Tea sonrió viendo a su migo con el traje frente al espejo. Yugi no dejaba de dar vueltas y renegar de cómo le ajustaba la ropa, dudando profundamente de todos los halagos que su amiga le había hecho hasta ese momento.
Se sentía ridículo.
No había otra palabra para describirlo. Simplemente se sentía ridículo.
Suspiró hastiado cuando Tea se enderezó para arreglarle la corbata y sonrió para infundirle valor a su amigo.
—Vamos, te ves genial.
—Genial… Genial debe lucir Atem con traje, yo me siento ridículo. Mírame, todo chaparrito, he de parecer juguete.
—Bueno, creo que a Atem le va a gustar.
— ¿El hecho de que parezco juguete?
—No, verte de traje.
—No lo entiendo. —Soltó Solomon entrando a la habitación del muchacho con una cajita en las manos. —Se la pasan quejándose un mes de que Atem los trata mal y luego Yugi acepta la invitación del egipcio a su fiesta de cumpleaños exclusiva para ricachones de la alta sociedad. No tienen lógica.
—Bueno, es cumpleaños del faraón. —Dijo el menor como si aquello fuera suficiente explicación. — ¿Y qué no eras tú el que defendía al faraón?
—Lo defiendo. —Dijo con una sonrisa autosuficiente. —Es sólo que no los comprendo.
—Bueno, Yugi decidió darle una segunda oportunidad. —Admitió Tea con media sonrisa. —Parece que se han vuelto cercanos.
—No diría cercanos. —Murmuró Yugi apenado.
—Bueno, necesitas un buen regalo para la ocasión. —Comentó el abuelo entregándole la caja a Yugi. —Y creo que éste es un buen regalo.
El pequeño destapó la caja y no pudo evitar su sorpresa al percatarse de que dentro venía una carta de duelo de monstruos. — ¡Abuelo! ¿Cómo conseguiste ésto?
—Bueno, alguien tan viejo debe tener un par de trucos bajo la manga.
—Sabrá que también va de tu parte. —Prometió el pequeño tapando de nuevo la caja y tomando las manos de su abuelo.
10.- Conociendo a la familia
Cote-Dark-Dangerous-Love: Tea siempre me pareció un personaje abnegado, salvo cuando las cosas se trataban de Rebecca, pero bueno. Quise respetar eso. Duke me gusta, desde la serie, cuando enfrentó a Yugi en su juego de dados fue como un flechazo, no me gusta tanto como los protagonistas, obvio, pero sí le tengo mucho cariño. Y respecto al regalo, quería que fuera un lado muuuuuy humano el de Atem al que Yugi llegara, en fin. Dejo ésto por aquí. Disfrútalo.
Catone Historias: Sí, bueno. Me cuesta mucho concebir a Kaiba y asociarlo con pensamientos amables. Por un momento estuve tentada a basarme en el Seth incondicional a su primo, pero luego dije "Neh, lo conocí como a un desgraciado, desgraciado se queda" Espero que disfrutes mucho éste cap.
Duke lanzó un juego de llaves a Atem cuando estuvo lo suficientemente cerca de su amigo como para que él las atrapara sin problema. — ¿Sabes? —Dijo Atem divertido cuando regresaba las llaves. —Afuera está el ballet parking.
—Sí, pero ésas no son mías.
—Ah, no las voy a vocear. Para eso hay otras personas. Como tú.
—Ja-ja. —Repuso con sarcasmo mientras volvía a lanzar las llaves a las manos de su amigo, Atem reviso el llavero y abrió los ojos sorprendido. —Es tu regalo de cumpleaños. Te dije que te daría un auto.
— ¡Duke!
—No-no-no. A mí ni me digas nada. Fue cosa de mamá y papá, yo te compré chocolates para ti solito. Eso y esto. —Dijo sacando una carta de duelo del bolsillo. Una Caja mística. —Para tu deck.
—Sabes que no tengo al Mago oscuro.
—Oh, pero está en tu destino poseerlo; pronto llegará, y lo hará de improviso… Como tu mejor amigo. Con permiso. —Soltó alejándose hacia un mesero para tomar una copa.
Atem sonrió de medio lado cuando vio a los hermanos Kaiba entrar a la fiesta.
