Atem entró a la escuela hecho una verdadera furia, tratando de ponerse los pendientes pero errando por la velocidad a la que caminaba. No saludó absolutamente a nadie y caminó hasta llegar a su salón, incluso pasó de largo al lado de Yugi, que había levantado la mano para llamar su atención, pero no había conseguido nada. Mana entró corriendo tras él, gritándole que la esperara y luego reclamándole por apretar el paso. Atem no sólo era más alto, tenía las piernas bastante más largas que la pequeña egipcia, así que rápidamente logró dejarla atrás. Por último entró Kisara a pasos calmos, caminó cabizbaja y taciturna hasta llegar donde el pequeño, deteniéndose al lado de Yugi y saludando con una sonrisa forzada a todos.
— ¿Qué pasa, Kisara? —Quiso saber Yugi al verla. — ¿Por qué viene tan molesto?
—Su padre va a sacarme de la escuela, hoy es mi último día como estudiante aquí si él no paga mi colegiatura.
—Parece que ésta guerra se les está yendo de las manos. —Murmuró Tea preocupada al ver a la peliblanca tan triste.
—Sí, y no es justo que mi tío use a las personas alrededor de Atem para tratar de ganar tiempo en ésta guerra, todos en la casa sabemos de su existencia, pero hasta ahora no era real, y ahora no sé lo que mi faraón hará. Jamás lo vi así.
Vieron al faraón regresar sin su mochila, con los pendientes reluciendo al sol, el saco puesto a modo de capa dejando al descubierto sus brazos y las muñequeras que Tea le había obsequiado para que pudiera ocultar sus cicatrices. Duke caminaba unos pasos atrás de él, con la misma determinación en la mirada, pero menos de la mitad de la rabia, acompañando leal a su amigo en lo que estuviera surgiendo.
—Van a la dirección. —Murmuró Tea pensativa.
— ¿Qué pasa? —Inquirió Tristán llegando al lugar cuando se percató de que sus amigos miraban hacia los edificios de administrativos.
—Que la guerra entre Akhenaten y su hijo ha dado inicio. —Sentenció Kisara mientras una ráfaga de viento la envolvía, arrancándole un escalofrío a todos los ahí presentes.
17.- De huesos y otras cosas rotas.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Síiiiiiiiiiiiiiii, no podia quedarme con ese beso enredado entre los dedos, tenía que incluirlo, pero me gustó más con un Atem plenamente consciente de sus actos jaja. He estado pensando mucho en estos momentos de calma para el par, y he decidido acabar con ello, suficiente presentación de personajes y conflicto, vamos por el nudo principal. En otros fics he hecho sufrir a mis personajes y supongo que no será la excepción, no sé cómo gire esto pero espero que no sea demasiado duro para ellos. No me gusta ser tan cruel y como escritora me lo cuestiono mucho, hasta qué punto debería estirar a mis personajes sin llegar a reventarlos. Supongo que lo descubriremos.
Lo único que no he decidido es, que ahora que iniciaron con las confiancitas de estar tocando al otro constantemente en roces inocentes como un beso en la frente o entrelazar sus manos, qué tan lejos debería llevarlos una vez que vayan avanzando en su historia personal.
Atem miraba al frente del salón, prestando atención hasta los más mínimos detalles, tomando notas casi sin mirar su cuaderno y haciendo preguntas certeras y cortantes, mismas que intimidaron a los profesores. Y el resto del día fue similar.
El receso fue una tregua para tanta desesperación y tanto él como Duke se tomaron el tiempo de pasar un rato agradable con Yugi, Tea, Joey, Tristán y Bakura, pero Atem volvió a su actitud implacable y despiadada el resto del día.
Para alivio de Duke, que había tenido que soportar las malas vibras del mayor durante todo el día, les tocaba educación física, lo que querría decir un espacio para librarse de tanto estrés físico y emocional.
El silbatazo del entrenador llamó la atención de todos. Atem y Duke entraron tarde y por primera vez en todo el ciclo, Atem no llevaba una camiseta debajo de la de baloncesto. Sus hombros, el tatuaje, sus brazos trabajados estaban expuestos para que todo el mundo los viera, y Yugi se percató de que arriba de la cruz de Ankh estaba el boceto de un nuevo tatuaje, un escarabajo con las alas bien abiertas y el sol sosteniendo la base del cuello del faraón.
