Yugi dejó su guitarra sobre la tarima del escenario y sonrió mirando a Tea, que salía de los vestidores ya uniformada.
—Llegaste temprano.
—Sí, quería traer la guitarra para que Atem no tuviera que batallar tanto.
—Me alegro mucho que te deje ayudar. Al menos te permite cuidarlo.
—Más o menos.
El aludido entró al bar con una sonrisa de medio lado, cuando Yugi se percató de que no llevaba el cabestrillo fue a reñirlo al respecto, pero lo único que consiguió fue que Atem lo tomara de la barbilla con la mano del brazo "bueno" y lo atrajera hacia sí, plantándole un beso que acabó con sus argumentos.
Mai, que iba saliendo de la cocina, y Tea, se quedaron boquiabiertas al ver el arriesgue de Atem al besarlo en público, no sabían exactamente cuándo había cambiado todo entre ellos, porque aunque el contacto había ido aumentando poco a poco y cada vez se tenían más confianza el uno al otro, era la primera vez que los veían compartir un beso.
— ¿Vas a tocar la guitarra para mí? —Inquirió Atem abrazándole la cintura al pequeño con un brazo y consiguiendo que Yugi se sonrojara al momento en que ponía las manos sobre el pecho de su faraón.
—Voy a cantar contigo. —Admitió sonrojado, sonriendo mientras esquivaba la mirada del mayor. —Pero sólo si te pones el cabestrillo.
—Puedo preparar bebidas con una sola mano. —Dijo confiado mientras se retiraba un poco de Yugi y miraba en dirección de Mai. — ¿Escuchaste eso? —La rubia no salía de su sorpresa, parpadeó tres veces antes de que Atem añadiera. —Nos vas a tener a los dos cantando en el escenario, más te vale que subas el sueldo.
—Sí, lo justo. —Dijo con los ojos abiertos como platos mientras Atem le pasaba por un lado, camino a los vestidores para ganarle tiempo al tiempo, aunque pudiera quitarse el cabestrillo, moverse rápido le dolía. Sonrió guiñándole a la rubia y se perdió en los vestidores. Inmediatamente, ambas chicas se acercaron a Yugi, tomando una mano cada una y cubriéndolo de preguntas. Atem se quedó en la puerta un segundo más, apreciando el sonrojo que había aparecido en las mejillas del pequeño, sumado a la sonrisa radiante que adornaba su rostro.
20.- Eliminando a la competencia.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Sí, no te creas, Kaiba tampoco me cae tan bien que digamos, pero me gustó tanto el personaje de Kisara que simplemente no podía dejarla fuera, aunque eso implicara meter al castaño. Ha sido difícil escribirla, digo, tengo muy pocos elementos de ella, pero cuando la recuerdo peleando por defender a Seth, no puedo evitar quererla en mi historia. Respecto al vínculo, sí, creo que debía dejarlos bien parados para poder destrozarlos a gusto. Ahora me arrepiento jaja, pero lo hecho está hecho, que comiencen los juegos. Todavía no decido cuánto daño será permitido, y estoy considerando cambiarle la categoría a la historia, pero bueno. A ver qué sale después de esto. Voy a seguir fiel a mis guiños originales, y a ver que surge. Qué bueno que te gustó la declaración, no quería caer en algo soso y lleno de flores y corazones. Yugi podría haber sido tierno, pero al ser él el dueño del primer beso, el confesor debía ser Atem, lo justo. Jaja. Qué bueno que te gustó. Saludos.
Catone Historias: Creo que a éstas alturas yo también esperaba la confesión, y no digas Yaoi, porque eso me da muchas ideas que no son parte del script original jajaja, misma falla, me estresa porque ya van dos días seguidos que me aparece que no se ha publicado pero sí está en la plataforma, está este bug raro de que no me aparecen los correos con los reviews pero sí me aparecen en la cuenta, ahora me da cosa pensar en que haya comentarios que no respondiera. Amé tu fic, lo volví a leer en la mañana, me dio muchas ideas, pero serán historias distintas jaja. Y a ver que sale, no me mates por lo que viene, no me gusta darles breaks tan largos a los personajes, sólo promete cosas malas.
