En el aire se respiraba tensión, ni siquiera el entrenador se había percatado de la estrategia de Yami hasta ese momento, aunque aquello era solamente una suposición, no tenía manera de demostrar que el temido faraón había planeado su estrategia de aquella manera. Sin embargo, con base en su experiencia personal respecto al joven problemático, lo más seguro era que se tratara de una venganza personal.
Cuando tenían educación física con otros grupos, solía implementar pequeñas venganzas personales que eran envueltas en las actividades, cada vez que tenía que reunir a dos grupos, el entrenador ponía esa clase de ejercicios en los que le permitía al faraón probar su fuerza, destreza y habilidad sobre otras personas, sin embargo, esperaba que aquella clase fuera normal.
Era torpe de su parte esperarlo, después de todo. Todo el mundo hablaba del encuentro que Yami y Yugi habían tenido en la entrada, y luego, habían hablado sobre cómo Yugi había sido acosado en el receso, dejado sin desayuno ni nada qué comer. De no ser por sus amigos, habría perdido la comida más importante del día, sin embargo, ¿Por qué el joven Yugi?
Y ahí estaba otro rumor de por medio. Todo el mundo decía que Yugi había salvado la vida de Atem, el faraón del colegio. El mejor duelista del mundo. El único que había sido capaz de derrotar a Seto Kaiba.
El que había tratado de ponerle fin a su reinado.
¿Por qué Atem se había vuelto Yami?
¿Por qué de pronto había bajado sus notas?
¿Por qué había abandonado los equipos de deporte y los clubes?
¿Por qué había tratado de suicidarse?
4.- Hikari
Aclaración:Uso la palabra "patética" para describir un gesto de Yugi, no como una ofensa sino como una descripción textual. Después de todo, esa palabra es un adjetivo calificativo: Que denota gran angustia o padecimiento moral, capaces de conmover profundamente y agitar el ánimo con violencia.
Catone Historias: Sí, quise meter esos pequeños guiños a las cosas que ocurrían en la serie como algo aparte, pero hasta ahora no sabía bien cómo. Y sí, es un desgraciado, pero creo que ya va siendo hora de que muestre la otra cara de la moneda. Espero lo disfrutes.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Definitivamente es un amigo. Quería que Atem fuera un alma solitaria y dolida, pero luego pensé que hasta Yami estaba rodeado de gente, así que… No me resistí a la idea de darle un colega fiel. Y reitero, sí. Atem es un desgraciado, pero sólo lo es porque sufre, espero disfrutes éste giro. La verdad me costó mucho escribir Hikari porque quería que Atem siguiera con su crueldad, pero creo que la tortura psicológica se le puede dar mejor. Disfrútala y gracias por el comentario.
Sucedió casi en cámara lenta ante los ojos de todos los presentes, pero no lo suficientemente lento como para que cierto muchacho castaño lo notara antes de hacer su jugada, sólo los que habían visto el juego desde fuera podrían haberse percatado del hecho de que Duke había jugado sólo como una parte, un peón perfectamente manejado por un duelista excelente, que había sabido mantener el juego bajo su control sin que nadie se percatara de aquel hecho.
Porque nadie lo habría notado jugando desde dentro.
Así que cuando ocurrió, Tea y Joey, que ya habían estado intercambiando algunos comentarios respecto a todo cuanto había ocurrido durante el juego desde que el rubio había sido eliminado, todo el mundo sabía exactamente qué seguía.
Y lo que ocurrió en cámara lenta fue precisamente el balón deslizarse de las manos de Duke lentamente hacia el suelo, donde rebotó dos veces antes de que el ataque de Tristán le golpeara la espalda baja y lo hiciera dar un traspié hacia el frente, con una sonrisa de satisfacción en el rostro al saber que no sólo había servido bien a su faraón, sino que había ayudado a un buen amigo al mismo tiempo.
Duke se dejó eliminar por Tristán, que fue eliminado inmediatamente por Yami en cuanto se distrajo al ver su victoria sobre el amo del azar. Claro, Tristán era un gran jugador cuando se lo proponía, sin embargo, tanto Duke como Yami sabían que en cuanto viera que había logrado vencer al As del azar, se enfrascaría en una micro celebración que le permitiría al Faraón librarse de él.
Ahora Yugi estaba al otro lado de la cancha, sudado y agitado, recargando las manos y su peso en las rodillas para tratar de recomponerse, incrédulo de no haber sido el primer eliminado, y todavía más incrédulo de saber que había llegado hasta la ronda final de un juego de esfuerzo físico por primera vez. Levantó el rostro y sus pupilas se dilataron por el pánico de saber que se enfrentaría al faraón sin apoyo. Suspiro ofuscado, cuando miró sus ojos se percató de que él lo había planeado todo para enfrentarse directo al pequeño, llegando a esa conclusión, no pudo más que suspirar resignado. Tomó un balón con ambas manos y miró a Yami, desarmado. El faraón sonrió déspota y murmuró.
