Disclaimer: Los personajes no son míos, son de la maravillosa S.M. Yo sólo juego con ellos. La trama si es mía y espero que la disfruten.
Nota: En la edición de los capítulos puede haber cambios para darle más forma a la historia, por lo que les recomiendo que los lean de nuevo. Gracias por su apoyo.
Capítulo 2: Nuevos.
Narrador Pov.
El guardia corrió apresuradamente por el enorme pasillo con alfombras de terciopelo rojo y paredes doradas.
Debía decirle a su señor lo que le habían comentado minutos antes sus compañeros.
Su morena tez se veía pálida, dándole un aspecto enfermo, sus ojos aceitunados se movían sin cesar de un lado a otro, como esperando que algo le saltará encima en cualquier momento.
Su señor le había encargado a él y a sus compañeros, Eleazar y Garrett, revisar cada uno de los cuerpos que estaban en el bosque, poco después de la batalla que se había presentado.
Habían descubierto lo que, muy probablemente, le daría esperanzas a su señor para planear un nuevo ataque para poder destruir a la familia real por completo.
Por un segundo, se detuvo ante el imponente y enorme ventanal con cortinas de seda, contempló la ciudad, destruida y las volutas de humo que todavía surgían de los lugares donde habían colocado los explosivos.
El guardia sintió asco de él mismo, ¿cómo había podido contribuir en eso? Sabía que no había tenido opción, pero, aun así, se repudió por unos segundos más, completamente avergonzado.
El sentido de la obligación llegó a él, que, dejando de lado las culpas, volvió a correr con ganas hacia la sala principal, donde se encontraba su señor y los tronos de los ya fallecidos reyes.
Los guardias que custodiaban la puerta de roble miraron a su compañero acercarse y, sin emitir palabra alguna, abrieron las puertas, recubiertas de oro, con esfuerzo.
-El señor está esperando noticias tuyas desde hace algunos días, Laurent. - musitó burlón Dimitri, uno de los guardias de la puerta.
-Hemos tenido que revisar cada cadáver. - se defendió. - Descubrimos algo muy importante.
-Date prisa, no está de muy buen humor...- le advirtió Alec, el guardia castaño.
-Nunca está de buen humor. - replicó Laurent.
-Que no te escuche. - soltó Alec con una risa.
Laurent contuvo una sonrisa y entró a la enorme sala. Esta tenía una alfombra formando un pasillo estrecho hacia los tronos. Había tres escalones y luego una plataforma, que no era ni la cuarta parte del resto de la sala. Sobre la plataforma de mármol, había dos tronos: el del difunto rey Charles era grande, imponente, tenía algunas vetas en oro, formando un león; el de la reina Rene, en cambio, era más delicado y sus trazos, en plata, simulaban una flor. Junto al trono de la reina, se encontraba una cuna, perteneciente a la princesa Isabella.
El resto del salón estaba lleno de pinturas, todas de exquisito gusto. Las paredes tenían un tono melocotón y enormes ventanales se alzaban enmarcados por finas cortinas de seda.
- ¿Qué quieres? - escuchó Laurent la fuerte voz de su señor.
James, se encontraba sentado en el majestuoso trono del rey Charles.
-Señor. - dijo tartamudeando un poco. - Hemos encontrado algo en el bosque...
- ¿Qué encontraron? - preguntó el brujo con un tono aburrido.
-Están los cuerpos del rey Charles y.…- comenzó a explicar el moreno.
- ¡Ex! - gritó James. - ¡Ex rey! ¡Entiendan que ya no está aquí! ¡Ya no es el rey! - volvió a gritar y, entonces, soltó una carcajada. - No está aquí porque yo lo maté...
-Señor... Disculpe...- murmuró intimidado el guardia. - Encontramos los cuerpos de los ex reyes, pero no el cuerpo de la princesa, ni los de la duquesa y su familia.
