Estaba tan cansado y mareado que apenas el más mínimo ejercicio físico como lo era caminar unos cuantos pasos hizo que perdiera el equilibrio y enseguida todo se volvió oscuridad.

Levi... Levi...

¿Quién me llama? Esa voz...

De repente todo lo que se había nublado anteriormente tomo forma. Una muy conocida para él.

Levi... amor, ya está la comida. Hice la torta de huevo que tanto te gusta.

Esa sonrisa...

Aún se sentí a mareado, al parecer ya estaba delirando. Se frotó bruscamente los ojos para comprobar que esa figura ante él no era más que una ilusión.

Abrió grande los ojos al enfocar mejor su vista hacia aquel extraño... Justo estaba ahí parado, la persona que por tanto tiempo había llorado, a la cual seguía amando... con esa enorme sonrisa en el rostro y esos ojos tan hermosos mirándole con tanto amor... Se sentía a morir.

Eren…

¿Eh? ¿Tuviste otra pesadilla? —Aquella figura se acercó a él tocando sus pálidas mejillas. Su tacto le hizo erizar la piel— Vaya... parece que sí. Oye Rivi... necesito hablar contigo...

No... No de nuevo.

A partir de ahora ella será mi mujer. —Señaló la puerta y enseguida la aparición de aquella pesadilla se hizo presente— Me casare con Mikasa.

No...

Y de nuevo aquellas crueles palabras volvieron a destrozar su corazón, recordándole que amar sin ser amado dolía como la puta madre.

Nunca te amé. Fingí hacerlo, pero ya me arte.

Le vio mover los labios, pero no escuchaba sus palabras.

Fuiste un juego entretenido para mi Rivi, espero te hayas divertido también...

Esas palabras se escuchaban lejanas.

Gracias por darme alojamiento gratis.

Cállate... Cállate Eren...

Tal vez no llegue a sentir algo por ti, pero si me causaste lastima… Digo, nadie querría a alguien tan solitario y amargado como tú de pareja, además de esas manías raras que tienes con la limpieza. Definitivamente te hice un favor juntándome contigo.

Sollozo en silencio mientras le veía alejarse con aquella mujer de la mano. Su corazón terminó por caer al suelo partiéndose en miles de pedazos.

— ¡Eren! —Despertó gritando con el pecho agitado y sus palpitaciones aceleradas. Se tocó la frente sintiendo algo húmedo cubriéndola. Retiró con pesadez el pedazo de tela que tenía puesto y lo tiro a su costado. —Tch... sólo fue un estúpido sueño... —Volvió a tocarse la frente. Terminó por bajar su mano hasta sus ojos cubriéndolos con la misma mientras un par de lágrimas resbalaban por sus mejillas. — Maldición...

Mientras trataba de evitar que sus sentimientos volviesen a hacer estragos en su corazón escucho ruidos en su cocina. Su habitación estaba un poco lejos de ella, pero en sus paredes huecas podía rebotar el sonido y el poseía un oído muy agudo.

Se levantó con cuidado de la cama y un olor tan particularmente conocido invadió sus fosas nasales.

¿Huevo…? Pensó, pero enseguida sacudió la cabeza alejando ese pensamiento absurdo. No tenía nada sano que comer en su alacena.

— ¿Qu-e...? —Al levantarse observo con cuidado que llevaba puesta su pijama. Mejor dicho, mal puesta. Los botones apenas estaban bien arreglados— No recuerdo haberme cambiado. —Susurró para sí mientras se acomodaba mejor la parte superior de su pijama.

Volvió a escuchar ruidos extraños y se bajó de la cama llevándose la lámpara de noche consigo. Estaba asustado. No recordaba nada de la noche anterior y apenas su cuerpo era digno de responderle como debía. Con torpes pasos se dirigió sigilosamente hasta la cocina levantando la lámpara con sus dos manos como si de un bate se tratara.

Cerca del marco de la puerta se atrevió a asomar su cabeza encontrándose con un chico alto de cabellos claros. Llevaba puesto su delantal que apenas y le quedaba bien. Parecía muy contento mientras cocinaba algo en el sartén.

