Siempre me dices lo mismo, Kykyo.
Bueno, Isaty... sobre la antigua Emma no hay mucho que contar. Sus padres vivían en el norte, hija de un negocio de viñedos, y distinguidamente rica. Desde pequeña la enseñaron a temer a los negros por ser convención social.
¿Tú qué crees, dcromeor?
Aveline
No pude evitar alterarme al ver a Regina levantarse de la cama. Mis ojos, traviesos, vagaron hasta sus pezones sonrosados, rodeados por una piel blanca que no había sido tocada por la luz solar desde hacía mucho tiempo.
Un instinto primigenio y animal se estaba apoderando de mí. Ella pasó sus dedos por mi piel, y yo me estremecí involuntariamente. Sabía lo que quería hacer pero no dejaba de ser como una leona enjaulada que esperaba que su ama le abriese las puertas.
_ Sabes… es divertido tenerte así…_ Susurró Regina, acariciando uno de mis pezones, rozándolo con sus uñas._ Podría estar así todo el día.
Quería rogarle que no lo hiciera… quería decirle que hacerme algo así era inhumano y que sería capaz de romper a llorar si lo hacía… pero me tragué mis palabras.
_ Sabes… siento mucho lo de esta tarde… yo no quería azotarte… fue todo culpa de Killian…_ Susurró, besando suavemente mi mejilla. Hablaba con un tono infantil y dulzón que me estaba nublando la razón._ ¿Me perdonas?
_ Por supuesto…_ Dije, con la voz ronca por el deseo mal disimulado.
_ Sabía que serías una buena chica… lo vi en tus ojos._ Dijo, abrazándome por la espalda y tomando mis pechos entre sus manos. Gruñí.
Estaba más frustrada de lo que jamás lo había estado. Un deseo furioso se había adueñado de mi mente y de mi corazón y este moría por salir. Regina me acarició a los hombros y, ronroneando, colocó su rostro sobre mi hombro.
_ Quiero me hagas el amor._ Me dijo, sin perder el tono dulce.
La bestia se liberó, y me giré, tomando a la dama de frente y empujándola, besándola con una intensidad que no sabía que sentía. Mi cuerpo estaba fuera de mi control. La empujé a la cama y salté sobre ella cual gimnasta, recortando la distancia que había entre nosotras.
_ Nunca había escuchado una orden que me produjese tanto placer cumplir…_ Dije, tomándola del rostro y besándola con intensidad.
_ Nadie me había besado así nunca…_ Reconoció, entre jadeos.
Quizá si hubiese llegado a aquella situación siendo Emma… me hubiera doblegado ante los caprichos de Regina, obedeciéndola diligentemente. Pero ahora, y por irónico que resultase… siendo su esclava, estaba en el control de la situación.
_ Quizá nadie había querido estar en esta situación como yo lo quiero._ Dije, desafiante, besando su cuello, como si lo marcase como mío. Iba a marcar mis dientes sobre ella, cuando noté un leve empujón.
_ No puedes dejarme marcas.
Gruñí como un toro frustrado. Era lógico, porque nadie podía saber aquello, pero aun así esa idea no dejaba de resultarme desagradable. Regina pareció notarlo, porque empezó a besarme en el cuello ella para sosegarme. Funcionó.
Ella estaba siendo dulce… pero yo me movía como una bestia. Atrapé sus pechos entre mis manos, dándome cuenta entonces de lo grandes que eran mis palmas. Regina gimió. Estaba tan excitada que me costaba creerlo. Mis labios se movieron por todo su cuerpo.
Lo hice sin prisas, disfrutando del cuerpo ajeno, venerándolo con mis labios, Sabía lo que tenía que hacer. Mis labios se ciñeron a su sexo, besándolo con todo el cariño que me guardaba. Y Regina me deleitó con sus gemidos, suaves y gozosos. Sabía… estaba segura, de que yo no recibiría el mismo trato. Y por ello me ocupé yo misma del fuego que me asolaba usando mis dedos, que rozaban furiosamente mi intimidad.
Permanecimos en aquella placentera posición durante un buen rato, hasta que llegó el éxtasis. Yo fui la primera en sentir cómo mi cuerpo se convulsionaba de placer, pero no permití que eso me detuviese en mi trabajo. Algo me decía que si lo hacía iba a volver a ser azotada. Y aun así… nada en el mundo me impediría darle a Regina lo que estaba esperando.
_ ¡Emma!_ gritó, debatiéndose contra la cama.
Por un momento… pensé que Regina lo sabía todo… pensé que me había comprado por eso. Acto seguido entendí que me equivocaba… porque había lágrimas perladas en los ojos de la mujer. Había llamado a la persona que amaba… y nada más.