Suspiró pensando en el escarabajo que el mismo Atem le había regalado el fin de semana tras haber pasado también toda la mañana del domingo juntos, mismo que colgaba de su cuello bajo la ropa justo en ese momento. Sonrió cuando Atem le dedicó media sonrisa y luego volvió su atención al profesor.
—Baloncesto. —Dijo lanzando una pelota a manos de Joey, el rubio inmediatamente hizo girar la pelota sobre su dedo y sonrió tratando de impresionar a las chicas.
—A Mai le gustaría ver eso. —Dijo Tristán malicioso, consiguiendo que el balón botara de las manos de Joey e iniciara una nueva riña entre ellos.
—Duke, Tristán, Ushio y Bakura. Organicen los equipos masculinos. Tea, Mana, Rizo y Miho, organicen los equipos femeninos. El resto, a esperar.
Y aunque Yugi creyó que para variar sería el último seleccionado del día. Duke lo eligió primero, sonriéndole de medio lado y chocando palmas para recibirlo. El profesor terminó de pasar lista y miró al salón anunciando que organizaría retas femeninas y masculinas después del calentamiento, mismas que se desarrollarían a la par por mitad de las canchas, amenazó con reprobar el ciclo escolar de aquel que se atreviera a pasar a la otra mitad para intervenir en el juego de sus compañeros.
Atem pasó el brazo sobre los hombros de Yugi y lo obligó a dar traspiés cuando lo jaló hacia el resto del equipo para planear una estrategia decente y aprovechar la estatura del pequeño en comparación de los demás.
— ¿Pero cómo se pueden valer de eso? —Soltó quitándose a Atem de encima y sacándole la lengua al faraón.
—Pases cortos por debajo de los brazos. —Dijo Duke quitándose el pendiente y extendiendo la mano hacia Atem para que le entregara los suyos. —Creo que todos sabemos que Ushio y su bolita no tienen mucha coordinación cuando se trata de interceptar los pases por abajo. Ya los hemos vencido con esa estrategia antes.
— ¿O sea que no me escogiste por orden del faraón para protegerme?
Atem sintió aquello como una puñalada en el estómago. —No, Yugi. Eres nuestra carta más fuerte en éste momento.
—Casi tan fuerte como el Kuriboh de Atem. ¡Maldita bola de pelos! —Espetó Duke tomando a Atem en una llave y haciéndole cerillito. —Con eso nadie te gana.
—El tatuaje. —Espetó Atem tratando de soltarse de su amigo. —La piel está sensible.
—Perdón.
Atem le dedicó una mirada letal a Ushio pero se concentró en su equipo, y aunque la mayoría de las rondas fue tranquilas y por algún motivo no le tocó coincidir con el bully oficial de la escuela, la última ronda fue contra su equipo.
Atem pasó gran parte de la partida bloqueando las jugadas de los oponentes y tratando de hacerle un pase decente a Duke para que la estrella anotara un punto, pero tras casi doce minutos de partido no habían llegado a ningún lado con aquello.
La furia se desató cuando Ushio aprovechó la oportunidad para ajustar cuentas con Atem a través de Yugi. En un giro violento y casi consiguiendo que aquello fuese un accidente, le dio un codazo al pequeño en la parte posterior de la cabeza, consiguiendo desorientarlo y tirándolo al suelo. Otro de los jugadores de su equipo había corrido tan rápido para tratar de arrebatarle el balón a Yugi que no sólo estuvo a punto de patear su rostro, sino que casi le cae encima, pero Atem fue más rápido. Saltó sobre el cuerpo de Yugi y lo protegió del golpe con un brazo, lanzó al otro jugador en un movimiento rápido y se aseguró de que Yugi estuviera bien. Sintió una llamarada de dolor extenderse por todo su cuerpo cuando el otro muchacho raspó su tatuaje con las presillas del tenis en la inercia de su caída pero el faraón aguantó sin hacer un solo gesto, para tratar de tranquilizar al pequeño. Lo sostuvo en sus brazos y lo sacó de la cancha en un movimiento rápido, consiguiendo que Ushio soltara una risa burlona.
— ¿Está tu novio bien?
—Mi Aibou está a salvo de ti por ahora… —Murmuró colérico mientras Tea revisaba el golpe de Yugi. Atem se dio la vuelta sobre sus talones y miró a Ushio directo, pero a diferencia de la última vez, el abusivo ni se inmutó. — ¿Pero quién te va a cuidar a ti?
