2 años después.
Dime tú cómo hago
para captar tu atención
Atem, bastante más bronceado que la última vez que había estado en dominó, dos años atrás, entró al Egoísta Elegante con Kisara del brazo, la albina mantenía la piel de alabastro intacta a juego perfecto con sus ojos intensamente azules; ambos sonrieron cuando se percataron de que Yugi estaba cantando en el escenario con su chaleco de mesero abierto y la camisa blanca desfajada.
Sé muy bien
que en el pasado
Te han roto el corazón…
Sus movimientos en torno al micrófono eran muy similares a los de su Yami cuando cantaban a dueto y el mayor no estaba tocando la guitarra, pero ahora el más pequeño de los dos cantaba solo a la par de una pista en las bocinas.
Abrásame fuerte
y no tengas miedo amor,
déjame explicarte…
Mai vio a los recién llegados desde la barra y sonrió avanzando discretamente a ellos, tratando de no llamar la atención de nadie. Sonrió cuando el egipcio la miró y le dedicó una sonrisa de medio lado, pero ambos enfocaron su vista de regreso al escenario, prestando atención al muchacho que cantaba.
—Deberías haber llegado hace una hora. Le tocó cantar la canción Deja vu. A pesar de que ya no canta contigo no le va nada mal. Tiene bastantes fans. —Insinuó con voz pícara, consiguiendo que el egipcio le dedicara una mirada con el entrecejo fruncido y una mueca de reproche en la boca.
— ¿En qué andan hoy? —Espetó dando el tema por zanjado y consiguiendo que su prima suprimiera una risa nerviosa.
Quiero ser
el que llena de felicidad
cada espacio de soledad,
déjame ser tu luz.
—Canción por voto. Los clientes reciben junto con el menú una lista de los meseros y las canciones que saben, con cada compra pueden votar una vez por la canción que quieren escuchar. Al pobre de tu hikari lo han hecho cantar casi media hora. Lo conocen de cuando cantaban contigo. ¿Quieres que lo llame? Casi termina su canción.
Déjame ser… tu luz…
—No, está muy concentrado. Sólo vine a traer esto. ¿Se lo podrías entregar? —Dijo sacando un paquete envuelto en papel de regalo, Mai lo recibió confundida y miró al faraón, insegura de preguntar. —No le digas que he venido, no le digas nada, sólo di que te hicieron llegar esto y que te pidieron que lo entregaras.
—De acuerdo.
—Nos vemos pronto, querida. Tenemos algo de prisa.
26.- Epílogo.
Sí hubo epílogo.
La verdad es que me quedé con éstas ideas entre manos y decidí plasmarlo. ¡Ay! Una parte de mí todavía quiere seguir escribiendo ésta historia o una segunda parte, pero no sé sobre qué temática lo haría. Si tras leer el epílogo se les ocurre algo, estaré feliz de atender a sus peticiones.
Perdón si de pronto la idea va demasiado rápido o si se cortan las ideas, es sólo que quería dejar plasmadas todas las ideas sueltas con las que me quedé, si hay algo a mejorar me encantaría saberlo.
Catone Historias: De nuevo mil y un gracias por seguir la historia. Me encantaría saber esa idea que tienes del epílogo, igual te dejo el oficial pero chance y pega jaja, me gustaría saber tu opinión. Sí, creo que me enrola eso de manejarlo como OVAs escritos jajaja, ya estoy trabajando en ese proyecto, pero no surgen las ideas. Ésta no me abandonó así que decidí comenzar a plasmarla.
Sí, bueno, quise mantenerme fiel a mi idea de los mini tributos a la serie y cuando vi DSOD fue un momento de "Sí, así es como tiene que terminar" jaja. Gracias de verdad por el apoyo. Y de verdad, si se te ocurre algo para una continuación de "Tras el intento de suicidio" estaré feliz de leerlas. Bendiciones.