Por suerte… para mí que gritase el nombre de Emma no era ninguna ofensa, ni ningún insulto. Era mi antiguo nombre y me hacía darme cuenta de que ella no me había olvidado. Me acomodé a su espalda y la abracé en silencio. No quería romper la imagen del momento.
1 mes después
Cada noche, sin excepción, Regina me llamaba y yacíamos juntas. Todas las veces invocaba mi antiguo nombre y yo respondía con una sonrisa. La confianza entre nosotras se fue estrechando… pero Regina no daba muestras de amarme. Cuando estaba fuera de aquella habitación, seguía siendo una esclava más. Una mujer que dependía de su talento para seguir con vida.
Estaba, como tantas otras mañanas, segando el campo, cuando vi a Úrsula acercarse. Parecía turbada, pero se mantuvo serena mientras se dirigía hacia nosotros.
_ El ama Regina acaba de anunciar su compromiso._ Dijo, en voz alta._ La boda se celebrará la próxima semana. Debemos estar preparados para ello.
Sentí cómo mi corazón se encogía al escucharlo. Sabía que Regina tendría que casarse, que mantener las aparencias. Pero aun así dolía. En lo más profundo de mi alma no podía evitar sentirme traicionada. Pero me callé, hasta que aquella noche, como todas las anteriores, acudí al cuarto de Regina.
_ No le amo._ Fueron sus primera palabras, en cuanto crucé el umbral.
Estaba vestida aquella vez. Sentada sobre la cama, encogida y abrazándose las piernas. Esa imagen apaciguó mi enfado casi por completo.
_ ¿Y a mí, Regina?_ La miré a los ojos._ ¿A mí me amas?
_ Pues claro que te amo._ Me dijo, como si la hubiese ofendido._ ¿En serio crees que te llamo sólo por…?
_ No… yo no._ Suspiré._ ¿Quién es él?
_ Killian._ Escupió su nombre lleno de veneno._ Le odio… pero mi padre no va a permitir que no me case con él.
Me acerqué y la rodeé con los brazos. Regina me miró y me besó en los labios. Aquella noche no hicimos el amor… pero sin embargo fue la noche que más cerca me sentí de ella y de su corazón.
Y tuve una cosa clara. Más clara que nada de lo que había tenido claro en mi vida. Killian Jones tenía que morir. No iba a dejar que se casara con Regina. No al hombre que ya me había matado una vez. No dejaría que esa escoria tocase ese cuerpo que debía ser sólo mío.
Una semana después.
El cielo estrellado me recibía. Sabía que Killian Jones salía cada noche a beber bajo las estrellas. Lo cierto es que si no le odiase tanto lo encontraría romántico. Aferré el machete para cortar caña, y me sostuve, manteniendo el equilibrio sobre aquel tejado. Me temblaban las manos cuando salté sobre aquel monstruo al que odiaba más que a nada en el mundo.
Conseguí retenerle y el impulso me permitió dejarlo en el suelo. La sorpresa en sus ojos no tardó en dar paso a la ira. Sin embargo, yo lo sostuve con mis fuertes brazos. En aquel momento había tan poco en mí de la tierna Emma que resultaba imposible relacionarnos.
_ Así que eres tú._ Me miró con desprecio._ ¿Tú eres la escoria que se escabulle cada noche entre las sábanas de mi futura esposa?
_ Ella nunca será tuya._ Le gruñí con todas mis fuerzas.
Notaba el desprecio circular por todo mi torrente sanguíneo. Alcé el machete, sintiendo cómo la adrenalina me nublaba. Por un segundo, el color del mundo pareció desaparecer. Y entonces… como si de fuego se tratase, un proyectil atravesó mi estómago. Killian estaba preparado. Habría reído… al darme cuenta de que aquella pistola probablemente fuese la misma que me mató la primera vez. Pero tenía los pulmones anegados de sangre.
_ Siempre consigo lo que quiero… esclava._ Dijo._ Y eso no va a cambiar hoy.
Me apartó, con asco, y yo traté de arrastrarme por el suelo. Dejaba un reguero de sangre mientras lo hacía. Killian podría haberme disparado a la cabeza… podría haber acelerado el fin de mi sufrimiento. Pero no lo hizo. Se retiró, probablemente a deshacerse de las pruebas, y yo me entregué al sueño de la muerte.
Regina Mills
Nadie me impidió acudir al entierro de Aveline. Los otros esclavos me habrían mirado con extrañeza de haberse atrevido, pero nadie lo hizo. Decían que había intentado escaparse y que uno de los celadores, al que ya habíamos despedido, había disparado. Pero yo no lo creía. Aveline no habría huido. Ella no se habría separado de mí.
