Fueron cegados por in sinnúmero de flashes, Atem salió con los lentes oscuros puestos a pesar de haber caído la noche, pero ahora que los fotografiaba una jauría, Mahad comprendió por qué el muchacho había optado por ponerse los lentes.

No era la primera vez que Atem se veía envuelto en un escándalo mediático, era sólo que hacía tiempo que no pasaba. Salían del juzgado a toda prisa y Mahad trató de abrirse paso entre la gente para abrir la puerta de Atem, pero al final, fue el muchacho quien escoltó a su abogado y le abrió camino para que no se lastimara más el brazo del cabestrillo. Una vez que ambos estuvieron dentro del auto y Odion arrancó, se relajaron y pudieron respirar.

—Terminé de revisar los papeles que me enviaste. —Anunció el abogado mientras le entregaba su portafolio al faraón. —Ya están listos todos los trámites y mañana tendrás en tu correo la lista de las acciones que adquiriste con el dinero de los fideicomisos.

—Espero que la hacienda sea parte de esa lista. —Interrumpió Atem mirando a su abogado.

—Descuida, Ishizu no me dejó olvidarlo, estás invirtiendo en ello también y en la cosecha verás los frutos de tu inversión.

—Confío en ti, sólo quería asegurarme.

—Descuida, está hecho. Ahora sólo queda esperar un poco. Mañana dictarán el veredicto y en todo caso la sentencia. Sólo debemos aguantar una noche y sabremos qué procede… Atem, al ser quien demanda, puedes elegir que Akhenaten sea encerrado aquí o en Egipto, pero…

—La llamada que recibiste la segunda noche en la hacienda. —Interrumpió sacando conclusiones, no era normal que el abogado le guardara muchos secretos. —No me gustó nada la cara que puso Ishizu. ¿Qué le dijiste?

—Precisamente se trata de eso. Egipto se niega a condenar a tu padre por asesinato, aún con las pruebas. Me llamó Marik para hacerme saber que si queremos encerrarlo por asesinato, deberá ser juzgado allá como las leyes exigen. Así que, podemos encerrarlo aquí, o podemos enviarlo a ser juzgado y no sabemos cuánto tarde el proceso.

—Y la decisión depende de mí…

—Así es… ¿Qué has pensado?

—Egipto. —Murmuró cubriendo su boca con las puntas de los dedos, en un gesto pensativo y distante mientras miraba por la ventana. Gotas de agua se azotaban contra el cristal, distanciadas unas de otras, pretendiendo ser lluvia. —Si va a ser juzgado, es mejor que pague por sus crímenes en la tierra que lo vio nacer, la arena del desierto no tendrá piedad de su alma y estará más cerca de la tierra de nuestros dioses. Es lo justo.

—Entiendo.

—Mahad, ¿Qué piensas hacer cuando éste infierno termine? —Inquirió curioso.

—Casarme, amigo mío, eso pretendo hacer.

Atem compuso una sonrisa incrédula y luego pasó el brazo sobre los hombros de Mahad, mirando a Odion por el retrovisor. —No vayas a matarnos sólo para impedir la boda. —Pidió divertido.

—Si hace feliz a mi hermana. —Soltó el conductor, no muy conforme con su propia respuesta y concentrándose mejor en el camino.


25.- Los resultados del juicio.

Oficialmente, éste es el último capítulo, pero puede que haga un epílogo, aún no lo decido. Quise dejarlo así como un tributo al final original de la serie, siguiendo con mi idea de los guiños, pero estoy abierta a todas las posibilidades.

