IV

I'm not okay,

I'm not okay,

I'm not okay

You wear me out.

-I'm not okay (I promise), My Chemical Romance.

Se dejó caer en su cama con el máximo sigilo del que era capaz. Ni siquiera se había molestado en cambiarse de ropa. Se oían los ronquidos de su padre por encima del sonido del televisor desde el salón. Los recuerdos de esa tarde la perseguían y trataban de hacerle pensar ¿Qué había pasado por su cabeza para haber aceptado aquello? Sus defensas habían caído, y ahora controlar los desbocados latidos de su corazón era casi imposible. Ella no quería; se repetía una y otra vez que no, que era imposible, que era inhumano, que todo era una ilusión, que se le pasaría, que no era real… Sin embargo, los sentimientos no desaparecían.

Annabeth era una chica guapa e inteligente, pero sobre todo, era la única persona que parecía dispuesta a estar con ella; la única que se había acercado con una sonrisa sincera en el rostro y que no la juzgaba… Y, al abrir la caja de Pandora con aquel beso, lo había estropeado todo. Si vivieran en otro mundo, u otra época, o fueran otras personas, las cosas serían distintas; pensaba. Quizá entonces no estuviera tan mal pensar y sentir como ella lo hacía, quizá entonces no se estaría torturando tanto.

Había una pequeña parte en su interior que, a pesar de todo, seguía pensando que no podía tratarse de algo tan grave. Que no era un error suyo, que no debía intentar cambiarlo. Esa parte llevaba demasiado tiempo encerrada y reprimida entre las mil cicatrices invisibles que el rechazo había trazado en ella.

Thalia recordaba perfectamente la primera vez que sintió que era una equivocación. No había ni cumplido trece años, y por aquella época pasaba todo su tiempo con la chica de la casa de enfrente, su mejor amiga; eran inseparables. Ese verano, un día en el que hacía demasiado calor como para salir fuera, tras la puerta de su dormitorio, se besaron. Su madre eligió aquel momento para irrumpir en la habitación con una bandeja de sándwiches y limonada y una frase a medio terminar. La sonrisa se le esfumó del rostro en menos de lo que tarda la limonada en esparcirse por el suelo. Le prohibió salir de su cuarto mientras acompañaba a la otra chica a su casa. Cuando volvió, la llamó para que bajara al salón. Su padre también estaba allí, con un botellín en la mano, sentado en un sillón, escudriñándola con los ojos entrecerrados. Su madre estaba de pie, ligeramente apoyada en la pared, frente a su marido. También la miraba atentamente, con los labios fruncidos.

La niña se quedó parada al pie de la escalera, esperando a que alguno de ellos empezara a hablar. Fue su madre.

—Cariño, ¿qué ha pasado hoy? —preguntó con un tono de voz calmado. Thalia no se atrevió a responder—. ¿Por qué crees que papá y yo te hemos llamado, cielo? —Insistió la mujer.

La boca de la niña se curvó en una mueca de tristeza, pero continuó callada. ¿Había sido por el beso? Ahora sabía que sí, pero entonces sólo era capaz de pensar en la sensación de angustia que se le formaba en la boca del estómago al ver a su padre levantarse lentamente de su sitio y acercarse a ella.

—Thalia, tu madre espera una respuesta —exclamó demasiado alto y arrastrando las palabras. La aludida dio un paso para atrás, asustada, y recibió una bofetada cuyo eco resonó en sus oídos mucho tiempo después de que la tormenta pasara.

—No hace falta que lo digas, sólo que lo tengas muy presente —intervino su madre, con un brillo triste en los ojos ante la escena que acababa de contemplar—. Lo que has hecho no lo debes volver a repetir nunca, ¿lo has entendido? —Thalia asintió levemente, conteniendo las lágrimas y sujetándose la mejilla—. Entonces puedes irte a tu cuarto. Esta noche estás castigada.

Subiendo las escaleras, Thalia se había preguntado por qué habían reaccionado así sus padres. No era la primera vez que él le pegaba, pero sí la primera delante de su madre; y ella, que siempre la había cuidado, que siempre vigilaba que no se metiera en ningún lío, no había hecho nada por evitarlo. No se había esperado que se lo tomara tan mal. En realidad, no esperaba que se enterasen. Aunque sólo había sido un beso. Ellos solían dárselos constantemente; significaba que se querían. ¿Por qué ella no? ¿Es que era demasiado pequeña? Pero en las películas los chicos besaban a las chicas en las citas. ¿A lo mejor debería haberla invitado a una cita antes? Entonces había oído a su padre exclamar:

—¡Con la hija de los vecinos! ¡Con una chica! Oh, ¿qué hemos hecho mal para que nos salga así?

—Tranquilízate, son cosas de niños —había respondido, cansada, la voz de su madre.

Y no necesitó oír más. Subió corriendo el último tramo y se encerró en su habitación.

Un mes después se mudaron por primera vez, aunque no fue la última. No volvieron a hablar de ello, no abiertamente, pero el mensaje había quedado claro. Cada vez que había indicios para pensar que su hija podía estar haciendo cosas indecentes con otra chica, abandonaban la casa y buscaban otra nueva.

Pero Thalia había entendido que esa clase de sentimientos era algo que debía guardar para ella y trataba con todas sus fuerzas de ser como las demás; no desentonar, no dar a sus padres ningún motivo para dudar de ella… No siempre lo conseguía. Y esta vez era completamente diferente, Annabeth la correspondía. ¿Qué se suponía que debía hacer?

En ese momento, las tripas le rugieron. Se acordó de que no había comido nada desde el mediodía, y el reloj digital de su mesilla marcaba ya la una de la madrugada. Decidió bajar a por algo de comer.