Volví a la mansión, sintiendo cómo la pesadumbre se apropiaba de mí. Amaba a Aveline. Era la primera persona a la que abría mi corazón desde que Emma había muerto… y una vez más, la había perdido. Quizá no merecía la pena intentarlo siquiera. Quizá amar era insignificante.
Killian me tomó de la cintura y me miró a los ojos. No pude evitar ver una sensación de triunfo en ellos que me hizo sentir incómoda.
_ No tiene sentido que te preocupes tanto, Regina… sólo era una esclava.
_ Sí… sólo era eso._ Murmuré, apartando la mirada.
Emma Swan
Aquella sala blanca me traía dolorosos recuerdos. Me miré las manos, blancas y pálidas. Notaba mi cabello rubio caer a ambos lados, desordenadamente. Volvía a ser Emma Swan. Pero no la misma que había sido cuando morí. El tiempo había pasado también para mi cuerpo… para mi espíritu. Me levanté, alta, pero no tanto como Aveline… Era inevitable preguntarme cómo sería la mujer que era ahora. Pero sin embargo, en aquella estancia blanca sin límites ni dimensión no había nada similar a un espejo que pudiese observar.
_ ¿Me habéis traído aquí para reíros de mí?_ Grité._ ¿Por no haber conseguido comprar mi libertad?
Por toda respuesta, un enorme portón de madera apareció frente a mí. Se abrió y vi luz… la luz más brillante que había visto en toda mi vida.
_ ¡No!_ Dije, sin embargo._ ¡Quiero volver con Regina!
_ El paraíso te está esperando._ Aquella voz, que retumbaba, ya no me intimidaba.
_ ¡No sería un paraíso si Regina no estuviese a mi lado, si no estuviese feliz!
_ ¿Tan importante es ella para ti?_ Preguntaba la voz.
_ ¡Viviré otra vez como esclava si es necesario!_ Grité, con todas mis fuerzas._ Pero devolvedme con ella.
_ Debemos deliberar tu petición… Emma Swan._ Contestó la voz._ Y encontrar… un cuerpo adecuado, si es que aceptamos. El tiempo… puede correr en tu contra.
Me senté sobre el frío suelo y asentí. Dejaron la puerta abierta, probablemente intentando tentarme… pero yo me tumbé en el suelo, poco me importaba cuanto tiempo tuviese que pasar.
5 años más tarde
Regina Mills
Como hacía cada semana, cambié las flores marchitas de la tumba de Aveline por flores frescas. Lo cierto es que la echaba de menos. Y aunque aún me esforzaba por hacer mi visita anual a la tumba de Emma, la pérdida de Aveline era aún mucho más cercana que la suya. Y estaba enterrada en mi jardín. Estaba susurrando unas palabras para ella, y no me di cuenta de la llegada de Killian hasta que fue demasiado tarde.
El olor a Ron barato debería haberme avisado de su llegada, pero estaba tan centrada que ni me di cuenta. Cuando me incorporé, tiró de mi vestido y me miró como si no me viera.
_ Deberías pasar menos tiempo preocupada por esa zorra y más preocupada porque no puedes darme un hijo._ Exclamó.
_ Ella no era ninguna zorra._ Le dije, enfadada.
La bofetada cayó sobre mi rostro llevada por la inercia del momento. No era la primera vez que mi marido me pegaba, ni sería la última. Pero eso no lograría aplacar el odio y la ira que cada día crecía dentro de mí hacia su persona.
_ Tal vez dios crea que no mereces un hijo mío.
Tercera Persona
La tormenta arreciaba. La mujer, en el camarote, se bamboleaba de un lado para otro. Borracha y presa de las primeras secuelas del escorbuto, Morgan O' Connor no estaba capacitada para dirigir a una tripulación que no la respetaba. Sabía que su barco se iba a hundir, pero la ginebra que corría en aquel momento por sus venas no la permitía pensar con claridad. Cuando el barco dio un bandazo y su cabeza se estampo contra el pomo de la puerta fue una muerte estúpidamente anunciada.
Pero el cadáver, lejos de ponerse rígido, dio un par de espasmos y se incorporó. Unos ojos azules, llenos de determinación, sustituyeron a la mirada verdosa que la mujer irlandesa poseía segundos antes. Se puso en pie, con una agilidad impropia de una persona sobria, y salió por la puerta del camarote.
_ ¡Atrancad el juanete mayor! ¡Vosotros dos, plegad la mayor!_ Gritó, autoritaria._ ¡El trinquete se va a hacer trizas en esa posición! ¡Moveos! ¿Es que queréis morir aquí?
Morgan subió hasta la parte trasera del barco, empujando al timonel y poniéndose ella al mando. Sabía navegar… no estaba segura de cómo… pero sabía hacerlo. Y en el continente había una mujer de cabello negro y ojos de color chocolate con la que tenía que reunirse. Y ya llegaba dos vidas tarde.