Cote-Dark-Dangerous-Love: No sé si a la tormenta como tal, pero sí antes del final, no podía simplemente hacer como que nunca vi a Atem a caballo, ni en la actualidad ni hace cinco mil años, de verdad fueron partes que amé de la serie. ¿Aclarado lo de la llamada telefónica? Era eso, que Mahad estaba tratando de evitar que Atem tuviera que irse a Egipto pero no lo logró. Supongo que lo anexaré a los one-shots del detrás de la historia. Sí voy a escribir esos one-shots, sólo no sé cuándo voy a subir el primero porque quiero acomodarlo con la historia, así que voy a releer lo escrito primero. Sólo espero no demorarme demasiado. Gracias por seguir la historia hasta el final. ¿Qué dices? ¿Le hacemos epílogo? De verdad mil gracias por seguir éste proyecto. Saludos.

Catone Historias: Pues eso, el tener que saber que de todos modos tendrán que irse a Egipto por tiempo indefinido. Pero bueno, en los one-shots lo explicaré. Sí, quería meter también a Valon, pero no supe cómo, me gustaron mucho esos tres, supongo que no será en ésta. Del capítulo romántico de ellos, sí lo habrá, pero en los one-shots, a menos que haya epílogo y entonces podría poner algo de eso, no sé. ¿Qué dices? ¿Sería buena idea un epílogo? Me ha gustado mucho escribir las interacciones entre ellos, quería plasmar algo no meloso (Yo puedo llegar a ser muuuuuuy melosa cuando escribo jajaja) y que se notara la diferencia entre ellos, uno demasiado maduro y preocupado por la seguridad del otro, y el peque menos maduro pero súper entregado. Fue un reto. Gracias por apoyar ésta historia hasta el final y por apoyar lo de los shots. ¿De quién te gustaría leer primero? Saludos y bendiciones.


Las pruebas inculpan a la empresa Paradius de conspirar junto con algunas organizaciones dedicadas el espionaje cibernético entre otras cosas. —Dijo la conductora del noticiero. Tea, Mai y Yugi miraban con suma atención desde el departamento, suspiraron cuando Mahad colgó el abrigo en el perchero y Atem entró aflojándose la corbata hasta llegar a Yugi. Lo abrazó por la espalda para no bajarlo del banco y tras besar su coronilla, puso su atención en el noticiero. —El líder de la empresa ya fue puesto tras las rejas y la empresa está siendo desmantelada. Las acciones serán devueltas a las compañías y se iniciará una investigación hacia cada uno de los antiguos trabajadores de Paradius. Aunque gran parte del operativo, que desembocó en el cierre total de ésta empresa, radica en el trabajo realizado por el joven empresario, hijo de Akhenaten, en su camino a demostrar la culpabilidad del empresario egipcio, no habría sido posible encerrar a los dirigentes de ésta empresa de no ser por la cooperación de tres de sus empleados, mismos que aseguran no haber estado enterados de las actividades previas de Paradius.

"Rafael, uno de los antes mencionados ex-trabajadores, fue afectado por los primeros crímenes de Paradius pero informa no estar enterado de la participación de dicha empresa en los crímenes que cometió.

"Pasando a otras noticias, el día de mañana cerrará el juicio contra Akhenaten por fraude, lavado de dinero y asesinato. Los cargos a los que el empresario egipcio enfrenta prometen llevarlo a la cárcel al menos…

Atem apagó el televisor, ganándose una mirada de reproche por parte de Mai y Tea. Yugi se levantó de su asiento y puso la mesa para cenar en paz.

—Me han pedido que mañana te lleve al juzgado. —Informó Atem tomando una mano del pequeño. —Tienen que estar presentes los testigos para el veredicto final. Después de mañana ya no habrá apelaciones.

—Lo sé.

— ¿Estás nervioso?

— ¿Nervioso? ¿Yo? No, ni que fuera a cruzar a nado el Nilo. —Bromeó mientras servía los platos, sin embargo, su mirada se entristeció un momento y, tratando de sonar tranquilo, añadió. —Esto está a punto de terminar, ¿Verdad?

—Se acerca el final. —Corroboró Atem posando las manos en los hombros de Yugi.

