Yugi caminaba con aires distraídos por la escuela. Iba tarde para verse con Tea y no soportaba la idea de hacer esperar a nadie, menos a una de sus mejores amigas, que constantemente se quedaba esperando al muchacho que terminaba, siempre, llegando tarde. Vio a su amiga recargada en los casilleros con los audífonos puestos y decidió apresurar el paso, comenzando a trotar en su dirección, con una mano levantada y su nombre en medio grito.

No lo vio venir. Aunque al principio el camino había parecido despejado, se había topado con un obstáculo que lo había hecho tropezar y desperdigar sus papeles frente a sí, revolviendo las hojas sueltas que llevaba consigo. Una sombra se ciñó sobre él y sintió unas manos frías tomándolo por los hombros para obligarlo a levantarse. Se encontró con los ojos de Yami, enrojecidos y oscurecidos de una forma violenta y macabra, sonreía de medio lado cuando lo apresó contra el pilar tras el que estaba oculto antes de meterle zancadilla. Puso una mano recargada en el concreto a la altura de su rostro y con la otra mano se cubrió un ojo de manera perturbadora. Yugi se percató de que Yami llevaba colgando el rompecabezas del cuello, pero no dijo nada al respecto, esperó acobardado, como una presa, a que su atacante diera la estocada final. Pero nunca llegó. Yami se irguió en toda su estatura, viendo al pequeño Yugi hacia abajo, y murmuró.

—Esto es sólo una advertencia. Cobraré mi parte del trato.

Y sin más, se dio la vuelta.

Yugi se deslizó hasta el piso y respiró entre cortado a la par que Tea llegó a su lado. La chica estaba pálida y había visto demasiado tarde el incidente con Yami, que se alejaba para encontrarse con Duke, quien lo esperaba sosteniéndole su maletín.

El faraón se colgó el maletín sobre el hombro y se alejó sin volver la vista hacia atrás, dejando a Yugi acobardado.

—Yugi… —Llamó temerosa Tea.

—Estoy bien. Descuida. —Murmuró recobrando la compostura. Suspiró un par de veces y luego miró a su amiga, levantándose de su lugar para irse a clases. —Tenemos mate, será mejor que nos movamos rápido o perderemos la clase.


3.-En la escuela

Catone Historias: Poco a poco iré develando lo que ocurrió entre ellos cuando eran amigos, después de todo, forma parte del por qué Atem se volvió Yami para la escuela, gracias por seguir comentando, de verdad me inspira a seguir. Sólo espero no demorar demasiado con la publicación de los capítulos.

Cote-Dark-Dangerous-Love: Más o menos, de alguna manera lo odia y lo aprecia por lo que hizo por él, supongo que será cuestión de que se abra a confiar otra vez, pero tienes razón, ya hay algo en común. Sobre Yami y Tea, pronto hablaré más de ellos, aún no decido mucho al respecto pero, supongo que se dará solo. Me da gusto que te identificaras con lo de la muerte, esa filosofía va a acompañar a Yami durante toda la historia, pero de formas distintas, la muerte y lo poético. Gracias por seguir la historia y por tu comentario.


Afortunadamente para ambos, el profesor no había llegado aún y ambos estaban a salvo de la mirada castigadora de aquel estricto docente. Tuvieron tiempo de sobra para poner al corriente a Joey y a Tristán de lo ocurrido en la mañana.

— ¡Ese malagradecido! —Soltó Joey levantando un puño en el aire. —Si yo hubiese estado ahí, habría puesto a ese cretino en su lugar.

—Sí. —Coincidió Tristán sarcástico. —Justo después de la paliza.

— ¡Oye! Explica exactamente qué quieres decir con eso. —Espetó retándolo. Tristán correspondió al reto, fastidiado como siempre, y como siempre, Tea tuvo que ir a meterse entre ellos para tratar de separarlos.

Yugi soltó una risa por lo bajo, sin embargo su mirada se perdió en la ventana y su mente viajó a lo que Yami le había dicho en el hospital.

Se te acabó el tiempo. —Espetó Yami arrebatando el rompecabezas de las manos de Yugi y consiguiendo que las piezas botaran de su sitio, se quedó únicamente con la pieza del ojo y suspiró. —Tu tormento no será tan escandaloso, después de todo. Pero óyeme bien. No te has salvado.

Suspiró bajando la mirada y sonrió cuando vio a Bakura entrar al salón a ocupar su sitio, frente a Yugi.

—Supe que el faraón te sentenció ésta mañana.

—Sí, no es algo alentador de hecho. —Admitió recargándose sobre sus brazos. — ¿Por qué trataría de suicidarse? —Murmuró para sí volviendo la vista a la ventana.

— ¿Por qué no se lo preguntas?

— ¿Qué? —Exclamó levantándose de su asiento, asustado de lo que acababa de decirle su compañero, y llamando la atención de los otros tres, que habían seguido gritándose hasta ese momento. — ¡No! Simplemente no puedo hacer eso.