—Ataca.
Aquella altanería, sumada al maltrato que había recibido a lo largo de todo el día por parte del bully de la escuela y el agotamiento, además del hambre, hicieron que quisiera arrancarle la sonrisa de la boca con un balonazo.
Todos miraban expectantes la escena, esperando el primer movimiento a sabiendas de que había sido planeada para llegar hasta ese punto.
Después de todo, el faraón nunca hacía nada al azar.
Yugi lanzó el balón y en cuanto sus manos estuvieron libres, se lanzó al suelo por otro, y otro, y otro. Y uno a uno, lanzó todos los balones que estaban de su lado de la cancha, pero de igual manera, Yami esquivó todos y cada uno de ellos con gracia y elegancia, como si simplemente bailara con lo que ocurría.
Yugi, agitado, harto, derrotado y saboreando la amargura de la humillación, levantó el rostro en busca de los ojos de Yami y gritó. — ¡Acaba con esto de una vez! —Y luego, bajando la mirada, murmuró. — ¿Qué más da? De todos modos ya perdí.
Yami se acomodó un balón bajo el brazo, Y luego tomó otro, avanzo a pasos calmos hasta pasar su línea.
—Oye. —Espetó el profesor de educación física sin saber qué hacer para hacerle frente al terror de la escuela. —No puedes abandonar tu lado de la cancha. O perderás automáticamente. —Tartamudeó al ver que el joven no se detenía ante sus amenazas, después de todo, hacía mucho que había dejado de importarle la escuela; sin embargo, y como un giro sorpresivo a las decisiones que tomaba, Yami frenó en seco un momento y volteó el rostro al entrenador con los ojos llenos de asesina determinación, como si estuviese a punto de responder a las palabras del entrenador con algo grosero y poco sustancial, cualquier excusa para librarse de aquello cuanto antes; contrario a lo que todo el mundo creyó que ocurriría en ese instante, el muchacho siguió caminando hasta posarse frente a Yugi. El menor de ambos tenía las mejillas surcadas de lágrimas para cuando Yami llego a su lado. Los ojos carmesí del faraón se fijaron en la figura patética del pequeño, luego él posó su índice en medio de la frente de Yugi y, empujándolo, murmuró.
—Hikari, qué torpe eres. —Yugi levantó la vista sorprendió y recibió en las manos el balón que Yami le ofrecía. El Faraón dejó el otro balón en el suelo, a su lado y mientras se levantaba, murmuró. —Da lo mejor de ti.
Se dio la vuelta envuelto en un silencio penetrante y sepulcral, y una vez detrás de su línea, tomó dos balones y encaró a Yugi a la par que los murmullos reanudaron su marcha.
—Your move! —Exclamó lanzando el primer balón, Yugi apenas tuvo tiempo de reaccionar para evadir el balón, lanzo el primero desviando la atención de Yami y no se lo pensó antes de lanzar el segundo y esperar.
El balón golpeo al faraón en el hombro, empujándolo levemente y arrancándole una mueca de dolor, Yami bajó la mirada mientras todos los susurros reanudaban su marcha.
Duke se acercó a su compañero y le entrego una toalla junto con el rompecabezas, acto seguido, Yami se dio la vuelta y salió junto con Duke del gimnasio.
Yugi cayó de rodillas, sorprendido por lo que acababa de pasar, incapaz de reaccionar y de moverse, no del todo seguro de qué acababa de ocurrir. Ni de querer enterarse.
Tea, Joey y Tristán llegaron corriendo con el muchacho y luego, el rubio lo ayudó a levantarse para ir a las duchas. Yugi justo ahora tenía miedo de enfrentarse a la furia del faraón a solas así que agradeció profundamente la ayuda y compañía de sus compañeros. Sonrió agradecido y no dijo nada al pasar frente al profesor.
Un último pensamiento surcó su mente cuando atravesó la puerta del gimnasio viendo sobre su hombro, buscando el punto exacto donde Yami había estado de pie al recibir el impacto. Tenía el otro balón en la mano, pero sus brazos descansaban a los costados, como si ya se hubiese resignado a recibir el balonazo. Sabía que todo el mundo había tenido los ojos puestos en sí mismo, nadie se había enfocado en ver a Yami durante el último ataque, al menos no hasta que había sido derrotado por el joven transferido. El nuevo de la escuela.
Ahora, lejos del ajetreo y de los rumores, una vez que Yami y Duke habían subido al auto del primero para irse a casa, una vez que ya no había quedado nadie cerca para hablar al respecto, Yugi y Tea por fin habían podido comenzar a caminar lejos del estruendo de la escuela para dirigirse a casa del pequeño, donde se dedicarían la tarde entera a hacer tarea y poder olvidarse del día tan terrible que habían llevado hasta ese momento.