Apretó los labios y se adentró a la cocina alzando la lámpara a la altura de su cabeza. No recordaba a ese tipo, su mente estaba en blanco.

¿Y si la noche anterior se emborracho tanto que cometió la estupidez de traer a su casa al primer hombre que encontró en la calle para que le follara duro? Eso explicaría porque su cuerpo estaba tan hecho mierda y tenía el pijama a medio poner.

Volvió a apretar los labios con fuerza y sin decir nada se acercó lo más rápido que pudo al muchacho, cerró los ojos y le golpeó con la lámpara.

O eso pensó.

Al abrir los ojos se dio cuenta de que golpe nunca llego a su destino ya que, el chico había sido más rápido y detuvo la lámpara con su mano derecha sin siquiera apartar los ojos del sartén. Tenía bastante fuerza y buenos reflejos a su parecer.

Chasqueo la lengua ante su atentado frustrado maldiciendo por lo bajo.

El cenizo sin entender muy bien lo que decía apago la estufa y tiro de la lampara que aun sostenía en la mano para poder atraer al azabache hacia su persona. Se inclinó un poco y pego su frente contra la contraria para comprobar su temperatura. Esa acción no hizo más que enrojecer las mejillas del hombre más bajito además de aumentar su mal humor.

— Parece que la fiebre ya bajo. —Comento alejándose un poco. Al parecer ese hombre tenía todas las claras intenciones de pegarle tremendo zarpazo con la lampara.

— ¿De que estas hablando bastardo? ¡Suelta! —Demando el azabache a lo cual el cenizo atendió a su pedido. Volvió a levantar la lampara en sus manos amenazándole con esta sin una pizca de confianza— ¿Qué haces en mi casa? ¿Quién te invito? ¿Quieres violarme acaso? ¡Responde!

— ¡Ah! ¡Espera! Baja eso primero… Puedo explicar todo esto…

— ¿Explicación? ¡Explicar que nada!… ¡Me paso tus explicaciones por las pelotas!

Y así Levi persiguió al pobre chico por toda la casa con la lampara en mano hasta que cansado de seguirlo y no alcanzarlo por tener piernas tan cortas decidió finalmente escucharle o al menos intentar no matarlo.

— Y eso pasó… —Término de explicar Farlan mientras le servía un poco de té al hombre de mirada filosa que aun sostenía la lámpara con recelo. Por lo que veía no quería comer aun el desayuno que había hecho para él, solo lo veía como si fuese la cosa más extraña jamás antes vista.

— ¿Dónde... Dónde conseguiste esto? —Pregunto el azabache mientras apenas y tocaba la torta de huevo con el tenedor.

— Tenias algunos ingredientes vigentes en tu refrigerador… estaban por expirar así que decidí prepararlos. —Le respondió con suavidad mordiéndose la lengua para no preguntar porque casi no había nada en su refrigerador. En cambio, sí que tenía todos los estantes repletos de comida instantánea.

— Ya veo… —Suspiro con tristeza que no pasó desapercibida por el más alto. Corto un trozo de la torta con el tenedor y sin pensarlo mucho se lo llevo a la boca. Sentimientos encontrados lo invadieron.

¿Cuánto tenia de no probar comida hecha en casa? ¿Así de bien se sentía? ¿O es que el de ojos claros en verdad cocinaba como los dioses? No lo sabía. Una lagrima traicionera resbalo por su mejilla.

— Oye… No tienes porque… Creo que lo serví muy caliente… o tal vez no está a tu gusto… —El cenizo no sabía qué hacer o decir al verle así, ¿tan mal sabia?

—Ya cállate. Está bien. —Se apuró a comerlo todo antes de que le diera un ataque o algo en presencia de aquel extraño.

El muchacho solo le miro en silencio mientras terminaba de comer. Se percato de que el azabache apenas y tenía solo el pijama puesto, este era de tela delgada por lo que pudo probar al tomarse el atrevimiento de cambiarlo. Se iba a resfriar nuevamente. Suspiro y al verle terminar se levanto tranquilamente de la mesa con un leve (y mal pronunciado) "Permiso", se quito el grueso suéter que llevaba puesto y se lo acomodo en los hombros al otro. Retiro su plato y demás cubiertos para lavarlos.