Cote-Dark-Dangerous-Love: No me atreví a manejar el final de otro modo que no fuese abierto, después de todo así fue siempre en la serie y quería mantenerme fiel. Éste es el resultado final de haber reescrito mis ideas sueltas como mil veces cada vez. Cuenta con el encuentro del pequeño con la madre de Atem, también me quedé con ganas de escribirlo, espero que te guste el resultado. Ya va avanzando ese proyecto, un paso a la vez. Si se te ocurre algo para una continuación te leo encantada, gracias por seguir éste proyecto hasta el final.
KuroXerxes: No te preocupes, hubo muchos bugs y fallas en la plataforma éstos días, yo no estaba recibiendo notificaciones de nada, pero bueno. Gracias por leer y por tus comentarios a la historia, aquí está el prometido epílogo. Espero que lo disfrutes.
Duke había llegado al departamento cargado de bolsas con la despensa de la semana, el resto ya había llegado y miraban atentamente la sección de noticias internacionales, donde anunciaban el encarcelamiento de Akhenaten.
—Aunque se esperaba que el empresario fuese exonerado de nuevo de los crímenes que realizó en el pasado, fueron anexados los resultados que balística de la policía japonesa realizó mientras el juicio por fraude se llevaba a cabo en la ciudad de Dominó.
"El día de ayer por fin se dictó sentencia y el día de hoy nos han confirmado que el ex empresario, Akhenaten, pasará en prisión los siguientes cuarenta años por cargos como fraude, suplantación de identidad y asesinato.
El teléfono de pared sonó varias veces, sin embargo, ninguno de los presentes fue consciente de que se había perdido la llamada hasta que Mai entró al departamento con su revuelo habitual, dando órdenes a todos los presentes y quejándose de la manera en que el amo del azar tenía organizadas sus repisas. Cuando Joey y Tristán se vieron de nuevo envueltos en una discusión acalorada y llena de argumentos y contra preguntas, la rubia se dirigió a Yugi y le entregó el paquete que había recibido la noche anterior.
— ¿Qué es? —Murmuró curioso cuando la chica se dispuso a ayudar con la comida.
—No lo sé. —Mintió con maestría mientras se anudaba un delantal y se dirigía a separar a los muchachos que seguían absortos en su discusión.
Con cuidado rasgó el papel y se quedó helado al descubrir el contenido. Un portarretratos donde venía una fotografía de él, tomada alrededor de dos años atrás. Recordaba el día. Estaba pidiendo una paleta helada para Atem en un puesto ambulante de la plaza, había llegado temprano y tenía un ojo lleno de ungüento, no tenía idea que el faraón le había hecho fotografías ese día y sonrió sintiendo los ojos llenarse de lágrimas. Desde el día que Atem había partido a Egipto, todo había sido sumamente difícil para él, principalmente porque sentía que había perdido algo de sí mismo, como si se le fuera arrebatada una parte de su alma. Salir adelante había sido complicado pero, al menos durante el primer año, Atem había encontrado la manera de hacerse presente.
Recordaba el primer día que se sintió acompañado por el faraón después de su partida, Duke entró al departamento lanzando sus llaves a la mesa, (Yugi, Duke y Joey vivían ahora en el departamento, después de todo, Atem había decidido dejar pagado un año de alquiler y había dicho a Yugi que podían hacer con el lugar lo que quisieran) e inmediatamente después se había dirigido al pequeño tricolor con una carta en la mano. Dentro del sobre venía el Mago Oscuro y una breve carta de disculpa por hacerlo pasar por tanto para irse sin más. Y durante un año completo, a intervalos irregulares, siguieron llegando regalos del faraón.
Un día simplemente había parado pero ahora, un año después, volvía a hacer de las suyas.