—Entonces. —Dijo recobrando su entusiasmo, giró encarando al faraón y sonrió procurando lucir alegre. —Debemos descansar mucho ésta noche, y así mañana podremos estar al cien en ese juzgado. Pronto no deberemos preocuparnos por esto.

—Es cierto.

Mai, Tea y Mahad se despidieron de sus amigos. Ambos muchachos habían insistido en que no recogieran la mesa y se demoraron bastante alistando el comedor. Yugi se dedicó a lavar los trastos con parsimonia mientras Atem acomodaba de nuevo todos los ingredientes en su lugar y movía las sillas para barrer la habitación. En general, ninguno de los dos se demoraba tanto en las tareas del hogar, pero aquello casi era una terapia de relajación para ambos.

Cuando se dieron cuenta de que no había nada más qué hacer para dejar limpio el lugar, no pudieron evitar soltar las risas nerviosas mientras intercambiaban una mirada inocente, cargada de significados.

—Vamos a dormir. —Pidió Atem extendiendo una mano hacia el pequeño, quien la tomó gustoso, entrelazando sus dedos con los del faraón en un gesto tímido. —Me voy a quedar en la habitación. Todavía siento nervios de estar lejos de ti.

Yugi se sonrojó de recordar que, los días que habían pasado en la hacienda, Atem se había colado en su habitación a media noche para acostarse a su lado y tratar de conciliar el sueño. La primera noche había tardado demasiado, y el pequeño había tenido pesadillas de manos saliendo de la oscuridad, el ruido de motocicletas dando vueltas a su alrededor y luego el rostro de Atem, cubierto de golpes y sangre seca.

El faraón había entrado con la excusa de escucharlo gemir y balbucear incoherencias, pero tiempo después había confesado tener pesadillas también. Sólo estando juntos lograron conciliar el sueño y se volvió un acuerdo tácito entre ellos. Atem entraba ahora sin pedir permiso y se recostaba a espaldas de Yugi, abrazándolo con cuidado y apresándolo contra sí para mantenerlo tibio y a salvo.

Aquella noche habían entrado en la cama sin preguntar nada, se recostaron frente a frente y Yugi no pudo evitar el comentario.

—Hasta con pijama te ves genial. No es justo.

— ¿Por qué lo dices? —Soltó confundido.

—No lo sé, tú siempre luces genial. Yo nunca lograría esa imagen. Tan libre, tan despreocupado y sobre todo tan tú.

—Bueno, el clima lo exige.

— ¿A qué te refieres?

—En Egipto visto diferente, por el calor que hace allá.

Yugi soltó un bostezo y pegó su frente a la de Atem, con ojos entrecerrados y a media voz, murmuró. —Quisiera conocer Egipto algún día.

—Yo te llevaré. —Prometió abrazándolo con cuidado. —En cuanto termine ésta pesadilla tomaremos un avión a El Cairo. Amarás la vista del Nilo.

.

Atem obligó a Yugi a ponerse los lentes oscuros antes de bajar del auto de Mahad, incluso el abogado hizo lo mismo y sonrió cuando Odion les abrió la puerta a los muchachos, despejándoles el paso y permitiéndoles subir las escaleras. Yugi apenas pudo entender lo que la gente a su alrededor decía y se preguntaba cómo Atem podía permanecer estoico. Mahad iba a la cabeza, Yugi al centro y Atem al final, avanzando como podían entre los periodistas. Un imprudente trató de jalar a Yugi del brazo, consiguiendo que Atem le torciera una mano y exclamara.

— ¡Recibió un balazo en ese hombro!

Y subir corriendo las escaleras.

Todos se pusieron de pie para recibir al juez, los jurados entraron y la gente invitada a presenciar el veredicto fue tomando asiento. Yugi y Atem se sintieron tranquilos cuando todos sus amigos (incluidos Mokuba y Kaiba) tomaron asiento y les sonrieron para infundirles valor. Siguiendo el protocolo, Akhenaten entró esposado y vistiendo el uniforme de la prisión.