— ¡Hola, Atem! —Exclamó Mokuba adelantándose unos pasos hacia el aludido, él sonrió revolviéndole el cabello.
—Hola Moki. —En un gesto misterioso, Atem se dobló ligeramente sobre sí mismo y guiñó ocultando la mitad de su boca. — ¿Ves la mesa de regalos?
—Sí.
—El jefe de meseros acaba de dejar una charola llena de trufas en la esquina porque olvidó su cofia en la cocina. Si me traes dos, el resto son tuyas.
— ¿De verdad? —Soltó el pequeño con una expresión de ilusión que llenó su rostro, acto seguido, salió corriendo hacia donde Atem había indicado como si acabaran de decirle que ahí encontraría su más grande sueño hecho realidad.
—Atem. No te vas a ganar a mi familia consintiendo al más pequeño de la casa.
—Aprecio a Mokuba bastante más de lo que tú crees. Es bueno.
—Sí, bondad. Es algo que ni tú ni yo tenemos en nuestros corazones.
—Oh, vamos Kaiba. —Soltó abriendo los brazos y guiñándole al castaño. —No me vas a decir que viniste a mi cumpleaños a ofenderme y a ningunearme. Hasta Pegasus ya vino a darme un abrazo, hasta me compró un obsequio. ¿Tú me regalaste algo?
Seto lo miró con una expresión de pocos amigos antes de voltear los ojos y lanzarle una caja pequeña. —Es de parte de Mokuba, no te confundas.
Atem sonrió mirando la caja y murmurando. —Sería la séptima carta que me regalan ésta noche. ¿Qué será? —Sonrió ampliamente cuando vio que se trataba de los sombreros mágicos. Miró a Kaiba casi con ternura y comentó. —Y se le ocurrió a Moki solo.
—Escúchame bien, faraón. La única razón por la que estoy en ésta fiesta es porque…
—Primo… —Murmuró una chica a espaldas de Seto. Sonaba apenada y no pudo evitar el sonrojo cuando Kaiba giró para mirarla. —Lo siento, yo… No quería interrumpir.
—Kisara, no interrumpes nada. Al contrario, querida. —Soltó Atem acercándose a ella, tomándola por los hombros y plantando un beso en cada mejilla de la chica, ella sonrió tomando los brazos de su primo y devolvió la sonrisa, haciendo que Kaiba se sonrojara ligeramente. —Llegaste en el momento justo. Seto, ella es Kisara, mi perla más preciada, la doncella de ojos azules. Una verdadera rareza para tener sangre egipcia corriendo por sus venas. Kisara, él es mi buen amigo: Seto Kaiba. ¿Te puedo pedir un favor, princesa?
—Claro, ¿Qué necesitas de mí?
— ¿Podrías mostrarle a Kaiba el camino al baño? Me decía que se pierde cada vez que viene a mi casa, no es como si viniera a diario. —Bromeó pasando un brazo sobre los hombros de la chica, quien sonrió sonrojándose al darse cuenta de que Kaiba la miraba fijamente. —No creo que le moleste. Digo, vienen llegando los consejeros de mi padre y quisiera recibirlos como los dioses mandan.
—No, si al joven no le importa, puedo guiarlo yo.
—Será un placer. —Soltó Kaiba cuando por fin recuperó la capacidad de hablar. Atem se alejó unos pasos en dirección a Kaiba, y cuando lo alcanzó, puso una mano sobre su hombro y murmuró.
—Cuida de ella, es mi prima más querida.
.
Yugi se sintió torpe cuando llegó con la maceta adornada a las escaleras que conducían a la entrada. Gran parte del patio estaba lleno de limusinas y autos de todos colores y presentaciones, así que se sintió todavía más fuera de lugar.
Vio a Mahad salir a tomar aire y sonrió subiendo las escaleras.
—Buenas noches. —Murmuró tímido.
— ¡Joven Yugi! Gracias a los dioses. —Exclamó el tutor de Atem con una amplia sonrisa. —Creí que mi destino estaba sellado pero acaba de salvarme la vida.
— ¿Salvarte?
—Atem se aburre. Y eso sólo quiere decir que está por ponerme a hacer trucos de magia. Pero ahora que estás tú…
—Yo no sé hacer trucos de magia. —Interrumpió el pequeño con media sonrisa mientras se reacomodaba la maceta en los brazos.
