Tea miraba pensativa el pasillo de la escuela mientras esperaba a Yugi, recordaba la última vez que había hablado con Atem antes de que él se volviera abiertamente Yami.

Era el primer día de clases después de las vacaciones de verano. Tea esperaba que llegara Atem para entregarle un regalo que había conseguido durante las vacaciones; en una exposición del antiguo Egipto que había en el museo, en la tienda de suvenires tenían placas para poner un nombre en jeroglíficos antiguos. Ella había conseguido grabar el nombre de Atem, y de hecho, había sorprendido mucho a la chica que atendía cuando pidió el nombre, lo primero que le dijo fue que aquel era el nombre digno de un faraón antiguo.

Sin embargo, cuando Atem llegó a la escuela, con la chaqueta sobre los hombros como si fuera una capa, con la mirada sombría y con pasos firmes y poderosos, Tea supo que algo no andaba del todo bien.

Encaró al faraón y depositó la cajita en sus manos cuando él la miró, él la guardó en su bolsillo trasero y miró en los ojos de Tea a sabiendas de que ese regalo sólo podía estar acompañado de una confesión. Si así era, todo se iba al carajo, peor de lo que habría sido si ella simplemente lo hubiese visto como un amigo. Simplemente deseó que si sus suposiciones eran ciertas, ella guardara para sí su confesión y supiera seguir adelante. Agradeció que ella no dijera nada más, que no agregara nada ni insinuara nada tras entregar la caja, comenzó a caminar lejos de la chica.

No seguiré siendo tu amigo, Tea. Las cosas cambiaron.

Lo sé. —Dijo ella con melancolía mientras veía a su amigo alejarse hacia la biblioteca de la escuela.

Tea suspiró pensando en ese día, en ese y en los siguientes, que consiguieron que la chica se replanteara un montón de cosas. Durante casi dos meses, aunque se seguía reuniendo con las chicas de su salón, se sintió desamparada; era extraño no contar con la presencia formal y alegre de su mejor amigo recordándole que tenía deberes qué entregar y proyectos por iniciar, pero poco después de ello llegó Yugi a la escuela, y todo volvió a la normalidad para ella.

Cuando había conocido a Yugi, bueno, no podía decir que había recuperado a su viejo amigo, era más como si hubiese complementado la imagen que tenía de Atem, como si ese pequeño fuera la pieza faltante del rompecabezas.


8 Protegido.

Cote-Dark-Dangerous-Love: Bueno, una cosa a la vez, por lo pronto, sí, ya lo está admitiendo para sí mismo, y respecto a las cicatrices, bueno, aquí viene un poco más de ello. Escribir me gusta, pero me ha costado mantener al personaje de Atem como lo había plasmado al principio, como si estuviera cobrando vida propia y estuviera evolucionando, supongo que ya está listo para mirar su presente y hablar del pasado sin rencor, pero supongo que lo iré descubriendo conforme avance el tiempo. Ahora, respecto a Ushio... bueno, sí, se va a poner un poquitín interesante. Disfrútalo.

Catone Historias: Sí y no, aunque debo admitir que estoy emocionada. Al menos ya admitió que hay algo entre ellos y llegar a eso, bueno, creía que me iba a costar muchísimo trabajo hacer que las piezas encajaran. Gracias por seguir la historia.


Aunque el día había pasado tranquilo, ni Rex y Weevil se habían aparecido en la cafetería mientras Joey y Tristán habían estado presentes, ni habían visto el rostro del Faraón por ningún lado. Los amigos de Yugi aún estaban impacientes por ponerle las manos encima al fanfarrón de Atem y cobrar su venganza por cómo habían sido tratados el día anterior a la entrada, y aunque Tea y Yugi ya les habían dicho mil veces que lo mejor era dejar aquello morir por la paz, ambos jóvenes insistían en continuar con sus maquinaciones de venganza.

