Atem entró a la escuela con Kisara tomando su brazo y Mana pisándole los talones. Por algún motivo, sus padres habían decidido que era buena idea que, durante su estadía en Dominó, ambas jóvenes estudiaran en la escuela del joven faraón para convivir un poco más con el muchacho y aprender de la cultura.
Atem y Duke a duras penas pudieron mantener la calma en público cuando vieron la expresión de sorpresa de Kaiba al ver a la doncella de ojos azules entrar del brazo del faraón, y Mana no ocultó su alegría al toparse con Yugi en los pasillos.
Atem le dijo a su prima que ella estaría en el mismo salón que Kaiba, así que ella sonrió dirigiéndose al castaño, despidiéndose de su primo con una sonrisa cálida, Mana la siguió para decirle algo antes de volver a alcanzar a Atem. Sin embargo, ese momento de soledad fue más que suficiente para que se desatara una guerra nueva.
El faraón no se había detenido para esperar a Mana, siguió caminando a pasos calmos hasta que Ushio pasó por su lado.
—Alteza. —Saludó él con voz cordial y una sonrisa macabra en el rostro. —Lindos pendientes, dignos de una reina.
—Lo sé, pero pensé que se me verían mejor a mí que a ti.
—Eres bueno para las respuestas rápidas. —Exclamó deteniéndose y metiendo las manos en los bolsillos, como Atem no se detuvo, Ushio se paró de lado mirando al faraón alejarse. —Me pregunto si el perdedor de Muto será tan bueno para defenderse como tú.
Durante una fracción de segundo, Atem se detuvo en seco, apretó los puños y una expresión feroz cruzó su rostro, pero se fue tan rápido como llegó y el faraón siguió caminando.
Mana se detuvo frente a Ushio y le plantó una patada en las espinillas antes de alcanzar a su amigo, sin detenerse a mirar al bravucón retorcerse de dolor.
— ¿Cómo se atreve a amenazar al joven Yugi de esa manera? —Espeto furiosa. — ¿No sabe que los dioses egipcios y nosotros lo cuidamos?
—Lo sabe. —Soltó gélido Atem. —Pero siempre hay gente dispuesta a desafiarnos.
12.- La venganza del abusivo.
Cote-Dark-Dangerous-Love: De hecho, mil gracias por esa fidelidad, desde hace un par de capítulos quiero agradecerte porque tu primer comentario fue sobre ver a Yugi y Yami como hermanos y aun así te has mantenido fiel, eso me encanta y me motiva a seguir escribiendo. Sí, estoy pensando en meter algo de Mai&Joey pero todavía no sé cómo plasmarlo. Respecto a la madre de Atem, al principio pensé en que ella sería la razón primordial porque él siguiera adelante, pero luego pensé en que darle un personaje débil al qué proteger (además de su Aibou) le haría ser más fuerte, aunque eso es parte de un fragmento de las memorias de Atem (spoiler de ésta historia), de niño, eran muy cercanos, él era el único refugio que ella encontraba. Y respondiendo a tu pregunta, cuando escribí éste capítulo me preguntaba lo mismo, es decir, no quiero dejar cabos sueltos en la historia, ya verás a qué me refiero, y tuve que tomar una decisión entre escribirlo como lo vas a leer a continuación o darle un giro más violento y heroico por parte de Atem, no queda descartada la otra versión que escribí de esto, y pronto encontraré la manera de incluirlo. Es una promesa.
Gracias por leerme.
Catone Historias: Sí, me alivia saber que el puzzleshipping también lleva buen ritmo. No es como si no me gustara escribir, es sólo que teniendo en cuenta que es el primero que escribo de ellos, no sabía cómo llevarlo. También a ti quiero agradecerte la constancia de tus comentarios y seguir leyendo la historia. Espero que lo que viene te guste como hasta ahora, y una disculpa anticipada porque pienso complicar un poco más las cosas. Disfruta el capítulo.
Ninguno de los amigos de Yugi sabía qué pensar al respecto. El faraón los había saludado con poco más que una sonrisa en la mañana, aunque en la hora del receso, sólo Duke se había sentado a comer con ellos porque el egipcio tenía que tratar unos asuntos pendientes con sus parientes. Incluso Ishizu había llegado a la hora del receso, causando revuelo entre los estudiantes de último curso. Si bien, el faraón seguía siendo extremadamente frío con todo el mundo, a ellos parecía dedicarles miradas cómplices y sonrisas por media fracción de segundo. A todos menos a Yugi, a quien había saludado abiertamente con un beso en la frente.