El rostro de James se descompuso en una horrible mueca, dominada, al principio, por la sorpresa, para terminar en una expresión de odio puro.
- ¿Qué? - farfulló furioso. - ¡¿Cómo que esa mocosa no está?! ¡Debería estar junto con sus padres! ¡Y la hermana! ¡Ella es la tercera en la línea del trono! ¡Debe morir! ¡Todos deben morir! - exclamaba iracundo. Se detuvo por un segundo y miró a Laurent, estudiándolo en profundidad. - Encuéntrenlos y mátenlos, no me importa cómo o dónde, sólo mátenlos a todos.
Laurent se estremeció y salió disparado hacia sus compañeros, dejando a James sólo, sumido en el silencio que reinaba el salón. Silencio, que fue interrumpido por la lúgubre carcajada que soltó el brujo en cuanto su guardia abandonó la habitación.
Bella Pov.
Dieciocho años después/ Diciembre del 2016.
- ¡Bella! - gritó Rosalie al otro lado de mi puerta. - ¡Llegaremos tarde!
- ¡Voy! - exclamé de regreso. - Rose es una fiesta, no importa a qué hora lleguemos.
- ¡Pero no es cualquier fiesta! - contraatacó. - Es la fiesta de Bienvenida.
Le abrí la puerta.
-Ayúdame a vestirme, mejor. - sonreí.
Ella bufó.
-Tu no necesitas ayuda. - dijo. - Siempre sabes que ponerte y cuando hacerlo.
Me reí y caminé dentro de mi cuarto, dejando la puerta abierta para Rose.
-Deja de protestar. - sonreí más. - Y no bufés, eso no lo hace una señorita.
Mi hermana rodó los ojos y entró a la habitación hasta mi armario.
-No entiendo como tú no lo haces. - dijo. - Nada te desespera, nunca gritas, no rezongas, ¿qué clase de hermana tengo? - dijo dramáticamente.
-Tu eres igual. - dije divertida.
-Yo soy más normal. - me molestó. - Al menos, bufo.
La miré risueña.
-Claro, pero ese es el único defecto que tienes, Rose. - me reí.
- ¡Oh, calla! - exclamó metida en mi armario. - Al menos tengo un defecto.
Rodé los ojos ligeramente. Mi hermana, siempre tan dramática y exagerada. Sin embargo, no sabía que haría sin ella.
Rosalie y yo éramos muy diferentes, ella tenía el cabello totalmente rubio y unos grandes ojos azules, delgada, pero con curvas y siempre vestía a la moda. Era explosiva, extrovertida y directa, sin embargo, poseía cierto grado de control sobre sus emociones todo el tiempo y era muy educada; prefería soltar comentarios inteligentes e hirientes que gritar.
Ella tenía un gemelo, Jasper, igualmente rubio y con ojos azules, delgado, pero no flacucho. Al contrario de su gemela, Jasper era tranquilo, relajado y protector, siempre trataba de ayudar a los demás, aún si esas personas lo lastimaban o traicionaban, y prefería hablar que golpear.
Ellos se parecían a nuestro padre, Carlisle, un hombre que rondaba los treinta y ocho años, tenía el cabello rubio y los ojos grises y era la persona más amable, compasiva y honesta que alguna vez hubiera conocido. Era un excelente padre y una excelente persona, así de simple. Él había sido médico en el hospital de Forks desde que tengo memoria, amaba su trabajo y le apasionaba más que nada en el mundo, salvar vidas a diario. Decía que le producía orgullo y satisfacción.
Yo, sin embargo, era más parecida a nuestra madre, Esme, una mujer con el rostro amable en forma de corazón, ojos verdes y un cabello suave y ondulado color castaño claro. Ella tenía treinta y cinco años y era la mujer más hermosa, por dentro y por fuera, que alguna vez se haya visto. Era decoradora de interiores y siempre estaba ayudando a los demás, se compadecía por todos y todo el tiempo tenía una sonrisa en el rostro.
