I

Don't get too close,

it's dark inside,

it's where my demons hide,

it's where my demons hide.

-Demons, Imagine Dragons

Le dio una larga calada al cigarrillo para desaprovecharlo lo menos posible, y al echar el humo, lo tiró al suelo y lo pisó. Entró en el instituto justo antes de que sonara la campana, y la profesora aún no había llegado a clase cuando ella ocupó su pupitre, en la última fila.

No es que normalmente se fijara en sus compañeros de clase (pasaba olímpicamente de la mayoría, en realidad), pero aquel día hubo una que le llamó particularmente la atención. Entrando por la puerta… ¿Una nueva? De tez no demasiado pálida, unos electrizantes ojos del color del cielo… No, aquella era Thalia Grace; llevaba en su clase todo el curso: una chica cerrada con mirada resentida que nunca se metía en asuntos ajenos; no despertaba la simpatía de todo el mundo, precisamente, aunque parecía capaz de defenderse por sí misma. Era una de las pocas personas que le caían relativamente bien de aquel lugar de mala muerte: callada e indiferente hacia todos, solitaria; siempre tenía un amago de sonrisa en los labios para ella cuando se la cruzaba por los pasillos. La chica debía poseer alguna clase de imán, porque cuando no sabía en qué pensar, Annabeth siempre se encontraba a sí misma pensando en ella.

Pero ¿qué había pasado con su espeso pelo negro? Solía caerle en cascada hasta su pecho, y solía recogerse un par de mechones detrás de la oreja en un gesto distraído. Ahora, ni mechones tras la oreja, ni cascada hasta el pecho; más bien su pelo se había convertido en un desigual conjunto que le caía en todas direcciones (pero no por debajo del cuello), enmarcándole la cara. El cambio había sido tan brusco que todos los chicos, que hasta entonces discutían los pormenores de su fin de semana sentados sobre las mesas en grupitos, se giraron para verla.

Nadie pronunció una sola palabra. Sólo se quedaron observándola, la expresión de sus rostros pasaba de sorpresa a incredulidad y de incredulidad a sorpresa alternativamente; mientras que la chica recorría con la cabeza bien alta y porte indiferente el camino hasta su pupitre, al final de la clase. Todos los ojos se volvieron hacia ella, pero regresaron rápidamente a su sitio cuando la profesora cruzó la puerta.

A un pasillo de distancia. Thalia estaba a un pasillo de distancia y ella realmente no podía apartar la vista. Era extrañamente hipnótica. Hermosamente misteriosa. Siempre tan callada y feroz. Y ese corte de pelo le daba un aire salvaje. Annabeth no tenía reparos en admitirlo: la había cautivado. Y, de acuerdo, quizá estaba siendo muy superficial, pero no podía evitarlo. Si ya antes de aquel cambio le parecía atractiva, después del mismo, estaba perdida por ella.

o-o-O-o-o

Pasaron esa hora, y la siguiente, y la siguiente… Los profesores no prestaban mucha atención a la última fila, porque allí se solían sentar los casos perdidos (o, y esto lo desconocían o lo obviaban, los que trataban desesperadamente de pasar desapercibidos); de modo que Annabeth pudo pasar de las clases y pensar en las distintas formas en las que se podría presentar a aquella chica. Si algo tenía claro es que no iba a dejarla escapar, y le importaba un carajo lo que pensara la sociedad al respecto. Amar (porque conforme pasaba el tiempo y se sucedían los profesores, estaba más convencida de que aquello que sentía era amor) no estaba mal, y era un lenguaje que no entendía de edad, religión o sexo; nadie podía forzarla o prohibirle enamorarse de una persona sólo porque ésta también fuera una mujer.

No estaba segura de si lo mejor era abordarla, directamente, aquí y ahora; de si debía esperar hasta el cambio de clase o de si por el contrario era preferible que se sentara a su lado en la cafetería. En este dilema estaba cuando Thalia se volvió hacia ella y sus ojos azules la penetraron inquisitivamente, resolviendo todas sus dudas. No se había dado cuenta (o quizá sí, y no le había importado) de que llevaba un buen rato mirándola fijamente. Y ahora ella le devolvía la mirada. Era el momento de actuar. Se reclino en su silla y carraspeó.

—Hola —saludó en tono confidencial con un movimiento de cabeza y una expresión amigable. Thalia le devolvió el saludo curvando ligeramente sus labios en una sonrisa—. ¿Por qué te has cortado así el pelo?

¿Sinceramente? Annabeth había intuido que aquella acción tenía un significado más profundo; pero esperaba que le dijera alguna chorrada del tipo "me apetecía cambiar de estilo".

—No es asunto tuyo —obtuvo a cambio en respuesta, después de una breve pausa.

—¿Cómo que no? Si te he preguntado es que me interesa. —Procuró sonar casual, no demasiado entrometida. Lo cierto es que sentía bastante curiosidad. ¿Por qué era tan tajante?