— ¿Qué tienes ahí, Yugi? —Inquirió Tea mirando al pequeño, que se había quedado helado sosteniendo el marco en la mano. Sin valor para decir nada, extendió la fotografía a Tea y se quedó parado ahí, mirando el suelo con los ojos llenos de lágrimas. —Es muy buena, ¿de dónde salió?
—Atem… —Murmuró sin fuerzas.
Tea se quedó helada al escuchar por primera vez en años el nombre del faraón.
El timbre consiguió que ambos dieran un respingo y soltaran una risa de nervios, Tea se dirigió a la cocina mientras que Yugi se encaminó a la puerta, en cuanto abrió volvió a quedarse helado.
Atem sonrió al ver la expresión sorprendida de Yugi y no pudo evitar recibirlo cuando el pequeño se lanzó a sus brazos y se aferró con todas sus fuerzas a la cintura del mayor.
—Hikari… —Murmuró Atem mientras acariciaba la coronilla del pequeño con una mano y con la otra se aferraba a su espalda. —Qué torpe eres…
—Mou hitori no boku… —Murmuró Yugi sorprendido.
— ¿Quién es, Yugi? —Soltó Duke acercándose a la puerta mientras se secaba las manos con un trapo, ahogó un grito y se dirigió a abrazar a Atem cuando el pequeño se separó del mayor, y todos los presentes tomaron turnos para ir a saludar al recién llegado, que, a pesar de su marcado acento gracias al tiempo que había pasado hablando su lengua natal, saludó a todos, admirando cómo habían cambiado en ese tiempo.
— ¿Pero, qué haces aquí? —Soltó al final Joey sorprendido. —No es que no quiera que lo estés, es sólo…
—Sorpresivo, ¿eh?
—Bastante. —Admitió Tea. Estaban sentados todos a la mesa y con los platos casi vacíos, Atem estaba sentado a la cabeza de la mesa con Yugi a su lado, el pequeño había pasado gran parte de la noche en silencio, admirando el perfil de su faraón.
—Vine por dos motivos, el primero es porque quiero cumplir una promesa, y el segundo es porque tengo grandes noticias para ustedes. Una boda.
Yugi se quedó helado por un momento al escuchar aquello, Atem había soltado esas palabras con tanta emoción que por un momento se preguntó si el faraón ya habría olvidado todos los besos y promesas hechas en el pasado, se preguntó si ese año de no saber nada de él en realidad sería porque él no quería saber nada del pequeño hikari. Suspiró esperando el golpe.
— ¿No nos digas que…? —Soltó Duke confundido.
—Así es. Mahad e Ishizu se casan. Akhenaten por fin está tras las rejas y nosotros pudimos poner en orden todo en nuestro hogar, ahora somos libres de movernos hacia donde queramos y ellos decidieron dar un primer paso hacia su propia historia. La boda es en dos semanas, será en Egipto y he venido para llevármelos.
Yugi sintió que se le bajaba la presión de golpe y sonrió cuando Tea le tomó las manos, celebrando por los abogados y amigos de ellos.
— ¿Y qué promesa vas a cumplir? —Inquirió Mai curiosa.
—Eso es entre alguien más y yo. —Dijo con media sonrisa y los ojos entrecerrados, con aires misteriosos. —No seas metiche.
—Bueno, y ¿Cuándo y cómo nos vamos? —Inquirió Duke.
—Tendremos que viajar en avión, no tuvimos oportunidad de mandar el jet privado de la familia para viajar sin escalas hasta El Cairo, pero hay tiempo, sale mañana a las seis de la tarde de aquí para llegar temprano allá.
— ¡¿Mañana?! —Exclamaron todos pasmados.
—Pero no nos das tiempo de nada. —Reclamó Tea.
—De hacer maleta. —Murmuró divertido. —Tenemos que estar a las cuatro en el aeropuerto o no nos harán válidos los boletos, así que a descansar y a prepararnos para el viaje.
.