Sin embargo, el día estaba lejos de terminar y de alejarse de ellos, ambos habían estado demasiado absortos en sus propios pensamientos como para darse cuenta de que en realidad, ambos seguían pensando en cierto faraón.
Yugi suspiró por enésima vez y dejó caer su rostro sobre la mesa, agobiado por los deberes de Álgebra y el silencio que se había cernido sobre ellos como una nube de tormenta.
— ¿Te pasa algo, Yugi?
—Nada, Tea. No te preocupes.
—Yugi, sabes que puedes decirme lo que sea. ¿Verdad? Somos amigos.
—Sí, lo somos. —Murmuró con media sonrisa de melancolía mientras la chica terminaba de organizar sus hojas sobre el escritorio. El pequeño miró por la ventana antes de volver su atención a Tea. — ¿Sabes? Cuando me hablaste por primera vez de Yami pensé que se trataba de un bravucón como Ushio, sin embargo, no soy capaz de ver maldad pura en sus ojos. Siempre mira a todo el mundo sobre el hombro y parece sentirse superior, pero salvo cuando está con Duke, sus ojos están inundados de tristeza y él parece quedar siempre al borde del llanto. Como si sus ojos ocultaran algo terrible. Cuando lo visité en el hospital pude darme cuenta de que en realidad es un joven bastante amable y culto, pero su rencor y su odio crecen. No es malo, sólo es…
—Complicado. —Concluyó la chica.
—Sí, así es, complicado.
—Verás, hace un tiempo yo fui su amiga. Tristán y él se juntaban mucho pero ya sabes cómo puede llegar a ser cuando fanfarronea. Y Yami no todo el tiempo estaba de humor para aguantar sus habladas. Entonces Tristán se hizo amigo de Joey y Yami se quedó solo un tiempo. Él era como tú, el transferido de la escuela, acababa de llegar de Egipto con su familia y las únicas personas con las que interactuaba era con Mahad y Mana, que siempre pasaban a recogerlo a la salida. Era el único momento del día en que podías verlo sonreír.
— ¿Y qué pasó?
—Bueno… Un día nos hicimos amigos.
— ¿Cómo? —Soltó sorprendido el pequeño mientras Tea se sonrojaba ante la expresión del pequeño. — ¿A qué te refieres con amigos?
—Bueno. Un día…
Tea caminaba por los pasillos de la escuela, se había quedado de última al ser su turno como parte del equipo de limpieza, y aunque los demás habían salido un poco más temprano, ella se había demorado de más gracias a que había olvidado unas hojas en el salón de clases.
En el final del pasillo, justo unos metros antes de llegar a la salida, dos chicas le cerraron el paso para enfrentarla, una tercera salió de un aula a espaldas de ella e hizo sonar unas tijeras.
—Así que… decidiste hablarle a Atem. —Murmuró la de las tijeras. —Mala idea.
—Solamente le pasé los apuntes de Algebra, es todo.
— ¿Sólo los apuntes? Seguramente. Sería una lástima que alguien perdiera la poca melena que le queda, me pregunto si Atem-sempai seguiría mirándola como a una chica linda.
— ¿Linda? —Repitió Tea sorprendida ante aquella afirmación. —Yo no…
— ¡Por favor, Gardner! No te hagas la desentendida. Todo el mundo sabe que andas detrás del faraón.
—Sí, pero una vez que terminemos con tu cabello, nadie se fijará en otra cosa.
—No sé de qué hablan, de verdad sólo estaba siendo amable.
—Déjenla en paz. —Exclamó Yami desde la entrada al ver que dos chicas casi alcanzaban a la castaña. Llevaba la chaqueta de la escuela sobre los hombros en una forma mística y sombría, de manera que parecía estar envuelto en una capa, sus brazos cruzados y el rostro ensombrecido por la contraluz. Las chicas retrocedieron al instante al reconocer la silueta del faraón y la de las tijeras avanzó medio paso con una sonrisa nerviosa.
—Sólo bromeamos con ella. ¿Qué tiene de malo?
—A mí me parece que Tea no lo toma como una broma. —Murmuró furioso, pero conteniendo sus emociones para no cometer una tontería.
—Por favor, alteza. —Murmuró la chica de las tijeras mientras avanzaba otro paso hacia el muchacho. Sonrió de medio lado de manera coqueta y avanzó hasta el muchacho convencida de poder convencer a Atem.
El muchacho se paró de lado y cruzó los brazos, con ojos cerrados suspiró cansadamente. —Vámonos, Tea. —Dijo en voz baja pero autoritaria, consiguiendo que las otras tres chicas retrocedieran sorprendidas. —Se hace tarde.