—Pues de hecho, sí puedes. —Murmuró el muchacho con tranquilidad mientras se recargaba en el respaldo de su silla. —Compartimos Educación Física con ellos en la última hora de hoy.

—No puede ser. ¿De verdad tengo tan mala suerte?

—No lo veas como mala suerte… —Sugirió Bakura tratando de permanecer optimista. Sin embargo, no supo cómo continuar con su frase y miró a Tea en busca de apoyo.

—Es lo último que nos toca hacer hoy, no hay nada de qué preocuparnos de momento. De todos modos no hay nada que hacer. Lo más seguro es que te deje en paz.

—No lo sé. —Murmuró dándose cuenta de que no le había dicho a Tea nada de su encuentro con Yami en el hospital. —Yo… digamos que le debo algo.

— ¿De qué estás hablando? —Murmuró Tea confundida.

—No importa. —Dijo Yugi sonriendo ampliamente mientras entraba el profesor de Matemáticas. Suspiró ocupando su sitio y enfocó su atención a la clase.

—Todo el mundo, buenos días. —Dijo el profesor con aires distraídos. —Es momento de entregar las tareas, déjenlas en mi escritorio. —Murmuró dándoles la espalda y comenzando a plantear un nuevo problema en el pintarrón. Yugi buscó entre sus hojas, pero suspiró frustrado al darse cuenta de que faltaba la tarea. Tuvo que suprimir un grito cuando se dio cuenta de que seguramente Yami tendría la hoja.

Carraspeó sabiendo que no podía simplemente mentir respecto a la tarea, así que levantó la mano y esperó a que el profesor lo mirara y le cediera la palabra.

—Robaron mi tarea ésta mañana… —Murmuró incómodo, a sabiendas de que todo el mundo había presenciado el momento en que había sido atacado por el faraón.

—Señor Muto. —Murmuró el profesor con aires decepcionados. —Podría esperarlo de Wheeler pero no de usted.

— ¿Qué? —Soltó Joey ofendido, levantándose en su asiento y comenzando a mover los brazos de forma violenta a su alrededor. — ¿A qué se refiere con que lo espera de mí? ¿Acaso he demostrado tanta irresponsabilidad? ¡Eso no es justo!

—De hecho… —Murmuró Tea con expresión de fastidio. —Sí. Es justo lo que está diciendo el profesor. Y creo que es justo lo que todo el mundo cree sobre ti, Joey.

—Amerita el castigo, pero dado que usted nunca ha mostrado faltas en mi clase, sólo lo dejaré como una amonestación. Pase al frente. —Dijo ofreciéndole el plumón.

—Sí profesor. —Murmuró avergonzado mientras avanzaba hacia el frente.

.

Se habían sentado a desayunar, Tea, Joey y Tristán ya estaban en su mesa de siempre, esperando a Yugi y charlando alegremente de la clase de inglés que habían recibido ese día. Yugi llegó corriendo hasta el lugar y dejó su desayuno en el borde de la mesa antes de sentarse.

—Perdón por la tardanza, no sé cómo hizo Yami para quedarse también con mi tarea de inglés. Afortunadamente la de ciencias sí la tengo conmigo.

—Dime por favor que la traes contigo. —Murmuró Tea cubriéndose la boca y mirando a su alrededor, asegurándose de que no hubiera nadie cerca como para escuchar.

—Descuida, está en mi bolsillo. Nadie la va a sacar a menos que se metan directamente conmigo. Así que dudo mucho que alguien lo logre. —Sonrió para infundirle valor a su amiga y sonrió más cuando ella le regresó la sonrisa.

Tristán y Joey compusieron una expresión de rabia y comenzaron a temblar desde su sitio, cuestión que hizo a Yugi y Tea mirar hacia atrás. Yami estaba de pie tras Yugi y miraba al muchacho con desprecio. Suspiró tomando el desayuno de Yugi y alejándose de él a pasos calmados.

— ¡Oye! —Espetó Joey levantándose y amenazando al faraón. — ¡Eso es de mi amigo!

—No, está bien. —Murmuró Yugi molesto pero sabiendo que aquello era parte del castigo que el faraón había propuesto. —Se lo debo. —Murmuró entre dientes mientras se cruzaba de brazos y cerraba los ojos, imitando sin querer un gesto muy característico de Atem más que suyo.

—Pero Yugi… —Murmuró Tristán confundido mientras trataba de detener a Joey.

—No se preocupen. —Murmuró componiendo una sonrisa y mirando a Yami con tranquilidad. —Está bien.

—Entonces así va a ser… —Murmuró Yami con una sonrisa de medio lado, no sabiendo si sentirse orgulloso del sentido del honor y lealtad que tenía el joven o sentirse defraudado por tener que enfrentarse a una presa fácil. —Aprecio tu honor, es la mejor manera de jugar.