Yugi estaba en su balcón, mirando hacia el cielo y buscando las estrellas cuando Atem entró con pasos sigilosos. No lo suficiente para que Yugi no lo notara. El faraón se dio cuenta de que la rosa del desierto había florecido bastante en ese tiempo y que ocupaba una gran parte del balcón del muchacho. Sonrió.
— ¿Qué promesa? —Murmuró Yugi cuando sintió las manos de Atem deslizarse por sus hombros desnudos y recorrer la extensión de sus brazos hasta tomar sus manos. Yugi sintió un escalofrío cuando la respiración de Atem le alcanzó el oído y sonrió cuando el faraón lo atrajo hacia sí con aires posesivos.
—Tomar juntos un avión a El Cairo cuando por fin terminara la pesadilla. ¡Cómo has crecido! —Era cierto, Yugi ahora era apenas una cuarta más bajo que Atem. Sus ojos se habían vuelto más maduros, aún reflejaban inocencia, pero tenían un brillo de madurez único, sus brazos estaban delineados, lo mismo que su cuerpo, no podía compararse con Atem, que siempre había sido más atlético que él, pero ya no era el alfeñique de cuarenta y cuatro kilos que había sido en la preparatoria. —Te perforaste un oído. —Murmuró el faraón antes de morderle el lóbulo de la oreja a Yugi y comenzar a plantar un camino de besos por todo su cuello y hasta su hombro. —Y yo nunca te vi sin playera en los balcones. Has crecido.
Yugi soltó un suspiro cuando Atem se alejó un paso y encaró al faraón con los ojos llenos de lágrimas. —Pensé que era tu boda.
—No seas ridículo, Hikari… —Murmuró tomándole el rostro y pegando su frente a la del pequeño. —Sólo he tenido ojos para ti en todo éste tiempo. Y he vuelto por ti.
— ¿De verdad?
—Sí… quiero reiniciar donde nos quedamos. Como si no hubiera pasado el tiempo. Pero no sé si tú…
—Yo cumplí a mi parte… —Murmuró cortando la distancia y abrazándose de la cintura de Atem. —Te había estado esperando y ahora estás… —Murmuró sin aliento. —Estás aquí. Justo aquí.
Yugi se paró de puntitas para alcanzar el rostro de Atem y se dejó guiar cuando el egipcio lo guio a pasos tranquilos hasta su habitación, donde lo recostó contra la cama y retomó el camino de besos por su cuello.
—Cómo te extrañé… —Murmuró Atem antes de tomar posesión de sus labios hasta cortarle la respiración. —Y cómo te necesito justo ahora.
.
Habían dejado las cosas en la casa de El Cairo, aún no habían visto a Mahad, Ishizu, Mana o Kisara, pero sabían que pronto lo harían. Joey y Tristán habían mencionado algo de contratar un guía turístico para recorrer el lugar.
— ¿De verdad? —Soltó Atem llegando hasta sus amigos, con una playera blanca sin mangas, brazaletes de oro en los brazos y sus pendientes deslumbrándolos con el sol, se quitó los lentes oscuros y sonrió incrédulo. —Pudiendo conocer Egipto como locales tú ¿Quieres viajar por la tierra de mis dioses como turista? Ah, no. Mi tierra la van a conocer como locales, no como turistas.
Y aunque toda la semana se la pasaron de sitios turísticos a playas y lugares más "modernos", cuando se llegó la semana de la boda decidieron enfocarse en apoyar a la logística de la boda.
— ¿Cómo que una semana? —Soltaron Joey y Tristán sorprendidos cuando se enteraron de la duración de la fiesta.
—Sí. —Murmuró Ishizu divertida. —Primero se hace el Henna, lo celebraremos en la calle de la casa. Mi familia y la de Mahad viven en la misma calle, así que casi celebraremos esa fiesta en el mismo espacio.
—Así ustedes no tendrán que decidirse por ir a una u otra. —Comentó Mahad divertido. —Es una especie de "despedida de solteros", Atem contrató un DJ para ambientarla y sé que Tea nos pondrá a bailar un rato, lo apuesto.
