Los invitados se habían ido retirando poco a poco, para cuando acordaron, Atem podía escaparse casi sin que nadie notara su ausencia. El alcohol en la sangre de los invitados los distraería del hecho de que el festejado no estaba. Su padre estaba ocupado con algún millonario interesado en convertirse en accionista de su empresa y su madre había decidido irse a dormir una hora atrás.
— ¿Podrías acompañarme a mi cuarto? —Pidió Atem fastidiado cuando Yugi suspiró por enésima vez. —Juro que si alguien más me vuelve a preguntar si eres mi hermano pequeño voy a invocar la furia de los dioses egipcios.
Yugi soltó una risa por lo bajo y asintió siguiendo a Atem por la casa, dándose cuenta de que, aunque había estado ahí, no tenía ni la más mínima idea de dónde estaba.
— ¿Por qué a tu cuarto?
—Porque ahí nadie va a molestar. Ni mis padres entran a ese lugar sin mi permiso.
— ¿Estará bien que dejemos a tus invitados? Incluso Mana parece agradable.
—Ya, pero yo no quiero compartirte con Mana. Y ella ya te adora, así que mejor no nos arriesgamos a ello. Quiero descansar, Yugi. Es todo. De verdad odio éste ambiente.
—De acuerdo, vamos. —Accedió cuando se dio cuenta de que su amigo de verdad lucía agotado por haber estado tanto tiempo sumido en ese ambiente viciado y frívolo. De camino a la habitación del mayor se dieron cuenta de que uno de los balcones era ocupado por Mahad e Ishizu, el primero acababa de arrancar una flor de las macetas y se la entregaba a la consejera mirándola con devoción.
Yugi sonrió preguntándose si alguna vez alguien lo miraría así, miró de reojo a Atem y se reprendió a sí mismo por sus pensamientos, pero sonrió cuando el faraón tomó su mano para jalarlo hacia el pasillo de al lado cuando él había decidido seguir de frente.
Estaba perdido, pero no se sentía perdido al lado de Atem.
—Mou hitori no… boku… —Murmuró Yugi sonriendo mientras se dejaba guiar por el mayor, comprendiendo aquellas palabras por primera vez y preguntándose si para Atem tendrían el significado que acababan de adquirir para él.
11.- En el bar de la rubia.
Catone Historias: Definitivamente no es Aknamkanon, no podría tomar la figura de ese rey antiguo y convertirlo en un cretino, tenía que ser un OC para poder moldearlo como a un monstruo. En todo caso, sería Aknadin, ese sí sería un cretino completo. Una disculpa, por ahí omití dos nombres cuando estaba redactando, pero ya estaba cansada jajaja. Qué bueno que te guste, y síiii tenía muchas ganas de meter a Mana y Kisara pero no sabía cómo.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Sí, honestamente no creo que le haga gracia saber que su hijo anda haciendo migas con un muchacho como Yugi, pero todavía no tengo bien claro qué voy a hacer al respecto. Definitivamente se va a oponer, pero no he visto qué va a pasar ahí. Ahora, no podía simplemente dejar fuera a Kisara y a Mana, amé ambos personajes desde que los conocí, y la historia trágica con Seth, por más que me resista a querer a Kaiba por sangrón, Seth se ganó mi corazón, y puedo construir un espacio en el que Seto y Atem convivan juntos. No, tu compu! Gracias por seguirme aún desde el cel!
Atem ni siquiera encendió la luz, entró a su habitación y se dejó caer en su cama boca abajo, agotado física y emocionalmente. Yugi sonrió percatándose de que su regalo estaba en el alfeizar de la ventana de Atem.
Con cuidado, levantó la maceta y se acercó a Atem.
—Ne, mou hitori no boku… —Dijo con una sonrisa tímida mientras la luz de la luna bañaba su figura de una forma dulce. —Encontré mi regalo.
Atem se sentó en la cama tallándose los ojos antes de encarar al pequeño y sonreír.
— ¿De qué hablas? —Se estiró para encender la lámpara de su mesa de noche y sus ojos se abrieron de golpe cuando se encontraron con la figura tímida de Yugi, oculto tras los retoños de la rosa del desierto. —Aibou… ¿De dónde la sacaste?