Ahora, Yugi esperaba a Joey para decirle que se quedaría como parte de la cuadrilla del aseo de ese día. El rubio lo alcanzó en la entrada disculpándose por haberlo hecho esperar, pero Yugi lo recibió con una sonrisa cálida.
—Descuida, perdóname tú a mí, me tocó quedarme a limpiar, pero saliste corriendo tan rápido que no pude avisarte.
—Cuando hay que ir, hay que ir. —Dijo rascándose la nuca con una amplia sonrisa. —Te veré mañana entonces, Yugi.
—Sí.
—Oye, por cierto. ¿Algo que deba saber? —Inquirió con una sonrisa pícara, codeando al pequeño y haciendo que se sonrojara. — ¿Algo que debas decirme del faraón?
— ¡Joey! —Exclamó sorprendido. —No molestes, no hay nada qué decir.
— ¿Seguro?
—Sí. —Dijo con tristeza. —Para el faraón sólo soy el pequeño Yugi. Alguien a quién proteger, ni su amigo ni su igual, así que no hay nada qué hacer.
—Yugi, ¿Qué no él mismo te llama Aibou? ¿De qué estás hablando?
—Ayer, cuando Atem me dejó en casa me di cuenta de algo; verlo irse fue doloroso, no porque se fuera, sino porque me di cuenta de que jamás voy a alcanzarlo… Lo que siento por él es un lazo fuerte, muy fuerte. Cuando me mira y sonríe, cuando acaricia mi cabello e incluso cuando besa mi frente siento que mi corazón da un vuelco muy fuerte y que comienza a latir rápido. No quiero estar sin él, pero si él sabe lo que siento posiblemente me eche fuera de su vida.
—Yugi…
—Además, es el faraón, él puede tener a las personas que él quiera consigo, si sonriera a todo el mundo de esa forma cálida como cuando está con nosotros, ni Kaiba podría evitar quererle, ser un amigo fiel como lo es Duke o como tú eres conmigo.
—Pero Yugi…
—No quisiera tener que conformarme, pero tener su compañía me hace feliz.
Lo último lo dijo con una sonrisa diáfana y las mejillas sonrosadas, Joey sintió muchísima ternura por el pequeño y sonrió bajando la mirada. —Yugi, si algo he aprendido del duelo de monstruos es que mientras hay cartas puestas boca abajo todo puede suceder. —Yugi compuso una expresión de sorpresa ante aquellas palabras. —Y tú tienes una carta boca abajo justo ahora. —Joey lo miró a los ojos con una sonrisa determinada y añadió. —Tus sentimientos son esa carta boca abajo, y más vale que sea una trampa para encantar a Atem, creo que tienes todo para ir a la par de él, aunque no lo creas.
—P-pero… yo…
—Vamos Yugi, tú eres increíble. Mira todo lo que has logrado a tu alrededor, Tea, Tristán, Duke, hasta los amigos del faraón te quieren. Y él se ha abierto a compartir contigo muchísimas cosas más de lo que jamás contó a nadie. Ni siquiera a Tea, que fue su mejor amiga durante tanto tiempo. ¿No crees que deberías arriesgarte a decirle lo que sientes cuando están cerca?
— ¿Debería intentarlo?
— ¡Claro amigo! No podrá rechazarte. Lo estás cambiando. Aún si él no quiere verlo, así es. Y no pierdes nada intentándolo.
—Tal vez tengas razón.
—Además, si lo que dijo Ishizu es cierto, los unió el destino.
Yugi se sonrojó ante aquella afirmación, sorprendido y feliz.
—Gracias. —Dijo con una sonrisa amplia. —Tenía miedo de decirte esto y que te molestaras conmigo o con Atem, después de todo, ha sido un chico duro con nosotros.
— ¿Por qué habría de molestarme? Eres mi mejor amigo, y siempre te apoyaré.
Yugi asintió y no pudo evitar abrazar a su amigo para después salir corriendo hacia el aula, con una nueva misión en mente. Tenía que hablar con Atem, y tenía que hacerlo pronto.
Por su parte, Atem había estado observando la escena desde la ventana, castigado de nuevo, y ésta vez por no acceder a quitarse los pendientes que Marik y Odion le habían obsequiado. Suspiró tratando de serenarse puesto que al ver a Yugi lanzar sus brazos alrededor de la cintura de Joey, había sentido una punzada en el fondo de su estómago, no estaba seguro de qué era, sólo sabía que no quería volver a sentirla.
Miró al profesor, que le tendía el plumón, y suspiró hastiado. Álgebra era algo demasiado sencillo y aburrido, pero tenía qué hacerse.
.
