Atem sostenía un pincel entre los dientes mientras seguía acariciando el lienzo con el meñique, tratando de remover una parte del óleo que se había ido de más. Duke entró por la ventana y en cuanto vio a su amigo tan concentrado, se fue a sentar a la cama sin decir palabra. Suspiró cuando el faraón por fin se dignó a mirarlo y sonrió de medio lado, apenado, mientras le mostraba una carpeta de argollas llena de hojas con notas.
—Lo que su alteza pidió. —Dijo con autosuficiencia. Luego miró el cuadro que Atem pintaba y espetó. — ¿Hay algo que no hagas? Cantas, tocas varios instrumentos, pintas…
—No sé bailar. —Admitió tomando más pintura y devolviendo su atención al cuadro mientras su amigo se estiraba.
— ¿De dónde aprendiste a hacer tantas cosas?
—Mi padre me ha obligado a tomar clases privadas de todas las artes, menos la danza, desde los cinco años, no he tenido mucho tiempo para ser una persona común y corriente desde entonces. Además, me relaja pintar.
— ¿Impresionismo?
— ¡Vaya, vaya! Parece que alguien por fin se dignó a prestar atención en clase de arte.
—Fue tu culpa, esta semana fue horrible sin ti en clases. ¿Sabes que nadie hace comentarios tan acertados como los tuyos cuando te pones sarcástico? La gente es aburrida cuando tú no estás, hasta los profesores te echaron de menos en medio de tanta tranquilidad.
—Sí claro… —Murmuró con sarcasmo, concentrado en sus pinceladas, acercándose al lienzo casi hasta rozarlo con la punta de la nariz. —Nadie salvo tú pudo echarme de menos.
—Y Yugi. —Añadió Duke sonriendo con malicia. —Todos los días miraba en dirección a la puerta del comedor con la esperanza de verte entrar.
Atem se quedó muy quieto, con el pincel a milímetros del lienzo, debatiéndose entre dar una pincelada que podría convertir su obra en un desastre o en un éxito. Sintió el temblor en la mano y suspiró. — ¿Preguntó por mí la semana pasada?
—Llegó a tu fiesta de cumpleaños, ¿no? —Y tras una pausa larga, misma en la que Atem sonrió y se dedicó de nuevo a su pintura, Duke añadió. — ¿Por qué no le dijiste nada por sus heridas? Pensé que enloquecerías.
—Por eso pinto, para no enloquecer. —Admitió dándole otra pincelada al lienzo y suspirando. —Tengo que moverme. Y rápido, o éste podría ser mi último movimiento interesante en el juego.
— ¿Qué has pensado?
—Duke… Mi padre ha hecho cosas ilegales, no sé qué, pero estoy seguro de que su camino no está limpio. Y voy a probarlo. Ninguna empresa que yo conozca sube como la espuma de la noche a la mañana, y te necesito de mi lado.
—Por favor. —Soltó autosuficiente. —Con la mayoría de acciones a mi nombre, soy el dueño de mi propia empresa. ¿Qué hay que hacer?
14.- Tregua a la guerra.
Primero, lamento mucho no haber subido ésto ayer, no tuve tiempo de terminarlo. Segundo, ahora que volví a la escuela, espero poder publicar a diario como había estado haciendo, si no lo consigo, ofrezco una nueva disculpa.
Catone Historias: Sí, también yo pensaba en Gozaburo cuando escribí al padre de Atem, no puedo pensar en nadie más, jaja. Intensa, sí, y se va a poner peor, peor no sé a qué velocidad, a ver qué pasa conforme avance esto. Saludos.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Para ser honesta, estoy preocupada por Atem, porque si por algún motivo me fallan los dedos y hace un movimiento en falso, ya valió. Sí, no pude evitarlo, siento que ver a Yugi como alguien vulnerable puede darle a Atem el empujoncito que necesita para seguir adelante y confesar sus sentimientos, pero a ver cómo le va. La verdad es algo que admiro mucho de Yugi, la manera en que siempre parece dispuesto a minimizar el daño a sus seres queridos, a su manera es fuerte y los protege. Respecto al amor de Atem por las fotos, sentí que debía darle la pasión por las artes, que se irá reflejando poco a poco, después de todo fue educado como un príncipe, no podemos esperar menos de él. Gracias por leerme, disfruta el cap.
Atem suspiró tratando de ocultar la sonrisa cuando vio a Yugi doblar la esquina y llegar hasta su lado. Había llegado al lugar de la cita casi media hora temprano, cuestión que extrañó al mayor.