—La encontré para ti. —Admitió dando un paso hacia Atem y extendiendo sus brazos en toda su extensión para que el faraón viera la flor de cerca. —La he estado cuidando ésta semana, mientras no estabas, me hacía compañía en mi habitación y me recordaba a ti. No le puse agua, sólo una vez. Me dijeron que son de poca agua y mucho…
—Mucho sol. —Terminó la frase cuando se percató de que Yugi no lo haría. Atem se puso de pie y tomó la maceta entrelazando sus dedos con los de Yugi, percatándose del vuelco que dio su corazón en aquel momento en que su piel se encontró con la del pequeño. —Después de todo es del desierto… Aibou, es el mejor regalo que me han hecho, de verdad lo es. Mejor incluso que el mago oscuro.
— ¿Por qué? —Soltó Yugi sorprendido de aquella afirmación.
—Porque tiene una parte de tu alma y de tus cuidados.
Y aunque Atem se había agachado sobre la frente de Yugi, el pequeño levantó el rostro por inercia al movimiento del faraón y consiguió por accidente que el beso de Atem terminara en la comisura de su boca, arrancándole un sonrojo y un suspiro.
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Atem estaba regando las plantas de su jardín personal cuando su madre entró en la habitación llamando su atención. —Mahad dijo que querías que viniera.
—Sí, cierra los ojos. —Atem la alcanzó con una sonrisa protectora y dulce, tomó sus manos y la condujo hasta el balcón, dando pasos de espaldas para guiarla. —No hagas caso del desorden.
—Hace muchos años comprendí que tu habitación era un desastre natural. —Dijo con fingida antipatía, consiguiendo que el faraón soltara una risa por lo bajo. —Así que no entiendo por qué tanta necesidad de que no mire.
—Quiero una opinión profesional.
—Deberías arreglarlo.
— ¡No hablo de mi habitación! —Exclamó soltándola y poniéndose a un costado. —Y bueno… Abre los ojos.
Sus ojos carmesís se iluminaron al ver el balcón de su hijo, un oasis en medio del desierto. Se encaminó hasta el centro del mismo y comenzó a indagar en cada una de las macetas que estaban a su alrededor, halagando y criticando los cuidados que su hijo le había dado al lugar. Sonrió orgullosa y se giró para ver al muchacho, que estaba de pie en la esquina más alejada del balcón, rociando con un atomizador la rosa del desierto que Yugi le había obsequiado.
— ¿Y esto? —Dijo maravillada cuando la vio.
—Me la obsequió… alguien.
— ¿Y ese Alguien tiene nombre? ¿Es un alguien especial?
—Es un Alguien especial. —Admitió con profunda tristeza mientras contemplaba las cicatrices de sus muñecas. —Definitivamente lo es. Pero padre y tú jamás lo consentirían si lo supieran.
— ¿Y por qué no? —Murmuró sorprendida mientras abrazaba a su hijo por los hombros. —No creo que sea tan malo.
—No, en realidad es una persona llena de bondad. Todo lo que yo no soy.
—Atem. —Reprendió su madre encarándolo y tomándole el rostro con ambas manos para obligarlo a devolverle la mirada. —Tú eres un muchacho lleno de bondad y serás un gran hombre, lleno de sabiduría y determinación. Tu corazón es como éstas plantas a tu alrededor. —Dijo soltando al muchacho y sonriendo cuando él suspiró. —Sólo necesitan los cuidados adecuados para que no se llenen de maleza y crezcan fuertes, que den flores y fruto. Y si ése Alguien está cuidando tu corazón para quitarle las malas hierbas que habían enraizado, ¿Por qué no lo he de consentir?
—Porque ese Alguien es un muchacho. —Admitió bajando la mirada, esperando.
—Que te hace feliz. —Murmuró ella al final, con una sonrisa maternal llena de ternura, levantándole el rostro a su hijo para que él la mirara a los ojos. —Y eso es todo lo que a una madre debería importarle. ¿Vino ayer?
—Sí. Y lo voy a ver hoy. —Añadió con una sonrisa tímida.
—Querido, mientras pueda seguir viendo esa sonrisa tuya que me da fuerzas para seguir adelante, qué más da. Te hace feliz, y eso a mí me hace feliz.
—No muchas cosas lo hacen, últimamente. —Dijo con amargura mientras volvía a entrar a su habitación, sabía que aquellas palabras calarían hondo en el corazón de su madre, pero si no tenía el valor para decirlas ahora, nunca las diría. —Ya había considerado rendirme, e incluso lo intenté dos veces. La primera en la escuela, la segunda en el hospital. Si ustedes no tenían interés en seguir adelante, yo tampoco debía intentarlo. Pero Yugi…
— ¿Así se llama?