A partir de verlo, tan tranquilo y confiado, todo fue un zumbido sordo en los oídos de Atem; en cámara lenta veía a la gente interactuando, vio al jefe de jurados ponerse de pie y vio al juez asentir. Lo vio golpear el mallete en su base y luego mirar en dirección a Akhenaten. La expresión de rabia de su padre, sumado al forcejeo con los guardias de seguridad, lo confundió, e inmediatamente todos los sonidos reanudaron su marcha. Yugi se había puesto de pie y había corrido a abrazar a Atem. Mahad e Ishizu se estaban dando un abrazo también y Tea y Mai sostenían las manos la una de la otra con lágrimas en los ojos. El bullicio de Tristán, Duke y Joey casi les cuesta una multa, pero no se detuvieron por ello.

El faraón no comprendió qué estaba pasando hasta que miró a Yugi a los ojos y el pequeño repitió. —Cuarenta años de cárcel. No podrá tocarte.

— ¿C-cómo?

—Cuarenta, le dieron cuarenta por todo lo de la empresa.

—Además de los que obtendrá en Egipto al ser juzgado por asesinato. —Añadió Mahad tendiendo su mano a Atem. El muchacho recibió el apretón, aún confundido, pero cuando Ishizu se acercó a abrazarlo, todo cayó en su lugar.

—Joven Atem… —Murmuró la egipcia en su oído. —Ganamos el juicio.

Atem apretó los ojos y trató de suprimir una sonrisa antes de regresar el abrazo, sus amigos los rodearon, vitoreando la victoria.

— ¡Esto no se ha terminado! —Exclamó Akhenaten mirando a su hijo.

—No. —Retó el muchacho caminando medio paso en su dirección, consiguiendo que la mano de su hikari lo detuviera un momento. —Te veré en Egipto.

La expresión de pánico que Akhenaten le dedicó a todos los presentes consiguió que Atem sonriera y se alejara hacia sus amigos.

Acordaron que Atem y Mahad saldrían primero para arrastrar consigo a todos los reporteros y eso les daría al resto la oportunidad de irse luego. Se verían en el departamento al caer la noche.

.

Yugi atendió la llamada sorprendido, Atem y Mahad aún no habían llegado, se preguntó si se habrían demorado en la empresa. Era la madre del faraón quien llamaba, quería hablar con el joven egipcio, que parecía tener el teléfono apagado, compuso una sonrisa para pedir al muchacho que avisara que ella y Mana habían llegado a Egipto con bien.

El muchacho se sorprendió mucho por aquello, pero sonrió tomando nota de los datos que aquella mujer le daba, para después preparar la cena. Por un momento, mientras sus amigos apoyaban para los preparativos, se preguntó cuántas veces no había preparado ya comida en ese departamento, esperando a Atem.

Ese pensamiento consiguió que el pequeño se sonrojara. Sacudió la cabeza para tratar de ahuyentar esos pensamientos y sonrió ampliamente cuando Mahad entró al departamento.

La cena transcurrió sin complicaciones, pero Yugi supo, cuando Mahad e Ishizu salieron para dejarlo a solas con el faraón, que no podía terminar sin complicaciones.

—Tu madre y Mana ya están en Egipto. —Anunció el pequeño enjuagando los trastes, con la mirada perdida en el chorro del agua. —Tu madre dijo que llegaría a la casa de El Cairo y que contactarían a Ahmed desde ahí para poder transportarse a su hogar, pidió…

—Yugi… —Llamó el mayor abriendo el balcón e invitándolo a salir con él. —Por lo pronto. —Murmuró entregándole un juego de llaves del departamento. —Cuando me mudé aquí, pagué por adelantado un año de renta, así que quiero que tengas llaves del depa, puedes hacer lo que quieras con él... pero supongo que puedes intuir por qué te las doy. Me imagino que ya te esperas lo que te voy a decir. Eres inteligente, y no es sencillo guardarte secretos, para mí no lo es.

