El plan de Amanda había salido a la perfección en el torneo de Quidditch. Logro acercase aún más con Lucius Malfoy.
"…Para mi será un placer trabajar con usted, Amanda"
¿A qué se refería Lucius con "trabajo"?, Amanda no estaba muy segura, pero si Lucius creía que con trabajo se iba a eliminar la sangre impura del mundo mágico, pus muy equivocado estaba. Sus sueños de mundo perfecto estaban muy por encima de las nubes.
"Le sugiero – dijo en voz baja y acercándose cada vez más al oído de Amanda – que después del partido, abandone la zona. Nos pondremos en contacto muy pronto"
Esas habían sido las palabras más reveladoras que Lucius pudo haberle dicho a Amanda esa noche. Y efectivamente, después del partido, venían las celebraciones por el triunfo de los búlgaros, era el momento perfecto para que los mortífagos atacaran el lugar.
Episodio II, Capitulo III
Efectos secundarios
– ¿Sabes algo de Harry? – preguntó Sirius que había dejado a un lado su periódico
– El señor Weasley lo encontró justo a tiempo, estaba desaparecido – contesto Amanda desde el otro lado de la habitación
– Ese chico siempre está metido en donde nadie lo llama, es igual a su padre
Ya habían pasado 3 meses desde que Sirius llegó a la mansión de Amanda. En un principio, Sirius siempre manifestó la idea de querer salir al pueblo más cercano, según él necesitaba aire fresco. Amanda siempre le contestaba que no era seguro que saliera, ni siquiera transformado en perro, Dumbledore lo había dejado muy claro.
Amanda se levantó de su asiento corrió hasta su habitación, no se había demorado más de 5 segundos en ir a por su cosas. Se acercó a la chimenea del living y lanzo un puñado de polvos al fuego. – Es hora de irme, adiós.
Sirius toma rápidamente la muñeca de Amanda antes de que atravesara las llamas de la chimenea – prométeme una cosa – Amanda se giró y vio como los dedos de Sirius acariciaban con sutileza su piel – ven más seguido, estar solo es como… volver a estar en Azkaban – la mirada de Sirius se mantuvo firme, pero Amanda había experimentado una sensación de agrado al ver sus dedos jugar con su muñeca.
– Haré lo posible Sirius… no puedo asegurarte nada – Amanda quito su muñeca de la mano de Sirius y dijo – ya sabes lo que tienes que hacer si alguien entra a la mansión. Dejaré a Wizing a tu servicio, el iría a Hogwarts por si tienes alguna emergencia.
…
Amanda se encontraba en la torre de Astronomía, en lo más alto de Hogwarts. Observaba a la gran multitud de magos que habían asistido a la conmemoración a los caídos en Hogwarts.
En el patio estaban las fotografías de todas las personas fallecidas esa noche, las fotografías flotaban quietas, una al lado de otra, muchas de ellas tenían dedicatorias, flores, regalos y velas. A un costado había música dirigida por el profesor de música. El ambiente era tranquillo, respetuoso y con mucha armonía. Amanda no tenía con quien compartir nada, no era sociable con nadie. De pronto pensó que la mejor manera de despedirse de una vez por todas de Hogwarts, era visitando el despacho de Dumbledore por última vez.
.
La mujer camino con lentitud por todo el despacho de Dumbledore, mirando cada detalle, cada lugar.
Aun puedo ver sus ojos negros
Llego hasta el escritorio, había polvo sobre él, eso le recordó a su mansión antes de que Sirius llegara a ella. Sobre él no había nada más que una lámpara.
Aun puedo sentir el olor de su piel
Y allí estaba, mirando a Amanda desde el mismo lugar de siempre, cada vez que entre los tres platicaban sobre asuntos privados, Severus Snape siempre se colocaba en el mismo lugar, de pie, en silencio, como si todo lo calculara en su cabeza.
…puedo sentir lo fría que estaba.
Amanda se acercó a lo que parecía ser un fantasma, Snape llevaba su túnica negra, no había nada diferente, sea lo que sea que estaba viendo, a ella le gustaba. Sus ojos comenzaron a llenarse de las lágrimas de los vampiros, lágrimas de sangre.
– Debes dejar de mirar tan seguido ese pensadero – dijo la voz de Dumbledore.
Amanda se giró rápidamente y miro hacia arriba por la pared. Había un Albus Dumbledore pintado en un gran retrato, el anciano miraba con una sonrisa a Amanda, sus tiernos ojos azules estaban por encima de sus lentes dorados de media luna.
La mujer paso rápidamente el puño de su blusa por sus ojos, no era el momento indicado para mancharse la cara con sangre. Pero antes de que Amanda pudiera hablarle al retrato de Dumbledore, encontró el retrato de Severus Snape que no estaba tan lejos con la de Dumbledore, el hombre estaba sentado en la silla del director durmiendo.
– Llevara tiempo que despierte – Dijo Dumbledore mirando el retrato de Snape, el anciano quito a mirada del retrato y miro a la mujer con una sonrisa – ¿y bien?
– ¿Y bien qué? – pregunto casi en voz baja.
– ¿Alguna novedad?