Saludos
kuroXerxes: Entiendo a qué te refieres, yo también le perdí la fe mucho tiempo a ésta plataforma, pero un día dije "Qué más da, si quiero un Fic de ellos ¿Por qué no lo escribo yo?" La que quería un one-shot terminó escribiendo una historia completa. Me encanta que te atrape la historia TTwTT No sabes lo halagada que me siento de saber que crees que vale la pena comentarme. Hubo momentos de la historia en que no sabía cómo llevar a los personajes, y fue mucho de volverme a ver cap s enteros para poder seguir escribiendo (Algunas cosas de ésta historia, como éste capítulo, son guiños a la serie original), pero me alegra que los sientas fieles a pesar de todas mis dudas al escribirlos. Lo del suicidio, bueno, era un cliché muy clásico que podía darme buenos resultados o hacer que se fuera a la goma la historia completa. Cuando terminé de escribirlo (Lo intenté cuatro veces) me gustó el resultado final, y como no era una historia como las que encuentro de Yu-Gi-Oh! en ésta plataforma, no sabía si gustaría del todo, así que son los comentarios de ánimo los que me hicieron seguir, ahora me alegro de haberlo hecho. Descuida, capté bien cada palabra, gracias por escribirme jaja, y de verdad me interesa seguir conociendo tu opinión del desarrollo de la historia, si te falta saber algo, dilo y lo aclararé en siguientes caps. Gracias por leerme.
Mahad dejó las carpetas con la información en la mesa mientras Atem terminaba de ponerse el suéter negro y se enfundaba el brazo en el cabestrillo.
— ¿Qué tienes? —Quiso saber mientras terminaba de acomodarse el brazo en una postura cómoda. —Por favor que sea bueno.
—De hecho es excelente. Es el resultado de una semana completa de ser su sombra, hemos descubierto al menos cuatro contactos de los que está comprando información de la competencia directa. Ishizu recibe hoy los movimientos de las cuentas bancarias a nombre de tu padre y las personas a las que ha pagado.
—Bien.
—Otra cosa, Kaiba tiene una reunión hoy con el contacto que tenía Gozaburo en común con Akhenaten. Una vez que investigue cómo pide el pago podremos rastrearlo. Y por último, el fideicomiso que te legó tu padre está limpio. Puedes disponer de él cuando te plazca; Pero, si me lo preguntas, yo invertiría en Kaiba Corp.
—Hazlo. —Dijo tomando una taza de café y llevándosela a la boca. —Haz todos los movimientos que creas convenientes. Confío más en ti que en mí para las inversiones.
—Por eso soy tu abogado. —Dijo con media sonrisa mientras endulzaba su propia taza, sin embargo, le dedicó una mirada pesada al adolescente. — ¿Qué tal te va con la vida de soltero? Vivir solo, sin nadie que cuide de ti…
—Yugi cuida de mí. —Admitió sonriendo. —He ido a comer a su casa casi a diario, por eso mi refrigerador está vacío, compro víveres y los llevo a su casa para cocinar. Su abuelo no termina de entender por qué cuidamos tanto el uno del otro.
— ¿No lo sabe?
—No, y le quiero pedir formalmente permiso para salir con Yugi, es sólo que cada que se lo quiero decir… no sé. Me da algo.
—Pena.
—Tal vez.
—De que le corrompas a su pequeño. —Bromeó malicioso.
— ¿Los padres de Ishizu todavía te reciben en su casa? —Dijo como si acabara de recordarlo. Mahad enrojeció hasta las orejas ante el comentario de Atem y se llevó la taza a la boca. —Digo, después de que su pobrecita hija cayera en manos de un buen hombre y abogado, de los pocos decentes que quedaban en Egipto hace unos años. Ya están esperando dote y boda, ¿Eh?
—Lo sé. —Admitió mirando en otra dirección.
—Bueno, al menos te hace feliz. —Añadió al final el faraón ofreciendo su taza para brindar, Mahad sonrió chocando su taza y luego miró al muchacho.
—También me van a entregar la prueba del arma de tu padre. Uno de los mitos de Egipto es que mató en persona a su competencia directa y que guardó el arma como un trofeo del crimen. Si esa pistola es el arma del crimen, lo sabremos en unos días.
—Eso será un peso menos. ¿Algo más de lo que deba enterarme?
—De momento creo que es todo. En cualquier caso, Ishizu vendrá hoy por la tarde a verte y a traerte de comer, si no te importuna.
—No, será magnífico verla. De todos modos creo que Yugi quería saludar.
—Atem. —Llamó Mahad serio mientras el muchacho se sentaba frente a él con la taza aferrada. —Cuando hagamos contacto con el matón de Gozaburo, si procedemos con cuidado, podremos encarcelar a tu padre, aquí o en Egipto. Todo lo que involucre a la empresa con éstos fraudes y asesinatos será confiscado y no podrás acceder al dinero de tu familia. Tienes que estar consciente de que de verdad tendrás que iniciar desde cero si esto da resultados.
—Para eso tengo los fideicomisos que vas a invertir en las empresas correctas y tú y tu chica tienen suficientes ahorros para sobrevivir hasta que arme mi propia empresa.