— ¡Claro!
—Y al día siguiente la ceremonia. Tenemos todo planeado para dos días, pero conseguimos comida y vino suficiente para que dure más. Dependerá de las familias.
—Qué extraño. —Murmuró Duke.
—Sí, bueno, mi familia es escandalosa.
—Espera a que vean el ritual completo. —Pidió divertido Atem tomando una mano de Yugi antes de besarle la sien. —Se van a volver locos.
Habían confeccionado la ropa típica de gala egipcia hecha a medida de cada uno de los recién llegados y habían preparado todo, Mai y Tea se habían encargado del maquillaje de Ishizu y ahora todos esperaban por el momento deseado. Su sorpresa fue enorme cuando escucharon a las familias ir llegando, haciendo ruido y sonando el claxon, realmente había revuelo en las calles, palabras gritadas en árabe y traducciones simultaneas por parte de Atem para sus amigos, que tardaron en acostumbrarse. Toda la noche fue de fiesta y baile, brindar por los novios y desearles felicidad. Al día siguiente fue muy similar para la mayoría, salvo por Mai, Atem y Kisara, que se habían hecho cargo de la coordinación de la logística, todos los demás se habían pasado la fiesta en grande, brindando por los novios.
— ¿Qué se supone que sigue? —Dijo Mai mirando la tabla de Atem mientras el faraón observaba a Ishizu y Mahad haciendo un baile del vientre tradicional de las bodas para entretener a sus invitados.
—En teoría debería llegar una chica que bailará para los invitados mientras cenan. Pero no llega. Y no quiero que Mahad me ponga a cantar.
Un mesero llegó hasta Atem e intercambió unas palabras, consiguiendo que el faraón se pusiera ligeramente pálido, le señaló una maleta en una esquina cerca de las bocinas y negó mientras movía demasiado las manos. Cuando se retiró, Atem miró a Mai, primero angustiado y luego con picardía.
— ¿Qué? —Inquirió la rubia.
— ¿Sigues haciendo belly dance?
—No, no, no, no empieces, ni se te ocurra.
— ¡Por favor, Mai! La bailarina se accidentó, no llegará hasta dentro de dos horas, sólo te pido que bailes una. Tienes material para hacerlo, sólo recuerda no tocar tu corazón y todo irá bien.
—Atem, no me pidas esto. Ni siquiera tengo vestuario.
—Sí que lo tienes, la chica envió sus cosas ésta mañana. Vamos ¿Qué tengo que hacer para convencerte? Es por Mahad e Ishizu.
— ¿Qué tienes qué hacer? —Soltó convencida de que el faraón se negaría. —Cantar para que baile, abrir con Simarik.
—Simarik es una canción turca.
—Y yo soy de Japón, así que…
Atem exclamó una frase en árabe y el dirigente de la música en vivo fue hasta él. El faraón dio algunas indicaciones y luego miró a Mai.
—Bueno, iniciamos con Simarik, pero más vale que me des nombres de canciones que te sepas, ve a cambiarte.
— ¿Qué? —Soltó sorprendida. ¿Acto seguido? Tomó la maleta y salió corriendo.
Atem se paró al frente de la pista de baile cuando terminó la presentación de los novios y tomó el micrófono, Mana tuvo que hacer traducción en su mesa y dos veces gritó a Atem que bajara la velocidad para seguir traduciendo.
—La tarde del día de hoy ha sido sólo celebrar a éstas dos vidas que hoy se entrelazan para compartir el camino, las familias han presentado sus respetos para ellos y nos han acompañado con regalos y alegría, justo ahora queremos seguir celebrando con ellos y con ustedes el hecho (¡Más despacio, faraón, no se te entiende!) de unir caminos, y para seguir disfrutando de la velada… (¡Si no hablas más despacio iré a golpearte con el micrófono!). Así que reciban con un fuerte aplauso a la belleza que viene a presentar sus talentos a los novios.
