— No puedo ofrecerte mucho, así que no esperes nada más que esto.—Un tazón de ramen instantáneo se deslizó por la mesa. Aquel chico de cabellos claros que parecía una aparición fantasmal para el azabache lo tomo sin miramientos y comenzó a comer con ansias sin importar cuán caliente estaba, lo cual le sorprendió. Sirvió un poco de té para su invitado no deseado y le tendió una taza.

— Merci (Gracias)

— ¿Cuál es tu nombre mocoso?

— ¿Mocoso? —El cenizo alzó las cejas ante el apodo. No sabía si eso era un insulto, o de verdad el hombre que estaba sentado delante de el pensaba que era menor de edad.

— Si. Mocoso, crió, niñato. Como prefieras.

Guardo silencio unos minutos centrando su vista en el té como si fuese lo más interesante del mundo.

— Si no quieres decirlo no lo hagas, de todas formas no te con...

— Farlan. —Le corto regresando su vista a la persona que le había acogido tan amablemente en su casa— Sólo Farlan.

— Oh. —Fue lo único que dijo el azabache desviando su atención a su taza de té, la cual tomo de forma muy particular. De cierto modo llegaba a abrumarlo un poco la mirada de aquel extraño de cabellos claros. No por la forma en que le miraba sino por sus ojos... Eran muy claros, casi como el cielo cuando estaba de día, a diferencia de los suyos que eran bastante oscuros como la noche.

— Creo que es hora de que me marché. —Anuncio el cenizo levantándose de la mesa. Se dirigió al fregadero para lavar lo que había usado recientemente. Al terminar acomodó todo en su lugar y cogió su gorro que estaba sobre la mesa que se había quitado momentos atrás.

"Otra vez ese maldito gorro"... Pensó el azabache con cierta molestia.

Se levantó de su lugar irritado y antes de que el muchacho terminará de acomodarse el gorro dio un pequeño salto para alcanzarlo y se lo quito bruscamente lanzándolo sin piedad por la ventana.

— ¡Oye! ¡¿Que problema tenías con mi pobre gorrito?! —Le reclamó con intenciones de ir a buscarlo pero fue detenido por la mirada asesina de aquel hombre bajito. Trago duro rezando mil plegarias para que este no le matara ahí mismo.

— Te quedas y punto. Si vas por el maldito gorro te arrancare las bolas. ¿Quedó claro? —Sentenció el azabache.— Puedes dormir en el sofá. Te dejaré unas sábanas cerca.

— Espera... No es necesar... —Mierda, ahí va de nuevo esa mirada escalofriante. Callo de inmediato y no le quedó de otra más que obedecer. Vio como aquel hombre de mirada afilada se alejaba abandonando la cocina.

Suspiro aliviado al ya no tenerlo cerca, pero todo ese alivio que sintió recientemente se fue al retrete al escuchar un fuerte golpe a lo lejos. Salió apurado de la cocina, atravesando la sala hasta llegar a un oscuro pasillo donde encontró al azabache tendido en el suelo.

— No puede ser... ¡Oye! ¡¿Estás bien?! —Alarmado por el estado de aquel hombre fue de inmediato a levantarle con cuidado del suelo. Antes de llevarlo en brazos hasta la única habitación de la casa tocó su frente. Estaba ardiendo en fiebre y su respiración era errática. No se imaginaba que estuviese enfermo, hasta hace unos momentos se le veía bastante bien..

O eso le hizo creer.

Decidió cuidarlo durante toda la noche, no tenía corazón para dejarlo a su suerte, por más terror que le causara su actitud, de cierto modo al verle en ese estado no hizo más que provocarle inmensas ganas de quedarse a su lado y protegerlo.

Ahora tenía el deber de combatir con el enemigo que se había instalado en el sistema de aquel azabache de mirada filosa. Ese mismo que le había hecho enfermar.

El señor resfriado tendría que buscarse otro inquilino.