Atem estaba en la cocina, mirando las noticias matutinas cuando llegó Mahad.
—Joven amo, pensé que iría a la escuela el día de hoy. Después de todo, tiene una apuesta que ganarle al joven Muto.
—Es mi cumpleaños, Mahad. Y siguiendo la tradición de la casa, hoy puedo hacer lo que me plazca, donde me plazca. Además, hoy alcanzo la edad para ser coronado faraón de Egipto, así que, con mayor razón nadie puede decirme qué debo y no debo hacer.
—Es verdad. —Concedió con media sonrisa cómplice, sin embargo, su expresión se disolvió casi al instante. — ¿Y qué va a pensar su madre de esto?
Atem se encogió de hombros ante aquella pregunta. —Igual nunca la veo.
—Está en casa.
— ¿Dónde?
9.- Las flores
Cote-Dark-Dangerous-Love: Gracias, créeme que es grato saber que la evolución del personaje va fiel al mismo. Siiii, Ushio se metió en un buen aprieto. Respecto a Kaiba, bueno, de el es de quien ya tenía varios fragmentos escritos. Espero sean de tu agrado, decidí reivindicar mi relación con Seto, siempre le guardé rencor, o al menos hasta que conocí a Seth y a Kisara, en fin. Gracias por seguir la historia y por seguir dejándome saber lo que opinas de ella, de verdad apoya.
Catone Historias: Gracias por notarlo, sí, decidí meter esos detallitos como perlas ocultas y me es grato saber que sí se están notando. Y bueno, ya van a cambiar las cosas entre Yami y Yugi.
Kaiba estaba en la entrada, esperando paciente la aparición del Faraón, casi ansioso para poder rechazar la invitación a su fiesta de cumpleaños. Cuando vio a Duke entrar solo, suspiró frustrado de saber que lo que Mokuba le había dicho de él era cierto.
— ¿Tu monarca no se digna a aparecer en su propio cumpleaños? —Espetó cuando Duke pasó por su lado, el pelinegro sonrió de medio lado y miró a Kaiba de reojo.
—Mi faraón dijo que harías exactamente eso cuando me vieras solo. —Giró medio cuerpo para ver a Kaiba a la cara y sonrió mostrándole el pulgar. —No, mi amigo no vendrá a la escuela el día de hoy, y dijo que si querías rechazar su invitación a su cumpleaños, debías hacerlo de la forma más cordial, en su casa, presentando tus respetos al faraón de la familia. A su padre. No estoy plenamente convencido de que le agrade mucho que el nuevo líder de la corporación Kaiba falte a un evento social tan importante, pero no importa, supongo. Las acciones no se mueven por algo así ¿O sí?
Kaiba gruñó por lo bajo cuando Duke comenzó a caminar.
—Tal vez tu amigo sea un cobarde y por eso no quiso venir hoy.
—O tal vez sabía que no tenía por qué venir el día de hoy. O mañana… O el resto de la semana. Hoy es su cumpleaños, Kaiba. Puede hacer lo que él quiera.
—Desobligado. —Espetó entre dientes dándose la vuelta para irse.
Duke sonrió viendo al muchacho alejarse y murmuró para sí mismo. —Va uno, faltan dos.
Y tuvo que recurrir a todas sus fuerzas para no reír a carcajadas cuando vio a Kaiba empujar a Joey a su paso cuando se encontraron en el pasillo.
— ¡Quítate, perro faldero!
— ¡¿A quién llamas perro faldero?! ¡Kaiba! Ven acá, pedazo de ricachón presumido, ven para que podamos arreglar las cosas.
.
Yugi sostenía con fuerzas su bentou y miraba en todas direcciones, esperando a ver a Yami, Tea también le ayudaba a buscar y sonrió animando a su amigo cuando vio entrar a Duke al comedor. El pequeño salió corriendo hacia el pelinegro, pero no fue capaz de ocultar su desilusión cuando se dio cuenta de que estaba solo.
—Hola Yugi.
—Hola Duke. Oye, ¿Has visto a Atem?
—Y con éste, van dos. —Dijo para sí mismo, tratando de ocultar su sorpresa. —Atem dijo que preguntarías por él. ¡Vaya si conoce a la gente ese príncipe! No va a asistir ésta semana. Y me pidió que te dijera, cuando vinieras a preguntar por él, que su apuesta sigue en pie, que su pequeño juego no se verá afectado por su ausencia de estos días. A saber qué quería decir.
—No te preocupes Duke, lo entiendo.
