— ¿Qué es esto? —Espetó Yami mirando la bola café de pelos que Mahad acababa de desempaquetar. Aunque mantenía la expresión apática, sus ojos rebosaban de curiosidad ante el regalo que acababan de hacerle.
—Un Kuriboh.
—Es obvia esa parte. Quiero decir ¿Por qué me traes un Kuriboh?
—Es una carta buena en el duelo de monstruos, me has hecho pedazos con ella tantas veces que creí que ya le habías tomado cariño.
Yami abrazó el peluche y miró con reproche a Mahad. —No sé si estoy en edad de tener peluches, ¿sabes? Ya casi cumplo diecisiete.
— ¡Vamos, joven Atem! ¿Me va a decir que no le gustó para nada el regalo?
—Es lindo. —Admitió ocultando el rostro detrás del peluche. Ocultando su sonrisa.
—Por cierto. —Murmuró al final Mahad, sacando por fin lo último que llevaba en su bolsa de papel, entregó la caja del rompecabezas a su amo y sonrió sentándose en la silla del rincón.
— ¿Qué es esto? —Murmuró acomodando el peluche de manera que quedara acomodado entre su brazo izquierdo y su cuerpo y así no soltar el regalo de su mentor.
—Un rompecabezas egipcio, según me dijeron.
Yami abrió la caja y dejó caer las piezas entre sus piernas. Levantó un par de piezas para examinarlas y luego miró la caja. —Parece auténtico. —Admitió mirando de nuevo las piezas. Las acomodó por tamaños y luego se puso manos a la obra. Primero analizando los tamaños y las formas de cada una de las piezas que tenía en sus manos y luego dividiéndolas en montoncitos que Mahad no fue capaz de catalogar.
Al cabo de una hora, Yami ya llevaba la mitad del rompecabezas armado y Mahad se había quedado completamente dormido en una posición extraña y aparentemente incómoda. Yami miró a su tutor con una sonrisa en el rostro y después miró sus muñecas por primera vez. Se armó de valor y desenvolvió los vendajes de su mano derecha, topándose con las costras que la sangre había dejado atrás. Suspiró hastiado y volvió a colocar la venda en su lugar, pensando, por primera vez, en que había hecho algo estúpido.
2.- El tatuaje de Yami
Catone Historias: Gracias por comentar, espero que esto continúe siendo de tu agrado y siga con el suspenso. No consideraba el puzzleshiping hasta que una amiga me lo sugirió. Espero siga gustando con los giros que vaya tomando. Y qué agradeces, la verdad la agradecida soy yo por el apoyo
Cote-Dark-Dangerous-Love: Poco a poco iré develando por qué tanto dolor en éste personaje. La verdad yo tampoco era fan del puzzleshiping, me parecía extraña siquiera la idea, hasta que una amiga me planteó la necesidad de estar cerca el uno del otro por el rollo de compartir cuerpo y surgió esto. En fin, es una idea suelta, espero saber tu opinión más adelante.
Yugi caminaba de regreso a casa, pensaba en todo lo que Tea le había dicho de Yami, todavía no podía creer que aquel muchacho indefenso fuera capaz de ser tan cruel como ella decía. Sin embargo, aún en medio de su crueldad, Yugi se había percatado de que las medidas que el joven faraón tomaba contra sus adversarios eran crueles, sí, pero al mismo tiempo mantenían la justicia en medio del dolor.
Atacaba sólo lo justo.
Suspiró cuando se dio cuenta de que se dirigía hacia el hospital. Entró a la recepción y preguntó por Atem, percatándose de que no sabía su apellido, se preguntó si lo dejarían entrar o restringirían la entrada sólo para familiares.
Suspiró tratando de serenarse y en el pasillo alcanzó a vislumbrar a Mahad.
— ¡Mahad! —Exclamó tratando de alcanzarlo. La recepcionista lo llamó a gritos y un guardia de seguridad lo detuvo unos instantes antes de alcanzar al hombre, que se había dado la vuelta a mirar al muchacho.
—Yugi… Déjenlo pasar. —Pidió amable mientras regresaba sobre sus pasos. —Viene conmigo.