— ¿Qué haces aquí? —Soltó Yugi sorprendido cuando la mano de Atem encontró su lugar en medio de su cabello. Se quitó a Atem de encima con un movimiento fluido y sonrió cuando el muchacho le mostró su cámara.
—Ya sabes, aprovechaba el tiempo.
— ¿Puedo verlas? —Atem le entregó la cámara, colgándole la correa alrededor del cuello y observando sobre el hombro del menor su propio trabajo. — ¿Cómo haces para tomar tan buenas fotos? Yo nunca he tenido gracia para esto.
—Es… ley de tercios en ésta. Con aguzamiento. Y en ésta…
—Tienen términos para todo, ¿Verdad? —Recordó apenado las clases que había recibido de fotografía en la escuela.
Atem miró al frente y sonrió para Yugi. —Si tuvieras que tomar una foto del parque, ¿qué debería aparecer en ella?
—Desde los cerezos en ésta esquina y hasta el borde donde terminan los juegos.
— ¿Y si tuvieras que ser más específico? ¿Qué capturarías si tuvieras que congelar un momento de éste parque para la eternidad?
—Los cerezos, las hojas que caen entre sus troncos.
—Bien, préstamela, te voy a enseñar a hacer un congelado.
Y aunque Yugi comprendió gran parte de la teoría, le costó un poco más de trabajo llevarlo a la práctica, al grado en que Atem tuvo que ponerse de pie tras él y darle las indicaciones paso a paso. Yugi tuvo que ocultar un escalofrío cuando sintió la respiración de Atem sobre su cuello y sus manos rozaron las del pequeño para indicarle dónde debía ajustar el ISO o la velocidad. Tragó saliva y tomó la fotografía tratando de terminar con su sufrimiento.
Atem abrió la galería y sonrió ampliamente cuando se percató de que, en realidad, la fotografía era buena.
—Nada mal, hikari… Para un principiante. —Añadió revolviéndole el cabello.
— ¿Por qué siempre haces eso?
—Me gusta. Tu cabello es suave y sedoso. No como el mío. La ciudad trata a la gente mejor que el desierto.
— ¿Te gusta mi… cabello? —Repitió con las mejillas sonrosadas mientras se quitaba la cámara del cuello.
—Ah, por cierto. —Dijo sacando un frasco pequeño de la mochila de la cámara y mostrándoselo. —Me pidió Ishizu que te entregara esto. Es un ungüento para el ojo. Dijo que el moretón se quitaría en una noche si aplicabas un poco. ¿Puedo?
— ¿Justo ahora?
—Será solo un poquito. Se te va a quitar antes de que llegue el resto. Es lo menos que puedes hacer por mí después de haberme mentido, Yugi.
—Te molestó mucho que no te dijera la verdad, ¿no es así? —Inquirió apenado, bajando el rostro y tallándose las manos.
Sintió la mano de Atem sostenerle la barbilla y obligarlo a levantar la mirada, y, seguido de sus labios rozándole la frente, sintió el fresco del ungüento de Ishizu alrededor de su ojo. —Me molesta más que no me dejes cuidarte.
— ¿Qué haces? —Murmuró sonrojado.
—Cuidándote a la fuerza. Ahora. —Dijo sacando dinero de su bolsillo. —Ve y pide una paleta helada del sabor que quieras y algo para ti al carrito de allá. —Yugi recibió el dinero y miró a Atem con cara de pocos amigos. —Y ve rápido, o no nos terminaremos el postre.
— ¿Por qué no vienes conmigo?
—Porque soy el faraón. Y a menos que seas un dios, no tienes derecho a decir nada al respecto. Suerte con las paletas. O lo que sea que te compres.
Yugi se encaminó unos pasos, molesto por la actitud del mayor, pero sonrió en cuanto llegó al carrito. Atem levantó su cámara y disparó un par de veces, tratando de capturar la sonrisa del menor, agradecido porque el moretón estaba del otro lado. Suspiró tomando más fotografías hasta que una mano cálida aterrizó sobre su hombro.
—Kisara. —Sonrió al ver a su prima y le besó ambas mejillas antes de enfocarla con su objetivo y hacerle otra foto. — ¿Tuvieron problemas para llegar?
—No, Mahad fue muy amable. Nos trajo hasta el parque y me dejó bajar cuando te vi.
— ¿Mana?
—Fue a acompañarlo, nos alcanza en un rato.
—Bien. Kisara, me gustaría no involucrarte en todo esto. —Admitió apenado tomándole una mano a la peliblanca y bajando la mirada mientras su expresión se tornaba de angustia. —Si por mí fuera, echaría fuera a todo el mundo y lo resolvería en directo con mi padre.