—Es algo personal…

—¿Algo que compartir con el resto de la clase, señoritas? —las interrumpió de pronto el profesor; haciendo que todas las miradas se volvieran hacia ellas. Thalia se había enderezado y miraba de nuevo a la pizarra como si nada, mientras que Annabeth no había variado ni un ápice su postura—. ¿Señorita Chase?

—¿Sí, profesor? —preguntó con sorna.

—Haga el favor de sentarse correctamente. Dado que usted parece no necesitar atender a la lección, supongo que es porque ya se la sabe, así que no creo que tenga problemas en explicarle a la clase la influencia de la mitología grecorromana en la literatura contemporánea.

—Pues en la literatura contemporánea… —comenzó tras un breve silencio, sin intención de moverse.

—Más alto, por favor. Póngase en pie para que todos sus compañeros la puedan oír.

Annabeth empujó la silla y se levantó, echó una ligera ojeada a la clase y miró al profesor penetrantemente, sus ojos grises anunciaban tormenta.

—Muchos clásicos europeos se han basado en las escrituras de los grandes griegos y romanos; pero aun hoy la herencia cultural que nos han dejado se aprecia en la literatura. Desde novelas históricas ambientadas en la Antigüedad Clásica, hasta bestsellers juveniles que toman la mitología como referencia y la fusionan con el mundo occidental; pasando por supuesto por la poesía y los tópicos latinos del renacimiento que todavía conservan algunos escritores chapados a la antigua.

—Está bien, puede sentarse. Y déjese de charlas, no quiero tener que llamarle la atención de nuevo. Ahora, Collins, termine lo que la señorita Chase ha empezado… —Annabeth se acomodó de nuevo en su asiento satisfecha. A su lado, Thalia se aguantaba una sonrisa.

«Punto para Annabeth», pensó eufórica la chica por haberla hecho sonreír. Y aquello solo era el principio.

Antes de que pudiera darse cuenta, ya estaban hablando (o mejor dicho, Thalia escuchaba mientras ella hablaba) de las estupideces que sus estúpidos profesores les ponían de tarea; de lo cerca que estaba ya el verano; de lo imbécil que se había vuelto su hermano desde que se fue a la universidad…

—Espera, tu hermano… ¿Ese que hace un par de años jugaba en el equipo de fútbol de este instituto? —preguntó Thalia pensativa.

—Sí, jugaba en el equipo, fue el que hizo que perdieran la final de hace dos años. Antes nos llevábamos más o menos bien. Ahora es un completo gilipollas.

—Sí… Lo recuerdo —asintió. Pareció que iba a añadir algo, pero se lo pensó mejor y permaneció callada.

—¿Qué? —inquirió Annabeth. Ya que era la primera intervención que hacía, lo menos era que no la dejara a medias.

—No, nada. —En ese momento sonó la campana, y todos los chicos empezaron a salir atropelladamente de la clase. Thalia sacudió la cabeza y empezó a recoger sus cosas, sin mirarla a la cara—. Está bueno.

—¿Está bueno? —Sus ojos se abrieron desmesuradamente, su boca no terminó de cerrarse y por un instante, todas sus esperanzas se hicieron añicos. Quiso tirar su mochila por los aires y pegar una patada a la mesa. Quiso gritar de frustración y salir corriendo. Pero se recompuso en una décima de segundo—. ¿Más bueno que yo?

No había podido contenerse; le salió solo. Ya estaba otra vez ese niñato metiéndose por medio. El muy capullo siempre se lo llevaba todo. La atención de sus padres, la beca deportiva, la popularidad en el instituto… Y ahora…

Había sido más bien una pregunta retórica, una de esas que no esperaban respuesta. Por eso se sorprendió gratamente cuando, ya andando por el pasillo de camino a la cafetería, Thalia suspiró y habló de nuevo:

—Supongo que no… —lo dijo flojito, como si pensara en voz alta, o casi como si le diera vergüenza admitirlo; pero Annabeth lo escuchó, y su corazón pegó un brinco. No fue capaz de ocultar su sonrisa. ¿Pudiera ser que la chica se estuviera abriendo a ella, aunque fuera un poquito? ¿Pudiera ser que esto fuera el principio de algo más?


N/A: Ya advertí que los personajes serían OoC, y quien avisa no es traidor. Annabeth es una chica rebelde y extrovertida; Thalia, más cerrada y misteriosa. Sé que parece muy precipitado que alguien "se enamore" sólamente de un vistazo, pero quería mostrar lo lanzada que es Annabeth y además, si ella no actuara, me da la sensación de que las cosas no avanzarían.

Bueno... No pienso incluir muchos más personajes de Percy Jackson, porque no me encajaría bien, pero aún me quedan algunos por presentar.

¿Quién será el hermano de Annabeth? ¿Por qué ésta odia tanto a su familia? ¿Estará Thalia abriéndose realmente a ella?

¡No os perdáis el próximo capítulo!