La figura que entró al lugar estaba cubierta de pies a cabeza de velos y Atem sonrió cuando se percató de que Mai iniciaría con una danza de siete velos, suspiró preguntándose en qué momento ella se había vuelto tan buena y suspiró frustrado colocando el micrófono en su pedestal, sabía perfectamente que en las pausas instrumentales incluso él bailaría lo poco que sabía del baile tradicional.
Sonrió cuando inició la música y Mai inició con la rutina, y aunque disfrutó profundamente cantar y bailar al lado de su amiga, nada se comparó con la expresión de Joey cuando la rubia por fin descubrió su rostro y cuerpo y soltó el último velo para seguir bailando.
Y aunque, en efecto, la celebración se extendió dos días más, cuando por fin dejaron en paz a los recién casados y los chicos pudieron volver a su turismo, prefirieron pasar sus últimos días en Egipto en paz, en la casa del centro.
Yugi apreciaba la luna, tenía puesto un pantalón negro y una camisa blanca sin mangas, desabotonada al no soportar ya el calor de esa noche. Atem entró con una sonrisa pícara y beso el cuello de su hikari.
—Quédate conmigo, en Egipto. —Pidió abrazando su cintura y trazando círculos en el abdomen del pequeño.
—Mi vida está en Dominó…
— ¿Y no quisieras iniciar de nuevo?
—Quisiera iniciar contigo… es sólo que Egipto parece… un cuento… Además de que entraré a la universidad en unos días… Tú podrías… ¿Por qué no vienes tú conmigo a Dominó? —Soltó encarando al faraón y abrazándolo por el cuello. —Ya tienes vida ahí. —Sonrió esperanzado. Atem le tomó las mejillas y lo besó dulcemente.
—Aunque terminó la pesadilla, aún hay muchas cosas que dependen de mí por éstos lados del mundo. No sé cuánto me tomará dejar las cosas listas aquí para ir contigo a Dominó si tomara esa decisión.
—Ya esperé dos años. —Murmuró antes de besar el cuello de Atem de manera pausada y seductora. —Puedo esperar un poco más. —Añadió con voz pícara mientras empujaba al faraón.
.
El primer día de la universidad sería divertido, o al menos eso se había dicho a sí mismo. La semana de inducción la haría con sus amigos de toda la vida, habría materias que compartiría con ellos y otras que tendría que llevar por su propia cuenta, pero eso lo tenía sin cuidado. Entraron temprano al aula para poder elegir los lugares en los que estarían sin preocuparse por no sentarse juntos y cuando vieron a los demás estudiantes entrar para ocupar un lugar, se acomodaron mirando al frente llevándose una sorpresa enorme al ver a Atem entrar.
Apuntó su nombre en el pizarrón usando letras árabes y tuvo que borrar todo para poder ponerlo con kanjis antes de iniciar su presentación y plantear el plan de estudios de su materia.
Yugi no pudo prestar atención a sus palabras, estaba perdido en sus ojos y en su voz.
Cuando el egipcio se percató de aquello, no pudo evitar sonreír de oreja a oreja y suspirar disimuladamente.
—Pueden llamarme Atem o Yami, como les plazca. —Dijo para finalizar su presentación. —Y mientras presenten los trabajos que pida para mi clase, no tienen que preocuparse por nada, no me gusta dejar tareas para casa a menos que vaya a faltar a la siguiente clase, lo que no pasará a menudo. Espero que lo que vengo a enseñarles les sirva para su carrera y para su vida, pero eso ya depende de ustedes.
"Hay un largo camino por recorrer, pero nada es imposible. Siempre se puede volver a empezar desde cero. —Miró a Yugi a los ojos con una sonrisa de oreja a oreja y con los ojos cargados de una promesa.
