo, y su sonrisa se ensanchaba. De nuevo y de nuevo, él pensaba sobre su muerte, esperando, ¡esperando…!

Lacie alcanzó la barandilla, intentando sacarla, Pero era demasiado tarde. Hubo un fugaz grito, cortado por el impacto de carne golpeando el carro. Al principio, la atracción pareció atascada, pero esta presionó hacia delante con un sonido de huesos crujiendo bajo sí. Casi fue demasiado para Leo ver el mutilado cuerpo de Lacie caer al suelo. Una risa maniática desgarró su garganta, lágrimas corriendo por sus mejillas, aunque si eran de alegría o algo más, Leo no estaba seguro. Ni le importaba. Voló por encima del cuerpo de Lacie, todavía riendo.

La mayor parte de la carne de Lacie estaba desgarrada y cubierta de heridas abiertas. Su vestido estaba envuelto como harapos sobre su cuerpo. Pedazos blancos de hueso se asomaban por debajo de su piel, y su ojo rojo restante estaba ensanchado por el horror. Sólo una de sus piernas estaba unida a su cuerpo. La otra estaba claramente fuera de la coyuntura por la forma en que estaba torcida.

Jabberwocky se marchó en una nube de humo púrpura y Leo se tiró al lado de ella, sonriendo abiertamente. —¡Bastaaaaaaaante muerta~! —declaró, triunfante—. ¡Regresaste a la vida, y aun así moriste! ¡Aún moriste! ¡AHAHAHAHAHA!

—¿Leo?

Justo así, Leo dejó de reír. Lentamente se puso de pie, mirando hacia el chico de pie delante suyo, a unos cuantos pasos de distancia. Estaba sosteniendo lo que parecía un machete bien empleado, y algunas de las costuras manteniéndolo unido estaban deshechas. Sin embargo, todas sus extremidades estaban en una pieza, aunque ensangrentadas. Sólo dos heridas eran visibles sobre su bronceado cuerpo, sin incluir el agujero excavado en su rostro donde alguna vez hubo un ojo.

Era el chico más atractivo que Leo hubiese visto jamás, y el rostro del pelinegro se iluminó ante la vista de él.

—Elliot —suspiró, sus mejillas inundándose de calidez—. Estás aquí.

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Anotaciones:

[1] Ball Jointed Dolls por Hatsune Miku y Meiko

[2] ¡Nota flotante! – porque en realidad esto debió haber sido aclarado por mí en el prólogo de esta traducción y no lo recordé sino hasta que este capítulo llegó. Hitsugi Zirkus desarrolló la trama de "Clockwork Circus" en una especie de universo alterno de los años 1800's ya que ella quería emplear el mismo realmo temporal que calculaba para Pandora Hearts, pero menciona una Rueda de la Fortuna y una Montaña Rusa entre las atracciones del carnaval y éstas no existieron en buenas condiciones sino hasta finales de los años 1800´s y principios de los 1900's.


N/T: Es ahora cuando todos soltamos un suspiro tembloroso y nos abrazamos, intentado procesarlo todo. Les dije que les iba a gustar este capítulo; no sólo hemos visto el pasado de Leo y el plot twist más grande de esta historia sino que también presenciamos la caída Lacie de la forma más sangrienta posible – y sé que tod l s Lacie-haters allá afuera amaron este hecho más que nunca xD. Sin embargo, hay que recordar que Jack aún está ahí afuera, jugando a The walking Dead con una guadaña que no le pertenece… Pero bueno, qué final, ¿no? Tenemos un súper cliffhanger aquí porque Elliot finalmente se topó con Leo en el momento menos idóneo y aún falta su reacción a la muerte de Lacie. No todo será flores y arcoíris con este encuentro. *suspira*

Y no sé ustedes pero yo amo esos ataques de locura de Leo, son tan…aterradores y lindos al mismo tiempo. Debe ser una cosa sólo de Leo…xD. Ya hace mucho que esperábamos que perdiera los estribos de una buena vez y Lacie – pobrecita. A pesar de todo, siento pena por ella – siempre supo exactamente que botones presionar para descolocar a la gente.

¡Oh! Y esto sonará bastante random pero…yo también quiero un beso esquimal de Glen…jajajaja.

En otros asuntos, muchísimas gracias a todos los que leen, comentan y en general están al pendiente de esta traducción y soportan mis tardanzas. ¡De verdad, son los mejores! Y hago una mención especial para Annabeth-Cyone, PerlhaHale y Gemini in Tauro que dejaron comentarios en el capítulo anterior. Prometo responder con calma sus comentarios, ya sea por PM o en el siguiente capítulo.

¡Saludos a todos!

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Editado: 14/12/2016