Disclaimer applied.
Link al original: (/s/7416004/1/Clockwork-Circus)
Advertencias: Gore, locura, lenguaje inapropiado y cosas oscuras. Descripciones gráficas. Muerte de personajes. Menciones de abuso. La traductora y sus horrores ortográficos.
N/T: En realidad hay un montón de cosas que quisiera decir justo ahora pero las dejaré para el final porque quiero que disfruten de la lectura sin que yo les suelte un mega discurso. Así que...eso.
También les recuerdo que el siguiente "capítulo" es la Playlist que mencioné antes. Los invito que al terminar de leer vayan y escuchen las pistas ahí enlistadas ; ).
To Hitsugi: Well, it's done. It took me a while but now, epilogue posted, I can proudly announced that the translation of "Clockwork Circus" is complete. Cheers! :D. Thanks again for allowing me to translate this insanely wonderful fanfic of yours and for your support along the whole thing. You're such a wonderful person and an equally brilliant writer (also I hold you responsible for Elleo being my OTP...hahaha). I hope my translation has done justice to your work : ).
Ahora sin más preámbulos, ¡feliz lectura!
Llamada a telón: Un epílogo
.
Todos nosotros
moriremos
con algo perdido –
Una familia, un amigo, alguien amado.
Un ojo, una cura, un corazón.
Algo perdido que crea
un pozo de dolor
y arrepentimiento –
Una pena abismal
que parece nunca podrá ser llenada.
«En realidad esto es todo culpa mía, Elliot. Lo siento tanto. Quisiera revertirlo. Todo esto. Yo sólo...si pudiera retroceder en el tiempo...¿habría...allí algo que pudiera haber hecho? Lo siento.»
Solía no preocuparme por ello –
por cualquier cosa perdida,
ni siquiera el par de mi corazón.
Eso fue antes de conocer a Leo
quien en realidad ya tenía dos corazones.
Pero eso está bien. Está muy bien.
De todos modos, él aún tiene un montón de cosas perdidas.
Justo como yo.
Y yo no quiero morir así –
Nunca más.
Porque
todos nosotros nacemos
deseando más de lo que ya tenemos.
«Por favor, sé que es mucho pedir, especialmente porque yo...te he hecho pasar por mucho. Pero yo aún quiero estar contigo. Elliot, sabes cómo soy, pero todavía estás aquí. Y te necesito. Te necesito a mi lado. ¿Qué...opinas al respecto?»
Y una vez que deseo algo,
no puedo dejar de hacerlo.
Esta vez
no permitiré que nada me sea arrebatado.
No mi familia, amigos o identidad.
No un corazón, o un ojo, o mi cordura.
Esto es quien soy,
un fenómeno en un circo en ruinas,
desgarrado miembro a miembro
y sostenido sólo por hilo.
Pero mi nombre artístico es engañoso
porque siempre puedo
volver a unirme de nuevo.
oOoOo
El agujero en el rostro de Elliot no dolía, no tanto con antes. Aquel había sido verdadero dolor. Las uñas de Lacie encajándose dentro de él, rebuscando más profundamente en su interior mientras envolvían su ojo. Elliot había gritado de pura y desenfrenada agonía mientras el nervio óptico era halado y cortado. E incluso si permaneció fuerte por sí mismo y por Leo, no era algo que él quisiera experimentar de nuevo.
Se estaba mirando en el tocador de la habitación de Leo, buscando la cuenca sin ojo tan espeluznantemente oscura y vacía. Hacía algunos minutos, Sharon le había dado una venda para colocársela encima. Con movimientos casi mecánicos, él la envolvió alrededor de su cabeza, sobre su ojo. Lucía tan roto con la tira blanca de la venda, las gruesas equis de las suturas, las heridas enrojecidas de las mordidas y los cortes. Por alguna extraña razón, esto le hizo sonreír con fatiga.
Leo estaba sentado en la cama, sin camisa, su mirada apartada de Elliot y fija en el reloj de péndulo marcando el tiempo en una esquina. La mansión Baskerville estaba agobiantemente silenciosa, y por un segundo Elliot se sintió aprehensivo de siquiera respirar. El circo siempre había sido bullicioso. Era tranquilo aquí. Grande y frío, y vacío, incluso cuando el sol de la mañana exudaba a través de las cortinas cerradas. Esto hacia sentir a Elliot como si estuviese en una versión más grande de su vagón, en el cual probablemente jamás estaría de nuevo.
—Hey, ya no estás pensando en ello, ¿o sí? —inquirió Elliot, acercándose a Leo. Se sentó a su lado, las sabanas acolchadas arrugandose bajo él. Su muslo rozó contra el de Leo, y su mano estaba tocando cuidadosamente la del pelinegro. —Te lo dije, como se lo he dicho a ellos: nada es culpa tuya.
Mucho se había perdido la noche anterior. Elliot aún no había comprendido la gravedad de ello, incluso cuando entregaba lentamente el pesado cuerpo sin vida de Oz a Gilbert. Intentó no pensar en lo obvio que había sido el que Gilbert había dejado de respirar al avistar a Oz.