Yugi suspiró frustrado mientras se estiraba. Ya era tarde y el cielo comenzaba a tomar un color anaranjado tenue, se despidió del resto del equipo de limpieza y comenzó a caminar, tomando con ambas manos las correas de su mochila. Se sentía nervioso, todos los días caminaba a casa acompañado por sus amigos, así que hacerlo a solas era una experiencia distinta.
También se sentía inseguro, y sus sentidos se alertaron de golpe cuando se percató de que una sombra caminaba muy cerca de la suya. Decidió apretar el paso para dejar atrás a quien fuera que caminaba tras de él.
Tras unos pasos descubrió con horror que la persona que caminaba tras él, también apretó el paso. Yugi miró sobre su hombro sólo para toparse con una sonrisa macabra y una mirada conocida. Salió corriendo unos pasos pero otro le cerró el paso y lo detuvo al instante, arrastrándolo consigo hacia un callejón.
.
Atem salió de la escuela con aires distraídos, cargando con el portafolio al hombro, mirando sobre su hombro de vez en cuando, con la sensación de que algo no iba nada bien. Sintió presión en el cuello, como si llevara cargando el rompecabezas consigo y pensó inmediatamente en Yugi, tenía rondas con el equipo de aseo ese día y cuando vio a otro de los chicos con los que compartía roles, no pudo evitar preguntar por él.
— ¿Muto? Sí, se fue hace veinte minutos. ¿Por qué?
—Tiene mi libreta de álgebra. —Mintió con maestría alejándose a pasos calmos. En cuanto salió de la escuela vio a Ushio de pie, recargado en la barda y fumando un cigarrillo.
— ¿Se te perdió algo? —Murmuró malicioso al ver al faraón salir solo. —No se te habrá caído de la bolsa ¿O sí?
Atem a duras penas fue consciente de sí mismo por un instante. Soltó el portafolio y tomó a Ushio por las solapas jalándolo y estampándolo en la barda en un movimiento brutal, mismo que hizo que su cabeza latigueara y se golpeara contra el muro. Sin embargo, lo soltó al instante para recuperar sus cosas y seguir su rumbo al auto.
Cuando por fin estuvo sentado tras el volante, suspiró angustiado. Si Yugi iba caminando por la calle no tenía sentido llamarle al móvil. Redactó un mensaje y arrancó a sabiendas que Mana y Kisara lo esperaban en casa para ponerlo al corriente. La presencia de Mana en la casa había logrado que su madre sonriera más a menudo y esa mañana incluso había reído a carcajadas de una forma real, no esa risa frívola que solía utilizar con sus amigas, sino una risa tintineante y estridente, incontrolable.
Sonrió con ese pensamiento y trató de permanecer sereno. Yugi le escribiría de regreso en cuanto viera el teléfono, pero la sensación de que algo no iba bien permaneció a su lado.
.
Yugi recibió otro golpe en el estómago y soltó un quejido, que fue lo único que logró salir de su boca, estaba sofocado y adolorido, tenía reventado el labio y el cuerpo cubierto de golpes y raspones. Su captor le atestó otro golpe en el estómago y él rompió de nuevo en llanto.
—Será suficiente con eso. —Dijo en voz alta el otro hombre mientras le quitaba a Yugi el rompecabezas del cuello, revisó sus bolsillos y luego abrió la mochila del pequeño, sacando lo que había de monedas sueltas en el fondo de la misma.
—Eso… no es… suyo. —Acusó cayendo a gatas y levantando el rostro. —No deberían…
—Míralo nada más, cree que puede apelar en su situación. —El pie de quien habló se le estampó en la espalda, obligándolo a tumbarse en el suelo y respirar con dificultad.
—Olvídalo, pequeño.
Yugi escuchó las risas de sus asaltantes retirarse en el callejón y odió ser tan débil y pequeño, tan frágil. Pensó en Atem, en llamarlo y pedir ayuda, pero ¿El faraón estaría dispuesto a ayudarlo? ¿Quién quiere a un cobarde?
Llamó a Tea.
.
Solomon y Tea estaban sentados en la recepción de la tienda, angustiados y desesperados por no recibir otra noticia de Yugi, él a duras penas había alcanzado a decirle a su amiga que no tenía casi batería y que acababan de asaltarlo.
—Estoy bien. —Y silencio al otro lado de la línea.
El pequeño entró a la tienda sosteniendo su costado y cayó de rodillas sintiendo que las fuerzas lo abandonaban en cuanto supo que estaba a salvo, feliz de ver a su familia, aliviado, abrumado por lo que acababa de pasarle. Ver a su mejor amiga y a su abuelo fue lo mejor que pudo pasarle en ese momento y entró en catarsis, dos gruesas corrientes de aguas, miedo y sal, se abrieron paso en sus mejillas cuando él murmuró. —Estoy en casa.