—Lo sé. Tienes que irte a Egipto sin mí porque ésta pesadilla aún no termina.

—No sé durante cuánto tiempo estaré ahí, mi padre tiene muchos amigos en Egipto que podrían ayudarlo a librarse de mí de una forma u otra. Así que… Estoy dividido entre lo que quiero yo y lo que debo hacer.

— ¿Qué debes hacer?

—Debo pedirte que sigas adelante y que crezcas todo lo que puedas, trabajo, estudios, que llegues tan lejos como puedas ahora que me iré a mi tierra. Sobre todo porque no sé cuánto tiempo me voy a tardar en regresar o… O si voy a poder hacerlo.

—Lo entiendo. —Murmuró mirando el suelo. — ¿Y tú qué quieres?

—Quisiera hacer una petición egoísta y sin sentido. Sobre todo es ilógica dado que voy a dejar atrás muchas cosas, no podré comunicarme contigo por ningún medio, en Egipto aún hay muchas mafias que estaban aliadas con mi padre, ya lo condenamos aquí pero eso no quiere decir que podamos condenarlo en Egipto, no quisiera quedarme de brazos cruzados y quisiera asegurarme de que lo vamos a detener, pero si voy a intentarlo…

—Necesitas ponerme a salvo de ellos.

—Sí, lejos de su alcance.

—Lo entiendo. Sé que debes hacerlo. —Tomó sus manos y lo obligó a mirarlo a los ojos un momento. —Pero… —Dijo con insistencia, vehemente. —Si pudieras ser egoísta por un momento, si pudieras pedirme lo que fuera, ¿Qué me pedirías?

—Que me esperes. Quiero que esperes por mí.

Yugi se paró en las puntas para alcanzar los labios del faraón, y con lágrimas en las mejillas y una sonrisa diáfana, murmuró. —Lo haré.

.

Todos los chicos estaban en el aeropuerto para despedir a Atem, Mahad e Ishizu ya estaban del otro lado del detector de metales, esperando por el faraón. Todos se despidieron uno a uno, dándole un abrazo sentido al muchacho. Yugi se dejó de último para no tener la presión de la gente esperando para despedirse, aunque sabía que a Atem poco le importaría tener al resto esperando. El faraón se tomó su tiempo para soltar a su hikari, y cuando por fin lo soltó, colgó alrededor de su cuello el rompecabezas, el pequeño se quitó el escarabajo y lo puso alrededor del cuello de su opuesto y sonrió cuando lo vio con los ojos vidriosos, tratando con todas sus fuerzas de no llorar, pero incapaz de evitarlo.

—Los campeones no tienen por qué llorar. —Dijo el faraón limpiando las mejillas de su hikari. Él asintió y retrocedió un paso cuando llamaron a los pasajeros del vuelo a Egipto. Sonrió al ver a Atem alejándose unos pasos. En un murmullo apenas audible para el pequeño, y esperando hacerse escuchar, Atem añadió. —Espérame.

—Lo haré.

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Atem salió del aeropuerto con las gafas de sol puestas, una playera ligera de algodón blanco y pantalones caqui ajustados en los tobillos, sonrió cuando se percató de que todo el consejo de su padre lo esperaba con una sonrisa amable, orgullosos de su regreso. Verlos ahí reunidos lo hizo sentirse como en casa por primera vez en años, Marik y Odion lo recibieron con un abrazo cálido, Shadi le dio un fuerte apretón de manos, Aknadin hizo una reverencia para recibirlo y al final, Mahad e Ishizu, que habían compartido el viaje con él, le hicieron saber cuán orgullosos estaban.

—Vamos. —Pidió Atem entusiasmado por volver a pisar su hogar. —Que aún hay mucho por hacer. Egipto es nuestro.