—Por cierto, también me pidió que te diera esto. —Dijo al final sacando un sobre color arena sellado con cera y el símbolo del ojo del milenio. —Dijo que era exclusiva para ti. Sólo tiene un boleto y espera que puedas asistir. Es para su cumpleaños.
— ¿Va a ser su cumpleaños? —Soltó Yugi sorprendido.
—Hoy es cumpleaños del faraón.
— ¿Qué? —Exclamó aún más sorprendido. — ¿Y si planeaba invitarme a su fiesta por qué no me dijo nada al respecto?
—Yugi, el evento es muy formal, debes ir de vestir y presentar la invitación para que te dejen entrar. La seguridad del evento es muy buena y ni el faraón en persona puede ayudarte si pierdes la invitación, así que será mejor que la lleves contigo ese día, por ahorrarnos sustos.
—Vaya… —Murmuró el pequeño observando el desayuno envuelto en sus manos.
—Me dijo una última cosa. —Añadió Duke entregándole un paquete muy similar al que sostenía el muchacho y tomando el que ya tenía. —Pidió que cuidaras mucho esos palillos y que se los devuelvas el sábado en la noche. Se los obsequió su madre cuando él llegó aquí, hace años y de verdad los aprecia. Dijo que seguramente traerías contigo ese desayuno que prometiste y que no estaba dispuesto a defraudarte no recibiéndolo. Así que, aquí está el suyo. Provecho.
—Gracias. —Murmuró Yugi mirando el paquete con un leve rubor en sus mejillas, sonrió abiertamente para Duke, quien comenzó a comprender por qué Atem tenía al pequeño en tan alta estima.
—Con permiso. —Dijo haciendo una leve reverencia con la cabeza y alejándose a pasos calmos. Yugi lo pensó un momento más y luego alcanzó a Duke con media sonrisa.
— ¡Oye! ¿Vas a desayunar solo? Digo, siempre andas con el faraón y… ¿Quieres desayunar con nosotros?
— ¿Cómo-yo? —Soltó sorprendido ante la invitación del pequeño.
—Sí, después de todo, no deberías estar solo en la mañana si puedes desayunar con amigos, no creo que les moleste.
— ¿Joey y Tristán estarán felices de que yo desayune con ustedes? —Soltó incrédulo con una sonrisa amplia en el rostro.
—Bueno, tal vez un poco incómodos. —Admitió el pequeño, sin embargo, Duke asintió avanzando un paso en su dirección. —Supongo que pueden aceptarlo si lo pido.
—Seguramente lo harán. Vamos.
Tea saludó con la mano en la distancia y dedicó una sonrisa cálida a Duke cuando él llegó. —Qué bueno que viniste. —Comentó optimista. —Así no estarás solo. Ahora esperemos al dúo dinámico llegar para ver cómo se infartan.
—Tea, tú conocías al faraón. —Comentó el pequeño Yugi sonrojado por lo que estaba por preguntar. —Necesito tu ayuda para comprar un regalo para él.
— ¿Regalo? ¿Qué clase de regalo?
—De cumpleaños.
— ¡Es cierto! Es hoy.
— ¿Sabías de su cumpleaños?
— ¿Tú no? Yugi, lo siento, no lo sabía. ¿Te lo dijo Duke?
—Sí, algo así.
—El día que fuiste a su casa seguramente te enteraste de algunas cosas que le gusten.
—Bueno… —Lo pensó un momento abriendo el desayuno y sonrió cuando se percató de que los palillos venían envueltos con un moño del mismo tono que sus ojos.
—Le gustan las plantas y la música. —Dijo Duke abriendo su respectivo desayuno y comenzando a comer, luego, con un poco de comida en la boca, añadió. —Tiene el balcón lleno de plantas.
—Es cierto, le gustan mucho las que son de mucho sol. —Corroboró Yugi golpeando el puño en su palma boca arriba. —Me mostró una flor que ha cuidado desde que llegó aquí. Creo que es una…
—Primavera del desierto. —Corroboró Duke con una sonrisa. —Fue la primera flor que le regaló su madre. En realidad era La señora quien amaba las plantas, y heredó ese gusto a su hijo. Eso y la poesía.
— ¿Qué hace éste aquí? —Espetó Joey llegando a la mesa.
—Ah, Joey. —Exclamó Yugi con una amplia sonrisa. —Nos ayuda a elegir un regalo para Atem, por su cumpleaños.
— ¿Un regalo para el faraón? —Soltó Tristán sorprendido.