—Sí. Él salvo mi vida formalmente dos veces. La primera cuando me encontró, y la segunda cuando fue a verme… Pero… —Hizo una pausa mirando sus muñecas y sonrió ajeno al exterior cuando dijo lo siguiente. —De alguna manera me está marcando… Me hace querer ser mejor.
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Tea creyó que llegaría primero que todos al lugar de encuentro, pero para su sorpresa, Atem ya esperaba sentado en una banca, con los codos recargados en el respaldo y el rostro vuelto al cielo; ahí con los ojos cerrados, ajeno al mundo que lo rodeaba, tan absorto en sus pensamientos que su boca trazaba una curva ligerísima, una sonrisa discreta y tímida, parecía un sueño. Tea tuvo que recordarse a sí misma que ya no tenía ninguna oportunidad con el faraón si quería ayudar a su mejor amigo a ser feliz al lado de aquel enigmático muchacho. Y por un momento se preguntó si alguna vez había tenido oportunidad con el egipcio.
Atem sintió la presencia de Tea y ladeó el rostro hacia ella, se levantó en un movimiento elegante y se quitó los audífonos para guardarlos y acercarse a la recién llegada. Ella lanzó sus brazos alrededor del cuello del muchacho y sonrió cuando él no supo cómo reaccionar.
—Me da gusto verte, Atem.
—Tea. —Respondió a manera de saludo. La aludida sonrió ladeando el rostro, cuestión que hizo al faraón seguir hablando. —Te debo una disculpa. Cuando volvimos a clases me porté como un cretino contigo, tú siempre fuiste amable conmigo y yo te pagué con mi frialdad e indiferencia. No merecías ser tratada así.
—Descuida, Atem. Yugi dijo que tuviste que atravesar un momento difícil en las vacaciones, aunque fue muy discreto y no habló mucho del tema, sólo dijo que debíamos entender que tu vida se había complicado de un momento a otro.
—Aun así. Fuiste una amiga leal hasta el último minuto y eso lo agradezco. ¿Crees que un corazón frío y despiadado como el mío merezca tu perdón?
— ¿Qué dices? Si Yugi te quiere, no puedes tener un corazón frío como dices.
—Que me quiere… —Repitió incrédulo. Tea asintió una vez. —No entiendo de qué hablas, Tea, lo he tratado horrible desde que nos conocimos, también con él fui un malagradecido y un desgraciado.
—Sí, pero por algún motivo te volviste una persona de suma importancia en su vida. Él te quiere más de lo que cree, y sobre todo, más de lo que está dispuesto a admitir.
—Tea ¿Por qué haces esto? —Inquirió con curiosidad despejando el rostro de la chica. Ella se sonrojó al instante y Atem pudo observar mejor el rostro de la chica. — ¿No se supone que deberías estar de su lado, odiándome por lo que le he hecho?
—Si él no se ha dignado a odiarte, no veo por qué yo deba hacerlo.
—Gracias, Tea.
— ¡Tea! —Exclamó Yugi en la distancia, trotando hacia sus amigos.
La chica lo saludó con una mano en la distancia, sin embargo, cuando llegó hasta sus amigos, Atem lo tomó por sorpresa. Puso una mano en su hombro y se agachó a besar su frente antes de murmurar. —Hola, Aibou. Es de mala educación tener a la gente esperando tanto tiempo.
— ¿Esperando? —Repitió con las mejillas coloreadas en un suave tono rosa claro.
—Ignóralo, Yugi. Tampoco ha sido tanto. —Comentó Tea optimista. — ¿Sólo esperamos al dúo dinámico?
—Y a Duke. —Agregó Atem. —Tenía tiempo queriendo saludar a una vieja amiga.
— ¿Vieja amiga?
— ¿Vamos a ir al bar de Mai? —Soltó Yugi emocionado. —Es la amiga de Atem que conocí ayer, Tea, ella tiene un bar bohemio donde tocan música en vivo por las tardes.
—Así es. —Corroboró Atem con una sonrisa. —Además de preparar el mejor capuchino que yo haya tomado en éste país. No sé qué haya hoy de evento pero espero que sea bueno. —Duke, Joey y Tristán dieron vuelta en la esquina, venían discutiendo entre ellos, pero lucían tan relajados que el resto de sus amigos pronto se dio cuenta de que había cierto grado de camaradería entre ellos. —Andando, no queda lejos de aquí.