Carlisle y Esme se amaban con locura, con intensidad, con dulzura y con pasión, de una forma que saltaba a la vista y que nadie podía negar. Llevaban juntos veinte años, tenían peleas, como cualquier pareja, pero siempre sabían resolver sus problemas, salían a cenar varias veces solos o se iban de luna de miel unas pocas semanas cada año.
Verlos a ellos me hacía creer en el amor y deseaba encontrar algo igual que ellos, amar a una persona locamente y que esa persona me amara a mí de igual manera.
- ¡Bella! - gritó mi hermana.
Brinqué en mi lugar.
- ¡¿Qué?!- pregunté sobresaltada.
-Llevo llamándote como diez minutos. - explicó.
-Lo siento. - dije. - Pensaba en papá y mamá.
Rose sonrío.
-Eso lo explica todo. - se río.
Sonreí de regreso.
-Lo sé, ellos son tan...- pensé en el adjetivo para describirlos. - Especiales.
Mi hermana asintió y lanzó unas prendas a mi cama.
-Ponte eso. - indicó. - Te verás genial.
Le sonreí en agradecimiento y tomé la ropa, apenas mirándola.
Entré al baño y comencé a quitarme el pijama que había tenido puesto todo el día, ya que, afortunadamente, eran vacaciones aún.
Me cambié rápidamente y pude admirar el conjunto en el espejo de cuerpo completo que tenía.
Mi hermana había escogido una blusa color amarillo claro, de tirantes, que se ajustaba a mi cuerpo perfectamente, una falda de tres holanes, color azul pálido, corta hasta medio muslo, que se abrochaba a la altura de la cintura con la blusa fajada. Tenía un cinturón café con un moño del tamaño justo, en donde se abrochaba la falda.
Me coloqué unos botines cafés con aplicaciones y tacón de diez centímetros y salí.
-No sé para qué te encierras. - comenzó a decir Rose cuando me escuchó. - ¡Somos hermanas!
-Es la costumbre. - me encogí ligeramente de hombros.
Mi hermana se volvió hacia mí.
- ¡Te ves magnífica! - gritó sonriente.
-Gracias, querida hermana. - musité altanera.
Rose soltó una risa.
- ¡Rápido! - exclamó aun riendo.
Caminé a mi tocador y tomé unas pulseras cafés, una gruesa color cobre con líneas y varias más delgadas. Me maquillé con unas sombras doradas y cafés, rímel, base, polvo compacto, delineador y brillo.
Dejé mi cabello suelto y no le hice nada. Caía en ligeras ondas hasta mi cadera y brillaba tenuemente.
- ¡Lista! - exclamé sonriendo.
Tomé mi chaqueta de cuero café con mi celular y miré a mi hermana.
- ¡Tú te ves bien! - le dije.
Rose sonrió y dio un giro sobre su eje. Tenía una blusa suelta de manga larga, gris con la palabra "Love" en negro en el centro, la blusa caía hasta poco más abajo de su cintura por delante y un poco más abajo por atrás, dejando su ombligo al descubierto y parte de su espalda baja. Llevaba, también, un short de jean negro hasta medio muslo, que se pegaba a sus curvas perfectamente. Había completado todo con unas zapatillas cerradas color gris de gamuza (1) con tacón de doce centímetros.
Su cabello estaba suelto y ligeramente rizado, como siempre. Su maquillaje era tenue, pero acentuaba sus ojos maravillosamente.
-Gracias. - dijo.
Salimos juntas de mi cuarto y bajamos las escaleras riendo.
En la sala estaban Jasper, papá y mamá.
-Veo que tendré que espantar a muchas moscas hoy. - dijo Jasper, levantándose.
- ¿También vas? - inquirí.
-Rose me obligó. - se encogió de hombros. - Pero ahora que las veo a ambas... Creo que es buena idea que vaya.