—Es inútil. —Dijo al fin Yugi dejando su desayuno en el borde de la mesa, como solía hacer para que Yami lo tomara. —Me rindo con ustedes, de verdad parecen indispuestos a dar un paso en ninguna dirección que no sea hacia una pared que los va a aplastar si siguen así.

— ¡Gracias por el voto de confianza! —Espetó Joey con el ceño fruncido.

— ¡Esos sí que son ánimos! —Soltó Tristán dándole la espalda.

—No lo tomen a mal, chicos.

—Sí, no sean así. —Apoyó Tea con una creciente gota en la cabeza. —Después de todo, Atem siempre parece tener todo controlado, sobre todo cuando las cosas parecen más siniestras para él.

—Y hablando del diablo. —Soltó Joey volteando el rostro. Atem llegó hasta ponerse de pie tras Yugi y levantó el bentou cerrado del pequeño. — ¡Oye! —Exclamó Joey poniéndose de pie y señalándolo con un dedo. —Tú dijiste que ya se había terminado el trato entre ustedes dos, no tienes derecho a llevarte su desayuno.

—Joey, tranquilo. No entienden.

—Sí entendemos, éste matón egipcio quiere llevarse tu desayuno de nuevo. Aun cuando Duke nos había dicho que él había decidido dejar de molestarte. Hablas de honor todo el tiempo. —Espetó Tristán señalando al faraón con el dedo. —Pero no puedes respetar tu propia palabra y dejar en paz al muchacho.

—No, de verdad no entiendes. —Atem ignoró a Joey y a Tristán olímpicamente y dejó en lugar del desayuno de Yugi, el suyo. Se dio la vuelta y comenzó a avanzar hacia Duke, que ya lo esperaba al fondo del comedor. —Atem criticó mi manera de cocinar el otro día, y aseguró que Mahad y él cocinaban mejor. Es un intercambio, no un robo.

Joey y Tristán observaron confundidos al faraón alejarse con pasos calmados, ignorando las acusaciones que ambos habían hecho y percatándose, por primera vez de que el faraón parecía estar de mejor humor de lo que normalmente estaba. Lo vieron soltar una carcajada cuando Duke le metió zancadilla y consiguió regresar el ataque a su amigo con fluidez y elegancia.

—Oye Yugi. —Llamó Tea confundida con el comportamiento de su amigo. — ¿Eso quiere decir que el faraón y tú hicieron las paces?

—Eso parece.

—Y ahora serán amigos. —Espetó Tristán confundido.

—Nos van a cambiar. —Murmuró Joey con aires tristes.

—Amigos… —Murmuró Yugi pensando en esa palabra y pensando en cómo lo había llamado Atem. —No, no amigos. Él no usa esa palabra para referirse a mí.

— ¿Y entonces cómo te llama?

Yugi lo consideró un momento, pensando en las dos maneras en que había sido llamado por el Faraón, ambas iguales de fuertes para él. Sin embargo, al final se decidió a mencionar la segunda, era un poco menos formal y sobre todo, menos personal—Aibou.

—Así que… Aibou… —Repitieron Joey y Tea al unísono.

—Compañero. Es una forma personal de referirse a una persona, ¿No lo crees? —Dijo Tristán confundido por el giro tan radical que había dado la relación que su amigo llevaba con el faraón ahora. — ¿De cuándo acá te trata bien?

—Bueno, originalmente me maltrataba por haberle… salvado la vida. Pero ahora parece una persona distinta, él…

El recuerdo de las palabras de Atem lo golpearon.