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Mai dejó una charola con las bebidas de todos en medio de la mesa y luego se sentó entre Duke y Atem, sonrió mirando al faraón y luego repartió su mirada por la mesa.
—Bueno ¿Qué opinan de mi humilde local? ¿Yugi? Me interesa mucho tu opinión.
—Es muy bonito. Y la música es buena. —Dijo mirando al cuarteto que interpretaba Lamento boliviano en el escenario.
—Aunque el faraón tiene mucho rato quejándose de ello. —Añadió Duke tomando la mano de Mai para besar sus nudillos. Joey se puso rojo al instante y volteó el rostro.
—Él siempre se queja de la gente que hace covers de su música favorita.
— ¿Su música? ¿Te gusta esa música? —Soltaron Joey y Tristán sorprendidos.
—Pues sí. —Soltó Atem confundido. — ¿De qué tengo cara?
—De que escuchas black death metal… —Bromeó Duke alcanzando su vaso para brindar por su amigo. —Él es el ser humano más hípster que existe sobre la faz de la tierra, escucha música bohemia, lee poesía, tiene un IPhone, toma café de marca…
—No tengo un IPhone.
— ¿Ya no?
—Mana. —Dijo como si aquella palabra fuera suficiente explicación. Duke y Yugi soltaron una carcajada al escuchar el nombre de la egipcia. — ¿Y qué tiene todo eso de hípster? Escucho de todo tipo de música.
—Pero le gusta Zoe más que toda la música que escucha. —Confesó Duke malicioso.
— ¡Por los dioses! —Soltó mirando de reojo al grupo. —Tienen que admitir que cualquiera cantaría mejor el lamento boliviano. Además, con una guitarra electro-acústica podrían sacarle muchísimo jugo al solo que hay a media pieza. No están explotando todo el potencial de la canción.
—Si tanto te molesta —Espetó Joey malicioso. — ¿Por qué no subes a cantar tú?
—Oh, esto se va a poner bueno. —Soltó Mai divertida llevándose su bebida a la boca. Miró a Atem antes de guiñarle a Yugi. — ¿Lo has escuchado cantar?
—Ha cantado conmigo. —Dijo el faraón quitándole importancia mientras se ponía de pie y llamaba al guitarrista.
— ¿Saben cuál es la única razón por la que Mai siempre nos guarda la mesa junto al escenario? —Inquirió Duke divertido mientras Atem subía a la tarima que servía de escenario. —Ella ha tratado de contratar a Atem para que cante al menos una hora en ese lugar, pero su alteza se niega rotundamente.
—Ni que fuera tan bueno. —Soltó Tristán incrédulo.
—Yugi. No me dejes abajo con esto. —Pidió el faraón con media sonrisa alejando el micrófono de su boca. El vocalista le entregó la guitarra a Atem y se retiró molesto.
—A alguien no le gusta que critiquen como canta. —Comentó Tea viendo al muchacho recargarse en la pared para luego darle un sorbo largo a su botella de agua. — ¿A qué se refería Atem con que no lo dejaras abajo, Yugi?
—Es que… En la mañana, antes de que Mahad me llevara a casa, Atem me dijo que le gustaba cantar… —Murmuró sonrojado. —No tenemos gustos iguales en música, pero hay dos o tres canciones que me sé.
Atem inició el rasgueo en la guitarra, aunque la gente ya había decidido enfrascarse en sus charlas en lugar de prestar atención al grupo que se presentaba esa tarde, cuando escucharon la voz de Atem no pudieron evitar redirigir su atención.
En la mesa, los amigos de Yugi miraban incrédulos al faraón mientras que el pequeño, Mai y Duke disfrutaban de escucharlo. No salieron de su sorpresa cuando se dieron cuenta de que, con voz trémula, Yugi cantaba los coros de la canción, realzando la voz de Atem.
Para cuando Atem ya iba a la mitad de la canción, Yugi había tomado confianza y cantaba los acompañamientos con fuerza, arrancándole al faraón sonrisas de orgullo.
— ¿Has escuchado ese cover que está circulando en YouTUBE de Reggaetón lento? Creo que lo canta un Agustín, algo. Con otro muchacho. —Dijo Mai sonriendo a Yugi cuando Atem entregaba la guitarra de regreso, arrancándole el aplauso a los presentes.