—Un trato es un trato. —Murmuró mirando la mesa y suspirando. —Tú y yo hicimos un acuerdo. Y no pienso faltar a mi palabra.

—Me agrada. Tienes honor. —Reconoció dándole la espalda y avanzando hacia la entrada de la cafetería, antes de alejarse demasiado, añadió. —Pero esto es sólo el principio, Yugi. Recuerda nuestro trato.

—Lo sé.

.

Yugi suspiró cuando por fin se llegó el final del día, la única clase que compartían con grados más avanzados. Sabía que se encontrarían con el grupo de Duke y Yami, y aunque no les gustaba nada la idea de tener que compartir el espacio con dos chicos de aquella reputación, no tenían muchas opciones.

Cuando llegaron al gimnasio se dieron cuenta de que ya había varios chicos vestidos con ropa deportiva. Yami estaba sentado de lado en una banca, con un pie colgando y el otro sosteniendo su peso. Yugi no pudo evitar recordar esa misma escena en la ventana del hospital, por lo visto, Yami tenía esa costumbre.

Tea se sonrojó al verlo; pantalones cortos, tenis deportivos, una camiseta negra ajustada de manga tres cuartos y una camiseta holgada de básquet encima. Normalmente sólo llevaba la camiseta floja que mostraba sus brazos relativamente trabajados y su espalda, atlética, pero los últimos días llevaba una camiseta que ocultara completamente la piel de sus hombros. Sostenía un libro abierto en una mano y miraba sus páginas con aires distraídos, pero sus ojos no se desplazaban en los renglones, se mantenía con la mirada fija en el papel.

Duke se acercó hasta él y le entregó un separador para su libro, Yami le dedicó una sonrisa y se levantó dejando el libro en la banca. Suspiró acercándose a la cancha cuando el profesor entró y nombró a Tristán y a Duke por los apellidos.

—Ustedes seleccionarán los equipos, asegúrense de que sean equipos mixtos, con gente de ambos grupos. Y una vez que estén listos, explicaré la dinámica del día de hoy.

Al cabo de unos minutos los equipos estaban formados, Yugi, Tea, Tristán y Joey estaban todos en el mismo equipo, por otro lado, Yami estaba de pie al lado de Duke, mirando por la ventana sin el menor interés en el juego. O al menos eso aparentaba, sin embargo, Yugi notó que prestaba atención en cada detalle a su alrededor.

—El juego de hoy será… —Murmuró el profesor terminando de pasar lista en su tablilla. —Quemados. —Las quejas se alzaron de ambos lados a sabiendas de que aquel juego era el cliché clásico en el que bullys y abusados se veían las caras, un momento de venganza o de redención para cualquiera de ambas partes. —Los límites están marcados con una línea blanca en el suelo, así que ambos equipos deberán permanecer detrás de ellas, si alguno pisa o sobrepasa las líneas del piso, serán sacados automáticamente del juego y deberán ir a las bancas. Tienen derecho a esquivar los balones pero en cuanto sean golpeados por uno, deberán ir a la banca pues habrán perdido.

Yami se agachó sobre el oído de Duke y el pelinegro sonrió asintiendo.

— ¿Preparados? —Soltó el entrenador llevándose el silbato a la boca, lo hizo sonar con estruendo y Tea recibió el primer balonazo por parte de una chica del otro equipo.

Durante casi media hora, los balones atravesaron de un lado a otro el salón sin piedad ni pausa. Para ese tiempo, poco más de la mitad de los participantes de ambos equipos habían sido eliminados.

Desde el momento en que había sido eliminada, Tea se había percatado de algo que había parecido improbable al principio, sin embargo, no había sido capaz de comprobarlo por sí misma hasta ese momento; la cantidad de personas que participaban en el encuentro había sido reducida y cada vez era más sencillo para ella ver que Yami estaba desviando todos y cada uno de los ataques enviados a Yugi durante el juego, casi como si el faraón estuviese protegiendo al súbdito. Duke estaba asegurándose de cubrir al faraón más que de jugar a eliminar a los oponentes, no por eso había dejado de acertar con sus golpes bien acomodados en los rostros o las costillas de los incautos que se distraían durante el juego, pero su principal intensión había sido proteger al faraón hasta que, poco a poco, la mayoría fue eliminada.

Yami murmuró algo cerca del oído de Duke mientras lanzaba un balón y desviaba el que había estado por golpear a Yugi en el rostro, el balón desviado golpeó a Joey de lleno en el estómago y el muchacho tuvo que salir, más por no soportar el sofoco que por el placer de perder.

Pronto sólo quedaron Tristán, Yugi, Duke y Yami en el juego, y las miradas del faraón y del joven Muto se cruzaron en un instante decisivo para el enfrentamiento. Yugi palideció y Yami se llevó una mano al ojo derecho, ocultándolo para develar una sonrisa macabra.

Duke sonrió y soltó el balón, asintiendo ante las órdenes de su Faraón.