Se dio cuenta nada más abrir la puerta de su cuarto. Ya no se escuchaban los ruidos de la televisión. Supuso que su padre se habría ido a la cama, aunque le sorprendía ligeramente que no se hubiera pasado por su habitación. No le dio mayor importancia y bajó a la cocina tan silenciosamente como pudo; sólo para encontrarse a su padre buscando en el frigorífico.

El hombre se giró rápidamente, mirándola fijamente, como un cazador alertado por el sonido de su presa. ¿O quizá por su olor? Thalia estaba segura de que no había hecho ningún ruido.

—Thalia —la saludó con una sonrisa amistosa… ¿Con una sonrisa?

La aludida retrocedió un paso.

—Hola —murmuró algo insegura.

—¿Cuándo has llegado?¿Dónde has estado? No te he oído entrar.

—Por ahí con una amiga. Estabas dormido cuando volví y no te quise despertar. Sólo he bajado a por algo de picar…

—Hay sobras de esta mañana. Vamos, ve sacando un par de vasos y platos—dijo volviéndose de nuevo hacia la nevera. Thalia lo obedeció con la sensación de que de aquello no podía salir nada bueno. ¿Su padre de buen humor? No solía durar demasiado—. Entonces, ¿con quién dices que has estado?

La chica se sentó a la mesa y su padre enfrente de ella; colocando un cartón de pizza fría en el centro.

—Con una amiga del instituto; Annabeth Chase.

La postura del hombre se tensó; pero su rostro no varió la expresión.

—¿Con una amiga? ¿Y qué habéis hecho? No será…

Thalia se lo quedó mirando.

—¿No será qué?

—Nada. Ya sabes lo que opino de tus "amigas". —Marcó mucho la última palabra y le dirigió una mirada penetrante que la hizo sentirse muy pequeña. Que le hizo sentirse un error que no se podía borrar. Su padre poseía ese don. Aquel era un buen momento para abandonar la sala… Pero reunió valor de donde pudo y mordió su trozo de pizza.

—Es sólo una amiga. No tienes nada en contra de eso, ¿no?

—No, siempre que no vaya a más —repuso él tras una pausa—. Ya sabes que no me gustaría tener que volver a enviarte…

—Lo sé —lo cortó rápidamente Thalia; de repente había perdido el apetito. Dejó la comida en su plato y se levantó—. Sé que fue algo muy desagradable para ti y para mamá, que era lo correcto, que lo hicisteis por mi bien. Sé que estás harto de mudanzas. Pero no va a ser necesario de nuevo.

—¿A dónde vas? —Preguntó su padre, levantándose—. No hemos terminado.

—No tengo más hambre —contestó ella. El hombre la agarró del brazo.

—No hemos terminado —repitió—. ¿Crees que esa es forma de contestarle a tu padre? ¿Crees que lo sabes todo? No tienes ni idea de lo mal que los pasamos tu madre y yo cada vez que se extendían esos rumores sobre ti… De los sacrificios que hemos hecho; las veces que hemos tenido que empezar de cero…

Esas palabras fueron más de lo que Thalia podía soportar. Los cortes le ardían en la muñeca que su padre le retenía (un poco demasiado fuerte). Sabía que era sólo una ilusión, pero el dolor estaba ahí. El dolor acumulado de todo el "sacrificio" que había aguantado en silencio. Y explotó.

—Oh, sí —exclamó—. Esconder a vuestra hija y repudiarla. Apalearla hasta que dejara de protestar. Qué gran pesar te causa ¿Sabes tú acaso lo que significaba para mí cada mudanza, cada "sacrificio"? ¿Sabes lo que me hicieron en ese sitio? No, claro que no. O igual sí, pero no te importaba. A ninguno os importaba. Sé que mamá se hartó y se fue, y sé que la odias por dejarme contigo. Por tener que soportar a alguien como yo. Pero no te preocupes; no más mudanzas, no más rumores no más sacrificios. Este verano trabajaré y el año que viene me iré a la universidad y dejarás de verme el pelo.

»Y no, no tengo nada con Annabeth.

Trató de soltarse del agarre de su padre; pero él no se lo permitió. Ya se lo esperaba. Cayó la bofetada de turno. También se lo esperaba. La cara le escocía, pero por una vez, lo único que sintió fue rabia.

—No vuelvas a hablarme en ese tono. —La amenazó el hombre, todavía con la mano en alto. Entonces la dejó ir.

Ella subió las escaleras hacia su cuarto en silencio. Ni siquiera se había dado cuenta de las lágrimas amargas que empapaban sus mejillas. Lágrimas de odio y rencor hacia su padre. No pensaba aguantarlo más.

Cogió su móvil y marcó el número de Annabeth. Tras un par de pitidos, oyó la voz de la otra chica a través de la línea.

—¿Diga?

—Soy Thalia. Tenemos que hablar —dijo decidida.


N/A: Uhmm... *dudas mode ON*. ¿Demasiado brusco el cambio? La verdad es que no tengo esto nada claro, pero conforme más vueltas le daba, menos claro lo veía, y bueno, esta era la idea principal de como creo que quiero que vayan las cosas... n.n'

No me vendría nada mal que aquel que lea esto me comente qué le parece, porque he estado un poco atascada con este capítulo y estoy bastante insegura con el resultado (y con el resto del fic en general -.-'). ¡Vuestra opinión es importante! ;)

En fin. También quería avisar que probablemente tarde bastante en subir el siguiente porque voy a estar muy ocupada este verano.

¡Nos leemos! :3