— ¿Tienen algo que hacer ésta tarde? —Comentó Tea al final. —Podríamos ir todos juntos a comprar flores.
— ¿Flores? —Repitió Duke confundido. —Pero no durarán hasta el fin de semana ¿No?
—No, hablo de una flor de maceta, una planta con todo y tierra. Yugi podría seleccionar una planta adecuada para el jardín personal del faraón y comprarla.
—Sí. —Dijo entusiasta el tricolor sonriendo para su amiga. —Pero… ¿Podríamos ir el viernes? Tengo miedo de que se muera antes del día en que la voy a entregar.
— ¿Pero no sería mejor que la tuvieras desde hoy? —Dijo Duke mirando al cielo. —Así podrías cuidarla para el faraón y sería un regalo un poco más personal, tendría tu tiempo y cuidados además de ser de tu parte.
—Pero… ¿Eso sería importante para él?
—Bromeas ¿Cierto? Sería el mejor regalo que podrías hacerle. Por algún motivo, él te quiere mucho. Siente una conexión muy fuerte contigo y esa conexión es lo que le impidió seguir con su Yami no game.
Es cierto. Pensó el pequeño llevando una mano al rompecabezas. Desde que lo vi en el baño yo también sentí esa conexión con él. Era como si estuviéramos destinados a encontrarnos el uno al otro. Desde el principio he sentido la necesidad de estar cerca, como si el destino nos tuviera deparados algo a los dos y debiéramos estar juntos.
—Sí. —Murmuró sonriendo. —Tal vez tengas razón. Iré a comprarla hoy.
—Voy contigo. —Añadió el pelinegro guiñando un ojo y señalándose con el pulgar de manera optimista. —Después de todo, no hay mucho que tenga que hacer el día de hoy además de pensar en el regalo para mi mejor amigo.
—Cuenten conmigo. —Dijo Tea sonriente.
—Sí, por qué no. —Murmuró al final Joey encogiéndose de hombros y dedicándole una sonrisa a Yugi. —Después de todo, eres mi mejor amigo, y tú siempre me has apoyado hasta en mis mayores momentos de torpeza.
—Todos tus momentos son tu mayor momento de torpeza. —Dijo Tristán con una sonrisa pícara. —Y como alguien debe cuidarte, iré contigo.
Duke sonrió mirando a los amigos de Yugi. Por eso el faraón apreciaba tanto la compañía de Tea y Tristán. Son agradables después de todo, y Yugi realmente es hikari para Atem.
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Para las cinco de la tarde, todos llegaron al punto acordado y por primera vez, Yugi estuvo a tiempo.
Se dirigieron a un vivero que Tea conocía y entraron todos juntos viendo las diferentes plantas que había expuestas en la entrada, una señora se acercó para preguntar si podía hacer algo por ellos y Tea se enfrascó en una charla con ella, comentándole el tipo de planta que estaba buscando. Joey, Tristán y Duke añadieron detalles y estaban tan ensimismados en sus explicaciones que no se dieron cuenta de que Yugi se había metido al vivero para ver las plantas por sí mismo.
Caminaba solitario pensando en todas las cosas que Atem le había dicho sobre jardinería, recordó cada detalle que el faraón dijo sobre la forma de las hojas, la duración de la germinación, la cantidad de agua y cuidados especiales que debían tener cada una de las plantas y sonrió cuando casi pudo sentir la voz de Atem, como si él estuviera inclinado sobre su hombro diciéndole cosas de las plantas a su alrededor.
Por un momento no supo si fue su imaginación o si realmente la voz de Atem le indicaba qué plantas debía evitar por sus cuidados extremadamente sensibles y cuáles eran más resistentes. Sonrió dándose cuenta de que caminaba hacia una parte que estaba llena de macetas con ramas retorcidas y pálidas.
En medio de un bloque de ramas había una con dos flores de un color rosa brillante y llena de brotes verde vivo por todo el tronco principal. Como pudo se acercó a ella y la levantó en sus manos para admirarla mejor. Tendría unos treinta centímetros de estatura pero las flores eran realmente grandes y llamativas, sonrió más ampliamente cuando se percató de que casi parecía un árbol en miniatura. Atem había confesado que tenía ganas de un bonsái, pero no sabía si aquello entraría en calidad de árbol miniatura.
—Se llama Rosa del desierto. —Dijo una señora de cabello canoso y apariencia amable acercándose a Yugi.
— ¿Perdón? —Soltó sorprendido.
—La planta, se llama Rosa del desierto. Ésa es joven, pero con los cuidados apropiados podría llenarse de flores algún día. Es hermosa ¿verdad?