Me reí y lo golpeé en el hombro cuando estuve junto a él.
-Se ven hermosas, chicas. - susurró mamá.
Rose la abrazó.
-Lo dices sólo porque somos tus hijas. - la molestó.
Mamá le dio una ligera nalgada y todos reímos.
-Están tan grandes...- susurró papá.
Mamá nos miró con los ojos cristalinos.
- ¡Mamá! - exclamamos riendo.
- ¡No voy a llorar! - se río también.
-Sabe que te amamos, mamá. - dijo Jasper. - Pero ya nos vamos o llegaremos tarde.
Nuestros padres nos despidieron y nos fuimos en el Jaguar de Jasper.
- ¿Dónde va a ser? - pregunté curiosa.
-En la casa de Tyler. - respondió Rose sonriendo emocionada.
- ¿Por qué es tan importante ir? - inquirió Jasper al ver la emoción de su gemela.
Rose rodó los ojos.
-Porque si no vamos no veremos mal. - reprochó. - Somos los más populares del Instituto. No podemos no ir. Además, es sábado en la noche, no iba a quedarme en casa el último sábado de verano cuando tengo una buena fiesta aquí. - terminó con inocencia.
Jasper me miró por el espejo retrovisor y yo le regresé la mirada con la ceja alzada.
- ¿Y la verdad? - soltamos los dos al mismo tiempo.
Rosalie rodó los ojos.
-Bien, la verdad, Jessica me dijo que había tres nuevos estudiantes. - contó. - Quería conocerlos.
-Pero ni siquiera sabes si ellos van a ir. - le recordé.
- ¡Claro que irán! - exclamó. - Es una de las mejores fiestas del año.
Solté un suspiro y Jasper una risita.
-Dejen de pelear, chicas. - pidió. - Ya llegamos.
Mi hermano se estacionó a unos metros de la casa y bajamos todos.
La música sonaba y estaba segura de que al día siguiente habría quejas de los vecinos. Muchas personas bailaban fuera de la enorme casa y las luces cambiaban de color cada poco rato.
Rose se nos adelantó y entró a la casa rápidamente. Jasper, en cambio, soltó un suspiro y se mantuvo a mi lado.
El interior de la casa era todo un remolino de cuerpos y calor que hacían imposible el pasar.
A lo lejos, logré ver a Rosalie hablando animadamente con Ángela y con Jessica. Jasper se alejó y caminó hacia Mike y Tyler.
-Chicas. - saludé a mis amigas.
- ¡Bella! - gritó Ángela por sobré la música.
- ¡Qué bueno que vinieron! - siguió Jessica con entusiasmo.
-Rose nos obligó, en realidad. - sonreí.
- ¡Pues no se arrepentirán! - siguió gritando Jess.
Hablamos animadamente durante horas, bailamos y disfrutamos de nuestra última salida juntas sin trabajos ni tareas de por medio.
Ángela y Jessica eran nuestras amigas desde que teníamos memoria. Ángela era extrovertida, divertida y nunca se callaba nada, era como Rose, sólo que no siempre era tan directa como mi hermana. Era pelirroja, de tez blanca, ojos grises y tenía algunas adorables pecas en la nariz y mejillas, además de un sólo hoyuelo en la mejilla izquierda. Poseía un cuerpo de modelo, igual que Rosalie, que todos envidiaban. Jessica, por otro lado, no tenía un carácter tan explosivo y siempre estaba enterada de todo. Ella tenía el cabello rubio y ojos color miel, labios llenos (pero no tanto) y el cuerpo delgado.
Sin duda, éramos las mejores amigas. Ellas eran las personas más leales, divertidas y honestas que mi hermana y yo pudimos conocer en Forks.
Pasamos cerca de cinco horas las cuatro juntas en la fiesta y, cuando comenzó a salirse de control por el alcohol ingerido, decidimos irnos por nuestra propia seguridad.