—Hola Mahad. —Agradeció suspirando.
Entraron a la habitación de Yami y lo encontraron sentado en el marco de la ventana, con una pierna colgando al vacío y con el otro pie recargado en el marco. Mahad se alarmó y entró en silencio, tratando de acercarse sin ser detectado, sin embargo, Yami igual miró en su dirección y sonrió de medio lado.
—No es otro torpe intento de suicidio, Mahad. Tranquilo. Es sólo que aquí se respira mejor. Se siente el aire helado y me hace recordar que estoy vivo. —Sonrió mirando la luna y luego su expresión se tornó sombría. — ¿Qué hace él aquí?
—Joven amo. El joven Yugi salvó su vida.
—Yo… me iré, sólo quería saber cómo estabas, es decir, te veías agotado en la mañana y yo quería asegurarme de…
— ¿De que hubieses logrado tu cometido? Arruinaste mi muerte, descuida. —Espetó mirándolo y percatándose de que sus ojos violáceos estaban rebosantes de angustia y genuina preocupación. No supo cómo tomarse aquello, así que bajó de un salto de la ventana y se acercó a Yugi. Mahad tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no intervenir, pero por algún motivo, su corazón le decía que permaneciera quieto.
Yami tomó a Yugi por las solapas del saco y lo acercó hacia sí, y por primera vez, Yugi pudo apreciar los ojos violáceos con destellos rojizos de Yami. Su piel ligeramente tostada desprendía un aroma cálido y seco al mismo tiempo, y aunque tenía todo el cabello desaliñado y lucía demacrado por los tres días de inconsciencia y la ausencia de alimentos consistentes, aún conservaba la gloria de un rey antiguo. Por primera vez comprendió por qué todos en la escuela lo llamaban Faraón a la par que lo llamaban Yami, pero cuando hurgó en sus ojos esperando encontrarse con el alma oscura y corrupta que Tea había mencionado los últimos dos días, sólo encontró los ojos de un pequeño asustado con ganas de pertenecer a algún lugar. Exactamente igual que como él había estado.
Con cuidado, procurando moverse lentamente, Yugi tomó los puños de Atem y sonrió, sintiéndose aterrorizado por dentro pero manteniendo la calma por fuera, como cuando jugaba duelo de monstruos.
—No era mi intensión arruinar tus planes. —Murmuró a manera de disculpa.
Yami retrocedió ligeramente, sorprendido por la afirmación del muchacho, y luego lo empujó lejos de sí antes de recoger su libro del suelo y depositarlo en la mesita de noche, al lado de las piezas del rompecabezas.
—Te propongo un trato. —Murmuró desarmando lo que llevaba adelantado del rompecabezas. —Un juego.
— ¿Qué clase de juego? —Murmuró tratando de enumerar los juegos que conocía gracias a la tienda de su abuelo.
—Uno… que sólo juegan los valientes que se enfrentan a la oscuridad. Un Yami no game. ¿Qué dices? ¿Te atreves?
—Sí. —Murmuró inseguro mirando a Mahad, quien se había puesto repentinamente pálido ante las palabras de su amo. — ¿En qué consiste?
—En que tienes que armar la mitad del rompecabezas en una hora. —Dijo distribuyendo las piezas por toda la mesita. Lo miró un instante más y luego se dirigió hacia su cama, en donde se dejó caer y acomodó como si estuviera en un trono antiguo y fuera un regente malcriado y soberbio. —Si lo consigues, no cobraré mi venganza como los dioses mandan cuando regrese a la escuela… Pero si no, tu vida será un infierno por convertirme en una leyenda fallida y soportarás cada atentado con calma y resignación.
Oh no… Pensó Yugi asustado. Durante un año no fui capaz de resolver el rompecabezas y ahora quiere que lo consiga en una hora. ¿Qué debo hacer? Debería renunciar al juego, si lo hago ahora de todos modos me va a fastidiar la vida, pero al menos me iré con dignidad.
— ¿Qué pasa, Yugi? ¿Tienes miedo de perder?
—Joven amo…
—Basta, Mahad. Yugi debe tomar su decisión.
—Lo haré. —Soltó decidido mientras se acercaba a la mesa y se arrodillaba para comenzar.