– Nada por ahora. Deberías preocuparte por lo que está pasando ahora.
– De eso también – dijo levantado un dedo –…Quiero que tengas cuidado, debes estar alerta a cualquier cosa, no te fíes de nadie Amanda.
La mujer miro con el ceño fruncido ante la advertencia de Dumbledore, junto con eso, sintió como dos personas subían las escaleras del despacho del profesor– ¿Hay algo que quieras compartir Dumbledore? – Pero Dumbledore solo se levantó de su asiento y salió de su retrato.
Amanda decidió que lo mejor era esconderse y escuchar a que venían dos personas al despacho de Dumbledore.
…
Sirius había quedado perplejo con la portada del diario El profeta: "El niño que vivió irá por la copa del torneo"
– No lo puedo creer, ¿por qué Harry haría esto? – Preguntó Sirius sin dejar de sostener el periódico
Amanda soltó un bufido de su boca – ¿estás seguro de que conoces bien a tu ahijado? – Sirius no dijo nada, se veía concentrado leyendo – Dumbledore cree que lo mejor será mantener las cosas como están y no interferir – en ese momento Sirius deja el periódico a un lado y mira a la vampiresa –…si queremos saber quién es el responsable de todo esto, tendremos que llegar hasta el final.
– Es algo arriesgado, pero… es un Potter, se ha zafado de cosas peores. Le escribiré esta tarde.
– Te sugiero que utilices la chimenea, el ministerio está colocando sus narices en todo esto, no queremos que intercepten tu querida carta.
– No será problema. Para Harry soy Canuto, nadie me conoce como Canuto.
Amanda se acomodó en su asiento y miro con sorpresa al mago – Así que tú eres Canuto, ya sabía que me parecía conocido aquel nombre – Pero Sirius no dijo nada – lo leí en el mapa del merodeador.
– ¿El mapa? ¿Dónde encontraste ese mapa? – pregunto con una sonrisa.
– Remus Lupin lo tenía en su despacho.
–…Que recuerdos, gracias a ese mapa hacíamos todas las travesuras que queríamos, incluso salíamos del castillo a acompañar a Remus en sus transformaciones, todas las lunas llenas, no nos perdíamos ni una.
– Remus es una gran persona, un buen mago, me alegra de que aun existan magos como él.
– ¿Y yo? ¿Yo no soy un buen mago? – pregunto con un tono seductor.
Amanda miro con una mezcla de extrañeza y diversión a Sirius Black – Te estas comportando de una manera bastante extraña Sirius Black – La vampiresa se levantó y camino hasta su escritorio para ir en busca de su pipa.
– ¿Recuerdas cuando nos conocimos Amanda? – Se levantó y camino tras Amanda – Dumbledore fue nuestro anfitrión – Amanda preparo su pipa y la encendió – fue una noche bastante movida, habían muchos mortífagos en esa época – pero la vampiresa seguía sin decir nada, seguía pensando. Sirius coloco sus manos en los bolsillos de su bata de terciopelo gris y guardo un momento de silencio –…si no hubiese ido a Azkaban, ¿crees que aun estaríamos juntos? – Amanda libero una bocanada de humo blanco sin dejar de mirar a Sirius.
– Ahora lo entiendo… – dijo sacando la pipa de su boca – debí advertirte sobre sus propiedades… – dijo entre risas mientras caminaba nuevamente a los sofás.
– ¿Cómo? – pregunto confundido Sirius
– Mi sangre – Amanda se giró – esa noche que tenías las heridas en tu rostro, te curé con mi sangre – Amanda siguió jugando con su pipa – no dejas de pensar en mí, y mucho más que estas aquí, en mi mansión, solo y sin distracciones – Sirius solo miraba a Amanda, sabía que todo era cierto, Sirius no dejaba de pensar en Amanda desde que se había ido a Hogwarts, imaginaba su rostro, sus ojos, su boca, su cuerpo. Por las noches soñaba que la besaba, otras en que solo conversaban y las que más le impresionaban, un sueño en donde ambos compartían la cama – ¿o me equivoco? – pregunto divertida. Sirius sin decir nada, se acercó a Amanda y le quito su pipa con lentitud.
– ¿Hace cuánto que no bebes de sangre humana? – Sirius fumo de su pipa y se tomó el tiempo de disfrutarlo para por fin expulsar su humo – Quiero darte mi sangre.
Esas fueron las mismas palabras que Sirius utilizo para acercarse a Amanda hace muchos años atrás. Los vampiros valoraban mucho a los humanos que ofrecían su sangre ya que era una especie de regalo, sobre todo para aquellos vampiros que valoraban la vida humana. Pero todo tiene su trueque, muchos de esos humanos pedían protección.
– ¿A cambio de qué? – preguntó en voz baja la vampiresa.
– De nada… estoy en deuda por ser acogido en tu mansión, creo que es lo mínimo que puedo ofrecerte.
La mujer soltó una sobria risa y le quito con delicadeza la pipa de las manos del mago – ¿lo mínimo? – Amanda se giró y volvió a sentarse en su sofá – creo que rechazaré tu oferta, de momento, espero aun siga en pie cuando se te pasen esos efectos secundarios.