—Sí, Atem toca la canción bastante bien.
—Deberían cantarla a dueto alguna vez. Les pagaría, claro, si se aprendieran un par de canciones y vinieran a mi bar. Resulta que el trío de Jazz que tenía contratado los sábados en la noche no tiene libre las fechas de todo el año.
—No, gracias. —Soltó Atem molesto.
—No sé si funcionaría como figura pública. —Admitió Yugi con timidez. —Además, tampoco soy tan bueno.
— ¿Que no lo eres? —Espetó Atem fingiendo indignación. —Pero si ésta mañana Mahad y Mana no hacían otra cosa que adularte, yo pasé a segundo plano en cuanto abriste la boca.
— ¿Qué cantaron?
—El cover que menciona Mai. No sabía que a Yugi le gustara esa música.
—Es la voz de Maxi Espíndola con Bernasconi, no el reggaetón. —Admitió sonrojado, mirando a Atem con reproche.
— ¿Podemos escucharlos? —Pidió Tea con media sonrisa, consiguió que Yugi se sonrojara y suspiró mirando a Atem, como si de él dependiera la respuesta.
—Tonny. —Llamó Mai al vocalista cuando él terminaba de ajustar el micrófono. —No es por molestar, pero ¿Me permitirías otra canción? Por un cumpleaños.
—No sabía que tenía que cantar por mi propio cumpleaños. —Repuso Atem levantándose. — ¿Vamos? —Extendió una mano hacia Yugi, quien miró nervioso al mayor y negó con la cabeza. — ¿No quieres subir al escenario conmigo? No me digas que me vas a dejar solo.
—No es eso, Atem. Es que no tengo presencia en el escenario, y me pongo nervioso.
—Bueno, en realidad tu voz es más que suficiente. —Dijo sorprendido. —Pero si crees que no tienes presencia, deja que yo me encargue de eso. Tú pon tu voz de ángel y el resto irá genial.
Yugi aceptó la mano que le tendía el faraón y luchó con todo su ser para suprimir la sonrisa que asomaba a su boca. Mai intercambió una mirada significativa con Duke y luego ambos miraron al escenario mientras Atem se acomodaba la guitarra y se recargaba en un banquito alto de madera. Yugi tuvo que ajustar la altura de su micrófono y miró a Atem, quien le sonrió para infundirle valor.
Y todos en la mesa tuvieron que admitir que la combinación de ambas voces era más que sólo bella. Duke y Mai volvieron a intercambiar una mirada y cambiaron toda su atención a los amigos de Yugi. Mai miró directo a Joey, consiguiendo que él se sorprendiera y ruborizara hasta las orejas. La rubia sonrió de medio lado y espetó.
— ¿Qué hay entre su amigo y el nuestro que nosotros no sepamos?
—Lo mismo que nosotros desconocemos. —Comentó Tea con media sonrisa mientras veía a ambos tricolores cantando. Yugi con los ojos apretados mientras se concentraba en su parte de la canción. —Pero hacía mucho que no los veía tan felices.
—Sí… —Admitió Duke. —Me pregunto si se darán cuenta por ellos mismos o si tendremos que hacer algo al respecto. ¿Qué dices, Mai?
—No lo sé. —Admitió viendo cómo tres chicas se acercaban al escenario, y aunque creyó que irían directo a Atem, una de ellas extendió un papelito a Yugi, haciendo que él se sonrojara hasta las orejas. El mayor sonrió revolviendo el cabello de su hikari y lo alentó a contestar a las chicas. —Será divertido. —Dijo al final guiñando para Duke que sonrió cruzándose de brazos. —Si en unos días no se han dado cuenta, será momento de intervenir.
—Cuenten conmigo. —Dijo Tea decidida. Tristán y Joey los miraron confundidos.
— ¿Qué está pasando aquí? —Soltó Joey al final. — ¿Hay algo que no sepa de mi mejor amigo? Porque de ser así…
—Hay que ponerte al corriente, pero un día que no estén cerca para escucharnos.
Atem y Yugi llegaron a sentarse de nuevo a la mesa, el primero burlándose de la aparente carencia de Yugi para comunicarse y el segundo apretando el papelito que le habían dado en una mano, rojo hasta las orejas, nervioso y feliz de haber vencido su miedo al público.