—Las cosas han sido difíciles, lo entiendo. Pero no por eso debes hacerlo solo. Si puedo ayudar, lo haré con mucho gusto.
—Eres muy buena. —Halagó sonriendo y acariciándole una mejilla. La chica giró medio cuerpo en dirección a Yugi, quien se había sonrojado al verla y había considerado retirarse inmediatamente. —Yugi. En la fiesta no tuve la oportunidad de presentarte con Kisara. Ella es mi prima más querida y protegida, una hermana pequeña.
—Pero no del tipo "Mana" por si te preocupa que lo sea. —Añadió rápidamente la joven mientras el pequeño entregaba a Atem su paleta.
— ¿Quieres que te compre algo? —Ofreció Atem mostrando su paleta. —No sabía que llegarías tan pronto.
—Descuida, yo no. Pero me comería rápido ese sándwich de vainilla, antes de que llegue Mana. —Dijo en voz baja mirando a Yugi. Él asintió sonriendo.
—Kaiba viene ésta noche. —Dijo Atem ceremonioso. —Pero necesito hablar con él primero. A solas, si no te importa.
—Atem. —Reprendió Kisara en un tono maternal. —Si hay cualquier cosa que pueda hacer para facilitarte esto, lo haré gustosa.
Entraron al bar de Mai y ella les asignó la mesa de siempre, sin embargo, se acercó sobre el hombro de Atem y murmuró algo antes de entregar la carta a todos los presentes. Tras un rato, después de que llegaron todos sus amigos, Atem distinguió la figura de Kaiba entrando al bar. Kisara se levantó murmurando.
—Lo recibiré y lo traeré a tu mesa.
—Gracias, preciosa.
— ¿Para qué lo citaste? —Inquirió Yugi con curiosidad.
—Necesito aclarar unas cosas con él. —Dijo levantándose de su lugar para recibir a Kaiba, el castaño lo fulminó con la mirada y carraspeó cuando Kisara tomó su mano.
— ¿Qué quieres, faraón? —Soltó molesto mientras se cruzaba de brazos.
—Aquí no. Sígueme por favor.
— ¿Sin tus guardias personales? —Al ver que Atem no decía nada más y comenzaba a caminar lejos de él, Kaiba miró a Mai y espetó. —Llévame una margarita.
—A la orden. —Soltó Mai molesta mientras se levantaba de la mesa.
Cuando llegaron al ala oculta, Atem ocupó su lugar a la cabeza de la mesa y esperó a que Kaiba se sentara, el castaño se situó justo frente a él y esperó paciente. Atem tenía los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos cerrado cuando entró Mai, llevaba una charola con la margarita del castaño y un vaso más para Atem.
—Algo que pueda ofrecerte, honey. —Dijo para su amigo.
—Estamos bien, descuida.
—Cualquier cosa, ya sabes cómo llamar.
— ¿Cliente frecuente del lugar? —Inquirió Kaiba curioso.
—Soy accionista, y Mai es mi única amiga de los suburbios.
— ¿Por qué serías accionista de un lugar como éste?
—La verdad es un proyecto interesante. Impulsan a talentos nuevos a darse a conocer y prestan el espacio para el arte. Un par de veces hemos convertido las salas privadas, como ésta, en exposiciones de pintura y fotografía.
—Y el nombre es muy original. —Dijo con sarcasmo cuando vio el encabezado del menú. — ¿Para qué querías verme aquí?
—Tengo información de algunas cosas que pasaron con Gozaburo. —Soltó mirándolo directo a los ojos, Kaiba retrocedió en su asiento por la sorpresa y esperó al siguiente movimiento de Atem, quien se había tomado su tiempo para llevarse el vaso a la boca. Kaiba tuvo que hacer lo mismo para tratar de serenarse por la impresión.
— ¿Y qué sugieres?
—Necesito tu ayuda. Mi padre no dista tanto del tuyo, la diferencia es que nuestra compañía ha tomado acciones ilegales para posicionarse en el mercado. Necesito el apoyo de la compañía Kaiba en caso de que mi padre intente cualquier movimiento en cualquier dirección. Quiere enviarme a Egipto para que deje de interferir en sus planes, pero quisiera lograr demostrar el fraude que cometió, antes de que lograra ponerme lejos de aquí.
— ¿Y cómo yo puedo ayudarte? Ahora Kaiba Corp produce juegos, no armas, hace tiempo que teníamos en mente implementar esos cambios.