—Sí, es muy bella.
— ¿Para qué un jovencito como tú querría una flor así?
—Es… para un regalo de cumpleaños.
—Ya veo. Bueno, la persona que recibirá esa flor es muy afortunada. Después de todo, es una flor que viajó desde medio oriente para venir hasta acá.
— ¿Esta flor podría darse en Egipto?
—Podría, es de un país vecino, posiblemente fue un regalo para los faraones en sus épocas de negociaciones y tributos con sus países vecinos.
—Un regalo para un faraón. —Murmuró Yugi con una sonrisa tímida y los ojos brillando. La mujer sonrió con ternura mirando al pequeño.
Tea llegó corriendo hasta Yugi con una maceta en los brazos, un pequeño arbusto de camelias rosa claro. —Aquí estás. Qué bueno.
—Qué hermosas flores. —Soltó Yugi con los ojos abiertos y brillantes.
—Sí, las compraré para mí. Me gustaron mucho. De hecho todos seleccionaron ya una planta para cada uno de ellos, estábamos buscándote. ¿Qué tienes ahí? —Dijo percatándose de que el pequeño abrazaba una maceta. — ¿Y esa planta?
—Ah, es una rosa del desierto.
— ¿Del desierto?
—Sí. —Dijo Yugi apretando un poco la maceta, sonriendo distraído y tratando de imaginarse la expresión que pondría Atem cuando la viera. —Como el faraón.
Tea se sorprendió muchísimo al darse cuenta de algo que ni Yugi parecía saber en ese momento, sonrió mezcla de melancolía y ternura. Por un momento se sintió mal por lo que acababa de perder, pero también se alegró mucho por su mejor amigo y por su antiguo amigo. Aunque sabía que sus sentimientos por ambos eran muy intensos, darse cuenta de los sentimientos que comenzaban a surgir en el corazón de Yugi la hicieron sentirse feliz por ver a su amigo tan feliz. Se acercó un par de pasos hasta el menor y acarició su cabeza igual que como Yami había hecho unos días atrás.
—Le va a encantar. Vamos.
— ¡Sí!
Al llegar a la entrada del vivero, la misma mujer que los había recibido hacía los preparativos en las macetas que cada uno había elegido para que pudieran llevárselas sin ensuciarse la ropa. Joey y Tristán comparaban sus respectivas plantas carnívoras mientras que Duke adulaba la belleza de las flores de Tea y hacía comentarios de podar su fresa para que prosperara.
Cuando la mujer que había hablado con Yugi llegó hasta la entrada, todas las macetas estaban listas y los muchachos sacaban el dinero para pagar sus respectivas macetas. La mujer mayor se acercó a la dependienta de la tienda y murmuró algo en su oído, en seguida, ella sonrió y asintió encaminándose a Yugi, que era el más alejado de todos y terminaba de contar las monedas con las que pretendía pagar.
—Mi abuela dice que la Rosa del desierto te eligió.
— ¿Cómo?
—Sí, dice que puedes llevarte la planta, dijo que es un regalo que harás a una persona muy especial en tu corazón, y que por esa razón no podemos comerciar con la vida de tu planta, la flor eligió irse contigo para que puedas regalarla a esa persona especial.
— ¡No puedo aceptar eso! —Exclamó en voz baja, apenado. —Pagaré por el regalo.
—Descuida. —Dijo la anciana sonriendo de medio lado mientras se acercaba a Yugi y le entregaba la maceta. —No muchas personas regalan plantas por el cumpleaños de un ser querido, y tú pareces un muchacho noble.
—Pero no puedo aceptarlo, esta flor no es barata y es un regalo por el que vale la pena pagar.
— ¿Qué te parece si mejor vuelves un día? Ya que haya pasado un tiempo esa flor dará retoños nuevos que podrás plantar aparte. La persona a la que le regalarás la flor sabrá cómo hacer que retoñe y así podrás traer una nueva planta al vivero. Ese será el pago por la flor.
— ¿De verdad?
—Sí, es tuya. Disfrútala, sé que harás muy feliz a esa persona.
— ¡Gracias! —Exclamó con una enorme sonrisa en la boca, sonrojado y feliz.
—Cuídala mucho. No permitas que nada le pase mientras esté contigo.
—No puede estar en mejores manos. —Dijo Duke llegando hasta Yugi y pasando un brazo sobre sus hombros, con una sonrisa de oreja a oreja y voz confiada. —Éste niño es la mejor persona para cuidar su planta.