Mi guerra inició con la gota que colmó el vaso. Pero las cicatrices que ves en mi espalda también son una parte importante para que yo quiera ganar esta guerra contra él. Mi padre jamás estuvo en los entrenamientos que me iniciaron al arte ancestral del tahtib… —Había admitido con voz trémula mientras Yugi terminaba de vestirse y salía de las regaderas para encontrar a Atem sentado en la banca, aún sin la camiseta puesta y recargando todo el peso de su cuerpo sobre los codos en las rodillas. El menor pudo apreciar las cicatrices que se asomaban por el filo del pantalón del faraón y sintió dolor. —Cuando el señor se dignó a entrenar conmigo, decidió que yo era lo suficientemente fuerte como para enfrentarlo con todo su poder, yo tenía diez años y la mitad de las cicatrices que ves. Él me hizo las restantes… Se llevó una o dos cicatrices cuando descubrió que me había estado conteniendo. Tenía doce años cuando lo enfrenté cara a cara por primera vez y salí airoso. En ese entonces mi madre ya quería venir a vivir aquí. Me envió con ella y nos alcanzó dos años después.

Sin embargo, fue sacado de sus pensamientos abruptamente. Escucharon un escándalo fuera del comedor, Joey y Tristán se levantaron inmediatamente y Tea y Yugi tuvieron que tomar rápido sus cosas para alcanzar a sus amigos. En el patio de la escuela se había formado un círculo en torno a Ushio y Atem, el primero se frotaba los puños como si pretendiera tronar sus nudillos y su grupito estaba de pie en arco tras él, como si con eso fueran a intimidar al faraón. Yami estaba de pie con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados, su expresión era mortal pero trataba de mantener la calma. Duke permanecía a su lado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, listo para defender a su faraón de ser necesario.

—Ushio. —Dijo Atem con voz potente, abrió los ojos para mirarlo directamente. —Ya había decidido dejarte en paz por petición de mi Aibou, pero esto… —Yugi y Tea se abrieron paso casi a empujones hasta Tristán y Joey, que ya tenían un lugar privilegiado en primera fila para ver la pelea. Yugi se dio cuenta de que su desayuno estaba tirado en el suelo, esparcido entre Ushio y Atem, quien ahora realmente parecía molesto.

— ¿Qué pasa? ¿Molesto porque no va a desayunar, su alteza?

—Ese desayuno lo preparó alguien importante para mí y tú lo tiraste sin importarte las manos que lo prepararon. No importa si desayuno o no, tiraste comida, y a los dioses no les gustan los hombres que desperdician sus regalos.

—No me digas, niño egipcio. —Sus compinches soltaron risas por el comentario de su cabecilla. — ¿Y ahora me darás una lección en nombre de los dioses?

—Duke. —Murmuró Atem molesto. —Que no intervengan sus colegas. Esto es entre Ushio y yo. ¡Y en cuanto a ti! —Espetó señalando al matón de la escuela. —Había tomado la decisión de dejarte en paz sólo porque mi Aibou lo había pedido, pero ahora que te has metido directamente conmigo, eso no lo voy a dejar pasar.

— ¿Tu Aibou? —Soltó el matón confundido.

— ¡Atem, espera! —Gritó Yugi avanzando hacia el faraón, se detuvo a unos pasos y miró a Atem a los ojos. —No tienes por qué hacer esto.

—Se metió directamente conmigo y tiró el desayuno que tanto te esforzaste en preparar. —Dijo con los dientes apretados sin despegar la vista de Ushio. —Si se meten conmigo deben aprender que hay consecuencias.

—Pero Atem…

—Toma. —Dijo quitándose el rompecabezas del cuello y colgándoselo al pequeño antes de revolverle el cabello y dedicarle una sonrisa cálida. —Cuídalo en lo que regreso.

—Atem…

—Y en cuanto a ti, tienes mucha suerte; dado que mi Aibou se niega a que te siga la corriente con tu comportamiento nefasto e infantil te dejaré elegir la cuerda que usarás para colgarte ¿Con qué juego vamos a resolver esto?

—Me llama infantil pero quiere resolver esto jugando. —Dijo mirando a sus amigos con la burla reflejada en la mirada. Ellos soltaron risas por lo bajo y aquello fue suficiente para que el aire entre el público se helara. Nadie se burlaba del faraón y vivía para contarlo. —Dado que me das la oportunidad de elegir, lo resolveremos con el único juego en el que tengo la ventaja. —Y tras decir aquello, se lanzó al frente soltando un golpe que podría haberle dado a Atem en la cara si no se hubiera movido a toda velocidad para detenerlo. Sonrió de medio lado tomando el puño de su oponente y en un movimiento fluido lo tenía sujeto en una llave.