—Basta ya. —Ordenó el profesor interponiéndose en la mirada de ambos.
—Llevaré a Muto a la enfermería, si no le molesta. —Anunció el faraón sin soltar la mirada de Ushio.
—Atem… —Espetó el pequeño corriendo a su lado y tocando su espalda. —Se levantó la costra, estás sangrando.
—Estaré bien.
—Vamos, tu Aibou tiene razón. —Dijo Duke acercándose a Atem y ofreciéndole los pendientes. —Tenemos que revisarte esto.
—Una persona que lo acompañe será suficiente. —Espetó el profesor molesto.
—Sí, tiene razón. —Soltó Duke. —Yo puedo acompañarlos a ambos, no tiene que ir tanta gente. Yugi ¿Estás bien? ¿Te dolió mucho el golpe?
—S-se me pasará. No te preocupes.
—Vamos, al menos por una aspirina. —Pidió Duke con una sonrisa amable.
—Deberías ir, Yugi. —Comentó Tea con media sonrisa, acercándose a los muchachos y mirando de reojo a Joey y Tristán, quienes miraban con rabia mal disimulada a Ushio y su grupo de matones.
—Aunque sea por hacerme compañía, Aibou.
Y aquello lo convenció al fin. Era la primera vez que Atem lo llamaba abiertamente "Aibou" frente a todos, así que no pudo hacer otra cosa más que seguir al faraón y a Duke.
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Yugi estaba recargado por fuera de la escuela en la barda, esperaba a Tea y Joey, que se habían quedado como parte del equipo de aseo ese día. Mana y Kisara habían insistido en esperarlo hasta que llegaran los demás, pero el pequeño insistió en que no hicieran esperar a Mahad. Él estaría bien.
Mana le dedicó una última mirada de preocupación antes de subir al auto y alejarse. Ahora Yugi se preguntaba si realmente había sido tan buena idea quedarse solo. Se sentía inseguro de estar ahí y su inseguridad sólo creció cuando escuchó las voces de los abusivos de la escuela, Ushio y sus matones acercándose a la puerta después de haberse quedado un rato castigados.
Tragó saliva en seco y rezo internamente por que no notaran su presencia.
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Atem iba saliendo de la dirección, hastiado por la conversación que había tenido con la directora, pero feliz del resultado obtenido. Suspiró frustrado preguntándose si Yugi se habría ido y se arrepintió al instante de demorarse tanto.
Escuchó un quejido ahogado venir de fuera de la escuela y salió corriendo hasta toparse con una imagen que le heló la sangre. Uno de los matones de Ushio sostenía a Yugi por los brazos mientras el abusivo principal le atestaba otro golpe en el estómago, sofocándolo y arrancándole otro quejido. Sintió una lágrima deslizarse por su mejilla y suspiró tratando de controlarse, no les daría el gusto de verlo derrotado.
— ¡Ushio! —Gritó Atem soltando su maletín. Llevaba de nuevo el saco sobre los hombros y cuando el abusivo se giró para encararlo, se quedó helado de la impresión. Atem llevaba colgando al cuello el rompecabezas del milenio y lucía como un auténtico faraón enfurecido.
La sangre le abandonó el rostro cuando el faraón mostró una vara de madera casi de su estatura. Sabía de antemano que el egipcio sabía varias artes marciales y trató de mantener la calma cuando habló.
— ¿Qué quieres? Esto es entre Muto y yo.
—Lo que quieras con Muto, lo quieres conmigo. —Y aunque trató de mantener la calma todo el tiempo posible, cuando se percató de que el escarabajo de Yugi colgaba de las manos de Ushio, perdió el control. — ¡Y más vale que lo resolvamos en éste momento! Sé que mi padre te contrató para hacerme la vida imposible y llevarte a Yugi de corbata.
—No puedes hacerme nada.
—Puedo, y lo haré.
—Cualquier cosa que me hagas, tu padre lo sabrá y…
—Y qué… —Retó quitándose los pendientes y el saco, guardó los pendientes en los bolsillos del saco y se lo ató a la cintura. —Si vamos a pelear, ya te vencí una vez, recuperó su báculo y encaró a Ushio. —Lo haré de nuevo.