—Me preocupa también el hecho de que tendrás que ir a casa a poner las cosas en orden, y no es un viaje de placer de un fin de semana. Es por tiempo indefinido.
—Lo sé. —Admitió Atem bajando la mirada, pensando en las palabras de Mahad y pensando en que no había mencionado nada de eso a Yugi. —Pero si las cosas salen bien, eso querrá decir que seremos libres de toma nuestra vida en nuestras manos. Ser libres del yugo de Akhenaten. No eres el único que ha tenido que limitar casi cada uno de sus movimientos por miedo a que nos hagan daño, no eres el único que duerme intranquilo porque en cualquier momento nos pasarán factura. Si no limpiamos nuestras vidas justo ahora, después no habrá un cuándo.
—Es cierto. —Admitió brindando con su taza y dando un sorbo largo. —Estoy asustado y tengo que admitirlo. —Murmuró al final mientras se recargaba. —Por Ishizu, por mí, por ti. Pienso en todo lo que está en juego y me pregunto por qué no me moví antes.
—Porque necesitabas un empujón.
—Empujón. —Repitió incómodo. —No, fue por cobarde. No quise ver mi error a tiempo. Pero ahora estamos a tiempo aún de hacer algo.
—De darle la vuelta a esto, no sólo hacer algo. —Admitió Atem sintiendo sus manos temblar. Últimamente había estado ansioso y por algunos días había estado fumando para tranquilizarse, o lo había hecho hasta el día en que Yugi lo había besado. Sabía lo que era besar a un fumador activo siendo fumador pasivo.
—Bueno, soltó Mahad poniéndose de pie y mirando al faraón. —En unos días podremos acceder a los resultados del examen de la pistola. En dos semanas tendremos el rastreo de los matones de tu padre, y si las cosas salen bien, en un mes lo tendremos en tus manos para lo que tú dispongas. ¿Qué hacemos de momento?
—Relajarnos un poco, o vamos a reventar.
—Buen punto. —Admitió dejando la taza en el fregadero y asomándose a la taza de Atem, sonrió cuando el faraón la ocultó bajo su rostro y se dispuso a lavar sus trastes sucios, incluido lo que había usado para preparar el desayuno. — ¿Viene el joven Yugi?
—No tarda en llegar.
—Entonces me iré para dejarles el espacio libre.
—No seas exagerado. Libre, como si fuera qué.
—Atem. —Llamó Mahad sombrío. —Si hacemos un movimiento en falso, si Akhenaten se entera de lo que planeamos, si descubre que tenemos la información de sus movimientos sucios, estaremos en peligro, no en problemas, en peligro. No creo que a estas alturas, él mismo se detenga aunque se trate de su propio hijo. Así que debes estar preparado y debes estar dispuesto a salir corriendo a la menor provocación, o a quedarte hasta las últimas consecuencias.
—Mahad… después del intento de suicido, creo que ya te diste cuenta de que estoy dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias.
—Lo sé. Pero hay una diferencia. Hace unos meses eras un hombre sin nada que perder. Ahora puedes perderlo todo.
—A diferencia de mi padre, yo peleo por una razón que involucra el corazón entero, él sólo pelea por conseguir poder y bienes materiales, eso es lo único que nos diferencia.
—Tienes más cosas en riesgo de lo que jamás has tenido.
—Lo entiendo. —Admitió con voz sombría y un aura taciturna y macabra rodeándolo, sin embargo, cuando miró a Mahad lo hizo con determinación y fuego, no rabia. —Y es por eso que no voy a perder ésta batalla. La voy a ganar a toda costa.
—Deberías decirle a Yugi. Sobre el desafío final, Egipto, que tendrás que irte un tiempo.
—No sé si estoy listo para decírselo aún. Hay una parte de mí que es sumamente egoísta y quiere llevarse a Yugi.
— ¿Y el resto?
—El resto quiere que haga una vida y que sea feliz.
— ¿Ya le preguntaste?
—No, ni quiero hacerlo. —Admitió con la taza pegada a la boca. —Si a éstas alturas lo conozco tanto como presume, ya sé su respuesta. Querrá quedarse a mi lado.
—Entonces la decisión es tuya. —Unos golpecitos tímidos en la puerta llamaron la atención de ambos, Mahad miró a Atem con picardía y antes de dirigirse a abrir, murmuró para el faraón. — ¿De verdad? ¿No le has dado llaves de éste lugar? Pensé que ya vivirían juntos.
—Mahad. —Soltó molesto mientras se levantaba de su asiento. —Agradece a los dioses por haberme roto una costilla y un esguince que me impidan ponerte en donde mereces estar justo ahora.
—Hola, joven Yugi.