Los amigos de Ushio trataron de intervenir, pero para sorpresa del faraón, no sólo Duke, sino también Tristán, Joey y Yugi se interpusieron frente a ellos para detenerlos.

Tres golpes fueron más que suficientes para que Ushio terminara en el suelo, lleno de raspones y manchas de tierra.

—Ushio. —Amenazó el faraón sombrío. —Soy alguien de pocas palabras y dejo que mis actos hablen por mí, así que, por última vez, con palabras te voy a pedir que dejes de meterte en mi camino o en el de mis amigos, porque si sigues interfiriendo, te las vas a ver con toda mi furia y poder. Esto será sólo el principio, y tu dolor sólo podrá compararse con el dolor que sintió mi pueblo ante las plagas y la oscuridad que azotaron Egipto hace cinco mil años. ¿Entendido?

No esperó respuesta para darse la vuelta y recibir de manos de Duke su chaqueta para acomodársela a manera de capa. Comenzó a caminar hacia su siguiente clase, Yugi lo alcanzó trotando con el rompecabezas en las manos y lo llamó en un grito por su nombre.

—Tu rompecabezas. —Dijo en voz baja ofreciendo el objeto a su amigo.

—Ah, es cierto. —Dijo recibiendo el rompecabezas de las manos del pequeño. El círculo que se había formado alrededor de ellos durante la pelea no terminaba de disolverse, así que varias personas comenzaron a secretearse cuando vieron al faraón con Yugi. Desde hacía semanas habían comenzado las apuestas, la mayoría decía que Atem terminaría con el pequeño antes de que Muto pudiera defenderse, pero dado el giro que parecía haber tomado la manera en que se trataban entre ellos, la mayoría ya no sabía ni qué pensar. —Quédatelo. —Dijo colgándolo alrededor de su cuello para luego revolverle el cabello en un acto protector. —De esa manera, todos en la escuela sabrán que estás bajo mi protección.

—Bajo tu…

—Después de todo, sí eres hikari en éste lugar. El rompecabezas ya era tuyo antes de que yo lo armara, volverá a mí en algún momento, pero por ahora es tuyo.

Y tras alejarse unos pasos del pequeño y asegurarse de que sólo su paladín lo escuchaba, Atem miró a Duke y añadió.

—No voy a venir a la escuela la próxima semana. Así que necesito pedirte un favor.

—Lo que mi faraón desee.

—Pásame los apuntes que tomes en clases, y más te vale que sean buenos apuntes o tendré que tomar medidas al respecto.

— ¿Qué? No entiendo.

—Digamos… —Murmuró con media sonrisa. —Que he estado pensando en lo que me dijiste respecto a tomar en serio la escuela. Tienes razón, me voy a esforzar. Pero no voy a venir a la escuela en toda la semana que viene, y la única manera en que puedo esforzarme es si tú te conviertes en mis ojos para seguir aprendiendo. Así que, necesito de tu ayuda, viejo amigo.

—De acuerdo, cuenta conmigo. —Murmuró extrañado, dudando por completo de las palabras del faraón, sabiendo que debía haber algo más de por medio para que él se interesara en la escuela de nuevo. —Dime la verdad…

—Quiero volver a ser el primero en la escuela, al menos por un ciclo escolar.

— ¿Por qué?

—Porque Kaiba viene a mi cumpleaños. Y quiero demostrarle quién es el verdadero rey de los juegos. —Dijo sacando dos invitaciones del bolsillo. Se las entregó a su amigo y siguió avanzando. —Ahora, escucha bien lo que te voy a decir, ésta es tu invitación para poder entrar a mi casa el próximo sábado por la noche.

— ¿Y por qué me das una segunda invitación?

—Eso es lo que tienes que escuchar con atención.