El abusivo tronó los dedos y sus tres compinches se lanzaron sobre Atem sin pensarlo, atacando con toda su fuerza. Atem tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no luchar con todo y molerlos a palos en ese mismo instante. Los golpeó hasta magullarlos y hacerlos arrepentirse de haber atacado.
Y a pesar de estar arrepentidos, seguían atacando una y otra vez como si la vida les fuera en ello. Aquello no era lealtad, era conveniencia.
Atem decidió que si se iban a quedar, él entones daría todo su poder. Sabía cómo golpear de manera que no quedaran marcas y aun así hubiera daño, apagó esa parte de su ser que lo limitaba y comenzó a pelear en serio hasta que escuchó la voz de Ushio sobre el zumbido de sus oídos.
— ¡Faraón!
Atem lanzó con todas sus fuerzas a su oponente hasta estamparlo en la pared de la escuela y se giró sobre sí mismo aprovechando que sus tres oponentes directos estaban en el suelo. Ushio tenía al Yugi por el cuello y lo miraba desquiciado.
—Suéltalo. —Dijo lentamente, a media voz y con los dientes apretados.
— ¿De dónde sacaste el rompecabezas?
—Lo sé todo, Ushio. Y tengo en mi poder la posibilidad de destrozarte si no lo sueltas.
Ushio levantó el brazo, apretando más al pequeño y consiguiendo que él comenzara a respirar con dificultad, tenía lágrimas en los ojos y miraba aterrorizado a Atem. Trató de negar con la cabeza, como si aquello fuera a calmar la furia del faraón, pero lo único que consiguió fue enfurecerlo más. Sabía que tenía las heridas del asalto recientes y ahora tenía la venganza servida en bandeja de plata. No le importaba dejar moretones y marcas en el cuerpo de Ushio. Al contrario, lo haría con gusto.
—Tengo un trato para ti, Faraón. Pero tu padre me dijo que primero debía quitarte la vara. Suéltala o algo le pasará al pequeño.
— ¡No le hagas caso, Atem! —Exclamó Yugi aflojando el agarre de Ushio, pero el abusivo le apretó más el cuello con el brazo y le empujó la mejilla con la mano libre, para obligarlo a guardar silencio. Atem avanzó un paso pero Ushio hizo más presión y consiguió que el Faraón retrocediera.
El egipcio lanzó la vara tan lejos como pudo y encaró a Ushio, furioso. El abusivo soltó a Yugi y retrocedió un par de pasos. Atem se arrodilló a toda prisa a su lado y se desató el saco de la cintura para echárselo sobre sus hombros.
—Todo estará bien. —Prometió con media sonrisa. La mirada de Yugi se llenó de pánico y Atem recibió la patada que Ushio le había tirado a las costillas reteniéndolo con ambos brazos. —Eres tan predecible. —Ladró entre dientes levantándose y consiguiendo que Ushio cayera sobre su costado y se golpeara la cabeza. —Yugi, entra a la escuela.
—No quiero dejarte solo si…
— ¡Entra! —Gritó girando la pierna de Ushio para que el abusivo quedara boca abajo. Yugi se levantó tomando las cosas del faraón y recibiendo el rompecabezas alrededor de su cuello de nuevo. —Por favor, entra. Al menos hasta la reja. Y quédate ahí.
—Sí.
A la pasada, Atem le besó la coronilla y luego encaró a sus cuatro oponentes, que ya se habían levantado y lo encaraban con rabia. Atem respiró profundo y murmuró. —No contengas, no sientas.
Recibió a los cuatro, repartiendo el peso de su cuerpo para tirar los golpes y patadas suficientes para mantenerlos a raya y cansarlos un rato. Yugi se aferró al barandal que lo mantenía lejos y no pudo evitar sentir esperanza al ver al faraón peleando de aquella forma tan pulcra. En tres golpes rápidos, los compinches de Ushio cayeron brutalmente, quedando fuera de combate y dejando la pelea en manos del abusivo.
Atem, cansado, no pudo detener la patada de Ushio, entró de lleno en su pecho y consiguió que el faraón se estampara de espaldas en el suelo, abriéndose de nuevo la cicatriz del tatuaje y golpeándose la cabeza. Ushio estampó su pie en el medio del pecho de Atem y lo sofocó en ese simple acto. Yugi no pensó antes de soltar las cosas de Atem y lanzarse a taclear a Ushio, consiguió desequilibrarlo, pero terminó en el suelo con un golpe en el rostro. Yugi gateó hasta interponerse en el camino de Ushio a Atem y encaró determinado al abusivo, tratando de levantarse. Él miró a Yugi con desprecio y le puso el pie en el medio del pecho cuando el pequeño consiguió arrodillarse y erguirse ahí.