Tea se lanzó a abrazar al pequeño y lloró también al verlo en ese estado. No lo veía tan lastimado desde que Joey y Tristán lo golpeaban entre clases, no lo veía tan derrotado desde el día que volvió de ver a Atem en el hospital, no lo veía tan pequeño y frágil desde que se habían conocido, así que no pudo evitar llorar amargamente cuando él le devolvió el abrazo y sollozó con ganas. Solomon salió corriendo a cerrar la puerta con llave y luego se dirigió a su nieto. Que le tomó una mano para hacerle saber que estaba bien.
Tea preparó agua caliente y jabón, alcohol, cinta médica y gasas para limpiar las heridas del muchacho cuando él se negó a ir al hospital, alegando que era preocuparse de más por unos golpes. Resistió con calma cada parte del procedimiento y tanto él como Tea se sintieron transportados de regreso al momento en que se habían conocido, poco después de la primer paliza que había recibido de los abusivos que lo maltrataban.
— ¿Podrías enviarle un mensaje a Atem? —Pidió tallándose la nariz. —Me pidió que le avisara cuando estuviera en casa.
— ¿Quieres que le diga que…?
— ¡No! —Exclamó asustado mientras tomaba las manos de Tea. —Sólo dile de mi parte que ya estoy en casa, y que no he podido conectar mi celular. Por favor. No le digas nada más, no quiero que se preocupe por nada. Estoy bien.
—Tranquilo. —Murmuró ella forzando una sonrisa mientras le devolvía el apretón en las manos. —Le diré sólo eso.
—Gracias Tea.
.
Atem estaba de pie contemplando la luna con el teléfono apretado en una mano, preguntándose por qué sus llamadas no entraban al teléfono del pequeño. Cuando sintió la vibración de la alarma sonrió aliviado, pero el alivio apenas duró un segundo cuando vio a Tea de remitente.
T_ Yugi ya está en casa, no quiso preocuparte. Se quedó sin batería
A_ Todo ok?
T_ Sólo cansado.
A_ Dile que me marque en cuanto pueda
Atem sintió a Tea como una barrera, un muro imposible de atravesar, sentía sus mensajes gélidos y distantes, casi como si quisiera deshacerse de él en ese momento.
No recibió respuesta inmediata y pasó casi veinte minutos contemplando el balcón, la luna, el jardín, cualquier cosa que lo distrajera.
Y después de ese rato agónico, recibió un audio de Yugi.
—Hola, faraón. Perdona, estoy muy cansado y quería irme a dormir rápido. Tea me dijo que querías que te marcara pero de verdad necesito dormir. Mañana temprano tengo un examen.
Atem escuchó dos veces el mensaje, sabiendo que no todo andaba bien pero obligándose a confiar. Cuando se armó de valor, presionó el micrófono para responder.
— ¿No me ocultas nada, hikari? Exijo una explicación, tardaste demasiado en ir a casa, incluso yo llegué primero con todo y que estaba castigado.
Y tras minutos agónicos de espera, la respuesta. —Cansado, de verdad. No sabes lo bien que me hace escucharte justo ahora. ¿Me envías un audio de "buenas noches" para poder dormir tranquilo?
Juró que escuchó su voz quebrarse en la última sílaba, y escuchó el audio cuatro veces sólo por estar seguro. Algo no iba bien. ¿Qué era?
Envió un texto de OK y en seguida presionó el micrófono. Canceló dos audios antes de decidirse a cantar parte de una canción.
I cannot stop this, sickness taking over,
It takes control and drags me into nowhere
I need your help, I can't fight this forever,
I know you're watching, I can feel you out there
Take me high and I'll sing
You make everything okay, okay, okay…
We are one and the same
You take all of the pain away, away, away…
Save me if a become
My demons…
(N/A: My demons –Starset acoustic version)
—Descansa, Aibou.
Yugi sintió aquellas palabras como una puñalada en su corazón, un arma de doble filo, casi como si Atem acabase de hacer una confesión y al mismo tiempo le recriminara algo. Conocía la canción y se sorprendía mucho de saber que Atem la conocía, sonrió dándose cuenta de que su faraón sabía perfectamente que algo no andaba bien con él y que trataba de protegerlo, aún en la distancia.
Le envió el emoji del beso con el corazón y Atem respondió casi inmediatamente con una sonrisa sonrojada, Yugi no pudo evitar el vuelco a su corazón cuando vio la respuesta, porque, bien que mal, era lo más cercano que estaba de recibir una respuesta emocional real de Atem.
Se preocupaba por él. Y lo quería, como Joey aseguraba.