Rose llamó a Jasper y acordamos vernos en el coche a los pocos minutos.
Ángela, Rose y Jess caminaron delante de mí, esquivando los sudorosos y descontrolados cuerpos que se pegaban unos a otros y nos pegaban a nosotras también.
- ¡Hey, es Bella! - gritó alguien en mi oído.
Antes de que pudiera ver quien era, un enorme y pesado brazo cayó en mi hombro. Tyler.
-Tyler. - saludé e intenté quitarme su brazo de encima.
Ignorando mi sacudida, Tyler me tomó de la cintura y me acercó a su pecho. Sin querer, hice una mueca por el olor tan fuerte a alcohol y cigarro que tenía.
- ¡Vamos a bailar, Bella! - exclamó riendo como idiota y cerrando sus brazos más entorno a mí.
-Estás borracho, Tyler. - musité, empujándolo con más fuerza. -Suéltame, por favor.
- ¡Vamos, Bella! - dijo con los ojos perdidos. - ¡Yo sé que quieres!
-Tyler, suéltame. - le ordené molesta.
Tyler abrió la boca para soltar otra tontería, pero una gran mano se colocó en su hombro.
-Oye. - dijo una voz grave. - Creo que la señorita ya dejó en claro que no quiere estar contigo.
Tyler se volteó molesto y me dejó ver a una enorme masa de músculos parada frente a él.
-Creo que ese no es tu problema. - dijo Tyler, arrastrando las palabras.
-Es mi problema si ella te está pidiendo que la sueltes. - contestó el chico.
Junto a él, había una chica de estatura baja con el cabello largo y las manos en las caderas, claramente molesta.
- ¡Esta es mi casa y es mi fiesta! - rugió Tyler. - ¡Y haré lo que me venga en gana!
El chico se encogió de hombros.
-Hecho. - musitó.
Entonces, cuando menos nos lo esperábamos, levantó la enorme mano que poseía cerrada en un puño, tomó impulso y golpeó a Tyler de lleno en el rostro, dejándolo desorientado y aturdido en el suelo.
Me llevé las manos a la boca. ¡Yo no quería que ese chico se metiera en problemas!
Sin darme tiempo de nada, la chica de cabello largo tomó mi brazo y me empujó fuera de la casa, con el muchacho que había golpeado a Tyler, siguiéndonos.
Logré ver que algunas personas se habían girado a ver lo que pasaba, pero eran muy pocas, la mayoría seguía en su mundo de euforia a causa del alcohol.
- ¡Cómo lo siento! - exclamé cuando estuvimos fuera de la casa.
- ¿Bromeas? - inquirió el chico. - Ese tipo se estaba pasando, fue un placer.
-Pero ahora estarás en problemas. - musité.
El muchacho soltó una carcajada.
-Ese chico estaba más que pasado en copas. - sonrió, mostrando unos adorables hoyuelos. - Aunque se levantará y viniera aquí, no me daría ni un golpe. Seguro me vería doble.
Me reí sin poder evitarlo. Con la poca luz que había en la calle a esa hora, pude ver mejor al chico que me había ayudado y a la pequeña chica.
Él definitivamente era alto y musculoso, muy musculoso, tenía el cabello corto y obscuro, pero no podía ver el color con exactitud, sus ojos eran color azul y tenía una sonrisa adorable.
Ella, sin duda alguna, era pequeña y delgada, sin embargo, se podía ver la estrecha cintura que poseía y las caderas anchas a comparación de su cuerpo. Tenía el cabello largo hasta debajo de su trasero y obscuro, también, sus ojos eran como dorados, pero era difícil decirlo.
-Soy Emmett. - se presentó el chico, estirando la gran mano.
-Bella. - le sonreí y estreché su mano.
-Hola. - exclamó la pequeña. - Yo soy Alice, un gusto.
Le sonreí.
-Gracias por lo de adentro. - dije. - Y lamento que te metieras en problemas.