— ¿De qué puto cuento de hadas saliste? —Pregunto el hombre gruñéndole apenas sin quitarle la mirada de encima. No es que le hubiese molestado la acción del de cabellos claros sino que no estaba acostumbrado a tantas atenciones.

— ¿Por qué? —Pregunto como si nada terminando de acomodar todo en su lugar tal y como la noche anterior.

— Es que… eres demasiado… "caballeroso" para mi gusto.

— Los ingleses somos así. Disculpa si es incomodo.

Así que, si eres ingles… Pensó Levi con orgullo al haber atinado. Tenía esa innata habilidad de detectar las nacionalidades de los extranjeros por su acento y forma de hablar. Su trabajo le había servido de mucho también.

— No importa.

— ¿Cuál es tu nombre? La noche anterior no pude preguntártelo.

— Levi, Levi Ackerman.

— Levi… Lo recordare. —Dijo sin más dedicándole una sonrisa antes de abandonar la cocina y dirigirse hacia la sala de estar.

El azabache le miro extrañado y le siguió en silencio. El cenizo acomodaba sus grandes maletas echándoselas a la espalda y abrochando unos pequeños cinturones a su pecho para que no se le cayeran mientras caminara.

A Levi por alguna extraña razón se le estrujo el corazón.

— Te deje unas pastillas sobre la mesita de noche, tómalas a la tarde para que no vuelvas a resfriarte.

Quédate…

— También te hice algo de comer para el almuerzo, lo deje en el microondas.

Quédate…

— Trata de no ingerir tanta comida chatarra, ¿de acuerdo?

Quédate… ¿Por qué es tan jodidamente difícil decirlo?

— Nos vem…

— ¿Dónde dormiste ayer? —Le corto tajante.

— No dormí. —Respondió el cenizo a lo que el azabache se quedo atónito. — Me pase la noche cuidándote, la fiebre no te bajaba así que no tuve de otra.

El azabache se mordió el labio inferior y desvió la vista, odiaba mostrarse débil, lo detestaba. Hubiese preferido que lo abandonara, así no tendría ese molesto sentimiento carcomiéndole el corazón. Se sentía culpable por haber tenido al de cabellos claros en vigilia… cuidando de él.

— Que serás imbécil… no necesitaba de tu lastima, puedo arreglármelas solo. Debiste descansar. —Aunque sonara rudo realmente estaba preocupado por aquel extraño.

— Lo siento pero no tengo ese tipo de corazón. —Le respondió tranquilo mientras le sonreía suavemente. — Descuida, estaré bien. Entonces… —Iba a darse la vuelta hasta que volvió a escuchar la voz del azabache llamándole.

— Farlan. ¿Acaso tengo que desmayarme como una puta princesa para que te quedes? —Gruño exasperado. Creyó que el cenizo entendería sus indirectas a la primera, como anteriormente las había entendido.

— ¿Qué?

— Que te quedes carajo. Estoy casi seguro que no tienes dónde hospedarte, hasta me atrevería a decir que te fugaste de quien sabe dónde.

—… —Sudo frio, lo había pillado.

— ¿Acerté?

— No quiero ser una molestia.

— No lo eres.

El cenizo suspiro y le observo agradeciéndole en silencio su gentileza. Se desabrocho los cinturones y dejo su equipaje nuevamente en el suelo cerca del sillón.

— Realmente… tienes una forma única de pedir las cosas. —Rio bastante animado pero detuvo su risa al ver como el azabache tambaleaba tratando de mantenerse de pie.

— Maldita sea…

— ¡Levi! —Se movió rápido sin pensarlo dos veces y lo tomo nuevamente en brazos evitando que esta vez se estrellara contra el suelo. No sería nada bueno que se lastimara la cabeza o alguna parte del cuerpo. Se preocupó por su estado tocando su frente para ver si la fiebre había regresado, pero, estaba controlada. — Levi… —Aparto algunos mechones de su rostro con suavidad sintiendo como el más bajito arrugaba la frente ante su leve tacto— Baise (Joder)… no me des estos sustos…

El azabache le pellizco uno de sus brazos escuchando un leve "auch" por parte del cenizo. No se había desmayado como tal pero si se sentía jodidamente mareado.