—A partir de ese día nos volvimos amigos, de hecho nos volvimos bastante cercanos, casi como tú y yo nos hemos vuelto. Pero sólo duró seis meses. De un día para otro el joven amable, caballeroso, dulce y divertido se convirtió en lo que tú conoces. Por alguna razón todo se salió de control y Duke, su único amigo real de ese entonces aparte de mí, fue el único al que dejó entrar. Duke ya era un poco revoltoso para ese entonces y Yami se la pasaba tratando de hacerlo entrar en razón, pero algo pasó, como si su bondad fuese corrompida y dejara sólo paso para la oscuridad. Siguió siendo cordial, pero de pronto se volvió cruel y despiadado con sus enemigos. Deberías haber visto cómo humilló a Kaiba en pleno patio cuando lo venció en un duelo de monstruos, ni siquiera se tocó el corazón, redujo sus puntos vitales a cero en un santiamén.
— ¿De verdad fue la nada? —Murmuró incrédulo mientras abría la entrada a la tienda.
—Sí. Se convirtió en Yami de un instante a otro. Por algún motivo dejó de ser amable o considerado. Se volvió sombrío y reservado, y comenzó a tratar a sus enemigos con crueldad. Nadie sabe por qué. O al menos creemos que nadie excepto Duke y su tutor, Mahad. Mahad siempre lo está protegiendo y buscando cómo hacerlo entrar en razón, es la única razón por la que él no se sale de control.
—Ya veo. Pero entonces quiere decir que ocurrió algo en ese tiempo.
—Sí, cuando salimos de vacaciones ya no nos vimos entre nosotros y perdimos todo contacto, pero cuando volvimos sólo me bastó con verlo para darme cuenta de que había cambiado algo, sus ojos eran sombríos y su brillo carmesí ya no era amable, daba miedo. Ni siquiera Kaiba lo enfrentó en un principio.
—Bueno, Kaiba es cobarde cuando no tiene la batalla ganada. —Murmuró Yugi pensando en las veces que Kaiba había decidido no enfrentar a un enemigo sin su deck original. Suspiró mirando a Tea de reojo. —Pero entonces tú lo conoces. A Yami.
—Sí, y debo admitir… —Tea se llevó una mano hecha puño al corazón, bajó el rostro con tristeza y suspiró. —Un tiempo incluso estuve enamorada de él. Siempre tan lindo y caballeroso, conmigo y con todo el mundo. ¿Sabes? —Murmuró con tristeza mientras una sonrisa melancólica se apoderaba de su rostro y ella entreabría los ojos con la mirada perdida. —En el fondo, Atem oculta un corazón bondadoso y generoso, siempre lucha con honor y con dignidad, respeta a sus enemigos y los castiga según lo que es justo, después de todo es casi un faraón. —Miró a su amigo un momento y su sonrisa se hizo más amplia cuando vio los ojos brillosos de Yugi, mirándola con curiosidad y compasión. —Sus ojos eran como los tuyos.
El recuerdo de Yami pidiéndole que diera lo mejor de sí lo golpeó. Había reto en su mirada, sí, pero también había bondad y esperanza. Y después…
—Hoy… —Murmuró Yugi pensativo. —Hubo un momento en el juego en que vi sus ojos y… Tea, creo que me dejó ganar.
—Cuando tú estás cerca de él, pasa algo con su mirada. —Admitió Tea pensativa, tocando su barbilla con el índice. —Es como si se suavizara o si… si recuperara su bondad. Incluso te llamó… —Tea hizo una pausa mirando a Yugi, que asintió igual de confundido que ella.
—Hikari. —Murmuró. —Sí, me pareció extraño que lo hiciera. También me llamó torpe. —Añadió molesto mientras le alcanzaba a Tea un vaso con agua.
—Hikari y Yami. —Murmuró Tea pensativa.
—Me pregunto si será un acto poético. — Murmuró Yugi considerándolo. —Si es un alma sensible como tú dices, posiblemente lo habrá hecho a propósito.
—Sí, su parecido físico es impresionante. —Murmuró Tea pensativa, como si fuera la primea vez que lo notaba. —Así que, ahora que lo mencionas, sí, es poético que te haya llamado Hikari cuando él es Yami. Él siempre ha sido poético en todas sus acciones, lee mucho. Y todo el tiempo está hablando de la muerte.
— ¿Qué tiene de poética la muerte? —Murmuró Yugi molesto y confundido mirando sus notas de álgebra. —La vida es la que lleva la poesía, contiene las nuevas esperanzas del futuro y es el comienzo de todo, mantiene la esperanza. No hay nada que sea más poético que la esperanza, y la muerte no es una esperanza en el mejor de sus casos.