—Lo sé, y quisiera hacer que la compañía de mi padre diera un giro radical. Descuida. No me voy a dedicar a los juegos.
— ¿Ah, no? No eras tú el Yu Gi Oh? ¿Por qué habría de creerte?
—Primero, porque mi padre tiene el doce por ciento de las acciones de Kaiba Corp. Y segundo, porque creo que te interesará invertir en mi idea, una vez que pueda llevarla a cabo.
— ¿Y cuál es esa maravillosa idea?
—Primero lo primero, Kaiba. Necesito tu apoyo para limitar a mi padre, y te necesito de mi lado para poder luchar contra lo que se avecine. También necesito tu consejo, tengo fe y confianza en ti, sin que tú lo sepas. Si tú lograste deshacerte de Gozaburo, creo que puedes ayudarme y guiarme en ésta lucha.
—No lo sé. —Dijo bajando la guardia, y sorprendido por el giro que había dado la conversación. —Gozaburo nos adoptó, a mi hermano y a mí. No había lazos de sangre de por medio. Él es tu padre biológico y quieres volverte contra él. ¿Por qué?
—Porque… —Atem tomó el vaso con ambas manos y observó la superficie de su bebida, buscando en el líquido, el valor para responder a esa pregunta. —Porque no estoy de acuerdo con su manera de llevar las cosas, sus acciones ilegales, su falta de corazón al momento de tratar a la gente, su indiferencia ante el sufrimiento humano… No tiene una vida que los dioses disfruten. ¿Te ha contado Kisara cómo fue que nos conocimos? Ella en realidad no es mi prima biológica.
—No me ha dicho nada. —Dijo repentinamente curioso. Interesado en saber más cosas sobre la peliblanca, que parecía porcelana pero se comportaba como acero.
—Ella tenía seis años cuando llegó a mi casa. Un oficial de policía llegó con ella de la mano, la pequeña había estado llorando, se notaba en sus ojos.
—Dijo que no conocía a nadie, que tal vez ustedes sabrían algo de ella.
—Kisara. —Murmuró Ishizu arrodillándose frente a la niña. — ¿Qué ha pasado?
Atem se aferró al borde del vestido de la mayor, viendo con curiosidad y tristeza a la pequeña mientras la mujer le apartaba el cabello del rostro y acariciaba sus mejillas pálidas con ternura.
—Su pueblo… —Murmuró el oficial bajando la mirada mientras se quitaba la boina, una muestra de respeto a los caídos. —Fue atacado por guerrilleros. Han estado saqueando los pueblos más alejados de la ciudad, y… Ella es la única sobreviviente, la llevaban en una camioneta polarizada.
—Llama a tu madre, Atem. —Ordenó Ishizu levantándose.
—Padre está…
—Atem. —Repuso la mujer con una sonrisa cálida mientras le acariciaba el rostro al pequeño. —Queremos ser amables, no justos.
—Sí, Ishizu.
—Mi madre recibió a la pequeña en casa y la cuidamos hasta que estuvo sana. Después de eso, cuando mi padre no toleró más su presencia, la envió a un internado. Los veranos volvía a casa con nosotros por petición de mi madre, y la recibíamos como si fuera de la familia, pero en cuanto terminaba, ella debía volver a estudiar. Yo fui a visitarla casi todos los fines de semana hasta que mi padre decidió ponerme a estudiar otras cosas y luego me mandó aquí.
—Kisara… —Interrumpió, pero frenó de golpe al darse cuenta que no sabía qué decir.
—Ella era hija de un viejo colega de mi padre, posiblemente de alguien a quien estafó para poder subir al poder. Crecimos juntos, con ella, con Mana, con Mahad cuidando nuestros pasos. Pero no el tiempo suficiente. La enviaba lejos a la primera oportunidad. Un recordatorio de que todo se regresa. La odió. Pero madre y yo la adorábamos y en ese entonces no oponía mucha resistencia a lo que madre pidiera. Ahora entiendo que quería complacerla para que ella no sospechara sobre sus amantes. Él es la razón por la que mi madre trató de suicidarse.
— ¿Qué?
—Y tengo que detenerlo, aunque sea lo último que haga en éste lugar.
Kaiba guardó silencio unos instantes eternos para ambos, mismos en los que Atem se recargó en el respaldo de su silla y cruzó de nuevo los brazos, como un faraón antiguo. Suspiró cuando Kaiba retiró la copa de su boca y esperó paciente.
—Cuenta con mi apoyo. Kaiba Corp no sustentará a alguien que no toma en cuenta la ley para hacer sus movimientos.