Ninguno de ellos había explicado nada aún. Elliot había tenido que asegurarles a todos, pero especialmente a Vanessa, que nada de esto había sido culpa de Leo, o los otros Baskervilles quienes estaban merodeando cerca de las sombras de la habitación. Vanessa únicamente había llorado, acunándole, tocando ligeramente alrededor del agujero que solía contener su ojo.
Sabía que rompería a su familia de fenómenos el regresar así. Elliot simplemente no había esperado romperse él también mientras se apoyaba pesadamente contra la forma acuclillada de su hermana, las lágrimas escosiendo también sus ojos. Aquello sólo pasó. Dolorosamente.
Los dedos de Leo estaban acariciando las nuevas suturas en su costado que Sharon le había cosido, remendando la puñalada que Jack le había inflingido allí. Elliot tocó con gentileza la pálida piel, trazando con sus dedos sobre varias cicatrices viejas. ¿Cuánto había peleado Leo antes de él? ¿Cuántas veces su cuerpo había experentado semejante dolor?
Unos ojos abismales descendieron sobre él cuando Leo retrocedió de un salto. —Elliot, yo–...
Rápidamente, el rubio le interrumpió—: Si vuelves a decir que lo sientes, simplemente me iré. No estoy aquí para escucharte pedir perdón por algo que no sabías que ocurriría —dijo él, cruzándose de brazos. Tanto como él admiraba a Leo en algunos aspectos como el ser comprensivo y tolerante, realmente odiaba cómo el pelinegro se mortificaba con las cosas. Eso hacía a Elliot querer propinarle un puñetazo.
Leo sacudió la cabeza, abrazándose a sí mismo fuertemente. —Pero, dije un montón de cosas antes, y yo simplemente...no me siento así de fuerte. A cerca de nada. Excepto una cosa —murmuró.
Elliot enarcó una ceja. —No tienes que ser fuerte inmediatamente. Hazte responsable de tus palabras y entonces sólo enfocate en esa única cosa.
El rosa coloreó las mejillas de Leo. —Se...se trata de ti —dijo él suavemente. Cuando los ojos de Elliot se ensancharon, el pelinegro pareció avergonzado. —Elliot, he sido capaz de muchas cosas gracias al apoyo de mi familia. Y tú...me haces sentir mejor sobre mí mismo en muchas formas que nadie ha hecho. Si te marchas ahora, yo...
Elliot apartó lentamente la mirada, colocando un poco de su sucio cabello tras su oreja. —El circo probablemente se ha acabado ahora. Y...nosotros necesitamos un lugar donde quedarnos. Lily estuvo diciendo que podíamos quedarnos aquí. O creo que ese sería el resumen...considerando su llanto...Um, los otros probablemente necesitarán ser convencidos, pero —sonrió de forma incómoda, estirando su mano para acunar el rostro de Leo—, creo yo que podría estar bien aquí. En tanto tú no salgas huyendo.
Por un segundo, pareció como si Leo no hubiese procesado las palabras. Lágrimas sin derramar estaban navegando en los ojos del pelinegro. Luego él compuso una sonrisa, riendo entre dientes con incredulidad. —¿Parcialmente-demonios y fenómenos? Debes estar loco —dijo con una voz acuosa, inclinándose contra el tacto del rubio.
Con insistencia, Elliot le otorgó a Leo una mirada firme. —Lo haré. Quiero quedarme aquí. Los demás también tendrán que hacerlo, por lo menos hasta que realicemos el funeral de Oz.
El aire juguetón abandonó la expresión de Leo y pareció arrepentido. Seriamente, parecía estar considerando sus palabras. —¿Cómo crees que...Gilbert y los otros vayan a reaccionar una vez que les contemos todo? Ninguno sabía siquiera que Lacie era un cadáver reanimado, mucho menos que Oz era mitad demonio. —Tras un breve silencio, él suspiró, apartando la mano de Elliot. —¿Sabías que Oz tenía miedo de cómo reaccionaría Gilbert?
Elliot no lo sabía. Después de todo, Oz no había sido más que un simple fenómeno hasta hace una horas, un chico con la cara deforme quien siempre le molestaba igual que un hermano menor. Un ceño fruncido arrugó la frente del rubio cuando se dio cuenta de algo. ¿Alguna vez siquiera le llamé hermano sólo por hacerlo feliz?
—Eramos bastante parecidos. Yo también...estaba asustado —el semblante de Leo se ensombreció—. No quería que supieras...sobre lo mucho que me gustaba matar. Estaba asustado de que no me aceptaras. Ni siquiera sabía que deseaba aceptación hasta ti; la forma en que actuaba mi familia cuando me salía de control...yo simplemente pensé que así sería siempre con todas las personas a las que conociera.
La tristeza estaba ahí de nuevo, años del dolor de Leo bajo ella. Elliot odiaba el escucharla. Odiaba el no haber conocido a Leo durante más tiempo. Quizá entonces, y él era lo suficientemente egoísta para pensar en ello, habría sido capaz de llevarse al menos un poco de la locura del pelinegro. No que Elliot no haya experimentado su propio tipo de infierno también en su vida. Había bastantes cosas que él jamás sería capaz de olvidar: la primera vez que fue cosido, cuando él y Vanessa encontraron el circo, cuando Isla Yura lo tocaba...la risa de Lacie, la sonrisa de Oz, aquellos interminables días caminando a través de una cuerda floja sin que se le permitiera jamás llegar al otro lado.