— ¡Mahad! —Soltó sorprendido con una amplia sonrisa. El abogado abrió paso y tomó su saco del perchero mientras Yugi dejaba las cosas que llevaba en las manos a la mesa. —Perdona, no sabía que Atem estaría ocupado en la mañana, puedo volver más tarde.
—Descuida, ya voy de salida, no quisiera privar al amo de un momento de paz.
Atem cerró el brazo libre en torno al pecho de Yugi y lo apresó contra sí, el pequeño se tomó del brazo con ambas manos y trató de suprimir un suspiro al sentir el calor del faraón contra su espalda. Sonrió cuando Mahad hizo una breve reverencia y cerró tras de sí. — ¿Qué es eso de volver más tarde? —Soltó Atem ofendido mientras le daba la vuelta a Yugi. El pequeño sonrió apenado y trató de decir cualquier cosa en defensa propia, pero los labios de Atem se adueñaron de los suyos en un gesto confiado y demandante, mismo que hizo que el menor olvidara el resto. —No quiero estar más tiempo sin ti.
.
Akhenaten suspiró frustrado, pensando en todas las amenazas que había soltado su hijo la última vez que había estado en la misma habitación que él, respiró profundo tratando de tranquilizarse y sonrió cuando las puertas de su despacho se abrieron y por ellas entró un muchacho alto, fornido, de cabellos claros y mirada amable.
—Aquí estás al fin. Tardaste demasiado.
—Perdón, tenía algunos asuntos pendientes.
—Pero pasa, Rafael. Siéntate.
— ¿Qué puedo hacer por usted? Mi jefe me dijo que usted mandó llamarme.
—Así es. Necesito un favor. Y creo que tú eres el único que puede ayudarme con esto. Mi hijo se fue de casa y hay unas cosas pendientes a resolver con él, pero no tengo los medios necesarios para hacer las cosas como hacemos en casa, ni los contactos, es por eso que es una bendición de los dioses contar contigo como un guardián. Éste es mi hijo. —Dijo extendiendo una fotografía a manos de Rafael, quien asintió memorizando el rostro de Atem. —Necesito que lo traigas a casa, por las buenas o por las malas. Hay que hacerlo entrar en razón, de verdad está fuera de control y temo que se haga daño a sí mismo o a otros, así que he decidido que necesitamos ponerle un alto inmediatamente.
—Si es para evitar que se haga daño a sí mismo o a otros, estoy a sus servicios. ¿Qué requiere de mí?
—Prácticamente requiero que lo secuestres, no entiende razones y lo quiero en casa para poder hablar con él de una buena vez, de otro modo no será posible llegar a nada. Mi secretaria te entregará una carpeta donde vienen todos los datos que necesitas para encontrarlo, y una fotografía suya. Vas a necesitar algo de ayuda si quieres atraparlo, normalmente está con otro muchacho muy parecido a él, no andan solos mucho tiempo. Tiene que ser un trabajo pulcro.
—Tengo los contactos.
—En el folder viene también la dirección a donde tienes que llevarlo, y sobre todo, te voy a pedir discreción. En Dominó las cosas se hacen muy distinto que en Egipto, así que necesito contar con gente de verdadera confianza.
—Así será.
.
Caminaban lado a lado. El departamento de Atem estaba apenas a unas cuadras del bar, así que llegaban más rápido si tomaban unos minutos extra que en carro, eso sumado al hecho de que Atem no podía conducir.
Caminaban lado a lado riendo alegremente, ajenos a lo que se venía encima. No se percataron del ruido de motocicletas acercándose y cuando escucharon el nombre del Faraón en un grito, ambos voltearon confundidos.
Un motociclista pasó entre ellos, obligándolos a separarse entre sí, Yugi aterrizó sobre su hombro mientras Atem cayó de sentón, golpeándose la cabeza contra la pared.
—Sólo venimos por el hijo de Akhenaten, llevará un segundo. —Dijo uno de los tres motociclistas mientras derrapaba llanta. — ¿Cuál de los dos es Atem?
— ¡Yo soy Atem! —Exclamó Yugi levantándose y encarándolo.
—Bien. —Soltó Rafael acercándose hasta él y sacando un pañuelo blanco. —Entonces no tomará demasiado tiempo.
— ¡No ¿Qué haces?! —Exclamó Atem tratando de levantarse, el motociclista que los había separado regresó a toda velocidad y golpeó al faraón en la sien, dejándolo aturdido y torpe. Escupió sangre, resultado de morderse la lengua, y levantó la vista a tiempo de ver a Yugi siendo drogado con el pañuelo. —E-espera… No t-te lo…
—Dulces sueños, Yugi Moto. —Dijo el motociclista golpeando de nuevo a Atem y haciéndolo perder el conocimiento.