Lo empujó hasta llevarlo al suelo y aquello fue suficinte para provocarle a Atem una última descarga de adrenalina, misma en la que se levantó hecho un torbellino de golpes y patadas que obligaron a Ushio a retroceder hasta la pared. No pudo detener los golpes, ya no pudo con la velocidad del Faraón, que tenía los ojos encendidos en un fuego carmesí cargado de rabia y desesperación.
Despiadado. No había otra manera de describirlo.
Era brutal y despiadado.
Sólo la voz de Yugi lo sacó de aquel trance. Una vez que lo tuvo acorralado contra la pared, con las solapas sostenidas en un puño y a punto de golpearle la garganta con toda la intensión de destrozarle la tráquea con los nudillos de la otra mano, la voz de Yugi se alzó sobre el zumbido que cegaba a Atem con rabia y desesperación, alimentando su sed de venganza.
— ¡Mou hitori no boku!
Casi en automático, Atem soltó a Ushio y bajó ambos brazos. Giró sobre sí mismo y avanzó un paso hacia Yugi, el pequeño estaba de rodillas y se recargaba en las manos para poder mirar a Atem. Tenía las mejillas cubiertas de tierra y lágrimas, algunas manchas de sangre en las rodillas y un raspón en la mano izquierda, pero lo que más partió el alma de Atem fue ver esa súplica de misericordia en sus ojos.
—Ya todo terminó. —Prometió recuperando el control de sí mismo. Avanzó unos pasos hacia el pequeño y suspiró aliviado cuando lo vio sonreír a pesar de las lágrimas que salían a chorros por sus ojos violetas.
Sin embargo, su mirada se llenó de pánico cuando se percató de que Ushio trató de arremeter a espaldas de Atem.
El faraón giró con tiempo suficiente apenas para ver a Duke llegar a atestarle un golpe con el puño cerrado en la quijada a Ushio y casi caerse por la inercia del movimiento. Ushio terminó en el piso, desorientado y torpe por el golpe. Tea, Tristán, Joey y un prefecto de la escuela llegaron corriendo hasta donde estaban todos y ayudaron a Ushio y a sus compinches a levantarse para llevarlos a la enfermería.
—Lo hemos visto todo. —Dijo el prefecto mirando a ambos tricolores con asombro, apenado por lo que había admitido. —Desde que Ushio llegó a molestarlo, joven Muto.
—Si se dieron cuenta de que Yugi estaba en problemas… —Soltó Atem entre dientes, tratando de no arremeter contra el recién llegado. — ¿Por qué no hicieron nada por detenerlo?
—No son horarios escolares. Es una excusa pobre y estúpida… Cuando Tea se dio cuenta de qué ocurría nos llamó a gritos y nos hizo correr.
— ¡Más vale que tomen medidas al respecto! —Amenazó Tristán con uno de los muchachos sobre su espalda. —O nosotros haremos algo.
—No es justo que tuviéramos qué intervenir. —Añadió Tea horrorizada, viendo a Atem aporreado y los raspones de Yugi. Atem se acercó a Yugi y lo tomó en brazos, levantándose con muchos esfuerzos y tratando de suprimir una mueca de dolor.
—Tenemos que atenderte las heridas. —Dijo sonriendo para el pequeño, que se soltó llorando amargamente. —Perdóname… —Suplicó en voz baja, tratando de contener sus propias lágrimas. —Nunca debí involucrarte en esto.
—Deberíamos ir al hospital. —Pidió el pequeño. —También a ti te hicieron daño.
—Yo conduciré. —Ofreció Tea mientras el resto entraba a la escuela. — ¡Joey!
— ¡Escuché! —Respondió levantando un pulgar sin darse la vuelta para conducir al casi inconsciente estudiante que llevaba abrazado por la cintura. —Los alcanzaremos en un rato, sólo avísanos qué van a hacer.
— ¡Sí! Vamos.
—De verdad… —Murmuró Atem con los dientes apretados. —Perdónenme por todo.