Quizá ya era hora de hacerlo. Cruzar hacia el otro lado. ¿Por qué no, si ya ha pasado por cosas peores? Y tomando en cuenta los eventos de la noche anterior, él lo estaba haciendo condenadamente bien controlándose.
Así era como sabía que Leo también podía lograrlo.
—A Glen le habría gustado que todos ustedes en el circo se quedaran aquí. Así era como me gustaba pensar antes —dijo Leo, descansando contra el hombro de Elliot, sin notar siquiera que el rubio sólo le prestaba atención a él. De nuevo, quizá esa era la razón de que Leo siguiera hablando, cavilando pensativamente. Tras una noche de interminables eventos sin pausa, se sentía extraño reflexionar sobre todos ellos, aunque aquello también proporcionaba el alivio de la liberación.
—¿No crees que a él aún le gustaría vernos a nosotros, los fenómenos, corriendo por aquí? —rió el rubio. Presionó sus labios contra el sucio desastre que era el cabello de Leo.
Aquello hizo reír al pelinegro entre dientes mientras entrelazaba sus dedos con los de Elliot. —Glen siempre fue bastante torpe en el rol de padre. Aunque supongo que no muchos demonios son forzados a tomar ese papel. Probablemente jamás habría tenido que hacerlo si él, Lacie y Jack no me hubiesen encontrado... —apretó la mano de Elliot entonces, buscando consuelo incluso cuando sus palabras contenían también demasiado cariño por su fallecido padre adoptivo.
Un montón de cosas se hallaban rotas justo ahora. Demasiadas cosas se habían perdido. El velo de la muerte aún pendía pesadamente sobre ellos, sobre cada uno de los que se encontraban en la mansión Baskerville. Pero Elliot sabía mejor que nadie que semejantes cosas podían ser remendadas. Él no podría abandonar a Leo ahora, aun si lo deseara. Después de todo, jamás querría volver a ver aquellas manos teñidas de sangre. Jamás querría ver una sola lágrima caer de sus encantadores ojos.
Elliot inclinó la cabeza hacia adelante para besar a Leo directamente en los labios. No estaba seguro de dónde había venido aquel impulso. Pero al pensar sobre ello, ¿necesitaba una razón? Aparentemente, Leo no la necesitaba tampoco mientras se presionaba tiernamente contra él, sus labios moviéndose suavemente contra los suyos. El corazón de Elliot se aceleró bajo su suturado pecho. No, nadie normal habría obtenido semejante reacción de él.
El pelinegro suspiró durante el beso, nostálgico. —Esto es tan extraño. Nunca en mi vida me imaginé que alguna muñeca de trapo/artista circense estaría sentado en mi cama, besándome —murmuró él, presionando una vez más sus labios en los de Elliot. Era como si hubiese estado pensando lo mismo que el rubio. ¿Quién querría algo ordinario, de cualquier forma?
Con un resoplido, Elliot se apartó, sacudiendo la cabeza. —Leo Baskerville, ¿aún tienes metido en la cabeza que algo en nuestras vidas es normal? Eres tan extraño.
Ninguno de ellos pareció notar que el reloj de péndulo había dejado de funcionar.
Acta Est Fabula. [1]
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Anotaciones:
[1] Acta Est Fabula: "La obra ha terminado" en latín.
N/T: Damas y caballeros, he aquí el final de "Clockwork Circus". Ha sido un largo camino hasta aquí, cuatro años para ser precisos, en los que he aprendido mucho y mejorado otro tanto a través de esta traducción que, curiosamente, hubo de empezar en Marzo para terminar también en Marzo :D.
Haber traído esta historia al fandom en español ha sido sin duda un verdadero placer, y tras este largo viaje me parece justo y apropiado agradecer a ustedes, lectores, que estuvieron conmigo durante la travesía leyendo, comentando, agregando a favoritos y alertas, y en general soportando mis errores y monumentales retrasos con la paciencia de un santo. ¡Muchísimas gracias por su apoyo! Sinceramente les digo que esta traducción no hubiese sido posible sin ustedes y esa motivación que me daba saber que estaban disfrutado de esta historia tanto como yo la disfruté en su momento :').
Ahora que he terminado con este proyecto no tengo muy en claro lo que haré a continuación. Me gustaría hacer otra traducción pero no he pensado en ninguna historia en específico, e igualmente he contemplado el trabajar todas esas ideas que tengo atoradas en el tintero o embarcarme en un nuevo fandom. ¿Qué opinan ustedes?
Oh bueno, antes de irse no olviden dejar un comentario aquí abajo con todas sus dudas, quejas, sugerencias y arranques de locura xD. Yo por mi parte les agradezco una vez más por estar aquí y les mando un enorme abrazo de oso allá a donde estén.
Saludos,
Any.