- ¡No te disculpes! - exclamó Alice. - ¡Los vimos y, de no ser por mi hermano, yo misma lo hubiera golpeado!
La imagen de Alice golpeando a Tyler se reproducía en mi mente, una y otra vez, provocándome una risa.
- ¿Son hermanos, entonces? - inquirí con diversión.
-Así es. - contestó Emmett. - No te rías tanto, nadie se mete con A.
- ¿A? - pregunté sonriendo.
-Emmett insiste en llamarme así. - rodó los ojos Alice. - Dice que tiene "estilo". Yo creo que es una estupidez.
Solté una carcajada por el desinterés que mostró Alice y la enorme sonrisa que se posó en el rostro de Emmett.
- ¡Bella! - escuché a mi hermana llamarme.
- ¿Quién es esa diosa? - preguntó Emmett.
Me giré y vi a Rose caminando hacia nosotros con Jasper a su lado.
- ¿Y quién es ese hermoso Adonis? - soltó Alice cuando vio lo que nosotros.
Yo solo me reí.
-Son mi hermana, Rosalie, y mi hermano, Jasper. - sonreí.
-Bells, llevamos como veinte minutos esperándote. -reclamó Jasper.
-Lo siento. - musité. - Paso algo ahí adentro y me encontré con ellos. - señalé a los chicos detrás de mi.- Son Alice y Emmett.
Jasper miró atrás de mí.
-Un gusto. - dijo. - Soy Jasper y ella es Rosalie, mi gemela. - presentó.
-Rosalie, que hermoso nombre. - dijo Emmett con voz encantadora.
-Hola a los dos. - saludó mi hermana con indiferencia.
Sin embargo, sus ojos brillaron al ver a Emmett.
-Bien, nosotros ya tenemos que irnos. - musité. - Así que, nos vemos el lunes, supongo. - me despedí de mis nuevos amigos.
-Claro, en el único Instituto que tiene Forks. - sonrió Alice.
-Exacto. - contesté.
Con una sonrisa nos despedimos y caminamos hacia el auto de mi hermano. Cuando me volví, pude ver que Alice y Emmett se subían a un Jeep.
Me sentía tan cansada. Esta mañana me había levantado muy temprano sintiéndome extraña, sensación que se quitó un tiempo después.
- ¿Qué hora es, Jasper? -inquirí, recostado mi cabeza en el respaldo del asiento trasero.
-Las cinco de la mañana casi. -respondió con un bostezo.
Suspiré y cerré los ojos, durmiéndome casi al instante.
"Caminaba junto a mis hermanos, Alice y Emmett hacia la cafetería del colegio, íbamos haciendo bromas y empujándonos. Ángela y Jessica ya nos esperaban en la mesa.
Al entrar en el lugar, todos giraron a vernos, claro que, eso era normal, siempre lo hacían.
Nos sentamos juntos y hablamos de cosas triviales. Emmett insistía en que debíamos formar una banda musical, ¿cómo habíamos llegado a ese tema? Alice, por otro lado, le reprochaba a su hermano que él ni siquiera sabía tocar un pandero y que su voz, al cantar, parecía más el maullido de un gato siendo golpeado, que una persona.
Nosotros estábamos muriendo de risa por las caras de Emmett y los comentarios de la pequeña Alice. Ahora veía lo parecidos que eran y la relación de hermandad que tenían ambos.
En ese momento, todos se giraron hacia la puerta y nosotros, al ver esa acción sincronizada, lo hicimos segundos después.
Ahí, estaba parado el chico más bello que alguna vez haya visto. Cabello cobrizo despeinado, ojos verdes impresionantes y facciones marcadas. Iba vestido con unos jeans que se le ajustaba maravillosamente, una playera negra ajustada a su, visiblemente marcado, torso y una chamarra de cuero negra también. Por el cuello de la playera, se podía ver una mancha de lo que, yo supuse, era un tatuaje.