— ¿Eso es para el joven?
—Ah, sí… —Murmuró Yugi sonrojándose y deseando poder desaparecer. —No sabía qué más darle, así que…
—Creo que la amará. —Dijo con una sonrisa cálida mientras le recibía la maceta. —Es mejor que entremos antes de que pesquemos un resfriado.
— ¿Qué es esto, Mahad? ¿Y éste niño de dónde salió? No estará queriendo colarse a la fiesta de mi hijo ¿O sí?
—Señor, lamento informarle que no busca colarse a ningún lado. —Yugi sacó la invitación del bolsillo, junto con el boleto que venía adjunto a ella y entregándosela a Mahad, que se había convertido repentinamente en un témpano de hielo en su actitud hacia el recién llegado. —El joven es un invitado personal del joven amo, y me permití salir a escoltarlo hacia la fiesta.
—Atem me va a escuchar por esto.
—Usted lo deja invitar a algunas personas. No entiendo qué hay que hablar.
—Un comentario acertado y sabio, Mahad. Por eso eres mi consejero, pero no abuses de tu buena suerte, esa se agota con el tiempo.
—Sí, señor. —Dijo cruzando una mano sobre su pecho y haciendo una reverencia ligera. —Vamos adentro, joven Yugi.
—S-sí. —Ambos pasaron de largo al lado del hombre y entraron a la casa, en cuanto entraron, Mahad le entregó la maceta a un muchacho delgado vestido como mesero.
—A los aposentos del joven.
—Sí, señor.
—Ah… Mahad, no quiero ser entrometido pero…
—Acabas de conocer a su padre. —Yugi se puso pálido de golpe. El aura oscura de aquel hombre frívolo y cruel con su único hijo. La impresión que había tenido Yugi era que había cruzado caminos con un matón o algún sicario, no con un empresario renombrado y poderoso. Y de pronto, la guerra que había iniciado Yami contra su padre, cobró sentido. Atem tenía todo el derecho del mundo de hacerle la guerra a aquel hombre tan horrible.
— ¡Ahí estás, pequeño tramposo! —Exclamó una voz femenina a espaldas de ellos, Yugi sintió unos brazos delgados enroscarse en torno a su cuerpo y no pudo con el peso, terminó en el suelo con el cuerpo de una chica sobre él. — ¿Crees que puedes ocultarte así de tu mejor amiga? Irte sin decir nada al respecto.
—Mana… —Murmuró Mahad pálido por la impresión. —Ese no…
— ¡Mana! —Exclamó Atem de pie frente a ella, con una expresión furiosa en el rostro cuando encaró a la pequeña egipcia. — ¿Qué crees que le haces a mi Aibou? Lo vas a matar. —La levantó en un movimiento fluido y le ofreció una mano a Yugi mostrando una sonrisa radiante. Yugi levantó la vista sorprendido y se sonrojó al instante al ver ahí al faraón, en una rodilla, vestido de frac, luciendo tan elegante que dolía sólo verlo, cualquier dios egipcio, griego o de donde fuera, le tendría envidia. Y poco faltó para que Yugi viera una hojarasca de pétalos de sakura envolviéndolos.
Yugi alejó esos pensamientos agitando la cabeza y tomando la mano del faraón.
—No eres el faraón. —Soltó Mana sorprendida. Y haciendo una pronunciada reverencia, espetó. —Lo siento muchísimo, no era mi intensión… Puedo llegar a ser algo lenta y muy torpe. Lo lamento en verdad.
—Para ya con eso, Mana. —Espetó molesto Atem mientras jalaba a Yugi por el brazo para atraerlo hacia sí. —No se rompió.
—Pero podría. —Y entonces recordó la razón de su enfado. — ¿Por qué me dejaste hablando sola? Siempre haces lo mismo, eso es muy grosero de tu parte.
—Mana, deja de hacer berrinche. Mejor escóltenme ustedes dos. —Soltó mirando a Mahad, quien trataba de contener la risa. —No quiero hacer esto solo.
— ¿Hacer qué?
—Quiero presentar a Yugi con Ishizu y Marik.
— ¿Ishizu está aquí? —Soltó Mahad sorprendido.