Esto es malo, si no lo consigo… Yugi comenzó a mirar las piezas una a una y luego hizo varios intentos para tratar de acomodarlas. Pasados los primeros treinta minutos, Yami había perdido todo interés en el muchacho, pero en los últimos cinco minutos, al percatarse de que Yugi se había quedado repentinamente callado, se levantó de su cama y se puso de pie a sus espaldas, admirando el trabajo del joven.
Qué extraño, en un año no fui capaz de lograr esto y justo ahora creo que puedo conseguirlo. Si tan sólo…
—Se te acabó el tiempo. —Espetó Yami arrebatando el rompecabezas de las manos de Yugi y consiguiendo que las piezas botaran de su sitio, se quedó únicamente con la pieza del ojo y suspiró. —Tu tormento no será tan escandaloso, después de todo. Pero óyeme bien. No te has salvado.
—Lo sé… Y lamento haberte hecho enojar. —Murmuró Yugi levantándose, sin embargo, le dedicó una última sonrisa a Yami y antes de despedirse de Mahad y salir de la habitación, agregó. —Pero francamente me alegro de haberlo hecho. De otro modo, me habría perdido de éste momento de gloria.
Y por un momento, Yami creyó que jamás comprendería aquellas palabras y que el pequeño Yugi sería siempre un enigma para él. Miró a Mahad y sonrió de medio lado, confundido por la lucha interna que Yugi había despertado en él.
—Era el antiguo propietario del rompecabezas. —Explicó el tutor mientras acomodaba su saco en el respaldo de la silla. —Y no había logrado resolver el puzzle en un año.
—Eso es una sorpresa. —Admitió Yami para sí mismo. Mahad comenzó a barajar su deck y sonrió con el reto marcado en la mirada mientras Yami le devolvía la misma expresión.
—Por cierto. Mañana será dado de alta, joven amo. ¿Cómo quiere pasar su última noche en el hospital?
—Veamos si no has perdido práctica ahora que he estado fuera de circulación. —De manos de Mahad recibió su propio deck y comenzó a barajar las cartas mientras se planteaba expresar en voz alta o no su nueva idea. —Mahad. ¿Serías capaz de guardar un secreto para mí? ¿Incluso de mis padres?
— ¿Qué clase de secreto?
—No te lo puedo decir hasta que lo sepa.
—Siempre que no atente contra su vida. Lo haría con gusto.
—Quiero tatuarme la cruz de Ankh en la espalda.
—Vamos, joven Atem. —Murmuró incrédulo mientras tomaba la última carta en su mano. — ¿No preferiría tatuarse un Kuriboh? Son más lindos. —Y ante el silencio sepulcral que siguió a su comentario, Mahad tuvo que levantar la mirada y dejar de lado su estrategia para buscar en los ojos de Atem algo de broma. Pero su expresión era críptica, con el cejo entre fruncido y los labios apretados. Ni molesto, ni feliz, ni curioso ni indiferente. Críptico. — ¿Una cruz Ankh? ¿Para qué quiere tatuarse una cruz?
—Es una promesa conmigo. —Explicó calmado mientras tomaba sus cartas. —Significa que no volveré a atentar contra mi vida. El signo de la eternidad y la resurrección. Sólo piénsalo, Mahad, los dioses no me dejaron morir en paz, en lugar de eso mandaron al enano entrometido. Volví de entre los muertos, es poético. Juro que sentí la muerte ahondar y colarse en cada rincón de mi cuerpo, pero sigo aquí, así que he vencido a la muerte. Si estuviéramos en Egipto, valdría suficiente esa muerte para ascender a faraón, después de todo, sólo los dioses regresan el mismo día. Tómalo como una garantía.
—Ya, el joven amo quiere que tome un tatuaje antiguo como la garantía de algo tan importante y trascendental como su propia vida. —Refunfuñó mientras colocaba una carta hacia abajo y miraba a Atem. El muchacho no pudo evitar soltar una carcajada ante las acciones de su tutor. —Y me quiere hablar de poesía a mí. No hay nada de poético en…
—No, Mahad. —Interrumpió aun tratando de contener las carcajadas. —La muerte es lo más poético que existe. La historia está plagada de poemas que giran en torno a la muerte, los mayores amores, las peores tragedias, todo. La muerte convierte todo en poesía, y de la misma forma, la vida le arranca la solemnidad a la muerte. Y yo ya las atravesé ambas. Y quiero una marca en mi piel que me recuerde que no pienso ceder en el juego.