Me quedé sin aliento sólo de verlo. ¿Podía existir alguien tan perfecto?
Pasó junto a nosotros y me miró de reojo con curiosidad, paseó su intensa mirada por toda la cafetería, como buscando algo y se sentó en un rincón alejado.
Me quedé mirándolo unos minutos más y, entonces, me sorprendí al ver un reflejo negro rodearlo, ¿qué era eso? ¿La luz acaso? No tenía idea, pero ahí estaba.
Era como un ángel negro, esa impresión me dio. Rodeado de un halo azabache y su hermosa cara inexpresiva, como pintada, sólo faltaban las alas para completar el cuadro perfecto.
Lo observé más detenidamente, aparte del fulgor, ¿que era ese brillo que le salía de las manos? ¿Sólo yo veía eso? Estaba segura de que sus manos resplandecían como si tuviera brillantina en ellas y, ¿acaso...? ¿Estaba...? ¿Estaba hablando sólo? ¿Por qué movía los labios tan rápido? Podría ser que estuviera cantando pero no me parecía muy probable.
Él me miró de nuevo y, esta vez, no había curiosidad. Sus ojos, verdes antes, estaban completamente negros, sin el iris, sólo negros y él tenía una sonrisa diabólica en el rostro. Entonces, comenzó a cambiar y una cabellera rubia sustituyó el cobrizo, un rostro comenzó a formarse sobre el otro.
Unos segundos después, ya no había rastro del chico que había entrado, ahora había ahí un completo desconocido, rubio y con una mirada que me hizo estremecer. Fijó sus ojos en los míos y una sensación de terror me llenó por completo..."
-Bella...-me despertó la voz de mi hermano.
Salté y me di cuenta, ya completamente despierta, que estábamos en casa.
-Lo siento, estaba cansada. - me disculpé.
-Descuida, yo te habría cargado pero como estas maquillada y sé que no te gusta dormir así...- me miró con arrepentimiento.
-No, está bien. - susurré. - Tienes razón.
Me bajé del auto y caminé junto a Jasper hacia la casa.
Todo estaba en silencio, por lo que supuse que mamá y papá estaba ya durmiendo.
-Descansa, hermana. – murmuró Jasper y dejó un beso en mi frente.
-Buenas noches. - le susurré de regreso.
Nuestras habitaciones estaban en el segundo piso, por lo que, Jasper caminó a la suya y yo a la mía, de extremo a extremo.
Entré a mi cuarto y me quité la ropa, cambiándola por mi hermosa y cómoda pijama. Entré al baño descalza me quité el maquillaje lentamente, después lavé mi cara y corrí a mi cama.
Me tiré en ella y, sin querer, a la hora de acurrucarme bien bajo las sábanas y cerrar los ojos, la cara del hombre rubio que había visto en mis sueños me llenó la mente, causándome otro escalofrío.
Sabía que había alguien más en ese sueño, alguien que no conocía y que me había hecho suspirar. Sin embargo, no lograba recordar su rostro. Era estúpido, hace apenas una media hora lo había soñado, ¿cómo se me podía olvidar tan rápido?
Con esa duda en mi mente, me quedé totalmente dormida.
La gamuza es una tela parecida al terciopelo.
¡Hola! Empezamos con la historia, en este capítulo no hubo muchos cambios en realidad, pero ya podemos ver un poco de nuestros chicos. Bella es increíblemente decente, Jasper es el tranquilo que conocemos pero también va a tener su carácter, más con Alice, quien va a ser sarcástica y molona pero no perderá la esencia de la real Alice, Rosalie va a ser la dura de siempre, Angela será muy parecida a Rosalie, Jessica va a ser la Angela de la historia, Emmett será el de siempre y pronto se viene Edward que es el que si va a dar el cambiazo.
Espero que les guste y que se merezca un comentario. Los amo con todo mi corazón.
Alexa Swan de Cullen*