—Sí, y tal vez si hubieses accedido a hacer ese truco tuyo con cartas te habrías percatado de que trataba de entretenerla a ella, no a mí. Yugi, los hermanos Ishtar son una parte importante en mi familia, han sido los consejeros más leales de mi padre desde hace años. —Mahad tosió exagerando y se cruzó de manos. —Bueno, Marik se rebeló un tiempo, pero ya está de nuevo en el negocio familiar. Y Mahad está enamorado de Ishizu.
— ¡Eso no es verdad, joven amo! Está exagerando.
— ¿Quién exagera? —Preguntó la aludida llegando a espaldas de Mahad. — ¡Mahad! No te había visto. —Murmuró sonrojada, bajando la vista. —Has estado ocupado me imagino. Hola joven Atem.
—He aquí la flor más bella del desierto. —Comentó el faraón abriendo los brazos para recibir a Ishizu. —Qué gusto verte. Mira, éste es el joven del que te he estado hablando tanto. Yugi Muto, ella es Ishizu Ishtar, la más hábil adivina de la bolsa de valores y las inversiones. Pero dicen las malas lenguas que también puede adivinar el futuro de los hombres si se concentra lo suficiente. No exagero, puede llegar a ser aterradora si se lo propone. Predijo nuestro encuentro.
— ¿Cómo? —Soltó el pequeño sorprendido.
—Sí. —Soltó abrazando a Yugi por los hombros y sonriéndole cómplice. —Dijo que en las profundidades de las tinieblas encontraría la luz. Y henos aquí. En fin. Quería presentarte con una de las primeras personas que me cargó el día que nací. Su hermano es apenas unos años mayor que nosotros. ¿Dónde está él?
—Está con Odion. Dijeron que querían…
—Verte en persona para entregar esto al faraón. —Soltó Marik llegando al lugar, seguido de Odion. El último llevaba consigo una caja pequeña con un moño dorado.
Atem abrió el obsequio topándose con pendientes egipcios, sonrió de medio lado mirando a su amigo y asintió con orgullo. —Dignos de un faraón. —Dijo a manera de halago, consiguiendo que Marik y Odion sonrieran ampliamente.
—Y hechos pensando en uno. —Añadió Ishizu poniendo una mano en el hombro de Atem. —Los mandaron hacer para ti con oro egipcio.
—Los portaré con orgullo. ¡Ah! Qué torpe soy. —Murmuró Atem al final, como si acabara de recordar algo. —Ishizu, necesito un favor. Conseguí un regalo para mi padre por su pasado cumpleaños, prometí que lo conseguiría ya que fue mi culpa que se quebrara la placa que mandaste hacer, ya está listo para serte entregado, es sólo que lo dejé en mi habitación.
—Joven amo, no puede abandonar su propia fiesta. —Reprendió Mahad molesto por el nuevo intento de escape que mostraba el faraón. —Si se vuelve a salir sin avisarle a nadie, temo que tendré que tomar medidas más drásticas.
— ¡Oh, vamos, Mahad! Será sólo un momento. —Reprochó molesto, sin embargo, Yugi se percató de que el joven tenía los dedos cruzados tras su espalda, casi como si tratara de hacerle saber algo. Yugi sonrió de medio lado captando la indirecta y luego miró al tutor de su amigo.
—Podría ir yo. —Murmuró Ishizu apenada por el pleito entre los egipcios. —Sólo díganme en dónde está y me aseguraré de tomarlo.
— ¿Por qué no la acompañas, Mahad? —Sugirió Yugi inocentemente.
—Sí, claro. Como si el amargado quisiera salir de esta súper fiesta. —Comentó nefasto Atem, dándole la espalda a ambos y luego guiñándole al pequeño con una sonrisa pícara.
—Si a Ishizu no le molesta. —Espetó fastidiado el consejero mientras se cruzaba de brazos, harto del comportamiento del menor.
—Vamos, Mahad. —Pidió la mujer tomándolo del brazo y consiguiendo que el mago se enterara de la trampa en la que había caído. —No es necesario que sigan con esto.
—P-pero. —Ella lo jaló medio paso y consiguió que él se olvidara por completo del muchacho por un momento. —Sí, vayamos rápido.
Y cuando por fin se alejaron, Marik y Atem intercambiaron una mirada cómplice.