—Con todo respeto, señor… creo que ya tiene suficientes marcas en el cuerpo, los cortes fueron profundos, y posiblemente dejen cicatrices.
—Lamento decepcionarte, Mahad, pero mi cuerpo tiene una habilidad excepcional para sanar aún de las peores heridas. Mi rostro es la prueba legítima. ´
— ¿Lo dice por cómo quedó después de tanto? Lo compadezco. —Bromeó ocultando su rostro tras las cartas. Yami lo miró con el entrecejo fruncido pero al analizar mejor su mano, sonrió de oreja a oreja y bajó su primera carta boca abajo.
—De acuerdo. Let's duel.
—Señor, insisto con el respeto.
—Eso ya me preocupa.
—Si quiere ponerse poético ¿Por qué no mejor se consigue una novia? ¿No hay ninguna chica que le interese? ¿Qué hay de esa amiga suya del ciclo pasado? ¿Tylor, Tea?
— ¿¡Tea!? No, no hay manera. Ella fue una buena amiga pero lo nuestro duró lo suficiente y más de lo necesario. Sé que ella podría haberse enamorado de mí y aprecio que si lo hizo, no lo demostró jamás. La valoro, Mahad, y tengo un recuerdo muy bello de ella como para querer entremezclarlo con deseo carnal. De todos modos ella ya no me habla. Porque, a menos que hubiese estado sedado tanto como para no notar su presencia, nadie de mi escuela ha venido a verme.
—Vino el joven Yugi.
—No me voy a dar por aludido, el pequeño intruso arruinó mis planes. ¿Crees que debería estar agradecido con él por tratar de salvarme la…?
—Se quiere hacer un tatuaje con la cruz de Ankh. —Irrumpió solemne mientras miraba sus cartas.
Y cuando se dio cuenta de que no tenía manera de refutar aquello, simplemente se limitó a murmurar. —Malditos abogados.
— ¿Qué hay de ésta otra amiga suya? La que trabaja en el antro.
Yami soltó una carcajada antes de volver toda su atención al juego. —Es un bar bohemio, no un antro, Mahad. Y además no es mi tipo. Y yo soy demasiado dulce para ella, a mí no me gustan rubias y a él no le gustan egipcios. Es sencillo.
—Bueno, ¿Y cuál es su tipo, entonces?
Yami lo pensó un momento antes de murmurar. —Duelistas, supongo. No lo sé, nunca he salido con una chica más de tres meses. Pero con Mai nunca saldría en plan romántico, eso tenlo por seguro. Me da escalofrío pensar en ella como algo más, es demasiado dura, incluso para mí.
— ¿Y entonces por qué se llevan tan bien?
—Pongo a Kuriboh en modo de defensa y colocaré dos cartas boca abajo. Mi turno ha terminado, Mahad. Y más te vale que tengas algo bueno.
—Joven amo… —Murmuró curioso, pasando el duelo a segundo lugar.
—Porque somos muy iguales. Por cierto, ya concreté la cita para el tatuaje.
— ¿Hizo qué?
—Cita, para mi tatuaje. Una enfermera fue tan amable de permitirme hablar por teléfono e iré a tatuarme en cuanto salga de aquí.
—Sus padres no lo aceptarán, ni financiarán la idea.
—No te preocupes, Mahad. —Soltó sonriendo de medio lado, socarrón y engreído como siempre, como si supiera algo que su tutor no. —Será un regalo de cumpleaños.
— ¿Ah, sí? Pues entonces cambio mi carta a modo de ataque. Mi guardián celta ataca a tu Kuriboh, y eso me pone a la delantera.
— ¿Y cómo eso te pone a la delantera? —Soltó divertido Atem mientras revelaba una trampa. —Ay, Mahad, aún tienes tanto que aprender de los duelos.