—Kisara y yo te estaremos eternamente agradecidos. —Admitió el faraón con una sonrisa cálida.
Ambos regresaron a la mesa, donde Kisara los recibió con una sonrisa, poniéndose en pie y tomando el brazo de Kaiba. Él se sonrojó tan ligeramente, que sólo la ojiazul lo noto. Atem por su parte, revolvió el cabello de Yugi, arrancándole un sonrojo un poco más notorio para todos los presentes.
— ¿Ya vas a cantar? —Inquirió Mai dejando un ruso blanco frente al faraón, él la miró con una sonrisa sarcástica y se sentó ignorando su petición. —O sea que nadie va a intentarlo siquiera. —Suspiró resignada, apoyando las manos en los hombros de Joey, consiguiendo que él se irguiera por la sorpresa. — ¿Qué tiene que hacer una chica en éste lugar para que le cumplan sus caprichos?
—Joey puede cantar, si quieres. —Sugirió Tea con media sonrisa.
— ¿De verdad? ¿Podrías? —Inquirió la rubia sonriendo, asomándose sobre el rostro de Joey para verle los ojos.
— ¡Joey Wheeler será muchas cosas, pero no canta! —Espetó el rubio cruzándose de brazos.
—Ni hablar, entonces abre un espacio para mí en esa silla. —Dijo empujándolo con la cadera y tomando el vaso del muchacho para darle un trago. — ¿Qué les ofrezco? La casa invita la siguiente ronda.
—Mai, no seas hipócrita, ambos sabemos que yo voy a pagar. —Soltó Atem con media sonrisa. —Y no ha llegado la pizza que pedí, ¿O sí?
—No, querido, nos falta gente en la cocina, estamos contratando. Resulta que el bar-man huyó con la chica que preparaba los postres y no sabremos de ellos en un rato.
— ¿Qué exactamente estás contratando, Mai?
—Necesito dos meseros de medio tiempo y un bar-man, alguien que sepa preparar bebidas. Sólo durante las tardes, de seis a once. A las diez y media cierra la cocina y es media hora para limpiar.
—Mai. —Inquirió Tea con timidez. — ¿Qué días necesitas a tus meseros?
—Jueves a domingo. Entre semana no hay tanta gente y nos valemos por nosotros mismos, incluso Atem ha venido a ayudar, pero insiste en no quedarse de tiempo completo.
—No he tenido motivos para quedarme como trabajador, hasta ahora.
— ¿Cuál sería un buen motivo?
— ¿Nosotros seríamos un buen motivo? —Quiso saber Yugi. Sonrió mirando a Tea y suspiró asintiendo al mismo tiempo que ella. —Tea ya no pudo seguir trabajando en las hamburguesas. Y yo estoy buscando algo de medio tiempo.
— ¿De verdad? —Soltó Mai enderezándose en su silla, feliz de escuchar aquello. — ¿Y cuándo puede empezar?
—Mañana mismo. —Soltó Tea sonriente.
—Perfecto, vengan a las cuatro para entregarles los uniformes y hablarles de su salario y prestaciones, no sé si será la gran cosa, pero el trato será amable y tendrán algunas ventajas. —Prometió con una sonrisa cálida, pensando en que Atem tenía razón respecto a hacer vínculos cercanos con ellos en específico. Si algo tenían en sus corazones, era lealtad.
—Apúntame en la barra.
—Atem… —Murmuró Kisara sorprendida.
—Tú lo has dicho, preciosa. Nadie prepara nada como yo. Además. —Dijo pasando un brazo sobre los hombros de Yugi y apretándolo hacia sí. —Así me aseguraré de que éste par llegue sano y salvo a casa.
—Oye, acabas de asegurar varios clientes frecuentes. —Soltó Tristán abrazando a Joey y Tea por los brazos.
—Sí, con nuestros amigos aquí, lo más seguro es que nos tengas aquí un poco más seguido.
—Chicos…
—No te vas a librar tan sencillo de mí, Mai. —Soltó Joey abrazándole la cintura cuando Tristán lo soltó. —Después de todo, ¿qué mejor lugar para estar que con los buenos amigos? Y tú ya eres una amiga querida, Mai.
—Gracias. —Soltó con una sonrisa y los ojos entrecerrados, plantó un beso en la mejilla de Joey y se levantó mirando a Atem. —Debiste iniciar por ahí cuando te ofrecí el trabajo por primera vez. Voy a traer la comida, no me tardo… Y chicos… —Añadió con las mejillas sonrosadas. —De verdad, muchas gracias.