— ¡No puedo creer que no se enteren! —Espetó Marik divertido. —Se aman en secreto desde hace años.
— ¡Lo sé! —Soltó Atem conteniendo la risa. —Y no han hecho nada para estar juntos.
— ¡Bah! O son ciegos o hicieron votos de celibato.
—Espero que sea lo primero. —Soltó Atem entre dientes, conteniendo una risita.
— ¿Por qué juegas a cupido ésta noche? —Murmuró Yugi con curiosidad. —Duke me dijo lo que le hiciste al pobre de Kaiba.
—Oh, y no emparejo a Mai sólo porque Wheeler no está aquí. —Amenazó divertido.
— ¿Joey? ¿Qué tiene que ver con Mai?
— ¿Qué tanto hablan de mí? —Espetó la rubia llegando con los chicos.
—Luces increíble. Eso hablamos. —Aduló Atem tomando una mano de su amiga y haciéndola girar sobre sí misma, con un short negro a juego con su chaleco y una blusa blanca. —Jefa de meseros. No puedo creer que mi padre te contratara para el evento en lugar de simplemente permitirme invitarte.
—Querido ¿Sabes cuánto paga tu padre la hora? Y las propinas aquí siempre son muy buenas. Estoy encantada, dos por uno. Me cuelo en la fiesta de mi mejor amigo y gano dinero con ello. Por cierto ¿Les ofrezco algo?
—Sí, dos minutos. Mai, éste es Yugi Muto.
—El famoso Yugi. —El pequeño tomó la mano de Mai y se llevó sus nudillos a la boca, plantando un beso tímido y respetuoso en medio de una reverencia. —Es más gallardo que tú. —Comentó la rubia sonrojada. Sonrió mirando al faraón, que también se había ruborizado ligeramente por aquel acto del pequeño. Mai tomó las manos de ambos muchachos y las entrelazó frente a sí. —Esto sí que es curioso. Díganme por favor que al menos se han percatado del contraste una vez.
— ¿Contraste? —Repitió Atem perdido en el argumento de la rubia.
—Sí, tu piel morena contra su pálido color. Es hermoso de ver. —Atem entrelazó sus dedos con los de Yugi percatándose de que Mai tenía razón, la piel de ambos muchachos contrastaba de una forma peculiar y llamativa, pero se veía bien si la ponías así. El faraón sonrió mirando a Yugi, que se había sonrojado ante el tacto en su piel, suspiró corto y sonrió para Mai.
—Tú siempre te fijas en los detalles importantes. —Acusó a Mai.
—Sólo en los importantes.
—Ah, Faraón. —Soltó Yugi alejando su mano del tacto de Atem y rebuscado entre sus bolsillos, dio con la caja que su abuelo le había entregado y sonrió depositándola en las manos de Atem con una sonrisa. —Mi abuelo envió un regalo por su cumpleaños, el regalo que yo te traje se lo llevaron, iré a buscarlo en cuanto vuelva Mahad, no sé a quién se lo entregó.
—Aibou… —Murmuró Atem sorprendido mientras contemplaba la cajita.
—Y también… —Añadió sonrojado rebuscando en el bolsillo oculto de su saco, mostró los palillos que Atem había prestado con el desayuno y sonrió depositándolos en la mano libre del mayor, quien sonrió cálidamente, sonrojándose de una forma tan sutil que sólo Mai se percató de ello. —Gracias, estaba delicioso el bentou.
—Me alegra. —Marik recibió los palillos de manos del faraón y miró con curiosidad cuando Atem rasgaba cuidadosamente el papel para descubrir el contenido del mismo. Sonrió con los ojos brillando cuando se percató de que sostenía en sus manos al Mago oscuro en persona.
—Aibou… —Exclamo casi sin aire, sonrió ampliamente, con los ojos entrecerrados antes de abrazar al pequeño, tomándolo por sorpresa. Odion tomó la carta de manos del faraón aprovechando que él estaba ocupado; él, Marik y Mai miraron incrédulos la carta mientras trataban de buscar en ella todos los elementos que probaran que era una carta real. —Gracias.
Yugi correspondió al abrazo y sonrió ocultando su rostro entre el hombro y el cuello del muchacho que lo sostenía como si la vida le fuera en ello.
